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La nueva diplomacia de la Administración Biden en Vietnam. Nieves C. Pérez Rodríguez

La Administración Biden sigue dando señales claras sobre sus prioridades en política exterior y su determinación de mantener una línea consistente en cuanto a Asia. A finales de marzo la Casa Blanca comunicaba el nombramiento de Daniel Kritenbrink, funcionario del servicio exterior, como subsecretario de Estado para Asia Oriental y el Pacifico.

Kritenbrink cuenta con una larga experiencia de 27 años en el servicio, además de ser el actual embajador de los Estados Unidos en Vietnam desde 2017, pero antes fue el director de asuntos asiáticos en el consejo de Seguridad Nacional y jefe adjunto de misión en la embajada en Beijing. También estuvo a cargo de la oficina de China y Mongolia en el Departamento de Estado y habla fluidamente mandarín y japonés.

Kritenbrink publicó un vídeo de sí mismo en el que aparecía cantando rap y enviando felicitaciones por el año nuevo lunar, que es la celebración más importante en Vietnam. El video se filmó en las calles de la capital vietnamita y de la ciudad de Ho Chi Minh y comenzó con estas líneas:

…”Hola mi nombre es Dan.

Soy de Nebraska.

No soy un chino de una gran ciudad.

Hace tres años me mudé a Hanoi”…

Con esa desenvoltura el embajador, que tiene una carrera prominente y muy seria sobre sus hombros, vio una oportunidad en este vídeo que se ha convertido en un gran hit mediático visto por millones de personas. El embajador aprovechó para enviar un mensaje diplomático con astucia. Ataviado de traje y corbata, siguiendo el protocolo correspondiente de su cargo, pero con auriculares en el cuello y en compañía de estrellas conocidas de la música vietnamita rapeó su mensaje en inglés, aunque se atrevió también a meter frases en vietnamita.

El mensaje, que se centraba en felicitar por la celebración, fue cuidadoso en apuntar también que los “Estados Unidos y Vietnam son aliados confiables para siempre”.

El Departamento de Estado decía al respecto que el video muestra el uso de “soft power” para conectar al nivel humano. Dejando ver cómo, a pesar de lo poco común que son este tipo de acciones en diplomacia internacional, están dispuestos a adaptarse a las tendencias siempre que se logre el objetivo final.

Vietnam cuenta con una ubicación estratégica, lo que a su vez lo hace muy vulnerable. Por el norte linda con el sur de China, y toda su costa este y sur hace frontera con el Mar meridional de China. Para Estados Unidos Vietnam sirve de catalizador a las pretensiones chinas, e incluso le ayuda a posicionar su liderazgo en la región. La administración Obama afianzó los lazos entre ambas naciones con la firma de más convenios, el incremento de la cooperación y la visita hecha por el presidente Obama en primavera del año pasado. La Administración Trump mantuvo los lazos cercanos y reconoció lo estratégico de mantener dichas relaciones. Ahora la Administración Biden parece estar resaltando desde el principio esa importancia al permitir este tipo de incursión mediática de bajo coste, pero largo alcance.

Para la nueva Administración Vietnam es un aliado clave en la región en medio de las tremendas tensiones entre Washington y Beijing, que ya no son solo de tipo comercial, sino político, diplomático y además de todo geopolítico y hasta en derechos humanos. Y si Kritenbrink fuera aprobado por el Senado, que no parece tener ninguna dificultad en conseguirlo, podría desde la su posición en el Departamento de Estado seguir trabajando por profundizar esas relaciones bilaterales mientras fortalece la cercanía con los otros aliados en la región tan necesaria en el frente que está articulando Washington en contra de Beijing.

El test de Vietnam

Vietnam, el Partido Comunista gobernante en Hanoi, acaba de aprobar un nuevo Plan Quinquenal, la hoja de ruta de desarrollo económico para los próximos cinco años. A pesar del intervencionismo inherente al concepto de economía dirida y planificada, Vietnam sigue impulsando medidas de apertura de mercado y de garantías en un plan de lucha contra la corrupción. El país sigue en una estrategia de delicado equilibrio entre China y Estados Unidos, tratando de atraer inversiones de todas partes y de aprovechar el mercado internacional.

En este contexto, el golpe militar de Birmania avanza una desestabilización regional con protagonismo chino que puede alterar el crecimiento y los planes económicos además de poner más dificultades en las relaciones entre Washington y Pekín. Hanoi no mantiene buenas relaciones con China, por razones históricas y estratégicas. No debemos olvidar que tras la guerra de Vietnam contra Estados Unidos, el régimen vietnamita sostuvo enfrentamientos armados con Camboya y China, a pesar del comunismo compartido.

El padrinazgo chino no es bien tolerado en los países del sureste asiático, a pesar de la existencia de importantes colonias chinas en sus territorios y de las inversiones procedentes del gigante continental. Además, China y Vietnam mantiene una disputa sobre la soberanía de territorios insulares del Mar de la China. En una reciente gira política del ministro chino de Exteriores, Vietnam fue el único país de la región no visitado.

Así, Vietnam, con un nivel de crecimiento apreciable y no muy afectado por la pandemia, está ante una coyuntura tensa: atenuar la corrupción, abrirse más al libre mercado y mantener su etiqueta oficial de comunismo, reforzar sus sorprendentes buenas relaciones con Estados Unidos y no enojar demasiado a Pekín. Un test para Hanoi y para toda la región.

INTERREGNUM: Suga, tras los pasos de Abe. Fernando Delage

Por segunda vez en la historia de la diplomacia japonesa—el primero fue Shinzo Abe—un jefe de gobierno ha escogido el sureste asiático como destino de su primer viaje oficial al exterior. Es un gesto que no sólo supone un reconocimiento de la creciente importancia estratégica de la subregión, sino también de la preocupación de Japón por los movimientos chinos en relación con los Estados miembros de la ASEAN.

Durante su visita a Vietnam e Indonesia, Yoshihide Suga describió las acciones de Pekín en el mar de China Meridional como contrarias a las normas internacionales, y reiteró la oposición de Japón a cualquier maniobra que suponga una escalada de tensión en dicho espacio marítimo. A la vez que impulsó nuevos acuerdos de cooperación con ambos socios en el terreno de la defensa, no dejó de reiterar ante sus anfitriones el papel central de la ASEAN en la consolidación de un “Indo-Pacífico Libre y Abierto”.

Despejando las dudas sobre la continuidad del activismo diplomático de su antecesor, Suga ha seguido desarrollando la red de asociaciones estratégicas construidas por Tokio durante los últimos años. Vietnam, que ya había recibido buques patrulla de Japón, acordó la compra de seis unidades más por valor de 345 millones de dólares, lo que permitirá reforzar las capacidades de vigilancia en sus costas. En Indonesia, además de subrayar la preocupación compartida con Yakarta por la presencia paramilitar china en el mar de Natuna, al norte del archipiélago, Suga propuso el establecimiento formal de un diálogo 2+2 (es decir, con la participación de los ministros de Asuntos Exteriores y de Defensa) entre ambos países. Tampoco olvidó Suga los incentivos económicos prioritarios para la región: en Vietnam logró una relajación de la política de visados que facilitará el crecimiento del comercio y las inversiones, mientras que a Indonesia ofreció cerca de 500 millones de dólares en préstamos a bajos tipos de interés.

Tanto en Hanoi como en Yakarta, el primer ministro japonés hizo hincapié en la centralidad de la ASEAN en los asuntos regionales, esforzándose por disipar el temor de las potencias más pequeñas a su marginación por los grandes. Suga declaró su apoyo a la “Perspectiva sobre el Indo-Pacífico” adoptada por la organización el año pasado, que—según indicó—coincide en muchos aspectos con el concepto de un “Indo-Pacífico Libre y Abierto” mantenido por Tokio. El presidente indonesio, Joko Widodo, uno de los principales impulsores del documento de la ASEAN, no ocultó su satisfacción por el compromiso de Japón en esta era de competición entre las grandes potencias.

En los mismos días en que, en Pekín, el presidente Xi Jinping, acompañado por todos los miembros del Comité Permanente del Politburó, conmemoraba el 70 aniversario de la entrada de China en la guerra de Corea en clave contemporánea—“la guerra, señaló, permanece como un símbolo de la unidad nacional frente a la beligerancia norteamericana”—, Japón, Vietnam e Indonesia demostraban que las naciones de Asia no van a dejar que los dos grandes les impongan su destino.

La alianza Hanoi – Washington, un modelo en alza. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Después de más de cuatro décadas del final de la Guerra de Vietnam, y en contra de lo que suele suceder entre países que han peleado en bandos opuestos, las relaciones de Estados Unidos y Vietnam han evolucionado sorpresivamente. Hoy son aliados en la región del Pacífico, con una amplia cooperación en materia de seguridad que no ha hecho más que crecer y fortalecerse en los últimos años.

La historia de Vietnam está marcada por sus etapas coloniales. Fueron parte de la China imperial hasta 939 donde crearon su propio estado. Luego, los franceses, en la mitad del siglo XIX, colonizaron la península Indochina hasta 1954. Los japoneses también intentaron colonizar a los vietnamitas para evitar la incursión de los Estados Unidos, durante la II Guerra Mundial. Todo ello dejó a Vietnam dividida políticamente en dos estados rivales, lo que acabo en la guerra que ganó el norte, y que unificó al país bajo un régimen comunista que permaneció cerrado hasta 1986, momento en que se iniciaron reformas políticas y económicas.

Las favorables reformas dieron como resultado el empuje económico de Vietnam, que ha venido ocupando un lugar muy positivo de crecimiento económico desde el 2010 y que lo sitúa entre los más alto del mundo. En 2007 el país ingresó en la Organización Mundial del Comercial.

Las relaciones entre Washington y Hanoi se normalizaron formalmente en 1995. Y desde entonces se han basado en el respeto profundo. Vietnam y su peculiar sistema comunista, que gracias a su apertura le ha permitido convertirse en una nación con un notable desarrollo económico en la región. Y Estados Unidos ha invertido millones de dólares por su parte, para mitigar el cambio climático allí, por su alto nivel de vulnerabilidad.

Randall G. Schiver -subsecretario de Defensa para asuntos de Seguridad en el Indo-Pacífico-, apunta que la importancia de Vietnam para los Estados Unidos queda clara con las visitas de oficiales de la Administración Trump. Trump ha estado dos veces desde que tomó la presidencia. El secretario de la Defensa Mattis visitó Vietnam dos veces durante el mismo año -2018-, lo que es prueba la solidez de las relaciones en materia de defensa entre ambas naciones.

“Las relaciones están basadas en un interés común que compartimos” remarcó Schiver en un foro sobre las relaciones bilaterales a mediados de la semana pasada en Washington. Creemos que cada nación en la región debe determinar el camino que desean seguir, incluso los países más pequeños tienen el derecho de decidir su futuro sin la influencia de los países poderosos, es decir, su soberanía, libertad y prosperidad”. Subrayó el peligro que representa China para el sureste asiático, con especial énfasis en el mar del sur de China, donde se han cometido atrocidades ambientales para reclamar soberanía, entre otras muchas irregularidades.

Así mismo, el embajador vietnamita en Washington -HA Kim Ngoc- en este mismo foro, afirmó que las relaciones entre ambas naciones son realmente amplias, partiendo del mantenimiento de la paz en la región, que es una prioridad. Pero también lo es la navegación libre por el Pacífico. O el rol de la ASEAN, o la desnuclearización de la península coreana. Afirmó que, a pesar de no compartir ni historia, ni ideología, han podido elevar la cooperación a un punto de alianza estratégica.

El protagonismo de Vietnam ha ido también aumentando progresivamente. Lo prueba el hecho de que fue el lugar elegido por la Casa Blanca para la segunda cumbre entre Trump y Kim Jong-un. En ese encuentro, Vietnam aprovechó para mostrar su desarrollo, su apertura y disposición para servir de mediadores internacionales. Especialmente con Corea del Norte, con el que comparten un sistema comunista similar. En este momento, Hanoi está promoviendo activamente el encuentro de la ASEAN 2020, que se llevará a cabo en Vietnam y en el que además asumirá la presidencia. Otro elemento clave para la región, pues ASEAN tiene un rol predominante en la zona.

Mientras que Estados Unidos representa el modelo capitalista más dinámico y poderoso, han podido establecer una relación bilateral con Vietnam en la que el apoyo es mutuo y el respeto es la clave. No se cuestionan las diferencias ideológicas, a pesar de ser profundas. Es un gran ejemplo a seguir para muchas otras naciones, en el que la cooperación debe ser estratégica sin pretensiones autoritarias.

INTERREGNUM: El sureste asiático en 2019. Fernando Delage

Ante el juego mayor de las grandes potencias, suelen perderse de vista los movimientos de las restantes naciones. Los medios prestan atención a China, a su rivalidad con Estados Unidos, a la creciente proyección de India y al nuevo activismo diplomático de Japón, pero tienden a olvidarse de una subregión que, como bloque, se equipara demográficamente a la Unión Europea y está llamada a convertirse en uno de los grandes actores económicos del futuro: el sureste asiático. Convocatorias políticas internas, las negociaciones finales de la Asociación Económica Regional Integral (RCEP), y el impacto en la zona de las tensiones entre Washington y Pekín, harán de 2019 un año especialmente significativo.

En la tercera democracia más poblada del planeta, Indonesia, unas buenas cifras de crecimiento, y la superación de las críticas a sus credenciales islámicas, favorecen a priori la reelección de Jokowi como presidente cuando se cumplen veinte años de la democratización del país tras la larga dictadura de Suharto. En la segunda gran economía de la ASEAN, Tailandia, la democracia se ha visto interrumpida, por el contrario, en dos ocasiones en la última década. Cinco años después del último golpe de Estado, mucho más tarde por tanto de lo prometido en su día por los generales, se volverá a un gobierno civil.

Las elecciones se celebrarán en marzo, unas semanas antes de la entronización formal del nuevo rey, Maha Vajiralongkorn, prevista para principios de mayo. Pero hay que mantener cierto escepticismo: el voto se producirá bajo una Constitución reescrita para reservar una notable cuota de poder para los militares: éstos, junto a sus partidos aliados, controlarán la Cámara Alta. El bloqueo político que cabe prever como resultado será fuente de inestabilidad social, a la vez que complicará la recuperación de la economía y el liderazgo diplomático de Tailandia, justamente cuando asume la presidencia rotatoria anual de la ASEAN.

En Filipinas, las elecciones parciales de mayo permitirán comprobar el grado de apoyo popular a Duterte y a sus políticas de lucha contra la drogadicción, de represión de la sociedad civil, y de acercamiento a China. Esta última también continuará siendo una variable política en Malasia, donde, tras su derrota del pasado año, se disuelve gradualmente la tradicional coalición mayoritaria (UMNO) y todos los ojos se dirigirán a si el sorprendente triunfador en las últimas elecciones, Mahathir, cumple su promesa de dejar la jefatura del gobierno a su antiguo rival, y ahora aliado, Anwar Ibrahim. La paralizada transición política de Birmania y el drama de los Rohingya, agravarán, por último, el creciente aislamiento del país—y de su consejera de Estado, Aung San Suu Kyi—por la comunidad internacional.

En el frente económico regional, 2019 debería ser el año en que concluyen las negociaciones del RCEP. El retraso se debe sobre todo a una potencia extra-regional, India, siempre reticente a una agenda de liberalización comercial. Pero la dinámica multilateral no se detiene: la reciente entrada en vigor del CPTPP (es decir, del TPP a 11, sin Estados Unidos), al que ya pertenecen Singapur y Vietnam, al que se sumarán en unos meses Brunei y Malasia, y al que también Tailandia e Indonesia han dicho que se quieren sumar—mientras Filipinas se lo piensa—, representa un nuevo paso adelante en la reconfiguración de la arquitectura económica regional.

El sureste asiático tampoco permanecerá ajeno, por lo demás, a la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Su impacto comenzará a sentirse este año, cuando firmas multinacionales decidan desplazar sus cadenas de producción de China a la subregión. Pese a ese previsible aumento de las inversiones extranjeras debe tenerse en cuenta, no obstante, que también caerá la demanda de la República Popular, economía de la que los miembros de la ASEAN se han vuelto dependientes en gran medida. Por otra parte, si, como se cree, es Vietnam quien atrae buena parte de esa inversión antes dirigida a China, la competitividad de otros Estados miembros, como Indonesia o Filipinas, puede verse gravemente afectada. (Foto: Gergely Takács, flickr)

La guerra por el Mar de China Meridional. Ángel Enríquez de Salamanca Ortiz.

La situación del Mar de China:

El Mar de China Meridional tiene una extensión aproximada de 3,5 millones de kilómetros cuadrados y más del cincuenta por ciento del tráfico mundial mercante navega por estas aguas, en él se encuentran las Islas Spratly, Paracel y otras muchas islas en disputa con los países colindantes, como Japón, Filipinas o Taiwán. En estas aguas está el estrecho de Malaca, que une el Océano Índico con el Pacífico, por este estrecho circula 6 veces más petróleo que por el Canal de Suez. Además, circulan dos tercios de las importaciones de crudo de Corea del Sur, el sesenta por ciento de Japón y de Taiwán y un ochenta por ciento de las de China. De ahí las disputas por estas aguas que bañan Brunei, China, Filipinas, Indonesia, Malasia, Taiwán y Vietnam.

Los recursos del Mar de China:

El Mar de China Meridional, además, cuenta con unas enormes reservas de petróleo, un petróleo necesario para los países en crecimiento que se disputan esta zona. Esta vasta extensión cuenta con 11 mil millones de barriles de petróleo y 190 trillones de metros cúbicos de gas natural:

Fig.1: Reservas petróleo Mar de China Meridional
[Fuente: Agencia Internacional de la Energía. (03/04/2013): http://www.eia.gov/todayinenergy/detail.php?id=10651]

La Puerta hacia el Mar de China:

La posición estratégica del mar también es clave para estos países. El Estrecho de Malaca es la puerta hacia el Mar de China y por aquí circulan más de 15 mil millones de barriles al día provenientes del Estrecho de Ormuz, ésta ruta es la más corta para llegar a abastecer a todos los países de la zona, como Japón, Corea o Filipinas.

Fig. 2: Transito diario de petróleo al día (miles de millones de barriles)
[Fuente: Agencia Internacional de la Energía.(01/12/2014) http://www.eia.gov/todayinenergy/detail.php?id=18991]

El comercio en la zona:

Más del 90% del petróleo que llega a estos países pasa por este estrecho ya que es la ruta más corta desde África o desde el Golfo Pérsico, lo que supone el 30% del transporte de crudo mundial. Tanto las importaciones por parte de los países de esta zona como las exportaciones hacia África o el Golfo Pérsico pasan por el mar de China. En la figura 3 observamos el comercio (%) de estos países y, China, Corea del Sur y Japón abarcan el 80% de las importaciones de petróleo que pasan por el Mar de China.

Fig. 3: Comercio de petróleo en el Mar de China
[https://www.eia.gov/todayinenergy/detail.php?id=36952]

Zonas de reclamo:

Dada su riqueza natural y su posición estratégica, es lógico que los países colindantes reclamen este territorio, tal y como puede verse en la figura a continuación:

Fig. 4: Zonas reclamadas, por país, en el Mar de China
[https://elpais.com/internacional/2016/07/11/actualidad/1468258154_789338.html]

Estos países han reclamado zonas dentro de las 200 millas marítimas y gran parte de estos territorios entran en conflicto.

Países en disputa:

China reclama la zona por razones históricas y ha comenzado a construir islas artificiales, a militarizar la zona y a instalar plataformas petrolíferas en zonas de disputa, lo que ha provocado que países como Filipinas, Malasia o Vietnam se sientan molestos con esta situación. Su influencia en esta zona podría mejorar su posición. China manifiesta que estas islas están diseñadas para sus necesidades civiles y de defensa.

Las Islas Senkaku, controladas por Tokio, reclamadas por Taiwán, son unas islas que darían derechos de explotación y pesca en la zona. En repetidas ocasiones, China ha mandado buques de guerra para intimidar a Japón y reclamar así su soberanía. En esta zona, China también ha construido islas artificiales dentro de las 200 millas náuticas, provocando malestar en Tokio y en Taipéi.

Estados Unidos, con aliados en la zona, considera que estas islas artificiales pueden ser un peligro para su hegemonía ya que podrían ser destinadas a uso militar, algo que ha provocado que el gobierno americano envíe buques a la zona con el fin de “liberalizar la navegación”, y ha urgido a China a la desmilitarización de las aguas, lo que, obviamente, no ha sentado bien al gobierno de Pekín.

Filipinas, por su parte, también reclama zonas de este mar y ha mostrado su preocupación por la militarización por parte de China.

Filipinas, Malasia y Vietnam también han ocupado islas en el Mar de China y han establecido bases militares para afirmar su soberanía, pero la estrategia de China está siendo la más agresiva, llegando a reclamar más de 12.000 kilómetros cuadrados alrededor de las islas Spratly o Nansha.

El Tribunal de la Haya declaró en 2016 que China no tenía derechos históricos sobre estas aguas, pero Pekín hizo caso omiso a estas declaraciones. Filipinas y otros países han hecho poco para evitar esta expansión.

La Asociación de Naciones de Sudeste Asiático (ASEAN) declaró este año la importancia de desmilitarizar la zona, fomentar la confianza entre los países y aplicar un código de conducta para evitar males mayores en la región4.

Conclusión:

Dada su riqueza en recursos naturales y su situación geográfica, quien controle el Mar de China, no solo tendrá acceso al petróleo y gas, sino, también, tendrá la llave al comercio marítimo del que dependen todos los países de la zona.

Estados Unidos, como líder mundial, tiene un valioso aliado en la zona, Taiwán, no solo para luchar contra el comunismo, sino para poder tener presencia en la zona. El mismo caso ocurre en Oriente Medio con Israel, un aliado de EEUU, valioso para lograr tener presencia también en esta zona. El ascenso de China y su mayor peso en la economía mundial preocupa a EE.UU., que podría perder o incluso tener que compartir su liderazgo, no solo en la zona, sino en todo el mundo. Al igual que Estados Unidos, China quiere el control del Mar de China Meridional para reclamar así su liderazgo, asentarse como líder, y no solo un líder en el sureste asiático, sino a escala mundial.

Podríamos decir que lo que se vive en el Mar de China Meridional, no es únicamente una guerra por lo recursos, sino, una guerra por el liderazgo, por la hegemonía mundial, una especie de “Guerra Fría” pero que, en este caso, se disputa entre las dos principales potencias a día de hoy, China y EEUU, un ejemplo de la guerra por tener la soberanía mundial en el siglo XXI.

Angel Enríquez es Doctor en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Relaciones Internacionales en la Universidad San Pablo CEU de Madrid.

INTERREGNUM: Modi se mueve. Fernando Delage

La semana pasada India demostró una vez más cómo está construyendo paso a paso su ascenso internacional. Mientras los medios se vuelcan en las andanzas de Trump y tratan a Xi Jinping casi como un igual del presidente de Estados Unidos, el primer ministro indio, Narendra Modi, con menor visibilidad, sitúa gradualmente a su país como uno de los elementos clave del equilibrio de poder asiático.

El martes 23 Modi estuvo en el foro de Davos. Retomando algunos de los mensajes expresados por el presidente chino en la reunión de 2017, Modi declaró su oposición al proteccionismo. “La globalización económica, señaló, es una tendencia de los tiempos y sirve a los intereses de todos los países, especialmente los países en desarrollo”. También indicó que la lucha contra el cambio climático debe ser una responsabilidad colectiva de todas las naciones. Pero Modi quiso sobre todo promover India como oportunidad de inversión, haciendo hincapié en la nueva fase de reformas y liberalización en marcha. La economía se ha multiplicado por seis desde la última vez que un primer ministro indio asistió a Davos, hace veinte años.

El jueves 25 recibió en Delhi a los líderes de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN). En la cumbre bilateral, Modi subrayó su determinación de aumentar los intercambios económicos con la subregión, aún muy lejos de los de China. (La República Popular representó algo más del 15 por cien del comercio exterior de la ASEAN en 2015, frente al 2,4 por cien de India). La prioridad de la diplomacia económica india es con todo cierta, como confirman otros datos: el gobierno filipino, por ejemplo, ha anunciado que las inversiones previstas en 2018, por valor de 1.250 millones de dólares, crearán más de 100.000 empleos y harán de Delhi uno de sus principales inversores externos. También la ASEAN tiene como prioridad lograr un mejor acceso al mercado indio, quinto mayor del mundo hacia 2025.

Modi y los diez líderes del sureste asiático acordaron por otra parte promover la “seguridad marítima”. “India comparte, dijo Modi, la visión de la ASEAN de la paz y seguridad a través de un orden marítimo basado en reglas”. Un día antes, Delhi anunció un reforzamiento de la cooperación en materia de defensa con Indonesia a través de ejercicios conjuntos, compraventa de armamento e intercambio de visitas de responsables políticos y militares. India ya mantiene, por otra parte, acuerdos navales con Singapur, Vietnam, Tailandia y Malasia. Y, como se sabe, recientemente apoyó la restauración del Diálogo de Seguridad Cuatrilateral con Estados Unidos, Japón y Australia.

Reforzando sus vínculos económicos y la cooperación en materia de seguridad con estas naciones, India busca equilibrar las ambiciones chinas. El ascenso de la República Popular ha adquirido una dimensión estratégica que empuja a India a lograr una mayor presencia en el sureste asiático. La incertidumbre de los miembros de la ASEAN sobre el futuro del papel de Estados Unidos en Asia propicia este acercamiento. El desafío es cómo articular de manera eficaz el enorme potencial de este eje bilateral.

Las bodas de oro de la ASEAN contaron con la presencia de Trump. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- La década de los 60 vio el comienzo de los acuerdos comerciales en la región asiática. La Asociación de Naciones del Sudoeste Asiático (ASEAN por sus siglas en ingles), inició la tendencia de agrupaciones que bajo la búsqueda de un bien común consiguieron unirse, y con el paso del tiempo crecieron en número de miembros. A partir de entonces, muchas otras organizaciones, sobre todo de tipo económico, se han creado en el Pacífico.

Donald Trump acudió a la cumbre que celebró los 50 años de la ASEAN, donde remarcó la visión económica de su Administración, basada fundamentalmente en el unilateralismo y en segundo lugar, pero no menos importante, en el hecho de que nadie es dueño del mar y de que la libertad de navegación y sobrevuelo de los mares son críticos para la seguridad y prosperidad de las naciones del mundo.

Fue éste crucial punto el que llevó a los líderes de Australia, India y Japón a reunirse para discutir este compromiso y presentarse unidos para defender este derecho fundamental de la Convención de Ginebra.

Cuatro miembros de ASEAN, Filipinas, Vietnam, Brunei y Malasia, se disputan varias islas con China en esta zona marítima, en un contencioso en el que China apela a sus derechos históricos y que en el pasado ha puesto al descubierto las diferencias internas entre sus diez socios. Y en que la voz firme de Estados Unidos vino a marcar un gran momento, donde se dejó por sentado su liderazgo en la región, así como también el respeto por la libertad de tránsito marítimo y las decisiones del tribunal de arbitraje de la Haya y los fallos en los que ha desestimado las pretensiones chinas. En este punto la administración Trump ha sido consecuente con la política exterior estadounidense de los últimos 60 años.

La ASEAN reúne 622 millones de habitantes y aspira a elevar su PIB conjunto hasta los 4,7 millones de dólares en 2020 para así convertirse en la cuarta potencia económica del mundo en 15 años. En 2015, la economía global de los diez países alcanzó los 2,43 billones de dólares, mientras que las previsiones de crecimiento son del 4,8% para este año, según cifras oficiales de la organización.

De acuerdo con el experto Alberto Solares Gaite, los procesos de integración en Asia han sido radicalmente opuestos a los que ha experimentado Occidente. Las agrupaciones asiáticas se han caracterizado por el desarrollo de pocas instituciones y de mecanismos de bajo compromiso. No existen acuerdos oficiales, los vínculos comerciales y financieros se han llevado a cabo de modo fáctico entre los países de la región. Lo que se conoce como integración “silenciosa”, en las que se fomenta sobre todo los agentes microeconómicos, pese al bajo perfil de los gobiernos.

Mireya Solís, experta en Asia del Instituto Brookings sintetizó el viaje asiático de Trump en estas palabras: “Su Administración está fundamentalmente redefiniendo la estrategia y el rol de Estados Unidos en el comercio internacional y cambiando la diplomacia de intercambios.  Si hay que reconocerle algo es que fue consistente en cada uno de sus paradas en su gira por Asia, rechazando explícitamente el multilateralismo, sin dobleces en sus palabras, y explicando que Estados Unidos apuesta por tratados bilaterales, y que todos los países interesados en negociar con Washington son bienvenidos a sentarse en una mesa a dos partes”. Mientras que Xi Jinping, en su intervención en la APEC, dejó claro que China está a favor del multilateralismo, convirtiéndose en el nuevo y gran líder que apoya los acuerdos multilaterales de libre comercio sin exclusión.

Tal y como afirmó Trump al regresar a casa la semana pasada, el viaje a Asia tuvo tres objetivos: unificar el  mundo en contra de la amenaza nuclear del régimen norcoreano, afianzar las alianzas políticas y económicas estadounidenses en el Indo-pacífico, nuevo término que demuestra una nueva visión de la región, y, por último, intercambios comerciales justos y recíprocos, que, en otras palabras, viene a decir acuerdos donde la Administración Trump pueda imponer sus reglas y no ceder frente a la presiones de bloques económicos ya establecidos. Sin lugar a dudas, estamos frente a una nueva diplomacia de intercambios.

Trump en Asia: un reto complicado

La gira asiática de Donald Trump es parte del esfuerzo de la Administración de EEUU por que se visualice un plan estratégico general que en realidad no existe en términos globales. De acuerdo con su impetuosidad y su culto a una política de improvisaciones, la excursión asiática representa un reto a los asesores presidenciales.

EEUU tiene que garantizar a Japón su compromiso en la defensa de este país, no sólo frente a Corea del Norte sino también frente al expansionismo marítimo y las reclamaciones chinas sobre algunas islas; un mayor acercamiento a Vietnam sobre la base de una alianza anti China, un enemigo histórico de Hanoi casi más que EEUU, y, a la vez, atraerse a China para que presione a Corea del Norte e introduzca un factor de distensión en las provocaciones de Kim Jon-un. Este laberinto, que explica esta semana Nieves C. Pérez, es un desafío a un presidente que ha hecho de las afirmaciones simplistas su bandera estratégica.

No va a ser sencilla, pues, la tarea del secretario de Estado Tillerson o sus asesores de Defensa, y en este terreno la diplomacia china puede tener ganados varios puntos de antemano cuando, además, es Trump quien ha frustrado muchas esperanzas rompiendo el Tratado de Libre Comercio que, curiosamente, está defendiendo China a su manera, y en su versión más favorable.

Cualquier error, aunque sea verbal (y de esto debería saber ya mucho Donald Trump) puede crear una situación insostenible en una región donde la desconfianza en los aliados respectivos está llevando a un repunte del nacionalismo en países como Japón y Filipinas, además del Sureste asiático.

La travesía asiática de Trump. Nieves C. Pérez Rodríguez

En una larga travesía de 12 días, el presidente Trump visita Asia. Muchos días de viaje y una agenda bien copada en la que visita Japón, Corea del Sur, China, Vietnam y Filipinas. Un viaje tan largo como importante en el que el secretario de Estado Tillerson le acompañará para dar aún más solemnidad a esta visita oficial. Mientras Trump sostendrá encuentros con los jefes de Estado correspondientes, Tillerson se reunirá con altos dirigentes, homólogos y personalidades económicas, con las que buscará afianzar lazos de cooperación a nivel político y de inversiones e intercambio. Según Daniel Blumenthal (escritor de Foreing Policy) la clave de este viaje está fundamentalmente en el elemento geopolítico, que consiste en intensificar la competencia de los Estados Unidos con China por el sureste asiático. Insiste en que nada es tan importante como ese punto y el presidente Trump debería dejar muy claro que su gabinete toma con mucha seriedad la rivalidad geopolítica en la región asiática.

Japón es el aliado más fuerte de Estados Unidos en Asia. En Tokio, Trump afianzará la alianza con Shinzo Abe y proyectará una sólida amistad mientras negocian más intercambios comerciales y analizan la amenaza de Corea del Norte. La Administración Trump finalmente entendió la importancia de un aliado como Japón y ha comenzado a darle el lugar que merece. Tokio, por su parte, da señales de estar más cómodo con Washington y ha bajado sus niveles de ansiedad ante la amenaza nuclear de Pyongyang por el apoyo de Trump. De hecho, Japón es el país que más está invirtiendo en Estados Unidos a día de hoy, instalando industrias en su territorio y generando un gran número de empleos (exactamente lo que Trump ha definido como su vuelta a la Gran América).

En Seúl, se espera que se aborde fundamentalmente la peligrosa situación de Corea del Norte. Trump se reunirá con Moon Jae-in, lo que revalida el apoyo de Washington y mando un claro mensaje a Kim Jong-un. Corea del Sur es el segundo gran aliado de Estados Unidos en la región, y para el presidente Moon es realmente importante contar con este espaldarazo público.

En el caso de China, Trump prometió a Xi jinping visitarle en casa, y eso es exactamente lo que está haciendo. Cumpliendo con su compromiso, quedando bien con el ahora consagrado líder, después de que el congreso del Partido Comunista Chino convirtiera a Xi en el personaje más poderoso desde Mao Zedong, y que comparativamente con Trump, está en una posición más fuerte, en términos de liderazgo y popularidad. Sin lugar a dudas, en la región Xi es el líder más poderoso y Washington le necesita para seguir presionando a Pyongyang. Beijín es el único actor internacional capaz de presionar y neutralizar a Pyongyang sin necesidad de un ataque bélico, siendo el principal proveedor de un régimen completamente aislado.

Aquí la pregunta que se presenta es ¿hasta dónde quiere jugar China genuinamente ese rol?, Xi se siente claramente cómodo en su papel de líder internacional, pero también sabe cuándo debe bajar su perfil para mantener el juego a su favor. Esperemos que Trump entienda esa estrategia y pueda dejarle claro que Estados Unidos está dispuesto a acabar con el riesgo y mantendrá el liderazgo regional. A pesar de que hasta ahora Trump ha sido blando con Beijín, el Departamento de Estado maneja una línea anti china muy fuerte, que espera empezar a implementar.

Vietnam es un país clave. Tanto Trump como Tillerson participarán en la Cumbre de APEC el 10 de noviembre, que es obviamente importante pues 21 economías en el Pacífico estarán en este foro que promueve el libre comercio. Sin embargo, la clave podría estar en que Washington quiere asegurarle a Hanói su apoyo, siguiendo la línea anti china que amnas están manejando. Vietnam históricamente ha sufrido el acoso chino, y entre el expansionismo chino actual y su posición geográfica, es uno de los países más vulnerables ante el gigante asiático, por lo que Washington está aprovechando para extender su apoyo a cambio de mantener su presencia en la región.

En Filipinas se reunirá con Rodrigo Duterte, un líder tan controvertido como popular, quien, con una política tan agresiva como inapropiada, abusa del poder para acabar con el narcotráfico y los consumidores de estupefacientes, por lo que se espera que Trump aproveche la oportunidad para pedirle moderación y respeto por los derechos humanos. Asimismo, Washington intentará recuperar los espacios ganados por China en la región del sureste asiático.

Otro aspecto no menos importante es el aumento del radicalismo islámico y la presencia de ISIS, en el que Trump debería afianzar su compromiso en mantener cooperación en materia de seguridad.  Seguramente otra de las razones que llevan al inquilino de la Casa Blanca hasta Manila es parte de su ego, pues Duterte ha expresado públicamente su admiración por Trump, lo que no sorprende pues, en el fondo, ambos líderes tienen un carácter impulsivo y políticamente incorrecto.

Tal y como se ha expuesto, cada país en esta gira por Asia tiene una razón estratégica. La Administración Trump está yendo a poner orden y afianzar su posición en el Pacífico, y a dejarle claro a China quién tiene el control,  solidificar alianzas y mandar un mensaje claro a Pyongyang de unión con sus aliados. Ojalá que la imprudencia de Trump se quedara en casa, y que su Twitter no funcione en Asia, o que lo agotador de su agenda lo mantenga aislado de su móvil. Seguramente así nos aseguraremos una visita diplomática en toda su expresión. Sobre todo, en la cultura asiática donde la prudencia y las formas marcan el día a día de la sociedad.