Turquía opta al Sur Global, con apoyo chino

Turquía opta a integrarse en la organización impulsada por los BRICS (siglas que corresponden a los países fundadores, Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y que desarrolla la estrategia del Sur Global liderada por Rusia y, sobre todo, China. Turquía ya planteó su candidatura en 2024 que acabó en fracaso y quiere conseguir su integración este año en la cumbre a celebrar en Nueva Delhi.

La diferencia en esta ocasión es el apoyo que Turquía está recibiendo de China que, además lleva a cabo una discreta pero intensa ofensiva diplomática para estrechar lazos con Ankara y aumentar su presencia en el Mediterráneo oriental.

Como subraya Rocío Martínez en Negocios, el contexto internacional también ha cambiado. La expansión reciente de los BRICS ha roto el carácter casi exclusivo del club y ha dejado claro que el bloque está dispuesto a crecer, incluso a riesgo de aumentar su heterogeneidad interna. Para Turquía, este momento de fluidamente es una oportunidad: presentarse como “bisagra euroasiática” que conecta Mediterráneo, mar Negro, Cáucaso y Oriente Medio, en un momento en el que esas regiones están en el centro de todas las crisis.

Lo que nació como un acrónimo de economías emergentes se ha transformado en un bloque político y financiero con ambiciones sistémicas. A los cinco miembros fundadores —Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica— se han sumado en los últimos años nuevos socios hasta conformar un grupo ampliado que ya concentra en torno al 28% del PIB mundial en paridad de poder adquisitivo y casi la mitad de la población del planeta.

La estrategia es clara: construir una red de cooperación que permita reducir la dependencia del dólar en el comercio, la financiación y las reservas, impulsando el uso de monedas locales y de instrumentos propios, como el Nuevo Banco de Desarrollo. Paralelamente, el bloque promueve foros de coordinación política que aspiran a convertirse en contrapeso a las instituciones de Bretton Woods y al G7.

Hoy, al menos 23 países han presentado solicitudes formales de adhesión, y la lista de interesados ronda la cuarentena. La expansión no es solo cuantitativa: cada nuevo miembro añade masa crítica y diversidad geopolítica. En ese mapa, la entrada de Turquía tendría una carga simbólica enorme: por primera vez, un aliado militar de Estados Unidos se sumaría a un grupo que cuestiona abiertamente la hegemonía occidental, señala Martínez.

Turquía y China se necesitan, aunque mantengan un problema histórico sin resolver y es la represión china contra los uigures de los territorios occidentales chinos, un grupo étnico islámico de costumbres y lengua túrquica. Pero Turquía, con el recelo de Occidente y de la OTAN, a la que Turquía pertenece, juega por su cuenta en Libia, maneja la situación en Siria, ha apoyado a Hamás en Gaza y choca con Grecia, también miembro de la OTAN, por límites fronterizos en el Egeo.

Y China aspira a aprovechar estas líneas de quiebra con Occidente, que podrían debilitar a la OTAN y que facilitan la expansión de la influencia china en la región.

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