¿Es mejor una dictadura para combatir una epidemia?

Al calor de la crisis creada por el coronavirus COVID-19 se ha instalado un debate perverso: ¿Está demostrando China mayor eficacia en el combate contra el coronavirus? Y, a continuación, ¿Está una dictadura, capaz de imponer medidas sin límites ni protestas, más preparada que un sistema de derechos y libertades para hacer frente a una emergencia?

Hay, como reflejo colectivo europeo y desde luego en España, una aspiración al caudillismo, un deseo de transmitir a los Estados la  responsabilidad de todos los problemas y la atribución a otros de las responsabilidades. Este reflejo, por cierto, es hábilmente utilizado por los enemigos del liberalismo que argumentan la prioridad de las causas colectivas, identificadas por ellos, frente a las individuales. Y esta crisis sanitaria ha aflorado este reflejo estimulado por la Organización Mundial de la Salud con algunos columnistas y medios de comunicación. Estos han embellecido la gestión de China y ocultado las zonas más oscuras de esta gestión.

Pero, veamos. China ocultó durante más de un mes los datos que tenía y envió a la cárcel a médicos denunciaron la situación, “por alarmismo” (algunos han muerto infectados por el coronavirus). Una vez reconocida la evidencia, China  mantuvo poca transparencia con los organismos sanitarios internacionales, con lo que fue más difícil medir la gravedad y compartir experiencias. Y una vez desbordado por los datos, el gobierno chino actuó con brutalidad en nombre de la eficacia: construcción de hospitales empleando militares y trabajadores en turnos de 18 horas, movilización de médicos con idéntico horario, retención de millones de ciudadanos y desplazamietos obligados de otros. Es decir, China ha actuado, tras sus propios errores con una brutalidad con pocos precedentes. Incluso en el caso de que haya resultados que pudieron obtenerse antes, defender esa gestión es miserable… y peligroso.

Especialmente grave es la apología de esas medidas por parte de la Organización Mundial de la Salud que llega avalada por el carácter experto de sus responsables. En realidad, la OMS tiene mucho de monstruo burocrático del que viven muchas personas, lo que distorsiona a veces sus informes que deben ser analizados con precaución, así como la procedencia integral de su financiación.

En todo caso, cualquier medida de emergencia general es más eficaz si está asentada en la admisión general, en la comprensión de la necesidad de tomarla más que en la coerción, aunque esta sea necesaria. Y China no ha sido precisamente un ejemplo.

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