China se para

La nueva crisis inmobiliaria, que no es más que una reactivación de la vieja y latente, está impactando duramente en la economía china que viene frenándose durante todo este año. Como hemos explicado en varias ocasiones, las empresas chinas viven crisis cíclicas al verse obligadas a desenvolverse con reglas de aparienia capitalismo con intervencionismo gubernamental y reglas de mercados trampeadas por el gobierno. Y esa es una contracción insalvable en la esturtura del gobirno chino y su dictadura maquillada.

En el plano interno, esta situación aviva las contradicciones en una sociedad que incorpora, en sus amplias zonas urbanas unos comportamientos de consumo y vida de apariencia occidental pero en un marco dirigido por las decisiones de gobierno y en ausencia de libertades, garantías jurídicas y normas de mercado tradicional.

En el plano exterior, la crisis llega en un momento inoportuno ya que China necesitaría exhibir estabilidad y poder para apuntalar el disfraz de mediador en los conflictos, socio fiable para países recelosos de Occidente y capacidad militar suficiente para amenazar y pretender dominar lo que entiende que es su área geoestratégica. China ha firmado un pacto con Irán que implica la trasferencia de miles de millones con rentabilidad política pero dudosamente económica, está adelantando dinero a Rusia para la financiación de guerra de agresión en Ucrania y mantiene dudosas inversiones en África y América. El nuevo escenario va a a afectar a estos planes así como a varios programas militares chinos.

Esta situación va acondicionar la posición china y va a reflejarse en los próximos pasos y conversaciones, discretas o públicas, que llevan desarrollándose hace semanas para encontrar soluciones o al menos exlorar bajas de la tensión en Ucrania y en el Pacífico.

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