blade runner

THE ASIAN DOOR: La economía de consumo se dispara en China. Águeda Parra

El nivel de bienestar en la sociedad china ha mejorado significativamente como resultado de las mejoras sociales que ha experimentado el país tras varias décadas de mantener ritmos de crecimiento económico elevados, que durante mucho tiempo fueron superiores a los dos dígitos. Con el tiempo, esto ha permitido reducir la brecha existente en las desigualdades históricas entre las zonas del interior y las costeras, y que suponía para el país mantener un modelo de crecimiento a dos velocidades.

A pesar de que todavía se mantienen diferencias significativas de desarrollo entre ambas regiones, las políticas puestas en marcha por el gobierno chino han permitido que se desarrolle una creciente clase media con nuevos patrones de consumo. En la era de Xi Jinping, alcanzar una China moderna lleva asociado implementar un nuevo modelo económico en el que se potencia el consumo interno como nueva palanca para sustentar el crecimiento del país, de ahí que figure entre los objetivos primordiales del XIII Plan Quinquenal (2016-2017).

Y los resultados no pueden ser mejores, ya que mientras que el crecimiento del PIB de China consigue mantenerse cerca del 7%, (en 2017 se situó en el 6,9%), el nivel de consumo se mantiene en torno al 10% anual, según datos oficiales. Con ello, se estaría consolidando el cambio estructural buscado por el presidente Xi para que la economía china entre en la nueva etapa de crecimiento denominada como de “nueva normalidad”.

La clase media en China existe y es muy numerosa. Algunos informes estiman que 109 millones de personas pertenecen a este nivel social. Y además es creciente, pudiendo superar los 480 millones en 2030, según las estimaciones de los expertos, lo que supone cerca del 35% de la población mundial. Las mejoras en las condiciones de vida y el desarrollo de un revolucionario ecosistema digital están generando nuevos perfiles de consumo. La clase media está demandando necesidades propias de una sociedad moderna, gracias a un significativo aumento del nivel adquisitivo, un mayor nivel de compra entre los jóvenes, y las ventajas de la omnicanalidad que proporciona el e-commerce.

La aparición de la clase media china está suponiendo toda una revolución para la economía del país, con previsión de que China origine el 27% del crecimiento total del consumo de las grandes economías en 2021, según la estimación de un estudio conjunto entre BCG y AliResearch. Evidentemente, las empresas de consumo van a ser las primeras en verse beneficiadas por las nuevas tendencias en los hábitos y comportamientos de compra que impongan los consumidores chinos, donde los nativos digitales están siendo los verdaderos artífices de modelar el futuro del e-commerce y de la economía digital mundial.

Las empresas de consumo de todo el mundo no deben pasar por alto la oportunidad de incorporar la componente del perfil de compra de la clase media china a sus estrategias de desarrollo de negocio. En la actualidad, el mercado de consumo de China es el segundo más grande del mundo, sólo por detrás de Estados Unidos y, según este estudio, la previsión de crecimiento en China hasta 2021 supone añadir al mercado de consumo chino el tamaño de la población de Alemania.

Los consumidores chinos son eminentemente digitales, factor que favorece que los ritmos de crecimiento del consumo interno sean mayores. El hecho de estar conectados permanentemente facilita que el acceso al modelo de compras e-commerce no se limite únicamente a las ciudades de primer y segundo nivel, sino que se extienda rápidamente por todo el territorio, profundizando así en los objetivos de nivelar las desigualdades todavía existentes entre ambas regiones. Los avances en la tecnología y la potente infraestructura digital desplegada por todo el país propician un consumo mayor de productos, servicios y experiencias entre una población que cada vez se centra más en buscar productos de mejor calidad, modificando la dinámica actual de basarse principalmente en la procedencia de las marcas.

El turismo, el mercado del lujo, y los productos relacionados con la salud son los sectores que más van a beneficiarse de las demandas de la clase media china. Todas aquellas empresas internacionales dedicadas a estos sectores mejorarán sustancialmente sus cifras de negocio si se incorporan como actores destacados de un mercado de consumo con nuevos hábitos y patrones. Entre ellas, las empresas españolas, que cuentan con un excelente posicionamiento internacional en los sectores que están generando mayor demanda en China, no pueden dejar de aprovechar la oportunidad que presenta la revolución del consumo que está experimentando el país en estos momentos.

sean miner

China a la conquista de América latina (I). Nieves C. Pérez Rodríguez

Entrevista a Sean Miner, Director Asociado del Área China en el Atlantic Council.

Washington.- En la visita del presidente chino Xi Jinping a América Latina en el 2014, éste planteó como objetivo que las empresas chinas invirtieran 250 mil millones de dólares en América Latina para el 2025. “Lo que es una muestra de los efectos del poder blando de la diplomacia económica china, que, por un lado, ayuda a mejorar la imagen de China en el exterior, mientras que consigue persuadir apoyos en organizaciones internacionales como Naciones Unidas, a la vez que facilita políticas más amistosas con otras naciones”. Esta es la opinión de Sean Miner, Director Asociado del Área China en el Atlantic Council, uno de los think tank más respetados en Washington.

4Asia tuvo la oportunidad de entrevistar a este experto, quién además de hablar mandarín y haber vivido en Beijing, tiene un profundo conocimiento de la cultura china, con especial énfasis en sus políticas económicas. Con un extenso número de publicaciones en China, también trabajó para el instituto económico internacional Peterson.

Para Miner, América Latina es una región cada vez más dinámica y económicamente atractiva, con numerosas oportunidades en negocios e inversiones. En su opinión, en los primeros años del siglo XXI, los líderes chinos se dieron cuenta de que necesitaban tener más acceso a recursos naturales para garantizarse el crecimiento veloz de la economía, por lo que empresas chinas, especialmente las semiprivadas, empezaron a invertir en el exterior, sobre todo en el sector de la extracción.

Sin embargo, esta estrategia de inversión ha evolucionado junto con el crecimiento de la economía y la expansión de sus marcas. China tiene más actividad en el sector de servicios a día de hoy, por lo que esas empresas de servicios, como las tecnológicas o de información, finanzas, transporte y electricidad, se están expandiendo. Además, muchas empresas chinas mantienen todos sus activos en China, lo que puede ser un gran riesgo para una gran corporación, por lo que están invirtiendo en el extranjero para diversificar sus fuentes de ingresos y garantizar su supervivencia.

Le preguntamos sobre la dinámica comercial y las razones detrás de las grandes inversiones chinas en México, Brasil y Venezuela. Y esto fue lo que dijo:

México tiene relativamente pocos recursos naturales, por lo que a primera vista podría parecer un objetivo extraño para las inversiones chinas en el extranjero. Sin embargo, México es un país manufacturero fuerte que está altamente integrado en las cadenas de suministro regionales, y desde 2015 tiene salarios más bajos que los chinos. También forma parte del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés) y de la Alianza del Pacífico. Por eso, las empresas manufactureras chinas, especialmente las automotrices, comenzaron a establecerse en México para poder vender más fácilmente a América del Norte y América del Sur.

Brasil es un mercado atractivo para muchos inversores internacionales, no solo chinos. Las empresas chinas han invertido más de 60 mil millones de dólares solo en este este país, y en diversos sectores industriales, incluyendo el petrolero y gasista, minero, transporte, automotriz, finanzas, electricidad y energía alternativa. Pero los prestamistas estatales chinos, como el Banco de Desarrollo de China y el Banco Export-Import de China, también han prestado a Brasil decenas de miles de millones de dólares, principalmente en el sector del petróleo y el gas. Esta inversión y los préstamos son parte de la estrategia de China para garantizarse su seguridad energética, y han tenido éxito. Brasil ahora exporta más petróleo a China que cualquier otro país en América Latina.

En Venezuela, los prestamistas estatales chinos han prestado al gobierno venezolano o PDVSA más de 60 mil millones de dólares, principalmente en acuerdos de préstamo por petróleo. Y los expertos dicen que Venezuela aún le debe a China al menos 25 mil millones. Esto le asegura a China el suministro petrolero, incluso si los precios del petróleo subieron significativamente. Sin embargo, la imagen de China ha sufrido en este caso, ya que ahora están siendo acusados de apoyar la mala gobernanza y prolongar el régimen de Maduro, que pudo haber colapsado, pero que gracias al dinero chino, así como el ruso y otros, se ha mantenido. Además, los prestamistas estatales chinos corren el riesgo de no recibir el reembolso de sumas importantes de dinero si hay un cambio en el gobierno.

La conquista de América Latina por parte de China difiere de las conquistas históricas tradicionales, donde el conquistador buscaba hacerse con más territorio e intencionalmente ejercer influencia en el territorio conquistado. La conquista china es una conquista de los recursos naturales del país receptor, para poder garantizar a su propio territorio y población el suministro de estos recursos, que a su vez acompañen al crecimiento de su economía.

Lo que no significa que anula del todo la posibilidad de ejercer influencia regional, pero al menos ahora su foco está en el beneficio económico que pueda reportarle.

eurasia

INTERREGNUM: A vueltas con Eurasia. Fernando Delage

(Foto: Dimitrii Efremenkov, Flickr) La restauración de Eurasia como concepto geopolítico, acompañada de la integración económica de este mismo espacio a través de la Nueva Ruta de la Seda que impulsa Pekín, ha sido una referencia constante en esta columna a lo largo de su primer año de vida. En un contexto de redistribución de poder, las acciones chinas durante los últimos años revelan que sus estrategas, buenos estudiosos de los padres fundadores de la geopolítica, intentan aplicar a un mismo tiempo las lecciones de Sir Halford Mackinder sobre el poder continental y las del almirante Alfred Thayer Mahan sobre el poder marítimo.

Una consecuencia de la transformación global en curso es la superación de la división que ha existido entre Europa y Asia a lo largo de la Historia. Pero si esa división—que no era geográfica—desaparece como resultado de la propia modernización de Asia, la pregunta inevitable es: ¿qué reglas del juego definirán en el siglo XXI las interacciones entre las grandes potencias en la mayor extensión terrestre del planeta? China quiere recuperar su posición central fomentando la integración de los Estados vecinos en su órbita económica. Rusia, consciente de su debilidad comercial y financiera, recurre a la disrupción para restaurar su estatus internacional. ¿Y Europa? ¿Sabe lo que quiere? ¿Cuenta con la estrategia necesaria para defender sus intereses y sus valores en este nuevo escenario? Son estos tres actores principales—a los que a no tardar mucho se sumará India—los que definirán la dinámica euroasiática. Y las posibilidades de un consenso no son muy elevadas.

De estos asuntos se ocupa el portugués Bruno Maçães en un fascinante libro de reciente publicación: The Dawn of Eurasia: On the Trail of the New World Order (Allen Lane, 2018). Pocos trabajos describen el espíritu y los grandes dilemas políticos de nuestra época como éste. El autor, exsecretario de Estado de Asuntos Europeos del anterior gobierno de Portugal, y doctorado en Harvard, combina una excepcional capacidad analítica con una brillante pluma. Si algunos capítulos responden a lo que cabe esperar de un riguroso estudio académico, otros describen los viajes del autor por oscuros lugares del Cáucaso o de Asia central, donde investiga de primera mano la irrupción de un único escenario euroasiático. Es un libro luminoso, que atrapa al lector y le obliga a considerar nuevas perspectivas sobre viejas variables.

Es demasiado obvio concluir que el mundo no será el mismo que hemos conocido durante los dos últimos siglos. Pero Europa debe dejar de engañarse a sí misma pensando que el desarrollo y la prosperidad llevará a los demás a parecerse a ella. Diferentes concepciones del orden político tendrán que coexistir en un mismo espacio. “Hemos entrado, escribe Maçães, en la segunda era de la globalización, en la que las fronteras son cada vez más difusas, pero las diferencias culturales y de civilización no, dando paso a un complejo inestable de elementos heterogéneos”. El orden mundial europeo es historia. Bienvenida sea la era de Eurasia.

hospital

Stranger Things. Juan José Heras

La primera reforma sanitaria china tuvo lugar en 1951 y solo afectaba a los trabajadores de las ciudades, que apenas suponía un 20% de la población total. Posteriormente, en 1956, se extendió al campo con el llamado “Sistema Médico Cooperativo Rural” que se materializó en la construcción de hospitales en los pueblos más grandes, clínicas en pueblos más pequeños; y “médicos descalzos” en las aldeas más remotas.

Esta última iniciativa, que consistía en formar a campesinos para ayudar a sus camaradas a prevenir las epidemias más comunes, fue un éxito y en 1976 estaban cubiertos el 90% de los campesinos, triplicándose la esperanza de vida.

Pero en la década de los 80 Deng Xiaoping abrió “El Portal al Mundo del Reverso” y dejo entrar al “monstruo del capitalismo” en China que trajo consigo de nuevo las grandes desigualdades entre las zonas urbanas y las rurales, dejando a muchos campesinos sin capacidad económica para costearse los servicios médicos.

Para corregir esta situación, Hu Jintao estableció en 2003 el “Nuevo Sistema Cooperativo Rural Médico”, que facilitaba el acceso de los campesinos con menos recursos a la sanidad mediante un pago anual que hoy ronda los 20€. Además, el Estado costeaba hasta el 60% de la factura por ingreso en una clínica rural.

Sin embargo, en caso de buscar asistencia médica en hospitales más grandes, con mejores especialistas y medios, el Estado solo se hacía cargo del 30% del gasto total. En la práctica, esto se traduce en que los ciudadanos chinos del entorno rural, que todavía son un 50% de la población total, y cuyos ingresos son muy bajos en comparación con los residentes urbanos, solo acudan al médico cuando se encuentran ya muy graves.

Este sistema sanitario con “características chinas” ha forjado en sus campesinos un carácter estoico ante la enfermedad, que sus ciudadanos exportan al extranjero de la misma manera que sus empresas despachan algunas construcciones de dudosa calidad o realizan una interpretación revisionista de los derechos humanos. Desde esta perspectiva se entiende mejor que los ciudadanos chinos no se prodiguen por los hospitales españoles, ya que tienen grabado a fuego que al médico no se va por “tonterías”.

Y entonces llegó Xi Jinping, que se ha propuesto cerrar “El Portal del Mundo del Reverso” y garantizar la sanidad universal para 2020, implantando entre otras cosas, un sistema de médicos de cabecera que alivien los cuellos de botella producidos por las consultas hospitalarias. Un reto difícil de conseguir para 2020, pero casi imposible de mantener  para 2050, cuando se estima que el país contará con más de 400 millones de ciudadanos por encima de los 80 años (más del triple que en 2017).

Silicon Valley

THE ASIAN DOOR: La Superbowl del talento tecnológico se juega en China. Águeda Parra

(Foto: Christian Rondeau, Flickr) En la última década, China ha pasado de focalizarse en la producción de manufactura como palanca de crecimiento del país, con los problemas derivados de un importante sobrecalentamiento de varios sectores económicos, a situarse como pieza principal de la revolución digital mundial. En este tiempo, el crecimiento de dos dígitos que registraba la economía a principios del siglo XXI ha pasado a un nivel más moderado, del 6,9% en 2017, pero muy superior al del resto de países industrializados.

En sólo una década, China ha pasado de ser la fábrica del mundo, a liderar la economía digital, gracias al gran momentum tecnológico que vive el país. Este cambio de paradigma procede de la visión de Xi como impulsor de políticas de crecimiento más sostenibles y adecuadas para afrontar el reto de construir una China moderna.

Las nuevas tecnologías se han desarrollado en la sociedad china a un ritmo mayor que en otras economías desarrolladas, generando toda una nueva generación de nativos digitales que son los verdaderos artífices de todo un ecosistema digital que no sólo transforma el país, sino que está definiendo, en función de sus gustos y preferencias, el futuro del e-commerce mundial.

En esta estrategia de transformación digital, China también cuenta con los “sea turtles”, como se denomina a aquellos graduados chinos que regresan de estudiar en las universidades extranjeras, personas que están creando la versión china del Silicon Valley en territorio nacional. El factor de la apuesta por la innovación, importantes oportunidades de carrera y una mayor inversión en capital son los principales motivos que encuentran los 432.500 graduados que regresaron a China en 2016, de un total de 544.500 personas que optaron por estudiar en el extranjero, un 22 por ciento superior a los que regresaban en 2013, según datos del Ministerio de Educación.

Los incentivos económicos son también un punto destacado del regreso de la diáspora digital. Según un estudio del South China Morning Post, los graduados en el extranjero reciben un salario un 17,2 por ciento superior a los graduados en las universidades nacionales. Las grandes tecnológicas chinas están creando un ecosistema digital con oportunidades laborales mejores a las que podrían acceder los ingenieros asiáticos en compañías como Google, Facebook y Apple, donde únicamente ocupan el 30% de las posiciones profesionales y tienen difícil acceso a los puestos directivos. En China las oportunidades vienen de la mano de empresas como Alibaba y Tencent, que se encuentran entre las compañías más valiosas del mundo, compitiendo directamente con sus rivales estadounidenses Amazon y Facebook.

A este grupo de talentos tecnológicos hay que sumarle la apuesta del gobierno chino por atraer los mejores científicos y personas de negocios relacionados con el ámbito de las nuevas tecnologías a través de la concesión de visas gratuitas por 10 años, según publicaban fuentes oficiales a principios de 2018. Sin duda, el grupo de extranjeros de alto nivel y los “sea turtles” chinos son el perfil de empleados que demandan los gigantes tecnológicos estadounidenses que operan en territorio chino. Entre ellos, el gran gigante de Internet Google, que ha abierto su cuarta oficina en China con 600 empleados en la nueva capital tecnológica mundial, Shenzhen, donde también están presentes otros grandes de la industria como Huawei y Tencent. Recientemente era Apple quien anunciaba la apertura de un centro de servicios de almacenamiento de iCloud en la provincia de Gizhou.

La revolución digital es ya una realidad en China, y es la clase media china la que está actuando como prescriptor digital. Mientras los países occidentales todavía no son plenamente conscientes de la velocidad vertiginosa a la que se producen los avances tecnológicos en China, Shenzhen ha pasado de ser una aldea de pescadores en 1980 a convertirse en el denominado Sillicon Valley del hardware a principios de siglo. Todo un alarde de intenciones de que China, en cuestión digital, es capaz de liderar la transformación global en las próximas décadas.

Afganistan2

INTERREGNUM: China en Afganistán. Fernando Delage

(Foto: Johannes Zielcke, Flickr) La reciente llegada a Kabul de un nuevo embajador chino, Liu Jinsong, es una indicación de la creciente importancia de Afganistán para Pekín. Liu, diplomático de carrera, nació en Xinjiang y fue director del Fondo de la Ruta de la Seda, una de las instituciones creadas por la República Popular para financiar la gran red de interconexiones a través de las cuales quiere integrar Eurasia. Su conocimiento de las complejidades de la zona y su experiencia sobre el proyecto estrella de la diplomacia china revelan las prioridades de su agenda.

Según diversos medios, China habría comenzado a construir una base militar en Badakhshan, en el corredor de Wakhan, la estrecha franja de territorio en el noreste del país que define la frontera de Afganistán con China, y que separa a Tajikistán de Pakistán. La ausencia de una conexión directa obliga a los chinos a acceder, precisamente, desde Tajikistán. Situado en uno de los lugares más remotos de Asia central, es un pasillo que Pekín cree utilizan los uigures en el exilio del Movimiento Islámico de Turkestán Oriental (ETIM), y que también podrían utilizar para entrar en China los militantes que regresen de Siria e Irak. Hace unos días, el gobierno chino ha negado que esté construyendo dicha base, aunque funcionarios afganos lo han confirmado con posterioridad. Los imperativos de seguridad de Pekín dan credibilidad a la noticia, fuente de inquietud al mismo tiempo para otras potencias, como Rusia, sorprendida por lo que revela sobre los vínculos militares entre China y Tajikistán.

El ministro chino de Asuntos Exteriores, Wang Yi, anunció por otra parte en diciembre que Afganistán formará parte del Corredor Económico China-Pakistán, uno de los proyectos centrales de la Ruta de la Seda, y el primero en fase de ejecución. Pekín quiere hacer del país uno de los nodos de interconexión de sus planes, y se habla de hasta seis proyectos distintos, incluyendo una carretera entre Peshawar y Kabul, y una autovía que uniría Pakistán con Afganistán y Asia central. La seguridad a lo largo del corredor, en el que trabajan miles de nacionales chinos, y la protección de las inversiones chinas en Afganistán, de especial relevancia en el sector minero, conducirán inevitablemente a una mayor intervención de Pekín.

Las actuaciones chinas son coherentes con el discurso de sus dirigentes sobre la estrecha relación que existe entre desarrollo y seguridad. Sin esta última no puede haber crecimiento, mientras que propiciar las bases para la prosperidad económica contribuirá a mitigar el radicalismo y el extremismo, y, por tanto, las amenazas a la integridad territorial de la República Popular. Pero los riesgos también existen: participar en el proceso interno de conversaciones con los talibán, como está haciendo, es un arma de doble filo, a la vez que las grandes potencias buscarán la manera de diluir el protagonismo diplomático de Pekín.

Alibaba

THE ASIAN DOOR: Alibaba y su disruptiva estrategia omnicanal. Águeda Parra

Las grandes empresas tecnológicas de China se han convertido en los perfectos aliados de la visión de Xi de transformar el país a través de la innovación y la modernización. El XIII Plan Quinquenal (2016-2020) es el primero de la era de Xi Jinping, y recoge su visión de cómo transformar China en un país avanzado que camina hacia la consecución del “sueño chino”, entendido como la construcción de una “sociedad modestamente acomodada” en un país “rico y poderoso”.

Entre los objetivos del Plan figura el objetivo del presidente chino de que China se convierta en un país industrializado moderno, que consiga duplicar el PIB y el PIB per cápita en 2020, teniendo como referencia los valores de 2010. En este proceso, las nuevas tecnologías van a ser un elemento dinamizador esencial para el desarrollo económico del país. Las empresas públicas y privadas están volcadas en la gran revolución digital que se está produciendo en China, y entre ellas Alibaba figura como uno de los grandes referentes tecnológicos.

El valor bursátil de Alibaba a principios de año se situaba en 469.000 millones de dólares, una valoración muy similar a la de Amazon, el gigante americano del e-commerce, propiedad de Jeff Bezos. La diferencia del valor de mercado entre ambos se está reduciendo rápidamente motivado, principalmente, por la agresiva estrategia de negocio de Alibaba y los buenos resultados obtenidos durante 2017 entre todas las empresas que la componen.

La dimensión de Alibaba es propia de un gran imperio, gracias a los 488 millones de usuarios activos que registra entre todas sus divisiones de negocio, según los datos del informe financiero de la compañía a finales de junio, cantidad que supera en 140 millones toda la población de Estados Unidos. Estos datos le convierten en el mayor operador del e-commerce mundial, y a China en el mayor mercado del e-commerce del mundo. Los ritmos de innovación que caracterizan los negocios de Alibaba son parte de la agresiva estrategia de innovación que sigue su fundador y CEO, Jack Ma, que se convertía en el hombre más rico de China tras superar al presidente del grupo Wanda, Wang Jianlin, según publicaba Forbes en mayo de 2017. Durante 2017, el conglomerado chino realizó inversiones en 45 empresas, superior a las 37 realizadas durante 2016, según datos de la consultora Lieyun, dirigidas a la adquisición de empresas pertenecientes al sector del comercio físico y del e-commerce, en una apuesta por la omnicanalidad para mejorar la satisfacción de la experiencia de cliente en un proceso sin fisuras entre el canal presencial y el digital.

Para 2018, la estrategia de Alibaba pasa por cinco grandes áreas: New Retail, New Finance, New Manufacturing, New Technology y New Energy. Éstas son las líneas de actividad sobre las que se establecerá el crecimiento de la compañía en los próximos años, tanto a nivel de inversiones como de acuerdos con otras compañías. Así se entiende el acuerdo firmado a finales de 2017 con el fabricante de coches Ford para cooperar en áreas de computación en la nube (cloud computing), conectividad y de tiendas en línea, que permitirán la venta de coches de la marca americana a través de la plataforma de venta online de Alibaba, Tmall. También destaca el acuerdo suscrito entre el metro de Shanghai y Alipay, la plataforma de pagos de Alibaba, que permite desde el pasado 20 de enero la adquisición de los billetes del suburbano a través de la aplicación del móvil utilizando el escaneo de códigos QR. Todos estos son ejemplos que muestran el ritmo vertiginoso de los procesos de innovación de Alibaba, a los que seguirán muchos otros durante 2018, en una clara apuesta de la compañía por seguir siendo protagonista de la revolución digital en China y en todo el mundo.

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Davos entre líneas. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- La presencia de Donald Trump en Davos ha despertado mucha expectación internacional. Quizá por lo controvertido del personaje y sus ocurrencias, o más bien imprudencias. Pero también porque hace 18 años que un presidente estadounidense no había asistido (Bill Clinton fue el último en acudir).

La participación de Trump ha estado motivada, posiblemente, por Xi Jinping, que dio un discurso magistral a los estadounidenses el año pasado allí, remarcando la importancia de la globalización, o, tal vez, la razón ha sido aprovechar la presencia de tantos líderes globales para mantener las reuniones bilaterales de rigor, sin la posibilidad de manifestaciones en las calles, como se esperaba en Londres, antes de que Trump cancelara su viaje. Sea la razón que fuera, su presencia fue esperada con gran expectación y su mensaje escuchado con gran atención.

La página oficial de la Casa Blanca subraya las palabras de Trump en el Foro: “América primero no significa América sola”. Supone más bien, encontrar fórmulas de intercambios justas para Estados Unidos, de acuerdo con su visión. El discurso de Trump en Davos es el más centrado y políticamente correcto que ha hecho hasta el momento. Expresar su preocupación por la economía que representa no es controvertido; en efecto, es parte fundamental de su trabajo hacerlo con convicción y asumiendo la responsabilidad que un país como el suyo tiene en el mundo, es exactamente lo que muchos han estado deseando oír de su boca. Además de lo que necesitaba la comunidad internacional para entender las claves de la política exterior estadounidense.

Según Anne Gearan del Washington Post, su discurso contiene las mismas claves de fondo que han venido manejando él y su equipo, pero sin el populismo económico y proteccionismo comercial que ha se ha convertido en su marca personal. Seguramente haber seguido el guion que le escribieron sus asesores lo ayudó a no tener que recurrir a su creatividad irreflexiva.

“América primero no significa América en solitario, porque lo que hace crecer a América beneficia al resto del mundo”, dijo Trump. En su alocución también defendió su compromiso con el mercado global y los tratados internacionales, siempre y cuando los intercambios se hagan de manera justa para todos los actores, y en este punto mandó un mensaje a China, afirmando que no tolerará el robo de la propiedad intelectual estadounidense, el juego de bajar los precios por debajo del valor de mercado, ni los subsidios del Estado. Afirmaciones que demuestran consistencia con sus políticas planteadas desde la campaña electoral. Así como aseveró el compromiso de su Administración para con la paz mundial, erradicar el terrorismo, y neutralizar la carrera nuclear de Corea del Norte, mientras le pedía explícitamente a sus aliados participación activa y financiera en éstos 3 puntos.

La valoración del encuentro en Davos es positiva, tanto en el plano diplomático como económico. Christine Lagarde, presidente del Fondo Monetario Internacional afirmó que la reforma fiscal propuesta por Trump va a propiciar el fortalecimiento del dólar, a mediano plazo, y su evaluación de la economía global es muy positiva. Mientras que otros expertos como James Dimon CEO de JP Morgan Chase & Co. piensan que un ligero debilitamiento del dólar podría, por el contrario, ayudar a la economía estadounidense a crecer y bajaría el déficit de intercambio, que valga añadir ha sido uno de los quebraderos de cabeza de esta Administración incluso antes de tomar posesión. Lo cierto es que el sector económico y la banca ven con buenos ojos la reforma financiera, y un buen ejemplo son los CEOs de las organizaciones financieras más robustas del planeta de origen estadounidense.

“Desde el imperio romano o la muralla china, sabemos que cerrarnos no ayuda”, fueron las palabras de Merkel en Davos. Las que parece que ha asimilado Trump, en esta ocasión al menos, llevando un mensaje más esperanzador de la participación de Estados Unidos en la economía mundial. Wilbur Ross, secretario de comercio estadounidense sugirió en Suiza que Estados Unidos está listo para entrar en la “guerra de intercambio”, que de entrada despertó incertidumbre, pero que después de la intervención de Trump, se puede descifrar más bien como que Estados Unidos está listo para seguir liderando la economía mundial. Incluso reabrió la posibilidad de reintegrarse al TPP si se renegocia, basado en proteccionismo interno de sus manufacturas y normativas, lo que de indirectamente frena las aspiraciones chinas de seguir manipulando el juego económico internacional  de exportaciones y mano de obra muy baratas.

AI

THE ASIAN DOOR. El mejor aliado de China en 2018 será la inteligencia artificial. Águeda Parra

(Foto: Mr_Ado, Flickr) Los avances en la tecnología se producen a ritmos tan acelerados que resulta difícil pensar cómo era antes nuestro entorno sin los dispositivos y las plataformas que hoy conocemos. Son rutinas que se incorporan a nuestro estilo de vida dando forma a una nueva generación digital, que, según un estudio de la consultora Gartner, podría generar hasta 2,3 millones de empleos en todo el mundo hasta 2020 gracias a la aplicación de la inteligencia artificial.

La denominada economía digital se apoya en el impulso que generan las nuevas tecnologías para fomentar otras vías de desarrollo, y será la inteligencia artificial la que transforme el mundo en las próximas décadas. En la Conferencia Mundial sobre Internet, celebrada a finales de 2017 en la ciudad china de Wuzhen, se presentaban los datos asociados a la economía digital en China, que genera 3.400 millones de dólares, el 30% del PIB del país, gracias a los 751 millones de internautas, el mayor número de usuarios de Internet mundiales, que generan el 40% del comercio electrónico global.

La inteligencia artificial aparece entre las grandes novedades tecnológicas para 2018, y China no se mantiene ajena a esta tendencia, sino que supone una de las principales prioridades del desarrollo económico como parte del proceso de modernización y de innovación del país. El negocio de la inteligencia artificial generó en China unos beneficios de 1.990 millones de dólares, según datos de Analysys International Enfodesk, con previsión de alcanzar los 3.000 millones de dólares en 2018. De ahí, que el Consejo de Estado de China publicara a mediados de 2017 el Plan de Desarrollo de la Inteligencia Artificial que establece las directrices para la implementación de los avances tecnológicos hasta 2020, dedicando una inversión de 154.000 millones de dólares.

En cuestión de inteligencia artificial, China es el país más avanzado de todo Asia-Pacífico, pero la visión de Xi es que China se equipare a nivel mundial con el resto de países en 2020, convirtiéndose en líder mundial de la inteligencia artificial en 2030. En la competición con Estados Unidos, la decisión del presidente Trump de proponer reducir el presupuesto de la Fundación Nacional por la Ciencia en temas de sistemas inteligentes un 10%, supone que serán compañías como Google, Amazon, Apple, y el resto de las empresas tecnológicas más punteras, las que tengan que apostar por estos desarrollos, dejando que China ocupe una posición más preferente en la inversión en inteligencia artificial.

El desarrollo de la inteligencia artificial se beneficia del tratamiento y análisis de ingentes cantidades de información, de ahí que China, con una población de 1.300 millones de habitantes, se esté convirtiendo en la incubadora de la creación de startups tecnológicas que encuentran en el mercado chino su mejor banco de pruebas. Entre 2012 y 2017, se crearon 200 startups dedicadas a la inteligencia artificial, con una inversión asociada de 4.500 millones de dólares. En los próximos años, China se convertirá en uno de los centros punteros de innovación en inteligencia artificial al nivel de Silicon Valley, y no es descartable que pueda llegar incluso a superarlo. Para lograrlo, Beijing ha destinado 2.000 millones de dólares para la construcción en los próximos cinco años de un parque tecnológico en el distrito de Mentougou, al oeste de la ciudad, que ocupará unas 54 hectáreas y albergará 400 empresas dedicadas al desarrollo de la inteligencia artificial, que se estima alcancen un valor de producción anual de 7.700 millones de dólares.

El anuncio de Google a finales de 2017 de la apertura en China de su primer Centro de Inteligencia Artificial en Asia, complementando los de Nueva York, Toronto, Londres y Zurich, pone de manifiesto que China se está convirtiendo en el gran laboratorio de pruebas en el desarrollo de la inteligencia artificial. En esta carrera, están presentes otras grandes tecnológicas chinas como Alibaba, Tencent, propietaria de WeChat, y Baidu, la competencia directa en China del buscador de Google, lo que asegura que la aplicación de inteligencia artificial se extenderá a todo nuestro entorno en apenas unos años.

teatro

INTERREGNUM: Modi se mueve. Fernando Delage

La semana pasada India demostró una vez más cómo está construyendo paso a paso su ascenso internacional. Mientras los medios se vuelcan en las andanzas de Trump y tratan a Xi Jinping casi como un igual del presidente de Estados Unidos, el primer ministro indio, Narendra Modi, con menor visibilidad, sitúa gradualmente a su país como uno de los elementos clave del equilibrio de poder asiático.

El martes 23 Modi estuvo en el foro de Davos. Retomando algunos de los mensajes expresados por el presidente chino en la reunión de 2017, Modi declaró su oposición al proteccionismo. “La globalización económica, señaló, es una tendencia de los tiempos y sirve a los intereses de todos los países, especialmente los países en desarrollo”. También indicó que la lucha contra el cambio climático debe ser una responsabilidad colectiva de todas las naciones. Pero Modi quiso sobre todo promover India como oportunidad de inversión, haciendo hincapié en la nueva fase de reformas y liberalización en marcha. La economía se ha multiplicado por seis desde la última vez que un primer ministro indio asistió a Davos, hace veinte años.

El jueves 25 recibió en Delhi a los líderes de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN). En la cumbre bilateral, Modi subrayó su determinación de aumentar los intercambios económicos con la subregión, aún muy lejos de los de China. (La República Popular representó algo más del 15 por cien del comercio exterior de la ASEAN en 2015, frente al 2,4 por cien de India). La prioridad de la diplomacia económica india es con todo cierta, como confirman otros datos: el gobierno filipino, por ejemplo, ha anunciado que las inversiones previstas en 2018, por valor de 1.250 millones de dólares, crearán más de 100.000 empleos y harán de Delhi uno de sus principales inversores externos. También la ASEAN tiene como prioridad lograr un mejor acceso al mercado indio, quinto mayor del mundo hacia 2025.

Modi y los diez líderes del sureste asiático acordaron por otra parte promover la “seguridad marítima”. “India comparte, dijo Modi, la visión de la ASEAN de la paz y seguridad a través de un orden marítimo basado en reglas”. Un día antes, Delhi anunció un reforzamiento de la cooperación en materia de defensa con Indonesia a través de ejercicios conjuntos, compraventa de armamento e intercambio de visitas de responsables políticos y militares. India ya mantiene, por otra parte, acuerdos navales con Singapur, Vietnam, Tailandia y Malasia. Y, como se sabe, recientemente apoyó la restauración del Diálogo de Seguridad Cuatrilateral con Estados Unidos, Japón y Australia.

Reforzando sus vínculos económicos y la cooperación en materia de seguridad con estas naciones, India busca equilibrar las ambiciones chinas. El ascenso de la República Popular ha adquirido una dimensión estratégica que empuja a India a lograr una mayor presencia en el sureste asiático. La incertidumbre de los miembros de la ASEAN sobre el futuro del papel de Estados Unidos en Asia propicia este acercamiento. El desafío es cómo articular de manera eficaz el enorme potencial de este eje bilateral.