“La desinformación es origen de muchos de los males de nuestra sociedad”. Entrevista a Julián Macías Tovar. Isabel Gacho.

Desde 4Asia hablamos con Julián Macías Tovar, experto en redes sociales y creador de pandemiadigital.net. Macías ha trabajado los últimos años como responsable de redes sociales, compaginado su labor con la investigación sobre el origen de la desinformación. Para el experto “hay un mundo desconocido al que no se le presta mucha atención y es el origen de muchos de los males de nuestra sociedad”.

¿Por qué investigar sobre ello? “Un punto de inflexión en mi interés sobre el tema fue cuando analicé, durante del golpe de Estado en Bolivia, la conversación digital que tuvo lugar esos días y me encontré algo que no me esperaba encontrar” explica. “Buscar bots a veces es buscar una aguja en un pajar, pero lo que encontré en Bolivia fueron solo agujas, no había paja. En una semana se crearon más cuentas falsas que las que existían con anterioridad en el país”. En este caso, las investigaciones que llevó a cabo acabaron siendo consultadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para redactar su informe sobre el golpe. Con la pandemia “todo se acentuó” y Macías vio paralelismo entre lo que él llama pandemia digital y la pandemia del coronavirus, en el sentido de que “hace daño y llega indiscriminadamente a todo el mundo”. Esta expansión se dio “tanto a nivel cuantitativo como cualitativo, porque no solo empezamos a pasar más tiempo conectados, sino que también la incertidumbre favoreció la penetración de la desinformación”.

Para hacer frente a lo que encontraba decidió crear espacios “de empoderamiento y para generar debate”. En un primer momento en Telegram y en la web y próximamente en Twitch. En ellos, pone a disposición de los usuarios herramientas de análisis forense digital para que la gente las pueda usar, además de una selección de artículos y documentales de interés sobre el tema que ayuden a comprender cómo se opera. “Esto es una batalla y estamos en una fase en la que la población desorganizada hace frente a unos espacios muy bien organizados”. Para “librar esta batalla”, primero es necesario armar defensivamente a la población, para, posteriormente poder luchar contra “este monstruo”. “Ahora estamos con tirachinas, David contra Goliat. Un Goliat, además, con mucha impunidad.”

Pero, ¿qué hay detrás de este monstruo? ¿cómo funciona? Para el creador de Pandemia Digital, se juntan los “viejos espacios economico-políticos con las nuevas plataformas digitales”. “En América Latina, por ejemplo, es lo que yo llamo Operación Cóndor 2.0, porque son los mismos ideólogos con la misma falta de escrúpulos. Atlas Network, que nació con Ronald Reagan, se ha ido perfeccionando y ahora tiene una pata tecnológica”. Por su parte, las plataformas digitales, son participes necesarias “por acción u omisión”. “En primer lugar, por intereses económicos, pero hay indicios de que también priman los intereses geopolíticos”. Para justificar su tesis se remonta a los orígenes y la financiación de estas plataformas. “Hay que recordar que Silicon Valley nació como espacio para que los ingenieros desarrollaran proyectos para la batalla por la hegemonía contra la URSS. Y que internet nació como proyecto de inteligencia militar”. Y, parafraseando a “los clásicos” -Edward Snowden y Julian Assange-: “son herramientas de espionaje para uso geopolítico: todo el tráfico de datos se procesa y llega a los servicios de inteligencia”.

Con los ojos puestos en un pasado más cercano, Macías recuerda, entre otras cuestiones, el controvertido perfil de Peter Thiel: primer inversor de Facebook y jefe de su junta directiva. “El socio capitalista de Zuckerberg que fue pionero en la utilización de datos, es también el principal asesor de tecnología de Donald Trump y creador de Palantir.” Una empresa que El Confidencial describe como “una de las mayores contratistas del gobierno para el espionaje sistemático, analítico y predictivo de la población mundial”. Una compañía similar a esta última, y más conocida para el usuario medio es la Cambridge Analytica de Robert Mercer. “Cambridge Analytica es una bomba de humo, una matriz de una empresa más grande que se llama CLS Group que lleva 20 años trabajando con los mejores expertos en psicología de EEUU y con todas las plataformas digitales investigando sobre como cambiar comportamientos de grandes masas a través de imputs”, explica Macías.

Además de sus análisis sobre origen y financiación de la desinformación, también trata de desentrañar los elementos de las estrategias, “es crucial la vertiente psicológica: con mentira y odio vas lobotomizando a sectores de la población y generando odios irracionales”, señala. “Además hay que alimentarlos con raciones diarias y esto se ve potenciado por las burbujas ideológicas que se crean gracias a los algoritmos”. El creador de Pandemia Digital también nos explica cómo se consigue penetrar en burbujas ideológicas contrarias para expandir desinformación desde dentro: “Una de las estrategias que se sigue para penetrar estas burbujas es la creación de cuentas aparentemente afines, que, a través de publicar contenido y seguir cuentas similares logran entrar en el nicho, para, posteriormente propagar desinformación”.

Otra cuestión de la que charlamos con él es el qué hacer cuando esta maquinaria de odio difunde mentiras sobre un sujeto en concreto: “Dicen una burrada sobre ti y tus opciones son ignorar o desmentir. Al ignorarlo, lo estás dando por bueno, por lo que esa desinformación se puede amplificar a través de medios de comunicación”. “Por otro lado, al desmentirlo, abres tu burbuja a su marco comunicativo”.

Además, el experto reflexiona sobre el cambio que ha sufrido internet en la última década: “La ventana de oportunidad que hizo posibles las primaveras árabes y el 15M ha cambiado. El poder de influencia de las redes es cada vez menor”.  “En 2011, una publicación en tu página de Facebook le llegaba de media a un 26% de tu comunidad. En 2021 llega a un 0,1%”. Algo similar ocurre en otras redes sociales, como Twitter, donde los contenidos que ve el usuario son personalizados, en detrimento de los hashtags trasversales que hicieron posible las movilizaciones sociales de principios de la década pasada.

Como reflexión final, Macías apunta una de las claves de la dificultad para hacer frente a este problema: “La mentira es muy rápida, y para desarticularla se necesita mucho tiempo”.  Pero no por ello todo está perdido. “Lo que está en juego es la democracia, la verdad y la fraternidad contra el odio, la mentira e incluso la antidemocracia. Se está creando una sociedad peor que genera odios artificiales”. Por eso mismo se encuentra en “fase de afilar el hacha”, porque “el monstruo sigue creciendo y no hay nadie que le pare los pies”.

 

 

INTERREGNUM: El meteórico ascenso militar chino. Fernando Delage

El pasado miércoles, el Departamento de Defensa de Estados Unidos hizo público su informe anual sobre las fuerzas armadas chinas; un documento que da idea de los extraordinarios avances que se han producido en el desarrollo de sus capacidades militares, y que agravará de nuevo las tensiones entre ambos países. Tras la sorpresa del proyectil hipersónico probado por China en agosto sin que fuera detectado por Estados Unidos, la publicación coincide con una espiral de enfrentamiento entre China y Taiwán, después de que, hace unas semanas, aviones chinos realizaran docenas de incursiones en la cercanía del espacio aéreo de la isla. La República Popular cuenta cada vez con mayores medios para intimidar a Taipei, pero su desarrollo militar envía igualmente un mensaje a Washington, en particular en el terreno naval y nuclear.

Los progresos en la modernización naval china constituyen, en efecto, uno de los puntos más destacados por el Pentágono en su informe. China posee ya la mayor flota del planeta, con unos 355 buques en su armada, una cifra que aumentará hasta las 420 unidades en cuatro años, y podría alcanzar las 460 hacia 2030. Según el documento, China persigue la adquisición de nuevas capacidades antisubmarinos y de misiles de largo alcance que puedan lanzarse desde buques y submarinos, lo que mejorará notablemente su proyección de poder militar más allá del Indo-Pacífico. Otro importante aspecto en este sentido es la atención dedicada a la reorganización interna de la armada y a su integración con los restantes fuerzas y cuerpos de seguridad.

En cuanto a su arsenal nuclear, el departamento de Defensa estima que China tendrá unas 700 cabezas nucleares hacia 2027, y 1.000 antes de terminar esta década, una cifra que supera con creces la propia estimación hecha por el Pentágono el año pasado (consideró que dicho arsenal pasaría de poco más de 200 a unas 400 unidades a lo largo de la década). Cuadruplicar o quintuplicar sus recursos, además de la expansión de sus plataformas nucleares en tierra, mar y aire, refleja la intención de Pekín de buscar un equilibrio con Estados Unidos también en este frente. Y, naturalmente, la mención del año 2027—fecha en que se celebrará el centenario de la fundación del Ejército de Liberación Popular—implica que China tendrá un mayor margen de maniobra con respecto a una eventual contingencia relacionada con Taiwán, al limitarse de manera significativa las opciones norteamericanas.

Sumados a los progresos realizados en otras áreas como el ciberespacio y el espacio, no puede negarse el extraordinario salto cualitativo dado por China en el terreno militar, y la consiguiente erosión que ello representa para la posición regional y global de Estados Unidos. El debilitamiento de la capacidad disuasoria de Washington es lo que le ha llevado a fortalecer sus acuerdos con los aliados—mediante el QUAD y el AUKUS, entre otras fórmulas—, pero también puede dar pie a una carrera de armamentos especialmente peligrosa, al no poder mantenerse la cuestión nuclear fuera de la ecuación.

Ante los avances chinos, los expertos se preguntan si Pekín está abandonando su política tradicional de “mínima disuasión” y de renuncia al “primer uso” de armamento nuclear. La creciente vulnerabilidad mutua de ambos gigantes debería obligarles a incorporar el tema a su diálogo estratégico a partir de la próxima cumbre virtual Biden-Xi, prevista para antes de finales de año, y a intentar llegar a algún tipo de acuerdo en materia de control de armamentos.

 

Xi el nuevo Mao. Nieves C. Pérez Rodríguez

El lunes 8 de noviembre comenzó en Beijing la sexta sesión del Pleno del Comité Central del Partido Comunista chino presidido por Xi Jinping en su calidad de secretario general del partido.

Este encuentro, que tiene lugar cada cinco años, reúne a los delegados y figuras políticas más destacadas de China. En esta ocasión, la reunión que se celebra como siempre a puertas cerradas congrega a cerca de 400 miembros del Comité Central y como en cada oportunidad se esperan con ansias los anuncios que saldrán de allí, que estaremos conociendo a finales de la esta semana.

El mes pasado, previo a este importante encuentro, se reunía el Comité Central del PC chino y allí decidieron cuándo sería la sesión plenaria, y que ésta tendría una duración de cuatro días.  En el comunicado oficial hecho público en octubre se afirmaba que “La nación china avanza hacia la modernización en todos los frenes y el socialismo ha abierto un camino exitoso en el país más poblado del mundo”, y se anticipaba que se analizarán los últimos cien años de historia del partido en el pleno. Aunque pocos datos fueron revelados sobre lo que se discutiría o aprobaría.

El comunicado también subrayaba que “a través de la lucha tenaz, el PC y el pueblo chino le han demostrado al mundo que la nación china ha logrado la tremenda transformación de levantarse, crecer y prosperar”  y que “el rejuvenecimiento nacional de China se ha convertido en una inevitable realidad”.

Los plenos del partido se hacen para hacer revisión de la gestión política de los últimos cinco años y también para plantear la visión del futuro de los años siguientes. El PC lo usa como propaganda para resaltar méritos, aunque también se ha aprovechado para corregir errores como sucedió en los años ochenta cuando emitieron la segunda resolución.

A lo largo de los cien años de existencia del PC chino se han aprobado dos resoluciones; la primera fue en 1945 que consolidó a Mao Zedong como líder indiscutible frente a sus rivales y además se incorporó la ideología del marxismo leninismo en el devenir político chino.

Xulio Ríos en su más reciente libro: La metamorfosis del comunismo chino afirma que “la insistencia de Mao en partir de la realidad y en no copiar mecánicamente experiencias extranjeras se convirtió en un mantra recurrente”. El buscar “la verdad de los hechos”, el combate del sectarismo, la crítica del “estilo cliché” en el Partido, pasaron a formar parte del vademécum ideológico de PC chino, asentando un método de análisis y estudio de los problemas, con examen crítico y autocrítico, de las circunstancias y su naturaleza, que pervive hasta hoy día, considerándose un recurso de vital importancia para fraguar consensos y tomar decisiones”.

La segunda resolución tuvo lugar en 1981 en la que se reconocían los errores de Mao y se daba comienzo a una nueva era de reforma y apertura de la mano de Deng Xiaoping. Admitiendo los errores de la era de Mao, Deng daba comienzo a la transformación e intentaba dejar atrás el pasado.

En ambos casos las resoluciones consolidaron a los líderes de su momento en el poder, por lo que se espera que de esta sexta plenaria que se está llevando a cabo emita una tercera resolución que ratifique a Xi y dé claves de cuál será el camino político que seguirá China en los siguientes años.

Xi ostenta tres cargos: es secretario del partido, Jefe de Estado y Presidente de la Comisión Militar Central, por lo que se espera que se proclame de manera oficial la entrada de China a una nueva era, la era de Xi Jinping aunque haya estado en el poder desde 2013.

Xi sabe bien cómo lograr sus objetivos. Un buen ejemplo fue lo que hizo en 2017 cuando cambió el tiempo establecido de reelección del líder supremo, derogando el límite de dos mandatos de cinco años cada uno, y adjudicándose así mismo el poder por tiempo indefinido.

“El pensamiento de Xi Jinping sobre el socialismo con características chinas para una nueva era” ahora se estudiará en los colegios y será la guía de comportamiento de cualquier chino que quiera ser considerado buen ciudadano. Es lo más parecido al liderazgo de Mao pero en pleno siglo XXI.

De acuerdo a la agencia oficial Xinhua durante el pleno “Xi presentaría un informe con los principales logros y la experiencia histórica de los cien años de vida del partido”, por lo que es muy probable que salga con su liderazgo más fortalecido y como una imagen que representa el líder del futuro de la nación.

Sin embargo, no podemos olvidar que China tiene grandes retos por delante que seguro están siendo discutidos en esta plenaria, como es la edad de retiro que actualmente es 60 años para los hombres y ya se había hablado de hacer un aumento de esa edad gradualmente. Con una población cada día más mayor, Beijing tiene que tomar decisiones rápidamente para poder seguir manteniendo el sistema de pensiones  que tiene, que valga acotar afecta al gran grueso de la población.

Con un triángulo poblacional invirtiéndose, el problema es más complejo, pues obviamente menos ciudadanos cotizan, pero también mayor escasez de mano de obra. Y si a eso, además, se le suman lo altos precios de las viviendas, casi inaccesibles, junto con la dificultad de encontrar parejas por la carencia de mujeres debido a la política de un solo hijo y discriminación de sexo que estuvo en pie por décadas, el panorama social es realmente complejo.

Xi ha conseguido incluir su filosofía en los estatutos del partido, lo que lo catapulta como líder y lo ubica al nivel de Mao. Y China ha conseguido un crecimiento realmente espectacular incomparable con otra nación, pero los problemas internos que tienen son complejos y de difícil solución. Y la historia ha demostrado que la concentración del poder en torno a un solo líder funciona en China porque es algo a lo que culturalmente está acostumbrados, pero eso no atenúa la gravedad de la situación que además se ha visto más agravada por la pandemia.

 

 

 

THE ASIAN DOOR: Una COP26 poco agresiva mientras China anuncia su plan. Águeda Parra

En las semanas previas a la celebración de la COP26 en Glasgow, Reino Unido, la atención se ha centrado en las altas expectativas puestas sobre el encuentro, esperando que la cumbre fuera recordada por establecer una hoja de ruta más ambiciosa y agresiva contra el cambio climático. En estos días, el análisis científico independiente proporcionado por Climate Action Tracker ha presentado los riesgos de no hacer todo lo posible mientras todavía se está a tiempo, planteado diferentes escenarios según la senda de crecimiento de las emisiones actuales. Un escenario que, aunque pesimista, ha conseguido arrancar apenas un par de acuerdos entre los líderes asistentes a la COP26.

De continuar la evolución actual de emisiones de gases de efecto invernadero, las predicciones indican que solamente la trayectoria de emisiones correspondiente a los países del G20 ya conducirían a un calentamiento de 2,4 ºC al final de este siglo, lejos del objetivo fijado de no superar los 1,5 ºC respecto a los niveles preindustriales. Tras el descenso registrado durante los meses de mayor impacto de la pandemia, los ritmos de recuperación económica están generando un repunte de las emisiones de gases contaminantes entre los países del G20, que podría elevarse hasta un 4%, según un informe de Climate Transparency. De hecho, los veinte países más ricos del mundo son responsables de alrededor del 75% de los gases contaminantes.

Durante la celebración de las cumbres climáticas afloran numerosos análisis y estimaciones que muestran el avance de los planes climáticos. Entre ellos, destaca el emitido por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente que advierte de que el mundo solamente dispone de ocho años para reducir a la mitad los gases de efecto invernadero si se pretenden alcanzar los compromisos del Acuerdo de París. Un planteamiento que revela, asimismo, que con los compromisos anunciados por los países del G20 solamente se conseguirá reducir las emisiones en un 7,5%.

Compromisos sí, pero quizá no todos los que se esperaban. Desde Washington se ha buscado que los dos mayores emisores de carbono del mundo, entre Estados Unidos y China acumulan el 40% de las emisiones globales de carbono, alcanzaran un acuerdo que pudiera anunciarse durante la cumbre. Las reuniones preparatorias no han sido exitosas, y la falta de asistencia de Xi Jinping a la COP26 ha rebajado la expectativa de que se pudieran alcanzar objetivos más ambiciosos.

Tres días antes de que se celebrara la COP26, China ya realizó uno de los anuncios más relevantes de la cumbre. Se trata del “Plan de acción de pico de emisiones de carbono de China 2030”, en definitiva, la contribución nacional (NDC, por sus siglas en inglés) para las próximas décadas donde se especifica el despliegue sectorial de reducción de emisiones. Sin fijarse nuevos límites a los ya anunciados, el documento sí especifica que la intensidad energética se reducirá en más de un 65% (las emisiones de CO2 por unidad de PIB) con respecto a los niveles de 2005, cuando antes se barajaba una intensidad entre el 60% y el 65%. El documento también eleva la proporción de consumo de combustibles no fósiles en el mix energético hasta el 25% en 2030, que mejora las previsiones respecto del objetivo anteriormente anunciado del 20%.

Entre las propuestas que han tenido un mayor éxito durante la cumbre climática figura el compromiso de poner fin a la deforestación en 2030, firmado por más de cien líderes mundiales, China entre ellos, que incluye fondos públicos y privados que alcanzan los 19.000 millones de dólares. Los países firmantes agrupan el 85% de los bosques del mundo, recuperando un compromiso que ya se formalizó en 2014, aunque en esta ocasión se espera que tenga un mayor éxito por el volumen de la financiación prevista y por los países clave que apoyan el compromiso.

Una de cal y otra de arena. El compromiso colectivo de reducir las emisiones de gas metano en un 30% para 2030, que incluye entre los países clave a Estados Unidos y Europa como dos de los mayores consumidores de gas natural, es otro de los acuerdos alcanzado por más de 90 países, dos tercios de la economía mundial. Entre los ausentes figuran China, Rusia e India que, conjuntamente, generan alrededor de un tercio de las emisiones de metano.

Dos grandes acuerdos, aunque uno de ellos no haya sumado los esfuerzos de todas las partes, que constatan que no se hayan alcanzado las expectativas creadas antes de la celebración de la COP26. Se esperaba una cumbre de acuerdos agresivos que frenaran significativamente el aumento de las temperaturas y las emisiones de carbono a nivel mundial que, finalmente, no ha sido tal.

WEBINAR: CHINA Y AFGANISTÁN. NI AMIGOS, NI ENEMIGOS, NI TODO LO CONTRARIO.

PROGRAMA WEBINAR

 

17 DE NOVIEMBRE DE 2021 •
INSCRIPCIÓN GRATUITA EN: contacto@4asia.es

 

18.30 – 18.45

Inauguración de la Jornada.
China y Afganistán. Ni amigos, ni enemigos, ni todo lo contrario.
Julio Trujillo, Director de 4Asia.

18.45 – 20.00 Mesa redonda.
Debate sobre el nuevo escenario económico, militar, político
y tecnológico de Afganistán y su relación con China.
Modera Julio Trujillo, Director de 4Asia.

Ponentes:
Fernando Arancón Ruiz.
Director de El Orden Mundial

Santiago Mondéjar.
Periodista. Experto en Relaciones Internacionales y conflictos.

Óscar Ruben Sánchez Artiles.
Ex agregado militar en la Embajada de España en Pekín y experto en
asuntos geoestratégicos asiáticos.

Said Hamed Wahdat Ahmazada.
Ex diplomático afgano destinado en la Embajada de Madrid. Doctor en
Derecho, Gobierno y Políticas Públicas.

20.00 – 20.30 Turno de preguntas, modera Julio Trujillo.

Nacionalismo chino hasta en el cine. Nieves C. Pérez Rodríguez

El primero de octubre se estrenaba en los cines en China la película La Batalla del Lago Changjin.  Su lanzamiento coincidía con el aniversario número cien del Partido Comunista chino y en plena celebración del día nacional en China. Una agenda doméstica milimétricamente planificada por el partido mientras a las afueras de la península enviaban más de 150 aviones militares a sobrevolar el espacio aéreo de Taiwán, todo como parte del mensaje nacionalista que se ha instituido en los últimos 72 años.

 La batalla del Lago Changjin, cuya duración es de 3 horas, contó con un presupuesto de 200 millones de dólares y fue producida por Polybona Film también llamado Bona film group, que es la empresa cinematográfica china más grande del país asiático. Según Patrick Brzeski, reportero de la industria del entretenimiento, esta película es la más cara producida en China hasta ahora y está en “en sintonía con el tono abiertamente nacionalista que ha caracterizado a gran parte de las producciones más taquilleras de China”.

La batalla del Lago de Changjin se centra en la guerra de Corea, específicamente entre el 27 de noviembre y el 13 de diciembre de 1950, sólo 17 días de la historia de esa época convulsa en la península coreana. En la producción se glorifican los sacrificios y el heroísmo de los soldados chinos contra las fuerzas estadounidenses durante la Guerra de Corea, que, valga acotar, en China se denomina “la guerra para resistir la agresión de los Estados Unidos y ayudar a Corea”.

Esta épica batalla marcaba justo el primer mes de participación de China en la Guerra de Corea, pues fue en octubre de 1950 cuando Mao Zedong, presionado por Stalin, ordenó a los soldados del entonces “Ejército de Voluntarios del Pueblo Chino” que apoyaran a los norcoreanos a pelear en contra de los Estados Unidos y los surcoreanos.

La película ha contado con tal éxito que lleva recaudado más de 60 millones de dólares según el Hollywood Reporter y todo apunta que será la más exitosa del 2021. Curiosamente se ha tergiversado ese episodio de la historia, pues ciertamente Mao envió tropas a cruzar la frontera para apoyar a su aliado norcoreano, pues se estima que enviaron más de 300.000 mil soldados, pero también se calcula que las bajas fueron tantas que ese episodio fue definido como una vergüenza histórica y hasta esta película no se ha hablaba apenas de la batalla.

Los soldados chinos en esa época no contaban con la indumentaria apropiada, a pesar de las bajísimas temperaturas de finales del mes de noviembre y las características propias del lugar de la batalla, pues el Lago de Changjin esta en la frontera entre China y Corea del Norte y se encuentra a una altitud de más de 2100 metros, lo que provoca que en invierno  se congele.

El contenido nacionalista de la película y la visión que presenta sobre la partición de los chinos en este corto pero doloroso episodio de la guerra es congruente con la agenda de Xi Jinping. Encaja con el deseo expresado en varias ocasiones por el mismo Xi sobre “el rejuvenecimiento nacional, que se ha convertido en una inevitable situación histórica” que busca definir el sueño chino, cuya fuente de inspiración es el famoso y buscado “sueño americano” de prosperidad.

El año pasado, coincidiendo con el setenta aniversario de la Guerra de Corea Xi, citaba a Mao en el gran salón del pueblo: …”Que el mundo sepa que el pueblo chino ahora está organizado y no se debe jugar con él”. Mientras, hacia una llamada a acelerar la modernización de las fuerzas armadas y la defensa del país aseverando que sin un ejército fuerte, no se puede tener una patria fuerte.

Tanto en los años cincuenta como hoy la lucha sigue siendo entre las ideologías, capitalismo versus comunismo. La situación actual cada día se asemeja más a la de la Guerra Fría, pero ahora protagonizada por China y Estados Unidos. Beijing no pierde ocasión para usar la propaganda y reforzar el mensaje nacionalista en su gente y, en efecto, esta película es prueba de ello, tomar una batalla que fue autodefinida como un fracaso y ahora se publicita como un éxito.

 

INTERREGNUM: Rusia y China en Asia central. Fernando Delage

La retirada norteamericana de Afganistán no ha puesto fin a los riesgos de inestabilidad en Asia central, lo que ha conducido a los Estados de la subregión a recurrir a la ayuda de Rusia y China, potencias ambas no menos inquietas por la incertidumbre que rodea a todo lo relacionado con los talibán. Un frente de especial intensidad en las últimas semanas ha sido Tayikistán, país en el que tanto Moscú como Pekín han reforzado de manera significativa su presencia.

Sólo unos días después de la caída de Kabul, Rusia realizó maniobras militares con Uzbekistán, primero, y con Tayikistán, después. Las segundas, con un mayor número de tropas, y realizadas a unos 20 kilómetros de la frontera con Afganistán, simularon un ataque terrorista desde este último país. Poco después fue China quien realizó ejercicios antiterroristas con la policía y los cuerpos de seguridad tayikos. En octubre, la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, liderada como es sabido por Moscú, realizó otros cuatro ejercicios militares en la misma zona, mientras Pekín ha optado por ampliar sus activos en la más pequeña de las repúblicas centroasiáticas.

Aunque no hay evidencias de la presencia de separatistas uigures en Tayikistán, al gobierno chino le preocupa que grupos radicales de Xinjiang puedan utilizar el país como zona de tránsito para sus acciones violentas. Si bien tanto Dushanbe como Pekín han negado oficialmente su existencia, la República Popular contaría desde 2016 con el uso de unas instalaciones militares cercana al corredor de Wakhan, espacio en el que coinciden las fronteras de ambas naciones con Afganistán. Según ha trascendido, el gobierno tayiko habría propuesto la cesión a Pekín de la propiedad de dichas instalaciones a cambio de un mayor apoyo financiero chino a las unidades de su ejército desplegadas a lo largo de la frontera con Afganistán. De manera simultánea, el Parlamento tayiko dio el 27 de octubre el visto bueno a una nueva base militar de cuya construcción se ocupará China, aunque según el gobierno será ocupada sólo por tropas nacionales.

No es probablemente casualidad que dicha aprobación se produjera sólo 48 horas después de que el ministro chino de Asuntos Exteriores, Wang Yi, se reuniera en Doha con el viceprimer ministro afgano, Mullah Baradar (primer encuentro al más alto nivel entre ambos países desde que los talibán retomaran el control del país); y el mismo día que en Teherán se celebraba un encuentro de Wang y su colega ruso, Sergey Levrov, con sus homólogos de Irán, Pakistán, Uzbekistán, Turkmenistán y Tayikistán, en seguimiento de la reciente cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai (celebrada en Dushanbe el 17 de septiembre), dedicada monográficamente a Afganistán.

El comunicado conjunto adoptado en Teherán reiteró la necesidad de reconstituir una “estructura política en la que participen todos los grupos étnicos”, e hizo hincapié en la “soberanía nacional, independencia política e integridad territorial”, sin olvidar un llamamiento a la comunidad internacional para proporcionar a Afganistán la ayuda económica y humanitaria que le permita “realizar una transición estable”. Para Pekín la prioridad es contar con una interlocución viable con Kabul que le permita avanzar en sus planes para integrar a Afganistán en los corredores económicos China-Pakistán y China-Irán.

La frenética actividad diplomática desplegada desde mediados de agosto da idea de la preocupación regional por el impacto de los acontecimientos en Afganistán, pero también de la carga que Moscú y Pekín se van a ver obligados a asumir. La mayor presencia china en la seguridad de Asia central no será coyuntural y, además de fuente de posibles nuevos riesgos para los intereses de la República Popular, puede ser causa asimismo de tensiones con Rusia, pese a sus compartidos objetivos antiterroristas.

China-India, vuelve a subir la tensión

En las últimas semanas, India está reforzando sus posiciones militares en la frontera con China, desplegando más unidades y exhibiendo armas de fabricación estadounidense en medio del parón en las negociaciones entre ambos países sobre la crisis fronteriza en el Himalaya.

Varios factores llevan a esta confrontación, pero la raíz es la rivalidad entre ambos por sus objetivos estratégicos. India y China comparten una frontera de más de 3.440 kilómetros y tienen reclamaciones territoriales superpuestas. Desde los años 50, China se ha negado a reconocer las fronteras diseñadas durante la era colonial británica.

En 1962, eso llevó a una breve pero brutal guerra entre ambos países, que acabó con la humillante derrota militar de India.

Desde el conflicto bélico, las dos naciones asiáticas se han acusado mutuamente de ocupar su territorio. India asegura que China está ocupando 38.000 kilómetros cuadrados de su territorio, que tiene que ver con el área donde ocurrió la actual confrontación. China, por su parte, reclama la soberanía de todo el estado indio de Arunachal Pradesh, al que llama Tíbet del sur. También hay otros sectores donde ambos países tienen diferentes visiones sobre dónde se sitúa la frontera, como por ejemplo en la inflamable frontera de Cachemira donde confluyen límites de China, India y Pakistán, en la que estos dos países, dotados de armas nucleares, están en guerra, de baja o de gran intensidad según los tiempos, por el control de la región.

Tras  los sucesos de junio de 2020, en los que murieron 21 soldados indios sin que China haya dado datos de bajas propias, se constituyó un comité chino-indio de distensión para poner orden en las disputas fronterizas que no ha avanzado nada en sus propósitos. Entretanto India ha seguido profundizando su acercamiento a Estados Unidos y Europa enfriando un tanto sus tradicionales lazos con Rusia.

Según fuentes rusas, el suministro de helicópteros estadounidenses Chinook, obuses ultraligeros y fusiles, así como misiles de crucero y sistemas de vigilancia de fabricación nacional, se centra en la meseta de Tawang, en el noreste de la India, una zona reclamada por China y controlada por la India que es colindante con Bután y el Tíbet.

Las armas de producción estadounidense fueron adquiridas en los últimos años en el marco de una cooperación militar entre EE.UU. y la India que se ha profundizado ante el aumento de presencia militar de China en la región asiática.

La semana pasada, los militares indios mostraron su capacidad ofensiva a un grupo de periodistas en esa zona, ubicada en el estado de Arunachal Pradesh. “El Cuerpo de Ataque Alpino se encuentra completamente operativo. Todas las unidades, incluidas las de combate y de apoyo, están completamente preparadas y equipadas”, dijo el teniente general Manoj Pande, comandante del Ejército Oriental de India, a la agencia Bloomberg.

Decididamente, avanza la recomposición estratégica en la gran región Asia Pacífico, con repercusiones planetarias, a la que Estados Unidos va a dedicar esfuerzos prioritarios en la próxima década y en la que Europa, una vez más, va a ser en todo caso un actor secundario.

INTERREGNUM: El dilema birmano de la ASEAN. Fernando Delage

Inquieto porque el gobierno de la Liga Nacional para la Democracia (el partido que en las elecciones generales de 2019 revalidó la mayoría obtenida en 2015) pudiera acabar con el control por los militares del ministerio de Defensa y de distintos sectores de la economía, el ejército de Myanmar—en cuyas manos estuvo el país entre 1962 y 2010—dio un golpe de Estado el pasado 1 de febrero.

Desde entonces la junta militar ha reprimido brutalmente toda forma de disidencia, con un resultado de más de mil muertos. La economía también ha estallado: numerosos bancos carecen de liquidez, y buena parte de las empresas extranjeras han abandonado el país. Cerca de un millón y medio de empleos desaparecieron en el segundo semestre del año, y el Banco Mundial estimó en verano que el PIB caerá un 18 por cien en 2021. Myanmar podría estar cerca de convertirse en un Estado fallido, con el consiguiente riesgo de inestabilidad para las naciones vecinas. Los problemas de gobernabilidad, el aumento de los contagios por Covid (Myanmar puede convertirse en un transmisor masivo de nuevas variantes de la pandemia), y el creciente flujo de refugiados representan una grave amenaza para la región.

Con su atención puesta en otros asuntos, las principales potencias se han mantenido más bien al margen. Estados Unidos y otras democracias no han ido más allá de la imposición de sanciones e India ha mantenido un significativo silencio, mientras que China se ha negado a condenar a la junta y Rusia ha aprovechado para aumentar sus ventas de armamento. Más grave resultaba que quien tenía una especial responsabilidad con respecto a la cuestión, la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN), no ofreciera ninguna respuesta.

De ahí la llamativa decisión de no invitar al líder birmano, general Min Aung Hlaing, a la cumbre anual de la organización que se celebra esta semana. Es un gesto que puede interpretarse como una victoria simbólica para el Gobierno de Unidad Nacional en el exilio, aunque lo relevante es que la ASEAN no ha expulsado a Myanmar ni ha suspendido su participación en las reuniones de altos funcionarios. Su actitud parece por tanto contradictoria, si bien es un claro reflejo de su tradición de no injerencia en los asuntos internos de los miembros y de adopción de decisiones por consenso.

A mediados de octubre, Indonesia, Malasia, Filipinas y Singapur condenaron el golpe, exigieron la liberación de los prisioneros políticos y demandaron que no se invitara al general Min a la cumbre de este año; una posición que no fue compartida por Tailandia—también controlada por las fuerzas armadas—así como por Camboya y Laos.

El problema es que la crisis birmana representa un incómodo desafío a la credibilidad de la ASEAN. La resistencia de la junta militar a poner en marcha el plan de cinco puntos acordado—con su visto bueno—por los ministros de Asuntos Exteriores de la organización en abril para el cese de la violencia no le dejaba mucho margen de maniobra. Ni podía aparecer como protectora del régimen, ni podía arriesgarse a que, en un contexto de preocupación por la creciente influencia de China, el presidente de Estados Unidos decidiera no acudir a la próxima Cumbre de Asia Oriental, de cuya gestión se ocupa la ASEAN. También las cumbres bilaterales con Estados Unidos y con la Unión Europea podían verse en el aire de no adoptarse ninguna respuesta frente a Myanmar.

No parece que la exclusion de la cumbre del general Min vaya a abrir paso a una aproximación más eficaz al conflicto, pero el gesto es revelador del dilema permanente que afronta la organización a la hora de equilibrar la pretensión de mantener su centralidad en una era de rivalidad entre las grandes potencias, y los condicionantes impuestos por sus propias prácticas de funcionamiento.

La NBA y China. Una vez más. Nieves C. Pérez Rodríguez

La historia del enfrentamiento entre la NBA y China se repite una vez más. En esta ocasión, el equipo que centra la polémica es Boston Celtics debido a que Enes Kanter, uno de los jugadores profesionales del equipo que fue fichado por la NBA en el 2011, subía el pasado miércoles un video en Twitter en el que se expresaba en apoyo a la libertad del Tíbet.

El tweet decía: “Estimado dictador Xi Jinping y el gobierno chino ¡El Tíbet pertenece al pueblo tibetano!”. A la publicación la acompañaba además un video en el que el jugador vestía una camiseta con la imagen del Dalai Lama y abogando por los derechos del pueblo tibetano mientras denunciaba que es un pueblo sin derechos básicos.

La respuesta a ese tweet no tardaba en producirse en Weibo, la plataforma china que es una especie de fusión entre Twitter y Facebook. La red informaba a los usuarios que “a partir de ahora nuestra página no proporcionará información sobre los Boston Celtics y dejaremos de actualizar los datos relacionados con el equipo. ¡Cualquier comportamiento que socava la armonía de la nación y la dignidad de la madre patria, nosotros lo resistimos!”.

La contundente respuesta desde China también la manifestó Tencent, el conglomerado tecnológico chino que proveen de productos y servicios de internet y que tiene los derechos exclusivos de transmisión de los partidos de la NBA en China. Tencent dejó de transmitir en línea los partidos de los Boston Céltics justo después de que Kanter publicara el primer mensaje en su cuenta de Twitter.

En plena ebullición de la polémica el atleta volvía a publicar otro mensaje en Twitter en esta segunda ocasión el reclamo se dirigía a pedir libertad para los uigures: “Dictador desalmado Xi Jinping y el Partido Comunista chino. Me estoy dirigiendo a ustedes. Cierren los campos de trabajo forzoso y liberen al pueblo uigur. ¡Alto al genocidio ahora!”.

A estas publicaciones se le sumaron otras en la misma tónica, todas ellas reclamando las libertades de minorías chinas. Kanter, además, aprovechó los partidos de inicio de temporada para mantener la protesta viva portando coloridas zapatillas con mensajes como” Free Tibet”, “Free Uyghur” o “Free China”.

Las zapatillas fueron diseñadas por el artista y disidente chino Badiucao, conocido por su discrepante posición con el Partido Comunista chino. Badiucao nació en Shanghái y actualmente reside en Australia desde donde se ha hecho con un nombre en el mundo de la caricatura. Badiucao hace uso de la sátira política para denunciar los abusos del gobierno chino.

Enes Kanter no solo es conocido por su talento en el deporte sino por su activismo en defender causas justas y derechos humanos. Probablemente su historia personal de haber nacido en Suiza mientras sus padres estudiaban allí, haber crecido en Turquía y ser residente de los Estados Unidos desde que era un adolescente por sus destrezas en el baloncesto, seguramente ha modelado una visión más global del mundo.

El baloncesto es un deporte con 500 millones de aficionados en China, de acuerdo con Reuter, siendo por tanto el deporte más popular en el país asiático. Los cálculos apuntan a que unos 300 millones de ciudadanos chinos practican baloncesto, por lo que la afición y seguimiento de las ligas internacionales en China es realmente masiva.

La rapidez de las tajantes respuestas de las empresas chinas refleja el compromiso de estas con el Partido Comunista chino y la auténtica realidad del mundo de negocios en la nación asiática. Por muy atractivo que parezca establecer negocios en China, las empresas deben evaluar minuciosamente lo que implica y hasta dónde llega el compromiso. Muchas empresas estadounidenses se encuentran en un momento reflexivo acerca de la sostenibilidad de mantener o trasladar sus negocios hasta China debido en gran parte a la presión del propio congreso y en muchos casos hasta de sus consumidores.

Este tipo de circunstancias debe servirle a las empresas internacionales para comprender lo que verdaderamente significa estar bajo la jurisdicción de las autoridades chinas. No es la primera vez, ya que hace un par de años sucedió algo muy parecido por un tweet del ejecutivo de los Rockets de Houston en apoyo a los manifestantes en Hong Kong y que terminó involucrando al Comisionado de la NBA porque China exigía que despidieran al ejecutivo.

El Partido Comunista chino, por su parte, sigue honrando el fiel compromiso de no tolerar ninguna crítica o inherencia en sus asuntos, hasta el punto de que prefiere sacrificar negocios antes que tolerar un error o crítica. Beijing es consciente de que tiene muchos problemas económicos ahora mismo: los problemas con las gigantes inmobiliarias, problemas de escasez de carbón, severos problemas eléctricos justo a días de la llegada de invierno, y esos son sólo unos pocos de los frentes que tienen abiertos y que no pueden permitirse el lujo de descuidar.

Sin embargo, la necesidad de control de las autoridades chinas ha sido una prioridad en los últimos 70 años y seguirá siendo la prioridad número uno en su manual de operaciones. Por lo que prefieren sacrificar negocios por mantener absoluto control político. ¿Pero hasta dónde podrán llegar si los consorcios, corporaciones y empresas dejan de hacer negocios con ellos?