Nobel metalwork embedded in floor. Nobel Museum. Stockholm, Sweden. (c) Allan LEONARD @MrUlster

Cómo la obsesión de Trump por ganar el Nobel lo aleja de la paz. Miguel Ors Villarejo

“Poco después de que el éxito de El arte de la negociación (1987) lo convirtiera en un supuesto experto en acuerdos”, escribe la investigadora del Fondo Carnegie para la Paz Internacional Jessica T. Mathews, “Donald Trump presionó a la Administración de George Bush [padre] para que le encomendara el diálogo con la Unión Soviética para la reducción del arsenal nuclear. Al final, el cargo recayó en Richard Burt, un veterano diplomático especializado en control de armamento. Cuando ambos coincidieron en un evento social en Nueva York, Trump cogió a Burt en un aparte y lo aleccionó sobre lo que él habría hecho (y Burt debería haber hecho) para arrancar la conversación. Recibe a los soviéticos afectuosamente, le dijo. Deja que las delegaciones tomen asiento y desplieguen sus papeles. En ese momento, levántate, apoya los nudillos en la mesa, echa el cuerpo adelante, diles: ‘¡Jodeos!’ y sal de la habitación”.

“Trump”, sostiene Mathews, “piensa que [en una negociación] lo que funciona es lo inesperado. Desconcertar al interlocutor es lo que, en su opinión, permite que acabes saliéndote con la tuya”.

No he leído El arte de la negociación, pero sí Nunca tires la toalla y varias de las operaciones inmobiliarias que Trump describe confirman la impresión de Mathews. El presidente es un hombre de acción. Ha venido al mundo a hacer grandes cosas, como la Torre Trump de Chicago o el Trump Soho Hotel, y trabaja frenéticamente desde las cinco de la mañana. Pero aquí y allá tropieza con hombrecillos que le oponen resistencia por ignorancia o por pura maldad. Su estrategia consiste en diferenciar cuáles de ellos son sensibles al halago y cuáles a la intimidación, y obrar en consecuencia. A veces te envía una legión de abogados, pero a veces te sorprende con su “conciencia ética”, como cuando se empeñó en levantar un campo de golf en Escocia y, para congraciarse con los ecologistas, creó madrigueras artificiales para las nutrias, instaló cajas refugio para los murciélagos y recolectó semillas para preservar las especies autóctonas. “La gente esperaba un duelo y, en lugar de eso, brindamos una alianza”.

No es difícil identificar este patrón en su relación con Kim Jong-un. En agosto de 2017 Trump prometió sepultarlo bajo una tormenta de “fuego e ira”, pero después de que el Amado Líder filtrara su disposición a estudiar la “desnuclearización completa de la península coreana”, el presidente cambió radicalmente su registro y declaró que Kim y él estaban “enamorados”.

Parece que Trump estableció una conexión prematura entre sus amenazas y el anuncio de Kim, incluso sugirió al Gobierno japonés que presentara su candidatura al Nobel de la Paz. Pero la desnuclearización completa de la península coreana es algo que los Kim llevan planteando desde hace 25 años. “Al referirse a la península coreana y no a Corea del Norte”, explica Mathews, “Pyongyang da a entender que se desnuclearizará cuando Estados Unidos firme un tratado de paz que dé por finalizada la guerra de Corea, disuelva su alianza militar con Seúl, repliegue sus fuerzas y desactive el escudo nuclear que protege a Corea del Sur y Japón”. O sea, una retirada general.

Aunque Trump llegó a afirmar que “Corea del Norte no supone ya ninguna amenaza”, la realidad no tardó en salir a la luz. Pyongyang se ha negado reiteradamente a facilitar una lista de los silos donde aloja sus misiles y, cuando tres meses después de la cumbre de Singapur el secretario de Estado Mike Pompeo viajó a Corea del Norte para reclamarla, Kim ni siquiera lo recibió.

Ante semejantes muestras de deslealtad, el encuentro de febrero solo podía ser un fracaso y Mathews se pregunta cuál es el siguiente paso. Por las malas ya hemos visto que no se saca nada de los Kim, pero por las buenas tampoco: después de que en 1994 se comprometieran a interrumpir la producción de plutonio, en 2002 se descubrió una instalación en la que no estaban efectivamente enriqueciendo plutonio, sino uranio.

“Corea del Norte no va a renunciar nunca a la disuasión nuclear, salvo quizás en un futuro lejano”, argumenta Mathews. Kim ha visto cómo terminaron Sadam Husein o Muamar el Gadafi y es consciente de que habrían corrido una suerte muy diferente si hubieran contado con la bomba atómica. Además, la historia enseña que, si perseveras como India o Paquistán, Washington acaba por resignarse y te deja conservar tu arsenal.

Hasta ahora, Estados Unidos ha instado a los norcoreanos a que entreguen las armas si quieren apoyo económico. “Dejen de ser una amenaza”, les dice, “y nosotros les ayudaremos a prosperar”. Pero igual hay que recorrer el camino inverso: ayudarles a prosperar para que dejen de ser una amenaza. A Kim Jong-un le preocupa el bienestar de su pueblo más que a su padre o a su abuelo, y necesita desesperadamente capitales. A cambio del levantamiento de sanciones, podría considerar concesiones más asumibles que la desnuclearización total, como dejar de realizar ensayos o congelar la fabricación de combustible atómico.

Se trata, sin embargo, de pasos modestos y poco espectaculares, por los que es poco probable que le den a nadie el Nobel. (Foto: Allan Leonard)

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INTERREGNUM: Japón: empieza una nueva era. Fernando Delage

El próximo 1 de mayo comienza una nueva era en Japón. Como emperador Reiwa (“Paz Armoniosa”), Naruhito sucederá a su padre Akihito (emperador Heisei) en el trono del Crisantemo tras la abdicación de este último, anunciada en 2016; un hecho sin precedente en la Historia de Japón y de la monarquía más longeva del planeta. Probablemente sólo en Japón puede recurrirse a una antología poética del siglo VIII, el Manyoshu, para dar nombre a una nueva era en el mundo digital. El emperador es ante todo un símbolo de la identidad japonesa, de ahí esa estrecha relación entre el Trono y la cultura nacional, como expresa el término seleccionado.

La dicotomía tradición/modernidad volverá a ser con seguridad el prisma con el que desde el exterior se observará la sucesión, llamando la atención sobre unos ritos inalterados durante siglos en un país prototipo de las nuevas tecnologías. Esa característica de Japón es una de las razones de su atractivo, aunque también explica algunas de las dificultades para salir de esa crisis estructural que vive desde los años noventa (coincidente en el tiempo con la era Heisei). Un débil crecimiento económico, una pérdida de credibilidad de la clase política, una gigantesca deuda pública y el acelerado envejecimiento de la población han dado paso a un ciclo de pérdida de pulso que el primer ministro, Shinzo Abe, compensa en parte con un proactivismo diplomático desconocido, en respuesta a desafíos externos como los que representan China y Corea del Norte.

La transición imperial ofrece a los japoneses una oportunidad de reflexión sobre las circunstancias que atraviesa el país, y poder hacerlo con el sentimiento de renovación que simboliza la denominación de la próxima era. Es igualmente la ocasión para aprender sobre esta nación y cultura únicas, rodeadas ambas de tantos tópicos y falsas leyendas. De ahí la oportuna publicación del reciente libro de uno de nuestros mejores especialistas sobre Japón, el profesor de la Universidad Complutense, Florentino Rodao. Tras describir la evolución política desde el fin de la segunda guerra mundial, “La soledad del país vulnerable: Japón desde 1945” (Crítica, 2019) analiza en una segunda parte, con un enfoque temático, diversos aspectos de la sociedad japonesa: de la educación a la mujer, de la familia a la religión, entre otros. Es una obra de cuidada edición que cubre un importante vacío en castellano, con la capacidad de síntesis que sólo puede ofrecer un profundo conocedor de la materia.

Japón, con todo, no sólo es relevante por sí mismo. Pese a su lejanía geográfica, psicológica y cultural, es un laboratorio de los problemas que atraviesan las sociedades postindustriales europeas: crisis bancarias, envejecimiento demográfico, desempleo juvenil, etc. Rodao cuenta asimismo cómo un país considerado como paradigma de la eficiencia afronta y gestiona ese tipo de problemas. Sin posibilidad de adoptar un nombre poético que designe la próxima etapa del Viejo Continente, ¿sabremos al menos los europeos trabajar juntos y con una perspectiva a largo plazo? Mucho más que una referencia histórica, Japón es también una guía comparativa para el futuro. (Imagen: Stuart Rankin)

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Una revolución logística en Corea del Norte. Nieves C. Pérez Rodríguez

Desde que Kim Jong-un llegó al poder a finales de 2011, el mercado negro de Corea del Norte ha venido experimentando grandes cambios que se están llevando a cabo como una “revolución logística”. Con la expansión de las telecomunicaciones móviles estatales y el transporte privado como forma de entrega de pedidos, expone Yonho Kim, experto especializado en Corea del Norte, con especial foco en políticas económicas.

Alrededor del 20% de la población norcoreana, es decir unos 4 millones ciudadanos, ahora tienen teléfonos móviles, lo que facilita la comunicación en tiempo real de la información de tendencias del mercado. Esto ha permitido a los comerciantes determinar mejor las cantidades y los precios de los productos para el comercio, así como los métodos de envío y entrega a través del móvil. Estos datos fueron suministrados en una discusión que tuvo lugar en el Instituto coreano Económico de América, presidida por el antes mencionado experto, y en el que 4Asia participó.

El mercado negro de Corea del Norte se desarrolla en total secretismo, como es usual en este tipo de regímenes, y en donde la confianza es la clave de las transacciones. En cada provincia hay una organización con gente que se encarga tanto de la distribución de las mercancías, como de los pagos o la recaudación del dinero. Por ejemplo, un usuario interesando en comprar gasolina solicita el producto a su contacto a través de una llamada, quién a su vez llama a quien es su proveedor de gasolina y se la pide. A partir de ese momento se hacen los pagos correspondientes y se ponen en contacto al chófer y al cliente quienes establecerán el lugar de entrega por teléfono. De surgir algún inconveniente, como que sea parado por un control del Estado, se activa un protocolo, en el que el chófer llama a su contacto provincial, quien se comunicará con el ministro o funcionario que está afiliado a la red para que le permita el paso.

El experto norcoreano explica que los comerciantes ya no pueden competir en los mercados sin un teléfono móvil. Además, agrega, la tolerancia de Kim Jong-un con las empresas privadas en Corea del Norte y la creación de operaciones de colaboración público-privadas de facto han ayudado a fomentar la empresa de servicios de transporte privado, también conocida como “servi-cha”.

Aprovechamos la oportunidad para hablar con Yonho Kim, e indagar sobre el informe. Nos explicó que sus datos se basan en entrevistas realizadas a 19 desertores norcoreanos que ahora están reasentados en Corea del Sur y que todos cuentan con experiencia como comerciantes que usaban sus teléfonos celulares y servicios de transporte privado, en los años recientes.

En la conversación con el especialista en Corea del Norte le preguntamos si el desarrollo y crecimiento de esta economía paralela puede de hecho ayudar al régimen de Kim a perpetuarse en el poder porque oxigena la vieja crisis económica que atraviesa esa nación, y él nos explicó que Kim Jong-un sabe que ha utilizado el mercado para resucitar la economía y asegurar la legitimidad de su gobierno. Los norcoreanos no están seguros de su liderazgo como dictador de tercera generación que carece de logros políticos heroicos.

Hasta ahora, el mercado y el régimen mantuvieron con éxito unas relaciones simbióticas de las que Kim puede reclamar que hoy hay una parte menor de la economía bajo su supervisión. Pero el problema es que las personas ya no perciben al régimen como un cuidador, porque no dependen del Estado para su supervivencia diaria, sino de sus propias actividades de mercado. Kim tendrá que mostrar grandes resultados económicos para permanecer en el poder a largo plazo, afirma nuestro interlocutor.

El dictador norcoreano debe conocer los riesgos de la mercantilización en términos de estabilidad de su régimen. Es por eso que es muy cuidadoso al abrir su economía. Intentará minimizar el impacto negativo de la normalización de las relaciones económicas con el mundo exterior mediante el desarrollo de políticas de reforma muy calculadas. Aunque, asegura nuestro experto, ningún dictador tiene un control total de las consecuencias inesperadas de su propia política. ¿Y por qué la corrupción sería tan rampante en una sociedad estrechamente controlada como Corea del Norte? La corrupción es una herramienta para que Kim reduzca la presión sobre su régimen por parte de los funcionarios estatales que enfrentan dificultades económicas. Es posible que Kim no sepa cuál es el resultado final.

Por ahora lo que se sabe es que el crecimiento de ese mercado negro ha desencadenado la “revolución logística” y que está cambiando profundamente la sociedad norcoreana. Yonho Kim asevera que las personas están haciendo llamadas y enviando mensajes de texto, tomándose selfies y mandándolos a sus amigos. Estas son experiencias sin precedentes para las personas en una sociedad cerrada como Corea del Norte. Y la creciente importancia de la credibilidad y la confianza entre los comerciantes gracias a la introducción combinada de teléfonos celulares y servicios de transporte comercial en última instancia plantaría una semilla de la sociedad civil. (Foto: Jeff Johnson)

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Cumbre de Hanoi: ¿Marcha atrás? Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- La cumbre en Hanoi prometía avances reales. Sin embargo, Trump decidió acortar el tiempo y, abruptamente, se levantó de la mesa de negociaciones. Ahora bien, ¿qué es lo que realmente sucedió? ¿Se puede interpretar ese cambio repentino de actitud como negativo?

Trump lo anunció antes de subirse al avión con destino a Vietnam. Su Administración, a través de diferentes portavoces desde que culminó la primera cumbre en Singapur, manifestaron que el siguiente paso era acordar la desnuclearización de la península coreana. Tanto el Secretario de Estado -Mike Pompeo- como el encargado especial de la Administración Trump para Corea del Norte -Steven Biegun- han sostenido reuniones en pro de ese avance desde finales del verano pasado. Por lo tanto, Trump hizo exactamente lo que debía haber hecho un jefe de Estado al que llegado al momento más álgido de la negociación le quieren tomar el pelo.

Una segunda Cumbre era un riesgo en sí misma. Pero un riesgo para Estados Unidos. Pues una vez más Washington legitimaba a Kim Jong-un como líder. Además, se podría haber evitado un riesgo innecesario, pues se pudieron haber mantenido las conversaciones de alto nivel a dos bandas, sin tener que haber hecho el show mediático. Sin embargo, ese es Trump, un “showman” que necesita las cámaras y las ceremonias para vanagloriarse.

Pero en defensa de Trump hay que decir que su salida de la reunión lo dejan mejor parado de lo que estamos acostumbrados. Pues fue él quien se retiró ante las exigencias de Kim de que fueran levantadas todas las sanciones. Objetivamente, el levantamiento de algunas sanciones podría ser negociable, pero no el levantamiento total de las sanciones, pues la razón por la que esas sanciones han sido impuestas siguen estando presentes.

Kim pudo haber intentado un movimiento más diplomático. Sin embargo, optó por mantener una postura intransigente, a lo que nos tiene acostumbrados. A Estados Unidos no le conviene levantar sanciones a Pyongyang, pero tampoco le conviene al mundo, pues ellos siguen representando un gran riesgo para la región y la paz mundial. Y como si eso fuera poco, de hacerlo se marcaría un precedente de falta de seriedad y rigurosidad ante la seriedad de este inminente peligro. Nada conveniente, por otra parte.

Es posible que Trump hubiera debido ir a Hanoi teniendo la seguridad de que Kim firmaría la desnuclarización, pero eso tampoco hubiera sido una garantía de que sucediera, pues Kim Jong-un, como su padre y su abuelo, ha operado bajo la mentira y la instigación del miedo desde el momento que se instaló en el poder.

Lo positivo de la Cumbre es que Trump dejó abierta la puerta. En todo momento mostró su lado amable al referirse a Kim durante las preguntas atentas de los periodistas a su salida. Lo que es un gran indicativo de que no hubo arrebatos o malos momentos durante el encuentro. Trump insistió en su amistad con el líder norcoreano enviando un claro mensaje. En otras palabras, si es bajo nuestros términos habrá negociación, habrá acuerdo y habrá levantamiento de sanciones progresivamente.

Además, hay que remarcar que incluso de haber habido un acuerdo para desnuclearizar la península coreana, es muy poco probable que Washington hubiera podido levantar las sanciones completamente, pues ejecutar un proceso real de desnuclearización total llevaría unos años. Y, una vez completado, requeriría inspecciones de expertos y agencias internacionales, entre otros protocolos que son realmente complejos y materialmente consumen mucho tiempo.

El hecho de que el lugar escogido fuera Vietnam, un país comunista que, con su política de apertura ha convertido la nación en un notable ejemplo de desarrollo económico en la región, envió desde el primer momento un mensaje directo a Pyongyang. Además de ser un país cercano ideológicamente a Corea del Norte, Kim tiene relación con su gobierno, y pudo constatar de primera mano los efectos positivos de abrirse al mundo. Además, Trump le recordó en varias ocasiones lo que podía esperarle a Corea del Norte de abrir sus fronteras y cerrar su carrera nuclear. Un desarrollo que hoy sigue esperando su momento para llegar.

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A varias bandas

En las horas previas a la II Cumbre entre Donald Trump y Kim Jong-un, China y Estados Unidos han acercado posiciones en su guerra comercial sobre los aranceles. Aunque aún no hay acuerdos, han decidido no buscar un acuerdo global de momento sino avanzar hacia convenios parciales admitiendo la posibilidad de aplazar la fecha que se dieron (el 1 de marzo) como límite para negociar.

Ganar tiempo viene bien a ambos países y para alejar cualquier sospecha de concesiones, la Casa Blanca ha filtrado que hay “avances sustanciales”. Da la sensación de que esto, en parte, es cierto, pero varios expertos sugieren que esto está en estrecha relación con el escenario coreano en el que, en Estados Unidos, se dan por hecho un avance, esta vez real, en el proceso de desnuclearización, una reducción significativa de las fuerzas militares estadounidenses en Corea del Sur, un paquete de incentivos occidentales unido a un levantamiento de sanciones y la elevación del rango de relaciones entre EEUU y Corea del Norte.

Mientras tanto, en medio de la disputa, Rusia ha logrado abrir hueco a algunos de sus productos en el mercado chino, para suplir parte de lo que hasta ahora habían sido suministros norteamericanos.

En todo caso, los próximos meses van a ser intensos para desarrollar los acuerdos que se alcancen en Vietnam, encauzar las relaciones comerciales entre China y Estados Unidos y seguir actuando a la vez en otros frentes conflictivos.

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INTERREGNUM: Trump, Kim y los aliados. Fernando Delage

A finales de este mes, posiblemente en Vietnam, el presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, y el líder norcoreano, Kim Jong-un, celebrarán un segundo encuentro. Una nueva reunión a este nivel puede servir, como la reunión de junio en Singapur, para crear una aparente dinámica de estabilidad entre ambas naciones, y por tanto en la región. Sin embargo, ni resolverá el problema de fondo—Kim no va a renunciar a sus capacidades nucleares—ni tranquilizará a los aliados de Estados Unidos, con cuyos intereses Washington no parece contar.

Así ocurre con Corea del Sur estos últimos días. El 31 de diciembre venció el acuerdo entre ambos socios sobre la financiación de la alianza; unas condiciones que se han actualizado cada cinco años desde 1991. Según diversas fuentes, la Casa Blanca exige a Seúl un aumento de su contribución del orden del 50 por cien, una demanda que ningún gobierno surcoreano—menos aún uno de izquierdas como el actual—podría aceptar. A medida que pasen las semanas sin un entendimiento, aumentan las posibilidades—se temen numerosos analistas—de que Trump pueda ofrecer a Kim alguna concesión con respecto a la alianza. Quizá no fue casualidad que la dimisión de James Mattis como secretario de Defensa se anunciara tras concluir la última ronda de conversaciones con Corea del Sur, como tampoco lo es que Trump haya vuelto al ataque en Twitter sobre cómo la seguridad de sus prósperos aliados está subvencionada por los contribuyentes norteamericanos. La retirada de Siria y Afganistán indica que la hostilidad del presidente hacia las alianzas no es mera retórica.

Dividir a Estados Unidos y Corea del Sur es por supuesto un elemento central de la estrategia de Pyongyang. Y es un objetivo detrás del precio que Kim puede pedir—en forma de retirada de los soldados norteamericanos del Sur de la península—para ofrecer a la Casa Blanca no el abandono de sus instalaciones nucleares, pero sí el fin del desarrollo de misiles intercontinentales, la prioridad más inmediata para la administración Trump. Las recientes declaraciones del secretario de Estado, Mike Pompeo, a Fox News, en el sentido de que lo primero es la seguridad del territorio de Estados Unidos han sido por ello un jarro de agua fría para Seúl, y un motivo de satisfacción para Corea del Norte.

Es mucho en consecuencia lo que está en juego en este segundo encuentro. Trump busca el mayor triunfo en política exterior de su presidencia, para poder utilizarlo de cara a su reelección. Pero puede poner también en marcha un desastre estratégico a largo plazo para la seguridad de Corea del Sur, para la de otros aliados—como Japón—y en realidad para los propios Estados Unidos. Si Washington pierde Seúl, perderá la península y el noreste asiático en su conjunto. Kim habrá ganado una partida, pero no final: quizá Corea del Sur tendrá que plantearse su nuclearización, aunque el juego quedará en buena medida en manos de China, que observa con deleite cómo esta Casa Blanca deshace sistemáticamente los pilares del poder norteamericano en Asia. (Foto: Matt Brown)

Kim Jong-un

特朗普 – 金正恩,走向第二次峰会。 Nieves C。Pérez Rodríguez

(Traducción: Isabel Gacho Carmona) 华盛顿 – 美国政治环境激烈,总统仍然决定国会批准在墨西哥边境修建隔离墙的资金。 与此同时,在国际层面,华盛顿在特朗普和金正恩之间举行了第二次历史性会议。

金正恩在对中国首都进行正式访问,好像他将要求允许与对手会面。 事实上,上周四,韩国总统表示了金正恩访问北京是宣布特朗普与金正日即将召开的会议。 这发生在第一次会议之前和从新加坡返回之后。

朝鲜的盟友很少,中国不仅仅是平壤的盟友; 它是一种国际盾牌,帮助它在这种孤立中生存下来。 金知道并且也接受了,所以这次访问几乎是对习近平的赞美。

这次访问恰逢两国70年来双边关系的周年纪念日,并展示了他们亲密关系的战略加强,以及今年的共同议程。 在对话中,可能的情景可能是在与特朗普的第二次会面中提出的。

今年早些时候,特朗普在一条推文中表示他正在等待与金正日见面,同时明确表示朝鲜具有其领导人所知的巨大经济潜力。 然后他说他们正在谈判会议的地点。 据美国有线电视新闻网报道(CNN),正在考虑的地方是越南,泰国,夏威夷,甚至可能是纽约或日内瓦。

越南是一个与美国关系密切的国家,去年夏天国务卿访问了它,并在访问中表达了“越南经济从与美国的交往中受益”,并强调了 积极的是,越南放弃核计划,作为朝鲜人的良好榜样。

泰国是一个靠近朝鲜的国家,也是拥有外交总部的国家。金正恩 确信他在那里参加峰会感觉更舒服。 除了相对接近朝鲜半岛。

夏威夷不是中立的领土。 事实上,对于金正恩,它实际上是敌人的领地,所以它不太可能成为场地。 虽然纽约是联合国的总部,但仍然从朝鲜太远。 日内瓦也是如此。 甚至金本人也说它可以在平壤进行,但对于华盛顿而言,这将是一个令人不安的地方,他们将无法控制。

是时候等待决定的制定和宣布了。 问题是另一个问题,无核化的进展尚未取得进展。 平壤希望国际制裁得到镇压,但不会给出真正的改变迹象。

最大的赢家仍然是金正恩,他在不到一年的时间里,在正式访问中四次访问中国,并获得了国家元首的一切荣誉:他曾多次会见韩国总统; 他派出一个代表团参加冬季奥运会,还有,正在准备与美国领导人进行第二次会面,仅在去年1月,我们担心了从平壤遭到袭击并改变关系是不可想象的。

Kim Yong Chol

La mano derecha de Kim Jong-un visita Washington. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Tal y como anunciamos en esta columna la semana pasada, los pasos al segundo encuentro entre Kim Jong-un y el presidente Trump están avanzando. Kim Yong Chol, el elegido por el líder norcoreano para negociar con Washington, llegó a la capital el pasado jueves por la noche y el encargado especial para Corea del Norte del Departamento de Estado, Stephen Biegun, lo recibió en el aeropuerto y lo acompañó hasta el hotel. El viernes se reunió con el Secretario de Estado y luego se dirigió a la Casa Blanca donde pasó una hora y media en compañía de Trump. En este encuentro se acordó que la segunda cumbre se efectuará a finales de febrero, de acuerdo a palabras de la portavoz de prensa de la Oficina Oval.

Con pocos detalles desvelados, ahora la incertidumbre recae en el lugar del encuentro. The Wall Street Journal afirmaba que fuentes cercanas a las partes habían dicho que se están valorando Vietnam o Suecia. Mientras las reuniones tenían lugar en la capital estadounidense, Choe Son-hui, viceministro de Relaciones Exteriores de Corea del Norte, aterrizaba en Suecia, para participar en una conferencia organizado por el primer ministro del país, que consiste en pequeños grupos de trabajo con expertos internacionales. Evento en el que Stephen Biegun también participaba. Y a pesar de que no ha habido confirmaciones oficiales, se esperaba que Choe y Biegun se reunieran para acordar más detalles de la segunda cumbre entre Trump y Kim.

La Administración Trump se muestra muy positiva ante la los avances que pueden conseguir en un segundo encuentro y la disposición de Pyongyang a negociar. El mismo Pompeo admitió que a pesar de que Kim Yong Chol no respondió preguntas de periodistas, si posó con una sonrisa para la foto, lo que podría ser interpretado como un cambio o al menos una ligera apertura.

Sin embargo, es importante destacar que no se ha podido verificar ningún progreso real de desnuclearización de Corea del Norte. Es más, muchos expertos afirman que el régimen de Kim no ha tomado ninguna medida para desnuclearizarse, por el contrario, afirman que han seguido avanzando en su programa nuclear desde junio, momento de la primera cumbre en Singapur.

El mismo vicepresidente estadounidense, Mike Pence, admitió en un evento en el Departamento de Estado la semana pasada que “hay una falta de progreso”, mientras ponía el énfasis en que el diálogo entre Trump y Kim es prometedor. Sin embargo, remarcó que la Administración Trump sigue a la espera de pasos concretos por parte de Corea del Norte, como “el desmantelamiento de arsenal nuclear que representa un riesgo para nuestra gente y nuestros aliados”.

El mismo Trump ha asegurado que un segundo encuentro entre él y el líder norcoreano podría permitir que se suavicen las grandes diferencias y se mejoren las relaciones entre ambos líderes que han estado marcadas por décadas de desconfianza. Sin embargo, los hechos demuestran que después de Singapur no ha habido ningún progreso real en la demanda principal de Estados Unidos: “la desnuclearización de la Península Coreana”. Por lo contrario, en un conato fallido de reuniones entre ambas partes el pasado otoño en Naciones Unidas, las reuniones ni siquiera pudieron llegar a organizarse. Y el mismo Stephen Biegun no ha podido dar resultados concretos, pues los norcoreanos han exigido que las reuniones sean con el mismo Pompeo. Todo apunta a que Pyongyang es quien están controlando la situación.

En el terreno diplomático, la Administración Trump está acabando sus cartuchos. Trump ha hecho brillar a un dictador opresor en la escena internacional, le ha otorgado estatus de líder que merece un tratamiento de Jefe de Estado de país libre y, a cambio, no ha conseguido más que promesas. Este segundo encuentro tiene que dar resultados reales. Tiene que fijarse una agenda de inspecciones nucleares que permitan verificar, tal y como Pyongyang afirma, que estén desnuclearizándose realmente; determinar una hoja de ruta, que contenga los pasos a seguir y que puedan ser correspondidos con algún tipo de levantamiento, pero progresivo, de sanciones en las que el régimen norcoreano pueda percibir algo de  desahogo económico interno a cambio de su real disposición a desnuclearizarse y siempre sujeto a regresar al punto inicial de haber un cambio de actitud.

Trump tiene muchos problemas internos en su país ahora mismo, a pesar de que la economía va bien. Por lo tanto, necesita una cumbre que alimente su ego y lo ayude a mejorar sus índices de popularidad. Este encuentro internacional es la plataforma perfecta para ello y le va a permitir cambiar la atención de problemas a algo positivo, al menos durante los apretones de manos y las fotos.

Kim Jong-un

Trump-Kim, hacia su segunda cumbre. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Se vive en EEUU un ambiente político caldeado en la capital, una acalorada confrontación entre los líderes del partido de oposición y la Administración Trump y, lo más llamativo, el cierre de gobierno más largo de la historia, con operaciones mínimas, pero con el empecinamiento del presidente en seguir adelante hasta que el Congreso le apruebe los fondos para construir el muro en la frontera con México. Mientras, en el plano internacional, Washington tiene en la agenda un segundo encuentro histórico entre Trump y Kim Jon-un, y que no es descartable que empiece a dársele prioridad para cambiar el foco de atención de los problemas doméstico a los internacionales.

Kim Jong-un estuvo de visita oficial en la capital china, como quien va a pedir permiso para encontrarse con el adversario. De hecho, el pasado jueves el presidente de Corea del Sur -Moon Jae-in- afirmaba que el viaje de Kim a Beijing es un anuncio del inminente encuentro que tendrá lugar entre Trump y Kim. Así sucedió previamente al primer encuentro y después de su regreso de Singapur.

Corea del Norte tiene muy pocos aliados, y China es más que un aliado para Pyongyang; es su tarjeta de protección, una especie de escudo internacional que lo ha ayudado a sobrevivir tal aislamiento. Kim lo sabe y además lo acepta, por lo que la visita refleja casi una pleitesía a Xi Jinping.

Esta visita coincide con el aniversario de los 70 años de relaciones bilaterales entre ambos, y demuestra un fortalecimiento estratégico de su cercanía, junto con una agenda común para el año. En las conversaciones seguramente se plantearon los posibles escenarios en un segundo encuentro con Trump, y hasta dónde puede Kim ser flexible y dónde debe plantarse.

A principios del año, Trump dijo en un tweet que estaba a la espera de encontrarse con Kim mientras dejaba claro que Corea del Norte tiene un gran potencial económico del que es consciente su líder. Y luego dijo que están negociando el lugar en el que se llevará a cabo el encuentro. De acuerdo con la CNN los lugares que se está barajando son Vietnam, Tailandia, Hawai, incluso quizás Nueva York o Ginebra.

Vietnam es un país con cercanas relaciones con Estados Unidos, al que el secretario de Estado ya visitó el verano pasado y en cuya visita expresó cómo “la economía vietnamita se ha beneficiado de sus intercambios con América” y, además, puso el énfasis en lo positivo que ha sido para Vietnam que abandonaran su programa nuclear, como un buen ejemplo a seguir para los norcoreanos.

Tailandia es un país más cercano a Corea del Norte, y donde tienen sede diplomática. Kim Jong-un seguro que se siente más cómodo asistiendo a una cumbre allí. Además de ser relativamente cercano a la península coreana, tal y como ya se discutió antes durante los preparativos de la primera cumbre de Singapur, Pyongyang no cuenta con un avión con capacidad de volar al otro lado del mundo. Aunque eso sería resuelto con la ayuda de China, es muy posible que para el orgullo de Kim no sea fácil de aceptar, pues su régimen y su persona viven del orgullo y la imagen.

Hawai no es territorio neutral. De hecho, es literalmente territorio enemigo para Kim, por lo que es muy poco probable que sea la sede. Mientras que Nueva York, aunque por ser sede de Naciones Unidas, sería más factible, sigue teniendo la gran dificultad de la distancia. Lo mismo sucede con Ginebra. Incluso el mismo Kim dijo que podía llevarse a cabo en Pyongyang, pero para Washington sería un lugar incómodo y donde no tendrían control, incluidos sus servicios secretos, que estarían supeditados al régimen norcoreano.

Toca esperar a que la decisión sea tomada y anunciada. Con la prontitud que actúa Trump, en cuanto se conozca se prepara todo y allí que se presenta. El problema es de fondo, los avances a la desnuclearización no se han hecho efectivos. Pyongyang quiere que sean suprimidas las sanciones internacionales, pero sin haber dado señales reales de cambio.

Los servicios oficiales de prensa china publicaron que Xi y Kim habían abordado el tema nuclear y la necesidad de la desnuclearización, como quién manda un mensaje a Washington de que están avanzando en ello. Pero lo cierto es que no hay pruebas que lo afirmen.

El gran ganador sigue siendo Kim Jong-un quien en menos de un año ha visitado cuatro veces China en visita oficial y con todos los honores de un Jefe de Estado: se ha encontrado con el presidente de Corea del Sur un par de ocasiones; envió una delegación a participar en los Juegos Olímpicos de invierno, y a día de hoy, se encuentra preparando un segundo encuentro con el líder estadounidense cuando tan sólo el enero pasado estábamos temiendo un ataque desde  Pyongyang  y hacía impensable un cambio de relaciones.

Vane

Nuevos malos vientos

Aunque desde cierto segundo plano, las palabras y las acusaciones van ganando grosor entre Estados Unidos y China. Más desde Washington, porque Pekín hace tiempo que ha entendido que presentar una cara aparentemente amable y suave mientras mueve piezas y avanza posiciones (mano de hierro en guante de seda) es una buena propaganda frente a un Trump bocazas enfrentado a tantos medios de comunicación.

Todo parece encaminarse a una guerra comercial dura mientras ambos países refuerzan sus posiciones militares marítimas en un despliegue continuo desde hace una década por China y una lenta pero clara reacción de Estados Unidos.

En ese marco, el conflicto con Corea del Norte está bloqueado tras el publicitado encuentro de Singapur. Y, lo que es peor para Corea del Norte, ya no ocupa el principal protagonismo ni la mayoría de las portadas de los medios de comunicación occidentales que presionaban a Estados Unidos y a los gobiernos democráticos.

Tal vez por eso, Kim Jong-un anunció hace unos días el ensayo de una nueva arma táctica ultramoderna, en lo que parece una vuelta a las amenazas apocalípticas para llamar la atención sobre la falta de avances y las escasas concesiones de Estados Unidos hasta que Corea del Norte dé pasos significativos en el proceso de desnuclearización comprometido en Singapur.

El clima se va enrareciendo sin que parezca dársele importancia en los grandes foros, eternamente confiados en que nada es grave hasta que salta por los aires. Pero todos los grandes conflictos comienzan así.

Mala época en la que los viejos nacionalismos expansivos encuentran enfrente reflejos proteccionistas, de repliegue y de imitación emocional para conquistas o conservar el poder. (Foto: Toby Cresswell, Flickr.com)