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Nuevos malos vientos

Aunque desde cierto segundo plano, las palabras y las acusaciones van ganando grosor entre Estados Unidos y China. Más desde Washington, porque Pekín hace tiempo que ha entendido que presentar una cara aparentemente amable y suave mientras mueve piezas y avanza posiciones (mano de hierro en guante de seda) es una buena propaganda frente a un Trump bocazas enfrentado a tantos medios de comunicación.

Todo parece encaminarse a una guerra comercial dura mientras ambos países refuerzan sus posiciones militares marítimas en un despliegue continuo desde hace una década por China y una lenta pero clara reacción de Estados Unidos.

En ese marco, el conflicto con Corea del Norte está bloqueado tras el publicitado encuentro de Singapur. Y, lo que es peor para Corea del Norte, ya no ocupa el principal protagonismo ni la mayoría de las portadas de los medios de comunicación occidentales que presionaban a Estados Unidos y a los gobiernos democráticos.

Tal vez por eso, Kim Jong-un anunció hace unos días el ensayo de una nueva arma táctica ultramoderna, en lo que parece una vuelta a las amenazas apocalípticas para llamar la atención sobre la falta de avances y las escasas concesiones de Estados Unidos hasta que Corea del Norte dé pasos significativos en el proceso de desnuclearización comprometido en Singapur.

El clima se va enrareciendo sin que parezca dársele importancia en los grandes foros, eternamente confiados en que nada es grave hasta que salta por los aires. Pero todos los grandes conflictos comienzan así.

Mala época en la que los viejos nacionalismos expansivos encuentran enfrente reflejos proteccionistas, de repliegue y de imitación emocional para conquistas o conservar el poder. (Foto: Toby Cresswell, Flickr.com)

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Pompeo visita Pyongyang por cuarta vez. Nieves C. Pérez Rodríguez

El Secretario de Estado, Mike Pompeo ha visitado una vez más Corea del Norte. Viaje que debió ocurrir el pasado mes de septiembre, pero que fue abruptamente cancelado por el presidente Trump, a tan sólo unas horas de que Pompeo hiciera el anuncio. Como buen subordinado, Pompeo aceptó el cambio con resignación y dejando ver que fue postergado hasta que la situación favorezca el encuentro. Pero lo cierto es que esta visita debía ocurrir por dos razones fundamentalmente: una, que el protocolo sugiere que el nuevo representante para Corea del Norte del Departamento de Estado sea presentando oficialmente, y qué mejor que de manos de quién hasta ahora ha encabezado las conversaciones (Pompeo). Y, en segundo lugar, por la importancia que la Administración Trump ha dado a la resolución de este conflicto, así que una vez que se comprobó que la tercera cumbre entre Kim Jong-un y Moon Jae-in fue exitosa, Pompeo reorganizó su visita que duró sólo 6 horas.

La delegación estadounidense aterrizó en Corea del Norte sin tener claro qué va a suceder, ni siquiera si Kim Jon-un recibiría al Secretario de Estado, afirma Kylie A. Twood, la única periodista estadounidense acreditada a acompañar a Pompeo en la visita y con la que 4Asia tuvo oportunidad de comunicarse. Twood sostiene que cuando el avión que traslasa por el mundo al Secretario de Estado tocaba tierra, los funcionarios norcoreanos comenzaron a dar a conocer lo que ocurriría en la visita. Pompeo salió del avión y Kim Yong Chol -ex ministro de seguridad ciber de Corea del Norte- comunicó que ni su traductor ni su escolta podría acompañarlos, mientras que Pompeo con una amable sonrisa intentaba no darle mucha importancia al asunto.

Las caravanas de coches mercedes negros esperaban a pies del avión para movilizar a los visitantes que fueron dirigidos hasta Peakhwawon, la casa de invitados que se suele usar para este tipo de reuniones. Twood la describe como un pequeño paraíso a las afueras de la capital en medio de un bosque idílico que consta de todos los lujos de un hotel de 5 estrellas, como pinturas enormes en marcos dorados, ostentosos muebles y múltiples salones. Mike Pompeo, Steve Beigun (encargado especial para las relaciones con Corea del Norte del Departamento de Estado), y Andy Kim (director del centro de Corea de la CIA) participaron en la reunión con el líder norcoreano, pero al traductor oficial estadounidense le fue negado el acceso. El encuentro, apuntó Twood, duró unas 2 horas, lo que es excepcionalmente largo para lo que Kim acostumbra.

Pero la mayor sorpresa llegó en el último minuto cuando a la delegación estadounidense se le informó de que el dictador norcoreano les acompañaría a comer.

Una vez más, a Pompeo se le indica el lugar exacto en el que debe pararse para esperar a Kim Jong-un, quien volverá a aparecer como una especie de rey por una puerta principal, relata Twood, quién además afirma que pasaron juntos unas tres horas y medias entre la reunión y la comida, en las que los altos funcionarios estadounidenses se dejaban sorprender por los norcoreanos. Pues en territorio norcoreano está claro que son ellos los que controlan y disponen, y así lo ha aceptado la Administración Trump, al menos de momento.

Es evidente que el régimen de Pyongyang quiere normalizar su relación con Estados Unidos y por extensión con el resto del mundo. Necesitan imperiosamente insertarse económicamente a la dinámica global. Y toda esta apertura es muestra de ello.

David Kang (director del Instituto de estudios coreanos de la Universidad del Sur de California) valora como muy positivo los avances que se han conseguido con Corea del Norte. Pone el énfasis en la Cumbre entre los dos líderes coreanos que tuvo lugar hace pocos días, y que prueba lo distendido de las relaciones entre ambos países, y a diferencia del discurso estadounidense el presidente Moon y Kim han dejado las expectativas en el hecho de estar de acuerdo en una desnuclearización, sin precisar cuándo tendrá lugar. Lo que ha resultado en la estabilización de la península coreana.

Victor Cha, uno de los expertos en el conflicto coreanos más respetados en Washington, coincide en que el acercamiento entre ambas Coreas parece real, y que los puntos cruciales de lo que han acordado favorece más a Pyongyang en cuanto a los proyectos económicos que fueron discutidos, que de llegar a ejecutarse se traducirán en prosperidad para Corea del Norte. Pero en cuanto a la desnuclearización no se ha avanzado ni un ápice.

Kim Jong-un quiere una buena relación con Washington que lleve a la Declaración de Paz, como un primer paso, que no es más que un formalismo que sostiene que la guerra ha terminado. Pero la declaración no es un tratado de paz, jurídicamente hablando. Un “tratado de paz” incluye a otros actores internacionales de relevancia como

Japón, Rusia y China y necesitaría en el caso de los Estados Unidos la aprobación del Senado. Pero, además, siguen estando las sanciones, y Corea del Norte ha sido sancionada por proliferación nuclear, con lo cual, la única manera de se dé un levantamiento de sanciones es que se pruebe que están desnuclearizados.

Pyongyang está jugando varias fichas a ver cuál le sale bien, pero es muy poco probable que acepten un proceso de desnuclearización. Pues en el fondo lo que Kim quiere es ser reconocido como potencia nuclear. Pero en este sentido la Administración Trump ha sido muy claro, la única vía es la desnuclearización de la península coreana.

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China y Corea en Nueva York. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Los discursos de los líderes en la Asamblea General de la Naciones Unidas son esperados para poder hacer las previsiones de lo que será la política exterior de las grandes potencias y se siguen con atención los de los dictadores del mundo, que nos dejan ver con sus ataques cuáles serán sus posibles líneas o aliados. Las alianzas entre las naciones democráticas suelen afianzarse, así como las de los países cuyos sistemas opresivos de gobierno se apoyan entre sí creando bloques contra occidente.

Este gran encuentro anual en la ONU se aprovecha también para llevar a cabo reuniones entre líderes, sus ministros de Exteriores, en afianzar acuerdos, presionar a aliados para avanzar alguna negociación. Así lo hizo Mike Pompeo, el secretario de Estado estadounidense, quién se reunió con su homólogo de Corea del Norte, Ri Jong-ho y con quién acordó que viajará a Pyongyang esta semana para avanzar las negociaciones y hacer una presentación formal del nuevo encargado designado por el Departamento de Estado para Corea del Norte. Según el propio Pompeo, seguirán presionando para la desnuclearización de la Península coreana.

La intervención de Trump era esperada, sobre todo después de que el año pasado llamara hombre cohete al tirano norcoreano y amenazara con acabar con él. Esta vez estuvo un poco más comedido, y con una actitud radicalmente opuesta hacia Kim Jon-un, al que se refirió como líder de Corea del Norte, dejó por sentado que después del gran encuentro en Singapur mantiene una relación con él, y que espera poder alcanzar una solución al viejo conflicto.

El presidente Trump, en ésta su segunda oportunidad frente a representantes del mundo afirmó su compromiso de “America First”, que en su interpretación pasa por proteger la soberanía estadounidense sobre la gobernanza global. Así como insistió en que Estados Unidos no le dirá a ninguna nación cómo deben vivir, trabajar o a cuál culto practicar, pero a cambio espera que respeten su soberanía. Remarcó los avances en las relaciones con Corea de Norte, y cómo los misiles y las pruebas nucleares se han parado, algunas de las instalaciones militares han sido desmanteladas, los rehenes estadounidenses han sido devueltos y los restos de los caídos en batalla ahora descansan en su patria.

Reconoció a Kim Jon-un por todos estos gestos mientras le mandaba un mensaje a sus aliados de la importancia de mantener intactas las sanciones hacia Pyongyang hasta que el proceso de desnuclearización finalice.

Y a pesar de su lista de avances, muchos analistas coinciden que Trump está premiando a Kim antes de tiempo, pues el proceso de desnuclearización -que fue lo que se planteó desde el primer momento- no ha tenido lugar, y no hay indicios de que Corea del Norte haya comenzado realmente tal proceso. Sin embargo, se debe reconocer que los pocos o muchos avances han traído a la mesa a un líder totalmente aislado, del que poco se conoce. Las sanciones han cumplido su cometido, pues tienen al régimen de Pyongyang asfixiado por lo que se han visto obligado a sentarse a hablar. Y a día de hoy por lo menos se han agotado las instancias diplomáticas, antes de llegar a un enfrentamiento bélico.

El otro punto clave del discurso del presidente Trump fue el comercio y los intercambios justos y recíprocos. Aquí hizo un ataque directo a China cuando afirmó que ha manipulado su moneda para ganar ventaja sobre los Estados Unidos. Bart Oosterveld (director de negociaciones globales del Atlantic Council) explicaba que las palabras de Trump en este sentido refuerzan el compromiso de esta Administración de interrumpir el curso que han llevado los intercambios comerciales hasta ahora, y la prueba es que han renegociado con Corea del Sur, los miembros, individualmente, de NAFTA y China. Pero a China también la culpó de estar interfiriendo en las próximas elecciones legislativas del 6 de noviembre, a la vez que sostenía que Xi Jinping es su amigo, como quien trata con poco tino de no ser tan directo.  Entre estas contradicciones a las que nos tiene acostumbrado, amenazaba con imponer más aranceles a las importaciones chinas.

El efecto secundario de acorralar a China con tantos aranceles, y peor aún hacer alarde de ello en un foro internacional, podría ser una respuesta no deseada a la situación de Corea del Norte. Hasta ahora Beijing ha mantenido las formas diplomáticas de cara a la galería, y en el último año ha jugado al rol de seudo- apoyo a Estados Unidos con las medidas y sanciones a Corea del Norte. Desde el inicio de las mejoras de las relaciones entre Washington y Pyongyang, Xi ha disminuido la presión y no está cumpliendo con las sanciones, pero desde la discreción. Si esta lucha entre Washington y Beijing se recrudece, la respuesta inmediata de China sería apoyar a Corea del Norte en desacatar las medidas internacionales y mucho de lo que se ha avanzado podría retroceder. Y todo con el florecimiento de China como potencia que ocupará el lugar de Estados Unidos.

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El presidente surcoreano gana protagonismo. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Analizando los hechos de la tercera cumbre entre los líderes coreanos, hay que subrayar que el presidente Moon Jae-in llegó acompañado con una delegación sustanciosa de 110 miembros, entre los que se encontraron la primera dama, 14 miembros del gobierno de alto nivel -la ministra de Exteriores, el titular de Defensa y el de la Unificación- y representantes empresariales surcoreanos, lo que es una indicación de cómo Moon visualiza las relaciones bilaterales.

Unas relaciones que trascienden lo estrictamente diplomático a una potencial cooperación económica que valga señalar entra en conflicto con las sanciones impuestas al régimen de Pyongyang. Pero todos estos esfuerzos parecen justificados en la imperiosa necesidad de que Kim Jon-un acepte desnuclearizarse.

La visita histórica que ha tenido lugar en Pyongyang es la prueba de que nos encontramos en otro momento de las relaciones coreanas.  El dictador que apenas se dejaba ver ha cambiado radicalmente su estrategia, con una aparente apertura que no deja de ser escrupulosamente medida y valorada, a cambio de conseguir más concesiones.

Moon por su parte sigue intensamente centrado en ser el mediador de la paz en la Península, por lo que entiende que su rol es el de servir de punto de equilibrio entre Pyongyang y Washington. De momento lo ha ido consiguiendo al menos en el plano diplomático. Y Trump ha expresado su confianza en él, lo que lo legitima frente a Kim y el mundo.

En palabras del propio presidente surcoreano, “encontrar un punto de coincidencia entre las exigencias de la Administración Trump sobre la desnuclearización y la exigencia de Kim que demanda una declaración de Paz, que a su vez garantice su seguridad y ponga fin a la hostil relación” es de lo que se trata.

Pero la dificultad está en que Pyongyang quiere la declaración de paz antes de llevar a cabo el proceso de desnuclearización. Y es ahí donde los surcoreanos están haciendo juegos malabares para equilibrar el deseo de Kim contra la necesidad de un avance objetiva, en la que ambas acciones se den simultáneamente.

Desde Washington se valora positivamente el encuentro. El departamento de Estado declaró que todo lo que avance la desnuclearización de Corea del Norte es positivo. Mientras, reconocían el trabajo del presidente Moon. El mismo Trump twitteó al respecto que, “Kim Jon-un acordó permitir inspectores nucleares, así como el desmantelamiento definitivo de un sitio de pruebas y lanzamientos de misiles en presencia de expertos internacionales. Y mientras todo eso sucede no habrá cohetes volando ni ensayos”. Expresó su complacencia con los resultados del tercer encuentro entre líderes coreanos, mientras enfatizaba también (en otro tweet) el hecho de que las Coreas acordaron presentarse juntas para ser sede de las Olimpiadas de 2032.

Moon Jae-in también avanzó la idea de un segundo encuentro entre Trump y Kim. Y a pesar de que no ha habido declaraciones expresas sobre ello desde Washington, sabemos que Trump aceptaría a cambio del protagonismo mediático y la posibilidad de que sea él quién se quede con los méritos de la renuncia al programa nuclear norcoreano y la estabilidad en la región.

No hay duda que la lectura hecha desde Estados Unidos es muy positiva, pues el secretario de Estado, por su parte, publicó una felicitación a ambos líderes coreanos por el exitoso encuentro, mientras que informaba de que había extendido una invitación a su homólogo norcoreano -Ri Jong Ho- para un encuentro en New York esta semana, en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas.

A pesar del escepticismo de algunos expertos, quienes citan las ocasiones en las que el abuelo o el padre de Kim no respetaron los acuerdos, reconocen que está vez al menos, los hechos parecen estar tomando una dirección distinta, lo que responde a un cambio de estrategia del régimen de Kim.

La visita de un líder surcoreano a Pyongyang es un gran cambio a priori, sumado a que desfiló junto al supremo líder de Corea del Norte por las calles de Pyongyang. Así como el encuentro entre las primeras damas -otro hecho llamativo- pues el régimen norcoreano no la deja figurar apenas en público, y casi todos los aspectos de su vida son desconocidos, incluido su edad, o número de hijos.

La firma del acuerdo entre Moon y Kim, que consta de la paralización de ejercicios militares a lo largo de la línea de demarcación de las Coreas, la creación de enlaces ferroviarios entre el norte y el sur, junto con el acuerdo de 17 páginas firmado por los titulares de Defensa de ambas naciones y que busca “el cese de todos los actos hostiles entre sí”, son otra prueba de ese cambio de estrategia.

“El mundo verá como esta nación dividida va a generar un nuevo futuro para sí misma” fueron las palabras de Kim Jon-un durante la cumbre y en las que se deposita esperanza, pues está comprobado que la diplomacia es siempre la mejor fórmula.

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STEPS FORWARD

The new appointment between political and military leaders of the two Koreas in the border area of Panmunjom is far from anecdotal. In the midst of the uproar and propaganda actions, the fact that the two countries keep their agenda and move forward on bilateral issues is good news, even though they are closely supervised by China and the United States. And we must keep in mind that this tutelage is never absolute, and that each country has a margin of autonomy that, in turn, conditions the strategies of its backers.

The current bilateral relationship, unthinkable a few months ago, although not without risks and shocks, has probably opened some irreversible processes. In this case, it is South Korea who assumes greater responsibility. It must give answers and explanations to its citizens like any democratic country, it must maintain serenity and firmness with an erratic United States president from whom they shouldn´t distance themselves very much and, at the same time, build better regional alliances.

The agenda is not exactly known, but undoubtedly the denuclearization, the opening of new processes of commercial exchange, the study of the problem of separated families and new gestures to visualize that there is a credible project in progress will be on the table. These bilateral advances are not going to solve the problem, but they can be an anchor for the great process to be consolidated. (Traducción: Isabel Gacho Carmona)

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Washington lo sigue intentando con Pyongyang. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- El último informe del Organismo Internacional para la Energía Atómica, con fecha del pasado 20 de agosto, sostiene que el continuo desarrollo del programa nuclear norcoreano es muy preocupante. Una vez más, Kim Jong-un ha puesto en práctica la táctica de adulterar la realidad. Las esperanzas crecieron significativamente a raíz de ese emblemático momento en Singapur, en el que Trump lo legitimó como jefe de Estado, dejando a un lado -al menos un por un tiempo- las sanciones, los ejercicios militares en la península e incluso parte del aislamiento, al que el mismo régimen norcoreano se somete. Todo como un acto de fe o quizá de ingenuidad en el que parecía se comenzaba a escribir un nuevo capítulo en la historia de las relaciones entre Pyongyang y occidente.

Lo cierto es que lo que cautivó la atención del mundo rápidamente comenzó a dar señales dudosas, y la Administración Trump lo sabe, aunque nunca lo reconocerá abiertamente.

El secretario de Estado, Mike Pompeo, cerró el mes de agosto con el gran anuncio de que Steve Biegun se convertía en el representante especial para Corea del Norte. Una buena noticia considerando que el anterior en esa posición -Joe Yun- fue nombrado por Obama y se retiró de sus funciones el pasado febrero. Seis meses vacante, en plena crisis interna de cambio de secretario, y sin embajador en Seúl, lo que es una muestra de la prioridad que ocupa Corea del Norte para la Casa Blanca.

Las palabras de Pompeo fueron muy claras: “Biegun liderará los esfuerzos de la Administración Trump para presionar a Corea del Norte hacia la desnuclearización de la península”. Mientras, aseguró que le acompañaría en el viaje que estaba previsto a Pyongyang, seguramente para hacer una presentación y entrega formal de la responsabilidad, siguiendo los protocolos coreanos.

No hay duda que este nombramiento es muy positivo, pues Steve Biegun acumula una larga experiencia laboral. Ha pasado los últimos 14 años en el sector privado como vicepresidente de las relaciones internacionales de Ford Motor. Pero, previamente a esto, sirvió en el sector público mucho tiempo. Fue el asesor internacional de Sarah Palin durante la campaña presidencial de John McCain, formó parte del Consejo de Seguridad Nacional durante la presidencia de George W. Bush, e informaba directamente a Condoleezza Rice. Previamente, además, fue asesor de política exterior en el Congreso. Sin duda una trayectoria que tiene mucho valor, considerando a muchos de los otros personajes nombrados por la Administración Trump.

Pero a tan solo horas de haberse hecho público este nombramiento, Trump twitteó que el viaje del secretario de Estado a Corea del Norte quedaba suspendido, en su muy habitual manera de informar a través de su cuenta de Twitter. Un hecho que desautoriza públicamente a Pompeo, por lo que no es de extrañar que en el viaje previo que hizo en julio el secretario de Estado a Pyongyang, no fuera recibido por Kim Jong-un, muy a pesar de que era parte del plan. Sin embargo, se reunió con Kim Yong-chol, exespía e importante figura en el partido norcoreano.

A día de hoy, la Administración Trump no descarta otro encuentro entre Kim y Trump a finales del año, mientras Pyongyang sigue avanzando en sus negociaciones con Seúl; se sabe que habrá un tercer encuentro entre los líderes coreanos cuyo objetivo será discutir las medidas prácticas para la desnuclearización.

Junto a la suspensión del viaje de Pompeo y Biegun, la Casa Blanca informa que Trump tampoco asistirá a la cumbre de la ASEAN que tendrá lugar en Singapur en noviembre, ni a la de la APEP, pero que en su lugar enviará al vicepresidente, Mike Pence. Este es otro ejemplo de lo mal que la Administración gestiona su influencia internacional. Pero es sabido que a Trump no le gusta viajar fuera de los Estados Unidos.

Dejar tantos espacios vacíos le abre el camino a China para ganar más dominio y posicionarse mejor en la región, y a Xi Jinping para asumir el liderazgo que el presidente estadounidense no tiene ningún interés en ejercer, ni tan siquiera entender su importancia.

Por otra parte, los aliados se quedan en una situación de mayor vulnerabilidad ante la agresiva expansión china en Asia, la incertidumbre que plantea Corea del Norte, y la gran desconexión que parece existir entre la Casa Blanca de Trump y la importancia estratégica para Estados Unidos de mantener la hegemonía en el Pacífico.

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INTERREGNUM: Three summits, three questions. Fernando Delage

In less than a week, three different meetings have shown the end of an era in Asia (and in Europe). The G-7 meeting in Canada, the summit between the president of the United States and the North Korean leader in Singapore, and the annual forum of the Shanghai Cooperation Organization (SCO) in Qingdao (China), reveal the accelerated transition towards a new regional and global order.

In Charlevoix, by refusing to sign the joint statement with its G-7 partners, Trump explicitly rejected the basic pillars of the post-war international order. Moreover, he has not hesitated to challenge his partners by imposing new trade tariffs. The question was imposed: can we continue talking about a Western political community?

The contrast with the treatment given by Trump to Kim Jong-un only two days later could not be greater. “We have an extraordinary relationship ahead of us”, American president said about Kim, with whom he hopes to establish formal diplomatic relations soon. His avowed intention to abandon the US military presence in South Korea ended up aggravating the concern of his Asian allies, already surprised by what happened in Canada.

Trump’s words mark the effective end of a war that began just 68 years ago – on June 25, 1950, when North Korea invaded the South – and that has been the determining factor of Asia’s strategic balance. It is important to keep in mind that the Korean War was the decisive turning point in beginning of the Cold War, and -through the famous document NSC68- the start of the implementation of the policy of American containment. The support of Beijing and Moscow to Pyongyang made the conflict a central front against communism. The implosion of the Soviet Union several decades later solved the ideological competition, but the Western structures designed to compete with the rival powers did not disappear: NATO, far from dissolving, expanded, as the West also increased its economic relations with China, facilitating its ascent.

A second question is therefore inevitable: what will happen with the order of the Cold War in Asia when its last vestige -the Korean War- definitely passes into History? When the president of the United States seems to feel more comfortable with the North Korean dictator than with his European allies, can his Asian partners continue believing in the guarantee of security that Washington has offered them since the end of the Second World War?

China and Russia attend with undisguised satisfaction to this rapid disintegration of the liberal order. While the West loses strength as a bloc, Eurasia consolidates as a strategic space. This has been highlighted by the first summit of the SCO in which India and Pakistan have participated as new partners, and to which Iran was invited as the next candidate for accession. The cohesion of the group should not be overestimated, but the contrast is significant, especially when China replaces the United States as the main defender of a multilateral system. Self-absorbed in their unilateralist preferences, Washington does not propose an alternative order to the dismantling of the post-war order, but what about Europe? This is the third question incited by the events of the week: what will the European Union do when the transatlantic relationship loses steam and its interests are directly affected by the geopolitical reconfiguration of Eurasia? (Traducción: Isabel Gacho Carmona)

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INTERREGNUM: Kim vuelve a China. Fernando Delage

La semana pasada, sólo días después de su encuentro con el presidente de Estados Unidos en Singapur, Kim Jong-un realizó una nueva visita a China: la tercera en menos de tres meses. Mientras medio planeta se pregunta por el sustancia de su reunión con Trump, Pekín vuelve a confirmar su influencia en este complejo juego diplomático a varias bandas.

La sombra de China es inevitable por razones históricas e ideológicas, que están detrás de su alianza con Corea del Norte, su único aliado formal. Pero también por su “protección” política y económica de un Estado con el que comparte frontera. Como principal socio económico suyo, de Pekín depende en gran medida el grado exacto de presión a ejercer sobre Pyongyang a través de las sanciones que se acuerden en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Pero más allá de estos factores estructurales, el contexto se ha movido en los últimos días.

Tras oír a Kim en persona, los líderes chinos habrán sacado sus propias conclusiones sobre lo ocurrido en Singapur, y sobre el margen de maniobra que Trump cree tener sobre la cuestión. Al mismo tiempo, la imposición de aranceles por valor de 200.000 millones de dólares a la importación de productos chinos decidida por Estados Unidos esta misma semana se ha traducido en una poderosa arma para Pekín. ¿Tras esta declaración de guerra comercial, de verdad espera Trump que su homólogo chino, Xi Jinping, le ayude en sus objetivos en la península coreana?

El afectuoso trato que ha recibido Kim en su última visita constituye un significativo mensaje para Washington: China es una variable que Trump necesita, pero que escapa a su control. Si la Casa Blanca mantiene su escalada proteccionista, no tardará en perder la cooperación de Pekín. Por su parte, en su “repentino” acercamiento a la República Popular, Kim Jong-un ve reforzada—sin mayores esfuerzos—su posición negociadora. Singapur ha facilitado el pretexto para que se relajen las sanciones impuestas a Corea del Norte, mientras que Pyongyang puede alargar en el tiempo el diálogo sobre desnuclearización.

No son pequeños logros. Aun más cuando, sin obtener nada a cambio, Trump ha decidido suspender las maniobras militares con Corea del Sur previstas para el mes de agosto. Kim amplía de este modo sus opciones estratégicas, a la vez que pone en evidencia las declaraciones del presidente norteamericano de que ha “resuelto” el problema. Al fondo, entre bambalinas, Pekín obtiene el escenario más favorable para sus intereses. (Foto: Alex, Flickr)

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Una duda razonable

Ahora que se remansan las aguas de la aceleración mediática en torno al encuentro entre Kim y Trump y sus resultados (los medios siempre más atentos a los detalles llamativos que a los trascendentes) es tal vez el momento de llegar a algunas conclusiones, tal vez apresuradas, aunque esta semana encontrarán un buen análisis de nuestra colaboradora en Washington, Nieves C. Pérez.

En primer lugar, la cumbre y sus anuncios de acuerdo han creado una dinámica irreversible hacia otro escenario en el que Corea del Norte será ya un actor imprescindible. Incluso si Kim, en uno de sus giros chantajistas, quisiera volver a elevar la tensión por razones coyunturales, tendría menos apoyos que antes.

En segundo lugar, el proceso de desnuclearización en la península coreana solo tiene un ganador a medio y largo plazo, y es China. Pekín no quería el derrumbamiento de Corea del Norte que habría situado tropas de EEUU en su frontera. Con el acuerdo en desarrollo, China ha neutralizado ese riesgo y si el proceso de desnuclearización avanza alegará que ya no hay razones para que haya tropas de EEUU tampoco en Corea del Sur, que ya no correría riesgos. Mientras, China sigue avanzando sus fronteras marítimas manu militari.

Tercero, los aliados de EEUU en la zona, cuya seguridad depende de esta alianza desde la II Guerra Mundial, están en un escenario de incertidumbre en el que ven el fortalecimiento de la presencia china y un debilitamiento de la de EEUU.

Todo va a cambiar y habrá que acostumbrarse a un escenario geopolítico nuevo. Estados Unidos ha sido el baluarte de la libertad en la zona y debe seguir siéndolo. La duda está en si, a pesar de algunos de sus éxitos, es Donald Trump el líder que esta nación necesita. (Foto: Tzvetan Chaliavski, Flickr)

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¿Cuál es la situación post-Cumbre de Singapur? Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Uno de los momentos más surrealistas de la historia contemporánea se vivió en Singapur. Esa imagen en la que el tirano de Corea del Norte se convertía en un líder legitimado internacionalmente de manos de su más temido enemigo. Podría asumirse que se está redefiniendo la diplomacia y reevaluando los protocolos tradicionales que han envuelto la dinámica internacional. O que quizá la irreverencia de Trump ha abierto un camino que se daba por inexistente. Lo cierto es que, producto de ese gran encuentro, surgió la opción de desnuclearización de Corea del Norte junto con la petición de la desnuclearización del resto de la península, que involucra a Corea del Sur, por lo que se plantea la gran pregunta: ¿Qué papel jugará Estados Unidos en la región?

Si desmenuzamos la declaración conjunta de la cumbre, que cabe decir es realmente corta, fundamentalmente se abordan 4 puntos, de los cuales los dos primeros rezan prácticamente lo mismo: un compromiso mutuo de reestablecer relaciones entre ambas naciones en un marco de paz y prosperidad y la sostenibilidad de esa paz en la península de Corea. El tercer punto es un compromiso para la completa desnuclearización de la península coreana. Y en el último se aboga por recuperar los prisioneros de guerra y desaparecidos en combate junto con la repatriación de los mismo. Por lo tanto, el punto crítico de este documento oficial se centra en la total desnuclearización de las dos Coreas que encierra un significado mucho más amplio y complejo, puesto que con ello desaparecería Estados Unidos del Sur y su presencia estratégica mermaría en la zona.

Ahora bien, la idea de desnuclearización de la península de Corea, fue planteado en la Declaración de Panmunjom, el pasado 27 de abril, producto del encuentro entre Kim Jong-un y Moon Jae-in, presidente de Corea del Sur. Esta declaración, mucho más amplia y detallada, comienza exponiendo que se ha emprendido una nueva era de paz para las dos naciones y sus relaciones bilaterales, dejando atrás la guerra y, con miras en la búsqueda de la reconciliación, el acercamiento y prosperidad de las dos Coreas. Para conseguirlo precisan que harán un esfuerzo común por aliviar la aguda tensión militar. Así, tienen previsto que la zona desmilitarizada se transforme en una zona de paz, y ese proceso se supone comenzó el pasado 2 de mayo. Asimismo, expone con muchos detalles los pasos a través de los cuales se conseguirán estos objetivos. Y el más importante de todos, “la desnuclearización total de la península”.

Consecuentemente, si los principales actores del conflicto coreano parten de un acuerdo que, a priori, ambos han firmado y expresado su voluntad de cumplir, es muy probable que el presidente Moon haya transmitido y coordinado con Trump parte de estas maniobras. Se sabe que los ejercicios militares, que se llevan a cabo cada primavera y otoño, entre Estados Unidos y Corea del Sur, fueran pospuestos por acuerdo mutuo. Es conocido que el líder surcoreano ha sido un interlocutor entre Trump y Kim. Así como que el importante avance que han experimentado las negociaciones se debe a la apertura y disposición al diálogo propiciado desde Seúl.

El mejor ejemplo de ello es la invitación que extendió el mismo Moon a Pyongyang a participar en los juegos olímpicos de invierno.

Ante este cambio de escenario, oportunamente el Secretario de Estado, Mike Pompeo, salió de Singapur directo al “Gran salón del pueblo” en Beijing donde fue recibido por Xi Jinping y por su Ministro de Exteriores Wang Yi, a quienes seguramente le dio el parte de lo que había sucedido en la inédita Cumbre tan sólo unas horas antes. Respetando escrupulosamente el orden de importancia, su primera parada la hizo a China. De allí fue a Seúl, donde se llevó a cabo un encuentro trilateral de ministros entre Japón, Corea del Sur y Estados Unidos.  Y cerró la visita con un encuentro privado con Moon.

Mientras que la Administración Trump se cubre las espaldas con su emisario estrella llevando el mensaje personalmente, el Japan times publicaba un artículo al final de la semana pasada en el que decía que Tokio está listo para organizar un encuentro entre Kim Jong-un y el primer ministro japonés Abe, que tendrá lugar en Rusia en septiembre de éste mismo año. Otro ejemplo de la rápido que se han acelerado las cosas en estos últimos días y de la aceptación internacional de Kim Jong-un como un Jefe de Estado más.

No es cuestionable que se han producido cambios estructurales. Los aliados de Washington están asumiendo una actitud mucho más proactiva frente a Pyongyang. Puede deberse a la singular manera que tiene Trump de entender el juego de poder. Sea como sea, el líder estadounidense parece estar muy satisfecho con los resultados (al menos hasta ahora), pues en su propia manera de entender las relaciones internaciones, más como un negocio que estratégicamente, la fuerte presencia estadounidense en Asia Pacífico está costándole mucho dinero a los Estados Unidos, por lo que económicamente es más rentable salirse y dejarle el problema a los afectados directos de la zona. Sin valorar el coste diplomático que esto llevaría consigo, esta ausencia coronaría a China como el gran rey al que todos los países medianos y pequeños en la región se verían obligados a plegarse. Incluso en el peor escenario, hasta el mismo Japón.

Pero podría ser también que Japón, en una necesidad imperante de supervivencia, se alíe con Australia y, a partir de ahí, comiencen un nuevo bloque que trate de hacer cara a China en el Pacífico. (Foto: Jeremy Sneller, Flickr)