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Asia 2019: un pronóstico. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Los comienzos de años son un buen momento para analizar el panorama internacional y evaluar los posibles escenarios que se presentarán. Los analistas hacen sus planteamientos y predicciones mientras que los asesores políticos tratan de sacar el mayor provecho tanto económico como estratégico de las situaciones.

En este sentido el CSIS -Centro para estudios internacionales y estratégico- tuvo su conferencia anual en Washington la semana pasada en la que pronosticaron los escenarios del 2019 para Asia. 4asia tuvo ocasión de participar y seguir los vaticinios hechos por los especialistas en cuanto a la geopolítica en Asia y el Pacífico, al liderazgo regional y hacia donde irán las alianzas políticas y los factores económicos.

Amy Searight, que cuenta con una larga experiencia en asuntos asiáticos y fue subsecretaria de Defensa de EEUU, considera que uno de los grandes riesgos para éste año es que China tome la iniciativa de reclamar territorio taiwanés o filipino y qué rol desempeñaría Estados Unidos ante esta posible situación.

En el caso de Filipinas, Washington debería responder y defender al país con quien ha mantenido relaciones diplomáticas durante tantos años, además de los muy cercanos vínculos militares actuales que comenzaron en la Administración de George Bush. Estados Unidos debería dejarle claro a Beijing no van a tolerar tendencia expansionista en la región. Sin embargo, la situación en Manila con el presidente Duterte es impredecible, y en las últimas semanas ha habido cuestionamientos de su alianza con los estadounidenses.

En cuanto al liderazgo en Asia, se discutió que, a diferencia del año pasado cuyo protagonismo estuvo centrado en Xi Jinping, para el 2019 estará compartido entre Xi y el primer ministro japonés Shinzo Abe. Se remarcó el hecho que Japón se encuentra en un momento privilegiado por el crecimiento económico que ha tenido, y que continuará creciendo. Especialmente si se compara con la economía china, que, por unanimidad entre los expertos, está entrando en un momento de estancamiento económico.

“China ha sufrido un crecimiento espectacular en los últimos diez años, y entre otros factores se debe a que la población ha aumentado exponencialmente su gasto a costa de endeudarse, pero que ese crecimiento es insostenible”, explica Stephanie Segal, economista que trabajó para el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional. Afirma que “si Beijing no cambia su modelo no podrán seguir creciendo”.

En cuanto a la relación de Estados Unidos y China, hubo unanimidad de opinión en los paneles. La presión que la Casa Blanca ha estado ejerciendo sobre Beijing desde que tomó el control Trump está funcionando. La economía de china se ha debilitado y podría debilitarse aún más. Por lo que es muy probable que intenten renegociar los aranceles. Mientras que los intercambios entre Estados Unidos y Japón se presentan como positivos y cómo los más cómodos para la Administración Trump con entrada en vigor en un año y medio aproximadamente.

El debate tecnológico está despertando un gran interés en Washington. “La protección de las nuevas tecnologías centra este debate y tendrá que regularse a través de leyes que deberán que ser aprobadas por el Congreso estadounidense”, afirma Scott Kennedy, quien es considerado una autoridad en políticas chinas, dedicando más de 30 años de estudios a la evolución industrial, económica, política, de negocio y tecnológica.

La seguridad ocupó un lugar privilegiado de la discusión, como era de esperar. Corea del Norte sigue siendo el dolor de cabeza de la región. Se platearon dos posibles escenarios ante un segundo encuentro entre el presidente Trump y Kim Jong-un. El más positivo sería que Pyongyang acuerde abrirse y permitir las inspecciones que den fe que su carrera nuclear está suspendida, lo que es muy poco probable. Y el segundo escenario podría ser que no se llegue a ningún acuerdo real entre los líderes, y por lo que Kim acabe presionando al presidente Moon, y Corea del Sur empiece hacer lobby internacional para el levantamiento de sanciones a Pyongyang, vaticina Sue Mi Terry -una de las expertas más respetadas en el tema coreano.

Mi Terry afirma que hay una creciente tensión entre Seúl y Washington que podría complicarse si Trump sigue presionándoles con doblar el pago del acuerdo bilateral para mantener tropas estadounidenses en territorio surcoreano. A día de hoy, no hay un acuerdo entre las partes, pues Trump insiste en que Seúl pague anualmente el doble de lo que ha venido pagando, o sea 1.6 mil millones de dólares (en vez de los 830 millones de dólares que pagaron hasta el año pasado) y por su parte el gobierno de Moon insiste en que eso no es parte del arreglo preestablecido.

La política proteccionista de Trump está dando resultados positivos para la economía de Estados Unidos, al menos de momento. Habrá que ver si la cumbre con el líder norcoreano da algún fruto real, De no darlo, Victor Cha -la autoridad número uno en este tema- afirma que será visto como un gran fracaso de Trump. Y estos dos elementos, resumen básicamente las principales políticas en las que ha centrado su gobierno. (Foto: Andrea Glasser, Flickr.com)

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United States: Another Step Back.

(Traducción: Isabel Gacho Carmona) Donald Trump’s decision to withdraw troops from Syria and Afghanistan has caused an earthquake in the American political scene. It was due to the opposition from the political and military leadership, the White House presidential advisers, analysts and experts and the resignation of Jim Mattis, a general who had already been set aside by Obama for his opposition to the presidential renounce to take a more active role in Syria. Mattis, who was re-fished by Trump, is reputed to be tough but was building bridges with Europe and the Middle East in the face of the swings of Trump. This is the most serious crisis of the Trump Administration, not only because of the deepening of the loss of confidence within its environment, but also because of the message that the US gives to Russia, Iran and China.

In Syria, Trump’s policy has followed Obama’s, but with more fuss. The US never got significant allies on the ground or had a clear strategic plan. After attempting to overthrow Bashar al-Assad without putting sufficient forces or allies on the ground, US eventually developed tactical plans to control strategic zones with the support of its Kurdish allies to the north and some Arab groups to the south and east. Thus, they left the whole global initiative to the Russians who, with the support of Iran and the al-Assad government, reversed the situation, consolidated the regime and gave widespread support to the presence of Iranian forces and Lebanese allied militia of Tehran, Hizbullah, drawing a new strategic framework in the region. The withdrawal of the troops leaves the few US allies to their fate and gives green light to the victory of Russia and Iran.

The withdrawal of troops also from Afghanistan, after years of vacillation between the war and pressures on the Government of Kabul to negotiate with the “moderate” fraction of the Taliban, is another step in the confusion. In Afghanistan today, the Taliban movement is stronger, Al-Qaeda has reappeared, and the Islamic State has begun to act.

The most important thing here is the message. The protectionism and isolationism of Trump is not only economic, but also military. The US allies in each region begin to doubt and confidence is cracked, which will probably lead them to unilateral measures to strengthen their positions or vary their alliances. Regarding the opponents, Russia and China, Trump is telling them that to the extent they increase their pressure, the risks of their strategic advances decrease, as long as they do not directly attack the United States.

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美国:又退一步了

(Traducción: Isabel Gacho Carmona) 唐纳德特朗普决定从叙利亚和阿富汗撤军,导致美国政治局势发生地震.  这是由于政治和军事领导层的反对,白宫总统顾问,分析家和专家以及吉姆马蒂斯 (Jim Mattis)的辞职. 这是特朗普政府最严重的危机,不仅是因为其环境失去信心,还因为美国给予俄罗斯,伊朗和中国的信息。

在叙利亚,特朗普的政策跟随奥巴马的政策,但更加小题大作. 美国从未没获得重要盟友在当地,或者制定了明确的战略计划。美国试图推翻巴沙尔阿萨德而没有在地面上施加足够的力量或盟友。他们最终制定了战略计划,在库尔德人和阿拉伯人的支持下控制战略地区。因此,他们把整个全球倡议留给了俄罗斯人,他们在伊朗和阿萨德政府的支持下扭转了局势,巩固了政权,并在该地区制定了新的战略框架。 部队的撤离使得少数美国盟友得不到支持,并为俄罗斯和伊朗的胜利开了绿灯。

在战争与喀布尔政府与塔利班“温和”部分谈判的压力之间多年动摇之后,阿富汗也撤出了部队,这是混乱的又一步骤. 在今天的阿富汗,塔利班运动更加强大,基地组织再次出现,伊斯兰国已开始采取行动.

这里最重要的是信息。 特朗普的保护主义和孤立主义不仅是经济的,也是军事的. 每个地区的美国盟友开始怀疑并且信心被打破,这可能会导致他们采取单方面措施来加强其立场或改变联盟。 对于反对派,俄罗斯和中国,特朗普告诉他们,只要他们不直接攻击美国,他们在增加压力的情况下,战略进步的风险就会降低.

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El mito del milagro asiático, revisitado. Miguel Ors Villarejo

Érase una vez una opinión pública que contemplaba con inquietud el progreso extraordinario experimentado por un puñado de economías orientales. Aunque todavía eran sustancialmente más pobres y pequeñas que las occidentales, la rapidez con que habían realizado la transición de sociedad agraria a potencia industrial, su capacidad para encadenar tasas de crecimiento muy superiores a las de las naciones avanzadas y la naturalidad con que desafiaban e incluso superaban la tecnología estadounidense y europea cuestionaban la permanencia de la hegemonía no ya política, sino ideológica de Occidente. Los líderes de aquellos países emergentes no compartían la fe en el mercado libre y los derechos civiles. Afirmaban con aplomo que su sistema era mejor y que los pueblos dispuestos a aceptar gobiernos autoritarios, a limitar sus libertades en aras del bien común y a sacrificar los deseos de consumo cortoplacistas en aras del desarrollo a largo plazo acabarían superando a las cada vez más caóticas sociedades de Occidente. Y una creciente minoría de intelectuales estaba de acuerdo.

En Estados Unidos, la menguante brecha entre Oriente y Occidente terminó convirtiéndose en una prioridad política y los republicanos recuperaron la Casa Blanca bajo la égida de un enérgico presidente que prometió hacer América grande otra vez…

Con apenas unos leves retoques, los dos párrafos anteriores están literalmente fusilados de un clásico del periodismo económico: “El mito del milagro asiático”, el artículo publicado por Paul Krugman en Foreign Affairs en 1994. En aquel momento, el mundo asistía expectante a la irrupción de los llamados dragones (Corea del Sur, Hong Kong, Taiwán y Singapur), pero Krugman no se refería a ellos. “Hablo, por supuesto, de comienzos de los 60”, seguía el tercer párrafo. “El enérgico presidente era el demócrata John Kennedy [yo he puesto republicano, para actualizar la trampa, y he alterado el lema de su campaña, aunque no mucho]. Las proezas tecnológicas que tanto alarmaban a Occidente eran el lanzamiento del Sputnik y la carrera espacial. Y las economías de rápida expansión eran las de la Unión Soviética y sus satélites”.

Aquello acabó en 1989 como todos sabemos, pero Occidente no puede dejar de mirar con aprensión al Este. De allí vinieron los hunos en el siglo V, los magiares en el IX, los selyúcidas en el XI, los otomanos en el XIII… Desde la caída del Muro de Berlín, la naturaleza del recelo ha cambiado: ya no tememos una invasión física, sino un desbancamiento económico. En 1993 Lester Thurow anunció que el individualismo de Estados Unidos sucumbiría a manos de Japón; incluso Ridley Scott rodó Black Rain, una película que se hacía eco de esta paranoia, del mismo modo que La noche de los muertos vivientes había sido una metáfora de la Guerra Fría. Cuando el país del sol naciente se vino abajo como consecuencia de una gran burbuja inmobiliaria, se empezó a hablar del capitalismo confuciano de los dragones. Ahora estamos con China.

“El punto de vista general”, escribe Martin Wolf en el Financial Times, “es que hacia, digamos, 2040 la economía de China será mucho mayor que la de Estados Unidos”. Hay dos poderosos argumentos que avalan esta tesis. Primero, China aún está por detrás de los países más avanzados en términos de productividad y ese proceso de convergencia debería continuar. Segundo, Pekín ha acreditado una gran capacidad para mantener elevados ritmos de crecimiento a lo largo de décadas.

El problema de esta extrapolación es que no está claro cuál va a ser el impulsor de esa expansión. No puede ser la inversión, que alcanzó el año pasado el 44% del PIB, una proporción insosteniblemente alta. En infraestructuras, “su stock per cápita es ya muy superior al de Japón cuando tenía su misma renta”, dice Wolfe. Y las exportaciones también han tocado techo. Lo lógico es que el consumo doméstico tomara el relevo, pero el elevado endeudamiento lo hace improbable.

La única fuente de crecimiento es una mejora de la productividad, es decir, hacer más con los mismos recursos. En “El mito del milagro asiático”, Krugman explica que esa fue la variable que acabó doblegando a la URSS. Los sistemas de planificación central son mucho menos eficientes que los capitalistas por una razón sencilla: en estos últimos, los emprendedores se juegan su dinero y tienen poderosos motivos para ganar competitividad. A los burócratas soviéticos, por el contrario, les traía sin cuidado la calidad: todo lo que fabricaban acababa colocándose, con independencia de lo bien o mal que funcionara. El resultado fue una brecha creciente de productividad y, por ende, de riqueza y bienestar entre las dos potencias.

¿Asistiremos una vez más a este mismo desenlace? Wolf cree que sí. “Hoy en día el crédito sigue asignándose [en China] preferentemente a las empresas públicas y la influencia del Estado en las grandes compañías no deja de incrementarse. Todo esto distorsionará la asignación de recursos y ralentizará la innovación y el progreso”.

La misma predicción sobre los dragones realizó Krugman en 1994. Pocos lo creyeron, pero menos de tres años después el colapso del baht tailandés ponía fin al efímero imperio del capitalismo confuciano.

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INTERREGNUM: Japón se mueve. Fernando Delage

Con ocasión de la reciente cumbre del G20 en Argentina, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, mantuvieron un encuentro que permitió al primero alabar al segundo por sus esfuerzos por reducir el superávit bilateral con Washington y por aumentar la compra de equipamiento militar norteamericano. Sus palabras no tranquilizan, sin embargo, al gobierno japonés, consciente de la rápida transformación de su entorno exterior y de la necesidad de ampliar sus opciones estratégicas.

Trump nunca ha ocultado su rechazo de las prácticas comerciales japonesas, que considera injustas. Tokio teme por ello que, una vez concluida la sustitución de NAFTA por el nuevo USMCA, Japón sea el siguiente objetivo norteamericano. Algunos analistas japoneses minimizan dicho riesgo, al ocupar China la atención preferente de Trump. Otros ven por el contrario una amenaza más inmediata, al disponer Estados Unidos de un mayor margen de presión sobre Japón que sobre la República Popular. Ese sería el caso del mercado de automóviles, por ejemplo. Las negociaciones bilaterales demandadas por el presidente de Estados Unidos comenzarán el año próximo.

Abe mantiene, por otro lado, una firme defensa del libre comercio y el multilateralismo, asuntos que le separan de Trump (y que hicieron inviable una declaración final en Buenos Aires), pero que seguirán ocupando el centro de la agenda en la cumbre del G20 en Osaka, en junio de 2019. Japón se encuentra así ante un inevitable papel de mediación entre Estados Unidos y China para reconstruir un espíritu de cooperación en la economía global.

Pero no son sólo estos asuntos los que separan a Washington y Tokio. Hace un año, Japón temía que la agresiva retórica de Trump condujera a un conflicto militar en la península coreana. La calma a que ha conducido el encuentro de este último con Kim Jong-un en Singapur, el pasado mes de junio, apenas ha servido para tranquilizar a Abe. Pyongyang continúa produciendo armamento nuclear y misiles balísticos, sin que aparentemente preocupe a Estados Unidos. Si ello supone la aceptación implícita por parte de Washington del estatus nuclear de Corea del Norte, ¿apoyaría la administración norteamericana a Japón en el caso de una crisis entre este país y el régimen de Kim Jong-Un?

Por lo demás, Abe también se vio con Vladimir Putin en Buenos Aires. Pese a las tensiones entre Moscú y los miembros de la OTAN por los incidentes con Ucrania en el mar de Azov, las relaciones entre Rusia y Japón parecen haber mejorado de manera significativa. Abe y Putin anunciaron que sus ministros de Asuntos Exteriores—Taro Kono y Sergei Labrov, respectivamente—, negociarán un acuerdo formal de paz—pendiente desde el fin de la segunda guerra mundial—antes de que el primer ministro japonés viaje a Moscú a principios del próximo año. Se han precipitado así los acontecimientos desde que, en septiembre y por sorpresa, Putin propusiera a Abe que los dos países resuelvan de manera definitiva la disputa sobre las islas Kuriles, “sin ninguna condición previa”. Aunque durante la reunión de ambos en la Cumbre de Asia Oriental en Papua Nueva Guinea, en noviembre, no se registró ningún avance concreto, ambos líderes acordaron “acelerar las conversaciones”.

Las diferencias de fondo obligan al escepticismo. Japón no puede aceptar más que la completa soberanía sobre las cuatro islas, y tampoco podría dar su visto bueno a las previsibles exigencias rusas: que las Kuriles no estén protegidas por la alianza Japón-Estados Unidos, y que Tokio suprima las sanciones impuestas a Moscú tras la anexión de Crimea. Rusia necesita con urgencia fomentar el desarrollo económico de sus territorios de Extremo Oriente, para lo que las inversiones japonesas serían decisivas. Un tratado de paz desbloquearía esas oportunidades económicas, mientras que Tokio, por su parte, contaría con más cartas para afrontar la incertidumbre causada por el actual inquilino de la Casa Blanca. Las conversaciones nunca han sido más serias en décadas, pero no será fácil que prosperen.

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Evento. Business opportunities in China for 2019. Isabel Gacho Carmona

Linkes, empresa especializada en formación, asistencia a estudiantes internacionales en China y traducción, organizó el 29 de noviembre una conferencia en Madrid bajo el título “Business opportunities in China for 2019”. Antonio Torres, director general de Linkes, presentó al ponente: Gabor Holch.

El consultor y experto en la materia, que ha vivido más de 15 años en China, comenzó su intervención cuestionando el tratar de hacer negocios en China en sí mismo. “¿Por qué no en Uzbekistán o en Ucrania, por ejemplo?” China no está en las primeras posiciones en el índice del Banco Mundial en este tema y, sin embargo, desde occidente lo vemos como el “go west” americano de hace 150 años.

De hecho, cada vez es más difícil: las visas son cada vez más restrictivas, las regulaciones cada vez lo ponen más complicado, y, además, China tampoco se encuentra entre los destinos más atractivos para los expats. Entonces… ¿Qué hacemos ahí? China no es fácil ni es para todo el mundo. A lo mejor por eso es el lugar idóneo.

Lo primero que hay que hacer al plantarse hacer negocios con China es elegir el objetivo. Ver las posibilidades reales de la industria que nos interesa. Según The Europen Union Chamber of Commerce in China los mejores sectores actualmente son el aeroespacial y el farmacéutico. El sector de las telecomunicaciones, bajo control estatal, no ofrece oportunidades. En segundo lugar, hay que tener en cuenta que la competencia es feroz, hay que cuestionarse como de bueno es uno. Si de verdad puede ofrecer algo en un mercado cargado de profesionales especializados. En tercer lugar, hay que plantearse ¿Valgo para China? China ha conseguido la parte mala de la modernización, pero la parte buena todavía no acaba de llegar del todo. Y, eso, por una parte es muy bueno, ya que necesita hacer negocios internacionales pero por otra dificulta la vida allí. Buen ejemplo de ello es la contaminación.

La contaminación es el primer problema señalado por los expats a la hora de vivir en China. Y, sin embargo, también ofrece posibilidades de negocio. El aire está contaminado pero la vida debe continuar. Ha cambiado el estilo de vida y a eso se le ha sacado partido. La vida se ha movido a los interiores, en este sentido se abren oportunidades: centros comerciales, restaurantes, cines… Pero también en un sentido más casero: purificadores de aire para el hogar, y, algo que ha supuesto un cambio muy significativo, los servicios a domicilio. En China todo se compra a través de aplicaciones. Esto se ha convertido en un modo de vida que vive su máxima expresión cada 11 de noviembre, fiesta de las compras por internet por antonomasia. La contaminación no está solo en el aire, por esto otro cambio que ha traído la contaminación es en la industria alimentaria. La comida también está contaminada, por eso la importación de comida o los invernaderos sellados y con tierra limpia también son negocios en alza. Un mercado que también se está abriendo camino es el de “limpiar tu cuerpo” de los efectos de la contaminación. Remedios que van desde la propia medicina tradicional china a las clásicas vitaminas.

Otro factor crucial a la hora de hacer negocios con china es crear una buena red de contactos. Respirar el ambiente, conocerlo de primera mano. En este sentido cabe destacar el tipo de modelo de empresa chino. Las nuevas empresas no siguen el modelo tradicional. Tras la caída del régimen imperial, y, sobre todo, con la llegada del comunismo, el modelo confuciano no impera. “La sociedad china es como un árbol de navidad con la estrella roja en la cima”. Es un modelo altamente jerarquizado.

Internet en China, por su parte, es un arma de doble filo. China es un país relativamente conectado que, por un lado, ha sido la cuna de milagros económicos como el de Alibaba y, por otro lado, es el país de la censura y la vigilancia. Hay límites a la conectividad y un sinfín de páginas web están censuradas. Esta restricción en el acceso a internet supone un problema para la mayoría de empresarios extranjeros.

El hecho de que sea difícil acceso a cierto tipo de información y productos también abre una ventana de posibilidades. Son comunes, y rentables, las agencias que informan sobre asuntos académicos o inmobiliarios en el extranjero. El llamado daigou (la importación de productos extranjeros en la maleta), aunque ilegal, también juega un papel importante.

En definitiva, China todavía ofrece muchas oportunidades para los inversores extranjeros, pero es crucial entender el país, su situación y sus dimensiones. El ponente cerró el evento con una anécdota sobre unos vinicultores húngaros que tras largas negociaciones cerraron un trato comercial con unos importadores chinos “¿Cómo que queréis 20 millones de botellas? Nosotros solo producimos 20.000.” (Foto: Fabio Francesco Nocito, flickr.com)

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Maniobras en el frente

Donald Trump vuelve a mover ficha para intentar tomar la iniciativa en un proceso de replanteamiento de las claves de la escena geopolítica mundial. Así ha decido dos jugadas que no dejan de tener importancia: por un lado, ha ofrecido a China tres meses de tregua en la preparación de la guerra comercial que él mismo anunció, y, por otro, ha anunciado la eventualidad de un nuevo encuentro con el presidente norcoreano, allá por febrero o marzo, para desbloquear la situación y volver a situar la cuestión coreana en el escenario salido de la cita de Singapur.

En realidad, la reunión del G-20 en Buenos Aires fue más un escenario de cómo evoluciona la política exterior de EEUU, China y Rusia, que un encuentro para tomar medidas en el plano económico. El G-20, como lobby y lugar de toma de decisiones ha perdido peso. Así, fueron más importante los gestos de Trump para evitar la foto con el líder saudí Bin Salman, a quien por otra parte no quiere moverle la silla, la escenificación de su enfado con Putín por los incidentes en Crimea y las maniobras chinas para seguir mejorando su presencia en las economías latinoamericanas.

Pero volviendo a las iniciativas de Trump, todo parece indicar que la Administración de EEUU ha entendido que la hipocresía china sobre el libre mercado le está ganando en el terreno de la propaganda y que, además, tras el choque con China el proteccionismo llevará a un desencuentro con la Unión Europea en el que, paradójicamente puede ganar terreno Rusia. De ahí los tres meses de plazo para estudiar el terreno de batalla y analizar posibles consecuencias y, a la vez, conseguir que China favorezca el encuentro con Kim Jong-un. Veremos qué pasa. (Foto: Michael Spring, flickr.com)

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INTERREGNUM: Asia entre Washington y Pekín. Fernando Delage

Las reuniones multilaterales mantenidas en Asia la semana pasada entre Singapur y Papua Nueva Guinea—ASEAN, ASEAN+3, la Cumbre de Asia Oriental y el foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico—han escenificado una vez más las crecientes tensiones entre Estados Unidos y China. Lejos de contribuir a minimizar sus diferencias, los encuentros han contribuido más bien a extenderlas al conjunto de la región.

La ausencia de Trump no lanza quizá el mensaje más conveniente para los intereses norteamericanos. Tampoco ayuda el mantenimiento de la retórica de confrontación: ha sido el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, quien ha defendido una política comercial unilateralista y el rechazo de todo intento revisionista del orden regional. Pence acusó a China de intentar crear una dependencia económica y financiera de las naciones participantes en sus proyectos de infraestructuras, y de alterar la estabilidad asiática a través de sus acciones en el mar de China Meridional, que calificó como “ilegales y peligrosas”, además de “amenazar la soberanía de muchas naciones y poner en riesgo la prosperidad del mundo”. Utilizando palabras similares a las empleadas en su discurso en el Hudson Institute a principios de octubre, añadió: “China se ha aprovechado de Estados Unidos durante muchos, muchos años y esos días se han acabado”. Washington, concluyó, “no abandonará su política hasta que China cambie su comportamiento”.

Como cabía esperar, los líderes chinos acusaron por su parte a Estados Unidos de promover el proteccionismo comercial y asumir una estrategia unilateralista y de enfrentamiento en defensa de sus intereses más estrechos. En una nada velada descripción realizada durante su intervención en la cumbre de APEC, el presidente Xi Jinping calificó a Estados Unidos como una amenaza a la paz y seguridad regional, mientras presentó a China como un socio indispensable para el desarrollo y la estabilidad de Asia. El primer ministro Li Keqiang insistió entretanto en Singapur en la conveniencia de acelerar la negociación del acuerdo de Asociación Económica Regional Integral (RCEP en sus siglas en inglés), en el que participan numerosos socios y aliados de Estados Unidos, en defensa del libre comercio y de una estructura multilateral basada en reglas.

Estados Unidos y China no sólo ofrecen por tanto esquemas opuestos sobre el futuro del Indo-Pacífico, sino que compiten de manera directa por atraerse a los Estados de la región. China necesita a sus vecinos para evitar una nueva guerra fría, pero sus incentivos económicos no bastan para ganarse la complicidad de unas naciones preocupadas por su expansión marítima y por la deuda que les puede suponer el proyecto de la Ruta de la Seda. Pero justamente cuando China ha pasado a una fase de mayor asertividad, Estados Unidos ha optado por desmantelar los pilares de su primacía en Asia de las últimas décadas: su hostilidad al libre comercio y la desconfianza en las alianzas extienden las dudas sobre el compromiso norteamericano con la región, una impresión que se ha visto acentuada por la decisión del presidente Trump de no acudir a las reuniones multilaterales de este año.

Nadie cree a los dirigentes chinos cuando éstos dicen carecer de ambiciones geopolíticas. Pero a nadie se le oculta tampoco la contradicción entre la retórica norteamericana y la rápida reconfiguración del orden regional sobre el terreno. Cuando Trump y Xi se encuentren en Buenos Aires a finales de mes en la cumbre del G20, su agenda no podrá centrarse tan sólo en cómo evitar una abierta guerra comercial. La orientación estratégica futura de la región está igualmente en juego.

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Cinco consecuencias del asesinato del periodista saudí en Estambul. Nieves C. Pérez Rodríguez

El brutal asesinato del periodista saudí de manos de su propia corona ha sido uno de los grandes escándalos de la historia reciente. La astucia de la víctima de llevar un dispositivo que transmitiera en tiempo real lo sucedido ha obligado al victimario a tener que admitir su culpa, pese a lo atroz del hecho. La Administración Trump titubeó en su postura mientras los hechos se iban clarificando. Pero en vista de lo indeseable y gracias a la información que han ido filtrando los turcos progresivamente, el mismo Gobierno saudí ha tenido que admitirlo bajo una inmensa presión internacional. En este complejo escenario ¿cuáles son las consecuencias a gran escala de este asesinato?

  1. El Departamento de Estado se manifestó imponiendo unas primeras sanciones, que afirman no serán las únicas, y poniendo énfasis en que no van a tolerar ese tipo de acciones despiadadas. De entrada, han sancionado a 21 sujetos a los que se les ha vinculado con el crimen y quienes a su vez son agentes del servicio secreto saudí, funcionarios de la corte e incluso funcionarios del Ministerio de Exteriores saudí. Las sanciones han consistido en revocar visas y prohibirles la entrada a Estados Unidos. De momento el Departamento del Tesoro sigue trabajando en más sanciones que se irán haciendo públicas en la medida en que más datos de los vínculos del Príncipe Mohamed bin Salmán con el suceso se conozcan.

La grabación del suceso llegó a altos niveles de la Administración Trump a finales de la semana pasada, por lo que habrá anuncios de más castigos a la corona saudí.

  1. La normativa de visa del Departamento de Estado contempla expresamente que no podrán ser candidatos a recibir una visa para los Estados Unidos aquellos sujetos quienes en el exterior han cometido, ordenado o asistido en algún acto de tortura o crimen. Esto trasciende a los individuos que ya han sido sancionados y de hecho podría haber repercusiones para el príncipe y a sus directos colaboradores, lo que deja a éste en una situación realmente complicada en el plano internacional en medio de esta tormenta diplomática, pues no podrá asistir a eventos o encuentros internacionales en territorio americano y es muy posible que se acabaran fracturando las buenas relaciones entre ambos, como ya se ha visto ha sucedido con las severas protestas que han tenido lugar en otras capitales destacadas del mundo.
  1. La Monarquía saudí, a pesar de estar sustentada en la aplicación extrema de los principios del Islam y ser una de los regímenes absolutistas más cerrados del mundo, consiguió tener cordiales relaciones con Occidente. Por un lado, su riqueza lo hace un atractivo cliente o socio, así como sus reservas petroleras le han garantizado un lugar privilegiado en el comercio internacional. Solo con Estados Unidos el intercambio comercial asciende a más de 30 mil millones de dólares en exportaciones y exportaciones.

Sin embargo, su mayor socio es China cuyo intercambio bilateral en el 2017 fue de 42 mil millones de dólares, según Natasha Turak (periodista de CNBC). Los saudís han apostado por las relaciones con China desde los años 90, a sabiendas de que sanciones por violación de los derechos humanos podrían llegar en algún momento desde la UE o USA, de acuerdo con Samal Vakil (miembro del think tank Chatham House). Ahora bien, el negocio de las armas es el aspecto clave de las relaciones entre Washington y Riad, pues desde 1950 Arabia Saudita ha comprado armas y y sistemas de defensa a empresas estadounidense por unos 90 mil millones de dólares, y en los últimos años han sido el mayor cliente que han tenido los estadounidenses en este sector. Según Washington Post casi cada 1 de 5 armas producidas se envían a Arabia Saudita, por lo que a Washington no le interesa perder este cliente y menos aún que busquen en Rusia un nuevo proveedor. En medio de la presión que se está ejerciendo exigiendo explicaciones por el crimen, se están llevando a cabo paralelamente conversaciones por debajo de la mesa para mantener la cercanía dentro del marco legal.

  1. El rol del Congreso estadounidense en este asunto será clave, pues tienen que aprobar la venta de armas a otros países. Si la resolución del suceso no llega a esclarecerse satisfactoriamente para el Congreso, éste podría bloquear la venta de armamento a Riad, lo que a su vez generaría un cambio geoestratégico en la región, pues China y Rusia tomarían el rol que hasta ahora ha tenido Washington equilibrando el Medio Oriente.
  1. El príncipe Mohamed bin Salmán será sustituido. Los vínculos del Príncipe con el asesinato son aparentemente imposibles de ocultar, pues los individuos señalados eran miembros de la corte y con una tremenda cercanía al monarca. Es posible que así como la Administración Trump exaltó al Príncipe dándole un trato diferencial, sea la misma Administración Trump la que presione al Rey para que lo desplace, como el precio a pagar para limpiar la imagen de Arabia Saudí ante el mundo.

Jamal Khashoggi fue un férreo crítico del Príncipe Salmán. En cuanto ascendió, Khashoggi se exilió en Estados Unidos, dónde seguía sus críticas desde el Washington Post, medio para el que trabajaba. A pesar de su desaparición física, su propósito parece seguir tan vivo como antes de su muerte, pues toda la prensa internacional lleva semanas hablando de lo atroz del hecho y lo turbio de la Corona y su líder.

El crimen no quedará impune y las primeras consecuencias no se han hecho esperar, pues el mismo Príncipe se ha visto obligado a reconocer e medias el asesinato. (Foto: Beverly Harrison, flickr.com)

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Once upon a time… Juan José Heras

Once upon a time there was a great Chinese leader who decided to carry on his shoulders the titanic task of turning his country into a world power. In order to do this, he asked his fellow citizens full confidence in their decisions, which involved sacrifices such as the acceptance of greater control over the Internet, their travels, their purchases, their businesses and, in general, their own lives. The thing is that he, and only he, knew what was good for them.

His subjects, some more convinced than others, obeyed, since for them it was more important to improve their living conditions rather than to enjoy unfamiliar freedoms and that, according to some, could plunge into chaos a country accustomed to the tutelage of its rulers.

Then, the great leader spoke with the small leaders of the neighbouring countries to explain to them how they should manage some issues that in the past had confronted their peoples. He “convinced” them that it was best for China to take charge of controlling the adjacent seas and the chains of nearby islands, since all that had always belonged to their country. In addition, he promised roads, bridges and power plants to develop their countries and thus be able to buy Chinese products. Finally, he showed them that this distant friend, United States, who had once promised them protection, was no longer trustworthy, and that he would not come to their aid if, for any reason incomprehensible to human reason, they challenged the authority of the emperor.

To “help” the most remote barbarian peoples of the empire, China launched the initiative of the “new silk route” with which it aimed to connect Europe and Asia commercially. He lent a lot of money to these countries in exchange for it to be used to hire the emperor’s companies to build highways, bridges, railroads, power plants and industrial centres. But most of them could not cope with their loans and the empire had to assume its political and economic tutelage to promote development in the continent.

The Europeans, who were much further away from civilization, in the recent past had had the fortune to discover very powerful war magics that allowed them to humiliate the Middle Kingdom for 100 years. The new emperor knew that he still needed to take that magic to be the only recognized interlocutor under heaven. That is why he drew up a plan to attract European sorcerers to China. First he offered them the possibility of using the abundant inexpensive labor of the empire to make their spells cheaper. Later, when the Chinese subjects had money to buy them, the emperor offered the foreign magicians access to their domestic market in exchange for the secret formula of some of them. But the Europeans still kept for them the most avant-garde and powerful magic.

For decades, the astute emperor waited crouched under eternal promises of market liberalization and advances regarding human rights, giving the impression that his empire would develop according to the Western model. Until one day, the fragile systems of democratic government of these barbarian peoples began to crack with independence, unplanned corruption and the vindication of utopian freedoms poisoned by the ignorance that flourishes in wealthy societies. Then, the emperor, taking advantage of the successive economic crises that devastated the old continent, managed to get that cutting-edge magic that until that moment marked the difference between them.

Over time, China was accumulating political influence thanks to its economic capacity and managed to improve the best of the European magics and multiplied its war potential.  This was built over several decades and became its best guarantee against the breach of the old promises, that already only would respect for those countries that demonstrated their condition of good vassals.

Up to here the history of how China recovered in the 21st century its rightful place as the center of the world. And just as at the time it seemed impossible for the US lose its global hegemony, now it is unthinkable that the Asian empire collapses.

However, in all empires, as well as companies, the worst enemies are inside. And who knows if the new generations, who will no longer need to improve their living conditions, will begin to demand freedoms and rights that, taken to the extreme, will revive the phantoms of independence, unplanned corruption and disaffection towards the political classes that, in another time, caused the fall of the old Europe. Of course, in this case, everything will be with “Chinese characteristics”.