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INTERREGNUM: China y su cónclave anual. Fernando Delage

Si la reunión anual de la Asamblea Popular Nacional de la República Popular China es siempre relevante (marca la agenda política de los meses siguientes), el pleno que se inaugura el 4 de marzo tendrá un especial significado. La Asamblea aprobará formalmente el XIV Plan Quinquenal y desvelará de ese modo los planes económicos a largo plazo de los dirigentes chinos. Los mensajes políticos tendrán aún mayor importancia al conmemorarse este año el centenario de la fundación del Partido Comunista, y celebrarse—en el otoño de 2022—su XX Congreso. El legado de Xi Jinping y el futuro del Partido estarán definidos en gran medida por las orientaciones que establezcan los líderes a partir de estos dos acontecimientos. Aunque en contraste con la mayoría de las democracias occidentales el país ha logrado controlar la pandemia y restaurar el crecimiento, aún afronta notables desafíos internos y externos.

Los planes económicos pueden verse complicados por la reacción internacional a las acciones de Pekín en el mar de China Meridional, en la frontera con India, en Hong Kong o en Xinjiang. El cambio de administración en Washington tampoco parece que vaya a suponer de manera automática una mejora en las relaciones bilaterales. En su primera conversación con Biden, Xi hizo hincapié en su voluntad de cooperación, mientras que el presidente norteamericano manifestó su preocupación por “las prácticas económicas de Pekín, la violación de derechos humanos y la presión sobre Taiwán”.

En unas circunstancias en las que China—como suele indicar Xi en sus discursos—afronta “desafíos y oportunidades sin precedente”, el presidente chino ha subrayado la necesidad de crear las condiciones favorables para la conmemoración del centenario del Partido en julio. Entre ellas, se pretende que el nuevo Plan Quinquenal arranque de manera positiva con un objetivo de crecimiento del PIB cercano al ocho por cien en 2021. Se espera asimismo que, al concluir el Plan en 2025, China haya dejado de ser una nación de ingresos medios, y que duplique su renta per cápita hacia 2035.

Las decisiones de la Asamblea permitirán conocer el detalle de cómo piensa Pekín perseguir esos objetivos. Las líneas generales del Plan dadas a conocer el pasado mes de noviembre subrayaron el doble imperativo de impulsar la demanda interna y la innovación, conforme al esquema de “circulación dual”. Por primera vez la tecnología será la gran prioridad de la estrategia quinquenal, al depender de ella la sostenibilidad del crecimiento económico en el futuro. Aunque desde 2018, en el contexto de la guerra comercial con Estados Unidos, el gobierno chino dejó de referirse públicamente al plan “Made in China 2025”, es evidente que la promoción de los sectores de alta tecnología (de la inteligencia artificial y la telefonía de quinta generación a los vehículos eléctricos) no ha desaparecido. Todo lo contrario: la urgencia durante los próximos años consistirá en continuar reduciendo la dependencia del exterior para consolidar la autonomía china y controlar la producción de elementos clave como semiconductores.

Tras declarar hace unas semanas la eliminación de la pobreza absoluta, el presidente chino también ha hecho hincapié en la idea de “prosperidad común”, un propósito que exige la reducción del considerable diferencial de riqueza existente entre unas y otras provincias. No es esta una cuestión sólo económica: es, por el contrario, un asunto político de primer orden, inseparable de la identidad y legitimidad misma del Partido Comunista. Se desconoce, sin embargo, cómo tiene pensado Pekín avanzar en esta última dirección, que puede conducir a un nuevo choque de las autoridades con el sector privado. Lo que no está en duda, en cualquier caso, es la fortaleza de una organización que, camino de sus cien años de vida, ha superado la doble prueba de la pandemia y la crisis económica. (Foto: CGTN)

THE ASIAN DOOR: 7 claves sobre el Acuerdo Integral de Inversión UE-China. Águeda Parra

SIETE AÑOS DE NEGOCIACIONES. Ha sido un largo trayecto hasta completar el Acuerdo Integral de Inversión entre la Unión Europea y China. Las negociaciones han durado siete años hasta llegar a la firma el pasado 30 de diciembre de 2020, a pocos días de finalizar el año y antes de que se acabara la presidencia rotatoria semestral de Alemania en el Consejo de la Unión Europea. Entrará en vigor en 2022.

ACCESO AL MERCADO CHINO, DEMANDA REITERADA INCORPORADA. El acuerdo recoge varios aspectos que han sido una demanda constante entre las empresas europeas que operan en el país. Entre los más destacados, el acuerdo recoge un mayor acceso al mercado chino y la eliminación o reducción del requisito de tener que crear una empresa conjunta con un partner local para operar en el país. Asimismo, el acuerdo también contempla que las empresas europeas recibirán el mismo trato que las chinas, además de avanzar en una mayor transparencia regulatoria. A todo ello, hay que sumar un tema que ha sido central en las negociaciones: se elimina la transferencia de tecnología en determinados sectores.

RECIPROCIDAD: CABALLO DE BATALLA ENTER LA UE-CHINA. Uno de los principales reclamos de la UE a China ha sido el importante desequilibrio existente en el nivel de apertura entre el mercado chino y el europeo, sobre todo cuando Europa es uno de los mercados más abiertos a la inversión, de aquí que la desproporción fuera evidente.

La falta de reciprocidad siempre ha sido el caballo de batalla entre la UE y China ya que China ha mantenido viva una lista de sectores económicos restringidos a la inversión extranjera que se han ido reduciendo con el tiempo. Ahora, con este acuerdo, se avanza en mejorar la tantas veces reclamada reciprocidad.

MANUFACTURA Y SECTOR SERVICIOS, LAS GRANDES ESTRELLAS. El sector manufacturero es uno de los grandes baluartes de China, y de hecho más de la mitad de la inversión de la UE se realiza en este sector. El gran avance que se produce con este acuerdo es que, por primera vez, China dará acceso a este mercado a un socio. En este sector está incluida la industria automotriz, tanto de automóviles tradicionales como los de nuevas energías, además de la producción de equipos de transporte y sanitarios, entre los más destacados.

El sector servicios también forma parte del acuerdo. En este ámbito se incluye el floreciente ámbito de los servicios financieros, las renovables, una mayor apertura en los servicios en la nube, la sanidad privada y el transporte aéreo, entre otros.

ACUERDO DE LIBRE COMERCIO. De entre los acuerdos que China tiene con otros países, el Acuerdo Integral de Inversión con la UE, conocido en inglés como Comprehensive Agreement on Investment (CIA), es el más ambicioso que ha firmado el gigante asiático con otro socio y resulta de gran importancia económica para la UE. El objetivo principal es reequilibrar la relación comercial y de inversiones existente, pero también se podría considerar como la antesala de un futuro acuerdo de libre comercio entre ambos mercados.

INFLUENCIA Y ASERTIVIDAD EN ASIA. Uno de los aspectos más importantes del acuerdo es que se elimina el requisito de necesitar crear una joint-venture, un gran avance para la inversión europea que lleva años operando en China. Contar con un acuerdo como el recientemente firmado, supone para la Unión Europea dar un salto cuantitativo y cualitativo en las relaciones bilaterales con China, un paso más en consolidar su influencia en la región y su asertividad en Asia.

GOLPE DE EFECTO. A nivel geopolítico, el acuerdo de inversión entre la UE y China, así como el anteriormente firmado por China con otros 14 países de la región de Asia-Pacífico con el que se ha creado el mayor acuerdo de libre comercio del mundo, conocido en inglés como RCEP, ofrecen a China un entorno de estabilidad y un escenario muy propicio para recuperase de la pandemia. El golpe de efecto se produce por el avance realizado por China sin necesidad de esperar a ver cuáles serán las medidas que tome la nueva administración Biden después del deterioro que han sufrido las relaciones con Estados Unidos tras más de 2 años de guerra comercial.

THE ASIAN DOOR: Asia se reivindica como polo estratégico. Águeda Parra


Unos años antes de que se acabara la última década comenzó a extenderse una nueva narrativa sobre Asia. La fortaleza de sus economías hacía vislumbrar un movimiento por el que se trasladaría cada vez con mayor inercia el epicentro del desarrollo económico de Occidente a Oriente, modelando el futuro de Asia como el impulsor del desarrollo global y haciendo del siglo XXI el siglo de Asia. Apenas acaba de empezar la nueva década y el escenario que se plantea deja todas las opciones abiertas.

La consolidación de las economías asiáticas como actores relevantes en las cadenas de valor globales y en los flujos de innovación ha generado un crecimiento de la región que excede su propio entorno hasta convertirlo en un polo estratégico en el desarrollo económico mundial. Los retos del futuro de Asia están estrechamente ligados con el hecho de convertirse en elementos dinamizadores del crecimiento mundial, con amplio protagonismo en la generación de equilibrios geopolíticos donde la geopolítica de la tecnología tendrá un valor diferencial.

Asia como polo estratégico supondría una vuelta a los orígenes, ya que no sería la primera vez que la región lleva las riendas de la economía mundial. El historiador Angus Maddison, especialista en historia macroeconómica cuantitativa, llegó a estimar que Asia representó durante 18 de los últimos 20 siglos más de la mitad de la producción económica mundial. Concentrando más del 60% de la población mundial, que ha generado rápidos ritmos de urbanización, la región ha consolidado una creciente clase media cualificada que demanda un entorno tecnológicamente avanzado. El resultado de este crecimiento ha generado que la región haya protagonizado el paso del estatus de ingresos bajos a medios en una misma generación, y más de 3.000 millones de personas en Asia podrían disfrutar de estándares de vida similares a los de Europa en 2050, según el Banco Asiático de Desarrollo. Aviso a navegantes.

Las diferentes particularidades de las economías asiáticas generan perspectivas de crecimiento desiguales, que se verán acrecentadas con la evolución de la crisis sanitaria. China, como motor de crecimiento económico y de desarrollo tecnológico de la región, lidera los crecimientos previstos para el presente año, al que se suman otras economías como Corea del Sur, Japón, Taiwán y Vietnam cuyas positivas estimaciones de crecimiento hacen pronosticar a los expertos el buen rendimiento de la región.

La reciente firma de la Asociación Económica Integral Regional (conocida en inglés como RCEP, Regional Comprehensive Economic Partnership) ha otorgado a la región la categoría de bloque comercial cohesionado en magnitud simular a los flujos que se generan en Europa y Norteamérica. Un escenario que resulta atractivo para atraer un volumen de inversión mayor que en otras regiones y que favorece las previsiones que ya existían antes de la aparición de la pandemia de que Asia generará más del 50% del PIB mundial y cerca del 40% del consumo global en 2040, según McKinsey.

La revolución tecnológica corre a favor de la región. Japón fue el primero en posicionarse como potencia industrial, a la que siguieron los cuatro dragones asiáticos (Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Singapur), protagonistas del crecimiento económico y la industrialización de la región a principios de siglo, sumándose China como máximo exponente del creciente protagonismo de la región en materia comercial y económica, pero también geopolítica y tecnológica.

La red 5G es ubicua en Corea del Sur desde hace más de un año y se acelera su despliegue en China, que lidera la revolución tecnológica con la apuesta de entornos blockchain aplicados a las FinTech, el livestreaming como dinamizador del e-commerce, la inteligencia artificial y el machine learning aplicado a la robótica, y la apuesta por la revolución verde en la creación de una nueva generación de coches eléctricos que pretenden situar al gigante asiático como hub de la producción y la distribución en Asia como uno de sus mercados preferentes. Transcurrida ya una quinta parte del siglo, el dinamismo de Asia marcará su propio futuro.

Primeros roces Biden-UE

La UE está a punto de cerrar el gran acuerdo sobre inversiones con China acordado en la cumbre europea de abril. Se trata de un proyecto de convenio que pretende establecer un protocolo de garantías jurídicas a cada parte en el territorio de la otra parte, Alemania es el principal gran impulsor de este acuerdo y quiere cerrar con él la presidencia alemana de la UE antes del 1 de enero, aunque probablemente es imposible a estas alturas. Se aprobará pero probablemente no antes del 1 de enero.

Pero este proyecto ha provocado los primeros roces entre el equipo del presidente electo de Estados Unidos, Joseph Biden, y Bruselas. Y no se trata tanto del contenido del acuerdo, que en todo caso se analizará cuando esté aprobado, dicen desde EEUU, sino de que la aceleración de las negociaciones no ha sido ni comunicada ni coordinada con EEUU, ni siquiera con el equio de Biden.  Trump ya no es una coartada.

Las tensas relaciones entre Whashington y Bruselas de los últimos cuatro años no han estado motivadas solamente por el proteccionismo y la unilateralidad de Trump sino también por el crecimiento de los prejuicios anti EEUU de Europa y que, bajo la coartada de ganar autonomía política sin asumir más protagonismo ni en Defensa ni en una política exterior sólida, han debilitado la posición occidental en varios frentes y cedido espacio político a Moscú y a Pekín.

Detrás de la política exterior de un país o una alianza están siempre, obviamente, intereses nacionales esenciales y permanentes, y Estados Unidos tiene los suyos, independientemente de quién sea el presidente, que no puede cambiarlos sino gestionarlos a su manera. Los países de la UE tienen los suyos, claro y además de coordinarse entre sí, como el mundo es complejo, no puede jugar a la equidistancia entre EEUU y las otras potencias porque la Europa actual comparte muchos más intereses con EEUU país a cuya fuerza militar debe su existencia y la solidez de sus instituciones. Mejorar y fortalecer las relaciones trasatlánticas pasa por analizar y sopesar sus intereses y abandonar el discurso infantil de las caricaturas de Trump para avalar inacciones y una falta de energía notable para asumir retos y riesgos.

THE ASIAN DOOR: Aprovechar el fenómeno China en 2021. Águeda Parra Pérez

China da paso al 2021 habiendo superado retos importantes, todos ellos hitos marcados en la estrategia fijada por el gobierno chino de alcanzar la construcción de una “sociedad modestamente acomodada” como parte del “sueño chino”. Asimismo, 2021 también representa una de las fechas clave señaladas en el calendario de eventos del gigante asiático al conmemorarse el centenario del Partido Comunista Chino. Supone el momento en el que el país busca mostrar los avances realizados en este tiempo y, lo más importante, dar visibilidad al buen posicionamiento de China para alcanzar los retos futuros antes de que se cumpla la siguiente gran fecha marcada en el calendario, el centenario de la proclamación de la República Popular China en 2049.

El año 2020 se despide con la consecución del logro de haber duplicado el PIB per cápita respecto al valor de 2010, alcanzando los 10.582,10 dólares, según la última estimación de diciembre emitida por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Con este dato, China pasa a la parte alta de la clasificación de economías con ingresos medios, según los parámetros establecidos por el Banco Mundial, lo que supone disponer de un nivel de renta que el propio FMI proyecta hasta los 16.242,17 dólares para finales de 2025. Esto supone para China superar a la economía de Malasia y situarse en niveles similares a Omán, generando un impulso creciente de la clase media como resultado de este crecimiento económico.

Precisamente es este fenómeno de consolidación de una creciente clase media, junto con la política establecida por el gigante asiático de fomentar la circulación dual como estrategia de crecimiento para 2021, lo que genera una nueva ventana de oportunidad para los negocios en China. De hecho, el banco de inversión Goldman Sachs va más allá identificando este momento como una “oportunidad única en una generación” para los inversores.

Aunque las previsiones apuntaban a que 2020 sería el año en el que el mercado minorista de China superaría al de Estados Unidos, la reducción del consumo doméstico experimentado durante todo el año como consecuencia de la pandemia ha supuesto que, contra todo pronóstico, el mercado minorista norteamericano siga siendo el más lucrativo del mundo, según eMarketer. Sin embargo, los distintos ritmos de crecimiento de ambas economías muestran una senda de recuperación del gasto doméstico en China muy atractiva para aquellos que tienen intereses en el país. De ahí, la nueva oportunidad que se presenta.

China duplica con un 8% de crecimiento del PIB la estimación para Estados Unidos anunciada recientemente por la Reserva Federal. Un escenario propicio para desplegar las medidas contempladas en el 14º Plan Quinquenal (2021-2025) que están en línea con fomentar e impulsar un mayor consumo entre la población que se convierta en uno de los ejes estratégicos y motor de crecimiento de la economía china para el próximo lustro. Un marco de desarrollo favorable para que inversores y empresarios contemplen reforzar su estrategia con China. Qué duda cabe que, de no disponer de huella en el gigante asiático, ésta sería la ocasión a no perder de vista.

En esta nueva etapa de desarrollo económico de China, el gigante asiático ha planteado varios sectores prioritarios de crecimiento. Apostar por las renovables y por convertirse en hub de los coches eléctricos como parte clave del compromiso de China por llegar en 2030 al pico máximo de emisiones de gases contaminantes son algunas de las áreas que mayor atractivo van a tener en los próximos años, a las que también se suma la de ampliar su cobertura nacional de red ferroviaria. Por otra parte, el e-commerce se consolida como la herramienta que mayor y más fácil acceso genera al mercado de consumo, una alternativa cada vez más viable para casi cualquier tipo de sector. (Foto: Flickr, Marco Verch)

La fruta del monje. Nieves C. Pérez Rodríguez

La fruta del monje, o siraitia grosvenorii por su nombre científico, es una fruta del sureste asiático que se ha venido cultivando hace más de ocho siglos en las regiones montañosas del sur de China y el norte de Tailandia.

Se cree que el nombre se le dio porque fueron monjes budistas quienes la cultivaron en sus orígenes. El dulzor del extracto de dicha fruta es 250 veces mayor que el del azúcar tradicional según la Federación de Alimentos y Drogas de los Estados Unidos (FDA).

Este pequeño fruto redondo lleva siglos usándose en la medicina china tradicional y también se llamada “Luo han guo” o la fruta de Buda. En esta medicina se ha usado para afecciones respiratorias, de la faringe, asma, bronquitis, tos seca, molestia de garganta, entre otros.

Para obtener el azúcar de esta fruta se retira la piel y las semillas, y se exprime la pulpa del que sale un jugo que se seca y de ahí se extrae el polvo concentrado, que es el producto final.

Una particularidad única de esta fruta es que, a diferencia de la mayoría de las frutas, los azúcares naturales no son responsables de su dulzura. Su intenso dulzor se obtiene de unos antioxidantes únicos presentes en ella llamados mogrósidos.

Durante el proceso de extracción del edulcorante, los mogrósidos se separan del jugo recién exprimido por lo que el edulcorante de esta fruta no contiene fructosa ni glucosa, razón por la cual el organismo lo metaboliza de manera diferentes al azúcar tradicional.

Otra curiosidad de esta sustancia es que no contiene calorías. Y que los antioxidantes mogrósidos también tienen propiedades antinflamatorias por lo que su uso podría tener beneficios para la salud. La fruta del monje es familia del pepino, la sandía, el calabacín, el melón y de la calabaza.

Uno de los grandes beneficios de este sucedáneo del azúcar podría ser para la población diabética, puesto que no contiene calorías ni carbohidratos. Y la explicación podría estar en que los mogrósidos tienen una habilidad de estimular la producción de insulina en las células insulínicas.

El extracto de la fruta del monje también tiene otra ventaja y es que puede ser sometido a altas temperaturas en la preparación de alimentos y mantiene sus propiedades inalterables.

Una de las razones por la que su demanda ha aumentado considerablemente en los últimos años es que es un derivado de una planta, por lo que es un producto potencialmente atractivo para vegetarianos o veganos.

Esta fruta ha sido usada durante siglos en el sur de Asia, pero en occidente lleva relativamente poco tiempo. En los Estados Unidos, fue aprobada en el 2010, y también ha sido autorizado su consumo en Canadá, Australia, Nueva Zelanda y en muchos países de América Latina.

Este sucedáneo del azúcar está teniendo mucha aceptación en países occidentales por su inexistente contenido calórico, pero también por su metabolización en el organismo. Un alimento que para muchos puede ser considerado superalimento por sus propiedades y que en China ha sido usado durante siglos, en occidente ha hecho su debut consiguiendo una gran aceptación entre la población más exigente.   (Foto: Flickr, Marko Knuutila)

INTERREGNUM: Estados Unidos out, Asia in. Fernando Delage

Ni la reelección ni la derrota de Donald Trump—aún se desconocían los resultados al escribir estas líneas—determinarán el futuro de la presencia de Estados Unidos en Asia. La política de Washington hacia la región dependerá de factores que van más allá de las elecciones de noviembre. No pocos de ellos están relacionados con China y el desafío que ésta representa para los intereses de los norteamericanos y de sus aliados. Pero no menos importantes son los relacionados con las reformas internas que necesita Estados Unidos, y que serán la clave de su capacidad de adaptación a un mundo en el que ya no será la única potencia dominante.

Cualquier nueva administración afrontará un completo catálogo de demandas en Asia: restaurar alianzas, evitar la escalada de múltiples conflictos, dar forma a una relación equilibrada con China, participar activamente en la integración económica y en los procesos multilaterales de la región, etc. La respuesta no vendrá de un ilusorio regreso a la era pre-Trump. Las naciones asiáticas son hoy más fuertes, más nacionalistas, más interdependientes entre sí, y más celosas de sus intereses estratégicos. Todas perciben el cambio histórico en la redistribución de poder a su favor.

A lo largo de la última década, la política asiática de Estados Unidos ha recibido distintos nombres—del “pivot” al “Indo-Pacífico Libre y Abierto”—pero siempre ha reconocido la importancia decisiva de la región para su economía, su seguridad y la de sus socios, así como para la promoción de los principios y valores democráticos. Sin embargo, el margen de maniobra con que contaba para defender sus intereses se ha reducido. La modernización militar china y la estrategia marítima de Pekín desafían la primacía norteamericana de los últimos 70 años y ponen a prueba la credibilidad de los compromisos de seguridad de sus alianzas. Entretanto, el extraordinario crecimiento de China durante las dos últimas décadas ha hecho de la República Popular la primera fuerza económica de la región. Mientras Pekín consolida su ascenso y se convierte en el primer socio comercial de todos sus vecinos, Estados Unidos abandona el TPP y adopta sanciones contra sus amigos y aliados, es decir, contra quien justamente necesita para presionar a China. ¿Es así como piensa competir con su principal rival?

Estados Unidos se encuentra en un momento crítico en su relación con el continente. El orden de postguerra se ha visto superado por los acontecimientos y no sirve de referencia para afrontar los desafíos de nuestro tiempo. La polarización y disfunción de la vida política norteamericana—que antecede a Trump y le sucederá aunque él la haya agravado—ha sido una de las causas del deterioro de ese orden. Al mismo tiempo, la estrategia de dominio en todos los campos—el militar en particular—está desfasada y no cuenta con el apoyo de la opinion pública. Washington necesita una alternativa viable a las iniciativas que Pekín ofrece a la región. Pero articularla requiere primero de sus líderes un cambio de mentalidad, recuperar su autoridad moral, atender sus problemas internos y atenuar esas corrientes populistas que amenazan la sostenibilidad de la democracia.

China, cada día menos democrática. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- 4Asia asistió a la presentación del informe anual de China que prepara la comisión executiva del Congreso de los Estados Unidos. Dicha comisión se creó en el momento en que China estaba preparándose para entrar en la Organización Mundial de Comercio en el año 2000. Y su objetivo principal es monitorear los derechos humanos y el desarrollo de su aplicación en China. 

Hoy en día, la comisión es bipartidista y está compuesta por ocho miembros de la cámara de representantes y nueve senadores, que se han dedicado extensamente de mano de organizaciones y muchos investigadores a hacer el compendio de datos que reflejan la preocupante situación de los derechos humanos en China.

Entre los puntos clave que menciona el informe y que los miembros del congreso remarcaron en su intervención se encuentran:

La libertad de expresión. El gobierno chino y el partido comunista chino continúan restringiendo la libertad de expresión y la libertad de prensa. La situación para los periodistas en China continúa deteriorándose. Así mismo Beijing insiste en el hecho de que mantener internet restringido obedece a razones de seguridad nacional. Se han comprobado numerosos casos de persecución de individuos que han criticado a oficiales del gobierno.

Derechos de los trabajadores. Las prácticas y leyes chinas contradicen los derechos internacionales de los trabajadores y les impiden crear sus propias asociaciones o sindicatos, pues todas las organizaciones están bajo la autoridad del partido comunista chino. Tan sólo el año pasado fueron detenidos por las autoridades chinas más de 50 trabajadores y defensores de estos derechos.

Libertad de religión. Paradójicamente tanto la ley internacional (Pacto Internacional de Derechos civiles y políticos) que ha firmado Beijing, así como las leyes chinas garantizan la libertad de culto. En efecto, la constitución china lo contempla en su artículo 36. Sin embargo, los oficiales chinos continúan haciendo énfasis en la necesidad de continuar la campaña de sinologización de China. Y lo justifican en que se previenen riesgos de seguridad nacional.

Este es uno de los tópicos más sensibles. En China unos 244 millones practican budismo y taoísmo. Alrededor de 10.5 millones de chinos son católicos. Mientras que los protestantes están estimados entre 60 y 80 millones, grupos que ha sido perseguidos con especial énfasis en el último año. En cuanto a los musulmanes se estiman que son unos 20 millones entre los que se encuentran los hui, a quienes se les daba un poco de libertad para practicar el islam.  Sin embargo, a finales del 2018 el gobierno de la Región Autónoma de Ningxia -región de los huis- firmó un acuerdo de cooperación antiterrorista con el gobierno de Xinjiang. Y justo después se ha observado la intensificación de controles de inspección, manejo de medidas religiosas de manos de las autoridades, y curiosidades como el izado de banderas chinas en mezquitas por citar un ejemplo.

Los uigures son una de las minorías musulmanas a las que todos los miembros de la comisión reconocieron como uno de los grupos más perseguidos de la historia reciente. Es más, Christopher Smith -representante de New Jersey- dijo que es lo más parecido a lo ocurrido en el holocausto, por el tipo de vejaciones y los centros de reeducación.

El Tíbet es una región a la que se le dedica un capítulo sólo por la complejidad y la persecución a la que su población ha sido sometida. La aparición de sistemas de monitoreo social es cada día mayor. Existe una restricción para viajar tanto de los domésticos como de extranjeros que quieran visitar la Región Autónoma del Tíbet. Así como el hecho que no ha habido conversaciones oficiales entre el Dalai Lama y las autoridades chinas desde enero del 2010, mientras que el gobierno tibetano en el exilio sigue pidiendo una vía pacífica para la resolución del conflicto.

4Asia planteó ¿cuáles son las medidas que el Congreso estadounidense está tomando para generar una mayor presión internacional y ganar más aliados para presionar a China a respetar estos derechos fundamentales? Y el presidente de la comisión, el representante de Massachusetts James McGovern, respondió que “estos informes son el primer paso, hacer pública la información”. Y el senador por Florida Marco Rubio también intervino y contestó que “el hecho que el Congreso tenga una comisión bipartidista que investigue y publique lo que sucede es la base para pedir a nuestros aliados que sigan nuestro ejemplo. Pero también tenemos conversaciones permanentes con europeos y otros aliados, intercambiamos información y hacemos visitas oficiales de miembros del congreso a estos países”.

Como afirmábamos al principio, este monitoreo se ha venido haciendo en los últimos veinte años, y este último informe asegura que se ha visto como los derechos humanos en china empeoraron en el 2019.

Desde que Xi Jinping se convirtió en presidente de China en el 2013 se ha visto como el espacio de los derechos humanos no ha hecho más que reducirse. En efecto, este último informe  demuestra que, cuantos más años pasa Xi en el poder, más empeora la situación, y uno de los principales objetivos del gobierno chino han sido los periodistas, por ser quienes informan de dichas arbitrariedades como el uso excesivo de las fuerzas de seguridad y el incremento exponencial de los sistemas de vigilancia y control social. Así como las restricciones religiosas, impidiendo las prácticas públicas, y la persecución de las minorías.

Entrevista con Ilshad Hassan / 1 Uigures, una historia propia sin China

Los uigures tienen una historia propia, cultural y política y un proyecto de Estado frutrado hasta ahora al margen de China. Para ahondar en la compleja situación histórica de los uigures, 4Asia conversó con Ilshad Hassan, portavoz de la organización de derechos humanos de Uigures (UHRP o Uyghur Human Rights Project) en Washington, ciudad en la que se exilió debido a la persecución de la que fue objeto a principios de este siglo en China.

Su caso es curioso, porque sus padres le pusieron desde niño a estudiar chino, y su primera lengua, tal y como el mismo reconoce, es esa. El hecho de que hablara mandarín le permitió acceso a mejores trabajos e incluso a una mejor educación. Pero, paradójicamente, el estudiar y trabajar siempre con la etnia mayoritaria china -los han-, no fue fácil para Hassan, pues siempre, insiste, fue objeto de discriminación por pertenecer a una minoría, por ser físicamente diferente y por ser musulmán. Le incomodaban invitándole a comer cerdo -la carne mayoritariamente consumida en China- pero que los musulmanes no comen. Además de que le tuvieron siempre bajo vigilancia por el hecho de ser uigur.

En esta primera entrega de la haremos un repaso a la historia de los uigures y la geopolítica del Turkestán del Este, como ellos denominan a la región autónoma de Xinjiang, de acuerdo al nombre oficial chino. Le preguntamos en que basan los uigures sus diferencias con China y cuales son las razones históricas que explican que ese territorio no es parte de China.

“Turkestán del Este ha sido una nación separada de la China y la historia así lo prueba. Debemos remontarnos a los orígenes de China y a la dinastía Manchú -también llamada Qing- que conquistó China en 1644 que mantuvieron control hasta 1912. Los manchúes son un pueblo de la etnia Tangú, establecidos en Manchuria (actualmente son las provincias chinas Liaoning, Jilin y Heilongjiang ubicadas en el extremo noreste de China).  Alrededor de 1765 los manchúes invadieron el reino mongol, y perpetuaron un terrible genocidio del pueblo mongol. Sin embargo, en ese momento no lo hicieron con el entonces reino uigur”.

“De acuerdo con las antiguas escrituras chinas, el Turkestán del Este no era parte de China. Nunca lo fue. Una prueba de ello es que la muralla china está fuera de la circunscripción de Xinjiang así como de la región de Manchuria”.

En efecto, el geógrafo e historiador chino Ge Jianxiong, profesor y ex director de la Universidad de Fudan en Shanghai, y actualmente miembro activo del CPPCC o Comité para la consulta política del pueblo chino -un alto rango político en China-, sostiene en su libro “Unidad y fragmentación” que los territorios chinos de hoy día tienen menos de 100 años de haberse integrado. Lo que prueba que no es desde la antigüedad, tal y como el gobierno chino afirma.

“En 1876 el Imperio Manchú invadió el reino uigur y después de una dura batalla de 8 años los manchúes anexaron el territorio uigur y lo renombraron Xianjiang, que significa literalmente nuevo territorio”.

Los nacionalistas chinos derrocaron el Imperio Manchú en 1911, y desde entonces los chinos han tenido control de esta región. Pero los uigures lucharon a lo largo del siglo XX por retomar su autonomía.

“El 12 de noviembre de 1933 los uigures, kazakos, kirguís, uzbekos, mongoles, xibes y los huis declararon la “Primera republica islámica del Turquestán del Este” con apoyo de Rusia e India. Aunque sólo duro 6 meses”.

En 1944, el 12 de noviembre -simbólicamente- hubo otro intento de independencia como respuesta a la fuerte represión del momento. Y en esa ocasión se declaró la República del Turkestán del Este.  En ambas ocasiones se proclamó en la ciudad de Kasgar sede principal del antiguo imperio uigur.

“China tenía al gobernador Sheng Shicai en la región, pero a pesar de sus vínculos con el gobierno chino, mantuvo aislada la región y no permitió mucha injerencia del gobierno central. Era cercano a Stalin, lo que propició que entre la Unión Soviética y Turkestán del Este hubieran fluidas relaciones”. Los soviéticos eran muy buenos aliados de los turcomanos del este en ese momento y apoyaron plenamente el movimiento de independencia incluso enviando desde las repúblicas de Asia central algunos oficiales uigures, kazajos y kirguís; y, por supuesto, municiones”.

“La instauración del comunismo en 1949 trajo más represión a la región y con ello más represión a todas las minorías de la Turkestán del Este. El nacionalismo uigur nunca ha estado inspirado en tradiciones chinas, ni relacionado con China ni ha sido producto de la historia china. La influencia de los uigures siempre ha venido del oeste, nunca de este. Así como los uigures son una etnia de origen turco, su lengua, a pesar de los siglos que han ocupado esa región, se ha mantenido, así como las tradiciones, su gastronomía y la religión. Toda su influencia responde a Asia Central y no al lado chino”.

THE ASIAN DOOR: Asia en el centro de la geotecnología. Águeda Parra

Los inicios de esta década comenzaron con la predicción de que el centro de poder se trasladaría hacia el este. El movimiento del epicentro económico desde occidente hacia oriente estaba fundamentado principalmente en la hipótesis del ascenso de China como una gran potencia. Una década después la transición todavía no se ha completado, pero todos los expertos coinciden en afirmar que el siglo XXI será el de Asia, donde el impulso del gigante asiático está siendo decisivo para que las previsiones del gran ascenso de China se materialicen en las próximas décadas.

Entender que Asia se está posicionando como el próximo centro económico pasa por cambiar la visión tradicional de observar el mapamundi con Europa en el centro, quedando la región de América a la izquierda y Asia Pacífico a la derecha, por una aproximación algo más asiática, al estilo de cómo concibe el mundo China. Los mapas chinos sitúan al gigante asiático en el centro (de ahí su nombre 中国, que literalmente significa país del centro), desplazando el dominio occidental hacia ambos laterales, Europa a la izquierda y la región de América a la derecha. Esta aproximación china del mapamundi otorga mayor relevancia a la zona de Asia-Pacífico, situando el eje geoeconómico y geopolítico mundial en torno a los países asiáticos y a la influencia de Estados Unidos en una región donde el poder de la tecnología se está convirtiendo en una de las palancas que mayor influencia va a tener en la geoestrategia mundial en las próximas décadas.

Asia sitúa en el Top 10 de grandes economías mundiales a tres países, representando un tercio del poder mundial. China en la segunda posición, Japón en la tercera, e India en el puesto sexto son los referentes asiáticos a nivel económico, pero también los principales impulsores del desarrollo de las nuevas tecnologías a nivel mundial. Japón hizo de la tecnología su principal herramienta para transformar su economía, y China está apostando por la modernización e innovación como su palanca de cambio que consolidará la transición del gigante asiático en una economía avanzada. La inversión en I+D se convierte así en el principal mecanismo de transformación, y China, como segunda mayor potencia, junto con Estados Unidos, son el origen del 20% y el 26% de toda la I+D mundial, medido en paridad de poder adquisitivo. Es decir, casi la mitad de todo el gasto que se dedica a innovación se concentra en dos grandes polos mundiales que está propiciando que la tecnología se convierta en una nueva ruta de poder en la geoestrategia mundial. En esta clasificación, en los diez primeros puestos encontramos 4 economías asiáticas, Japón en tercer lugar, Corea del Sur en quinta posición e India que ocupa el puesto 7, son las grandes apuestas de Asia para posicionarse en el epicentro de la generación de nuevos desarrollos tecnológicos.

En Asia se dan cita además grandes potencias del mundo de Internet, aportando la región hasta 5 economías en el Top 10 de grandes potencias de usuarios de Internet. China e India, en el primer y segundo puesto, concentran el 19% y el 13%, respectivamente, de los usuarios de Internet del mundo, un tercio de las personas que se conectan al mundo online. En esta clasificación, Indonesia, Japón y Bangladesh, en los puestos quinto, sexto y noveno, respectivamente, completan la aportación de Asia al cada vez más creciente ecosistema digital que está posicionando a la región como el destino más atractivo para impulsar los nuevos negocios que florecerán al abrigo de tecnologías como la Internet de las Cosas (IoT), el 5G y la Inteligencia Artificial.

En el competitivo mundo de las compañías tecnológicas más grandes del mundo, 65 son de origen norteamericano, una cantidad similar al bloque de las empresas asiáticas que conjuntamente agrupan a 62 de las más importantes, mostrando la aportación que la región realiza al impulso del desarrollo tecnológico mundial. China lidera el grupo de las empresas asiáticas, aportando 20 empresas, una cantidad que será susceptible de ir creciendo a medida que el gigante asiático avance en el despliegue de su gran proyecto tecnológico, Made in China 2025.

En cuestión de generación de unicornios, la inversión en startups ha experimentado un giro significativo desde el centro hegemónico que durante décadas ha representado Silicon Valley para pasar a ocupar otros puntos preferentes en el mundo. El destino es Asia, y en los últimos cinco años, China acumula una inversión en startups de 106.000 millones de dólares, frente a los 110.800 millones de dólares que acumula Estados Unidos, según datos de Preqin. Sin embargo, la zona asiática cuenta con otros polos de inversión en startups que realizan una aportación muy significativa, como India, que aporta unos 10.000 millones de dólares, Malasia que acumula 5.100 millones de dólares y Corea del Sur y Japón que han invertido 3.500 millones de dólares y 2.500 millones de dólares, respectivamente, en la nueva generación de startups en el último lustro.

Durante el primer semestre de 2019, y por primera vez en la historia, China atesora un número mayor de unicornios que Estados Unidos, 206 frente a 203, según datos del Instituto de investigación Hurun. Un hito histórico que ha sido posible como resultado del proceso de innovación y de modernización que está transformando el modelo económico de China. Entre los países asiáticos, la aportación de China con 46 unicornios sobresale respecto a la presencia de este tipo de empresas en otros polos de innovación entre 2012 y 2017, según datos de CB Insights. En el caso de India, Nueva Delhi y Bangalore han conseguido atraer conjuntamente la inversión de 8 unicornios, mientras en este mismo período, Seúl ha aportado 2 unicornios, los mismos que Tokio. En esta categoría, las ciudades chinas de Beijing y Shanghai se configuran como los grandes polos de atracción de unicornios dentro de Asia, reuniendo 29 y 17 startups, respectivamente, poniendo de manifiesto el atractivo que tiene la capital china para atraer talento tecnológico. Con todo ello, en la próxima década comenzará a materializarse el movimiento económico y tecnológico que hace tiempo se estimaba que se trasladaría hacia el este, configurándose la aportación de China en el desarrollo de nuevas tecnologías como un nuevo polo de la geoestrategia mundial.