Entradas

eurasia 2

INTERREGNUM: Asia en la Ilustración europea. Fernando Delage

Hacia 1900, la práctica totalidad de Asia estaba sujeta al poder militar, económico y tecnológico de las naciones europeas, pioneras en la carrera por la modernización. A principios del siglo XXI, resulta imposible para Europa recuperar la supremacía global, el control de la economía mundial o sostener sus pretensiones de superioridad cultural. Si el siglo XIX perteneció a Europa y el XX a Estados Unidos, muchos vaticinan que el XXI será el de Asia. El viejo cliché europeo de la decadencia terminal de Asia ha sido sustituido por un debate sobre el declive de Occidente.

El cierre de este ciclo histórico permite en realidad volver sobre lo que fue Eurasia durante siglos: un mismo espacio, interconectado económica y culturalmente. Las consecuencias de este hecho para el futuro atraen hoy la atención de gobiernos, estrategas y expertos en geopolítica. Pero es también la ocasión para recordar que Europa no se desarrolló aislada, sino que evolucionó a través de un intercambio cultural constante con Asia que sólo desapareció en el siglo XIX, una vez que “Europa” y “Asia” emergieron como conceptos antitéticos, separados por una barrera infranqueable. Una nueva generación de historiadores ha redescubierto el alcance de aquellos contactos, cuando Asia—aproximadamente entre 1750 y 1820—, era una presencia diaria y tangible en la vida de los europeos.

El encuentro de misioneros, estudiosos, lingüistas, diplomáticos y comerciantes con las sociedades asiáticas durante la Ilustración es el objeto de un fascinante libro del historiador alemán Jürgen Osterhammel: “Unfabling the East: The Enlightment’s Encounter with Asia”  (Princeton University Press, 2018). Lejos de ver un “otro” exótico, escribe el autor, los escritores de la época examinaron Asia con los mismos estándares racionales que aplicaban a las circunstancias políticas y sociales de Europa. Sólo a partir de mediados del siglo XIX se rompió esta convicción  de igualdad entre ambas partes de Eurasia, cuando el equilibrio geopolítico y económico se inclinó hacia la mitad occidental. Nada simboliza tanto este giro como la afirmación de Hegel en 1822, en sus lecciones sobre filosofía de la Historia universal, que la importancia de las civilizaciones asiáticas remitía al pasado.

Quizá la pasión de Leibniz y Voltaire por China sea conocida, pero Osterhammel recuerda docenas de figuras sin las cuales no podría entenderse este periodo, como el alemán Engelbert Kaempfer (quien escribió sobre Irán y Japón), el británico William Jones (jurista apasionado de las tradiciones artísticas y literarias indias), el juez italiano Giovanni Francesco Gemelli Careri (autor de la quizá primera “Vuelta al Mundo”, 1699-1700), el diplomático francés Simon de La Loubère (que escribió sobre Siam), por no hablar de los escritos de los jesuitas desde China, India o Vietnam, o de los relatos de tantos otros viajeros.

 Asia no volvería a tener con posterioridad este mismo protagonismo en las percepciones europeas. Es más—y éste es uno de esos innumerables descubrimientos desenterrados por el libro—, fue un geógrafo asesor del zar, Vassily Nikitich Tatischev, quien fijaría los Urales como línea de demarcación entre Europa y Asia. Los horizontes intelectuales europeos comenzaron a estrecharse en consonancia con los prejuicios, la arrogancia, y las preferencias culturales del imperialismo. Dos siglos más tarde—así lo viven los asiáticos, pero no aún los europeos—, esa subordinación propia de un eurocentrismo excluyente se ha visto superada por los hechos, para regresar a una relación de igualdad en cierto modo comparable a la narrada en esta apasionante historia. (Foto: Soren Atmakuri Davidsen, Flickr.com)

imran khan

INTERREGNUM: Elecciones en Pakistán. Fernando Delage

Tras un lento recuento de los votos, y con múltiples protestas sobre posible fraude electoral, los resultados de las legislativas celebradas en Pakistán el 25 de julio abren, aunque sólo en términos relativos, un nuevo escenario político. En la segunda sucesión estable de un gobierno civil por otro en 71 años de historia como Estado independiente, la victoria del PTI (Pakistan Tehreek-e-Insaf) pone fin a décadas de dominio por parte de dos familias: los Bhutto y los Sharif. El próximo primer ministro, el exjugador de cricket educado en Oxford, Imran Khan, se ha impuesto a Shehbaz Sharif—hermano del exprimer ministro Nawaz Sharif—, quien concurría como candidato de la Pakistan Muslim League-Nawaz (PML-N), y a Bilawal Bhutto—hijo de Benazir Buhtto y de Asif Ali Zardari, primera ministra y presidente, respectivamente, en su día—, y actual líder del Partido Popular de Pakistán (PPP).

La falta de experiencia política de Khan—que se inició en su candidatura en las elecciones anteriores, en las que quedó en tercer lugar—no ha sido obstáculo para que los votantes hayan optado por sus mensajes contra la corrupción, y por el atractivo que supone un partido no dinástico. Sería prematuro, sin embargo, considerar que Pakistán va a convertirse en una democracia más abierta y plural porque hayan comenzado a deshacerse ciertas lealtades tradicionales. La violencia de las últimas semanas—con más de 200 muertos—, la censura en los medios de comunicación, la detención de periodistas, o las amenazas a los candidatos del PML-N y del PPP, revelan algunos de los problemas estructurales de un frágil sistema político y una sociedad desigual.

Aún más cuando detrás de esas acciones, y de otras encaminadas a dirigir el voto hacia el PTI, están las fuerzas armadas. Era prioritario para el ejército evitar la victoria del PML-N: el partido de Nawaz Sharif—encarcelado a principios de julio, después de que fuera destituido como primer ministro el pasado año—pretendía ejercer el poder—de haber vuelto al gobierno—con genuina autonomía, y—quizá todavía más grave para los militares y los servicios de inteligencia—aspiraba a negociar un entendimiento con India y a frenar la constante intromisión en los asuntos de Afganistán.

Es cierto que se ha evitado el escenario más inestable, y que parecía más probable: un Parlamento sin una clara mayoría de ninguno de los tres principales partidos. Pero los generales han conseguido en cualquier caso su resultado preferido: un gobierno del PTI. La autoridad política última no descansará por tanto en el gabinete elegido por los votantes, lo que continuará haciendo una anomalía de Pakistán, un Estado nuclear situado en el centro de una conflictiva región.

No cabe esperar pues un deshielo en las relaciones con Delhi. Como tampoco con Washington: Khan ha sido muy crítico con la política antiterrorista y afgana de Estados Unidos. Surgen también nuevos interrogantes sobre el futuro de la relación con China. El Corredor Económico entre ambos países impulsado por Pekín en el marco de la Ruta de la Seda es un proyecto vital para el futuro paquistaní, pero puede verse afectado por un deteriorado contexto económico y financiero local: una crisis en la balanza de pagos parece estar a la vuelta de la esquina. El periodo de unificación nacional que debía abrirse tras estas elecciones tendrá que seguir esperando.

revolution

亚洲门:数字经济的无声革命。安吉黛 – Águeda Parra

美国和中国长期以来一直在经济领域上进行商业战争,而没有明显的胜负之分。外交对亚太地区非常重要,华盛顿近年来在该地区的领导力和影响力有所减弱。但最激烈的竞争是无声的数字革命,它使中国落后于美国,并将它们减少隔开十年的距离。

正如思科系统公司总监约翰钱伯斯 (John Chambers)说:“如果不改变整个商业模式以适应新技术,至少有40%的企业将在未来的十年内死亡。”为了不失败,企业必须进行改革,减少生产过程的僵化程度,提高竞争力。中国正在利用这一优势来减少与大国的分歧,并在全球化的世界中更加轻松地竞争。

根据亚马逊创始人兼首席执行官杰夫贝佐斯(Jeff Bezos)的说法,在现实世界中,一个不满意的客户可以告诉6个人,而在数字世界中,他可以接触6,000个朋友。中国主要的数字平台(百度,阿里巴巴和腾讯)在应用中正在重新设计中国的数字经济模式,遵循这一原则。这么多,这家亚洲巨头的卓越搜索引擎是百度,这是纳斯达克100指数中首家上市的中国公司,该公司在该国的市场份额为75.1%,而谷歌为1.4%。在电子商务领域,中国的领导者是阿里巴巴拥有的天猫,占56.6%的份额,而亚马逊仅占中国市场的0.8%。根据2017Statista的报告,在社交网络领域,由腾讯拥有的微信占据了10亿活跃用户,脸书无法与之竞争,在中国拥有5400万用户。

数字环境的转型速度正在导致4家中国技术巨头出现在主要数字平台的前15名中,阿里巴巴(5),腾讯(6),百度(8)和京东(10)。这种分类依然由美国公司苹果(1),谷歌(2),亚马逊(3)和脸书(4)领导。但中国这个国家的庞大人口有利。这是在线服务的巨大增长潜力。随着中国互联网普及率达到50%的人口,仍有大约7亿人能够在线服务中找到满足日常需求的手段。根据Statista的报告,就美国而言,情况大不相同,因为互联网普及率达到77%,而只有5900万人仍然不享受在线服务。中国的数字经济革命会保持沉默多久?

(Traducción: Isabel Gacho Carmona)

Flickr Ruperto Miller

Trump en Europa. Nieves C. Pérez Rodríguez

 “Los países europeos tienen que pagar más por su defensa”, es lo que ha afirmado Trump desde el principio de su legislatura. Y aunque esta afirmación es sensata, lo que debería discutirse es sobre las maneras en que se han dicho las cosas. En diplomacia las formas, los gestos y las palabras tienen mucho peso. Y de eso poco parece conocer Trump, quien no quiso esperar ni tan siquiera a un segundo encuentro para reclamarle a sus socios de la OTAN el aumento de sus cuotas. De acuerdo con Robert E. Litan y Roger Noll (expertos del Brookings Institute) Alemania, Canadá, Italia y España tendrían que aumentar su aportación en unos 10 mil millones de dólares. Pero incluso aumentando esas cuotas, Washington ahorraría tan sólo 16,6% de su presupuesto actual de defensa. Lo que lo situaría en el 3% de su PIB, por lo que continuaría siendo el mayor socio de la alianza Atlántica.

La solicitud de Washington de que cada miembro de la OTAN aporte un 2% de su PIB no es descabezada -es más, ya había sido acordada previamente-, así como no lo es tampoco el planteamiento del término, pues entraría en vigor en el 2024, con lo cual, los países tendrían tiempo para recalibrar sus presupuestos y afinar cuentas.

Pero las torpezas de Trump y sus burdas formas pueden pasarle factura. Como el grave error que cometió al atacar las políticas de Theresa May, quien lidera el país más cercano y gran aliado de Estados Unidos en Europa y en el mundo.

Que Trump tenga su opinión acerca de las políticas domésticas inglesas no es de extrañar, pero que exprese públicamente sus opiniones en forma de críticas en una visita oficial a ese país puede ser considerado una injerencia en los asuntos domésticos, además de un gran desatino diplomático.

La OTAN es la organización militar más poderosa del mundo. Se creó en un momento histórico en el que Europa necesitaba a gritos de intervención extranjera para equilibrar dictadores y movimientos políticos hiper radicales que se había cobrado la vida de muchos millones de ciudadanos.  Claramente, las circunstancias de hoy no son las de hace 70 años, pero su compromiso sigue intacto en garantizar la paz y la libertad a través de la resolución pacífica. Esta alianza, a través de los años, se ha convertido en garante de la seguridad del mundo, traspasando las fronteras de sus miembros. Y Asia no escapa de este compromiso. Así lo ha afirmado el emisario especial de la OTAN el mes pasado, James Appathurai, asegurando que Asia Central fue catalogada como una región estratégica, incluso antes de la guerra de Afganistán.

Estados Unidos ya ha intentado en varias ocasiones incorporar socios asiáticos a la Alianza, como los países miembros de la ASEAN. Con los ojos puestos en el titánico crecimiento de China y su desarrollo militar, junto con sus pretensiones expansionistas, que la OTAN tuviera más presencia en el Pacífico ayudaría a equilibrar fuerzas en la región y frenaría un poco a Beijing. Además de neutralizar el gran dolor de cabeza, Corea del Norte, que ha mantenido la región y más recientemente una amenaza para el propio territorio estadounidense, una vez que Pyongyang demostró el otoño pasado que tiene capacidad de lanzar misiles de largo alcance.

Sobre todo, después del encuentro en Singapur, y del desastroso viaje de Mike Pompeo a Pyongyang la semana pasada, Trump debería estar aglutinando aliados que lo apoyen en la resolución del conflicto que su administración considera el mayor problema a resolver, con el que se enfrentan.

Algo tan frágil como la seguridad europea debería estar en manos de sus propios miembros. El hecho de que Estados Unidos haya sido el mayor financiero de la OTAN obedeció a un momento histórico que ha cambiado. Los líderes europeos deberían entender que la seguridad es clave para proteger sus territorios, sus valores y a sus ciudadanos de cualquier amenaza, aunque no dé votos en las urnas electorales como las políticas de izquierdas (beneficios, pensiones, seguridad social, etc.). La petición de Trump no es equívoca, pedir más compromiso económico es legítimo, el problema es cómo lo ha pedido. La falta de tacto político está poniendo a Trump en una situación de aislacionismo, en vez de cultivar aliados va por ahí diciendo sandeces en foros de cooperación y entendimiento. Al final, el problema no sólo es lo que dice sino cómo lo dice. (Foto: Flickr, Ruperto Miller)

duda

Japón necesita garantías

Una vez sentadas las bases, en Singapur, de un acuerdo entre Corea del Norte y Estados Unidos, la potencia occidental está obligada a dar certidumbre y seguridad a sus aliados desde el fin de la II Guerra Mundial en un escenario en el que sus tradicionales enemigos, China y Corea del Norte, han robustecido su posición política.

El más expuesto de estos aliados de Occidente es Corea del Sur, que se ha apresurado a desarrollar su propia agenda con China y sus vecinos del norte, pero que, a la vez, está protegido por la dinámica misma pactada en Singapur, aunque obviamente, en medio de riesgos extraordinarios.

Otro caso es Japón, por razones históricas, estratégicas y culturales. Japón es una potencia económica, tiene una razonable fuerza militar de defensa, mantiene disputas marítimas y territoriales con China, alberga bases estratégicas de Estados Unidos y mantiene tanto compromiso como reservas respecto al nuevo escenario en el Pacífico.

Tras el acuerdo con Singapur, Tokio ha multiplicado sus guiños diplomáticos, no sólo con Estados Unidos y Corea del Sur, sino también con China y Rusia. A pesar de esto, Corea del Norte ha aumentado su presión sobre Japón advirtiendo a este país que si siguen sus dudas quedará al margen del gran acuerdo en desarrollo y Estados Unidos ha tenido que señalar que ningún acuerdo con Corea del Norte debilitará la amistad con Japón.

Son gestos para visualizar la continuidad y la estabilidad a pesar de los cambios y los riesgos, pero dan cuenta de la profundidad de los primeros y de los esfuerzos para no agrandar  los segundos.

China-bandera-comercio

Evento: Alicia García Herrero 艾西亚 女士: El siglo de China: consecuencias para Europa. Isabel Gacho Carmona

El 21 de junio tuvo lugar en Madrid el I Foro Internacional: China, ¿La potencia del siglo XXI? Fue una jornada organizada, entre otros, por Cátedra China y marcada por un interesante debate sobre el papel de China en el nuevo orden internacional. Alicia García Herrero, en su ponencia, reflexiona sobre este tema y sus consecuencias para Europa.

La ponente, ante la pregunta “¿Es china la potencia del siglo XXI?” contesta con un sí rotundo “pero en términos económicos”, apunta. “Yo soy economista”. “Sin embargo, todavía muchos americanos y europeos ven el crecimiento chino como una burbuja que terminará explotando”. La economista Jefe para Asia-Pacífico en NATIXIS, Miembro Senior de BRUEGEL y Profesora Adjunta en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong asegura que, aunque en EEUU se ha roto el velo de la ignorancia respecto al ascenso del gigante asiático, todavía cuesta aceptar que su rol en el mundo puede cambiar, “ningún hegemón quiere perder su silla”.

El próximo 6 de julio Estados Unidos se propone aplicar aranceles a 1.100 productos chinos, sobre todo tecnológicos, por un valor de 34.000 millones de dólares. Esta guerra comercial no es la primera contienda. Antes de ella, las inversiones o los visados fueron el campo de batalla. The Committee on Foreign Investment in the United States (CFIUS), Agencia que tiene la tarea de revisar fusiones extranjeras, adquisiciones y otras inversiones extranjeras para preservar la seguridad nacional y que en el pasado frenó muchas inversiones europeas, en la actualidad reprime en su mayoría inversiones chinas, sobre todo en sectores tecnológicos, como Huawei.

El riesgo que supone el ascenso de China, aunque según García Herrero no se ha entendido en toda su magnitud desde EEUU, se empezó a vislumbrar en la era Obama, en una Cumbre de APEC. En cualquier caso, el objetivo de EEUU es, o debería ser, frenar el ascenso tecnológico de China, no solo reducir el déficit comercial. “Puedes comprar un Boeing y desmontarlo, pero eso no basta para poder producirlo”. Por el momento, China cuenta con tecnologías con las que EEUU no dispone, como el social scoring, pero en capacidades tecnológicas tan importantes como los semiconductores sigue por detrás. Esto nos indica que no tiene porqué ser tarde para parar a China. Aunque el régimen de Pekín es frágil (basa su legitimidad en la prosperidad económica en detrimento de derechos civiles y políticos), para García Herrero el de Washington es todavía más frágil. “No es la fortaleza de China, es la debilidad de EEUU. El hegemón ha perdido el norte”. “Es una cuestión de fuerza relativa. EEUU está usando instrumentos erróneos”. Voces tan influyentes como la de Larry Summers han quitado peso al ascenso tecnológico chino, y esto solo puede favorecerlo.

Pero… y Europa, ¿qué? Las inversiones chinas en Europa casi doblan a las norteamericanas, y, de estas, el 70% son en empresas de tecnología industrial. García Herrero, fuertemente europeísta, defiende que Europa puede y debe jugar bien su papel de bisagra. EEUU teme a China, aunque no lo diga abiertamente, y Europa juega un papel más parecido al de súbdito que al de socio en la alianza transatlántica. ¿Sabemos qué queremos para nuestro futuro? No es tarde para Europa, nuestro PIB todavía es superior al chino. Hacia donde se mueva Europa desequilibrará la balanza. No hay por qué anclarse en el pasado porque este es el siglo de China. Ante quienes hablan de Europa como el extremo occidental del mundo, relegado a la periferia del nuevo orden, García Herrero contesta “el mundo es redondo, no hay extremos”.

surf

Paso a paso

Estados Unidos ha paralizado por tiempo indefinido su agenda de maniobras y despliegues militares en Corea del Sur. Paso a paso se van cumpliendo las condiciones pactadas en Singapur para que el incipiente y poco detallado proceso no se pare.

Ni se puede ni se deben esperar resultados rápidos ni avances espectaculares que mostrar a los medios. Que no pase nada, que no aparezcan obstáculos sobrevenidos y que haya silencio serán ya buenas noticias. Se trata de conseguir un marco de confianza y la mayor lealtad a lo pactado posible para ir tomando medidas que consoliden las condiciones necesarias para los avances posteriores.

Pero Estados Unidos no debe olvidar que desactivar el riesgo de guerra, con ser muy importante, no puede ser suficiente. Corea del Norte es un régimen brutal, con ausencia de derechos para sus habitantes, sin independencia judicial, sin garantías y sin las condiciones necesarias para ir aumentando el bienestar económico y social de sus habitantes que cada vez serán más conscientes de la enorme distancia que les separa de sus paisanos del sur.

China, paradójicamente, es el país que está en mejores condiciones para ayudar en ese proceso de avance hacia un mayor bienestar y, a la vez, y Estados Unidos no debe olvidarlo, quien puede sabotear o ralentizar el avance. Las relaciones chino-americanas y la resolución de sus diferencias de manera ordenada y a favor de la libertad de comercio se vuelven en este contexto esenciales.

Trump, debe subrayarse, no es el líder adecuado para esto, dado su nacionalismo económico y sus gestos populistas que le emparentan con la extrema derecha y la extrema izquierda europea (que por cierto gobiernan aliadas en Italia). Pero Estados Unidos ha sido el garante del bienestar y la supervivencia de Europa, y el fortalecimiento de la relación trasatlántica debe seguir siendo el eje estratégico. En muchas decisiones Europa no es menos proteccionista que Estados Unidos así que la demagogia no es un buen instrumento para avanzar. Y lo peor es que, mientras dos sistemas armados arancelariamente se disputan los mercados, sistemas emergentes son penalizados al ritmo de la restricción de la libertad comercial y la globalización. (Foto: AM Camargo, Flickr)

la duda

Una duda razonable

Ahora que se remansan las aguas de la aceleración mediática en torno al encuentro entre Kim y Trump y sus resultados (los medios siempre más atentos a los detalles llamativos que a los trascendentes) es tal vez el momento de llegar a algunas conclusiones, tal vez apresuradas, aunque esta semana encontrarán un buen análisis de nuestra colaboradora en Washington, Nieves C. Pérez.

En primer lugar, la cumbre y sus anuncios de acuerdo han creado una dinámica irreversible hacia otro escenario en el que Corea del Norte será ya un actor imprescindible. Incluso si Kim, en uno de sus giros chantajistas, quisiera volver a elevar la tensión por razones coyunturales, tendría menos apoyos que antes.

En segundo lugar, el proceso de desnuclearización en la península coreana solo tiene un ganador a medio y largo plazo, y es China. Pekín no quería el derrumbamiento de Corea del Norte que habría situado tropas de EEUU en su frontera. Con el acuerdo en desarrollo, China ha neutralizado ese riesgo y si el proceso de desnuclearización avanza alegará que ya no hay razones para que haya tropas de EEUU tampoco en Corea del Sur, que ya no correría riesgos. Mientras, China sigue avanzando sus fronteras marítimas manu militari.

Tercero, los aliados de EEUU en la zona, cuya seguridad depende de esta alianza desde la II Guerra Mundial, están en un escenario de incertidumbre en el que ven el fortalecimiento de la presencia china y un debilitamiento de la de EEUU.

Todo va a cambiar y habrá que acostumbrarse a un escenario geopolítico nuevo. Estados Unidos ha sido el baluarte de la libertad en la zona y debe seguir siéndolo. La duda está en si, a pesar de algunos de sus éxitos, es Donald Trump el líder que esta nación necesita. (Foto: Tzvetan Chaliavski, Flickr)

afghan

INTERREGNUM: Pakistán como problema. Fernando Delage

Suele decirse que todos los Estados tienen fuerzas armadas, salvo Pakistán, donde es el ejército quien tiene un Estado. La vuelta, hace unos años, a la normalidad electoral e institucional no ha quebrado del todo este axioma. Los militares continúan al mando de la estrategia exterior: controlan el arsenal nuclear, mantienen viva la hostilidad hacia India, y—cuestión inseparable de la anterior—obstaculizan una solución en Afganistán.

“Nada cambiará al menos que lleguemos a un pacto con Pakistán—o paremos a Pakistán”. “Pakistán sabe lo que quiere. Nosotros no. No tenemos ni una estrategia hacia Pakistán, ni una estrategia de reconciliación [de los afganos]. Sólo tenemos palabras y burocracia”]. La primera frase, es del presidente Karzai; la segunda, de la secretaria de Estado Hillary Clinton. Estas dos esclarecedoras reflexiones resumen, en su brevedad, qué ha fallado en Afganistán. Pero el lector encontrará una explicación más extensa y detallada en el libro que los cita: “Directorate S: The C.I.A. and America’s Secret Wars in Afghanistan and Pakistan” (Penguin Press, 2018). Su autor, Steve Coll, escritor del New Yorker, decano de la escuela de periodismo de la universidad de Columbia, y ganador del Pulitzer por otro trabajo anterior sobre el origen de Al Qaeda y el 11-S (“Ghost Wars”, 2004), ha dedicado 10 años y centenares de entrevistas para contar una historia que, más allá de un conflicto concreto, describe importantes claves de la actual inestabilidad internacional.

Afganistán ha demostrado, entre otras cosas, los límites del poder de Estados Unidos. Es una historia del desinterés de Washington por el desarrollo económico y la seguridad interna de Afganistán tras la derrota de los talibán: la atención y los recursos se concentraron en Irak, con los resultados bien conocidos. Es una historia de cómo la CIA, el Pentágono y la OTAN, y sus alianzas con los señores de la guerra en el país, están en el origen de buena parte de la corrupción afgana (así lo reconoce en el libro el exsecretario de Defensa Robert Gates). Es una historia de rivalidad entre distintas agencias de la administración norteamericana, cada una de las cuales ha perseguido su propia agenda, con la tolerancia de la Casa Blanca y la marginación del departamento de Estado, aun sabiéndose que no podía haber solución militar a un conflicto político.

Pero Afganistán es, sobre todo, la historia de un fracaso estratégico derivado de la misteriosa incapacidad de Estados Unidos para detener la interferencia de la inteligencia militar paquistaní, Inter-Services Intelligence (ISI). ¿Por qué dos administraciones dirigidas por presidentes de distintos partidos permitieron el apoyo de ISI a los talibán aunque de manera directa atentaban contra los intereses de Estados Unidos? Las maniobras de la agencia, en particular a través de su división de operaciones especiales (la Dirección S que da título al libro), quedan expuestas de manera tanto magistral como inquietante.

Coll retrata con especial perspicacia a decenas de personajes cruciales en el conflicto—líderes políticos, diplomáticos y militares—e identifica los elementos esenciales para entender la tortuosa relación entre Estados Unidos y Pakistán. Es también un demoledor análisis de la autoconfianza que produce contar con el mayor poder militar del planeta, y de la inercia burocrática. Trump quiere aumentar el primero y corregir la segunda; pero también pretende diezmar del todo los recursos diplomáticos. Este libro, sobre la guerra en que más tiempo ha estado involucrado Estados Unidos en toda su historia, explica como pocos lo erróneo de su planteamiento.

winning

Las claves detrás de la Cumbre de Singapur. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Nos acercamos al gran día, al día del encuentro que ninguno de los protagonistas daba por posible tan sólo unos meses atrás, dada la tensa situación histórica que ha caracterizado las relaciones bilaterales entre Corea del Norte y Estados Unidos. Aún más, agravadas por las ofensas y amenazas de Trump y los lanzamientos de misiles de Kim Jong-un. Pero, contra todo pronóstico, el gran encuentro tendrá lugar en Singapur bajo la mirada expectante de todo el planeta.

El Secretario de Estado Mike Pompeo explicaba en rueda de prensa, que el presidente Trump está yendo al encuentro con esperanza, pero también cauto, y no aceptará un acuerdo que no sea beneficioso para los Estados Unidos. La desnuclearización total de la península coreana es el objetivo final. Así mismo, afirmaba que durante meses el líder estadounidense ha recibido diariamente briefing de expertos sobre la situación norcoreana, sus antecedentes históricos y su capacidad militar, por lo que confía que el encuentro irá bien, pues Trump está preparado para ello. El mismo Trump afirmó en el marco de la visita del primer ministro japonés a Washington, que su Administración hará lo que ninguna anterior hizo en este respecto, mientras que le dejaba saber a Kim que estaría invitado a la Casa Blanca de portarse bien con él.

Mientras tanto, Abe enfatizaba que Japón está dispuesto a establecer relaciones con Corea del Norte en alineamiento total con Estados Unidos, como quien intenta salvar su vulnerabilidad y posible soledad en la región.

Ahora bien, ¿cuáles son los posibles escenarios de esta cumbre? Lo más importante, a priori, la foto. La actitud corporal de ambos líderes en la foto será clave para leer entre líneas hacia donde iremos. Si solo hay un apretón de manos protocolar con caras serias, significará que la reunión no fue tan bien como Trump esperaba, y en cuyo caso la posibilidad de llegar a un acuerdo es casi nula. La segunda posible foto, en la que se intercambie algún gesto amistoso, como un abrazo, indicará un potencial acuerdo, o al menos que hay disposición en ambos líderes de llegar a un arreglo que acabe en una hoja de ruta a la salida. Y la tercera pose sería entre risas, que demostraría la empatía entre ambos líderes y el deseo de encontrar una solución a la crisis coreana.

Las palabras de Trump post-meeting. Otra lectura esencial de la cumbre. Si Trump aparece circunspecto y con un vocabulario más formal, el gran ganador del encuentro habría sido Kim, quien habría conseguido sentarse con un presidente estadounidense a conversar y su liderazgo habrá cambiado por completo, mientras que Trump sería el perdedor, el que puso todo en el asador a cambio de nada. No obstante, él le daría la vuelta y lo vendería como que fue él el primer presidente que realmente ha tenido el deseo de resolver el conflicto. Si, en cambio, las palabras de Trump son más bien cordiales, indicando que Kim amablemente está dispuesto a negociar el desarme nuclear, estaremos algunos encaminados a trabajar por algo. Pero si sus palabras son más bien de un maravilloso encuentro, o gran encuentro, muy en su tónica, la lectura es que entre ambos líderes hubo gran empatía, que conociendo la trayectoria de los personajes, sería muy positivo para poder alcanzar alguna especie de fórmula de no agresión y congelamiento del arsenal nuclear y misilístico norcoreano.

En cualquier escenario, el gran ganador de la cumbre antes de llevarse a cabo es  Kim Jong-un. Su status político ha cambiado radicalmente y ahora son muchos los líderes internacionales que quieren encontrarse con él. Asimismo, el deseo político de imponer sanciones a Pyongyang está prácticamente desaparecido por ahora. China, por ejemplo, no está imponiendo ahora mismo las sanciones; de hecho, hay indicadores de que marisco norcoreano está llegando a puertos chinos y que buques chinos están despachando combustible a Corea del Norte. Desde Washington, los ejercicios militares que estaban pautados han sido retrasados para complacer a Kim. El mismo Trump ha reconocido que no están imponiendo la presión máxima a Pyongyang como gesto diplomático previo al encuentro. Y Washington ha dejado claro que no tiene interés en el modelo de Libia. Kim ha ganado aceptación internacional y legitimado su liderazgo. Es muy posible que después del encuentro Kim Jong-un sea invitado a la Asamblea General de Naciones Unidas en otoño. Así como es muy probable que, de ir bien, Trump le invite a la Casa Blanca.

Trump no ha conseguido nada políticamente, su determinación de imponer aranceles a los aliados lo ha puesto en una posición un tanto solitaria en el mundo. Por lo que Corea del Norte es clave, su disposición de solucionar la gran amenaza del Pacífico le ha favorecido políticamente y le ha dado una especie de salvoconducto frente a occidente y sus aliados históricos, quienes se han sentido realmente golpeados por las duras acusaciones de Trump y la desolada manera de comprender el mundo. (Foto: Cooperholoweski, Flickr)