Entradas

superkim

INTERREGNUM: Trump y Kim en Singapur: ¿algo más que una foto? Fernando Delage

En la era de la imagen y el espectáculo, parece como si una foto pudiera por sí sola resolver un conflicto de 70 años. Asombra que tantos medios hablen de un “acuerdo” para la desnuclearización de Corea del Norte y la firma de un tratado de paz, cuando nada de ello aparece definido en el breve documento firmado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el líder norcoreano, Kim Jung-un, durante su breve encuentro en Singapur.

Conviene recordar que, para Pyongyang, “desnuclearización” implica a la península en su conjunto, lo que significa que también Estados Unidos debe dejar de proteger con su paraguas nuclear a Corea del Sur y a Japón. Si Trump diera tal paso, habrá dado a China el mayor de los regalos (y ya le ha hecho varios). Pese a lo impredecible del personaje, no resulta muy plausible que pueda llegar—por sus consecuencias para el orden regional—a una decisión de ese tipo. Por otra parte, después de lo ocurrido con Libia, primero, y—más recientemente—con la retirada norteamericana del acuerdo con Irán, es igualmente difícil de imaginar que Corea del Norte vaya a renunciar sin más a su capacidad nuclear. Los dilemas que afrontan ambos líderes explican la vaguedad de los términos empleados en el documento: un mero “compromiso” para trabajar hacia la desnuclearización—muchos periodistas han preferido ignorar la preposición—y  para ofrecer una garantía de seguridad a Pyongyang (que queda sin determinar).

La premeditada brevedad del encuentro es una conveniente justificación para decir que no se ha podido entrar en los detalles. Pero no puede negarse que la cumbre es histórica, y ha quebrado la espiral de tensión que amenazaba con conducir a un conflicto violento en el centro de gravedad de la economía mundial. Y quizá, como empresario que es, Trump haya seducido a Kim con las oportunidades económicas que pueden surgir para su país, si opta por un camino de integración internacional. No obstante, el único acuerdo al que de verdad se ha llegado es a seguir dialogando. Comienza ahora un proceso en el que ambas administraciones intentarán hacer realidad sus intenciones.

De momento Kim ha logrado algunas de las suyas. Ha aparecido como un igual del presidente de Estados Unidos y, al tener la iniciativa, ha sido éste quien ha tenido que responder a su oferta. Ha logrado, además, que Trump renuncie a realizar las próximas maniobras militares previstas en la zona—tradicional objetivo de Corea del Norte (y de China)—, sin que el presidente norteamericano haya recibido nada a cambio. Por su parte, de cara a sus votantes, Trump refuerza su imagen de estadista innovador. Quizá le sirva en las elecciones al Congreso de noviembre; no tanto para tranquilizar a sus aliados asiáticos.

El problema norcoreano no es cosa de dos. Trump podrá intentar resolver su preocupación de seguridad más inmediata—los misiles intercontinentales norcoreanos—mientras se embarca en un proceso de negociación sobre la desnuclearización que puede durar años. Mientras Kim Jong-un consolida su legitimidad interna, crea la apariencia de una negociación que—es posible—, no habrá acabado cuando Trump deje la Casa Blanca. Entre tanto, la desconfianza de Japón, Corea del Sur, Australia, India incluso, puede terminar creando una dinámica geopolítica que acabará de manera completa, verificable e irreversible no con el armamento nuclear de Corea del Norte, sino con el liderazgo de Estados Unidos en Asia.

Es momento de concederle el beneficio de la duda a un presidente que quiere demostrar lo acertado de su intuición, frente a la falta de resultados de sus antecesores. Cuando 48 horas después de insultar al primer ministro de Canadá, elogia al líder de Corea del Norte—una avanzada democracia, como es sabido—, es difícil abandonar el escepticismo. Pero quizá Trump esté inventado un nuevo método diplomático.

kimtrump

Una cumbre, dos egos y un camino por recorrer. Nieves C. Pérez Rodríguez

El 12 de junio del 2018 pasará a la historia como el gran momento en que un presidente estadounidense se encontró con un líder norcoreano. Un éxito diplomático que, a priori, ha sido posible por el carácter irreverente e impredecible de Trump, así como por el hecho de que Pyongyang ha desarrollado su programa nuclear en un 95%, lo que le ha permitido sentarse a hablar prácticamente de tú a tú con la nación que a lo largo de estos tensos 70 años de aislamiento los ha tenido presionados.

Se ha pasado de una hostilidad nunca antes vista a una mesa de negociación que terminó con la firma de un acuerdo de desnuclearización. La Administración Trump ha concentrado todos sus esfuerzos en hacer historia como la única que realmente ha querido poner fin a este intrincado conflicto. El Secretario de Estado, Mike Pompeo, ha dedicado casi cada minuto de su tiempo a este esfuerzo y, lo prueban los viajes que ha hecho a Pyongyang y lo rápido que se produjo el encuentro.

Pompeo conoce en profundidad la situación norcoreana, como director de la CIA tuvo acceso a todo tipo de datos y el mismo ha dicho públicamente en varias ocasiones que Trump ha sido informado de cada detalle casi diariamente, desde que aquel tomó posesión del Departamento de Estado.

La imagen de Corea del Norte ha cambiado radicalmente. Hemos visto un líder paseando por Singapur, haciéndose selfies con el primer ministro de este país y visitando los sitios icónicos de esta ciudad Estado. Se ha humanizado su imagen, se ha convertido en un líder del mundo, en vez de ser el férreo dictador que lleva las riendas de una prisión abierta, tal y como ha sido denominada por las ONGs, por el nivel de represión al que se somete a la población.

La televisión pública norcoreana ha transmitido imágenes en tiempo real del gran apretón de manos de ambos líderes, conversando y firmando el documento, cosa que para occidente es parte fundamental del rol de los medios de comunicación, pero inédito en una sociedad tan hermética como la norcoreana. Es una gran excentricidad que el régimen esté usando todo esto como campaña de reafirmación de su liderazgo y fortalecimiento de su imagen.

Una gran curiosidad de la cumbre fue el vídeo que la Casa Blanca preparó para Kim Jong-un. Comenzando por el nombre de lo que se supone es la productora que lo hizo “Producciones imágenes del destino” (ó Destiny Pictures Production, titulaba en inglés) y que tuvo una duración de 4 minutos en las que se mostraban imágenes acompañadas por una voz que relataba el número de personas en el planeta y el pequeñísimo porcentaje de esa población que dejará un impacto en la tierra, y aquellos que tomarán decisiones que renovarán su nación. Todo ello mientras se explicaba que la Historia tiene la tendencia a repetirse, con imágenes de fondo desoladoras de los límites de Corea del Norte custodiados por militares y de los momentos de mayor tensión que se han vivido. Mostraban la imagen de Kim y de Trump como quienes podrían cambiar esta historia y hacer de Corea del Norte un lugar económicamente floreciente, donde llegue el desarrollo y la modernidad. Después de la oscuridad llega la luz, una historia de oportunidades, un nuevo comienzo, dos líderes y un nuevo destino. Al puro estilo hollywoodiense terminaba diciendo “la Historia espera para ser escrita”.

El mensaje no pudo ser más directo. Washington le dijo a Pyongyang si te subes a nuestro barco te lo damos todo: prosperidad, dinero, salud, desarrollo y, lo más importante, le garantizó la seguridad a Kim y su país.

Cada momento de la cumbre fue impactante. Las largas alfombras rojas por las que cada líder camino desde direcciones opuestas hasta llegar al centro, cuyo fondo lo decoraban las banderas estadounidenses y las norcoreanas. El punto exacto del encuentro fue el mismo centro para darse la mano cordialmente, mientras Trump ponía su mano izquierda en el brazo derecho de su homólogo, como un gesto de cercanía. Kim lo miró con una medio sonrisa y correspondiendo a las palabras de Trump, pero al momento de girar a las cámaras para la foto asume una seriedad arrogante, mientras que el estadounidense se dejaba ver cómodo y confiado de que era su gran momento y que conseguiría lo que había ido a buscar.

Las palabras del inquilino de la Casa Blanca fueron, tal y como se había pronosticado en ésta misma página, una clave para leer entre líneas junto con su lenguaje corporal. Dijo que fue un gran encuentro y Kim está dispuesto a desnuclearizar a Corea del Norte. Admitió que no es un proceso corto, ni fácil, pero que la disposición abre una nueva etapa.

No cabe duda que hay mucho por hacer, esto es sólo un primer paso, pero en diplomacia un primer paso es un gran paso. La situación en la que se ha estado durante más de 70 años no ha enderezado las cosas; por el contrario, ha hecho que Pyongyang cuente hoy con la capacidad de enviar misiles hasta el otro lado del planeta. Por lo que intentar otro camino podría ser positivo para la estabilidad mundial.

Corea del Norte podría repetir lo que ha hecho en otra ocasión, sin duda, pero al menos este intento podría servir para ayudar a muchos de los ciudadanos de a pie que luchan por sobrevivir en un país que apenas tiene alimentos y cuya economía está devastada.

Son muchas los puntos en la agenda que están pendientes. El más importante, los derechos humanos de los norcoreanos. Pero tal y como lo interpreta la Administración Trump, una vez conseguida esta primera etapa, que es la base en la que construirán la relación, podrán empezar a exigir o poner condiciones.

De momento, en EEUU se sienten complacidos porque saben que pasarán a la historia como la única Administración que fue capaz de arriesgarse y sentarse a conversar con un enemigo histórico a cambio de poder acabar con la gran amenaza nuclear que ha tenido al planeta en vilo.

asientos

Un nuevo escenario

Ocurra lo que ocurra en el encuentro entre Trump y Kim Jong-un, tras su finalización se abrirá un nuevo escenario en Asia Pacífico y en el panorama internacional general. Como apunta desde Washington nuestra colaboradora Nieves C. Pérez, cada palabra y cada imagen entrañarán un mensaje que deberá ser analizado para tratar de vislumbrar no sólo la realidad de lo que se diga, sino tratar de adivinar lo que no se cuenta y también se haya tratado. Ya habrá tiempo de hacerlo y lo haremos.

Pero la realidad es que Trump y Kim van a inaugurar una etapa nueva para sus respectivos pueblos y para sus respectivos intereses. Como hemos señalado en otras ocasiones, nunca un presidente de los Estados Unidos se sentó con el dirigente del país nacido en la ilegalidad tras la guerra coreana y nunca el dictador norcoreano había alcanzado tanto protagonismo mediático, diplomático y político.

Y eso no va a cambiar tras la cumbre. Si Trump no comete ninguno de los errores de comunicación y oportunidad a los que parece ser tan aficionado y se alcanza algún acuerdo operativo, aunque sea de mínimos, al presidente norteamericano se le perdonarán muchas de las meteduras de pata anteriores, aunque no aparcarán los frentes que su nacionalismo económico y su zafiedad han abierto.

Y Kim, por su parte, pasará de ser un personaje de cómic, un dictador aparcado a la espera de derrumbe, a constituirse en un personaje del panorama mundial. Japón ya ha anunciado su disposición a estudiar un reconocimiento oficial, con Corea del Sur se abrirá una etapa inédita y la influencia y el liderazgo de China subirá como la espuma.

Esos son los nuevos componentes de una escena de la que, repitámoslo una vez más, la Unión Europea está ausente, sin estrategia, sin propuestas y sin iniciativas, sólo pendiente de futuras oportunidades de nuevos negocios lo que dibuja la urgente necesidad de algo más.

winning

Las claves detrás de la Cumbre de Singapur. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Nos acercamos al gran día, al día del encuentro que ninguno de los protagonistas daba por posible tan sólo unos meses atrás, dada la tensa situación histórica que ha caracterizado las relaciones bilaterales entre Corea del Norte y Estados Unidos. Aún más, agravadas por las ofensas y amenazas de Trump y los lanzamientos de misiles de Kim Jong-un. Pero, contra todo pronóstico, el gran encuentro tendrá lugar en Singapur bajo la mirada expectante de todo el planeta.

El Secretario de Estado Mike Pompeo explicaba en rueda de prensa, que el presidente Trump está yendo al encuentro con esperanza, pero también cauto, y no aceptará un acuerdo que no sea beneficioso para los Estados Unidos. La desnuclearización total de la península coreana es el objetivo final. Así mismo, afirmaba que durante meses el líder estadounidense ha recibido diariamente briefing de expertos sobre la situación norcoreana, sus antecedentes históricos y su capacidad militar, por lo que confía que el encuentro irá bien, pues Trump está preparado para ello. El mismo Trump afirmó en el marco de la visita del primer ministro japonés a Washington, que su Administración hará lo que ninguna anterior hizo en este respecto, mientras que le dejaba saber a Kim que estaría invitado a la Casa Blanca de portarse bien con él.

Mientras tanto, Abe enfatizaba que Japón está dispuesto a establecer relaciones con Corea del Norte en alineamiento total con Estados Unidos, como quien intenta salvar su vulnerabilidad y posible soledad en la región.

Ahora bien, ¿cuáles son los posibles escenarios de esta cumbre? Lo más importante, a priori, la foto. La actitud corporal de ambos líderes en la foto será clave para leer entre líneas hacia donde iremos. Si solo hay un apretón de manos protocolar con caras serias, significará que la reunión no fue tan bien como Trump esperaba, y en cuyo caso la posibilidad de llegar a un acuerdo es casi nula. La segunda posible foto, en la que se intercambie algún gesto amistoso, como un abrazo, indicará un potencial acuerdo, o al menos que hay disposición en ambos líderes de llegar a un arreglo que acabe en una hoja de ruta a la salida. Y la tercera pose sería entre risas, que demostraría la empatía entre ambos líderes y el deseo de encontrar una solución a la crisis coreana.

Las palabras de Trump post-meeting. Otra lectura esencial de la cumbre. Si Trump aparece circunspecto y con un vocabulario más formal, el gran ganador del encuentro habría sido Kim, quien habría conseguido sentarse con un presidente estadounidense a conversar y su liderazgo habrá cambiado por completo, mientras que Trump sería el perdedor, el que puso todo en el asador a cambio de nada. No obstante, él le daría la vuelta y lo vendería como que fue él el primer presidente que realmente ha tenido el deseo de resolver el conflicto. Si, en cambio, las palabras de Trump son más bien cordiales, indicando que Kim amablemente está dispuesto a negociar el desarme nuclear, estaremos algunos encaminados a trabajar por algo. Pero si sus palabras son más bien de un maravilloso encuentro, o gran encuentro, muy en su tónica, la lectura es que entre ambos líderes hubo gran empatía, que conociendo la trayectoria de los personajes, sería muy positivo para poder alcanzar alguna especie de fórmula de no agresión y congelamiento del arsenal nuclear y misilístico norcoreano.

En cualquier escenario, el gran ganador de la cumbre antes de llevarse a cabo es  Kim Jong-un. Su status político ha cambiado radicalmente y ahora son muchos los líderes internacionales que quieren encontrarse con él. Asimismo, el deseo político de imponer sanciones a Pyongyang está prácticamente desaparecido por ahora. China, por ejemplo, no está imponiendo ahora mismo las sanciones; de hecho, hay indicadores de que marisco norcoreano está llegando a puertos chinos y que buques chinos están despachando combustible a Corea del Norte. Desde Washington, los ejercicios militares que estaban pautados han sido retrasados para complacer a Kim. El mismo Trump ha reconocido que no están imponiendo la presión máxima a Pyongyang como gesto diplomático previo al encuentro. Y Washington ha dejado claro que no tiene interés en el modelo de Libia. Kim ha ganado aceptación internacional y legitimado su liderazgo. Es muy posible que después del encuentro Kim Jong-un sea invitado a la Asamblea General de Naciones Unidas en otoño. Así como es muy probable que, de ir bien, Trump le invite a la Casa Blanca.

Trump no ha conseguido nada políticamente, su determinación de imponer aranceles a los aliados lo ha puesto en una posición un tanto solitaria en el mundo. Por lo que Corea del Norte es clave, su disposición de solucionar la gran amenaza del Pacífico le ha favorecido políticamente y le ha dado una especie de salvoconducto frente a occidente y sus aliados históricos, quienes se han sentido realmente golpeados por las duras acusaciones de Trump y la desolada manera de comprender el mundo. (Foto: Cooperholoweski, Flickr)

Grupo

Ponencia: La sombra de China, geoestrategia y geopolítica. Fernando Delage

Fernando Delage, profesor de Relaciones Internacionales y Analista Político, ofreció una charla sobre el papel que juega y quiere jugar China a nivel regional y global, su ascenso como potencia, su relación con Estados Unidos…

La China de Xi Jinping es una China que ha redefinido su comunismo como un “socialismo con características chinas”. Es una China que no tiene nada en contra de la integración europea, como puede tener Rusia. Es una China asertiva, pero con iniciativas de carácter multilateral en el plano internacional. Ejemplo de esto último puede ser el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, que se puede considerar, además, un fracaso diplomático para Estados Unidos.

Respecto a su relación con EEUU, mucho se ha hablado últimamente sobre si el ascenso de China puede ser pacífico, sobre la famosa trampa de Tucídides. De momento, la iniciativa “Made in China 2025”, el plan mediante el cual China se ha propuesto seguir para impulsar y reestructurar su industria para pasar de una era de cantidad a una nueva era de calidad y eficiencia en la producción, se ha convertido en una obsesión para Trump. Por otro lado, “el sueño chino” de Xi Jinping planea que, para cuando el Partido Comunista celebre su centenario en 2021, China será una sociedad modestamente acomodada y, cuando la República tenga cien años, en 2049, será un país próspero y fuerte y sus fuerzas armadas estarán entre las mejores de mundo. De sus fuerzas armadas hace gala el gigante asiático en el Mar del Sur de China, zona clave y conflictiva, donde China quiere minimizar la influencia de los norteamericanos, a quienes considera culpables de la inestabilidad de la región.

Respecto a la pregunta “¿Qué le falta a China para gobernar el mundo?” El profesor Delage contesta “No va a ser”, “la naturaleza del poder global ha cambiado, no veremos otro hegemón como el Imperio Romano o Estados Unidos”. Considera que la prioridad estratégica de China es Asia, donde sí tiene interés en ser potencia regional. En un plano global Delage argumenta que el país del centro no tiene interés en acabar con los acuerdos de Bretton Woods, sino ganar peso en las instituciones existentes y complementarlas con otras que sí lidera, como el BAII.

margarita si

INTERREGNUM: Efectos norcoreanos. Fernando Delage

Hoy es sí, mañana es no, al día siguiente es de nuevo sí, y un día más tarde “ya veremos”. La consistencia no parece ser un atributo de la política norcoreana del presidente de Estados Unidos. Es imposible adivinar, por tanto, si habrá finalmente un encuentro entre Trump y Kim Jong-un; y más difícil aún vaticinar su posible resultado. Pese a esas incertidumbres, las cosas han cambiado desde que, en marzo y sin preparación previa, Trump accediera a reunirse con Kim. La apertura diplomática de Pyongyang ha provocado ciertos cambios en el noreste asiático, algunos de los cuales pueden complicar el margen de maniobra de la administración norteamericana al reducir la presión externa sobre Corea del Norte.

Uno primero es el acercamiento sin precedente entre las dos Coreas. Pese a sus riesgos—es una política que ya fracasó en intentos anteriores—, el presidente Moon Jae-in ha optado por una estrategia de conciliación hacia Pyongyang que ha contribuido a mitigar en gran medida la inquietud de la opinión pública surcoreana sobre su Estado vecino. En apenas dos meses, los dos líderes coreanos se han reunido más veces que todos sus antecesores juntos desde la división de la península tras la guerra de 1950-53. Cuanto más se consolide esa relación, más difícil será mantener la solidez de la alianza entre Washington y Seúl.

Los vaivenes diplomáticos de Trump y su política comercial han dañado, por otra parte, la relación con otro de sus principales aliados, Japón. El primer ministro Shinzo Abe, marginado en los movimientos de Estados Unidos con respecto a la cuestión coreana, y frustrado por el unilateralismo proteccionista de la Casa Blanca, se ha visto obligado a reajustar su política hacia Pekín. Abe y el presidente chino, Xi Jinping, han hablado por primera vez por teléfono, y Li Keqiang acaba de realizar la primera visita de un primer ministro chino a Japón en nueve años.

Entre otros acuerdos, durante su visita se ha acordado el establecimiento de una línea de comunicación directa para evitar un choque accidental en relación con el problema de las islas Senkaku. El gobierno japonés también ha abandonado su anterior rechazo de la Ruta de la Seda, y Tokio podría plantearse, incluso—ha dicho Abe—, su adhesión al Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras. Es posible que Xi Jinping visite oficialmente Japón en 2019, lo que confirmaría una nueva etapa de normalización entre ambos Estados.

Las circunstancias también han permitido la primera visita de Moon Jae-in a Tokio desde su nombramiento, y la reanudación del diálogo trilateral China-Japón-Corea del Sur, que había estado interrumpido desde 2015. Tras su encuentro de la semana pasada, resulta evidente el interés compartido de los tres gobiernos por evitar una acción militar norteamericana que pueda conducir a una guerra en la región, y por coordinar sus posiciones para prevenir el daño que pueda causar a sus economías las sanciones arancelarias de Trump. Éste se ha convertido pues en un poderoso incentivo para el acercamiento de los tres grandes del noreste asiático.

China es el gran beneficiario de esta suma de resultados. Seúl está más alineado que nunca con Pekín sobre cómo enfocar la cuestión norcoreana. Japón ha reducido su hostilidad hacia la República Popular. Y, después de años de incómoda coexistencia como aliados, Kim Jong-un ha viajado dos veces a una China que ha visto incrementarse las oportunidades para buscar una solución favorable a sus intereses económicos y estratégicos.

Probablemente nada de esto era lo que esperaba el presidente de Estados Unidos cuando presumía de que obtendría el premio Nobel de la Paz por su gestión del problema. Tampoco Kim Jong-un lo logrará. Pero, haya o no cumbre, ha jugado sus cartas con habilidad: si el proceso diplomático fracasa, él no aparecerá como el único o principal responsable. Desde un principio ha sabido lo que quería. No puede decirse lo mismo de Trump.

inflamable

La incierta cumbre entre Trump y Kim. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Trump no deja de sorprender ni al público en general ni a su propio equipo. Su impulsiva manera de actuar ha pillado hasta al mismo Kim Jon-un desconcertado. Todo empezó con insultos al hombre cohete y al gordito que terminó en una abierta invitación a un encuentro. Invitación que llega en un oportuno momento de aislamiento y acentuada crisis económica, producto de las duras sanciones que le ha impuesto Washington desde que Trump tomó posesión de la presidencia.

El presidente chino -Xi Jinping- no quiso quedarse fuera, por lo que invitó al líder coreano dos veces a su país, la primera visita muy protocolaria, trasmitida al mundo para enviar un mensaje claro de cercanía entre ambas naciones; y la segunda, mucho más discreta, de la que expertos afirman que se llevó a cabo con el propósito de que Kim sepa y entienda cuáles son las prioridades chinas y que las tenga en cuenta al momento del gran encuentro con Trump.

Después de la ambigua carta que Trump publicó el 24 de mayo, en la que cancelaba el encuentro por temor a que fuera cancelado in situ, y con ello el ridículo de tal desplante, justo ahora todo indica que el acuerdo se llevará a cabo.  Pero, ¿cómo se está organizando? ¿Y que hay detrás de todo?

4Asia tuvo acceso a una tertulia en el Centro Estratégico y de Estudios Internaciones (CSIS por sus siglas en inglés) en el que se discutió a fondo la cumbre. El experto que lideró el grupo fue Victor Cha, profesor de Georgetown y director de asuntos asiáticos en el Consejo de Seguridad Nacional en la Casa Blanca entre 2004 y 2007, además de haber participado en las conversaciones del “Grupo de los Seis”, un grupo establecido para la negociación y resolución del desarrollo nuclear de Corea del Norte, compuesto por las dos Coreas, China, Japón, Rusia y Estados Unidos. Cha, que, valga acortar, se pensó que sería el nombrado por Trump embajador en Seúl, pero quien discrepaba profundamente con el presidente sobre “la política de la nariz sangrante”, que no es más que confrontación que pueda acabar en un conflicto bélico. Discrepancia que destruyó la posibilidad de que Cha fuera enviado a Corea del Sur.

Victor Cha hizo un interesante análisis de la situación general. Primero explicó que la carta con la que Trump cancelaba la cumbre es un excelente ejemplo de cómo se maneja la Administración. Primero le llama “Excelencia” a un dictador, mientras en una demostración de soberbia le deja claro que no quiera Dios que tenga que llegar a usar el gran arsenal estadounidense en su contra. Mientras, le plantea la posibilidad de un encuentro en el futuro. Todas esas ambigüedades expresan que la carta fue redactaba por el mismo Trump, y que no pasó ninguno de los filtros de los asesores del Consejo de Seguridad.

Otro ejemplo de lo inusual de la situación es que la preparación de estos encuentros se realiza durante muchos meses, en un proceso en el que se discuten detalles como los puntos a tratar, lo que es sensible y no se puede conversar, y todo el protocolo normal que encierran las visitas o cumbres de estado. Para este encuentro, sin tiempo suficiente para organizarse, no se han afinado detalles. Y la prueba son muchos de los tweets de Trump que nos informan de detalles que por lo general no se revelan al público. Incluso el lugar, Singapur y el día, 12 de junio fueron anunciados simultáneamente, incluso antes de las predicciones.

Un elemento que fue resaltado en la tertulia es que Trump ha intentado centrar la atención en Corea del Norte, aún más después de haberse salido del acuerdo con Irán; cambiando así la atención a esta Cumbre que de por sí es una excentricidad en sí misma.

 De acuerdo con Cha, el presidente Trump debería ir a la reunión con un par de peticiones claras, la más importante es que Pyongyang renuncie a sus mísiles balísticos que son la peor amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos.

Pero realmente los altos funcionarios de la Administración Trump no se ponen de acuerdo en el momento de abordar el tema. Cada uno dice algo distinto. Cuando la prensa les pregunta, lo que repiten es que quieren la desnuclearización de la Península coreana, pero no saben ni cómo ni cuándo.

Mientras Corea del Norte ha esperado mucho por encontrarse con un presidente estadounidense, su status internacional ha cambiado completamente, pues con este encuentro se le está situando a un nivel de iguales, lo que les beneficia mucho. Les ayuda con su orgullo nacional, que es algo fundamental para este tipo de regímenes. Todo parece indicar que están buscando una salida a la hostilidad en la que han estado tantos años, y parece que este encuentro abre esa opción.

Trump tienen una extraordinaria confianza en su capacidad negociadora para conseguir lo que quiere; a ello está se está dedicando con este encuentro. Ha dicho claramente que Kim tendrá garantizada por completo su seguridad y espera que en una conversación directa con él puedan llegar a un acuerdo que nadie ha sido capaz de alcanzar en tantas décadas.

Pero la situación es realmente compleja, pues si se llegara a acordar una especie de paz, todo cambiaría. Por un lado, Estados Unidos tendría que cambiar el status de guerra en el que está con Corea del Norte. Pyongyang pediría la salida de militares estadounidenses de Corea del Sur y de Japón, lo que es realmente complejo, ya que hay bases militares funcionando y operando 24 horas al día cada día del año. El numero de empleados es astronómico. La cantidad de ciudadanos estadounidenses residentes permanentemente en esta parte del mundo es muy considerable.

Habría que parar los ejercicios militares que regularmente se llevan a cabo; y con ello Estados Unidos perdería casi toda su influencia en esta región. (Foto: Scott Eckert)

tres en raya

Kim mueve fichas

Poco se sabe realmente de la situación interna de Corea del Norte. No sólo de la situación económica y social sino de las relaciones de poder, del peso de cada personaje en las estructuras, de quienes son los apoyos o los cargos discrepantes (aunque sólo sea levemente) de Kim Jong-un y de la evolución de estas relaciones. Ni siquiera los servicios secretos occidentales tienen capacidad para informar a sus respectivos gobiernos de algo más que indicios o interpretaciones de cambios litúrgicos. Como en la época más dura de Stalin en Moscú.

Pero esta información es vital, especialmente en vísperas de la cumbre entre el presidente Trump y el dictador norcoreano. Tal vez únicamente China y Corea del Sur saben algo más de lo que ocurre bajo la superficie.

Por eso, la noticia llegada a EEUU a través de Seúl de que tres de los altos cargos militares más cercanos a Kim Jong-un han sido relevados en las últimas horas acaba en el análisis simplista de afirmar que el presidente norcoreano está fortaleciendo al sector moderado de su régimen ante su encuentro con Donald Trump.

No parece tan sencillo y a veces hay que tener en cuenta las relaciones personales, familiares y tradicionales para explicar algunas decisiones.

Se trataría de jefe de las Fuerzas Armadas, Pak Yong Sik; Ri Myong Su, jefe del estado mayor del Ejército del Pueblo de Corea (KPA, por su sigla en inglés); y Kim Jong Gak, director del Buró Político General del KPA.

Para Estados Unidos estos relevos se enmarcan en una estrategia para favorecer el acercamiento a Corea del Sur, lo que podría ser un buen indicio. Aunque hay otros más preocupantes, y más difíciles de interpretar en profundidad como son los preparativos para recibir en Corea del Norte al dictador sirio Bashar el Assad. (Foto: MArian Kloon, Flickr)

forzudo

Estrategia económica de Trump: el más fuerte gana. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- El Trump candidato prometió prosperidad económica, y el Trump presidente ha mantenido esa promesa. Desde el principio manifestó que China era parte del problema y que se impondría para hacerles seguir las reglas económicas internacionales. Y aunque ha sido la promesa más repetida, en el fondo no es más que “hacer América grande de nuevo”. A pesar de tanto alarde, no fue hasta la semana pasada que se ha desvelado la estrategia económica de la Administración Trump, y su receta para ejecutarla.

Si se recapitula un poco, uno de sus primeros movimientos fue resucitar el sector minero del carbón, con la justificación de que con ello se crearían muchos empleos. Muy a pesar del coste ecológico, y de que el carbón es una industria en caída en el resto del planeta. Luego fue castigar a las empresas que estaban saliendo de territorio estadounidense a países como México en busca de bajar los costes de mano de obra y por tanto de producción. Seguido por los aranceles al aluminio y acero, que decantó las discusiones a todos los niveles sobre una posible guerra económica. Y mientras todo esto sucedía, Washington no ha parado de enviar recordatorios a Beijing de que deben respetar las reglas del juego, y para obligarlos a ello están amenazándoles con tasarles con la módica suma de 150 billones de dólares.

A principios de la semana pasada, Trump dijo explícitamente que se mantendría la presión para que China entre por el carril; de lo contrario, Estados Unidos seguirá imponiendo tarifas masivas como medida coercitiva. La estrategia consiste en una mezcla entre la amenaza y la acción. Una fuente que pidió no ser identificada citaba a una de las oficiales más altas en el Departamento de Comercio, quién admitió en una conversación privada, que están ejecutando una política de fuerte presión hacia China con el propósito de que Beijing permita la entrada de productos estadounidense a territorio chino, sin tantas restricciones.

China y su peculiar sistema comunista, cuya ambigüedad emite señales de un capitalismo mucho más feroz que el de las economías occidentales, y a pesar del dantesco crecimiento que han experimentado en los últimos 20 años y de la aparente apertura que se percibe desde el exterior, siguen manteniendo estrictas restricciones en la penetración de su mercado interno (es el caso de los productos importados). Y esto incluye a productos estadounidenses, por lo que la Administración Trump está enfocada a cambiar esta realidad. Y con ello reducir o idealmente acabar con el déficit de intercambios entre ambas naciones, cosa que ha repetido el presidente en múltiples ocasiones.

Un caso curioso es el de ZTE, la compañía de teléfonos móviles china, a la que la Administración Trump le impuso sanciones muy severas en abril de este año, por haber vendido equipos a Irán. Dichas sanciones hubieran podido acabar con la compañía china, por lo que Xi Jinping personalmente le pidió a Trump que se levantaran. Lo que llevó al presidente estadounidense a abrir una investigación en la que se concluyó que ZTE adquiría, de compañías estadounidenses, materiales para la fabricación de sus equipos. Finalmente, Trump decidió levantar las sanciones para evitar que se hundira. Otro ejemplo que prueba la estrategia de fuerte presión para obligarles a cambiar su comportamiento.

Otro caso es el NAFTA, un acuerdo agonizante muy a pesar de que la mayoría de los expertos lo consideran positivo para la economía estadunidense y la estabilidad regional. Sin embargo, la Casa Blanca considera que no deben seguir adelante las conversaciones para revitalizarlo. Políticamente hablando, no creen que este sea el momento para avanzar, debido a que habrá elecciones en los tres países miembros, en los meses siguientes. Por su parte, tanto México como Canadá están intentando diversificar sus socios comerciales, de acuerdo al Council on Foreign Relations.

La supervivencia del más fuerte sigue dando sus frutos. El presidente Trump tiene una amplia experiencia en el uso de esta estrategia en el sector privado, y la está poniéndola en práctica desde el estado en el competitivo juego del comercial internacional. Economías más pequeñas, como la mexicana, se quejan, hacen un poco de ruido, pero su margen de maniobra es muy limitado. Mientras que una economía como la china, siendo la segunda del mundo, no sólo puede sacarle pecho a Estados Unidos, sino que puede conseguir cambios de postura, como el levantamiento de sanciones. En pocas palabras la estrategia económica de Trump es un juego de fuerte presión cargada de muchas amenazas, y acciones que básicamente consisten en sanciones económicas individuales o estatales. (Foto: Lauren Mitchell, Flickr)

L1000814

Kim Jong-un amenaza con volver a la cueva. Nieves C. Pérez Rodríguez.

No todo lo que brilla es oro y no todo lo que se dice se cumple, sobre todo cuando el que lo dice no teme a que su nombre quede en entredicho. Esto se aplica tanto para Trump como Kim Jong-un. A ambos se les ha visto decir que harán o no harán algo y al poco tiempo cambian de opinión, sin dar explicaciones y menos rastro de estupor alguno. Después de que Kim en su primer encuentro con el líder surcoreano -que valga acotar estuvo cargado de gestos amistosos, incluso casi cómplices- asegurara estar dispuesto a sentarse a negociar sin haber puesto condiciones, la semana pasada cancela las conversaciones intercoreanas de alto nivel con el presidente Moon y pone en dudas el encuentro con Trump por “Max Thunder”, unos ejercicios militares rutinarios, que se están llevando a cabo en la península coreana.

Quizá dichas maniobras debieron posponerse, como señal diplomática amistosa, a pesar de que estaba prevista su ejecución entre el 11 al 25 de mayo. Pero objetivamente Corea del Norte no pidió nada a cambio, por lo que todo se mantuvo según calendario. Quizá esto es sólo una excusa de Pyongyang para regresar a la cueva en la que han estado muchos años, muy a pesar del estrago económico que están sufriendo debido a las sanciones internacionales que le han sido impuestas.  Nadie más que ellos están interesados en abrirse, al menos ligeramente, a la entrada de capital foráneo.

El presidente Trump, por su parte, sigue apostando por encontrarse con Kim Jong-un en Singapur el 12 de junio. Ha intentado dar señales de normalidad, muy a pesar de la amenaza de Pyongyang de suspender el encuentro. De hecho, aprovechando la visita a la Casa Blanca del Secretario General de la OTAN, General Jens Stoltenberg, aseguró que Corea del Norte podría beneficiarse de un acuerdo que alcance con los Estados Unidos.  Insistiendo, además en que su Administración sigue en contacto con autoridades norcoreanas afinando detalles logísticos para el gran someto. Como si se tratase de dos realidades paralelas. Pero es que para el inquilino de la oficina oval es mucho lo que se está jugando. Él ha apostado por este encuentro a un precio muy alto. Ha enviado a su Secretario de Estado -Mike Pompeo- a Pyongyang dos veces en menos de dos meses. Y ha sido el propio Trump el que le ha impulsado el protagonismo mediático de Kim Jong-un, con su invitación a encontrarse con él. Indirectamente, Trump también hizo que China organizara una fastuosa visita oficial a Kim, en la que le dejó claro al mundo que ambas naciones son aliadas. Y seguro que Xi Jinping aprovecho el encuentro para recordarle a Kim cuales son las prioridades para China.

El Financial Times ponía el énfasis en las palabras del presidente Trump “El líder norcoreano tendría una protección muy fuerte si estuviera de acuerdo con la desnuclearización” de las que, concluían, es un oferta calculada para tranquilizar los nervios en Pyongyang. En un esfuerzo por asegurarle a Corea del Norte que no se repetirá la historia de Libia, Trump ha aprovechado los medios de comunicación para enviarle ese mensaje a Kim. Sobre todo, después de que su controvertido asesor de seguridad nacional John Bolton, recientemente en un medio citara el caso de Libia, en el que se acordó la renuncia a su programa nuclear a cambio del levantamiento de sanciones.

En los centros de pensamiento en Washington se ha dedicado tiempo a analizar la situación. CSIS sostiene que la amenaza de cancelar el encuentro no es más que una vieja estrategia de Corea del Norte usada en negociaciones para conseguir concesiones. Al amenazar con retirarse, ganan influencia y con ello pueden cambiar los términos de la negociación. Es lo mismo que hicieron repetidamente durante las conversaciones de los seis (Six party, por su nombre en inglés) en la era Clinton. El Atlantic Council, por su parte, afirma que es recordatorio de la profunda desconfianza en ambos lados y la fragilidad de la diplomacia. El Cipher Brief cerraba la semana afirmando que en 25 años de negociaciones ha habido fallos de ambos lados, poniendo el énfasis en que Corea del Norte no es de confiar y que siempre recurren al engaño para no seguir adelante con lo acordado.

La mayoría de los análisis coinciden en que Kim quiere garantizarse que sacará una concesión cada vez que los Estados Unidos obtengan algo. Por ahora los norcoreanos consiguieron que el viernes pasado Japón, Corea del Sur y Estados Unidos acordaran cambiar el rumbo de unos bombardeos estadounidense que volarían sobre la península coreana. Trump se la está jugando, ésta última concesión es otra prueba de su interés en que el encuentro se lleve a cabo. Kim acaba de empezar con” el tira y encoje”, que bien aprendida tiene la técnica tanto de su abuelo como de su padre. Y a priori le ha dado resultado, ahora toca ver hasta donde Washington está dispuesto a ceder. El presidente Trump necesita ese encuentro, si de él no sale nada, al menos podrá decir que lo intentó. Si se cancela el precio a pagar para Trump sería mucho mayor, porque serían dos años de gobierno sin haber conseguido nada internacionalmente y de desprestigio, por haber intentado negociar con uno de los dictadores más crueles de la historia reciente. (Foto: Banalities, Flickr)