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THE ASIAN DOOR: La meta está en los coches autónomos. Águeda Parra

China está profundamente comprometida con convertir el país en una “potencia socialista moderna” en 2050. En la era Xi Jinping la capacidad de innovación y la visión de emprendimiento están siendo los grandes aliados para diseñar una hoja de ruta donde aparecen hitos intermedios, como la construcción de una sociedad “moderadamente próspera” en 2020 y la “modernización socialista” de China para 2035.

En esta transformación, la revolución tecnológica está jugando un papel decisivo, ámbito en el que China no parte de una posición excesivamente retrasada en comparación con el resto de potencias, sino que las diferencias se van reduciendo cada año como si de décadas se tratara. Éste es el caso de la carrera por el liderazgo en el sector del automóvil, rivalidad que ya está en marcha desde que China adelantara en 2009 a Estados Unidos como el mercado de vehículos más grande del mundo. La aspiración ahora para el gigante asiático es entrar en la liga de los tres grandes de la industria global del automóvil, formada por Estados Unidos, Alemania y Japón, pasando a ser el cuarto grande.

General Motors tiene presencia en el mercado chino desde 1997, y actualmente vende más de 4 millones de vehículos anualmente en el país, según fuentes internas, ventas que superan las realizadas en otros mercados, incluido el estadounidense. Pero ahora es el turno de que los fabricantes chinos de coches se conviertan en empresas globales, y para ello tienen que salir al extranjero para alcanzar el mercado americano y el europeo, donde competirán más directamente con los modelos de fabricantes japoneses y coreanos.

De nuevo, estamos ante una redefinición de la política “Go Global”, pero en esta ocasión aplicada a la industria del automóvil, donde el camino que van a emprender los fabricantes de coches chinos puede llegar a reproducir el éxito que ha tenido la industria de los móviles, con las marcas chinas desbancando a los fabricantes que dominaban el mercado hasta hace unos años. Esta estrategia se complementa con seguir manteniendo la compra de acciones por parte de las compañías chinas en fabricantes de coches y piezas extranjeros, hasta alcanzar los 31.000 millones de dólares, según las estimaciones de Bloomberg.

En cuanto a los coches eléctricos, China también ha arrebatado a Estados Unidos el liderazgo en este mercado, sucedió en el 2015, y el año pasado el país registró más de la mitad de las ventas mundiales. Para el gigante asiático el objetivo ahora es focalizarse en esta industria, para pasar de ser el mayor mercado del automóvil a convertirse en un poderoso hub del sector. La apuesta cuenta con el respaldo del gobierno, reflejado en el XIII Plan Quinquenal, que pretende impulsar los vehículos de nuevas energías para reducir la dependencia del petróleo extranjero y conseguir un aire más limpio para el país.

La medida tomada recientemente por el gobierno chino de eliminar la política vigente hace más de dos décadas de no permitir participaciones mayores del 50% en fabricantes de vehículos eléctricos abre un nuevo escenario de inversión en este mercado. En este nuevo escenario, los fabricantes chinos parten de una posición financiera y de recursos tecnológicos mejores después de llevar años trabajando conjuntamente en joint-venture con fabricantes extranjeros. En el futuro, esta nueva política asegura una mayor competencia que redundará ineludiblemente en la fabricación de coches de mejor calidad.

La tecnología es inherente a los avances en la industria del automóvil, e igual de crucial que el motor, de ahí que sean los grandes titanes tecnológicos los que están incorporando sus desarrollos a este mercado. Alibaba ha sido la incorporación más reciente, anunciando la inversión conjunta con Foxconn Technology Group de 350.000 millones de dólares en Xiaoping, startup que pretende convertirse en el Tesla de China. El gigante del e-Commerce también está participando con talento nacional para incorporar en las marcas de coches de lujo más populares del país, Mercedes-Benz, Audi y Volvo, el altavoz inteligente Tmall Genie que utiliza el servicio de asistente personal AliGenie. Por su parte, Tencent, la empresa de Internet más grande de Asia, ha pagado 1.800 millones de dólares por el 5% de Tesla.

En esta carrera, la siguiente parada es el dominio en la producción de los coches autónomos, con la aspiración del gobierno chino de alcanzar la cifra de 30 millones de esta nueva generación de vehículos en una década, política apoyada por los objetivos del plan Made in China 2025. Los grandes titanes tecnológicos chinos están aprovechando la potencialidad de la inteligencia artificial y el cloud computing para participar activamente de este nuevo reto. Entre ellos Baidu, propietario del buscador más importante de China, cuenta con el fondo Apollo con 1.500 millones de dólares para invertir en 100 proyectos de coches autónomos para los próximos tres años. ¿Alguien puede dudar que la rivalidad entre China y Estados Unidos no va a centrarse en quién alcanzará primero el liderazgo en la fabricación de los coches autónomos?

CHINA Horizontal

China a debate

4Asia celebra esta semana su segundo debate tras el realizado el pasado diciembre sobre Corea del Norte. En aquella ocasión vivíamos en medio de la posibilidad de un enfrentamiento militar, ahora, con algunas dudas, el escenario previsible es una mesa de debate.

En esta ocasión, 4Asia ha convocado a colaboradores y expertos para analizar el protagonismo de China en la escena internacional, sus orígenes, su evolución, su futuro y cómo va a condicionar este escenario. Sin renunciar al comunismo, antes bien reafirmándolo, sin abandonar sino reforzando su estructura estatal autoritaria y su sistema de toma de decisiones, China ha desregulado su mercado interior, ha desempolvado un discurso de libre comercio y hace décadas está en un proceso de crecimiento económico, con contradicciones, pero sostenido, que está permitiendo un aumento del bienestar interno y una presencia exterior creciente incluida la compra de deuda de los principales países occidentales.

Paralelamente a esto, China está modernizando y reforzando su capacidad militar, remodelando sus alianzas regionales, actuando como padrino-intermediario en el conflicto coreano y asomando su influencia en Oriente Próximo.

No reconocer el creciente protagonismo chino y no incorporarlo a la toma de decisiones a escala internacional sería irresponsable y nosotros tenemos la obligación y la necesidad de analizarlo. Por eso invitamos a nuestros lectores a acompañarnos este viernes en Madrid para hablar de todo esto y analizarlo juntos. Allí nos veremos.

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THE ASIAN DOOR: China se apunta a la rivalidad tecnológica. Águeda Parra

Los avances en la economía china durante las últimas décadas han sido lo suficientemente significativos como para que la segunda potencia mundial haya consolidado su posicionamiento como actor relevante en cuestión de gobernanza global. La presencia de China se considera incuestionable ya en todos los ámbitos y, ante el proteccionismo que promulga Estados Unidos, el gigante asiático está respondiendo con la promoción de un comercio más global e inclusivo.

El protagonismo creciente del dragón dormido está aflorando la rivalidad que existe entre las dos primeras potencias mundiales. La economía china ha crecido durante el primer trimestre del año al 6,8%, y mantiene una previsión de crecimiento estable gracias a un mayor consumo interno y al repunte de la inversión privada, que ha alcanzado valores similares a 2015. En el corto plazo, la economía china podría sobrepasar el PIB de los 19 países de la zona euro durante 2017, y mantener ese ritmo creciente, según datos de Bloomberg. Mientras en el horizonte económico a más largo plazo, se considera que 2032 será el año en el que China arrebate a Estados Unidos el liderato en la clasificación de potencia mundial, teniendo en cuenta el poder económico, la fuerza militar y la capacidad tecnológica.

Para lograrlo, en la era Xi Jinping, se está poniendo un especial énfasis en promover que el crecimiento económico y social del país también esté vinculado a fomentar la innovación y a impulsar un mejor posicionamiento mundial a nivel tecnológico, donde la inteligencia artificial, la economía digital, y el e-commerce están jugando un papel diferencial. Alibaba y Tencent están liderando la revolución tecnológica, pero muchas otras startups chinas están aportando innovación al ecosistema digital. Con este trasfondo, la guerra comercial abierta entre Estados Unidos y China tiene de base el objetivo de reducir el déficit comercial histórico entre ambos países, pero el detonante es la amenaza de una creciente rivalidad en desarrollo de I+D.

La preocupación de Estados Unidos procede de que en 2013 el gasto anual en I+D en China ya era 30 veces superior al de 1995, alcanzando los 234.000 millones de dólares en 2016. Y las publicaciones han seguido este ritmo. China es el segundo país que más gasta en I+D, aporta el 20% del total del gasto mundial, como resultado del fuerte compromiso de anteriores líderes chinos por impulsar el desarrollo de la ciencia y la tecnología. El reto es conseguir que China desarrolle rápidamente su propia capacidad de innovación y conocimiento científico, y dejar así de depender de medios extranjeros, impulsando los estándares propios.

El salto de China de un país de imitación a uno centrado en la innovación se aprecia en el creciente número de recursos disponibles que el gobierno chino está gestionando para mejorar la situación de la ciencia y la tecnología en el país. Y, con ello, la promoción del talento chino, pero también extranjero, creando las mejores condiciones para que los laboratorios del gigante asiático puedan competir e eclipsar los desarrollos conseguidos por los competidores occidentales. Esto ha supuesto que la Fundación Nacional para la Ciencia de Estados Unidos registrara en 2016, por primera vez, un número mayor de publicaciones científicas desde China que desde Estados Unidos, 426.000 frente a 409.000. Sin embargo, el avance es menor si hablamos de calidad, puesto que Estados Unidos sigue manteniendo el Top 1 en número de artículos citados, mientras China se sitúa por debajo del 1%.

El posicionamiento creciente de China en I+D responde a un incremento exponencial de universitarios que eligen los campos de las ciencias y la ingeniería para desarrollarse profesionalmente, constituyendo la mejor base de conocimiento de la economía avanzada a la que aspira China. En la última década, el gigante asiático ha alcanzado el Top 1 en número de estudiantes universitarios con títulos en ciencias e ingeniería, tendencia similar a la seguida por la concesión de doctorados que se ha multiplicado por diez entre 2000 y 2006. De hecho, desde 2007, China es el país que mayor número de títulos de doctor otorga en la especialidad de ciencias e ingeniería.

La calidad es otro punto a tener en cuenta en la enseñanza y concienciación en conocimiento científico. Hoy por hoy no hay competencia para Estados Unidos en la clasificación de mejores universidades del mundo, liderada por Massachusetts Institute of Technology (MIT), con Stanford y Harvard ocupando el segundo y tercer puesto. Pero las universidades chinas avanzan posiciones rápidamente, y ya son tres las que aparecen en el Top 50 mundial, Tsinghua University (25), Beijing University (38) y Fudan University (39), según QS World University Ranking de 2018. Esta posición mejora significativamente en la clasificación por especialidades, con dos universidades chinas en el Top 20 en el campo de ingeniería y tecnología, Tsinhua University (10) y Beijing University (20).

China está fomentando el talento, y reclutando aquél que todavía cursa estudios en Estados Unidos, ofreciendo mejores condiciones laborales y un mejor desarrollo profesional. Teniendo en cuenta los avances de esta última década, es previsible que incluso en menos tiempo la determinación de China consiga situarle como promotor mundial de las nuevas tendencias tecnológicas. (Foto: Stephanie Simos, Flickr)

Creciendo

THE ASIAN DOOR: Xiaomi se hace mayor en Europa. Águeda Parra

La publicación de la próxima salida a bolsa de Xiaomi es toda una declaración de intenciones de los planes del actual cuarto fabricante mundial de dispositivos móviles. Una vez que la expansión por Estados Unidos se ha complicado en exceso desde el veto impuesto por la administración Trump a fabricantes chinos, como Huawei y ZTE, la expansión de Xiaomi pasa por abordar los mercados de Europa e India, de ahí su necesidad de crecer saliendo a bolsa.

Con la disputa comercial abierta entre Estados Unidos y China es lógico pensar que no haya sido la bolsa de Nueva York la elegida para realizar la operación, muy al contrario de lo que sucedió con Alibaba que, en 2014 supuso la mayor operación llevada a cabo por la bolsa estadounidense. Cuatro años después, la elección de Xiaomi de realizar la operación a través de la bolsa de Hong Kong pone de manifiesto el empuje que está teniendo la región asiática para liderar este tipo de operaciones entre los titanes tecnológicos chinos. Xiaomi ha pasado de ser una start-up china desconocida en el sector a conseguir crear un gigante de Internet en el mismo plano que Alibaba. Teniendo en cuenta el número creciente de unicornios que nacen en China, es previsible que crezca la rivalidad entre Hong Kong y el mercado estadounidense para liderar este tipo de operaciones.

Prevista para el próximo mes de junio, aunque todavía sin fecha concreta, la operación estaría considerada como la cuarta mayor de la historia de la bolsa de Hong Kong, con la que Xiaomi pretende recaudar 10.000 millones de dólares y alcanzar un valor de mercado entre 70.000 y 80.000 millones de dólares. En su momento, la cotización del gigante del e-commerce, Alibaba, alcanzó una valoración de 231.000 millones de dólares, superando a las grandes tecnológicas estadounidenses como Facebook, con cerca de 200.000 millones de dólares, y Amazon, que alcanzó los 150.000 millones de dólares.

El éxito de la operación permitirá a Xiaomi situarse en el Top3 de las grandes tecnológicas chinas, superando a Baidu y JD, y compartiendo podio con el coloso de la mensajería instantánea en China, Tencent, y el gigante del e-commerce, Alibaba. Junto con Huawei, China tiene dos verdaderas historias de éxito tras el ascenso de Xiaomi a la cuarta posición mundial de fabricantes de móviles. La start-up china, que comenzó a operar hace ocho años, ha pasado a formar parte del grupo de élite mundial que todavía lidera Samsung, y Apple y Huawei, en este orden.

La salida a bolsa de Xiaomi marcará seguramente el inicio de una revolución tecnológica en la industria de los fabricantes de móviles. Su fundador, Lei Jun, pretende situar a Xiaomi en el Top1 en la clasificación de fabricantes en el mercado chino en 10 trimestres. Estos son 2 años y medio en los que el mercado tecnológico chino va a sufrir múltiple variaciones, impulsado, fundamentalmente, por el desarrollo de I+D bajo el liderazgo del programa Made in China 2025, con lo que China alcanzará su verdadero gran “salto adelante” tecnológico.

La filosofía de Xiaomi pasa por utilizar la tecnología para mejorar la vida de las personas, centrándose en la fabricación de teléfonos móviles como negocio principal, aunque el portfolio de empresa también incluye otros productos como purificadores, drones, altavoces y muchos otros dispositivos de consumo que le han permitido crecer estos años. Como parte de esta filosofía, también se incluye no ganar más del 5% en la venta de sus aparatos, todo un reto para sus competidores más directos, una vez que el índice de percepción de calidad de los productos Xiaomi es muy elevado entre sus consumidores. En el caso de los teléfonos móviles, que suponen el 70% de las ventas de la empresa, el beneficio de cada pieza se sitúa en unos 2 dólares, mientras las ganancias de Apple ascienden a 250 dólares por teléfono, y 19 dólares en el caso de Samsung, según datos de Counterpoint Research.

China sigue siendo el principal mercado para Xiaomi, que representa el 58% de sus ventas. Pero India est á revolucionando el mercado de los teléfonos móviles, al situarse como el segundo mayor del mundo, después de China, y superando a Estados Unidos en esta clasificación. En India, Xiaomi ha conseguido superar a Samsung como líder de ventas, aunque la verdadera batalla está prevista que se libre en Europa con un desembarco masivo.

España ha sido el primer país elegido por Xiaomi para lanzar la conquista del mercado europeo de los teléfonos móviles, pero la verdadera conquista se producirá cuando el fabricante chino comience a operar en las 17.700 tiendas de telecomunicaciones pertenecientes a CK Hutchison Holdings Ltd. con quien ha firmado un acuerdo para su expansión por Italia, Reino Unido, Irlanda, Austria, Dinamarca y Suecia.

El reinado de Samsung y Apple parece que pueda estar llegando a su fin, ¿qué nos deparará la nueva época Xiaomi? (Foto: Daredev25, Flickr)

Zheng he

El regreso de la Edad Media. Miguel Ors.

A finales del siglo XV, China concentraba el 25% de la riqueza del planeta y entre todo Occidente no llegábamos ni al 10%. España, Austria y las repúblicas italianas resistían a duras penas el empuje del Turco, que en 1529 se plantaría en las puertas de Viena.

Pero tras las expediciones de Zheng He, la dinastía Ming había ido perdiendo el apetito de aventuras. Sus emperadores, escriben Daron Acemoglu y James Robinson, “se oponían al cambio, buscaban la estabilidad y, esencialmente, temían la destrucción creativa”, el proceso que promueve la innovación al permitir que las empresas más dinámicas desplacen a las menos eficientes. En 1436 hasta se declaró ilegal la botadura de buques de más de dos palos. Por su parte, el sultán Bayezid II prohibiría en 1485 las imprentas.

Todas estas medidas se adoptaron, naturalmente, en el nombre del bien común. Los gobernantes otomanos querían evitar que nadie introdujera ideas indeseables en las cabezas de sus súbditos y los chinos habían visto cómo “los comerciantes se enriquecían y envalentonaban” y querían desterrar la codicia de las relaciones internacionales, que debían regirse por el superior criterio moral de los intelectuales de la corte.

Simultáneamente, en Occidente tenía lugar una explosión científica al amparo de las ideas ilustradas sobre el derecho inalienable de la persona a forjar su propio destino. El triunfo del individualismo liberal, difundido por las revoluciones estadounidense y francesa y las campañas napoleónicas, sirvió de fermento ideológico al capitalismo que, en los siguientes dos siglos, impulsaría la prosperidad como nunca antes se había visto en la historia. En 1980, el G7 acumulaba dos tercios del PIB planetario, mientras que China apenas llegaba al 2% y Turquía se había hundido en la irrelevancia.

Esta divergencia solo ha empezado a corregirse recientemente, en parte debido a la propagación de la tecnología. Cuando un país moderniza su aparato productivo, crece inicialmente mucho más deprisa que las economías punteras y va comiéndoles terreno. Por eso la cuota del G7 en la riqueza mundial ha caído a niveles de 1990.

Pero, a diferencia de culturas como la española, encantada desde siempre de que inventen otros, China ha dejado de importar ideas para incubarlas. “Su mercado de pagos digitales es el mayor del planeta”, advierte The Economist. “Sus equipamientos se exportan a todos los rincones. Dispone del ordenador más rápido. Está construyendo el mayor centro de investigación en computación cuántica”.

Detrás de este esfuerzo se halla, por supuesto, el Estado, pero la disposición a innovar es compartida por toda la sociedad. “[China e India] están llenas de mileniales, de emprendedores que tienen 15 años y están deseosos de experimentar”, dice Alex Liu, presidente de A.T. Kearney. Por el contrario, Europa es “un continente de clases medias envejecidas, conservadoras tanto a la hora de producir artículos como de consumirlos”.

Mientras los chinos se defienden de Uber, Facebook, Amazon o Airbnb creando sus propios gigantes del transporte, las redes sociales, el comercio o la hostelería, en España pretendemos pararles los pies con prohibiciones, como los sultanes otomanos o la dinastía Ming. Y mientras Corea del Sur, Singapur y Japón abrazan con entusiasmo la robótica, aquí nos dejamos aterrorizar por las mismas patrañas que contaban los luditas en la Inglaterra previctoriana.

En 1583 el clérigo William Lee fabricó una máquina de tejer medias y solicitó ilusionado una audiencia con Isabel I. La reina se avino a recibirlo, pero su reacción fue devastadora. “Apuntáis alto, maestro Lee”, le dijo. “Considerad qué podría hacer esta invención a mis pobres súbditos. Sin duda, supondría su ruina, al privarles de empleo y convertirlos en mendigos”.

Hoy sabemos que aquella decisión retrasó probablemente un siglo la Revolución industrial. Resulta por ello sorprendente que sigamos aceptando los mismos argumentos supuestamente éticos que los mandarines de todas las épocas han utilizado para reprimir la capacidad de iniciativa individual y confinarnos en la oscuridad medieval.

medicina china

THE ASIAN DOOR: Healthy China 2030 y la IA, una pareja de éxito

Xi Jinping ha marcado claramente la senda del desarrollo económico y social del país desde la visión del emprendimiento y la inversión en innovación y desarrollo de I+D. El país más poblado del mundo, y la economía que más rápido crece, afronta uno de los mayores retos como parte de la transición que está abordando hacia una economía avanzada, que no es otro que mejorar el sector sanitario.

Centrarse en la modernización ha sido el primer paso, y utilizar la inteligencia artificial ha sido el modelo elegido para avanzar hacia unos objetivos que se enmarcan en el Healthy China 2030, plan lanzado en 2016 por el Comité Central y Consejo de Estado de China para poner en marcha medidas que den solución a los problemas de rápida industrialización, urbanización, y envejecimiento de la población, tratando de mejorar la esperanza y calidad de vida de la población china.

La herencia histórica de buscar una visión planificada del desarrollo económico hace que los esfuerzos en sanidad estén ampliamente recogidos en el XIII Plan Quinquenal (2016-2020). A este nivel están identificados, y también cuantificados, los desafíos que afronta China en cuestión de desarrollo económico y social, con objetivos que se revisan, adaptan y, cada vez más, se amplían para dar cabida cada cinco años a los retos más prioritarios para el país.

En la era Xi Jinping, se ha establecido que todas las empresas con ganancia operativa de 20 millones de RMB (algo más de 2,6 millones de euros) deben invertir el 2% de sus ingresos en I+D. Inversión que estará destinada a conseguir en 2020 elevar la esperanza de vida en un año, y reducir el ratio de muertes prematuras por causas mayores en un 10%, poniendo especial énfasis en el tratamiento del cáncer y los problemas respiratorios crónicos.

Combatir la escasa disponibilidad de médicos será posible gracias a la incorporación de la inteligencia artificial (IA), que no solamente ha demostrado su aplicación en áreas como los coches sin conductor y el reconocimiento facial, sino que está siendo la gran aliada en el cuidado de la salud. También ayuda la escasa atención que se tiene en China por la privacidad, haciendo que sea mucho más efectivo el desarrollo de IA al conseguir un mayor número de muestras a comparar. Este gran “salto adelante” tecnológico será especialmente significativo en las zonas rurales, donde se mejorará la capacidad de diagnosis donde el cuadro médico solamente cuenta con 2 médicos por cada 10.000 personas, siendo de 1,5 médicos por cada 1.000 personas en las grandes ciudades, apenas la mitad de las cifras de Estados Unidos.

En el país con mayor número de niños obesos del mundo y pacientes con diabetes, los titanes tecnológicos como Alibaba y Tencent están abanderando que China se convierta en su propio laboratorio de pruebas, implementando herramientas de diagnosis online que hacen más eficiente la labor de los médicos. Mientras tanto, en Estados Unidos las grandes empresas tecnológicas están teniendo una participación e implicación más desigual en este ámbito.

China tiene previsto un gasto de 150.000 millones de dólares en herramientas para la salud hasta 2020, según datos de Bernstein. Entre los proyectos más interesantes destacan el anuncio el año pasado de Alibaba de incorporar la inteligencia artificial para ayudar a los médicos en su labor de diagnosis. La colaboración se realiza a través de la inversión del gigante del e-commerce en la start-up YITU Tech que impulsa la investigación y el desarrollo de la IA para identificar estados iniciales de cáncer de pulmón en colaboración con el Hospital Popular de la provincia de Zhejiang.

En esta carrera también compite Tencent, que anunció poco después el lanzamiento de Miying, un programa de imágenes médicas que ayuda a los médicos a detectar los primeros signos de cáncer en la región de Guangxi, y que está disponible en casi 100 hospitales por toda China. Estos avances son posibles gracias al modelo seguido por Tencent de acumular hasta 13 millones de partners de software y desarrolladores de aplicaciones que crean 25 millones de puestos de trabajo y suponen dividendos de 23 billones de yuanes, algo más de 302 millones de euros.

En el universo WeChat de Tencent también está prevista la venta de seguros online. Durante 2016, el 65% de las nuevas pólizas de seguros se vendieron por Internet, y es una industria que espera crecer hasta los 214.100 millones de dólares en 2021, según datos de la firma de consultoría Oliver Wyman. Aunque China tiene previsto desarrollar la industria médica y crear productos que le independicen de las compañías extranjeras, esto al menos no sucederá a corto plazo, aunque los avances serán significativos. Y tendrá que ser en este tiempo cuando se encuentren las oportunidades de colaboración, antes de que se reduzca por completo la distancia en innovación que separa a China del resto de países con tecnologías avanzadas.

 

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THE ASIAN DOOR: El secreto de WeChat para hacerse omnipresente. Águeda Parra

Existe algo más que una “muralla china” entre el ecosistema de redes sociales más populares a nivel mundial y aquéllas que se han creado en China, en principio, como réplicas de las famosas Facebook, Twitter, Google y Amazon. Los gigantes tecnológicos estadounidenses son los referentes indiscutibles en América, Europa, Oceanía y África, pero no es así el caso de China, donde su penetración podría considerarse testimonial, sin ser capaces de superar la muralla del ecosistema digital asiático.

Y hasta ahí llega el parecido. Pero no se trata únicamente de imitación de patrones tecnológicos y modelos de negocio, existe todo un esfuerzo de adaptación a los gustos y a las costumbres chinas al que se ha llegado gracias a una gran capacidad de innovación.

En el universo paralelo en el que se desarrollan las aplicaciones en China, WeChat ha pasado de nacer como una plataforma de mensajería a convertirse en la aplicación omnipresente para las actividades del día a día, ya que cada vez más estas necesidades se desarrollan en un ecosistema digital que está impulsando la economía de consumo del país y donde los nativos digitales chinos encuentran a través de la aplicación todo aquello que necesitan en su vida diaria. De ahí el éxito que ha alcanzado WeChat, conocida como Weixin en China, que ha sufrido un proceso de branding comercial para adaptarse a los mercados internacionales.

La innovación ha sido siempre la gran aliada de Tencent, que lanzó WeChat como aplicación de mensajería instantánea en 2011 y rápidamente alcanzó los 100 millones de usuarios gracias a la facilidad de realizar llamadas de voz y dejar mensajes a través de la aplicación, evitando el tedioso y largo proceso de escribir los caracteres chinos en el Smartphone. El siguiente paso fue incorporar los “Momentos”, con lo que WeChat se convertía en una red social donde los usuarios interactúan con los amigos y contactos incorporando mensajes instantáneos, al estilo de Whatsapp, vídeos, de forma similar a YouTube, e imágenes, que se pueden modificar con filtros al estilo de Instagram. Pero no sólo con amigos, sino también con otros usuarios que estén utilizando la aplicación, y con los que también se puede establecer comunicación, a diferencia del muro de Facebook.

En el universo WeChat se puede realizar casi cualquier cosa que se imagine, desde compras online, petición de taxis, reservas en restaurantes, compra de billetes de transporte, distribución de comida, y alquiler de bicicletas compartidas a través de la empresa Mobike, propietaria de Tencent, con la que el titán tecnológico chino realiza una donación de 1 Yuan por cada 10.000 pasos diarios que realicen los usuarios. Todo ello a través de su sistema de pago por móvil, WeChat Pay que, tras la incorporación de los hongbao digitales, los tradicionales sobres rojos, durante la celebración del Año Nuevo chino, disparó hasta 1 billón de usuarios los seguidores de WeChat.

WeChat Pay, también conocida como WeChat Wallet, es la killer-app del universo Tencent que cuenta con 600 millones de usuarios activos, en competencia directa con Alipay, de Alibaba, que alcanza los 450 millones y que hasta 2014 estaba considerada como el líder del mercado en e-commerce. Aunque Alibaba está liderando la estrategia omnicanal en la distribución de alimentos y la incorporación de la inteligencia artificial a la economía digital en China, el ecosistema de mini aplicaciones residentes en WeChat permite interactuar desde el mismo entorno, sin necesidad de descargarlas, y acceder a los contenidos sin salir de la propia aplicación.

Este continuo proceso innovador en el entorno digital sitúa a WeChat en la quinta posición entre las redes mundiales más populares, por detrás de las estadounidenses Facebook, YouTube, Whatsapp y Facebook Messenger. Pero los ratios de uso muestran una realidad totalmente diferente. Frente a los 22 minutos al día que interactúan los más de 2,1 billones de usuarios de Facebook, más de un tercio del billón de usuarios de WeChat pasan 4 horas diarias, más que el tiempo combinado de los usuarios que utilizan Facebook, Instagram, Snapchat y Twitter juntos.

La peculiaridad del entorno digital chino no está siendo impedimento para que Tencent y Alibaba sean pioneras en traspasar la “muralla china” hacia los mercados occidentales. WeChat lo utilizan más de 100 millones de usuarios fuera de China, principalmente expatriados, de los que más de 5 millones son trabajadores que residen en Sudáfrica. El hecho de que Facebook, Whatsapp, Twitter, Instagram y Snapchat esté restringido en China obliga a las empresas extranjeras a ser parte de los ecosistemas digitales del país para descubrir oportunidades de negocio viables en el mercado chino. (Foto: Flickr, Shankar S.)

e commerce Dhruv Mahajan

THE ASIAN DOOR: Hablar de e-commerce es hablar de China. Águeda Parra

Desde hace unos años, las tendencias en el panorama tecnológico parece que han dejado de tener un enfoque eminentemente occidental-centrista, y ahora es China el que está configurando cómo se desarrollan los ecosistemas digitales mundiales. Este cambio de paradigma tecnológico supone que el gigante asiático está ejerciendo un rol determinante en sectores punteros de la innovación que engloban el Big Data, la inteligencia artificial, el Cloud Computing, las FinTech, y el e-commerce. Y, para conseguirlo, la clave de todo ello son los millones de nativos digitales chinos, los verdaderos early-adopters de las nuevas tendencias que están configurando la economía digital del siglo XXI.

De hecho, hablar de e-commerce en la actualidad es hablar de China. Hace una década, el mercado de compras electrónicas del gigante asiático apenas suponía el 1% del mercado global, cifra que asciende al 42% en 2016, según datos del estudio de McKinsey Global Institute. Tal es el dominio, que las transacciones combinadas de Francia, Alemania, Japón, Reino Unido y Estados Unidos no superan el volumen que se mueve en el mercado del e-commerce en China, según el citado informe.

De igual modo, si hablamos de e-commerce en China, hablamos de los 724 millones de usuarios de móvil que utilizan en un 35% de los casos el pago por móvil para realizar sus compras, frente a un 31,8% de los que utilizan las tarjetas de crédito, según cifras proporcionadas por el China Internet Network Information Centre. En China, el pago con tarjeta de crédito, al que han atribuido ciertos problemas de seguridad en los pagos online, está menos extendido que en Occidente, de ahí que la opción de compra a través del móvil sea la más utilizada en una economía de consumo con ritmos crecientes en China.

Gracias a esta tendencia, en los 10 primeros meses de 2017 el mercado del pago por móvil alcanzó una cifra de negocio de 17 billones de dólares, un 40% más que el volumen de las transacciones digitales realizadas en todo el año anterior. En el otro extremo se sitúa Estados Unidos, que apenas alcanzó un volumen de 49.300 millones de dólares en pagos por móvil, según datos publicados por eMarketer, haciendo que sea indiscutible el liderazgo de China en este ámbito.

Eventos como la Festividad del Año Nuevo en China han dejado patente que la comunidad de 1 billón de usuarios activos de WeChat forma parte del creciente universo de pagos a través del móvil que se desarrolla en China. Hasta 668 millones de usuarios de la aplicación optaron por enviar a amigos y familiares hongbao digitales, los famosos sobres rojos que contienen dinero, promociones que le reportan al gigante tecnológico una mayor penetración en el ecosistema digital mundial y que en China está dominado principalmente por Baidu, Alibaba y Tencent, también conocidas como las BAT, la versión china de Google, Amazon y Facebook, respectivamente.

En China, la batalla por el mercado de pagos digitales lo domina Alibaba, que en 2012 lanzaba Alipay y que ahora cuenta con 520 millones de usuarios, algo menos que su competidor, Tencent, con la aplicación WeChat Pay, que desde que comenzó a operar en 2014 cuenta ya con 600 millones de usuarios. A pesar de estas cifras, la popularidad de Alipay y WeChat Pay se concentra principalmente en los usuarios de China continental, y otros millones de expatriados que viven en Hong Kong, Macao y Taiwán, pero sin alcanzar los mercados europeos y estadounidenses. En este caso, el dominio corre a cargo de Apple Pay, con 87 millones de usuarios, y de Android Pay de Google, con 27 millones de usuarios en 2017, cifras de Statista que muestran la baja penetración del pago por móvil fuera de China.

WeChat Pay y Alipay están conduciendo a China a un mercado primordialmente de pagos digitales, aplicaciones con las que casi no se puede salir de casa ya que se utilizan para las compras de e-commerce, pago de facturas, alquiler de bicicletas, distribución de alimentos, adquisición de entradas, reserva de hoteles, o petición de citas médicas, entre los principales usos.

Cuando WeChat termine de extender a nivel nacional el desarrollo del sistema de DNI electrónico, disponible actualmente sólo en Guangzhou, el universo e-commerce comenzará a tener una dimensión incluso mayor. De hecho, ya se espera un incremento importante en el volumen de pagos online con el anuncio de WeChat de vincular y activar en las cuentas de WeChat Pay los servicios de las tarjetas de crédito proporcionados por MasterCard, Visa y JCB, posicionando a China a años luz de cómo se desarrolla el e-commerce en los mercados occidentales. (Foto: Dhruv Mahajan, Flickr)

Made in China

THE ASIAN DOOR: Made in China 2025 en el radar de los aranceles de Trump. Águeda Parra

Una de las grandes claves que marca la era Xi es la apuesta de China por la innovación. Entre los futuros titulares que puedan resumir el s.XXI, muy posiblemente aparecerá la figura de China como gran impulsor de las nuevas tecnologías y su aplicación a modelos de crecimiento económico. Modelos que, basados en la economía digital, permitirán al gigante asiático potenciar el desarrollo del país muy por encima de cómo ha venido siendo hasta el momento.

Aunque las grandes economías desarrolladas no terminan de asumir que el gigante asiático forma parte del grupo de potencias que apuestan por el desarrollo tecnológico como elemento clave de transformación, la verdad se impone y China ha llegado al ecosistema de la economía digital para quedarse. Pero no como mero observador pasivo de los avances que otros actores impulsan, sino como promotor de lo que se ha venido a denominar como economía digital.

El paradigma de China es que cuánto más rápido avance en adaptar su modelo de desarrollo a la economía digital, más rápido conseguirá transformar las empresas nacionales en entidades más competitivas, más globales y mejor posicionadas en la cadena de valor. El Made in China pasará a convertirse en un concepto obsoleto del modelo de crecimiento económico, evolucionando al Designed in China, para lo cual el presidente Xi ha impulsado varias iniciativas donde el desarrollo en economía digital es el principal objetivo.

Destacan el XIII Plan Quinquenal de China (2016-2020), la iniciativa Made in China 2025, concebida en 2016, el Plan de Desarrollo de la industria robótica (2016-2020), y el Plan de Implementación a 3 años de la Inteligencia Artificial como parte de la iniciativa “Internet Plus”, lanzado en 2016. El uso de las tecnologías de la información como el Big Data, el Cloud Computing y la Internet de las Cosas (IoT) son ya parte fundamental de la transformación que están experimentando las industrias tradicionales chinas, que alcanza a los sectores de la manufactura, las finanzas, la agricultura y la medicina.

De todas, la iniciativa con mayor momentum en 2018 es Made in China 2025 “中国制造 2025”. Aunque inspirada en el modelo “Industria 4.0” de Alemania, que busca “fábricas inteligentes” a través de aplicar las tecnologías de la información a la producción, el modelo chino es aún más ambicioso, con cuatro grandes diferencias. La primera, Made in China 2025 no es sólo innovación, sino que se enfoca a todo el proceso de manufactura. La segunda, la iniciativa se extiende a todo tipo de empresas, avanzadas, tradicionales y de servicios. La tercera, cuenta con gran involucración gubernamental y, por último, se han establecido medidas específicas de innovación, calidad, manufactura inteligente y producción verde.

Con ello, Made in China 2025 alcanzará una producción de contenido nacional de componentes y materiales básicos del 40% en 2020, y del 70% en 2025. La creación de 15 centros de innovación en manufactura en 2020, que llegarán a 40 en 2025, será determinante para favorecer que las industrias chinas den este “gran paso adelante” hacia la transformación digital, valiéndose del mejor talento nacional para conseguirlo.

La mano está tendida a que la inversión extrajera participe de la iniciativa, a través de joint-venture con empresas de nuevas tecnologías de información avanzadas, de robótica, del sector aeroespacial y aeronáutico, de equipamiento marítimo, de transporte ferroviario, de vehículos de energías renovables, de equipos de energía, de equipamiento agrícola, de nuevos materiales, y de Biofarma, que componen los 10 sectores más relevantes de la iniciativa.

Sin embargo, la posibilidad de que se establezca este tipo de cooperación entre China y las empresas americanas no parece muy factible, una vez que la guerra de aranceles abierta entre Estados Unidos y China parece tener a la iniciativa Made in China 2025 en el punto de mira. No existe tanta preocupación por el desequilibrio comercial entre ambos países, sino el miedo de Washington por el avance tecnológico de su rival.

Aún cuando las políticas de Trump consigan reducir el déficit comercial récord de 375.000 millones de dólares que Estados Unidos alcanzó en 2017 con el gigante asiático, y que con esta táctica pretende reducir en 100.000 millones de dólares, el objetivo principal es frenar a Xi y su iniciativa de desarrollo tecnológico que representa Made in China 2025. Si el gigante asiático llegara al año 2025 con un potencial tecnológico similar al de Estados Unidos, supondría que la distancia entre ambas potencias se habría reducido tanto como para que ambas ya jugaran en la misma liga sin diferencias. (Foto: Firestartr, Flickr)

 

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THE ASIAN DOOR: China, el dragón de las FinTech. Águeda Parra

La revolución tecnológica es una de las grandes señas de identidad del siglo XXI. Durante este período, el mundo será testigo de grandes innovaciones que afectarán a las costumbres y hábitos de una sociedad que está inmersa en un frenesí de cambios tecnológicos. En este principio de siglo, los avances en cloud computing, las múltiples aplicaciones de la inteligencia artificial, y el big data, están siendo los grandes protagonistas de redefinir cómo la sociedad interactúa con el entorno, mientras las empresas se encuentran obligadas a adaptar sus procesos para hacerse más ágiles, más dinámicas, y más innovadoras al fin y al cabo.

De ahí la aparición de las FinTech, empresas que combinan las finanzas con la tecnología para prestar nuevos servicios financieros basados fundamentalmente en las innovaciones que proporciona la tecnología en este ámbito. Uno de los mercados más conocidos donde operan las FinTech son en el entorno de los medios de pagos digitales, aunque el sector lo componen otros mercados claves que incluyen, por ejemplo, los préstamos en línea, la gestión de finanzas personales, y los seguros online, entre los más destacados.

Y si hablamos de medios de pago digitales, China está emergiendo como una gran potencia en el mercado FinTech no sólo en el ámbito de Asia Pacífico, sino también globalmente gracias a que el gigante asiático es el líder mundial indiscutible del mercado del e-commerce. De hecho, el milagro de las FinTech en China se entiende gracias a una población experta en tecnología, donde las nuevas generaciones de nativos digitales son los grandes referentes para modelar el futuro del e-commerce y la economía digital mundial.

A finales de 2017, China registró un nuevo record en usuarios de Internet, alcanzando los 772 millones de internautas, que representan un ecosistema digital mayor que toda la población de Europa, que alcanza los 744 millones de personas. A lo que hay que sumarle un incremento en los ingresos de una clase media creciente que consume cada vez más y es capaz de generar un gasto en e-commerce en 2016 de  782.000 millones de euros, mayor que el registrado por Estados Unidos y Reino Unidos juntos.

Todo ello favorece que las inversiones FinTech realizadas en China durante los últimos años se hayan disparado. Entre julio de 2015 y junio de 2016, se alcanzó la cifra de 8.800 millones de dólares, lo que supone un incremento del 252% respecto a 2010. Situación a la que ha contribuido la irrupción de nuevos modelos innovadores de firmas tecnológicas chinas que han nacido en la última década, como es el caso del servicio de mensajería más famoso de China, WeChat, lanzado en 2011. Plataforma que ha sido esencial para que 688 millones de chinos pudieran realizar el envío durante la pasada celebración del Año Nuevo chino de 46 billones de hongbao, los tradicionales sobres rojos en su modalidad digital, superando con creces los 7,6 billones de pagos realizados por PayPal durante todo 2017.

Otro de los gigantes tecnológicos de China presenten en el sector FinTech es Alibaba que, con Tencent, se reparten el 90% de los pagos digitales en China, a través de las plataformas de Alipay de Alibaba, con un 54% del mercado, y TenPay de Tencent, con un 37%. La expansión del turismo chino se ha convertido en el gran aliado de los gigantes del e-commerce, ya que tanto Alipay como WeChat Pay son los medios de pago utilizados por los 135 millones de turistas chinos que gastaron 261.000 millones de dólares en sus viajes en el extranjero durante 2016.

En China, los sectores del e-commerce y los seguros online están liderando la industria FinTech, de modo que no es extraño que China cuente con 8 de los 27 “unicornios” FinTech, es decir, las startups que los inversores valoran por encima de los 1.000 millones de dólares, mientras Estados Unidos cuenta con 12, demostrando que una parte importante de los nuevos unicornios FinTech está naciendo en China. Una prueba más de que las empresas chinas se están haciendo globales y son las actuales líderes mundiales de la industria FinTech.