Entradas

riesgo

Munich visualiza los riesgos

La política centro asiática de los aliados occidentales y de Rusia está en plena reconsideración sobre el terreno y los actores regionales buscan resituarse. La evolución del conflicto sirio con sus repercusiones en Líbano, Israel y los territorios palestinos; la evolución de la situación en Irak y las fronteras turcas; Afganistán y sus ecos en Pakistán, constituyen el gran escenario en el que, otra vez, Rusia y Estados Unidos, con sus respectivos aliados, están haciendo el gran juego de estos tiempos, con la novedad de la creciente intervención iraní, la progresiva presencia china y los conflictos internos, políticos y religiosos de los musulmanes de la región.
El último episodio de esta delicada situación se ha vivido en la cumbre sobre seguridad de Munich, en la que no ha faltado de fondo el conflicto coreano, y la han protagonizado los representantes de Israel e Irán. Irán está cada vez más presente en Siria, con sus fuerzas desplegadas en ese país ocupando posiciones cercanas a las fronteras de Israel y del Líbano y donde su brazo armado, Hizbullah, que cada vez es más fuerte, está echando un pulso. Jerusalén ha reaccionado destruyendo una base iraní en Siria y alertando a Occidente. No se puede volver a los tiempos del apaciguamiento que con Hitler condujo a la catástrofe, ha advertido el gobierno israelí. Y Teherán, presente militarmente en Yemen, Irak, Siria, y, a través de sus aliados en Líbano, ha afirmado que todo es un intento del presidente Netanyahu de eludir sus problemas con la justicia por corrupción, que ciertamente los tiene.
Parece más de lo mismo de siempre pero no lo es. El bloque sunní y el chiita están en plena guerra; Rusia va ganando espacios haciendo equilibrios para no alertar más de lo debido a Occidente y Estados Unidos grita en twitter a través de Donald Trump, pero no parece decidido a aumentar su protagonismo en la región. Estos elementos hacen la situación más alarmante. Y China, con calma pero sin pausa, va adelantando peones (militares, económicos, políticos y diplomáticos) en varios lugares estratégicos. (Foto: Joseph Tercero)
paradoja irani

La paradoja iraní

La crisis en Irán, en la que las manifestaciones populares contra el régimen teocrático convergen contra el presidente Rohani con el sector más duro del régimen que acusa al Gobierno de blando y conciliador, está creando una curiosa paradoja. Mientras se deterioran las relaciones del régimen con amplias capas de la sociedad se fortalece la relación exterior del Gobierno con Europa, Rusia y otros países ante la presión de Donald Trump para modificar el tratado nuclear con Teherán y el temor a que una desestabilización aumente la inestabilidad regional. Y todo eso se desarrolla cuando la pugna entre Teherán y Ryad, paladines respectivamente de chiitas y sunnies, está atravesando el mundo árabe y marcando la política exterior y los intereses nacionales de cada país.

Una vez más, EE.UU. y la Unión Europea, en este caso con Francia a la cabeza, aparecen con posiciones divergentes frente al inestable espacio geoestratégico de Oriente Medio. Emmanuel Macron está aprovechando la ventana de oportunidad que la errática política de EEUU abre e, indirectamente, coincide (como en otros tiempos) con la estrategia rusa de fortalecer sus lazos y su presencia en la zona, cosa que Putín parece estar consiguiendo.

Sin embargo, el pragmatismo basado en el mal menor tampoco lleva directamente al éxito. Irán tiene una estrategia a largo plazo de constituirse en potencia nuclear con dos objetivos en el punto de mira: Arabia Saudí y sus aliados sunníes, e Israel, país al que constantemente amenaza con destruir en sus discursos oficiales. El actual convenio con Irán no frena esta estrategia, sólo la aplaza, y no da ninguna garantía a la única democracia existente en la zona: Israel. Así, Arabia saudí está desarrollando sus propios planes de dotarse de armamento nuclear con apoyo técnico de Pakistán y fortaleciendo sus alianzas contra Teherán. E Irán, por su parte, trata de convertir la previsible victoria total de Bashar al-Ássad en Siria en el establecimiento de una potente cabeza de puente directamente frente a Israel. Y Macron debería meditar sobre el conjunto y no exclusivamente en el interés nacional de Francia, que no es necesariamente en de todos los países europeos.

laberinto2

El laberinto Trump

Trabajar para el Gobierno y la Administración que dirige Donald Trump se ha convertido en un laberinto. Si sumamos las dimisiones, los ceses y nuevos nombramientos y la falta de nominación para numerosos puestos estratégicos, es fácil llegar a la conclusión de que la política estadounidense pasa por una de sus etapas de mayor inestabilidad e incertidumbre.
¿Qué está pasando? En primer lugar que en la Casa Blanca hay un presidente outsider, que llegó a la presidencia con apoyo del Partido Republicano pero sin ser parte del Partido Republicano, que parece improvisar, que se guía de una intuición cultivada no en medios políticos sino en sectores empresariales propios de una economía volátil, donde el juego de capitales y la especulación sustituyen criterios más tradicionales como estrategia a plazo medio y largo, productividad y respeto a los mercados.Eso lleva a Donald Trump a cambiar de caballo y de ruta, aliarse con líderes coyunturales, medir su propio éxito por el estado de ánimo de sus electores y así, llegar a impulsos populistas que están desestabilizando la tradición política estadounidense. Aunque, al parecer, no está produciendo merma en sus apoyos electorales y sociales.
Este fenómeno no deja de tener importancia mundial, fundamentalmente por el papel de liderazgo objetivo, y estabilizador, que desempeña Estados Unidos desde la II posguerra mundial. Una Administración errabunda, que trata de combinar posiciones de fuerza con giros tácticos poco explicados, su intento de combatir la globalización desde un proteccionismo nacionalista que está creando incertidumbres mundiales junto a estrategias para fortalecer alianzas viejas, está llevando a sus aliados a la perplejidad y a sus adversarios a nuevas oportunidades de ocupar espacios e influencias.
En ese panorama, la moral está baja en la Administración USA, crecen las rebeldías de los críticos de Trump y los intentos de reconducción desde el Partido republicano y, mientras tanto, la dinámica en conflictos potencialmente muy peligrosos (Corea del Norte, Siria e Irak, el centro de África), sigue su propio ritmo sin esperar a que Trump ponga algo de coherencia en sus decisiones. (Foto, Kalamarrak, Flickr)
Arabia

Arabia Saudí da pasos al frente. Julio Trujillo

(Foto: Yasmeen Love, Flickr) El golpe palaciego del príncipe bin Salman en Arabia Saudi para, entre otras cosas, reajustar los poderes internos de la monarquía y acumular más capacidad ejecutiva, ha sorprendido a los expertos. Si a eso se suma la dimisión, no menos sorprendente, del primer ministro libanés Saad Hariri, anunciada desde Riad y aparentemente influido o presionado por los saudíes, tenemos un escenario en el que da la sensación de que Arabia Saudí ha pasado de una política entre bastidores, discreta y reservada, a una situación nueva en la que querría asumir un liderazgo público en Oriente Medio.

Los saudíes se encuentran en una situación delicada. A una preocupación general por la nueva geopolítica del petróleo, determinada por la mayor independencia energética de algunos clientes occidentales como Estados o el reingreso del petróleo iraní a los mercados mundiales tras el acuerdo de frenar su programa nuclear, se une una situación estratégica regional inestable.

La mayor preocupación saudí desde el punto de vista de su seguridad es el aumento de protagonismo de Irán en la región. Teherán, con el mantenimiento en Siria de Bashar el Assad está en situación de colocar tropas cerca de la frontera saudí por una parte y de Israel por otra, sin olvidar que grata de crear un corredor político militar, junto a Hizbullah y a sus aliados sirios desde Irak (donde su presencia e influencia no ha dejado de crecer) a Líbano, a lo largo del norte de Siria, todo un aviso a Turquía por una parte y a los kurdos por otra.

Esta situación fue la que movió a los saudíes a implicarse en la guerra de Yemen contra los hutíes, aliados de Irán, para intentar frenar su expansión, pero esa guerra se ha enredado y lo que se pensaba que iba a ser una victoria fácil de los sunníes apoyados por Riad ha quedado estancada. El apoyo de EEUU y Francia, que han trasladado mensajes con ayuda política y militar a los saudíes, y el discreto estímulo de Israel que es cada vez es más evidente, bin Salman se ha sentido fuerte para ocupar la escena en una operación que puede salirle mal.

No hay que olvidar que, por las mismas razones de achicar los espacios a Irán, ruptura de Arabia con Qatar no parece haber mermado mucho a este país, por otra parte, tan aliado con EEUU como los propios saudíes.

Y un tercer elemento en escena: Egipto, que empujando a Hamás a firmar una reconciliación con la OLP en Palestina devolviendo a ésta el poder que le arrancó a mano armada en Gaza, quiere su parte en el nuevo mapa regional que comienza a dibujarse.

iran nuclear

El nuevo frente iraní

El acuerdo sobre la limitación del programa iraní de desarrollo de tecnología nuclear vuelve al primer plano de la actualidad al recordar el presidente Donald Trump su posición de anularlo para negociar uno nuevo.
Aquel acuerdo, firmado por la Administración Obama, imponía una moratoria en el desarrollo del programa por parte de las autoridades de Teherán, establecía un sistema de inspecciones (limitadas) y anulaba las sanciones impuestas al régimen teocrático y garantizaba la llegada de sus  recursos petrolíferos a los mercados occidentales de los que llevaba años ausente.
Este acuerdo fue siempre duramente criticado por Israel, que entiende que no frena en realidad los planes iraníes sino los encubre, que solo establece una moratoria de diez años sin inspecciones eficaces y que, anulando las sanciones económicas, provee al régimen de nuevos recursos destinados, entre otras cosas, a reforzar su capacidad militar. Y, recuerdan desde Jerusalén, es Israel el principal objetivo, declarado en cada discurso, de la estrategia militar iraní.
El aumento de la influencia militar de Teherán en Siria, en la frontera oriental israelí; su renovada alianza con Hizbullah, organización militar calificada de terrorista por EEUU y la UE, desplegada en Líbano en la frontera norte de Israel, y los lazos crecientes de los ayatollah con Hamás, en la frontera suroccidental de Israel, completan el escenario. En ese contexto, Donald Trump ha asumido parte de las posiciones israelíes y quiere corregir lo que piensa que fue un error estratégico de Obama que debilita la posición de Occidente y de su principal aliado en la zona en beneficio de rusos e iraníes.
Probablemente esta iniciativa estadounidense abrirá un nuevo frente de discrepancia con Europa, donde Francia es el principal valedor del acuerdo con Teherán, y con Rusia, que no quiere que se altere un panorama en el que ha recuperado protagonismo en toda la región.
En todo caso, parece necesario, en el dossier Irán, abrir un debate sereno, no sólo sobre la necesidad de visualizar procesos de distensión sino en asegurarse de que estos procesos garantizan de verdad avances y no gestos que, a medio plazo, demuestren que a veces los remedios son peores que las enfermedades.
Inestabilidad

El desafío kurdo. Julio Trujillo

Kurdistán, un país real y un Estado inexistente, entra en el protagonismo de la región centro asiática con su referéndum de autodeterminación y agita a todos los gobiernos de la región. Irak (es allí donde el referéndum ha tenido lugar) rechaza la consulta y sus resultados; Turquía, con una importante población kurda en conflicto nacionalista contra el Gobierno y dónde el viejo Partido Comunista Kurdo y su grupo armado PKK están presentes, no sólo en Turquía sino también en Irak y Siria, ha movilizado a su ejército y amenaza con ocupar el Kurdistán iraquí; Irán, con población kurda niega cualquier validez al referéndum, y Siria, en guerra civil, se mantiene a distancia y no acepta los resultados, mirando de reojo a su propia población de origen kurdo. Sólo Israel, por razones que van más allá del mero tacticismo, defiende una eventual independencia de Kurdistán.

Este complejo conflicto tiene su origen remoto en 1150, cuando el sultán Sandjar, el último de los grandes monarcas selyúcidas (sirios de cultura griega), creó la provincia del Kurdistán.

Pero fue tras la derrota del Imperio Otomano tras la I Guerra Mundial cuando se agravó el problema y apareció el conflicto moderno. Tras una declaración inicial de la Sociedad de Naciones concediendo la independencia a los kurdos, Gran Bretaña y Francia redefinieron el mapa de Oriente Medio, se lo repartieron, anularon la efímera independencia kurda y partieron el Kurdistán histórico en cuatro territorios adjudicados a Irán, Irak, Turquía y Siria.

Pero la descomposición de Irak ha llevado al territorio kurdo de este país a una autonomía amplia, con Administración y ejército propio y ahora han organizado la consulta de independencia que, de dar lugar a un Estado propio, alteraría los equilibrios y podría suscitar alianzas ahora impensables.

Excepto Israel, ningún país ha proporcionado apoyo público al plebiscito. Los más contundentes en su oposición han sido el Gobierno central iraquí, Irán y Turquía, inquietos por el efecto en sus comunidades kurdas y en las aspiraciones independentistas del mayor pueblo sin Estado.

Para ambos, el plebiscito es un asunto de “seguridad nacional”. Tanto Ankara como Teherán podrían responder tratando de aislar políticamente al Gobierno kurdo pero resulta improbable que recurran a la violencia.

El apoyo de Israel va más allá de desear una mayor inestabilidad entre sus enemigos potenciales y logran ampliar sus muy escasos amigos en la zona. Cuando al comandante de una unidad peshmerga (el ejército kurdo) se le preguntó por qué país sienten los kurdos más cercanía, refiriéndose a Israel dijo: “Creemos que Israel es nuestro amigo más cercano en la lucha. Tenemos una historia común”.

Durante décadas, los nacionalistas árabes, islamistas y el régimen iraní constantemente les han comparado con los israelíes. Ali Akbar Velayati, ex canciller iraní, ha afirmado que EEUU “conspira para establecer un segundo Israel en la región” en la forma de un Kurdistán libre. Israel mantiene estrechas relaciones de solidaridad y colaboración en todos los campos con los kurdos desde hace años.

En la práctica, grupos kurdos como el Partido Democrático de Irán Kurdistán (PDKI), que se oponen al régimen iraní, colaboran con otros grupos minoritarios oprimidos tales como azeríes y baluchis. En el Kurdistán iraquí se ven iglesias y templos cristianos yazidies, y la convivencia de diferentes grupos étnicos y religiosos es incuestionable.

Así las cosas, el desafío kurdo puede suponer una patada en el tablero de ajedrez político y habrá que recoger las piezas y volver a colocarlas. Y ahí se abrirán todas las cuestiones actuales y las pendientes. Una situación que, vista así, da vértigo.

Hizbullah

Irán juega sus cartas. JulioTrujillo

Aunque a pasos torpones y erráticos, Trump va definiendo una nueva estrategia exterior norteamericana que está ya teniendo consecuencias en el realineamiento de algunos países y el dibujo de algunos escenarios diferentes.  A pesar de que, con los viejos tópicos, los adversarios de siempre y los intelectuales “comprometidos” emiten sus dictados anti Trump desde sus brillantes columnas de viejos periódicos o de sus despachos universitarios, y subrayan los detalles atrabiliarios del presidente de EE.UU. por encima de sus decisiones profundas, éstas van cambiando algunas cosas. Y todas estas cosas están introduciendo cada día elementos nuevos en el escenario que va desde el Mediterráneo al Pacífico donde están, hoy, los mayores puntos de inestabilidad y de riesgo para la seguridad internacional.

Una de las últimas decisiones, la de imponer nuevas sanciones a Irán, corregir algunas de las concesiones de Obama y la Unión Europea y alertar de las continuas amenazas iraníes de completar el trabajo de Hitler y acabar con los judíos y, por supuesto, con Israel, ha obligado a Teherán a mover piezas.

Irán está, en estos momentos, combatiendo militar y políticamente en dos frentes importantes y varios accesorios. Por una parte, Teherán tiene fuerzas en Siria, donde combate junto a Hizbullah, las tropas de Bashar el Asad y los rusos contra la nebulosa de grupos de la oposición, que van desde el Daesh, contra el que oficialmente están todos, hasta grupos kurdos apoyados por Europa y Estados Unidos sin olvidar varias milicias coordinadas por Al Qaeda o con intereses independientes que se suman de manera oportunista a quienes les convenga en cada situación.

Mientras tanto, expertos y asesores iraníes combaten en Yemen, junto a los chiitas hutíes, contra los sunnitas locales apoyados por una coalición de Arabía Saudí, Egipto y países del Golfo. Teherán, donde el sector menos radical de la teocracia acaba de verse reforzados en las elecciones, confiaba en que un acercamiento entre Estados Unidos y Rusia respecto a Siria olvidara aumentar la presión sobre Irán. Pero Trump no ha cerrado acuerdos con Putin y ha recuperado la desconfianza oficial hacia los planes iraníes de seguir desarrollando armas nucleares y ha aprobado nuevas sanciones.

En ese escenario, Teherán ha realizado varios movimientos rápidos los últimos días: ha enviado una delegación a Corea del Norte, ha intensificado su ofensiva diplomática en América Latina y ha declarado que “todas las opciones están sobre la mesa si Estados Unidos rompe el tratado firmado” con el régimen de los ayatolláhs. Esta nueva situación fortalece, paradójicamente, el discurso y los intereses de Rusia y sobre esta base, Putin va a basar sus propuestas de gran acuerdo con Estados Unidos.

Lego

INTERREGNUM: Daesh en el sureste asiático. Fernando Delage

El ataque a la ciudad de Marawai, en la provincia filipina de Mindanao, por parte de un grupo vinculado a Daesh desde el pasado 23 de mayo, —hecho que ha causado más de 200 víctimas y provocó la declaración de ley marcial por parte del presidente Rodrigo Duterte—, podría marcar el comienzo de un nuevo frente del terrorismo islamista en el sureste asiático. Se trata de la primera vez que se persigue la doctrina de lucha armada del Estado Islámico—ocupar territorios para imponer la sharia—en un entorno urbano en esta parte del mundo.

Diversas fuentes han confirmado la presencia de indonesios y malasios, además de filipinos y radicales de otros países—como uigures, saudíes y chechenos—en las filas de Maute, un grupo apenas conocido hasta la fecha. Según el gobierno de Indonesia, al menos 1.200 terroristas desplazados desde los campos de batalla en Irak y Siria se encontrarían en el sur de Filipinas, convertido, por unas características geográficas que limitan la capacidad de control del gobierno, en el epicentro de la infiltracion del Estado Islámico en la región. Algunos especialistas temen que la red de Daesh en la zona puede estar más extendida de lo que se pensaba con anterioridad.

Maute, el grupo que ha irrumpido como núcleo de la red islamista local, fue fundada por Omar y Abdulá Maute, dos hermanos que, tras trabajar durante unos años en Oriente Próximo, regresaron a Filipinas imbuidos de ideas radicales. Sus militantes se suman así a otras tres organizaciones relacionadas con Daesh en el país: Abú Sayyaf, Ansarul Khilafah, y los Luchadores Islámicos por la Libertad de Bangsamoro (este último es una escisión del Frente Moro de Liberación Islámico). Por el contrario, la Jemaah Islamiyah, basada en Indonesia, en su tiempo vinculada a Al Qaeda y considerada como la principal amenaza terrorista en el sureste asiático—fue la responsable del atentado de Bali de 2002, que causó 202 muertos—, ha declarado su oposición ideológica al Estado Islámico.

La cuestión para los gobiernos de la región es qué hacer con respecto a estos militantes que regresan a sus países con la voluntad de recurrir a la violencia para imponer su visión islamista. Su retorno se produce en un contexto en el que la tradicional moderación religiosa en países constitucionalmente laicos como Malasia e Indonesia, está siendo sustituida por una gradual islamización que, por complicidad o mera inacción, impulsan las propias autoridades. Estas circunstancias no ayudan a afrontar un fenómeno—el extremismo islamista—que podría convertirse en un creciente desafío a medida que Daesh se retire de los desiertos del mundo árabe.

En unos días o semanas, Manila declarará su victoria sobre Maute. Pero la alianza entre las distintas organizaciones radicales supondrá una grave amenaza si estos “soldados del Califato” deciden replicar las tácticas insurgentes ya empleadas en Siria o Irak. Si sus ideas y acciones violentas continúan extendiéndose, los gobiernos locales tendrán que actuar de manera conjunta, y recurrir a la ayuda de terceros. No es casual que Duterte haya reducido su tono de denuncia de Estados Unidos y solicitado su “asistencia técnica” a las fuerzas armadas filipinas.

Sheriff

Zafiedad, estupidez y estrategia.

Donald Trump es un hombre zafio que justifica su mala educación, personal y cultural, como lenguaje directo y su derecho a hablar con el “lenguaje de la gente”. Su dedicatoria, frívola, estúpida y fuera de tono, en el libro de visitas del Yad Vashem el museo israelí dedicado a la Shoa (Holocausto) son una muestra más que evidente de su ligereza intelectual y su escasa inteligencia emocional. Y a ese colofón de hace unas semanas debe añadirse sus comentarios sobre las mujeres, sus salidas de tono con algunos periodistas, su falta de contención verbal en sus contactos con líderes europeos o sus complicidades emocionales con algunos dirigentes rusos que hace tiempo están instalados en la chulería y la falta de elegancia, como es el caso del propio Putin.

Pero debajo de ese Trump empieza a dibujarse una estrategia, probablemente definida por su equipo, que parece clara. El presidente está decidido a que Estados Unidos tenga una estrategia respecto a Oriente Medio y Asia Central tras unos años en que la Casa Blanca parecía embrollada en un discurso de llevarse bien con todos y en conseguir el aplauso de la opinión pública políticamente correcta. Trump ha llegado a Arabia Saudí, les ha advertido de los lazos perversos con el Daesh en un mensaje no solo dirigido a Ryad sino también a Qatar, y les ha ofrecido ayuda militar frente a Irán a cambio de compromiso contra el Desh.
El islam sunní cuya autoridad religiosa encarna Arabia Saudí está en guerra con los chíies que apadrina Irán, en Irak, en Siria y, sobre todo en Yemen, en un conflicto en abierta confrontación militar. De esa confrontación provienen en realidad los lazos entre Al Qaeda, Daesh y el islam sunní, todos enemigos de los chíies. El campo chíi agrupa al régimen de Bachar el Asad de Siria, a sectores irakíes, al Estado paralelo que representa Hizbullah en Líbano (con tropas en Siria) y, como aliado estratégico, la Rusia de Putin. Con esa política, EEUU ha marcado el campo y redoblado su apoyo a Israel, no sólo la única democracia de la zona sino el único proyecto de vida con estándares occidentales y donde cristianos y musulmanes, además de judíos,  gozan de mayores libertades y seguridad en toda la región.
La política, si es el arte de lo posible, constituye una partida que hay que jugar con las cartas que tocan, y colocarse por encima del juego real es peligroso y un factor propagandístico de primer orden. Irán es hoy una potencia en auge que desestabiliza la zona y para comprometerla en una reglas del juego manejables hay que dejarle claro los límites. Como se les deja, en otro plano, a Arabia, Pakistán y Egipto.
Pero, al lado de la zafiedad y la estrategia (se puede compartir o no, pero es un plan donde no había nada) aparece la estupidez. Los sectores progresistas europeos se rasgan las vestiduras y acusan a Trump de todos los males. Para ello exhiben la zafiedad presidencial y presentan oposición ética a la búsqueda de alianzas con los saudíes. Sin dejar de recordar que los mismos que piden principios contra Ryad son los que piden hacer “política” con Maduro y lo pedían con ETA, conviene advertir que, en el fondo, no hay una propuesta alternativa. Hay simplemente rechazo a Estados Unidos siempre que no gobierne un miembro del Partido Demócrata e, incluso entonces, con reparos.
Trump ha entrado en Europa como un elefante en cacharrrería, incluso cuando tiene razón  y dice que los aliados europeos tienen que gastar más en Defensa. Y hace bien Angela Merkel cuando advierte que los europeos deben aprender a caminar solos porque no hay, ni tiene por qué haber, una identidad absoluta de intereses. Pero no cabe duda de que es más lo que une a la UE y a Estados Unidos que lo que los separa. Y Rusia es un adversario a los intereses de ambos en todos los terrenos.
Trump ha comenzado a verle las sombras al brexit y se las verá a sus obsesiones proteccionistas. Pero incluso antes de eso está en el mismo campo que Europa.
Francia

La inmensa tarea de Enmanuel Macron. Por Julio Trujillo.

En su discurso de la noche electoral, ante sus seguidores y a las puertas del Louvre, el elegido nuevo presidente Macron insistió no menos de cinco veces en que tenía ante sí una inmensa tarea y subrayó la necesidad de crear las condiciones para que, en cinco años, los que ahora han votado en clave populista no se sientan tentados a volverlo a hacer. Es verdad que es una inmensa tarea en la que se suman la necesidad de articular en menos de un mes una formación política que le dé un grupo parlamentario en las elecciones de junio y esbozar las primeras medidas que transmitan un mensaje reformista a quienes le ha votado.

Sin embargo, el tirón electoral hacia la extrema izquierda y la extrema derecha tienen una misma base sociológica e ideológica por encima de las apariencias  (nostalgia de un Estado providencial, rechazo a toda medida liberal, desconfianza en la Unión Europea y melancolía mitificada de la época del franco francés), y esto va a ser leído por todo el espectro político, y también por el presidente Macron como un mensaje para reorientar algunas políticas. Por eso, algunas de las medidas anunciadas por Macron en la campaña electoral van a ser meditadas con mucho cuidado. De hecho, ya en la misma noche electoral, la parte de la izquierda que ha apoyado a Macron ya insistía en la necesidad de abandonar la senda de la austeridad para contentar a la demagogia populista, es decir, gastar más dinero público en contentar a esos sectores que en tomar medidas para impulsar una economía más competitiva. En todo caso, en este terreno el debate ya existe hace meses y los límites del mismo los marcará Alemania, que también tendrá que enfrentarse en poco tiempo, en septiembre, a elecciones generales.

Pero sí hay un terreno en el que Macron puede emitir mensajes que aglutinen a gran parte de la nación, y es en la política exterior y de defensa en las que el presidente va a sacar músculo nacional y aumentar el protagonismo francés en la escena internacional, insistiendo, como todos sus predecesores, en sugerir una grandeur hace tiempo en decadencia si es que existió alguna vez. Ya ha hablado el entorno presidencial de encuentros más o menos inminentes del presidente Macron con Merkel, Putin y Trump. Con Gran Bretaña fuera de la UE, Francia va a levantar la bandera europea en torno a su política exterior que será beneficiosa para toda la Unión según cada caso.

Partiendo de esta hipótesis, ¿dónde tratará Francia de escenificar su ascenso a las potencias? Ya lo hace en África, donde lleva décadas compitiendo con discreción con Estados Unidos, pero ha estado siendo desplazada de Oriente Próximo en donde fue potencia colonial, y es bastante plausible que trate de reaparecer con iniciativas propias, tal vez no muy alejadas de las de Putin, en aquella zona partiendo del conflicto sirio. Y aquí Francia va a intentar presentar una defensa de sus intereses nacionales con la bandera de la Unión Europea y con el apoyo de los socios de la UE entre los que no estará totalmente de acuerdo Gran Bretaña. Y también Asia-Pacífico. Europa, y por lo tanto Francia, no pueden ignorar el protagonismo chino y los riesgos de Corea del Norte en una zona de la que la UE lleva décadas desaparecida.

Este es el escenario para una Francia desgarrada, necesitada de referencias en una Europa que ha respirado de alivio por el presente inmediato pero que tendrá que asegurar el futuro. Es, efectivamente, una inmensa tarea.