El fentanilo, la nueva guerra del opio

Estados Unidos padece la peor crisis de drogas de su historia con cifras de muertes récords que se ubican en los 1500 individuos semanales por el consumo de algún opioide, de acuerdo con él Centro Nacional de Estadísticas de Salud de la nación.

Las muertes por sobredosis de estupefacientes aumentaron en casi un 30% entre él 2019 al 2020 y se han quintuplicado desde 1999. El 75% de los fallecidos por sobredosis en el año 2020 se debió al consumo de algún opioide, según el CDC (Centro para Control y Prevención de Enfermedades estadounidense).

Los opioides se derivan de la planta de adormidera y se dividen en dos grandes categorías: medicamentos fabricados de manera rigurosa y legal y los narcóticos ilícitos.

En la década de los noventa los médicos estadounidenses comenzaron a recetar opioides a pacientes que habían sufrido de cáncer o que habían tenido cirugías complejas. Pero ya para la década del 2000 los médicos recetaban cada vez más frecuentemente opioides para afecciones crónicas de padecimiento de dolor por lo que no sólo se disparó el consumo sino su adicción. Lo que definitivamente contribuyó al origen del problema.

Aunada a esa realidad, la pandemia empeoró la situación debido a las interrupciones en la cadena de suministros que empujaron a consumidores a recurrir a nuevas sustancias, junto con él aspecto psicológico de la pandemia, la soledad producto del confinamiento que propició que muchas más personas recurrieran a consumir drogas estando solos.

Durante la pandemia, la disponibilidad del fentanilo aumentó considerablemente por lo que fue realmente fácil adquirirlo. Además, se podía encontrar en presentaciones que lo encubría como opioide recetado por los médicos como el OxyContin, Oxycodone, Oxypro, Longtec, Reltebon, Zomestine, entre otros nombres comerciales para el tratamiento del dolor moderado o severo.

Él 70% de los consumidores se concentra en la población blanca estadounidense seguidos por los afro américos y latinos en un porcentaje mucho menor entre un 17 y un 12%. Aunque también se encuentran los veteranos de guerra que padecen algún dolor crónico y que son otra parte de la población altamente vulnerable y más propensa a consumir estas sustancias.

Además del impacto social la epidemia de opiáceos está generando un grandísimo problema económico en la economía estadounidense, solo en él 2020 él costo para él Estado fue de 1.5 billones de dólares, lo que representa él 7% del producto interno bruto de la primera nación del mundo. Y se estima que lo peor está por llegar, según las proyecciones del Comité Económico del Congreso.

La mayor cantidad del fentanilo llega a Estados Unidos a través de la frontera mexicana aunque proviene directamente de China. Él gigante asiático es el principal fabricante de los ingredientes necesarios para producir el fentanilo.

Las redes chinas envían fentanilo a México, donde los cárteles de drogas mexicanos como el de Jalisco Nueva Generación o él Cártel de Sinaloa cuentan con sus propias redes de distribución, aunque también hay una gran cantidad de ciudadanos estadounidenses que contrabandean fentanilo en las fronteras según un estudio realizado por Claire Klobucista  y Alejandra Martínez para el Cónsul en Relaciones Internacionales , un think thank con sede en Nueva York.

En algunos casos, los carteles en México sirven también de laboratorio a los fabricantes chinos, importan los ingredientes químicos necesarios para fabricar opioides sintéticos en fábricas ilícitas ubicadas en territorio mexicano y producen los narcóticos que finalmente son enviados a Estados Unidos de contrabando.

Otros consumidores adquieren el fentanilo en pagines webs, convencidos que están comprando heroína, cocaína o analgésicos a traficantes de drogas en las redes sociales, sin saber que los productos están mezclados con sustancias mortíferas. En algunos casos, los consumidores estadounidenses hacen sus peticiones virtualmente en sitios webs ubicados físicamente en el extranjeros y estos envían sus productos por correspondencia normal que entra a Estados Unidos y es entregando directamente en el buzón del consumidor.

Washington ha intentado llegar a la raíz del problema y ha establecido acuerdos con el Estado mexicano, el mismo Biden visitó a López Obrador en la ciudad de México en busca de mecanismos de cooperación para atacar el problema.

También ha habido diálogos con China. En 2018 Beijing introdujo controles sobre dos precursores químicos necesarios para producir él fentanilo, conocidos como NPP y 4ANPP, luego de reuniones bilaterales. Pero con el aumento de tensiones entre las dos grandes potencias China decidió dejar la persecución de los grupos dedicados a tal actividad.

Para el PC chino perseguir a estos grupos ilícitos no representa una tarea especialmente difícil debido a los excesivos controles y vigilancia social que tienen sobre su población.

Pero el PC chino sabe bien la crisis que padecen los estadounidenses y la presión doméstica que eso causa a la Administración. En efecto, los republicanos han ejercido una gran presión sobre la actual Administración en busca de soluciones a lo que describen como la peor crisis que ha pasado la nación.

El PC chino había emprendido un plan de cooperación en la lucha contra el fentanilo pero la visita de Nancy Pelosi, en ese momento presidente de la Cámara de Representantes del Congreso, a Taiwán el pasado agosto, molestó tanto al gobierno chino que decidió parar todos los avances. Además, es importante destacar que el fentanilo no es un problema interno para Xi por lo que la lucha contra éste es una carta reservada para negociar con Washington que usarán sólo si les retribuye o beneficia en algo.

Existe otro elemento histórico a considerar. Los chinos no perdonan a Occidente la introducción del opio y las consecuencias y adicción que la sustancia causó en la sociedad china durante él siglo XIX y este momento puede servirle de revancha.

Aunque las Guerras del Opio tuvieron lugar en el siglo XIX y cueste creer que hoy sigue presente el sentimiento de revancha la realidad es que la humillación china por haber perdido sigue presente. Los chinos no olvidan y siguen sintiéndose un imperio superior que con el brutal crecimiento de su economía en las últimas décadas se siente vigorizado y con la capacidad de imponerse.

Tan sólo él año pasado, la DEA incautó 376 millones de dosis de fentanillo lo que pudo haber acabado con la vida de cada adulto y niño de los Estados Unidos de haber sido consumido por la altísima toxicidad que posee, que en algunos casos es cincuenta veces más potente que la heroína.

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