Un importante objeto de debate entre los especialistas lo constituye la idea sobre si la China actual es realmente una civilización continua con miles de años de historia. No obstante, al margen de esta discusión, para las autoridades de la República Popular China, su país y su gente se corresponden con una tradición ininterrumpida de unos cinco mil años de historia. En este punto, cabe pensar entonces qué función tiene todo este legado acumulado a lo largo de tantos años para la gobernanza actual del país, e incluso si puede ser relevante para la comunidad internacional. Pues bien, la respuesta se podría encontrar en la Iniciativa para la Civilización Global (ICG), anunciada en marzo de 2023 por el secretario general del Partido Comunista de China (PCCh) y presidente de China, Xi Jinping.
La ICG consiste en un proyecto que busca construir un modelo de gobierno efectivo y próspero para la sociedad internacional que, en lugar de países, se sustente en las relaciones entre civilizaciones. Simplificando mucho, se podría comparar con una ONU de diferentes tradiciones culturales e históricas, pero que en modo alguno busca reemplazarla. Lo destacable es que aquí los integrantes de la alianza, en vez de ser Estados por separado, son distintos países que forman parte de una tradición común y que constituyen una región u organización internacional que los une culturalmente. Este sería el caso de América Latina o la Liga Árabe, sin olvidarse de la Unión Africana. Esto entraría en la línea de visión del profesor de la Universidad de Renmin, Wang Yiwei, gran conocedor de la ICG.
El modelo que define a la ICG se encuentra en los siguientes cuatro pilares:
- Respeto por la diversidad de civilizaciones
- Defensa de los valores comunes de la humanidad (paz, desarrollo, justicia, democracia y libertad)
- Igualdad entre civilizaciones
- Apoyo en los intercambios y en la cooperación internacional entre pueblos
Como se puede observar, las tradiciones de las distintas culturas que integran el mundo son las protagonistas de esta nueva visión para gobernar el mundo y beneficiar a la humanidad. Entonces, ¿por qué en China se aboga por las civilizaciones en lugar de simplemente por los Estados? La razón es complicada de proponer con seguridad, pero se podría argumentar que tiene que ver con la concepción china de Estado-civilización. En el país se consideran los herederos de un milenario legado cultural, político, filosófico o social que fue acumulando sabiduría a lo largo del tiempo. Este proceso continuo alcanzó su culminación con la llegada del marxismo en el siglo XX y la fundación de la República Popular China. En este momento, el socialismo y comunismo supieron adaptarse a la realidad concreta de China (la denominada como “segunda integración” por los teóricos), lo que explicó la conformación de la China actual como un país moderno con un extenso pasado del que aprendieron.
Por consiguiente, se puede comprobar que China no es un país que considera que el progreso y el beneficio solo se pueden obtener de la mano de un Gobierno rompedor con el pasado. Al contrario, busca la modernización observando atentamente la historia de su civilización para integrar sus aspectos más relevantes con las aportaciones del marxismo. En todo ello es fundamental la llamada “excelente cultura tradicional china”, ampliamente utilizada en el vocabulario de las autoridades políticas. Es difícil encontrar un modelo similar en otro Estado.
De este modo, es posible que esta concepción de continuidad combinada con la innovación que siempre caracterizó a su sociedad hubiera inspirado a China para dar a conocer su modelo de gobernanza más allá de sus fronteras. Con la ICG, el liderazgo chino busca establecer un sistema que trata de apartarse de los modelos internacionales que estaban dominados por las potencias occidentales que pretendían que el mundo se convirtiese en una comunidad únicamente guiada por los valores de Occidente. Como respuesta, China propone una alternativa que reconoce la importancia, particularidades e igualdad entre las diferentes civilizaciones que se encuentran en el mundo, de modo que la cooperación respetuosa entre civilizaciones conduzca a una armonía total.
Para concluir, queda por ver cómo se concreta la ICG, especialmente para determinar la relevancia práctica de aspectos inherentes a la civilización china como el confucianismo para saber qué función pueden tener en la gobernanza mundial a través de esta iniciativa. Sin duda, esta cuestión constituye toda una línea de investigación propia.




