Un acuerdo profundo pero vulnerable

Una de las noticias del verano ha sido el acuerdo de defensa firmado por Pakistán, Arabia Saudí, Qatar y Turquía. A primera vista sería un escudo frente Irán y, de fondo, una  amenaza contra Israel. Una segunda vista señalaría que los saudíes y Qatar  pondrán la financiación principal, Pakistán sus conocimientos sobre tecnología nuclear para uso militar, ya que posee armamento atómico y Turquía aportaría un ejército no menor, integrado en la OTAN, y una doctrina estratégica elaborada y de viejas raíces históricas.

Pero precisamente aquí está uno de las vulnerabilidades del acuerdo. Entre los firmantes, Turquía no es un país árabe, fue una potencia imperial en la región y las raíces de sus aspiraciones estratégicas se hunden en una nostalgia imperial de un sistema contra el que los árabes, con el apoyo británico, se sublevaron, lo que configuró la geopolítica actual de la región.

Como ejemplo sirva señalar que los firmantes están en bandos enfrentados en las guerras de Yemen y Sudán y en la explosiva situación de Libia. Los próximos meses dirán si el acuerdo es uno de los cimientos de un nuevo centro de poder, turco-árabe, o un decorado artificial volátil y contradictorio.

Por otra parte, en este escenario está presente China que tiene relaciones de intensidad variable con los cuatro firmantes  (y con Irán) y que aspira a ocupar el papel de Rusia, aliada de Irán, y la desconfianza hacia Estados Unidos a pesar de estar en el mismo lado frente a Teherán.

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