China, América Latina y la geopolítica de la energía limpia. Rafael González Morales

El mercado energético global está en un proceso acelerado de transición hacia la producción y empleo de energía limpia. China se ha convertido en el motor del crecimiento mundial al generar el 60% de la energía renovable a escala global, es el principal inversor con 849 mil millones de dólares en 2025, el mayor productor de paneles solares, turbinas eólicas y baterías de litio, así como el líder en la fabricación y venta de vehículos eléctricos controlando más del 65% del mercado.

El gigante asiático está reconfigurando la disputa geopolítica por el poderío energético y el control de los minerales críticos en todo el planeta. Pekín está marcando la pauta y se consolida como el arquitecto de la geopolítica de la energía limpia con una clara ventaja competitiva. En este contexto, América Latina se ha convertido en uno de los epicentros de esta expansión.

La región latinoamericana resulta estratégica en la proyección china en materia de energía limpia debido a que el área posee una abundante riqueza en minerales críticos y países como Bolivia, Argentina, Brasil y Chile cuentan con las principales reservas mundiales de cobre, litio, tierras raras, níquel, cobalto y grafito.

América Latina le aseguraría a China los recursos y la cadena de suministros claves para el desarrollo de esta industria que genera, financia y comercializa energía limpia. Por solo citar dos ejemplos, China es altamente dependiente del litio y el cobre que se producen en Latinoamérica. En el 2024, el 90% de las importaciones chinas de litio provenían de esa región y en el caso del cobre fue el 70%.

En esta región, Pekín está articulando su proyección de manera integral abarcando cuatro ejes claves: explotación y control de minerales críticos; fabricación de tecnología limpia; financiamiento de proyectos y adquisición de infraestructuras. Sin lugar a dudas, se ha posicionado como el actor clave en toda la cadena de valor de la transición energética en el denominado patio trasero de Estados Unidos.

Para América Latina, este escenario le representa tres ventajas fundamentales: 1) cuenta con un proveedor estable de capital y tecnología que le permite acelerar la transición hacia la energía limpia 2) genera puestos de trabajo asociados a toda la infraestructura de producción que se despliega y 3) contribuye al desarrollo tecnológico a partir de los procesos de transferencia de tecnología de punta.

China ha expandido la fabricación de tecnología limpia al establecer polos de producción como es el caso de la fábrica de automóviles eléctricos en Camacari en el estado brasileño de Bahía inaugurada por el gigante automovilístico chino BYD y la fábrica de turbinas eólicas emplazada en la nación suramericana. En Chile que posee el 33% de las reservas mundiales de litio, la empresa china Tianqi Lithium ya controla una parte importante de la compañía chilena SQM que es la mayor exportadora de litio en ese país.

En cuanto al financiamiento, China en los últimos 15 años ha invertido cerca de      33 mil 690 millones de dólares en 70 proyectos de energía renovable en la región, principalmente, en solar y eólica. Con relación a los países de mayor peso en la inversión, los principales son: Brasil, Perú, Argentina y Chile que concentra el 85% del capital chino invertido en energía limpia.

Como parte del posicionamiento creciente del gigante asiático, algunas de sus empresas han adquirido infraestructuras de redes eléctricas. La China Southern Power Grid gestiona la distribución eléctrica en Lima al comprar Enel Distribución Perú en 2024. En el caso de Chile, State Grid Corporation of China se ha convertido en la propietaria de dos de las cuatro distribuidoras eléctricas del país controlando el 57% del mercado.

La transición energética hacia la energía limpia está configurando el presente y futuro de la geopolítica a nivel global. Esta es otra dimensión en la que se evidencia la competencia entre los centros de poder internacional y, en especial, está mostrando el ascenso vertiginoso de China y su consolidación como la potencia indiscutible del futuro del mercado energético mundial.

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