Teherán: el funeral como pretexto

El funeral del eliminado líder de la teocracia iraní, Ali Jameni, no solo ha sido una enorme demostración religiosa y de adhesión de la población iraní al régimen de los ayatollah. En el entorno de los funerales se ha jugado fuertemente a la geopolítica y a la propaganda. La presencia de representantes de Rusia y China ha sido presentada como apoyos al gobierno de Irán, Teherán ha aprovechado la presencia de autoridades religiosas y políticas saudíes para hacer gestos a quienes son sus enemigos en el Islam  y en las alianzas regionales y en sus conceptos del equilibrio regional necesario.

La situación en Irán es muy compleja. La economía está casi arruinada, las infraestructuras muy añadas y su capacidad de respuesta militar es escasa, a pesar de que se publicitan sus ataques, en general con escasos daños, a buques en el Estrecho de Ormuz, a bases estadounidenses en países árabes y a Israel. En realidad es más propaganda que reacción.

En este escenario, el funeral ha supuesto una oportunidad para un enjambre de contactos entre mediadores de todo tipo y países en busca de colocarse en la parrilla de un posible nuevo escenario regional.

Rusia y China han hecho un esfuerzo extra ya que solo han estado hasta ahora como elementos casi decorativos en el telón de fondo de las negociaciones. Su presencia en los funerales del líder del chiismo  y del régimen iraní revela que ambas potencias necesitan hacerse visibles en el escenario y no quedar fuera de ninguna reordenación geoestratégica de la zona.

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