Donald Trump no quiere dejar ningún asunto candente fuera de agenda ante las elecciones de medio mandato del próximo noviembre, y para las que los sondeos pronostican un retroceso del presidente. Hace unas semanas anunció la posibilidad de volver a reunirse con el presidente norcoreano, Kim Jong-un cuando Pyongyang parece haber aumentado el ritmo de sus pruebas de misiles y nucleares.
A la vez, hace unos días EEUU, Japón y Corea del Sur anunciaron el comienzo de una nueva edición de las maniobras militares Freedom Edge, después de que Washington redujera sus maniobras anuales con Seúl en un aparente intento por fomentar el diálogo con Corea del Norte. «Este ejercicio es un entrenamiento defensivo que realizan anualmente los tres países para responder a las amenazas nucleares y de misiles de Corea del Norte y salvaguardar la paz y la estabilidad en la región», señaló el Estado Mayor Conjunto de Corea del Sur en un comunicado.
Las maniobras Freedom Edge se desarrollaron por primera vez en junio de 2024, tras un acuerdo alcanzado por los líderes de los tres países en su cumbre de Camp David en 2023.
Esta estrategia de palo y zanahoria que lleva a cabo Trump parece, de momento, gestos en clave electoral, pero también es verdad que Corea del Norte lleva años haciendo gestos de colaboración y apoyo norcoreano en la guerra de Ucrania, y China, que apadrina y a la vez vigila y sujeta a Corea del Norte, sigue fortaleciendo lazos estratégicos en la región. Tras las elecciones estadounidenses de otoño las brumas se disiparán y aparecerán más claros los detalles del escenario. Que sean más peligrosos o menos está por ver.




