Oriente Medio y China, nuevo escenario

Apenas anunciado el memorándum de acuerdo entra Irán y Estados Unidos, China se ha apresurado a expresar su apoyo sugiriendo que Pekín ha sido un actor tras las bambalinas en el proceso de facilitación de las negociaciones, se supone que como padrino en la sombra de sus socios pakistaníes.

En todo caso Pekín está atento, y moviendo piezas ya, en lo que se adivina que va a ser el nuevo tablero de juego para Oriente Medio, entendido como el amplio espacio geopolítico entre la frontera occidental de India y el Mediterráneo y entre el Índico y Asia Central. Estados Unidos, y con menos entusiasmo Israel por las dificultades objetivas, está planteando una ampliación de los Acuerdos de Abraham, aquel proceso del primer mandato de Donald Trump que llevó a la aceptación y el reconocimiento del Estado de Israel por una serie de países árabes e islámicos que una década ante clamaban por la su destrucción. En ese complejo jeroglífico geopolítico China tiene puestos huevos en todas cestas y ahora se prepara para explotar esos lazos sentando las bases para una influencia alternativa a la de Estados Unidos.

Con discreción y paciencia, Pakín ha ido tejiendo una red de negocios y acuerdos que van desde Irán a Israel pasando por Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Jordania y Turquía, sortando contradicciones y equilibrando mensajes que le periten sostener su presencia. Rusia disminuye, pero no mucho, su influencia en la región, la de China crece y la de Estados Unidos necesita una reflexión y, sobre todo, una valoración de cómo aprovecha la situación posbélica que se aproxima.

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