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THE ASIAN DOOR: Geopolítica y renovables, el giro inesperado de la invasión de Ucrania. Águeda Parra

Considerada la cumbre del Cambio Climático COP26 como una de las menos ambiciosas en los últimos años, la invasión rusa de Ucrania ha dado en apenas un mes un giro inesperado sobre los objetivos mundiales de acción climática. La recuperación de la economía tras los confinamientos y las restricciones de la pandemia planteaban apenas hace cuatro meses una trayectoria de emisiones que conducían a un calentamiento de 2,4ºC al final de este siglo, considerando el escenario más desfavorable. La situación geopolítica actual plantea, sin embargo, un cambio de escenario de orden global que puede resultar beneficioso para los objetivos climáticos.

La guerra en Ucrania plantea el mayor desafío geopolítico desde la Segunda Guerra Mundial, no solamente para Europa, sino que supone una reordenación en la balanza de poder geopolítica a nivel mundial. La firme determinación de la Unión Europea de reducir su dependencia energética del gas de Rusia, que alcanza el 40%, y asciende al 60% en el caso de Alemania, supone situar el cambio de la estrategia europea sobre seguridad energética como uno de los principales game-changer en el juego de rebalanceo de fuerzas de poder que va a dejar la etapa post-guerra.

La cuenta atrás para alcanzar cero emisiones netas en 2050 comenzó para la Unión Europea en 2021. Por delante, unas tres décadas para alcanzar la descarbonización convirtiendo a las renovables en la pieza central del modelo de seguridad energética de los países europeos. El mismo tiempo que resta para que potencias energéticas como Rusia pierdan su influencia, al ser fuente de una quinta parte de las reservas de gas natural del mundo. De hecho, la reflexión sobre esta paulatina pérdida de influencia geopolítica podría haber acelerado la incursión militar sobre Ucrania.

Mientras un giro inesperado de la geopolítica global impulsa que la Unión Europea intensifique la política de fomento de las renovables, China mantiene su esquema y redobla la atención sobre las energías limpias con la publicación de un plan para desarrollar un sistema energético moderno para 2021-2025 como parte del itinerario marcado por el 14º Plan Quinquenal (2021-2025). De cumplirse los objetivos recientemente publicados, el plan estratégico definido por China podría adelantar hasta en cinco años el pico de emisiones de carbono comprometido para 2030.

El liderazgo de los gobiernos regionales marca la pauta de adecuación a los compromisos climáticos anunciados por China y, a falta de que 12 de los 34 gobiernos regionales comuniquen sus planes de desarrollo, la acción conjunta de los 22 restantes ya contempla el objetivo de agregar más de 600 gigavatios (GW) de capacidad de renovables de forma combinada entre 2021 y 2025. Una cifra que supone más del doble de la capacidad eólica y solar instalada a finales de 2020.

La ambiciosa hoja de ruta que plantea este nuevo plan supondría incrementar la generación de energía a partir de fuentes no fósiles a un 39%, desde el 33,9% registrado en 2020 y el 34,6% en 2021, según el plan energético presentado de forma conjunta por la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, y la Administración Nacional de Energía.

La bajada de los costes de producción son parte esencial que favorece la cifra récord de generación de energía eólica y solar año tras año, mientras la inversión en investigación y desarrollo energético, que crecerá un 7% entre 2021 y 2025, según el plan, complementa el impulso por acelerar la transición hacia un mix energético donde el carbón va teniendo cada vez un menor peso.

La geopolítica provoca movimientos inesperados y, entre los múltiples efectos que tendrá la invasión de Ucrania, la aceleración de la transición hacia las renovables figura entre los cambios más significativos. La dimensión de la seguridad energética marcará en el corto y medio plazo gran parte de los cambios geopolíticos globales.

THE ASIAN DOOR: Una COP26 poco agresiva mientras China anuncia su plan. Águeda Parra

En las semanas previas a la celebración de la COP26 en Glasgow, Reino Unido, la atención se ha centrado en las altas expectativas puestas sobre el encuentro, esperando que la cumbre fuera recordada por establecer una hoja de ruta más ambiciosa y agresiva contra el cambio climático. En estos días, el análisis científico independiente proporcionado por Climate Action Tracker ha presentado los riesgos de no hacer todo lo posible mientras todavía se está a tiempo, planteado diferentes escenarios según la senda de crecimiento de las emisiones actuales. Un escenario que, aunque pesimista, ha conseguido arrancar apenas un par de acuerdos entre los líderes asistentes a la COP26.

De continuar la evolución actual de emisiones de gases de efecto invernadero, las predicciones indican que solamente la trayectoria de emisiones correspondiente a los países del G20 ya conducirían a un calentamiento de 2,4 ºC al final de este siglo, lejos del objetivo fijado de no superar los 1,5 ºC respecto a los niveles preindustriales. Tras el descenso registrado durante los meses de mayor impacto de la pandemia, los ritmos de recuperación económica están generando un repunte de las emisiones de gases contaminantes entre los países del G20, que podría elevarse hasta un 4%, según un informe de Climate Transparency. De hecho, los veinte países más ricos del mundo son responsables de alrededor del 75% de los gases contaminantes.

Durante la celebración de las cumbres climáticas afloran numerosos análisis y estimaciones que muestran el avance de los planes climáticos. Entre ellos, destaca el emitido por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente que advierte de que el mundo solamente dispone de ocho años para reducir a la mitad los gases de efecto invernadero si se pretenden alcanzar los compromisos del Acuerdo de París. Un planteamiento que revela, asimismo, que con los compromisos anunciados por los países del G20 solamente se conseguirá reducir las emisiones en un 7,5%.

Compromisos sí, pero quizá no todos los que se esperaban. Desde Washington se ha buscado que los dos mayores emisores de carbono del mundo, entre Estados Unidos y China acumulan el 40% de las emisiones globales de carbono, alcanzaran un acuerdo que pudiera anunciarse durante la cumbre. Las reuniones preparatorias no han sido exitosas, y la falta de asistencia de Xi Jinping a la COP26 ha rebajado la expectativa de que se pudieran alcanzar objetivos más ambiciosos.

Tres días antes de que se celebrara la COP26, China ya realizó uno de los anuncios más relevantes de la cumbre. Se trata del “Plan de acción de pico de emisiones de carbono de China 2030”, en definitiva, la contribución nacional (NDC, por sus siglas en inglés) para las próximas décadas donde se especifica el despliegue sectorial de reducción de emisiones. Sin fijarse nuevos límites a los ya anunciados, el documento sí especifica que la intensidad energética se reducirá en más de un 65% (las emisiones de CO2 por unidad de PIB) con respecto a los niveles de 2005, cuando antes se barajaba una intensidad entre el 60% y el 65%. El documento también eleva la proporción de consumo de combustibles no fósiles en el mix energético hasta el 25% en 2030, que mejora las previsiones respecto del objetivo anteriormente anunciado del 20%.

Entre las propuestas que han tenido un mayor éxito durante la cumbre climática figura el compromiso de poner fin a la deforestación en 2030, firmado por más de cien líderes mundiales, China entre ellos, que incluye fondos públicos y privados que alcanzan los 19.000 millones de dólares. Los países firmantes agrupan el 85% de los bosques del mundo, recuperando un compromiso que ya se formalizó en 2014, aunque en esta ocasión se espera que tenga un mayor éxito por el volumen de la financiación prevista y por los países clave que apoyan el compromiso.

Una de cal y otra de arena. El compromiso colectivo de reducir las emisiones de gas metano en un 30% para 2030, que incluye entre los países clave a Estados Unidos y Europa como dos de los mayores consumidores de gas natural, es otro de los acuerdos alcanzado por más de 90 países, dos tercios de la economía mundial. Entre los ausentes figuran China, Rusia e India que, conjuntamente, generan alrededor de un tercio de las emisiones de metano.

Dos grandes acuerdos, aunque uno de ellos no haya sumado los esfuerzos de todas las partes, que constatan que no se hayan alcanzado las expectativas creadas antes de la celebración de la COP26. Se esperaba una cumbre de acuerdos agresivos que frenaran significativamente el aumento de las temperaturas y las emisiones de carbono a nivel mundial que, finalmente, no ha sido tal.

THE ASIAN DOOR: Recortando distancia hacia la neutralidad del carbono en la Ruta de la Seda. Águeda Parra.

La Asamblea General de las Naciones Unidas ha sido nuevamente el escenario elegido por Xi Jinping para anunciar nuevos compromisos en la lucha contra el cambio climático. Si hace un año China hacía público su objetivo de alcanzar el pico de emisiones de gases de efecto invernadero en 2030 y la neutralidad del carbono en 2060, un año después las acciones sobre el clima están encaminadas a dejar de financiar la construcción de nuevas plantas de carbón en el extranjero. Un adelanto de cómo plantea China el fomento de las energías renovables y la agenda de descarbonización dentro de los objetivos definidos en el 14º Plan Quinquenal.

El anuncio de China en la Asamblea de las Naciones Unidas eleva las expectativas sobre la próxima Cumbre del Clima COP26 que se celebrará en Glasgow, Reino Unido, a principios de noviembre. Tras la COP21 de París, que concluyó con el acuerdo histórico de establecer los objetivos para frenar el cambio climático reflejados en el Acuerdo de París, la declaración de China viene a reforzar la ambición de la COP26 de declarar como histórico el uso del carbón.

La COP26 podría suponer la cuenta atrás hacia la completa descarbonización, teniendo en cuenta que China está detrás del 56% de los proyectos de construcción de plantas de carbón planificados fuera del país, según datos del Global Energy Monitor. Con la transición energética en auge, las energías renovables son soluciones alternativas mucho más competitivas, planteando un escenario donde cada vez es más complejo que las plantas de carbón puedan competir comercialmente con la tecnología que incorpora la nueva generación de energía solar y eólica, donde China se posiciona como líder mundial.

Tras años de financiar la construcción de plantas de carbón en el exterior, la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda no ha supuesto un incremento en este tipo de infraestructuras ya que la mayoría de los proyectos energéticos han contemplado de forma mayoritaria el uso de las renovables. De hecho, la inversión en este tipo de proyectos se ha mantenido estable en el tiempo, registrando un repunte en 2016 y alcanzando su punto máximo en 2017 hasta los casi 7.000 millones de dólares según el Global Development Policy Center de la Universidad de Boston. Desde entonces, la financiación de este tipo de proyectos se ha ido reduciendo sensiblemente hasta desplomarse casi por completo en 2020 por efecto de la pandemia.

Más allá del impacto que ha supuesto la crisis sanitaria en las decisiones de inversión en el extranjero, el anuncio de Xi Jinping viene a confirmar que China impulsará su tecnología verde Designed in China para seguir financiación proyectos energéticos en el exterior, a pesar de que dentro del país se siga manteniendo una importante dependencia del carbón durante algún tiempo. No obstante, los avances para tener una menor dependencia del carbón también han sido significativos a nivel doméstico en los últimos diez años, reduciéndose la proporción del uso del carbón en el mix energético del país 10 puntos porcentuales hasta representar el 56,8% en 2020, según la Administración Nacional de Energía. Los objetivos para 2021 siguen siendo ambiciosos y pretenden alcanzar una reducción del uso del carbón por debajo del 56% en 2021, marcando un nuevo hito en la agenda de descarbonización.

La COP26 contará, asimismo, con el anuncio de Estados Unidos, realizado poco antes de la declaración de China, por el que Washington espera destinar 11.4000 millones de dólares en ayudas a países en desarrollo para afrontar el reto del cambio climático, lo que supondría duplicar el valor del presupuesto actual si consigue el respaldo del Congreso.

Aunque todavía lleve un tiempo materializar el compromiso anunciado por Estados Unidos, y que el mix energético de China refleje una menor dependencia del carbón, los pasos dados por Washington y Pekín podrían ser la antesala para que la próxima COP26 consiga imprimir un cambio de ritmo hacia una más rápida descarbonización.

 

 

THE ASIAN DOOR: Los consumidores chinos lideran la sostenibilidad ambiental. Águeda Parra

El cambio climático es una realidad patente en nuestro entorno mientras las economías mundiales se enfrentan al reto de alcanzar la neutralidad del carbono antes de que los daños sean irreparables. China ya ha mostrado su compromiso a la ONU de alcanzar el pico de emisiones de CO2 en 2030, aunque todas las estimaciones apuntan a que podría conseguirse en una fecha anterior, mientras aspira alcanzar la neutralidad del carbono en 2060. Un reto al que se unen los consumidores chinos demandando una mayor sostenibilidad entre las marcas sin encarecer el precio.

El desarrollo sostenible está provocando que las marcas afronten un cambio de actitud entre los hábitos de los consumidores que requieren de la industria ser más activa y respetuosa con el medio ambiente. Una tendencia que se generaliza a nivel global y que tiene entre los consumidores chinos a los principales game-changers de cómo la demanda de una producción más sostenible puede impactar sobre la industria de consumo.

Ser la fábrica del mundo ha supuesto que China afronte en los próximos años ambiciosos objetivos para limitar el calentamiento global. Los efectos de la polución del aire en las ciudades son tangibles en China, situándose la ciudad de Hotan, muy expuesta a las tormentas de arena por su cercanía al desierto de Taklamakán, en el primer puesto del informe de ciudades más contaminadas del mundo en 2020 que publica la empresa suiza de tecnología del aire IQAir. A pesar de que la contaminación sigue siendo un importante caballo de batalla para el gigante asiático, solamente dos ciudades chinas figuran en esta clasificación, ocupando Kashgar el puesto 15, mientras es India el país que incluye hasta 16 ciudades entre los primeros veinte puestos.

En los últimos años, la polución y otros fenómenos climáticos severos han ido generando mayor conciencia ambiental entre la población que demanda en las cadenas de producción cambios para alcanzar un consumo más responsable. En este punto, el compromiso de los consumidores chinos parece liderar esta tendencia, siendo el grupo de opinión con mayor predisposición a contribuir con el 0,5% de su salario anual a combatir el cambio climático, según la encuesta realizada por Wunderman Thompson. De los tres grupos de opinión participantes, los internautas chinos con el 86% se sitúan por delante de los encuestados en Reino Unido y Estados Unidos donde el porcentaje de aquellos dispuestos a contribuir financieramente alcanzó el 64% y 62%, respectivamente.

La cuestión de actuar por el medioambiente no solamente forma parte de la conciencia de los consumidores chinos, sino que son estos mismos los que en un porcentaje mayor a los otros dos grupos de opinión esperan que las empresas tomen un papel más destacado en la solución de los grandes desafíos que plantea el cambio climático. Mientras las marcas con mayor compromiso en sostenibilidad ven mejoradas sus ventas por una mayor conciencia ambiental, no es menor el compromiso de los grandes titanes tecnológicos chinos por incorporar la energía limpia como activo para mejorar su valoración como empresa medioambientalmente responsable.

El bajo rendimiento en el uso de energías limpias ha supuesto para Alibaba quedar desbancada del primer puesto en el sistema de puntuación que realiza Greenpeace East Asia de los proveedores cloud en China a favor de Tencent. Entre las grandes tecnológicas chinas comienza a implantarse el uso de las energías renovables, siendo una realidad ya entre 13 de las 22 más importantes del país, cinco más que en 2019, según Greenpeace.

Consumidores y grandes tecnológicas se suman a los objetivos comprometidos por China para abordar el calentamiento global, una tendencia que las marcas y las empresas que operan en el país deben tener en cuenta para captar el entusiasmo de un consumidor cada vez más sensible con el medio ambiente. (Foto: Flickr, chrisffoto)

ASIAN DOOR: La geopolítica del clima en marcha para liderar la COP26. Águeda Parra

Los efectos del creciente calentamiento global no pasan ya desapercibidos para ninguna de las grandes potencias mundiales, cada vez más conscientes de que es necesario acelerar el ritmo de implementación de medidas que conduzcan a una efectiva neutralidad del carbono. El medioambiente se resiente, y los efectos del cambio climático tienen implicación directa sobre el desarrollo de la economía y el mantenimiento de los estándares de salud.

De hecho, con todas las potencias mundiales implementando medidas más agresivas, la componente climática se va a convertir en una cuestión geopolítica de primer orden en las próximas décadas. Tanto la viabilidad económica del nuevo modelo energético, como el liderazgo tecnológico por las renovables, van a definir el escenario de rivalidad a nivel global en el que las grandes potencias van a competir. Pero no se trata solamente de alcanzar los ambiciosos objetivos de descarbonización, sino conseguir la victoria geopolítica sobre qué potencia liderará una respuesta global al cambio climático.

Conseguir este objetivo pasa por definir una respuesta al calentamiento global que incorpore a China como país más contaminante del mundo, de modo que haga más factible que otros países también se unan en una colaboración conjunta frente al cambio climático. Con esta perspectiva en mente, Estados Unidos ha buscado reforzar el diálogo y la cooperación con China antes de participar en la Cumbre Internacional del Clima el pasado mes de abril, organizada por Biden, a la que acudían virtualmente los líderes mundiales. El objetivo era dejar al margen los numerosos conflictos que han tensionado las relaciones entre ambos, tanto anteriormente con la administración Trump como ahora también con la administración Biden, de modo que no interfiriesen en establecer una cooperación conjunta ante la próxima Cumbre del Clima COP26 en Glasgow en el mes de noviembre con medidas para los próximos años que puedan salvar el planeta.

Sin comunicado de una cooperación conjunta, China busca alcanzar los objetivos de descarbonización anunciados con una transformación energética. Una hoja de ruta por la que ha apostado el gigante asiático para conseguir cambiar su mix energético y que le ha llevado a posicionarse como el mayor inversor en energías limpias de la última década, siendo líder mundial en la fabricación de paneles solares, turbinas eólicas y coches eléctricos, donde las marcas chinas como Nio y BYD ya comienzan a competir directamente con Tesla.

Con Estados Unidos de vuelta a la Cumbre de París, el objetivo es reducir el uso de los hidrofluorocarbonos hasta el 85% en los próximos 15 años, buscando limitar drásticamente los gases de efecto invernadero al ser estos productos químicos utilizados en aires acondicionados mil veces más potentes que el dióxido de carbono sobre el calentamiento global. Una primera medida tomada por la Agencia de Protección Ambiental bajo la administración Biden con la que Estados Unidos espera eliminar el equivalente a 3 años de emisiones del sector eléctrico entre 2022 y 2050.

Durante años, Europa también ha venido trabajando con China para abordar una acción global climática y, previo a la reunión virtual de líderes internacionales organizada por Biden, Francia, Alemania y China pusieron en común su disposición de colaborar para garantizar el éxito de la próxima COP26 en Glasgow, la cumbre más importante del clima desde el 2015 cuando se alcanzó el acuerdo histórico por parte de 196 países en el Acuerdo de París.

Sin que haya un único liderazgo mundial en cuestión del clima, la cooperación en procesos multilaterales de acción contra el cambio climático es un punto de encuentro coincidente para Estados Unidos, Europa y China. Sin embargo, si desde Washington o Bruselas se consiguiera que el gigante asiático adelantara su compromiso de alcanzar el pico de emisiones a una fecha anterior a 2030 sería considerado como una victoria diplomática, y lo que es más importante, una señal clara de mayor influencia geopolítica global.

THE ASIAN DOOR: La revolución verde de China. Águeda Parra

Visión a largo plazo y objetivos ambiciosos para afrontar el cambio climático. Éste es el modelo ofrecido por el presidente de China, Xi Jinping, en su discurso ante la 75º Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU). En este contexto, los próximos 40 años serán decisivos para hacer efectiva la transición mundial hacia un modelo de desarrollo verde y de bajo consumo en combustibles fósiles.

El anuncio realizado por China tiene dos aspectos muy positivos. En primer lugar, el adelanto de la fecha para llegar al pico de emisiones de CO2. El compromiso en el ámbito de la Cumbre de París sobre Cambio Climático para alcanzar este nivel estaba fijado para el año 2030. Sin embargo, ha sido en la intervención del presidente chino cuando se ha expresado la determinación de que este objetivo se cumpla antes de 2030. Y, en segundo lugar, se ha fijado el año 2060 como la fecha en la que se alcanzará la neutralidad de carbono. Esto supone alcanzar el nivel de emisiones cero en un tiempo menor que Europa, que ya alcanzó ese objetivo pico en la década de 1990 contando, por lo tanto, con más tiempo para conseguir la neutralidad climática.

La posición de China como el país más contaminante del mundo, suponiendo el 28,8% de las emisiones de CO2 globales, según el último informe Statistical Review of World Energy publicado por BP, se compensa con el que hecho de ser referente mundial en renovables. En el mix de consumo energético, el consumo de combustibles no fósiles creció un 29% en 2018, y supone el 27,9% de la electricidad total generada en el país en 2019. De modo que este nuevo anuncio no solamente refuerza la posición del gigante asiático como actor relevante en la lucha contra el cambio climático, sino que aporta una fecha de referencia para el resto de países emisores. Un anuncio que, en definitiva, muestra la planificación que contempla China para estructurar el desarrollo energético del país para los próximos 40 años y que anima a fortalecer la confianza mundial en la lucha por el cambio climático. En la práctica, el objetivo de China se traducirá en que solamente la acción del gigante asiático promoverá la reducción del calentamiento global entre 0,2 y 0,3 grados, según Climate Action Tracker (CAT).

El anuncio de China se produce poco después de que la Unión Europea (UE) incremente hasta al menos un 55% el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para 2030 como parte del Pacto Verde Europeo (Green Deal). La falta de concreción en la última Cumbre UE-China no aplica, sin embargo, a la visión compartida que tiene Europa y el gigante asiático de trabajar conjuntamente para cumplir con los acuerdos que conduzcan a una neutralidad climática. El compromiso de fijar una fecha concreta en la que se alcance el fin de las emisiones contaminantes se ha convertido en un hecho histórico que ayudará a que otros grandes países emisores se unan a un proyecto de dimensión mundial en la lucha contra el cambio climático.

Entre las medidas que China ha venido contemplando para neutralizar las emisiones de CO2 durante los últimos años destaca la estrategia de abordar grandes plantaciones de árboles. El proyecto, que contempla incrementar la cobertura forestal del país del 21,7% al 23% entre 2016-2020, ha contado con iniciativas como la de replantar un área equivalente a la superficie de Irlanda. Sin embargo, el gobierno chino considera que estas medidas no van a ser suficientes para cumplir ambos objetivos.

Habrá que esperar a la publicación del próximo Plan Quinquenal para conocer los objetivos concretos de “recuperación verde” que plantea China para después de la pandemia del COVID-19. El anuncio en sí mismo ya se considera un paso imprescindible para reducir la huella de carbono del país, que enfrenta efectos del cambio climático sin precedentes que van desde inundaciones de magnitudes históricas a períodos de tifones irregulares. De ahí que la inversión en fabricar baterías para conseguir la implantación masiva de coches eléctricos esté en el punto de mira de los objetivos energéticos verdes de China más inminentes.

Asia en COP25. Ángel Enríquez de Salamanca Ortiz

El pasado mes de diciembre se celebró en Madrid, España, la Conferencia de las Naciones Unidas Sobre el cambio climático, COP25. La COP es el foro político anual más importante para hacer frente a los problemas climáticos y está formado por los países firmantes del Convenio Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).

El cambio climático es un hecho que nadie puede negar: el deshielo y el aumento del nivel de mar, que cambiaría las corrientes oceánicas y haría desaparecer a ciudades como Venecia o Ámsterdam, el calentamiento global de tierras y océanos, que acabaría con la diversidad marina y provocaría la extinción de especies, huracanes más violentos o sequias extremas son solo algunos de sus efectos. El calentamiento global, acelerado por el comportamiento humano, ha provocado que la temperatura media de la tierra aumente 1ºC respecto a los niveles pre-industriales, En el acuerdo de Paris de 2015, COP21, los países firmantes acordaron mantener ese aumento muy por debajo de los 2ºC y hacer esfuerzos para limitarlo a 1,5ºC con respecto a los niveles pre-industriales. A día de hoy, y con los niveles de contaminación actuales, alcanzaremos los 1,5ºC en tan solo 20 años.

De los 5 países más contaminantes del mundo, 4 están en Asia: China (30%), India (7%), Rusia (5%) y Japón (4%), solo estos 4 países expulsan a la atmosfera casi la mitad del CO2 mundial, por lo que esta región juega un papel muy importante para la sostenibilidad del planeta.

Japón ha sido uno de los países más criticados por su dependencia del carbón y, tras el accidente de la central nuclear de Fukushima en 2011, el uso del  petróleo y carbón se han convertido en la fuente primaria de energía del país. Ante las críticas recibidas, el gobierno nipón se comprometió a reducir el uso del carbón hasta el 25% en esta década y, aumentar el uso de energía limpia del 15% al 24%. Además, el país del sol naciente, también se ha comprometido a tener ciudades de 0,00 emisiones para el año 2050, entre ellas están Tokio o Kioto. Japón depende de la compra de petróleo y gas del exterior y, la fabricación de centrales nucleares –ahora más seguras y resistentes- hará que no dependan tanto del petróleo árabe, por lo que, cumplir con sus objetivos, no solo beneficiara al medio ambiente y a la sociedad nipona, sino, también, a la economía del país.

La India podría ser uno de los países más afectados por el cambio climático, cuenta con más de 1.300 millones de habitantes, lo que supone alrededor del 20% de la población mundial y, solamente, tiene un 4% de las reservas mundiales de agua. Según un informe del Banco Mundial en 2016, la extracción de agua para uso agrícola se había multiplicado por 7 en los últimos 50 años, lo que ha provocado que muchos acuíferos se sequen. La India, como país en vías de desarrollo, cuenta con muchos derechos de emisión y critica a las regiones desarrolladas de no haber cumplido con el protocolo de Kioto. India es un país donde casi 300 millones de personas no tienen acceso a la electricidad, pero cuenta con uno de los proyectos de iluminación más grandes del mundo: invertir medio millón de euros en actualizar el alumbrado público a LED. Con este proyecto se espera que la demanda de electricidad en la India se reduzca 20.000 megavatios y reducirá las emisiones de CO2 en 80 toneladas anuales, o lo que es lo mismo, ahorrará 6.200 millones de euros al año. Además, la empresa EDF renovables ha desarrollado proyectos solares en el país, 4 plantas solares de 207 MW de capacidad instalada en los estados de Rajasthan, Uttarakhand y Madhya Pradesh.     En el año 2018, India invirtió más de 15 mil millones de dólares en energías renovables, menos del 1% de su PIB, pero se espera que para el año 2032, el 40% de la energía provenga de combustibles no fósiles.

Las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de Rusia han aumentado un 1% anual en los últimos 5 años. El país más grande del mundo ha emitido 0,46 toneladas de CO2 a la atmosfera por persona en el 2018, una cifra  que duplica a la de Alemania a pesar de que su PIB es la mitad. Recientemente, Rusia ratificó el acuerdo de Paris, comprometiéndose, así, con el cambio climático y a mantener el calentamiento global por debajo de los 2ºC. Rusia es uno de los países que más electricidad consume del mundo, a partir del carbón y petróleo, pero dispone de una vasta extensión de terreno perfecta para la energía solar y eólica. Rusia quiere instalar en la región de Murmansk un parque eólico que suministrará 750 GW/h al año, un proyecto que ahorrara  600.000 toneladas de CO2 en la atmosfera y será el más grande de Rusia. Desde que se dio comienzo al “Programa de apoyo a las energías renovables” en el año 2013, el país ha conseguido atraer 9.200 millones de euros que se han destinado a energía solar, eólica o proyectos de generación de energía mediante la quema de residuos y se espera que el coste de producir energía limpia se equipare a la energía convencional en esta década. Por último, el país espera construir de aquí al año 2024, 210 complejos para el tratamiento de residuos, con lo que se espera organizar el 60% de los residuos que genera todo el país y tendrá un coste de 78.000 millones de Rublos.

China es el país más contamínate del mundo, emite, aproximadamente, el 30% de todo el CO2 mundial a la atmosfera. El pasado mes de noviembre Xi Jinping y Emmanuel Macron calificaron de “Proceso irreversible” el acuerdo de Paris sobre el cambio climático y, exigieron a los países desarrollados a invertir 100.000 millones de dólares anuales de aquí a 2025 para financiar estas acciones. En el año 2017 el 58% de la energía en China provenía del carbón pero, se espera que para el año 2040, esta cifra baje al 32%.

A pesar de sus altos niveles de contaminación, China se ha convertido en el mayor inversor del mundo en eficiencia energética:

[Fuente: IEA World Energy Investment 2019]

China se ha convertido en un importante mercado para la energía fotovoltaica, en el desierto del Gobi y, se espera, que para el año 2030 aumente su consumo de energía no fósil en un 20%. Por último, se espera que para este año 2020 la energía hidroeléctrica instalada alcance los 340GW y la eólica y solar los 230GW y 250GW respectivamente y, se estima que seguirá creciendo en los próximos años debido al compromiso del país con los GEI. Queda añadir que, China, tiene el mercado más grande de coches eléctricos del mundo, en el año 2018 se vendieron más de 1.100.000 vehículos eléctricos, cifra similar a las ventas totales de coches en Mexico y, superando con holgura, las ventas totales en todo el continente africano. Las emisiones de China per cápita en el 2018 fueron de 0,5 toneladas, una cifra muy próxima a la de Rusia a pesar de que su población y PIB es muy superior. Cabe destacar que, China es el país más contaminante del mundo, pero es el país analizado que más ha disminuido sus emisiones de CO2 per cápita en la última década:

[Tabla 1. Emisiones de CO2 totales y per cápita en el año 2018 Vs 2008. Fuente: Datosmacro.com]

A pesar del incidente en la central de Fukushima en 2011, solo Japón ha conseguido, tras el COP21 en París, reducir sus emisiones totales de CO2, siendo estas, en 2008, de 1.213.496 Kts.

La transición de los combustibles fósiles a la energía limpia o verde no es fácil, requiere tiempo, investigación y dinero. Esta transición podría hacerse más rápidamente en las economías avanzadas, pero, las economías en desarrollo aun necesitan de estos combustibles para su desarrollo. Los países hacen esfuerzos para esta transición, pero no será rápida, ni fácil, el principal problema radica en saber si la tierra podrá aguantar hasta que llegue esta transición y dejemos de depender de ellos.

Los próximos años serán cruciales para controlar los gases de efecto invernadero, que alcanzaron el record en el año 2018 y cada año matan a 8,3 millones de personas en todo el mundo, sobre todo en India y China.

Ángel Enríquez de Salamanca Ortiz es Doctor en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Relaciones Internacionales en la Universidad San Pablo CEU de Madrid.

www.linkedin.com/in/angelenriquezdesalamancaortiz

@angelenriquezs

Cumbre del clima, crisis de modelo y de enfoque

La reunión de Madrid sobre el cambio climático expone con toda nitidez los límites del enorme aparato propagandístico, con el correspondiente entramado subvencionado que se ha convertido en un modo de vida para tantos, que supone el estudio de medidas para afrontar el actual ciclo de calentamiento. Una cumbre que, con el protagonismo mediático de la adolescente sueca Greta Thunberg, convertida en icono de frases simples por muchos jóvenes y en gran negocio por sus padres, corre el riesgo de convertirse en Circo del Clima.

Hay que recordar que muchos dirigentes estarán en Madrid el tiempo justo para hacerse la foto, que la red de vividores del cambio climático sacará sus trofeos al escaparate y que los científicos no serán los protagonistas.

Pero los hechos mandan. Existe calentamiento, no hay un modelo para enfrentarlo sino para hacer propaganda y, por lo tanto, estamos ante una crisis de enfoque.

En primer lugar, no hay consenso, por mucho que se grite, sobre la extensión, la profundidad y las consecuencias precisas de los cambios del clima. En segundo lugar, tampoco hay consenso en la responsabilidad de la actividad humana en estos cambios y en la ecuación hay que meter parámetros de ciclos solares y una historia no ideológica de los cambios en el clima terrestre, teniendo en cuenta que la capacidad para medir la evolución ha mejorado muchísimo en cien años y que los ciclos climáticos pueden durar milenios.

Y, por otra parte, aunque la propaganda y algunos medios de comunicación se empeñan en relacionar el cambio climático y el apocalipsis renovado con el capitalismo y el neoliberalismo, hay que recordar que son las economías que mantiene un mayor nivel de regulación de planificación, como China y Rusia las que más contaminan y las que más obstáculos ponen a las medidas aprobadas. Y, por cierto, Estados Unidos, donde el también gritón Trump (ligado al lobby del carbón) critica lo aprobado en París, el nivel de cumplimiento objetivo y de reducción de contaminación no es precisamente el más bajo.

THE ASIAN DOOR: China y la emergencia climática. Águeda Parra

Las cumbres sobre el cambio climático recuerdan una realidad con la que convivimos y ante la que las economías de todo el mundo reaccionan con políticas dispares. La posición de China y Estados Unidos, primer y segundo país más contaminante del mundo, es bien distinta. Mientras el primero ha incorporado políticas gubernamentales para reducir las emisiones de dióxido de carbono según el compromiso adquirido como país firmante del Acuerdo de París, el segundo ha decidido retirarse del tratado mundial del clima con efectividad 2020.

Los años de uso intensivo del carbón sobre los que Estados Unidos y Europa han basado su crecimiento económico, y que han propiciado un historial de emisión de gases de efecto invernadero considerable, es la razón por la que algunos grupos ecologistas consideren que estas dos regiones deberían asumir la mitad del coste de reparar los efectos nocivos causados al medioambiente. China también se suma a esta petición, ya que considera que los países desarrollados están haciendo muy poco por detener el calentamiento global, en especial Estados Unidos.

La falta de un compromiso mayor a nivel mundial ha motivado que 2018 haya marcado un nuevo récord de emisiones de gases de efecto invernadero, aunque la aportación de los países al cambio climático ha sido desigual. Europa es la única región que ha reducido sus emisiones de dióxido de carbono, hasta un 1,3% entre 2017-2018, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE). En el resto del mundo, existen tres focos contaminantes situados en India, que incrementó sus emisiones un 4,8%, Estados Unidos, que creció un 3,1%, mientras China aumentó un 2,5%. De los tres países, solamente China e India están comprometidos por ajustarse a los compromisos del acuerdo de París con políticas que contemplan, entre otras medidas, la reducción de la dependencia del carbón para la generación de energía. China e India son el reflejo de que Asia concentra un número elevado de este tipo de plantas, con antigüedad media de 12 años, frente a los 40-50 años de vida estimada de este tipo de instalaciones, dificultando aún más si cabe la transición hacia la generación de energía limpia.

China afronta el sexto año de lucha contra la polución con el compromiso de que las emisiones de dióxido de carbono alcancen su punto máximo en 2030, reflejando un descenso significativo desde ese momento. De esta forma, el gigante asiático aborda la lucha contra el cambio climático a la vez como un desafío y una oportunidad. El gigante asiático se enfrenta a una población que envejece rápidamente y que acumula problemas respiratorios crónicos que afectan directamente a la esperanza de vida de la población. De ahí que el desafío para China sea mejorar la calidad del aire que conlleve una mejora en los estándares de salud medioambiental. En los últimos años, China ha conseguido reducir la concentración de partículas contaminantes en el aire una media del 32%, teniendo impacto directo sobre el incremento de la esperanza de vida, que podría aumentar hasta en 2,4 años la expectativa actual de mantenerse estos niveles de reducción de polución del aire. Un valor que podría incrementarse en 1,7 años adicionales cuando China alcance los estándares que se ha marcado, y que podrían convertirse en 4,1 años si se alcanzaran los estrictos niveles que ha propuesto la Organización Mundial de Salud. Iniciativas del tipo como la plantación de árboles en una extensión del tamaño de Irlanda son medidas adicionales que está abordando China y que corresponden al objetivo de incrementar su superficie forestal en un 23% en esta década.

Desde el punto de vista de la oportunidad, China está apostando por la innovación en renovables como medio de reducir progresivamente las emisiones industriales que se generan por la excesiva dependencia del carbón. El gigante asiático es a la vez el país más contaminante del mundo, pero también el que más inversión destina a la generación de energía limpia, además de ser el país que dispone de mayor capacidad de energía renovable. Por sexto año consecutivo, China lidera la inversión mundial en renovables, hasta los 91.200 millones de dólares en 2018, una cifra un 37% inferior a la alcanzada en 2017 principalmente motivada por el efecto de la supresión de ciertos subsidios gubernamentales, siendo la más baja desde 2014. Por su parte, la inversión en Europa se situó en 61.200 millones de dólares, mientras Estados Unidos alcanzó los 48.500 millones de dólares, lo que implica que en cuestión de renovables China invierte casi dos dólares por cada dólar que aporta Estados Unidos.

Las políticas por fomentar las renovables en China están favoreciendo la inversión extranjera en el mayor mercado del mundo y cuyos ritmos de crecimiento son testimonio de cómo evoluciona la implementación de nuevas formas de energía a nivel mundial. En el caso de las multinacionales españolas, destaca la presencia de Siemens Gamesa en el despliegue de los parques eólicos en la región china de Xinjiang, un proyecto que refuerza su presencia en el mercado del gigante asiático y que además afianza la tercera posición en el Top de principales fabricantes de turbinas eólicas del mundo en 2018, según Ren21, detrás de la danesa Vestas y la china Goldwind, en primera y segunda posición, respectivamente. Solamente un año antes Siemens Gamesa ocupaba la segunda posición mundial, pero el impulso de la iniciativa Made in China 2025 comienza a dar sus resultados y las empresas chinas en el sector de las renovables están compitiendo por conseguir una mayor cuota de mercado que les haga líderes del mercado de las renovables en las próximas décadas.

El inesperado líder contra el cambio climático. Isabel Gacho Carmona

Bien es sabido que el desarrollo económico chino ha estado basado en el carbón como fuente de energía. Desde la perspectiva de las élites, la degradación medio ambiental era un precio necesario a pagar para el crecer y acabar con la pobreza extrema.

Hasta la década de los 2000, China no se propuso en ningún momento reducir sus emisiones de CO2. De hecho, los líderes temían los intentos de interferencia de países occidentales en nombre de la protección medioambiental. Esta situación ha cambiado hasta tal punto que, en 2015, en París, China se presentó al mundo como firme defensor y hasta como líder de la lucha contra el cambio climático. ¿Qué ha llevado a Pekín a tomar esta dirección?

Con las primeras reformas económicas impuestas por Deng Xiao Ping desde 1978, se fue abandonando la planificación y virando hacia una economía de mercado, que se empezaría a consolidar a partir de 1992. Durante los primeros años de apertura se impulsó la economía del país, sin embargo, la escasez de energía frenaba el crecimiento económico.

Esta necesidad de energía se traduciría en una transición energética. Hubo algunas reformas en los años 80, pero es en la década de los 90 cuando podemos hablar de una verdadera transición. Quizá sus rasgos más característicos fueron la aceleración de la demanda de energía primaria, sobre todo hidrocarburos, pero su carácter todavía muy continuista en lo que se refiere a la dependencia del carbón. De hecho, según las proyecciones, el carbón seguirá siendo la columna vertebral del sistema, aunque pierda relevancia en términos relativos con la entrada en el juego de otras fuentes de energía.

A partir de los 2000 se pone en la mesa reducir la dependencia del carbón y la inversión en energías renovables. Lo hemos visto en occidente a lo largo de los siglos XIX y XX, el desarrollo económico viene con una fase deterioro medioambiental seguido de otra de búsqueda de la sostenibilidad. La aparición de clases medias urbanas favorece este cambio. Pero si es un cambio de paradigma que ya hemos vivido en occidente, ¿Por qué China, que apenas acaba de empezar a darlo, se está erigiendo cómo líder? Y, ¿Por qué ahora?

China es un país con muchas particularidades: su inmensa población, su régimen político, sus grandes reservas de carbón… Que son factores que no hay que dejar de tener en cuenta. Pese a estas singularidades, las fases de desarrollo que ha seguido son muy similares a las que siguieron las otras potencias globales actuales. La diferencia radica en el tiempo.

China ha crecido más tarde y más rápido que el resto de las potencias que se podrían erigir como líderes de este cambio. Tras muchos años creciendo en la sombra, China se encuentra ahora viviendo una etapa de moderación en su crecimiento y con una proporción de clase media urbana mucho mayor que años atrás. Estos ingredientes se traducen en un escenario propicio para dar un giro ambiental en su desarrollo. El hecho de que hayan llegado a esta situación a la vez que se erige como potencia global y a la vez que la lucha contra el cambio climático ocupa un lugar predominante en la agenda mundial es un hecho insólito y se presenta como una oportunidad.

Esta situación se ha dado, para más inri, en un contexto de declive de la hegemonía estadounidense a favor de un orden global multipolar, y China se quiere presentar como potencia responsable. Entre los actores que podrían liderar este cambio nos encontramos a una Unión Europea pionera en políticas de desarrollo sostenible y protección ambiental, pero con una falta clara de voz y acción en política exterior a nivel global. Por otro lado, nos encontramos a un Estados Unidos proteccionista, centrado en sí mismo y, lo más importante, negacionista del cambio climático.

En definitiva, se han juntado muchos factores que dan sentido a la situación actual. Sin embargo, no hay que perder de vista que, pese a los esfuerzos y a la retórica, sigue siendo el país que más CO2 emite del mundo.

Para más información, consulte este artículo publicado en companias-de-luz.com: https://www.companias-de-luz.com/los-movimientos-migratorios-y-el-cambio-climatico/