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THE ASIAN DOOR: La COP28 inaugura la financiación climática. Águeda Parra.

Cada una de las Conferencias de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático deberían ser en sí mismas históricas, pero solamente algunas terminan marcando un salto diferencial en la ambición de mantener el calentamiento global por debajo de los 2ºC con respecto a la etapa preindustrial, siendo el objetivo más ambicioso limitarlo a 1,5ºC. Y la COP28, celebrada en Emiratos Árabes Unidos (EAU), va a formar parte de esas consideradas como históricas al haberse alcanzado, ya el primer día del encuentro, el acuerdo de apoyar a los países en desarrollo afectados por el cambio climático.

El compromiso de abordar una financiación climática por parte de los países más industrializados ha venido siendo una de las grandes aspiraciones de anteriores ediciones que ahora se materializa. Tras tres décadas de presionar a los países más industrializados por una compensación a los países en desarrollo, la COP28 abre paso a una mayor concienciación en materia de financiamiento climático, aunque sea por el momento con recursos ya contemplados en presupuestos en curso. Tampoco el importe será elevado, y queda lejos del billón de dólares que se estima necesario para abordar el proceso de mitigación y adaptación climática, pero aún así se puede considerar como uno de los mejores inicios de una COP.

En total, el fondo que albergará el Banco Mundial, y que podría estar disponible este mismo año, alcanzará los 549 millones de dólares con las contribuciones de EAU y Alemania, cada uno aportando 100 millones de dólares, Reino Unido se sumará con 76 millones de dólares, Japón alcanzará los 10 millones de dólares, en línea con los 17,5 millones de dólares de Estados Unidos, que sorprenden por su escaso volumen, mientras la Unión Europea contribuirá con 235 millones de dólares. Una aportación que debería considerarse como el impulso inicial del que se beneficiarán los países en desarrollo “particularmente vulnerables”, a la espera de que se defina el ámbito del término, y que por su volumen apenas refleja el coste de entre 280 y 580 millones de dólares que necesitan los países en desarrollo para combatir el cambio climático hasta 2030.

Se inicia, por tanto, el proceso de compensación por unas emisiones acumuladas que sitúan a Estados Unidos como el responsable del 25% del total, hasta el 22% alcanza el conjunto de los 27 miembros de la Unión Europea y el Reino Unido, quedando en tercer lugar China con casi un 15% de las contribuciones históricas. Todo el continente africano apenas representa en esta clasificación el 3% del total de emisiones acumuladas. El ajuste de carbono per cápita es otra de las dimensiones del impacto climático histórico, siendo las emisiones de Estados Unidos ocho veces superiores a las de China, y 25 veces las de India. En la actualidad ese desequilibrio se mantiene, siendo las emisiones per cápita de Estados Unidos casi el doble de las de China, y casi 8 veces más las de India en 2021, según Global Carbon Budget. De ahí que haya sorprendido el escaso volumen de financiación climática anunciado por Washington.

Se trata, por tanto, de avanzar en el proceso de financiación climática para compensar las desigualdades históricas aspirando a que otros países se sumen, entre ellos China. Pero también mirando hacia Oriente Medio, que no sólo es la región que alberga la COP, sino donde se sitúan los tres países más contaminantes per cápita, Qatar, Baréin y Kuwait, según Global Carbon Budget.

En esta nueva etapa que comienza, tan importante o más sería que los países con capacidad de manufactura de tecnologías verdes incorporaran a los países en desarrollo en su huella de despliegue en condiciones preferentes. El objetivo no debería ser únicamente buscar equilibrar las aportaciones de contaminación producidas por los procesos de industrialización durante décadas, sino empezar una nueva etapa donde las tecnologías verdes se conviertan en el verdadero impulso de los cambios socioeconómicos que deben afrontar los países en desarrollo.

THE ASIAN DOOR: Alianzas reforzadas en el Pacífico Sur. Águeda Parra

El Pacífico recupera enteros en la estrategia geopolítica de Estados Unidos tras estar ausente del foco de Washington desde el final de la Guerra Fría. Espacio de tiempo que China ha aprovechado para posicionarse en la región como actor relevante, tanto en lo económico y comercial, pero también en el ámbito de la defensa y seguridad. La búsqueda de equilibrio en el juego de poder global tiene en el Pacífico un capítulo especial en la rivalidad que mantienen Estados Unidos y China, y la segunda cumbre en dos años del Foro entre Estados Unidos y las Islas del Pacífico pone de manifiesto la creciente sensibilidad de Washington hacia una región por la que compiten las dos potencias.

Tras años de no compartir los mismos intereses en sus respectivas agendas estratégicas, los países insulares del Pacífico han encontrado puntos de cooperación con Estados Unidos en el ámbito del crecimiento económico, pero, sobre todo, en uno de sus principales retos que afronta la región, el cambio climático y el impulso del desarrollo sostenible. Puntos en los que Pekín ha venido fortaleciendo su relación con la región aprovechando el hueco dejado por Washington en las últimas décadas. En este tiempo, la creciente cooperación con China ha propiciado que el comercio con el gigante asiático alcanzara los 5.300 millones de dólares en 2021, respecto a los 153 millones de dólares que apenas representaba en 1992.

La acuciante necesidad de desarrollo de infraestructuras concentra, asimismo, una parte importante de la agenda estratégica de la región. No obstante, el despliegue de la influencia china ha avanzado también hasta el ámbito de la defensa y seguridad, siendo el acuerdo alcanzado con las Islas Salomón en 2022 el máximo exponente de esta reciente asociación estratégica entre China y una de las naciones del Pacífico Sur. Acuerdo que en julio de 2023 se ampliaba tras la visita del presidente Manesseh Sogavare para firmar un plan de cooperación policial de dos años. Las Islas Salomón se convertían así en el verdadero vórtice que situaba el eje de la geopolítica global en el Pacífico, dando Pekín respuesta con este movimiento a la alianza trilateral militar AUKUS creada por Australia, Estados Unidos y Reino Unido a finales de 2021.

Tras el compromiso de aumentar la presencia estadounidense en el Pacífico Sur, Washington reabría la embajada en las islas Salomón tras 30 años de ausencia, además de abrir una nueva embajada en Tonga, y a la que han seguido otras en las islas Cook y Niue justo antes de celebrarse la segunda cumbre a finales del pasado mes de septiembre. A la espera quedan las nuevas embajadas previstas en Vanuatu y Kiribati para principios del próximo año, buscando así contrarrestar la influencia militar y económica de China.

De hecho, la mayor presencia del gigante asiático en la región ha favorecido que en este tiempo las Islas Salomón abandonaran su reconocimiento a Taiwán, reduciéndose el número de países del Pacífico que lo mantienen. Una cuestión importante cuando en foros como las Naciones Unidas todos los países del Pacífico Sur tienen el mismo voto, lo que supone poder aportar apoyo a la visión estratégica de China no sólo en la región, sino a nivel global.

Tras los 810 millones de dólares en ayudas para la próxima década comprometidos por Washington para abordar los desafíos que plantea el cambio climático en las islas del Pacífico Sur, la segunda cumbre avanza en esta misma línea reforzando la asistencia y financiación para afrontar los desafíos del cambio climático y la mejora de las infraestructuras con una solicitud de la administración Biden al Congreso de los Estados Unidos de 200 millones de dólares. Un apoyo que beneficiará el desarrollo sostenible de la región mientras la coyuntura internacional mantiene el foco de interés militar y económico de China en la región.

 

 

THE ASIAN DOOR: Auge y desafío de las renovables en China. Águeda Parra

El despliegue de las renovables en China sigue beneficiándose del momentum que lleva experimentando el desarrollo de tecnologías verdes en el país durante los últimos años. Los objetivos planteados por la Administración Nacional de Energía de China, National Energy Administration (NEA) por sus siglas en inglés, muestran que 2023 volverá a ser un año de récord, aunque, a medida que aumenta la disponibilidad de capacidad instalada, crecen los desafíos para que la energía generada en las regiones menos pobladas llegue a las zonas costeras del Este que concentran las mayores densidades poblacionales. Posiblemente, el mayor desafío para no frenar el auge de las renovables.

Con cifras de récord, año tras año, la NEA ha anunciado un ambicioso plan que contempla agregar 160 GW de nueva capacidad eólica y solar durante 2023, superando la cifra de 125 GW alcanzada en 2022. Una cifra que podría incluso superarse atendiendo al momentum en energía solar que está experimentando la industria en la actualidad y que está llevando a China a instalar en un trimestre la capacidad que la Unión Europea y Estados Unidos, el segundo y tercer mayor mercado del mundo, respectivamente, realizan en todo un año.

De hecho, los resultados publicados del primer trimestre de 2023 muestran que China agregó 33,66 GW de nueva capacidad solar instalada, un 154,81% de crecimiento interanual, muy superior al impulso en renovables desplegado en la Unión Europea y Estados Unidos, que agregaron 41,4 GW y 20,2 GW de capacidad instalada, respectivamente, durante todo 2022. Teniendo en cuenta que el primer trimestre del año suele ser cuando se concentra el menor número de instalaciones, las cifras de 2023 pueden superar muy positivamente todas las expectativas. Una tendencia que también se espera en el caso de la energía eólica que, superado el bajo nivel de crecimiento registrado durante 2022, se podría incrementar la nueva capacidad instalada entre 60 y 75 GW, más del doble de los 37,63 GW añadidos en 2022.

Estas cifras muestran un magnífico escenario para que China alcance las emisiones cero antes de lo anunciado. Con los nuevos despliegues, el gigante asiático habría alcanzado 820 GW de nueva capacidad instalada, combinando la energía eólica y solar, frente a los 1.200 GW comprometidos por China para 2030. Apenas quedarían 380 GW para cumplir con las ambiciones climáticas previstas para los próximos siete años, una cifra relativamente fácil de alcanzar cuando el gigante asiático ha instalado 300 GW de nueva capacidad desde 2020.

Sin embargo, frente a una inversión en renovables que podría generar de nuevo cifras récord en nueva capacidad instalada, el mayor reto actualmente está en cómo hacer crecer el dimensionado de la red para que pueda absorber toda la nueva generación de energía. Conseguir una mayor sincronización entre los tiempos de despliegue de las granjas eólicas y solares y el de la transmisión de la energía se ha convertido en el principal reto para que el auge en instalación de renovables genere un cambio efectivo en el mix energético del país.

Las provincias del norte, menos pobladas y con menor industria, concentran una mayor generación de energía que, en muchos casos, no son capaces de absorber. Asimismo, la distancia que conecta los generadores de las zonas desérticas del Norte con las provincias costeras del Este puede llegar a superar los 3.000 kilómetros. Una problemática espacial a la que también se suma una temporal, y es que la infraestructura de las granjas requiere entre dos a tres años para entrar en servicio, mientras la construcción de las líneas de transmisión de energía puede requerir hasta cinco años. En definitiva, el desajuste en los proyectos de despliegue de granjas y de redes de transmisión está generando embotellamientos que, en algunos casos, conlleva la desconexión de algunas turbinas ante la imposibilidad de poder distribuir la energía generada.

Conseguir, por tanto, que la red nacional absorba el ritmo de capacidad instalada se ha convertido en el mayor desafío para alcanzar una mayor adopción de las renovables en China. Una problemática que genera billonarias pérdidas económicas y que conlleva un ineludible retraso en la descarbonización del país.

 

 

THE ASIAN DOOR: El billón de dólares que necesita el clima. Agueda Parra

Reducir los cambios profundos que están por llegar, y que hasta el momento han generado que el mundo haya elevado su temperatura 1,1ºC desde los niveles preindustriales, es el principal objetivo de la cumbre anual de las Naciones Unidas COP27 celebrada en Sharm el-Sheikh, Egipto. Mientras los objetivos de este tipo de encuentros internacionales se mantienen, ¿cuál es gran desafío de esta cumbre? No es otro que alcanzar mayor implicación de los países más contaminantes para conseguir un presupuesto climático que pueda dar respuesta a los efectos del calentamiento global.

El cronómetro del partido de la COP27 que enfrenta a las economías más contaminantes con los países en desarrollo, y que están sufriendo mayor impacto por el cambio climático, sigue avanzando, pero el resultado podría quedar de nuevo en tablas. No obstante, los nuevos estudios que se aportan en cada edición arrojan datos cada vez más preocupantes para una y otra parte.

Entre los países más contaminantes, los estudios presentados en esta COP27 apuntan a que Estados Unidos, que junto con China son los dos países más contaminantes del mundo, se ha calentado un 68% más rápido que todo el planeta en su conjunto. El calentamiento de la parte continental habría crecido hasta 2,5ºC desde 1970, reflejando los efectos de un patrón climático donde las áreas terrestres se calientan más rápido que los océanos, y donde las altitudes más altas se calientan más rápidamente que las altitudes más bajas. Esto ha generado que, al menos en Estados Unidos, los desastres naturales pasen de producirse una vez cada cuatro meses en la década de 1980 a una vez cada tres semanas en la actualidad.

En los países en desarrollo, con infraestructuras menos avanzadas, el impacto del cambio climático ejerce más presión, con sequías e inundaciones recurrentes que lastran el desarrollo económico y social, haciendo más difícil para millones de personas tener acceso a agua potable. La COP27, marcada por una agenda que incluye el concepto de “pérdidas y daños”, una idea que han puesto a debate los pequeños estados insulares, refleja claramente esta idea de compensación a los países en desarrollo por los desastres originados por el cambio climático, como las recientes inundaciones de Pakistán, y que tienen su origen en décadas de industrialización de los países avanzados.

Monetizando los efectos del calentamiento global, el presupuesto climático necesario para afrontar los desastres generados ascendería a un billón de dólares que, según esta idea de pérdidas y daños, deberían afrontar los países ricos que acumulan un volumen mayor de emisiones históricas. Desde el punto de vista de las renovables, el presupuesto en tecnologías verdes es similar, ya que se estima que son necesarios hasta 1,3 billones de dólares en inversión en energía verde hasta 2030 para limitar la temperatura global acordada en la Cumbre de París, según Bloomberg.

El testigo optimista que dejó la pasada COP26 en Glasgow, resaltando que todavía era factible alcanzar el límite de los 1,5ºC respecto a la época preindustrial, ha dado paso a un escenario algo más alarmista en la COP27. Solamente un año después, las referencias de los expertos apuntan a que seguramente se sobrepasará el límite climático en la década de 2030. Para entonces, quedan 80 meses para tener un 67% de posibilidades de quedarse por debajo del ambicioso objetivo de los 1,5ºC.

Acabar la COP27 con el optimismo demostrado en la COP26 parece, por tanto, ser el mayor desafío. La guerra en Ucrania y una creciente desaceleración económica mundial podría llevar a postergar durante un tiempo los objetivos climáticos. Sin embargo, como toda crisis es también una oportunidad, la reducción de la dependencia del gas ruso debería ser el punto de inflexión que impulsara las tecnologías verdes, favorecidas por un auge en la energía solar y los bajos costes que está alcanzando la nueva generación de tecnologías verdes para así conseguir que el pico de emisiones contaminantes se alcance para 2025.

THE ASIAN DOOR: El frenesí de la energía solar. Águeda Parra

Las tecnologías verdes están experimentando un importante desarrollo en la última década, favoreciendo que las renovables vayan acaparando una amplia presencia en el mix de energía de varios países gracias a un continuo incremento de la capacidad instalada. De forma conjunta, la energía eólica y solar ya son responsables de hasta el 11% de la generación global de energía. Pero será la energía solar la que corra más que el viento.

En los últimos años, la energía solar ha comenzado a generar momentum en el sector, impulsada por los fabricantes fotovoltaicos que buscan liderar la transición energética. El incremento de producción, y la reducción de los costes asociados a la tecnología solar, han propiciado que la nueva capacidad de energía añadida durante 2021 esté asociada en un 50% a la energía solar, mientras la energía eólica suponía un 25%. Un efecto de aceleración de las tecnologías verdes que está impulsando la transición energética de forma global, aunque todavía su desarrollo esté muy concentrado geográficamente.

Cuatro regiones lideran los mayores avances en energías verdes en la última década. Entre los diez mercados más importantes de energía eólica, China, Estados Unidos, India y Alemania concentran hasta el 89% de la nueva capacidad instalada, mientras China, Estados Unidos, Japón e India acaparan hasta el 85% de las instalaciones de energía solar en la última década. De esta forma, si la energía hidroeléctrica acaparaba el mayor número de proyectos de generación de energía hace apenas 10 años, en la actualidad es la energía solar la que supera con creces la nueva capacidad instalada, generando un auge en la expansión total del mercado, principalmente en China.

La instalación de paneles solares en los tejados está generando un auténtico frenesí por la energía solar en China. La nueva capacidad solar instalada ha aumentado un 137% anual, favoreciendo que la instalación de energía renovable represente el 77% del total de nuevas instalaciones de energía en los primeros meses de 2022 en China. De hecho, manteniéndose el actual ritmo de instalaciones, la capacidad de paneles solares superará por primera vez la de turbinas a final de año. En un país donde solamente un 13% es tierra cultivable, la regulación está poniendo énfasis en que la instalación de los paneles no se realice en zonas dedicadas para otros usos.

Con los avances conseguidos en las tecnologías verdes, la energía solar se ha convertido en la opción más barata. La capacidad de energía solar ya sobrepasó la eólica a nivel mundial a finales de 2019, y se espera que llegue a duplicarse en 2030. Un mayor número de instalaciones que, sin embargo, todavía no consigue superar la generación de energía procedente de las turbinas, al estar éstas más tiempo en funcionamiento al cabo de un año.

A pesar de la gran expansión de la nueva capacidad de energía instalada, China todavía debe conseguir diseñar un sistema eléctrico que aumente la capacidad de almacenamiento, de modo que pueda ser distribuida donde se necesite en cada momento. Las intensas sequías y las prolongadas olas de calor han producido recortes de energía en zonas más dependientes de la generación hidráulica, de ahí que también siga siendo necesario mantener la dependencia del carbón como opción segura.

Aunque la generación de energía procedente del carbón apenas ha aumentado un 1% en estos últimos seis meses, el gigante asiático sigue desplegando la construcción de nuevas plantas. Esta dependencia del carbón hace que China e India sean los dos mercados donde se ha concentrado hasta el 78% de la nueva capacidad de carbón instalada en los últimos diez años.

Mientras China encuentra su camino hacia una independencia energética del carbón, la buena noticia es que dos de los sectores industriales más contaminantes del país han establecido una fecha para alcanzar el pico máximo de emisiones. Se trata del sector del hierro y el acero, el segundo mayor emisor de carbono, que alcanzará su punto máximo antes de 2025, mientras el sector del cemento, considerado el tercer mayor emisor de carbono, lo hará en 2023. Un buen escenario para avanzar en las negociaciones globales que tendrán lugar en la próxima cumbre del clima COP27 en Sharm el-Sheikh, Egipto, en noviembre.

 

THE ASIAN DOOR: Geopolítica y renovables, el giro inesperado de la invasión de Ucrania. Águeda Parra

Considerada la cumbre del Cambio Climático COP26 como una de las menos ambiciosas en los últimos años, la invasión rusa de Ucrania ha dado en apenas un mes un giro inesperado sobre los objetivos mundiales de acción climática. La recuperación de la economía tras los confinamientos y las restricciones de la pandemia planteaban apenas hace cuatro meses una trayectoria de emisiones que conducían a un calentamiento de 2,4ºC al final de este siglo, considerando el escenario más desfavorable. La situación geopolítica actual plantea, sin embargo, un cambio de escenario de orden global que puede resultar beneficioso para los objetivos climáticos.

La guerra en Ucrania plantea el mayor desafío geopolítico desde la Segunda Guerra Mundial, no solamente para Europa, sino que supone una reordenación en la balanza de poder geopolítica a nivel mundial. La firme determinación de la Unión Europea de reducir su dependencia energética del gas de Rusia, que alcanza el 40%, y asciende al 60% en el caso de Alemania, supone situar el cambio de la estrategia europea sobre seguridad energética como uno de los principales game-changer en el juego de rebalanceo de fuerzas de poder que va a dejar la etapa post-guerra.

La cuenta atrás para alcanzar cero emisiones netas en 2050 comenzó para la Unión Europea en 2021. Por delante, unas tres décadas para alcanzar la descarbonización convirtiendo a las renovables en la pieza central del modelo de seguridad energética de los países europeos. El mismo tiempo que resta para que potencias energéticas como Rusia pierdan su influencia, al ser fuente de una quinta parte de las reservas de gas natural del mundo. De hecho, la reflexión sobre esta paulatina pérdida de influencia geopolítica podría haber acelerado la incursión militar sobre Ucrania.

Mientras un giro inesperado de la geopolítica global impulsa que la Unión Europea intensifique la política de fomento de las renovables, China mantiene su esquema y redobla la atención sobre las energías limpias con la publicación de un plan para desarrollar un sistema energético moderno para 2021-2025 como parte del itinerario marcado por el 14º Plan Quinquenal (2021-2025). De cumplirse los objetivos recientemente publicados, el plan estratégico definido por China podría adelantar hasta en cinco años el pico de emisiones de carbono comprometido para 2030.

El liderazgo de los gobiernos regionales marca la pauta de adecuación a los compromisos climáticos anunciados por China y, a falta de que 12 de los 34 gobiernos regionales comuniquen sus planes de desarrollo, la acción conjunta de los 22 restantes ya contempla el objetivo de agregar más de 600 gigavatios (GW) de capacidad de renovables de forma combinada entre 2021 y 2025. Una cifra que supone más del doble de la capacidad eólica y solar instalada a finales de 2020.

La ambiciosa hoja de ruta que plantea este nuevo plan supondría incrementar la generación de energía a partir de fuentes no fósiles a un 39%, desde el 33,9% registrado en 2020 y el 34,6% en 2021, según el plan energético presentado de forma conjunta por la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, y la Administración Nacional de Energía.

La bajada de los costes de producción son parte esencial que favorece la cifra récord de generación de energía eólica y solar año tras año, mientras la inversión en investigación y desarrollo energético, que crecerá un 7% entre 2021 y 2025, según el plan, complementa el impulso por acelerar la transición hacia un mix energético donde el carbón va teniendo cada vez un menor peso.

La geopolítica provoca movimientos inesperados y, entre los múltiples efectos que tendrá la invasión de Ucrania, la aceleración de la transición hacia las renovables figura entre los cambios más significativos. La dimensión de la seguridad energética marcará en el corto y medio plazo gran parte de los cambios geopolíticos globales.

THE ASIAN DOOR: Una COP26 poco agresiva mientras China anuncia su plan. Águeda Parra

En las semanas previas a la celebración de la COP26 en Glasgow, Reino Unido, la atención se ha centrado en las altas expectativas puestas sobre el encuentro, esperando que la cumbre fuera recordada por establecer una hoja de ruta más ambiciosa y agresiva contra el cambio climático. En estos días, el análisis científico independiente proporcionado por Climate Action Tracker ha presentado los riesgos de no hacer todo lo posible mientras todavía se está a tiempo, planteado diferentes escenarios según la senda de crecimiento de las emisiones actuales. Un escenario que, aunque pesimista, ha conseguido arrancar apenas un par de acuerdos entre los líderes asistentes a la COP26.

De continuar la evolución actual de emisiones de gases de efecto invernadero, las predicciones indican que solamente la trayectoria de emisiones correspondiente a los países del G20 ya conducirían a un calentamiento de 2,4 ºC al final de este siglo, lejos del objetivo fijado de no superar los 1,5 ºC respecto a los niveles preindustriales. Tras el descenso registrado durante los meses de mayor impacto de la pandemia, los ritmos de recuperación económica están generando un repunte de las emisiones de gases contaminantes entre los países del G20, que podría elevarse hasta un 4%, según un informe de Climate Transparency. De hecho, los veinte países más ricos del mundo son responsables de alrededor del 75% de los gases contaminantes.

Durante la celebración de las cumbres climáticas afloran numerosos análisis y estimaciones que muestran el avance de los planes climáticos. Entre ellos, destaca el emitido por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente que advierte de que el mundo solamente dispone de ocho años para reducir a la mitad los gases de efecto invernadero si se pretenden alcanzar los compromisos del Acuerdo de París. Un planteamiento que revela, asimismo, que con los compromisos anunciados por los países del G20 solamente se conseguirá reducir las emisiones en un 7,5%.

Compromisos sí, pero quizá no todos los que se esperaban. Desde Washington se ha buscado que los dos mayores emisores de carbono del mundo, entre Estados Unidos y China acumulan el 40% de las emisiones globales de carbono, alcanzaran un acuerdo que pudiera anunciarse durante la cumbre. Las reuniones preparatorias no han sido exitosas, y la falta de asistencia de Xi Jinping a la COP26 ha rebajado la expectativa de que se pudieran alcanzar objetivos más ambiciosos.

Tres días antes de que se celebrara la COP26, China ya realizó uno de los anuncios más relevantes de la cumbre. Se trata del “Plan de acción de pico de emisiones de carbono de China 2030”, en definitiva, la contribución nacional (NDC, por sus siglas en inglés) para las próximas décadas donde se especifica el despliegue sectorial de reducción de emisiones. Sin fijarse nuevos límites a los ya anunciados, el documento sí especifica que la intensidad energética se reducirá en más de un 65% (las emisiones de CO2 por unidad de PIB) con respecto a los niveles de 2005, cuando antes se barajaba una intensidad entre el 60% y el 65%. El documento también eleva la proporción de consumo de combustibles no fósiles en el mix energético hasta el 25% en 2030, que mejora las previsiones respecto del objetivo anteriormente anunciado del 20%.

Entre las propuestas que han tenido un mayor éxito durante la cumbre climática figura el compromiso de poner fin a la deforestación en 2030, firmado por más de cien líderes mundiales, China entre ellos, que incluye fondos públicos y privados que alcanzan los 19.000 millones de dólares. Los países firmantes agrupan el 85% de los bosques del mundo, recuperando un compromiso que ya se formalizó en 2014, aunque en esta ocasión se espera que tenga un mayor éxito por el volumen de la financiación prevista y por los países clave que apoyan el compromiso.

Una de cal y otra de arena. El compromiso colectivo de reducir las emisiones de gas metano en un 30% para 2030, que incluye entre los países clave a Estados Unidos y Europa como dos de los mayores consumidores de gas natural, es otro de los acuerdos alcanzado por más de 90 países, dos tercios de la economía mundial. Entre los ausentes figuran China, Rusia e India que, conjuntamente, generan alrededor de un tercio de las emisiones de metano.

Dos grandes acuerdos, aunque uno de ellos no haya sumado los esfuerzos de todas las partes, que constatan que no se hayan alcanzado las expectativas creadas antes de la celebración de la COP26. Se esperaba una cumbre de acuerdos agresivos que frenaran significativamente el aumento de las temperaturas y las emisiones de carbono a nivel mundial que, finalmente, no ha sido tal.

THE ASIAN DOOR: Recortando distancia hacia la neutralidad del carbono en la Ruta de la Seda. Águeda Parra.

La Asamblea General de las Naciones Unidas ha sido nuevamente el escenario elegido por Xi Jinping para anunciar nuevos compromisos en la lucha contra el cambio climático. Si hace un año China hacía público su objetivo de alcanzar el pico de emisiones de gases de efecto invernadero en 2030 y la neutralidad del carbono en 2060, un año después las acciones sobre el clima están encaminadas a dejar de financiar la construcción de nuevas plantas de carbón en el extranjero. Un adelanto de cómo plantea China el fomento de las energías renovables y la agenda de descarbonización dentro de los objetivos definidos en el 14º Plan Quinquenal.

El anuncio de China en la Asamblea de las Naciones Unidas eleva las expectativas sobre la próxima Cumbre del Clima COP26 que se celebrará en Glasgow, Reino Unido, a principios de noviembre. Tras la COP21 de París, que concluyó con el acuerdo histórico de establecer los objetivos para frenar el cambio climático reflejados en el Acuerdo de París, la declaración de China viene a reforzar la ambición de la COP26 de declarar como histórico el uso del carbón.

La COP26 podría suponer la cuenta atrás hacia la completa descarbonización, teniendo en cuenta que China está detrás del 56% de los proyectos de construcción de plantas de carbón planificados fuera del país, según datos del Global Energy Monitor. Con la transición energética en auge, las energías renovables son soluciones alternativas mucho más competitivas, planteando un escenario donde cada vez es más complejo que las plantas de carbón puedan competir comercialmente con la tecnología que incorpora la nueva generación de energía solar y eólica, donde China se posiciona como líder mundial.

Tras años de financiar la construcción de plantas de carbón en el exterior, la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda no ha supuesto un incremento en este tipo de infraestructuras ya que la mayoría de los proyectos energéticos han contemplado de forma mayoritaria el uso de las renovables. De hecho, la inversión en este tipo de proyectos se ha mantenido estable en el tiempo, registrando un repunte en 2016 y alcanzando su punto máximo en 2017 hasta los casi 7.000 millones de dólares según el Global Development Policy Center de la Universidad de Boston. Desde entonces, la financiación de este tipo de proyectos se ha ido reduciendo sensiblemente hasta desplomarse casi por completo en 2020 por efecto de la pandemia.

Más allá del impacto que ha supuesto la crisis sanitaria en las decisiones de inversión en el extranjero, el anuncio de Xi Jinping viene a confirmar que China impulsará su tecnología verde Designed in China para seguir financiación proyectos energéticos en el exterior, a pesar de que dentro del país se siga manteniendo una importante dependencia del carbón durante algún tiempo. No obstante, los avances para tener una menor dependencia del carbón también han sido significativos a nivel doméstico en los últimos diez años, reduciéndose la proporción del uso del carbón en el mix energético del país 10 puntos porcentuales hasta representar el 56,8% en 2020, según la Administración Nacional de Energía. Los objetivos para 2021 siguen siendo ambiciosos y pretenden alcanzar una reducción del uso del carbón por debajo del 56% en 2021, marcando un nuevo hito en la agenda de descarbonización.

La COP26 contará, asimismo, con el anuncio de Estados Unidos, realizado poco antes de la declaración de China, por el que Washington espera destinar 11.4000 millones de dólares en ayudas a países en desarrollo para afrontar el reto del cambio climático, lo que supondría duplicar el valor del presupuesto actual si consigue el respaldo del Congreso.

Aunque todavía lleve un tiempo materializar el compromiso anunciado por Estados Unidos, y que el mix energético de China refleje una menor dependencia del carbón, los pasos dados por Washington y Pekín podrían ser la antesala para que la próxima COP26 consiga imprimir un cambio de ritmo hacia una más rápida descarbonización.

 

 

THE ASIAN DOOR: Los consumidores chinos lideran la sostenibilidad ambiental. Águeda Parra

El cambio climático es una realidad patente en nuestro entorno mientras las economías mundiales se enfrentan al reto de alcanzar la neutralidad del carbono antes de que los daños sean irreparables. China ya ha mostrado su compromiso a la ONU de alcanzar el pico de emisiones de CO2 en 2030, aunque todas las estimaciones apuntan a que podría conseguirse en una fecha anterior, mientras aspira alcanzar la neutralidad del carbono en 2060. Un reto al que se unen los consumidores chinos demandando una mayor sostenibilidad entre las marcas sin encarecer el precio.

El desarrollo sostenible está provocando que las marcas afronten un cambio de actitud entre los hábitos de los consumidores que requieren de la industria ser más activa y respetuosa con el medio ambiente. Una tendencia que se generaliza a nivel global y que tiene entre los consumidores chinos a los principales game-changers de cómo la demanda de una producción más sostenible puede impactar sobre la industria de consumo.

Ser la fábrica del mundo ha supuesto que China afronte en los próximos años ambiciosos objetivos para limitar el calentamiento global. Los efectos de la polución del aire en las ciudades son tangibles en China, situándose la ciudad de Hotan, muy expuesta a las tormentas de arena por su cercanía al desierto de Taklamakán, en el primer puesto del informe de ciudades más contaminadas del mundo en 2020 que publica la empresa suiza de tecnología del aire IQAir. A pesar de que la contaminación sigue siendo un importante caballo de batalla para el gigante asiático, solamente dos ciudades chinas figuran en esta clasificación, ocupando Kashgar el puesto 15, mientras es India el país que incluye hasta 16 ciudades entre los primeros veinte puestos.

En los últimos años, la polución y otros fenómenos climáticos severos han ido generando mayor conciencia ambiental entre la población que demanda en las cadenas de producción cambios para alcanzar un consumo más responsable. En este punto, el compromiso de los consumidores chinos parece liderar esta tendencia, siendo el grupo de opinión con mayor predisposición a contribuir con el 0,5% de su salario anual a combatir el cambio climático, según la encuesta realizada por Wunderman Thompson. De los tres grupos de opinión participantes, los internautas chinos con el 86% se sitúan por delante de los encuestados en Reino Unido y Estados Unidos donde el porcentaje de aquellos dispuestos a contribuir financieramente alcanzó el 64% y 62%, respectivamente.

La cuestión de actuar por el medioambiente no solamente forma parte de la conciencia de los consumidores chinos, sino que son estos mismos los que en un porcentaje mayor a los otros dos grupos de opinión esperan que las empresas tomen un papel más destacado en la solución de los grandes desafíos que plantea el cambio climático. Mientras las marcas con mayor compromiso en sostenibilidad ven mejoradas sus ventas por una mayor conciencia ambiental, no es menor el compromiso de los grandes titanes tecnológicos chinos por incorporar la energía limpia como activo para mejorar su valoración como empresa medioambientalmente responsable.

El bajo rendimiento en el uso de energías limpias ha supuesto para Alibaba quedar desbancada del primer puesto en el sistema de puntuación que realiza Greenpeace East Asia de los proveedores cloud en China a favor de Tencent. Entre las grandes tecnológicas chinas comienza a implantarse el uso de las energías renovables, siendo una realidad ya entre 13 de las 22 más importantes del país, cinco más que en 2019, según Greenpeace.

Consumidores y grandes tecnológicas se suman a los objetivos comprometidos por China para abordar el calentamiento global, una tendencia que las marcas y las empresas que operan en el país deben tener en cuenta para captar el entusiasmo de un consumidor cada vez más sensible con el medio ambiente. (Foto: Flickr, chrisffoto)

ASIAN DOOR: La geopolítica del clima en marcha para liderar la COP26. Águeda Parra

Los efectos del creciente calentamiento global no pasan ya desapercibidos para ninguna de las grandes potencias mundiales, cada vez más conscientes de que es necesario acelerar el ritmo de implementación de medidas que conduzcan a una efectiva neutralidad del carbono. El medioambiente se resiente, y los efectos del cambio climático tienen implicación directa sobre el desarrollo de la economía y el mantenimiento de los estándares de salud.

De hecho, con todas las potencias mundiales implementando medidas más agresivas, la componente climática se va a convertir en una cuestión geopolítica de primer orden en las próximas décadas. Tanto la viabilidad económica del nuevo modelo energético, como el liderazgo tecnológico por las renovables, van a definir el escenario de rivalidad a nivel global en el que las grandes potencias van a competir. Pero no se trata solamente de alcanzar los ambiciosos objetivos de descarbonización, sino conseguir la victoria geopolítica sobre qué potencia liderará una respuesta global al cambio climático.

Conseguir este objetivo pasa por definir una respuesta al calentamiento global que incorpore a China como país más contaminante del mundo, de modo que haga más factible que otros países también se unan en una colaboración conjunta frente al cambio climático. Con esta perspectiva en mente, Estados Unidos ha buscado reforzar el diálogo y la cooperación con China antes de participar en la Cumbre Internacional del Clima el pasado mes de abril, organizada por Biden, a la que acudían virtualmente los líderes mundiales. El objetivo era dejar al margen los numerosos conflictos que han tensionado las relaciones entre ambos, tanto anteriormente con la administración Trump como ahora también con la administración Biden, de modo que no interfiriesen en establecer una cooperación conjunta ante la próxima Cumbre del Clima COP26 en Glasgow en el mes de noviembre con medidas para los próximos años que puedan salvar el planeta.

Sin comunicado de una cooperación conjunta, China busca alcanzar los objetivos de descarbonización anunciados con una transformación energética. Una hoja de ruta por la que ha apostado el gigante asiático para conseguir cambiar su mix energético y que le ha llevado a posicionarse como el mayor inversor en energías limpias de la última década, siendo líder mundial en la fabricación de paneles solares, turbinas eólicas y coches eléctricos, donde las marcas chinas como Nio y BYD ya comienzan a competir directamente con Tesla.

Con Estados Unidos de vuelta a la Cumbre de París, el objetivo es reducir el uso de los hidrofluorocarbonos hasta el 85% en los próximos 15 años, buscando limitar drásticamente los gases de efecto invernadero al ser estos productos químicos utilizados en aires acondicionados mil veces más potentes que el dióxido de carbono sobre el calentamiento global. Una primera medida tomada por la Agencia de Protección Ambiental bajo la administración Biden con la que Estados Unidos espera eliminar el equivalente a 3 años de emisiones del sector eléctrico entre 2022 y 2050.

Durante años, Europa también ha venido trabajando con China para abordar una acción global climática y, previo a la reunión virtual de líderes internacionales organizada por Biden, Francia, Alemania y China pusieron en común su disposición de colaborar para garantizar el éxito de la próxima COP26 en Glasgow, la cumbre más importante del clima desde el 2015 cuando se alcanzó el acuerdo histórico por parte de 196 países en el Acuerdo de París.

Sin que haya un único liderazgo mundial en cuestión del clima, la cooperación en procesos multilaterales de acción contra el cambio climático es un punto de encuentro coincidente para Estados Unidos, Europa y China. Sin embargo, si desde Washington o Bruselas se consiguiera que el gigante asiático adelantara su compromiso de alcanzar el pico de emisiones a una fecha anterior a 2030 sería considerado como una victoria diplomática, y lo que es más importante, una señal clara de mayor influencia geopolítica global.