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¿Qué hay detrás de la eliminación de la política de Covid Zero en China? Ángel Navarro de Lora

El pasado mes de octubre se celebró el XX Congreso del Partido Comunista Chino (PCCh) donde por primera vez en su historia se eligió para un tercer mandato al presidente del país, que igualmente ostenta el liderazgo del propio PCCh y el de las fuerzas armadas (PLA). De modo que el presidente Xi Jinping se ha convertido en el hombre más poderoso desde la era Mao. Durante la celebración de dicho congreso, dejó claro que lideraría esta nueva etapa con mano firme, cosa que pudimos ver de forma clara y evidente con dos ejemplos: la purga que hizo de forma pública y notoria del hasta la fecha su primer ministro Li Keqiang, y en segundo lugar la creación de un grupo de asesores leales de la vieja guardia.

La política de Covid Zero ha sido una de las señas de identidad de la política desplegada por el gobierno de Xi Jinping desde que se desató la pandemia y que ha defendido sin dudar, incluso anteponiéndola a medidas económicas que han provocado un retroceso importante en la economía del país y su crecimiento, y que viene afectando de forma muy negativa sobre todo a pequeñas y medianas empresas; el paro entre los jóvenes ha alcanzado la cifra histórica del 20%.

De modo que, ante este escenario y tras casi tres años viviendo con continuas restricciones, incertidumbre, confinamientos de ciudades y sin vislumbrar una salida clara y luz al final del túnel, cierta parte de la población salió a la calle para manifestarse en forma de protestas y que ocasionaron tumultos y revueltas que en algunos medios se llegaron a comparar con aquellos ocurridos en la primavera de 1989 en la Plaza de Tiananmen. En estas revueltas, aunque de forma muy minoritaria, se llegó a pedir la dimisión del presidente Xi e incluso se pudo leer algunas pintadas que rezaban give me Liberty or give me death al igual que en Tiananmen en 1989.

Ante esta tesitura, el gobierno tomó la decisión eliminar de forma casi inmediata la política de Covid Zero y la consecuente implementación de sus medidas como la aplicación de rastreo de los casos positivos, tests masivos, confinamientos, etc. De modo que ante este nuevo escenario es legítimo plantearse por qué el presidente Xi decide abandonar una política que venía defendiendo.

Porque desde que se adoptó esta decisión, los casos de contagios se han multiplicado por miles, los hospitales están colapsados y hay desabastecimiento de medicamentos en las farmacias. Ya hay estudios que prevén que podrían producirse hasta un millón de fallecimientos en los próximos meses. En primer lugar, el sistema sanitario chino es muy deficiente y consta de pocos recursos, especialmente en las zonas rurales y del interior donde se agrupa la mayor población del país; en segundo lugar, una población muy envejecida y de riesgo; igualmente hay un índice muy bajo de vacunación entre la población; y por último, la vacuna china ha demostrado ser menos eficiente que las desarrolladas en occidente. Hace unos días se aprobó la comercialización del antiviral oral de Pzifer y se agotó en media hora.

Ante esta nueva ola de contagios, es razonable pensar que probablemente tras el periodo vacacional, el gobierno volverá a imponer duras medidas de control, esta vez con una sólida legitimidad argumentando que sus políticas eran las correctas para proteger el bienestar de la población.

 

INTERREGNUM: La ruptura China-Occidente. Fernando Delage

La percepción occidental de China ha cambiado radicalmente en pocos años. La realidad de una República Popular más asertiva, que recurre a la coerción económica y la desinformación, y que no oculta su ambición de convertirse en una gran potencia militar, ha llevado al abandono de una política de acercamiento mantenida durante décadas, y basada en la convicción de que la interdependencia económica y un intercambio más estrecho entre sus respectivas sociedades conducirían gradualmente a una China más abierta y plural. Por el contrario, el sistema político se ha vuelto más represivo, la economía más intervencionista y la política exterior más beligerante, obligando a un giro en la estrategia occidental.

¿Cómo se ha pasado del entusiasmo por China como oportunidad económica y socio frente a los problemas globales a la preocupación por China como competidor y potencia rival? ¿Cuáles han sido las causas? ¿Ha sido Xi Jinping el principal responsable de esa evolución, o es la consecuencia inevitable de una China más poderosa? Aunque el comportamiento de Pekín en un número cada vez mayor de frentes hacía de la República Popular un desafío para los intereses y valores del mundo democrático, la crisis del Covid-19, primero, y el apoyo de Pekín a Moscú tras la invasión de Ucrania por esta última, después, sirvieron de señales definitiva de alarma.

La historia de esta ruptura es el objeto de un imprescindible libro de Andrew Small, investigador del German Marshall Fund. En No Limits: The Inside Story of China’s War with the West (Melville, 2022), Small describe con todo detalle por qué y cómo los gobiernos europeos y norteamericanos (sin olvidar a Japón y Australia) concluyeron que había que frenar los planes de dominio chino; un esfuerzo que requería ante todo una estrategia coordinada. Mediante su acceso a docenas de dirigentes políticos y expertos en distintos puntos del planeta, el autor reconstruye paso a paso el cambio de percepción occidental y la formación de su respuesta.

Dos ideas fundamentales inspiraron la reacción frente a China. La primera fue la apreciación de que economía y seguridad son indivisibles en el mundo contemporáneo. La competición con la República Popular es simultáneamente económica, tecnológica y militar, por lo que el recurso a sanciones comerciales convencionales es del todo insuficiente. En segundo lugar, se extendió la conclusión de que continuar permitiendo a China el libre acceso a sus mercados y a determinados sectores estratégicos, no haría sino facilitar su superioridad tecnológica en el futuro, dañando de manera irreversible la posición de Occidente en la economía global.

El análisis del plan “Made in China 2025” y la reflexión sobre las implicaciones estratégicas de la telefonía 5G son identificados por Small como los hechos decisivos que causaron el cambio de opinión sobre China entre las elites políticas y económicas occidentales. De repente, todo un abanico de áreas que nunca habían estado implicadas en relación con este país—normas de competencia, derecho a la privacidad, política industrial, supervisión de inversiones, etc—adquirieron una nueva dimensión. El 5G en particular planteaba riesgos de seguridad de un alcance mayor: la cesión de infraestructuras críticas a empresas chinas supondría una amenaza existencial a la soberanía tecnológica occidental, además de ser un instrumento a través del cual China podía imponer su concepción iliberal del orden social.

Con anécdotas reveladoras, y al ritmo de una novela de acción, Small describe cómo China dejó de ser un asunto importante para convertirse en una cuestión urgente. Después de discutir durante una larga década sobre la necesidad de reajustar la estrategia hacia China, la decisión finalmente se precipitó. La seguridad de las telecomunicaciones o la vulnerabilidad de las cadenas de suministro, entre otros riesgos, se vieron de otra manera al adquirirse una mejor comprensión de la dirección a la que Xi Jinping estaba conduciendo al país bajo su liderazgo. La gestión de la pandemia, originada en la ciudad de Wuhan, y el apoyo a Rusia tras invadir ésta Ucrania y atacar el orden de seguridad europeo, eliminaron cualquier duda que aún pudiera quedar. La confrontación se hizo inevitable.

Dèjá vu pandémico. Nieves C. Pérez Rodríguez

Como si de un dèjá vu se tratara comenzamos el 2023 reportando los estragos del Covid-19 en China. El 2020 comenzó de manera parecida, escribíamos sobre un posible y desconocido virus respiratorio que había inundado la ciudad de Wuhan pero que las autoridades chinas convenientemente desestimaron sobre todo de cara al extranjero. Una vez más, la ausencia de información se hace presente y el mundo vuelve a temblar frente al incremento exponencial de infecciones en China que surgen de manera paralela con la salida de cientos de miles de ciudadanos chinos al extranjero.

El levantamiento de la estrictísima política de “cero-covid” en China ha abierto un natural y reprimido deseo de liberación ciudadana frente a las restrictivas medidas que padecieron los ciudadanos de a pie, quienes han vivido en muchos casos en ciudades casi fantasmas, donde la actividad más activa transcurría en torno a los centros de pruebas y la movilización policial que aseguró el cumplimiento de tales confinamientos.

Poco a nada se da a conocer de manera oficial. Las autoridades chinas recurren al mismo guión, al del silencio, la confusión o incluso la desinformación tanto doméstica como internacional. En esta ocasión, hasta la OMS y su director se han apresurado en pedir más data a Beijing para poder valorar el posible impacto del levantamiento de restricciones de viajes al extranjero y con ello poder hacer estimaciones; “es importante el monitoreo y la publicación oportuna de datos para ayudar a China y a la comunidad internacional a formular y hacer evaluaciones de riesgos precisas e informar de respuestas efectivas”.

En busca de evitar masivos contagios, muchos países intentar cerrarse o al menos controlar la llegada de chinos imponiendo el requisito de prueba negativa para poder entrar. Una exigencia que se usó en los primeros meses pero que gracias a la vacunación se ha desestimado. Justo esa es la mayor vulnerabilidad china, una vacuna con pocos niveles de efectividad y los bajísimos porcentajes de vacunados, incluso en la población más vulnerable: los mayores y aquellos con sistemas inmunológicos comprometidos. Aunque tampoco ha habido mucha información oficial compartida al respecto.

Japón fue de los primeros en anunciar restricciones en número de vuelos desde China y la presentación del PCR negativa de los pasajeros. Estados Unidos ha restablecido la presentación de la prueba negativa antes de abordar un avión en China a partir del 5 de enero, lo que ha generado críticas domesticas por no haber empezado con la medida unos días antes. A esta medida se ha sumado Reino Unido, Francia, Canadá, Italia quién fue le primero en sugerirle a sus socios de la UE hacer lo mismo. También lo ha hecho Australia, India, España, Malasia, Corea del Sur y Taiwán.  Marruecos, por su parte, cerró las fronteras a los chinos ante la amenaza. Y seguro que en las siguientes horas la lista crecerá.

Washington, además, ha ampliado su programa de vigilancia genómica basada en viajeros para detectar e identificar nuevas variantes del virus que causa el Covid-19. El programa consiste en tomar pruebas nasales a pasajeros voluntarios, cuya identidad se mantiene anónima, con el propósito de que si se detecta el virus se estudia y descifra el genoma para identificar entonces la posibilidad de nuevas variantes.

En medio del temor de apariciones de nuevas brotes y variantes, la semana pasada la Administración Biden extendía a un total de siete aeropuertos el programa de vigilancia genómica, entre ellos el de Los Ángeles y Seattle que cubren unos 290 vuelos semanales de China y sus cercanías. Así mismo, el programa ha comenzado la vigilancia de aguas residuales en los baños de las aeronaves, como parte de un esfuerzo de expandir un sistema de radar nacional y en el futuro global que vigile la aparición de virus y bacterias, de acuerdo con un editorial del Washington Post del 31 de diciembre.

Mientras tanto, lo que algunos valientes e influencers publican en sus redes desde China son noticias sobre hospitales desbordados, pacientes muy enfermos sin poder recibir cuidados y cadáveres amontonados frente a la incapacidad de incinerarlos. Incluso las cajitas usadas para depositar las cenizas se han agotada por lo que han optado por poner los restos humanos en bolsitas rojas en ausencia de las pequeñas cajas usadas para tal propósito.

Cuando parecía que corrían aires de normalidad y sentíamos que la vida tal y como la conocíamos se retomaba progresivamente en casi todos los países del mundo, ahora el temor por brotes masivos en muchas naciones nos inunda. Las autoridades intentan imponer la calma con medidas preventivas pero sin garantías de éxito. Los científicos vuelven a preocuparse y mantienen la alerta frente a la certeza de la falta de honestidad del Partido Comunista chino y la ausencia de informción.

Debería ser sancionable el comportamiento de las autoridades de la segunda economía del mundo. Debería el mundo democrático unir esfuerzos para confrontar a Xi Jinping y su gabinete sobre cómo han manejado la pandemia desde el momento de su aparición. Deberíamos poder reclamar y exigir que tomen responsabilidad por los millones de muertes del mundo y por los billones de dólares que ha costado la pandemia al mundo.

No vale decir que los chinos son así y que maltratan a sus ciudadanos, esos pobres ciudadanos que han sido víctimas de las medidas más restrictivas nunca antes vistas precisamente por la falta de honestidad y aceptación de la inefectividad de su vacuna.

Aun cuando el margen de maniobra es pequeño, el mundo libre tiene el deber de pedir explicaciones y considerar muy seriamente dejar de ser dependiente del país que usa el derecho internacional en su conveniencia y las instituciones para hacer presión según sus intereses. Debemos aprender de lo vivido y no dejarnos liar por los tiranos. Lo hemos visto con Rusia, Putin ha aterrado a Europa y el mundo porque no se le paró en seco cuando se pudo. Xi lo vuelve hacer porqué no ha visto consecuencias drásticas. Países como Canadá y Australia han sido un ejemplo a seguir a pesar de que no son naciones tan poderosas.

Este dèjá vu puede ser nuestra nueva pesadilla o nuestra motivación a tomar el primer paso para defender nuestras libertades que hoy están en riesgo por líderes como Xi, Putin, Maduro, Kim Jong y Alí Jamenei entre otros.

 

 

Ucrania y COVID reducen el margen de maniobra de China

La vuelta de los contagios  del COVID a China, si es que se habían ido, y la guerra de Ucrania están suponiendo un duro revés para China aunque las autoridades de Pekín están intentando matizar los datos.

Según analizan varios expertos en medios de comunicación especializados en Estados Unidos, la actividad fabril se contrajo a un ritmo más pronunciado en abril, en un momento en que los confinamientos generalizados por el COVID-19 redujeron la producción e interrumpieron las cadenas de suministro al bloquearse el funcionamiento normal del puerto de Shanghai, uno de los más importantes y activos del planeta.

El índice oficial de compras (PMI) de manufactura cayó a 47,4 en abril desde 49,5 en marzo, para un segundo mes consecutivo de contracción, dijo la Oficina Nacional de Estadísticas (NBS). La marca de 50 puntos separa la contracción del crecimiento en una base mensual.

Docenas de las principales ciudades de China están en medio de confinamientos totales o parciales, incluido el centro comercial de Shanghai, llevando a más analistas a reducir las previsiones de crecimiento para la segunda economía más grande del mundo.

Este estancamiento que se está produciendo en China, impacta directamente sobre el margen de maniobra de Pekín para aprovechar a su favor la crisis de Ucrania ejerciendo de teórico intermediario para una paz pactada y ocupando el vacío político y económico que podría dejar Rusia y un Occidente embarrado en el frente europeo.

Este dato va a tener importancia en los próximos meses y en la evolución de los acontecimientos ucranianos en los que Rusia, aunque avance, parece tener cada vez mayores dificultades y puede acabar en una grave crisis de estabilidad interna.

Más Covid y fuga de capitales en China. Nieves C. Pérez Rodríguez

Ya no solo es Shanghai, ahora el miedo se traslada a Beijing donde los centros de prueba de Covid inundan la capital china en consonancia con la “política de cero casos” impuesta por el Partido Comunista chino desde el comienzo de la pandemia y que, como consecuencia, paraliza la vida de los ciudadanos quienes son forzados a cuarentenas estrictas, que además están haciendo estragos en la economía china y en la economía global.

Un par de semanas atrás publicábamos en esta columna que el precio del confinamiento en Shanghái se estimaba en unos 49 mil millones de dólares a finales de marzo y que ha afectado unos 200 millones de chinos. Y eso sin evaluar los costos internacionales que conlleva un confinamiento en el hub financiero chino donde también se encuentra el puerto más grande del mundo y que mueve la mayor carga del planeta.

La consecuencia de la imposición de estas extremas medidas empieza a pasarle factura a China. A los inversionistas extranjeros no les hace ninguna gracia que sus inversiones se vean impactadas por restricciones domésticas por lo que han comenzado a sacar inversiones del gigante asiático. Tan sólo el mes pasado dejó cifras históricas de fuga de capital extranjero en China, de acuerdo con datos del Instituto Internacional de Finanzas marzo se cerró con cifras históricas de salida, unos 17.500 millones de dólares huían en busca de un mercado más estable.

La Reserva Federal de los Estados Unidos está aumentado las tasas de interés por primera vez desde 2018 para controlar la inflación, mientras que el Banco Popular de China ha entrado en un ciclo de relajación para impulsar su economía, afirma Laura He, periodista de CNN. Lo que significa que China es menos atractiva para los inversores en comparación con Estados Unidos. A principio de este mes, los rendimientos de los bonos del gobierno chino cayeron por debajo de los rendimientos del Tesoro estadounidense por primera vez en 12 años y el yuan tocó mínimos de seis meses frente al dólar.

Leland Miller, CEO de China Beige Book, la firma de análisis de data económica china más grande del mundo, decía en una entrevista en Bloomberg que “la prioridad para China ha sido siempre el crecimiento de su economía, pero en este momento el foco no está en el crecimiento sino evitar una crisis sanitaria masiva, así como una caída de su economía”. Así mismo Miller afirmó que no hay signos de políticas de estímulos para aumentar los créditos que se encuentran también en caída en China, lo que es un cambio radical del manual del PC chino.

El confinamiento está despertando los fantasmas de la economía planificada, afirmó Zhiwu Chen, economista de la Universidad de Hong Kong en una entrevista concedida al New York Times, en la que insistía que “esta situación no solo está haciendo imposible la supervivencia de empresas privadas, sino que también está acelerando la desconfianza en la gente sobre el futuro de su país. Y cuando eso sucede es extremadamente difícil que la economía se recupere”.

Si se le suma el descontento social que se ha despertado a razón de las extremas medidas de control del Covid, tenemos como resultado un caldo de cultivo perfecto para cualquier insurrección si estuviéramos hablando de una nación con libertades. Incluso en la China controlada milimétricamente por el PC chino se ha filtrado a la prensa cantidad de imágenes de ciudadanos insatisfechos y enfadados con las medidas que ponen en riesgo su libertad y se atreven a protestar enfrente de las autoridades su rechazo a tanto confinamiento, dificultad para adquirir alimentos y en resumen poder vivir una vida relativamente normal.

Al principio del 2020, cuando no se vislumbraba el futuro que nos depararía la pandemia que se desencadenó en China y que las autoridades deliberadamente decidieron no comunicar al mundo hasta que era tarde y el Covid-19 se había extendido por el planeta, el PC chino construía en tiempo récord hospitales en Wuhan para poder atender los miles de pacientes que se infectaron y decidieron no exportar el material médico de protección basado en razones de seguridad nacional. Hoy su situación sigue siendo parecida, los niveles de infección que padecen parecen incluso ser peor que los del comienzo de 2020, a razón de unas vacunas ineficientes y el mundo sigue sin tener acceso a la información de variantes, números reales de infecciones y defunciones.

Ante tanta incertidumbre tener inversiones en China hoy o tener fábricas de producción masiva de bienes, aun cuando el costo sea considerablemente más bajo, es un problema para los inversionistas de capitales extranjeros porque no cuentan con la seguridad de que podrán, en efecto, producir sus mercancías o exportarlas. Muchos inversionistas están mirando a volver a casa, como es el caso de los estadounidenses que, gracias a incentivos y basados en la seguridad de un Estado que juega bajo las normas establecidas, están considerando establecer los centros de producción en América, o en algún otro país asiático y de centro América.

El PC chino tiene que ver muy preocupante la situación sanitaria en China para que sea capaz de llevar a la economía al límite, aún cuando la economía ha sido siempre su obsesión y su razón…

Año nuevo chino, Olimpiadas y esfuerzos tremendos por contener el Covid-19. Nieves C. Pérez Rodríguez

El primero de febrero da comienzo al nuevo año chino, el Año del Tigre, y por tercer año consecutivo las celebraciones del festival más importante en el país se encuentran en una especie de limbo debido a la pandemia y las estrictas restricciones impuestas por el gobierno chino.

Las celebraciones del año nuevo chino son lo más parecido a las navidades en las culturas cristianas, donde la reunión de las familias es parte fundamental de la festividad. En consecuencia, las movilizaciones de ciudadanos chinos reportadas durante este festival, que tiene una duración de unos 15 días, representan estadísticamente los flujos de viajes más grandes del planeta.

Este año las autoridades están pidiendo a los ciudadanos cooperación y responsabilidad, incluso en aquellas regiones chinas donde los casos de Covid son casi inexistentes. Las autoridades locales cuentan con cierta autonomía por lo que ponen en práctica todo lo que han aprendido durante la pandemia para contener los contagios. Un buen ejemplo es lo ocurrido en la ciudad de Xi`an, ubicada en el centro de China, que permaneció en confinamiento estricto por un mes entero. Sus casi 13 millones de ciudadanos tuvieron que mantenerse en aislamiento en sus casas hasta el lunes pasado como una medida extrema para prevenir contagios.

Otro caso es el de Dongguan, un centro manufacturero en el que habitan 7 millones de chinos que se han desplazado desde sus zonas de origen hasta allí por trabajo y las autoridades locales han ofrecido recompensar a aquellos ciudadanos que no viajen con 80 dólares. Lo que es una cantidad significativa para motivar a los habitantes a permanecer en Dongguan durante este festival.

El caso de Beijjing supera hasta la trama de cualquier película de Hollywood y como que si de ficción se tratara la capital china ha dividido la ciudad en dos. Por un lado se encuentra la vida y actividad normal de la ciudad que como ha venido ya sucediendo está exquisitamente escrudiñada por sus autoridades, quienes reciben alertas hasta de lo que un residente compra en la farmacia, por ejemplo algún medicamente que trate un constipado o síntomas de gripe emite un aviso que identifica al usuario que lo ha comprado, por lo que en el siguiente puesto de control (que valga decir se encuentran desplegados por toda la metrópoli) podría ser obligado a hacer una cuarentena para descartar que lo que tiene sea potencialmente Covid.  O como recién ha hecho el distrito de Fengtai que había registrado desde el 15 de enero 45 casos de Covid por lo que decidieron lanzar una agresiva campaña para hacerle la prueba de Covid a sus 2 millones de ciudadanos en un día.

Ahora bien, la otra parte de la ciudad es la estratégicamente planificada para los Juegos Olímpicos de Invierno que comenzarán el 4 de febrero, sólo 3 días después del año nuevo chino. Esta área, que abarca una superficie de 180 kilómetros, cuenta con todo lo que los juegos, atletas y otros participantes requerirán.

Se estima que habrá unas 11.000 personas provenientes de todas partes del mundo y se mantendrán en las 3 zonas de competición. La ciudad olímpica se ha diseñado como un sistema de circuito cerrado, una seria de burbujas que se mantendrán absolutamente aisladas de la dinámica y vida de la ciudad.

Ha sido tal el nivel de detalle que teniendo en mente mantener el virus fuera de las fronteras incluso las autoridades que estén trabajando en la ciudad olímpica no tendrán contacto con la otra parte de la ciudad y viceversa. Beijing construyó un tren de alta velocidad para la villa olímpica que se complementa con un sistema de autobuses que servirán para movilizar a los participantes.

Cada participante al llegar a China se le hace el test y aunque el resultado sea negativo, se les continuará practicando cada día un test y se mantendrán aislados del público.

Y aunque toda la capital tiene decoraciones, vallas publicitarias y la mascota de los juegos olímpicos decorando sus alrededores, el ciudadano de a pie no podrá ni acercarse a la villa, ni siquiera circular por sus alrededores. Así como de la misma manera los participantes en los juegos de invierno no podrán salir de sus burbujas olímpicas.

El 23 de enero se cumplían dos años del confinamiento de Wuhan, la ciudad donde se cree que se contagió el paciente cero del Covid-19. Esa dramática medida del gobierno chino sorprendió al mundo, aunque un par de meses más tarde era replicada por muchas otras naciones del planeta. Hoy China tiene una gran experiencia en imponer medidas extremas que en efecto han mantenido los números de infecciones bajas en la mayoría de los casos, aunque a un altísimo costo emocional y oportunamente se han aprovechado para controlar más al ciudadano, que tiene aplicaciones en sus móviles que llevan registro de todas sus pasos, acciones y actividades.

Y en pandemia, ni el comienzo de un año nuevo lunar pinta tan alegre, ni los juegos olímpicos son sinónimos de fiesta…

 

Las 5 cosas más destacadas del 2021. Nieves C. Pérez Rodríguez

1.- El segundo año de la pandemia en este lado del Atlántico comenzaba con el terrible asalto al Congreso de los Estados Unidos dejando una bochornosa imagen de este país frente al mundo. Precisamente la nación que ha exportado sus valores democráticos a cada esquina del planeta, que ha sido observadora y certificadora de miles de elecciones extranjeras y que ha financiado muchas de las organizaciones internacionales, sufrían un gran golpe en el corazón de Washington D.C., en el edificio que ha simbolizado desde 1800 los valores de democracia y libertad.

 

Ese espantoso episodio, cuyo propósito era desacreditar la legitimidad de las elecciones por el contrario, demostró la solidez de las instituciones americanas y abrió paso a la continuidad democrática de este país, con la toma de posesión del que había sido el ganador de la elección del noviembre anterior. Y en medio de la profunda tristeza y confusión, la toma de posesión de Biden llenaba de ilusión a muchos, pues prometía, por una parte, cambios, pero, por otra, la experiencia de Biden llenaba de esperanza al retorno a una relativa normalidad tan deseada por la mitad de los ciudadanos estadounidenses y, sin duda también, por muchos de los aliados de occidente, sobre todo aquellos que se sintieron abandonados y hasta presionados por la previa Administración Trump.

 

2.- Japón, que se atrevió a celebrar los pospuestos juegos olímpicos del 2020 en julio del 2021 a pesar de la gran oposición doméstica que tuvo a razón de la propia pandemia, aunque siempre con la esperanza puesta en cumplir el comedido y no dejar caer por la borda los 26 millones de dólares que habían invertido en ello. Así mismo, el primer ministro Suga fue el primer líder recibido por Biden en abril y, además, fue Japón el primer destino del Secretario de Estado Blinken junto con el Secretario de Defensa Lloyd Austin, dejando ver como para la Administración Biden Japón juega un rol clave como aliado estratégico, además de la prioridad que ocupa el Indo-Pacífico en la agenda de Biden.

 

3.- Corea del Norte, que ya se pensaba que era el régimen más cerrado del mundo y se ha superado a si mismo durante la pandemia y se ha convertido en un régimen aún más hermético de lo que conocíamos en pro de contener la pandemia. Poco se ha filtrado pero lo que sabemos es que se han blindado incluso del lado de la frontera con China para evitar que el Covid-19 transite libremente por su territorio. Su líder supremo cumplía el 19 de diciembre 10 años en el poder en los cuales ha conseguido tremendos avances en su programa nuclear generando mucho miedo en sus vecinos y gran preocupación para Washington.  A pesar del hermetismo del sistema, Kim Jon-un consiguió hacer crecer la economía  en estos años, aunque la pandemia ha tenido un efecto nocivo en esa recuperación y actualmente se encuentra severamente golpeada.

 

4.- Afganistán. La inoportuna y mal organizada salida de Afganistán perseguirá a Biden para siempre como uno de sus más nefastos errores, todo por la premura de hacerlo coincidir con el vigésimo aniversario del ataque del 11 de septiembre del 2001. Además del terrible retroceso que eso implica para la población afgana. Geopolíticamente altera el orden regional que se había conseguido.  China, además, comparte 76 kilómetros de fronteras con Afganistán a través del corredor de Wakhan y por ahí tiene ahora mayor acceso libre al resto de Asia Central con facilidad para el desarrollo de sus planes de BRI.

 

5.- China. El Partido Comunista chino celebró este año su aniversario número 100, y a pesar de que fue creado tan solo por un grupo muy pequeño de personas en la clandestinidad, hoy en día 1 de cada 15 ciudadanos chinos son miembros del partido. Y aunque la cifra parezca escandalosa ésta responde a la necesidad que tiene el partido de mantener control y lealtad de la población en la militancia política e ideológica desde que se hicieron con el poder en 1949. Desde entonces se han convertido en una fusión de partido y Estado que controla todos los aspectos de la vida de sus ciudadanos. Con Xi Jinping a la cabeza como secretario general del Comité Central del PC chino, presidente de las fuerzas armadas y, además, actual presidente de la República Popular China desde 2013 y en su aspiración de continuar con el legado de Mao, China ha conseguido que su ideología sobre “el socialismo con características chinas o el socialismo para una nueva era” sea la columna vertebral que dirige al país desde el 2013 y que así continuará en los años venideros.