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Ucrania: Japón a la expectativa

Japón, que se ha sumado a los aliados en su apoyo a Ucrania, incluso enviando material para las fuerzas armadas ucranianas, observa con atención la situación creada por la agresión rusa y desconfía de los movimientos chinos, los públicos y los secretos, para intentar obtener ganancias de la situación y avanzar en sus planes en el centro de Asia y en el Indo Pacífico. La alarma antre la nueva situación ha coincidido con la ruptura con Rusia en el viejo contencioso sobre las islas Kuriles, al norte del Japón y que Japón denomina Territorios del Norte, parte de las cuales fueron ocupadas por Rusia a finales de la segunda guerra mundial.

Como subrayan los expertos, Japón rompió un precedente de años con su dura respuesta a la invasión rusa a Ucrania, y el conflicto podría modificar la estrategia de defensa de Tokio frente a las ambiciones regionales chinas. Cuando Rusia ocupó la península ucraniana de Crimea en 2014, señalan,la respuesta japonesa fue tibia. Pero esta vez ha estado en sintonía con sus aliados occidentales con las sanciones y la dura retórica contra Moscú, llegando a enviar ayuda militar no letal a Ucrania.

Tokio observa cómo China hace juegos malabares con su discurso y, al recordar la necesidad de llegar a un acuerdo en Europa que salvaguarde la integridad territorial de Ucrania y la seguridad de Rusia, recalca que la propia integridad china esta sin resolver hasta que Pekín domine la isla de Taiwán, territorio sobrenado de facto desde la llegada de los comunistas al poder en Pekín.

Esta resituación internacional de Japón va a profundizar el discurso que ha venido creciendo, lenta pero decididamente, en los círculos políticos japoneses sobre la necesidad de repensar su política exterior, redefinir la defensa nacional, fortalecer sus fuerzas armadas y aumentar el protagonismo regional. Y cada uno de estos asuntos remueve los fantasmas históricos sobre el papel criminal que Japón desempeñó durante el siglo XX, lo cual va a exigir delicadeza y equilibrios extraordinarios a las autoridades niponas.

Y es que todo parece una vuelta al pasado con estética y tecnología distinta: Putin imitando una mezcla de Hitler y Stalin, Zelenski apelando a dudosos ejemplos sobre la historia europea, Biden un poco perdido en su oportunidad de liderazgo y Europa buscando un Churchill con acento continental.

China y la mediación en Ucrania

China observa el conflicto en Europa central como un depredador mira a su presa. Espera y juega calculando la evolución de la agresión rusa a Ucrania a sabiendas de que sea cual sea el desenlace, Pekín está en situación de obtener ventajas, tanto económicas como geopolíticas.

En estos momentos China está intentando una mediación, entre el deseo europeo y la ansiedad de EEUU, tras afirmar Pekín, sin condenar la criminal invasión rusa directamente, que China está comprometida con la soberanía y la integridad territorial de las naciones y añadido que ha hecho una petición a Vladimir Putin de proceder a un alto el fuego que permita una negociación que permita callar las armas.

Entre todos los aspirantes a mediar para un acuerdo de fin de la guerra (India, Turquía, Israel y la propia China) es China la que tiene mayores capacidad de mediación, valga decir presión, sobre una Rusia, en medio de las sanciones occidentales, tiene en el régimen chino un canal financiero, una vía de alivio y un cierto, aunque limitado, apoyo logístico. China puede presionar a ambas partes porque, bajo la premisa de que hay algo que darle a Putin para incentivar un alto el fuego, va a plantear, precisamente, el programa “mínimo” de Putin, es decir, la renuncia ucraniana a la soberanía de Crimea y las regiones separatistas que lindan con Rusia y la aceptación de un estatus de neutralidad y desarme.

En cualquier caso, China saldría de un proceso así como una potencia influyente, con protagonismo internacional y estrategia propia, reforzaría sus apoyos y reforzaría sus negocios. Chinas no parece buscar un cambio revolucionario de los equilibrios mundiales sino convertirse en líder y árbitro planetario, y la criminal intrusión rusa en Ucrania ha precipitado una tormenta que afecta a los planes chinos de extender, lenta y metódicamente, influencias y negocios.

Habrá que estar atento a los próximos pasos y ver si crecen los movimientos que, con la coartada de que armar a Ucrania es echar gasolina al fuego, son el brazo pacifista pro Putin, y con la otra coartada de que dar prioridad a la diplomacia frente a los “partidos de la guerra” es la solución, están dando argumentos a la mediación china para que Putin gane. Tal vez el hecho de que uno de los líderes de ese planteamiento, el ex presidente español Rodríguez  Zapatero, haga lobby para la empresa china Huawei sea solo una casualidad en medio de este escenario.

Europa, en busca de un camino a China

Mientras Europa permanece alerta ante las noticias de la frontera ruso-ucraniana, la Unión Europea y la OTAN han venido manteniendo conversaciones con China para lograr un acuerdo estratégico que fije unas relaciones claras y en las que, pretende Bruselas, China actúe de acuerdo con las normas internacionales y con respeto a la libertad e comercio y la libre competencia. De momento, Europa sigue el camino dibujado por Ángela Merkel  basado en el diagnóstico de que China es un reto lleno de riesgos, incluso en el campo de la seguridad, pero no una amenaza como sí lo es Rusia. Para ello un grupo de políticos, diplomáticos, militares y expertos tanto de la OTAN como de China han venido encontrándose  para buscar un nuevo marco de relaciones.

Según la experta Stefanie Babst, “a lo largo de 15 meses, el grupo discutió una amplia gama de cuestiones de seguridad internacional, desde la evolución de la región de Asia-Pacífico hasta los posibles escenarios de las futuras relaciones entre Estados Unidos y China. Sin embargo, las conversaciones confidenciales se centraron en gran medida en la futura relación de la OTAN con China. ¿Cómo ven y analizan ambas partes las tendencias globales y regionales más importantes y los retos de seguridad? ¿Dónde hay diferencias fundamentales de intereses y en qué áreas existen posibles puntos de partida para el diálogo y la cooperación?  ¿Qué lecciones pueden extraer la OTAN y China de sus anteriores encuentros y formas iniciales de cooperación práctica?”. Porque las conversaciones han ido tomando un carácter más de encuentros OTAN-China que Unión Europea China.

En las conversaciones se ha tratado prácticamente toda la agenda internacional: cuestiones económicas, cambio climático, cooperación en la lucha contraterrorista, orden geoestratégico y normas posibles de cooperación para evitar riesgos de desestabilización general.

Europa llega tarde y lenta pero la realidad le ha impuesto una agenda inevitable y llena de incertidumbre porque no parece haber una idea clara de qué amenaza es la de China y qué medidas tomar que, además, se analizan en medio de la convulsión ucraniana en la que Putin mueve piezas sin complejo y parece ir ganando la partida e imponiendo sus intereses y su concepción sobre cuál debe ser el espacio estratégico europeo y quienes sus protagonistas imprescindibles.

China e Indochina: Pekín mueve peones

La inauguración, hace unos días, de la línea ferroviaria de alta velocidad China-Laos abre la primera etapa del gran plan estratégico chino de crear un corredor terrestre, atravesando la península de Indochina en su siguiente etapa, hasta Singapur, reforzando la influencia económica y política de Pekín (que incluye mayores posibilidades de despliegue en una eventual intervención militar en la región si China lo considerase acorde con sus intereses).

Se trata de un primer paso hacia la conocida como Red Ferroviaria Panasiática, con la que China busca establecer varias rutas por tren que la conecten con Singapur pasando por varios países del Sudeste Asiático.

Según la prensa oficial china, el proyecto logrará que Laos pase de ser “un país sin litoral” a un centro “conectado” por tierra.

El proyecto -que reducirá el tiempo de viaje entre las dos ciudades a menos de un día- forma parte del ambicioso proyecto comercial de la “Nueva Ruta de la Seda”, que Pekín apoya con el impulso de infraestructuras claves como aeropuertos, carreteras y puertos; aunque algunas voces critican que esos préstamos son inviables, una trampa para que caigan endeudados.

Además, China echa un pulso  a la influencia de EEUU en la región que lleva décadas de desarrollo basada, curiosamente, en Vietnam, además de en Thailandia. Según expertos del Departamento de Estado de EEUU, conectar por tren con el Sureste Asiático supone para China tener acceso prioritario a la Ruta de la Seda Marítima a través de los enclaves que conforman el denominado collar de perlas y que constituyen los puertos identificados en la estrategia de China para desplegar influencia en la región. Esta relevancia geopolítica sitúa a esta área como parte esencial de la estrategia de política de expansión de la influencia china.

Poco a poco es escenario del Indo-Pacífico se va dibujando de acuerdo con los intereses chinos y frente a eso se ha levantado con prisas el acuerdo AUKUS entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos y se exploran acuerdos Estados Unidos-India a la vez que se refuerzan los lazos con los aliados tradicionales de Occidente Japón y Corea del Sur, sin olvidar el más complejo caso de Filipinas.

Las jugadas de ajedrez estratégico están planteando ya un futuro tenso, incierto y lleno de riesgos para el futuro a no tan largo plazo y el tablero implica limites casi planetarios e incorpora muchos elementos en los frentes más diversos, lo que hace el desenlace más incierto.

Ucrania: Putin amenaza, China observa y la UE sugiere concesiones

La crisis de Ucrania está sirviendo a China de laboratorio para medir la reacción occidental ante retos serios y su capacidad para gestionar amenazas complejas. China necesita ajustar sus previsiones para avanzar en sus intentos de extender la soberanía de Pekín a Taiwán y, eventualmente, realizar operaciones militares y de presión en áreas de interés estratégico situadas fuera de su territorio nacional. Ya en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno que están en marcha en China fue protagonista especial, junto a los jerarcas del régimen chino, Vladimir Putin, junto al cual el gobierno chino calificó de agresiva a la OTAN y justificó las amenazas chinas sobre Europa oriental, lo cual no quiere decir necesariamente que China apoyaría militarmente las apetencias rusas si no obtiene con ello ventajas claras en inmediatas.

Pero Rusia no es China. Rusia es una amenaza militar presente situada a la espalda (o al frente según se mire) de Europa y sus movimientos remueven la memoria histórica, especialmente la de Europa central, escenario principal de las dos últimas guerras mundiales, en las que Rusia ha sido agredido y agresor y que, en la II, no tuvo la menor duda en aliarse con Hitler para repartirse Polonia antes de intentar despedazarse mutuamente y, tras la derrota alemana extender la dictadura de Moscú a media Europa. Pero, junto a esa capacidad militar, Rusia tiene un PIB apenas superior al de España, tiene una economía en dificultades y hoy, para su pesar, existe la OTAN, que a pesar de sus dificultades está en situación de frenar a Moscú.

China aún no es una amenaza militar a la altura de Rusia pero su situación económica es inmensamente mejor. Además, en su teórico teatro de operaciones posibles, la oposición de otros países es inferior a la de la OTAN, aunque los aliados están intentando mejorar eso con rapidez.

Pero políticamente Putin está ganando espacio ya con la amenaza: Ucrania hace tiempo que ha renunciado a forzar los intentos de recuperar los territorios perdidos en los últimos años por la intervención directa o indirecta de Rusia, y la Unión Europea y Estados Unidos, al margen de sus rotundas negativas, están admitiendo la posibilidad de pactar un reparto de esferas de influencia que sea asumible por Rusia. Esto es lo que está planteando Macron a Moscú y Putin pone cara de distanciamiento para ver hasta dónde puede arrancar concesiones antes de retirar algunas tropas.

Esa es una lección que China está estudiando aplicadamente mientras aumenta día a día la presión sobre Taiwán y va observando la evolución de la crisis en la frontera ucraniana.

 

Rusia-China: de la nostalgia de la URSS al reto de ser segunda potencia

El pulso actual entre Rusia y las potencias occidentales aliadas por el control estratégico de Ucrania, al margen de los lazos históricos, religiosos políticos y emocionales que unen a rusos y ucranianos y que no deben ser menospreciados, refleja la nostalgia de los dirigentes rusos, con Putin como guía espiritual, como espacio de dominio estratégico de Moscú y de ejercicio de Rusia como segunda potencia mundial en pulso constante con EEUU y la forma de vida occidental.

Pero, mientras este pulso ucraniano late en todo el mundo y atemoriza a Europa, Rusia participa en unas importantes maniobras militares en el Índico junto a unidades de las flotas de China e Irán. Moscú saca músculo militar en Europa oriental y, a la vez, ejerce de gran padrino en el Índico, avalando a Irán como aliado y recordando a China que mientras son aliados contra Occidente, Pekín aún necesita el poderío militar ruso y su influencia política para sus negocios de la Ruta de la Seda. Rusia trata de subrayar que, pese a sus problemas económicos que les hace estar muy lejos de China y EEUU en este terreno, sigue siendo, al menos de momento, la única potencia capaz de liderar una alternativa a Estados Unidos.

La incorporación de un Irán radicalizado, acosado y con graves problemas económicos plantea un problema añadido. De la mano de Moscú. Teherán va ganando espacio político hacia el este, donde el Islam es de mayoría sunní y receloso del chiismo iraní, y así se refuerza frente a las sanciones occidentales por su programa nuclear.

Por todo esto es tan importante la evolución del conflicto ucraniano. Si Putin consigue imponer sus condiciones y modificar de hecho las fronteras a su antojo, habrá ganado prestigio e influencia (además de sembrar incertidumbre en las repúblicas  bálticas) y China habrá entendido que Taiwán no es un objetivo imposible por la vía rusa. Y eso es lo que está midiendo la OTAN: hasta dónde puede llevar su presión y hasta done puede ceder para evitar una guerra de resultados desastrosos e impredecibles. China, mientras tanto, espera en silencio un desenlace en que puede salir ganando con escaso coste. Como afirmaba un experto hace unos días, el caso es que mientras EEUU y aliados juegan al ajedrez, rusos y chinos juegan al póker.

China: la propaganda y el éxito

A finales de 2021 se puede afirmar que China, al margen de sus desajustes económicos y problemas estructurales que disimulan, se ha mostrado durante estos doce meses cada vez menos discreta en su expansionismo comercial, político e ideológico. Así, con un dominio absoluto del partido único, el PC chino, un presidente vitalicio, una ausencia total de independencia judicial y un desprecio por las libertades individuales, las iniciativas y las propiedades privadas, las terminales oficiales, mediáticas y los compañeros de viaje habituales se han embarcado en una campaña de de defensa del “modelo chino” como superior a las democracias occidentales de las que exageran, manipulan o se inventan defectos (que los hay).

El gran argumento es la eficiencia, la mejora del bienestar de los ciudadanos chinos y el avance macroeconómico del país hasta situarse como candidato a principal potencia planetaria. Al margen de qué se considera bienestar, es verdad que China, desde la revolución, y con instrumentos de brutalidad difícilmente superables que han dejado miles de asesinatos, ha logrado superar el atraso histórico de China logrando un crecimiento y un desarrollo tecnológico estimable. Y también es verdad que esto se ha conseguido con un dirigismo económico que ha eliminado primero y obstaculizado después el crecimiento de un empresariado chino independiente del Estado, con iniciativa y encuadrado en el libre comercio y el respeto a las leyes.

Este es un principio básico del comunismo para quien las libertades no son esenciales sino subordinadas al Partido. Recordemos la conocida entrevista entre el socialista español Fernando de los Ríos al Moscú revolucionario (para estudiar la adscripción del PSOE a la Internacional Comunista) y en la que expresó a Lenin su preocupación por el excesivo control y con una práctica ausencia de libertades y Lenin le respondió que las libertades no era una cuestión prioritaria en aquel contexto revolucionario. A renglón seguido le espetó: ¿Libertad para qué?

Pero la propaganda no cesa. Cuando se critica la brutalidad contra las minorías religiosas en China (musulmanes y budistas tibetanos especialmente) replican que hay grupos uigures musulmanes en las listas internacionales de terroristas o que en otros países hay mas represión religiosa. Como siempre, utilizan el detalle para desmentir el escenario general. Igual pasa con los teóricamente neutrales analistas que explican los avances tecnológicos chinos sin contextualizarlos ni tener en cuenta el ventajismo chino, las trampas a la competitividad y el desprecio a normas que sí respetan los países más desarrollados con los que China compite.ç

Ese es el gran peligro del ascenso chino. Están en juego intereses económicos poderosos sobre los que se asientan el bienestar de los pueblos. Y tras los éxitos económicos hay sistemas concretos, una determinada manera de tomar decisiones, un control de las administraciones, unas garantías jurídicas contra los abusos y para que se respetan los contratos. Aunque a veces no se explicite, detrás de la competencia comercial hay siempre una competencia de modelos. Y hace falta mucha miseria moral, además de una ignorancia astronómica o un cinismo galopante, para negar que el bienestar proporcionado por los sistemas democráticos liberales sobre los sistemas intervenidos ha sido, y es, a pesar de sus desequilibrios, inmensamente superior.

Estados Unidos y China en Africa

Poco antes de su gira europea y se encuentro con el ministro de Exteriores de Rusia, el secretario de Estado de los Estados Unidos, Antony Blinken ha realizado una importante gira diplomática por el continente africano, tocando los temas más sensibles pero insistiendo en la necesidad de frenar la expansión económica y política china, esa China que levanta barreras a la instalación y el desarrollo de empresas occidentales en su territorio a la vez que compra y aprovecha el mercado en todo el mundo.

La primera parada fue Kenia, el aliado histórico de Washington en el centro de África dónde, además de examinar  las relaciones bilaterales, se estudiaron las crisis en Etiopía, Sudán y Somalia, graves situaciones que aumentan la inestabilidad y la violencia en la ribera occidental del Índico donde, entre otras cosas, China está cada vez más presente.

China ha irrumpido en una región rica en recursos estratégicos done la inestabilidad política es secular, las luchas inter étnicas son crónicas y donde el terrorismo islamista y las inversiones en influencia china se han sumado a la centenaria rivalidad, discreta pero muy tensa y con frecuencia muy sucia, entre estadounidenses, británicos y franceses

En Nigeria, Blinken señaló la expansión de la economía china en áreas que estratégicas del país, el segundo mayor exportador de petróleo de África. “Como muestra de nuestro compromiso con nuestras asociaciones en todo el continente, el presidente Biden tiene la intención de organizar la Cumbre de Líderes de Estados Unidos y África para promover el tipo de diplomacia y compromiso de alto nivel que pueden transformar las relaciones y hacer posible una colaboración eficaz”, dijo Blinken en su discurso de la capital de Nigeria, Abuja, indicando que África subirá en el rango de prioridades de Estados Unidos.

El desafío chino es mucho más que económico. Claro que las empresas chinas tienen derecho a competir en todo el planeta; lo inmoral, y tramposo, es que lo hagan dopadas con el dinero y la protección del Estado chino y que defiendan la libertad de mercado en el planeta salvo en su cautivo, e inmenso, mercado chino. Y, a la vez, relacionan el crecimiento que proporcionan ese sistema hipócrita con lo que denominan superioridad sobre las democracias occidentales. Ese desafío global es el gran reto del momento.

China se refuerza en África

Como informa Miguel González, experto de El País en Diplomacia y Defensa, “Entre China y la Unión Europea, los países del Magreb prefieren a la primera. Así se deduce de su ausencia del VIº Foro Regional de la Unión por el Mediterráneo (UPM), celebrado este lunes en Barcelona. Aunque la cita ha registrado un récord de participantes, con 20 ministros de Asuntos Exteriores de los 42 países que forman parte de la organización, solo uno de ellos ha sido africano, el jefe de la diplomacia egipcia Sameh Shoukry, cuyo compatriota Nasser Kamel es el secretario general de la UPM. Marruecos solo ha enviado a un director general, Argelia y Túnez a su respectivo embajador en España y Mauritania y Libia a nadie”. La Unión por el Mediterráneo es una organización intergubernamental formada por un total de 42 estados miembros de Europa y de la cuenca mediterránea. Forman parte de esta organización los 27 estados miembros de la Unión Europea, y los 15 países socios mediterráneos del norte de ÁfricaOriente Medio, y sudeste de Europa. Tiene su sede Len BarcelonaEspaña en el Palacio Real de Pedralbes.

La competencia por los recursos y las economías africanas no es nueva y en ella están implicados todos los países con recursos para ello, pero se ha intensificado, aunque con sordina, en los últimos años. Y en ese escenario, dominado desde las independencias africanas de los años 50 y 60 por EEU. Gran Bretaña y Francia, han irrumpido con fuerza Rusia y, sobre todo, China, sin olvidar a Qatar, Arabia Saudí, EAU y Turquía, a caballo del crecimiento del islamismo y trasladando al continente sus respectivas rivalidades nacionales.

En cuanto a China, su penetración es fundamentalmente económica, discreta y planificada y, con ella llega la influencia política y estratégica, con la venta de sistemas militares sofisticados y el mensaje de que el desarrollo económico y de bienestar no tiene por qué venir acompañado de libertades  y justicia independiente como demuestra la propia China, mensaje no desdeñado por el caudillismo africano con decorado democrático. Las inversiones chinas están creciendo espectacularmente en el norte de Africa, aunque también en Angola, Nigeria y varios países al otro lado, en Africa Oriental donde, en Djibutí, China ha establecido una base militar.

Esta presencia china está alterando los equilibrios geoestratégico regionales y alertando sobre las posibles consecuencias de esos cambios a la Unión Europea que ya asiste a un silenciado pero no exento de dureza choque entre los intereses de Francia y Estados Unidos países que quieren, mantener y reforzar el primero y expandir el segundo, sus intereses comerciales y políticos para mejor acceder a materiales estratégicos como el coltán, el uranio y los recursos energéticos africanos. Un acercamiento entre países europeos para tratar de encontrar, tarea muy complicada, cierta coordinación (con Francia a la cabeza) que era el objetivo buscado por la Cumbre de Barcelona, ha quedado aguado por las interferencias de la presencia de China en Africa, país al que miran países africanos que miraban más hacia Europa hasta ahora.

 

Xi y Biden se miden

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, está decidido a mantener posturas duras contra China a la vez que quiere dar la sensación de que, a diferencia de Donald Trump, tiene abierta la vía del diálogo para intentar llegar a acuerdos que desactiven el riesgo de un conflicto mayor y de incalculables consecuencias.

De ahí, el reciente encuentro virtual con el presidente Xi en el que ambos han presentado su propio memorial de agravios sin que, por el momento, se vislumbre acuerdo alguno más allá de las palabras que hablan de la voluntad de evitar el temido gran enfrentamiento. Desde la Casa Blanca se ha sostenido que “sabemos que, como líder global responsable, es importante para Estados Unidos mantener abiertos los canales de comunicación”, y añadieron que “el presidente también dejará claro que queremos construir salvaguardas comunes para evitar errores de cálculo o malentendidos”, agregando que no se esperan grandes resultados de la cumbre.

Por parte estadounidense, la agenda contiene, como condiciones para seguir con el diálogo, la defensa de Taiwán y la voluntad de mantener abierto el estrecho que separa a la isla de la China continental, la exigencias de que China respete la leyes de la libertad de comercio y que cesen las violaciones de derechos humanos en China, específicamente las que afectan a los musulmanes uigures y a los tibetanos. Por parte China, ya antes de la reunión señalaron que conseguirían la integración de Taiwán. “en la patria china, cueste lo que  cueste”. Y respecto a las otras cuestiones, Pekín sitúa en Estados Unidos las prácticas ilícitas contra la economía china y acusa a Occidente de mentir sobre la violación de derechos humanos.

Pekín afirma que “China y Estados Unidos deben respetarse mutuamente, coexistir en paz, cooperar, gestionar de manera apropiada los asuntos internos y asumir sus responsabilidades internacionales” .

Así están las cosas mientras China aumenta la presión militar sobre Taiwán sobrevolando una y otra vez su espacio aéreo y haciendo visible a sus fuerzas navales en las cercanías y Estados Unidos refuerza sus propias fuerzas navales en la región en coordinación con Australia y Reino Unido.

Según informa el corresponsal del diario ABC en China, Pablo Díez, “a pesar de sus numerosas diferencias, Xi Jinping ha recordado que las dos economías más importantes el mundo y miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, China y EE.UU., necesitan fortalecer la comunicación y la cooperación, abordar bien sus respectivos asuntos domésticos y asumir sus responsabilidades internacionales, trabajando juntos para promover la noble causa de la paz y el desarrollo de la humanidad». A tenor de una transcripción de sus declaraciones iniciales difundida por el Ministerio de Exteriores de China, se ha mostrado preparado para trabajar con Biden «con el fin de construir el consenso y dar pasos decididos para que las relaciones bilaterales avancen en una dirección positiva”.