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Rusia-China: de la nostalgia de la URSS al reto de ser segunda potencia

El pulso actual entre Rusia y las potencias occidentales aliadas por el control estratégico de Ucrania, al margen de los lazos históricos, religiosos políticos y emocionales que unen a rusos y ucranianos y que no deben ser menospreciados, refleja la nostalgia de los dirigentes rusos, con Putin como guía espiritual, como espacio de dominio estratégico de Moscú y de ejercicio de Rusia como segunda potencia mundial en pulso constante con EEUU y la forma de vida occidental.

Pero, mientras este pulso ucraniano late en todo el mundo y atemoriza a Europa, Rusia participa en unas importantes maniobras militares en el Índico junto a unidades de las flotas de China e Irán. Moscú saca músculo militar en Europa oriental y, a la vez, ejerce de gran padrino en el Índico, avalando a Irán como aliado y recordando a China que mientras son aliados contra Occidente, Pekín aún necesita el poderío militar ruso y su influencia política para sus negocios de la Ruta de la Seda. Rusia trata de subrayar que, pese a sus problemas económicos que les hace estar muy lejos de China y EEUU en este terreno, sigue siendo, al menos de momento, la única potencia capaz de liderar una alternativa a Estados Unidos.

La incorporación de un Irán radicalizado, acosado y con graves problemas económicos plantea un problema añadido. De la mano de Moscú. Teherán va ganando espacio político hacia el este, donde el Islam es de mayoría sunní y receloso del chiismo iraní, y así se refuerza frente a las sanciones occidentales por su programa nuclear.

Por todo esto es tan importante la evolución del conflicto ucraniano. Si Putin consigue imponer sus condiciones y modificar de hecho las fronteras a su antojo, habrá ganado prestigio e influencia (además de sembrar incertidumbre en las repúblicas  bálticas) y China habrá entendido que Taiwán no es un objetivo imposible por la vía rusa. Y eso es lo que está midiendo la OTAN: hasta dónde puede llevar su presión y hasta done puede ceder para evitar una guerra de resultados desastrosos e impredecibles. China, mientras tanto, espera en silencio un desenlace en que puede salir ganando con escaso coste. Como afirmaba un experto hace unos días, el caso es que mientras EEUU y aliados juegan al ajedrez, rusos y chinos juegan al póker.

China: la propaganda y el éxito

A finales de 2021 se puede afirmar que China, al margen de sus desajustes económicos y problemas estructurales que disimulan, se ha mostrado durante estos doce meses cada vez menos discreta en su expansionismo comercial, político e ideológico. Así, con un dominio absoluto del partido único, el PC chino, un presidente vitalicio, una ausencia total de independencia judicial y un desprecio por las libertades individuales, las iniciativas y las propiedades privadas, las terminales oficiales, mediáticas y los compañeros de viaje habituales se han embarcado en una campaña de de defensa del “modelo chino” como superior a las democracias occidentales de las que exageran, manipulan o se inventan defectos (que los hay).

El gran argumento es la eficiencia, la mejora del bienestar de los ciudadanos chinos y el avance macroeconómico del país hasta situarse como candidato a principal potencia planetaria. Al margen de qué se considera bienestar, es verdad que China, desde la revolución, y con instrumentos de brutalidad difícilmente superables que han dejado miles de asesinatos, ha logrado superar el atraso histórico de China logrando un crecimiento y un desarrollo tecnológico estimable. Y también es verdad que esto se ha conseguido con un dirigismo económico que ha eliminado primero y obstaculizado después el crecimiento de un empresariado chino independiente del Estado, con iniciativa y encuadrado en el libre comercio y el respeto a las leyes.

Este es un principio básico del comunismo para quien las libertades no son esenciales sino subordinadas al Partido. Recordemos la conocida entrevista entre el socialista español Fernando de los Ríos al Moscú revolucionario (para estudiar la adscripción del PSOE a la Internacional Comunista) y en la que expresó a Lenin su preocupación por el excesivo control y con una práctica ausencia de libertades y Lenin le respondió que las libertades no era una cuestión prioritaria en aquel contexto revolucionario. A renglón seguido le espetó: ¿Libertad para qué?

Pero la propaganda no cesa. Cuando se critica la brutalidad contra las minorías religiosas en China (musulmanes y budistas tibetanos especialmente) replican que hay grupos uigures musulmanes en las listas internacionales de terroristas o que en otros países hay mas represión religiosa. Como siempre, utilizan el detalle para desmentir el escenario general. Igual pasa con los teóricamente neutrales analistas que explican los avances tecnológicos chinos sin contextualizarlos ni tener en cuenta el ventajismo chino, las trampas a la competitividad y el desprecio a normas que sí respetan los países más desarrollados con los que China compite.ç

Ese es el gran peligro del ascenso chino. Están en juego intereses económicos poderosos sobre los que se asientan el bienestar de los pueblos. Y tras los éxitos económicos hay sistemas concretos, una determinada manera de tomar decisiones, un control de las administraciones, unas garantías jurídicas contra los abusos y para que se respetan los contratos. Aunque a veces no se explicite, detrás de la competencia comercial hay siempre una competencia de modelos. Y hace falta mucha miseria moral, además de una ignorancia astronómica o un cinismo galopante, para negar que el bienestar proporcionado por los sistemas democráticos liberales sobre los sistemas intervenidos ha sido, y es, a pesar de sus desequilibrios, inmensamente superior.

Estados Unidos y China en Africa

Poco antes de su gira europea y se encuentro con el ministro de Exteriores de Rusia, el secretario de Estado de los Estados Unidos, Antony Blinken ha realizado una importante gira diplomática por el continente africano, tocando los temas más sensibles pero insistiendo en la necesidad de frenar la expansión económica y política china, esa China que levanta barreras a la instalación y el desarrollo de empresas occidentales en su territorio a la vez que compra y aprovecha el mercado en todo el mundo.

La primera parada fue Kenia, el aliado histórico de Washington en el centro de África dónde, además de examinar  las relaciones bilaterales, se estudiaron las crisis en Etiopía, Sudán y Somalia, graves situaciones que aumentan la inestabilidad y la violencia en la ribera occidental del Índico donde, entre otras cosas, China está cada vez más presente.

China ha irrumpido en una región rica en recursos estratégicos done la inestabilidad política es secular, las luchas inter étnicas son crónicas y donde el terrorismo islamista y las inversiones en influencia china se han sumado a la centenaria rivalidad, discreta pero muy tensa y con frecuencia muy sucia, entre estadounidenses, británicos y franceses

En Nigeria, Blinken señaló la expansión de la economía china en áreas que estratégicas del país, el segundo mayor exportador de petróleo de África. “Como muestra de nuestro compromiso con nuestras asociaciones en todo el continente, el presidente Biden tiene la intención de organizar la Cumbre de Líderes de Estados Unidos y África para promover el tipo de diplomacia y compromiso de alto nivel que pueden transformar las relaciones y hacer posible una colaboración eficaz”, dijo Blinken en su discurso de la capital de Nigeria, Abuja, indicando que África subirá en el rango de prioridades de Estados Unidos.

El desafío chino es mucho más que económico. Claro que las empresas chinas tienen derecho a competir en todo el planeta; lo inmoral, y tramposo, es que lo hagan dopadas con el dinero y la protección del Estado chino y que defiendan la libertad de mercado en el planeta salvo en su cautivo, e inmenso, mercado chino. Y, a la vez, relacionan el crecimiento que proporcionan ese sistema hipócrita con lo que denominan superioridad sobre las democracias occidentales. Ese desafío global es el gran reto del momento.

China se refuerza en África

Como informa Miguel González, experto de El País en Diplomacia y Defensa, “Entre China y la Unión Europea, los países del Magreb prefieren a la primera. Así se deduce de su ausencia del VIº Foro Regional de la Unión por el Mediterráneo (UPM), celebrado este lunes en Barcelona. Aunque la cita ha registrado un récord de participantes, con 20 ministros de Asuntos Exteriores de los 42 países que forman parte de la organización, solo uno de ellos ha sido africano, el jefe de la diplomacia egipcia Sameh Shoukry, cuyo compatriota Nasser Kamel es el secretario general de la UPM. Marruecos solo ha enviado a un director general, Argelia y Túnez a su respectivo embajador en España y Mauritania y Libia a nadie”. La Unión por el Mediterráneo es una organización intergubernamental formada por un total de 42 estados miembros de Europa y de la cuenca mediterránea. Forman parte de esta organización los 27 estados miembros de la Unión Europea, y los 15 países socios mediterráneos del norte de ÁfricaOriente Medio, y sudeste de Europa. Tiene su sede Len BarcelonaEspaña en el Palacio Real de Pedralbes.

La competencia por los recursos y las economías africanas no es nueva y en ella están implicados todos los países con recursos para ello, pero se ha intensificado, aunque con sordina, en los últimos años. Y en ese escenario, dominado desde las independencias africanas de los años 50 y 60 por EEU. Gran Bretaña y Francia, han irrumpido con fuerza Rusia y, sobre todo, China, sin olvidar a Qatar, Arabia Saudí, EAU y Turquía, a caballo del crecimiento del islamismo y trasladando al continente sus respectivas rivalidades nacionales.

En cuanto a China, su penetración es fundamentalmente económica, discreta y planificada y, con ella llega la influencia política y estratégica, con la venta de sistemas militares sofisticados y el mensaje de que el desarrollo económico y de bienestar no tiene por qué venir acompañado de libertades  y justicia independiente como demuestra la propia China, mensaje no desdeñado por el caudillismo africano con decorado democrático. Las inversiones chinas están creciendo espectacularmente en el norte de Africa, aunque también en Angola, Nigeria y varios países al otro lado, en Africa Oriental donde, en Djibutí, China ha establecido una base militar.

Esta presencia china está alterando los equilibrios geoestratégico regionales y alertando sobre las posibles consecuencias de esos cambios a la Unión Europea que ya asiste a un silenciado pero no exento de dureza choque entre los intereses de Francia y Estados Unidos países que quieren, mantener y reforzar el primero y expandir el segundo, sus intereses comerciales y políticos para mejor acceder a materiales estratégicos como el coltán, el uranio y los recursos energéticos africanos. Un acercamiento entre países europeos para tratar de encontrar, tarea muy complicada, cierta coordinación (con Francia a la cabeza) que era el objetivo buscado por la Cumbre de Barcelona, ha quedado aguado por las interferencias de la presencia de China en Africa, país al que miran países africanos que miraban más hacia Europa hasta ahora.

 

Xi y Biden se miden

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, está decidido a mantener posturas duras contra China a la vez que quiere dar la sensación de que, a diferencia de Donald Trump, tiene abierta la vía del diálogo para intentar llegar a acuerdos que desactiven el riesgo de un conflicto mayor y de incalculables consecuencias.

De ahí, el reciente encuentro virtual con el presidente Xi en el que ambos han presentado su propio memorial de agravios sin que, por el momento, se vislumbre acuerdo alguno más allá de las palabras que hablan de la voluntad de evitar el temido gran enfrentamiento. Desde la Casa Blanca se ha sostenido que “sabemos que, como líder global responsable, es importante para Estados Unidos mantener abiertos los canales de comunicación”, y añadieron que “el presidente también dejará claro que queremos construir salvaguardas comunes para evitar errores de cálculo o malentendidos”, agregando que no se esperan grandes resultados de la cumbre.

Por parte estadounidense, la agenda contiene, como condiciones para seguir con el diálogo, la defensa de Taiwán y la voluntad de mantener abierto el estrecho que separa a la isla de la China continental, la exigencias de que China respete la leyes de la libertad de comercio y que cesen las violaciones de derechos humanos en China, específicamente las que afectan a los musulmanes uigures y a los tibetanos. Por parte China, ya antes de la reunión señalaron que conseguirían la integración de Taiwán. “en la patria china, cueste lo que  cueste”. Y respecto a las otras cuestiones, Pekín sitúa en Estados Unidos las prácticas ilícitas contra la economía china y acusa a Occidente de mentir sobre la violación de derechos humanos.

Pekín afirma que “China y Estados Unidos deben respetarse mutuamente, coexistir en paz, cooperar, gestionar de manera apropiada los asuntos internos y asumir sus responsabilidades internacionales” .

Así están las cosas mientras China aumenta la presión militar sobre Taiwán sobrevolando una y otra vez su espacio aéreo y haciendo visible a sus fuerzas navales en las cercanías y Estados Unidos refuerza sus propias fuerzas navales en la región en coordinación con Australia y Reino Unido.

Según informa el corresponsal del diario ABC en China, Pablo Díez, “a pesar de sus numerosas diferencias, Xi Jinping ha recordado que las dos economías más importantes el mundo y miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, China y EE.UU., necesitan fortalecer la comunicación y la cooperación, abordar bien sus respectivos asuntos domésticos y asumir sus responsabilidades internacionales, trabajando juntos para promover la noble causa de la paz y el desarrollo de la humanidad». A tenor de una transcripción de sus declaraciones iniciales difundida por el Ministerio de Exteriores de China, se ha mostrado preparado para trabajar con Biden «con el fin de construir el consenso y dar pasos decididos para que las relaciones bilaterales avancen en una dirección positiva”.

 

 

Rusia-China, aliados que se vigilan

La necesidad de un frente contra Estados Unidos se ha convertido en virtud y ha hecho que Moscú y Pekín haya estrechado lazos en los últimos años presentando una cara propagandística de alianza sin fisuras. Rusia ofrece a China recursos energéticos en forma de gas natural, además de material militar y sistemas de tecnología de guerra avanzada, y China para generosa y puntualmente, además de invertir en proyectos rusos en los que son necesarios recursos financieros exteriores.

Pero la realidad ofrece una cara diferente en la que se advierten grietas en función de los intereses nacionales de cada uno de estos países, como, por otra parte, ocurre con el resto de naciones incluso entre las más estrechamente aliadas.

Sin embargo, el caso ruso chino es un poco especial. Moscú vigila atentamente el plan de inversiones, para modernización y refuerzo de las fuerzas navales chinas, a la vez que desarrollan maniobras  conjuntas tratando de mostrar músculo frente al AUKUS, la alianza entre Gran Bretaña, Estados Unidos y Australia. Una parte de la modernización de la flota de guerra china consiste en reforzar sus unidades navales capaces de navegar y combatir en zonas polares y árticas, pensando no sólo en Alaska sino en la parte rusa del Estrecho de Bering. En esa zona y en el norte de Rusia, está apareciendo, con el deshielo, la posibilidad de explotar enormes y nuevos recursos minerales y energéticos.

Y no es sólo eso. China necesita reforzar su presencia y su influencia en las repúblicas centroasiáticas que formaron parte de la URSS porque por allí pasa la estrategia china de nueva Ruta de la Seda en su versión terrestre y Rusia acepta pero contiene el esfuerzo chino en una región en la que Moscú ejerce de gran padrino y donde tiene importante presencia militar para reforzar sus intereses estratégicos en las fronteras con Irán, Afganistán y en la cercanía del Indostán.

Así, a la vez que Moscú y Pekín, con la Organización de Cooperación de Shangai, de la que forman parte, además de Rusia y China, las repúblicas centro asiáticas (y ahora Irán) tratan de liderar la estabilidad de la región y especialmente Afganistán, se vigilan para acotar las esferas de influencia de uno y otro. China dispone de inversiones para fortalecer la economía afgana y obtener una ración grande de sus recursos naturales y Rusia tiene los recursos militares y políticos para que esas inversiones chinas (y rusas en menor medida) se muevan en un marco de estabilidad. Así quieren rellenar el vacío dejado por la precipitada retirada de Estados Unidos pero manteniendo los ojos cada uno en el otro.

Un informe de la FAES  (Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales que preside el expresidente Aznar, subraya que “Rusia ha puesto en marcha su maquinaria oficialista de desinformación y propaganda: la principal lección que los afganos deben sacar de la retirada estadounidense es que los americanos siempre hacen lo mismo, usar a la gente para que trabaje para ellos y les ayuden, pero luego los abandona y los entrega al enemigo. Esos mensajes están más dirigidos a la población vecina de Ucrania y a los propios rusos prooccidentales que a los afganos. A pesar de la propaganda, el Kremlin no confía en que Washington abandone a todos sus aliados y deje de apoyar a las fuerzas prodemocráticas en los países del espacio postsoviético donde Rusia aspira a ejercer su influencia. A los ciudadanos rusos, la retirada estadounidense les recuerda el fracaso de la Unión Soviética en la guerra de Afganistán (1979-1989), que fue una de las principales causas del colapso del sistema comunista. Sin embargo, su retirada, en comparación con la de los EE.UU., fue mucho más ordenada”.

 

 

 

 

 

 

China-India, vuelve a subir la tensión

En las últimas semanas, India está reforzando sus posiciones militares en la frontera con China, desplegando más unidades y exhibiendo armas de fabricación estadounidense en medio del parón en las negociaciones entre ambos países sobre la crisis fronteriza en el Himalaya.

Varios factores llevan a esta confrontación, pero la raíz es la rivalidad entre ambos por sus objetivos estratégicos. India y China comparten una frontera de más de 3.440 kilómetros y tienen reclamaciones territoriales superpuestas. Desde los años 50, China se ha negado a reconocer las fronteras diseñadas durante la era colonial británica.

En 1962, eso llevó a una breve pero brutal guerra entre ambos países, que acabó con la humillante derrota militar de India.

Desde el conflicto bélico, las dos naciones asiáticas se han acusado mutuamente de ocupar su territorio. India asegura que China está ocupando 38.000 kilómetros cuadrados de su territorio, que tiene que ver con el área donde ocurrió la actual confrontación. China, por su parte, reclama la soberanía de todo el estado indio de Arunachal Pradesh, al que llama Tíbet del sur. También hay otros sectores donde ambos países tienen diferentes visiones sobre dónde se sitúa la frontera, como por ejemplo en la inflamable frontera de Cachemira donde confluyen límites de China, India y Pakistán, en la que estos dos países, dotados de armas nucleares, están en guerra, de baja o de gran intensidad según los tiempos, por el control de la región.

Tras  los sucesos de junio de 2020, en los que murieron 21 soldados indios sin que China haya dado datos de bajas propias, se constituyó un comité chino-indio de distensión para poner orden en las disputas fronterizas que no ha avanzado nada en sus propósitos. Entretanto India ha seguido profundizando su acercamiento a Estados Unidos y Europa enfriando un tanto sus tradicionales lazos con Rusia.

Según fuentes rusas, el suministro de helicópteros estadounidenses Chinook, obuses ultraligeros y fusiles, así como misiles de crucero y sistemas de vigilancia de fabricación nacional, se centra en la meseta de Tawang, en el noreste de la India, una zona reclamada por China y controlada por la India que es colindante con Bután y el Tíbet.

Las armas de producción estadounidense fueron adquiridas en los últimos años en el marco de una cooperación militar entre EE.UU. y la India que se ha profundizado ante el aumento de presencia militar de China en la región asiática.

La semana pasada, los militares indios mostraron su capacidad ofensiva a un grupo de periodistas en esa zona, ubicada en el estado de Arunachal Pradesh. “El Cuerpo de Ataque Alpino se encuentra completamente operativo. Todas las unidades, incluidas las de combate y de apoyo, están completamente preparadas y equipadas”, dijo el teniente general Manoj Pande, comandante del Ejército Oriental de India, a la agencia Bloomberg.

Decididamente, avanza la recomposición estratégica en la gran región Asia Pacífico, con repercusiones planetarias, a la que Estados Unidos va a dedicar esfuerzos prioritarios en la próxima década y en la que Europa, una vez más, va a ser en todo caso un actor secundario.

Alerta en Tayikistán

Tayikistán es una república centro asiática fronteriza con Afganistán al sur, Uzbekistán al oeste, Kirguistán al norte, y la República Popular China al este, con la región china en la que se asientan los uigures, musulmanes que compartes lazos culturales y religiosos los tayikos. Esto hace del país, en estos momentos, una posición estratégica  esencial en la región.

Por eso debe subrayarse la importancia de las maniobras militaresFraternidad de Combate 2021 organizadas por la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), a 20 kilómetros de la frontera con Afganistán.

En el ejercicio participaron cuatro mil efectivos y más de 500 equipos militares de los contingentes de Rusia, Tayikistán, Kazajstán, Bielorrusia y Kirguistán, así como un grupo de operaciones de Armenia, todos miembros de la organización fundada en 2002. Como parte del entrenamiento en el polígono Harb-Maidon, las tropas de los países ex soviéticos practicaron el combate contra grupos terroristas “para garantizar la seguridad y estabilidad en la región de Asia Central”, según el Distrito Militar Central ruso. El simulacro comenzó el 18 de octubre después de que la OTSC informara sobre la necesidad de su realización ante el peligro de que el conflicto afgano desborde las fronteras del país y por la presencia de movimientos terroristas en su territorio. Hay que añadir que Rusia, en las semanas previas, incorporó a su base militar en Tayikistán 30 carros de combate Т-72B3M, más modernos que los estacionados allí, y un importante stock de misiles anti carro Kornet.

Estos movimientos se dan en el contexto de la inestabilidad interna en Afganistán, donde el Daesh ha desencadenado una ofensiva terrorista contra el gobierno talibán que, como reacción, está empujando a grupos que serían la base del Daesh hacia el norte, en dirección a la frontera tayika. Este es uno de los principales riesgos que se temían desde la retirada de EEUU y la vuelta los talibán a Kabul y Rusia está jugando sus bazas para tratar de llenar el vacío dejado por EEUU y sus aliados y aparecer con el gendarme del orden internacional en la región.

Pero, a la vez, el propio gobierno talibán de Kabul está consiguiendo cierto apoyo internacional en el temor al mayor peligro que representaría el Daesh para toda la región y en eso, incluso Irán está apoyando a Kabul y estrechando lazos, no sin dificultades, con las repúblicas centro asiáticas, siempre recelosas de las ambiciones de Teherán.

Ante ese escenario China asiente con prudencia pues probablemente prefiere que sean otros los que impogan cierta estabilidad convencida de que, en el fondo, no van a ser competencia de sus empresas en la reconstrucción de Afganistán y las necesidades de inversiones en un país que está conociendo los primeros descontentos por la desastrosa gestión económica que los talibán parece no saber enfrentar ni siquiera con los asesores cataríes y de otros países que han llegado.

 

 

China, de puerto en puerto

En las series de TV que ahora que están tan de moda se puede constatar el sostenido empeño de los guionistas en ligar las tramas a la actualidad más inmediata. Así, en The Good Fight puede seguirse en ficción las ultimas semanas de Trump en la Casa Blanca y las primeras, y grandes, tribulaciones de Biden, o el problema de los anti vacunas en varias otras. Y hay una teleserie, Stella Blomkvist, que se atreve con la estrategia china de expandir negocios e influencia poniendo dinero sobre la mesa, blanco o negro, y logrando posiciones estratégicas adelantadas en infraestructuras y negocios en países europeos. Esta, que es una constatación y una preocupación, se plantea en la serie con una crudeza que no se exhibe en Bruselas donde hay voces influyentes que defienden que China es, de momento, más una oportunidad de mercado que una amenaza.

 

Adelantemos que la serie no es buena pero parte de un supuesto que se repite en varios países: una empresa china, con paraguas estatal por supuesto, compra una isla en Islandia y quiere hacerse con la gestión de varios puertos. En el comité islandés de negociación el interés de Islandia aparece en todo caso como efecto secundario porque la clave es la pugna entre los negociadores por ver quien recibe más incentivos monetarios de China. En todo caso este no es el eje de la trama (si fuera así tal vez ganaría interés). La clave argumental es la investigación de una serie de crímenes que revela la relación de los negociadores con China con los bajos fondos islandeses relacionados con tráfico de jóvenes eslavas, drogas y actividades relacionas con esto.

 

El puerto griego del Pireo, considerado la gran puerta de entrada de los productos asiáticos a Europa, es uno de los ejemplos de la expansión de las empresas chinas en la red global de puertos.

Después de la Gran Crisis de 2008-2009, Grecia tuvo que llevar a cabo reformas y privatizaciones para pagar sus deudas tras el rescate financiero internacional.

El gigante estatal chino, Cosco, vio una oportunidad para entrar en la industria portuaria de un país en crisis. Fue así como adquirió el 51% del Pireo, bajo un acuerdo que le permitiría hacerse con el 67% cinco años después.

 

La misma compañía está en conversaciones para adquirir una participación en el puerto de Hamburgo, Alemania. Si llegara a concretarse, sería la octava mega inversión portuaria de Cosco en Europa.

Y otro de los gigantes chinos, Shanghai International Port Group, se ha hecho con el control del puerto israelí de Haifa.

Esos son algunos de los capítulos más recientes de una larga historia de expansión portuaria, que en los últimos años se ha dado en el contexto de la llamada Ruta Marítima de la Seda, iniciativa que forma parte de un plan más amplio de inversión de los capitales chinos en obras de infraestructura alrededor del mundo. Para conseguir ese objetivo, tener el control de las concesiones portuarias en puntos geoestratégicos es fundamental, señala un informe elaborado por la BBC que sostiene que distintas estimaciones apuntan a que empresas del gigante asiático controlan actualmente cerca de 100 puertos en más de 60 países.

 

Sin embargo, esta no es una historia de éxito completo. Un análisis del China Power Project, perteneciente al Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), con sede en Washington D.C., titulado “¿Cómo influye China en la conectividad marítima global?” pone de relieve las dificultades. Así está el caso del puerto de Gwadar, un componente clave del Corredor Económico China-Pakistán, que pese a los anuncios, ha terminado estando “infrautilizado”.

“El gobierno paquistaní tuvo que tomar medidas desesperadas a principios de 2021 para reactivar el puerto”, señala el análisis del CSIS. También agrega que algunos proyectos importantes aún no se han materializado por completo, como el puerto de Bagamoyo en Tanzania.

Otro aspecto de las operaciones chinas en la industria portuaria, agrega el documento, tiene relación con los términos de las negociaciones que se llevan a cabo con países endeudados con Pekín.

 

Son algunos ejemplos de la puesta en marcha de una estrategia basada en la ausencia de límites y reglas a la hora de negociar por parte de un Estado totalitario, de las presiones sobre Estados vulnerables para conseguir ventajas y en la falta de garantías de cumplimiento y calidad en la ejecución de los acuerdos. No es eficiencia todo lo que reluce en la propaganda china.

Asia Central: crece el protagonismo de Irán

El viernes 17 de septiembre, en una reunión en Dusambé, Tayikistán, los países miembros de la Organización de Cooperación de Shanghái votaron aceptar el ingreso de Irán en la organización.

La OCS, establecida por China y Rusia en 2001, es una alianza económica, política y de seguridad. Actualmente incluye ocho estados: China, Rusia, Pakistán, India, Kazajstán, Kirguistán y Tayikistán. Juntos, estos estados representan el 20% del PIB mundial e incluyen al 40% de la población mundial.

Hasta ahora, Irán sólo contaba con el apoyo de Rusia, empeñada en asociar a la teocracia de Teherán a la estrategia de Moscú de amplar su influencia en la región, aliándose y, a la vez, neutralizando en lo que pueda la influencia china.

Este logro de la diplomacia iraní, apadrinada por Rusia, tiene especial importancia en estos momentos en que parece que EEUU se repliegue hacia el Indo Pacífico donde estarían sus prioridades frente a loe retos chinos. La OCS tiene pues la oportunidad de convertirse en un organismo clave en la región, llenar en vacío dejado por EEUU y sevir de decorado a una rordenación de poderes en la región pactada entre rusos y chinos.

“El equilibrio internacional a partir de ahora se inclina hacia el multilateralismo y la redistribución de poderes hacia los países independientes. Las sanciones unilaterales no se dirigen únicamente a un país. Se ha hecho evidente que, en los últimos años, afectan más a los países independientes, especialmente a los miembros de la OCS”, afirmó tras confirmarse la incorporación de Irán al organismo el presidente Ebrahim Raisi que está al frente del gobierno más duro desde hace décadas en Teherán.

Expertos occidentales consideran que, no obstante, La OCS aún no se parece en nada a una alianza estratégica liderada por China contra Occidente. Entre sus miembros se encuentra India, rival de China y aliado occidental. La OCS tampoco está alineada con Irán en su desafío al sistema internacional con respecto a su programa nuclear. Más bien, las sanciones fueron la preocupación principal que impidió que Teherán se adhiriera antes al grupo hasta ahora.

Incluso ahora, añaden, aún no se ha anunciado un cronograma para que Teherán se una a la organización. Sin duda, las grandes inversiones de Rusia, China e India en Irán se han visto disuadidas por la amenaza de sanciones estadounidenses.

También debe tenerse en cuenta que el patrón de inversión china en el Medio Oriente no se ajusta a una lealtad estricta con ningún bloque regional. Beijing es un importante comprador de petróleo saudí y mantiene amplios lazos comerciales tanto con Israel como con los Emiratos Árabes Unidos.