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Rusia, agresora; China, la amenaza global

La cumbre del G-7, los países más desarrollados del planeta, celebrada en Alemania bajo la sombra de la guerra en Ucrania, ha tenido sin embargo la mira puesta en China y en cómo está aprovechando el nuevo escenario provocado por la invasión rusa de Ucrania para vender el modelo chino de seguridad internacional, renovar alianzas con los países emergentes y ocupar con serenidad y determinación los espacios vacío que va dejando la actual debilidad rusa y las ausencias occidentales.

Así, al finalizar la reunión EEUU, Francia y Alemania han anunciado que los países integrantes del grupo aportarán 600.000 millones de dólares a un plan de infraestructuras en países de ingresos medios y bajos para contrarrestar el avance de China. De esa cantidad, Washington movilizará 200.000 millones de dólares a través de fondos públicos y privados, a lo largo de los próximos cinco años.

La ofensiva de China tiene varios ejes, entre ellos el reforzamiento de su alianza con el grupo de los BRICS (siglas formadas por los países emergentes Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en cuya reciente cumbre China ha aparecido como el líder alternativo a Estados Unidos. Esta parte de la estrategia China es analizada en esta edición por el profesor Fernando Delage. Además Pekín desarrolla una ofensiva política y comercial en todo el continente africano vendiendo un concepto de seguridad global que pasa por las acusaciones a Occidente y la justificación con leves críticas a la agresión rusa en Ucrania.

Pero, demás, China sigue dando pasos en el Pacífico para estrechar lazos, además de con sus aliados tradicionales, con las mini naciones insulares sobre las que intenta montar una red de apoyos estratégicos que contrapesen en lo que puedan la alianza entre EEUU, Reino Unido y Australia.

Expertos australianas que llevan tiempo estudiando este proceso, explican que no es algo nuevo y que China lleva cultivando sus relaciones diplomáticas con los Estados insulares del Pacífico durante décadas. Con algunas de ellas, como los Estados Federados de Micronesia, los lazos se remontan a más de 30 años. Unas negociaciones diplomáticas que se han intensificado desde que algunos Estados insulares, como las Islas Salomón, dieran en 2019 un giro radical alineándose con China.

El cambio en su política exterior se materializó el pasado abril con un pacto de seguridad entre ambas naciones. El controvertido borrador del acuerdo, que salió a la luz a través de una filtración, ha incomodado a Occidente con puntos como la autorización para que China pueda desplegar sus unidades policiales o soldados en el paradisíaco territorio. Ahora, con el tour de Wang Yi por el Pacífico, China avanza un paso más para consolidar su posición en este territorio. Aunque no han trascendido muchos detalles de las reuniones, el ministro ha insistido en el objetivo comercial y de cooperación al desarrollo de sus visitas. “Nos enfocamos en el desarrollo económico y nos preocupamos por la mejora del nivel de vida de las personas”, declaró en un artículo publicado por el periódico estatal chino ‘Global Times’.

China se ha visto hasta cierto punto sorprendida porque considera que Estados Unidos pasa por una situación de creciente debilidad y calculaba que esto iba a aumentar con la crisis europea y no esperaba que Occidente ratificara y se mantuviera firme en sus denuncias de China como creciente amenaza global y reforzaran sus posiciones militares y diplomáticas en el Indo Pacífico. Y de ahí su apoyo ambiguo a Rusia y su ofensiva en todo el planeta.

China-Taiwán, provocación permanente

China ha vuelto a anunciar formalmente, por enésima vez, que si Taiwán decide convertir su actual estatus político en una situación de independencia oficial, no dudará en intervenir militarmente en la isla para “garantizar la unidad nacional”.

Taiwán y su actual realidad política nacieron de la guerra civil china de la posguerra mundial que concluyó con la victoria de los comunistas de Mao Zedong y el refugio en la isla de los restos del régimen, que pasó de democrático a autoritario, de Chian Kai Shek. Desde entonces, ambos gobiernos han insistido en presentarse como representantes del pueblo chino y aspirantes a la unidad nacional desde sus respetivos valores. Andando el tiempo, Taiwán se ha convertido es una democracia  ejemplar mientras la China continental ha vivido el terror y la criminalidad revolucionaria y también un progreso material sin derechos humanos ni sociales.

Es verdad que en Taiwán han aparecido fuerzas que creen que es el momento de abandonar la idea de unificar China en un sistema democrático y convertirse en una república oficialmente independiente que han llegado al gobierno pero no hay indicios de que estén avanzando hacia una situación de independencia más allá de algunas manifestaciones verbales.

Entonces, ¿a qué se debe la reiteración de la amenaza china ahora, unida a la presión desde hace meses de las fuerzas aeronavales chinas del espacio aéreo taiwanés?

Esto puede deberse a varios factores. Uno es una cierta ralentización del crecimiento económico chino que trata de envolverse en un discurso nacionalista. Otro es que China ve en el conflicto de Europa una brecha en Occidente y, a la vez, que se refuerzan los lazos entre Reino Unido, EEUU y Australia para hacer frente a la amenaza china. China quiere recordar que la región del Indo Pacífico es su prioridad estratégica aunque no la única, y cree que Occidente es meno sólido en su cohesión interna de lo que parece, y un tercero es que EEUU ha subrayado su decisión de defender Taiwán ante cualquier amenaza china.

China sigue haciendo de su política exterior un ejemplo de ambigüedad calculada y peligrosa. Amenazante en su entorno y comprensiva de causa rusa en Ucrania mientas clama por un acuerdo que no aumente la inestabilidad en Europa y estropee los intereses comerciales chinos.

A la vez, Estados Unidos no se ha visto tan distraído por la invasión rusa de Ucrania como para no aumentar la alarma en el Pacífico, el rearme y la creciente amenaza china, un escenario en el que la Unión Europea va a tener que pensar aunque ahora no sea el mejor momento.

 

¿Negociaciones indirectas?

La invasión rusa se estanca en Ucrania. Tras los fracasos rusos en Kiev, Jarkov y Odessa en su intento de acabar rápidamente con el gobierno ucraniano y obtener una rendición fulminante,  Moscú ha decidido hacer un replanteamiento estratégico consolidando sus posiciones, ya preexistentes políticamente, y desde ahí avanzar posición a posición hasta conseguir dominar toda la zona de la cuenca del Donetsk, conectarla con Crimea y, si no tomarla, sí mantenerse en una situación susceptible de bloquear la ciudad de Odessa y su puerto.

En ese escenario, los aliados occidentales están presionando, discreta pero firmemente, a todos los países que puedan ejercer influencia en Moscú para propiciar un auténtico proceso de negociaciones que permita a Rusia salir airosa de su derrota estratégica con pocas concesiones, a Ucrania reducir sus daños con algún pacto sobre las regiones prorrusas y a la economía mundial obtener un respiro. Y los principales países para presionar en esa dirección son Turquía en Occidente y China e India en el Indo Pacífico.

Ni China ni India han condenado directamente la agresión rusa aunque sí han marcado cierta distancia exigiendo un “alto el fuego inmediato”, obviamente sin ningún resultado. Pero las crecientes dificultades rusas tanto en Ucrania como en la propia Rusia (a pesar de los avances militares de los últimos días) pueden estar creando una situación más propicia a algún tipo de acuerdo porque cada vez parece más evidente que ni Rusia ni Ucrania van a lograr a corto plazo una victoria clara sobre el terreno y  Ucrania, para mantener su resistencia va a necesitar cada vez más ayuda, costosa ayuda, occidental.

Para China, con más dificultades económicas de lo que su propaganda reconoce, es vital lograr una normalidad y estabilidad que le permita profundizar sus negocios con una Europa que puede verse abogada a una crisis económica de grades proporciones. Para India puede significar su mediación un salto en su protagonismo regional, en el que mira de reojo y con recelo a China, y una potenciación de su influencia en en países que no acaban de fiarse de China.

China, Taiwán y las enseñanzas ucranianas

Como ya hemos señalado varias veces, desde que comenzó la invasión rusa de Ucrania China estudia con suma atención cada acción militar de rusos y ucranianos, cada paso político de Kiev y Moscú, cada reacción de Bruselas y de la Unión Europea y cada iniciativa de Estados Unidos. Para Pekín  y sus ambiciones de someter a la autoridad del gobierno y del Partido Comunista chino la isla de Taiwán, es muy útil analizar tácticas militares, el uso y la eficacia de armas nuevas y de las contramedidas, la gestión de la ciberguerra y las reacciones de la OTAN, su solidez interna y su capacidad de burlar la vigilancia rusa y dotar a los ucranianos de recursos para resistir a las fuerzas de la teórica segunda potencia militar del planeta.

Y lo que China ha venido observando es muy decepcionante. El ejército ruso se ha visto, en cuatro semanas, empantanado frente a un ejército de Ucrania que, aunque muy reforzado desde 2014, es sumamente inferior al ruso. Rusia ha revelado una doctrina militar y un uso de sus fuerzas que no parece haber evolucionado desde la última guerra mundial; con prepotencia, sin capacidad logística suficiente, una centralización de órdenes tan burocrática que ha  impedido reoperar sobre el terreno ante la versatilidad ucraniana y la acción de unidades de infantería menores pero más ágiles, con iniciativa y gran potencia de fuego y, sobre todo un fracaso general en sus  intentos de cegar las comunicaciones ucranianas, sus radares, sus enlaces con las fuerzas en combate y su propaganda en el exterior. Y China sabe que repitiendo esos errores ante la maquinaria militar y económica occidental, aunque el escenario sea diferente, una acción en Taiwán estaría condenada al fracaso.

Por eso, China lleva meses provocando, con incursiones aéreas y marítimas, las aguas y los cielos de Taiwán, porque necesita, además de adiestrar a las fuerzas propias, medir la capacidad de detección de los radares taiwaneses y aliados en el escenario teórico de un conflicto que la Inteligencia de Estados Unidos sitúa antes de 2027, analizar la rapidez y capacidad de reacción y medir la solidez de las alianzas regionales en el caso de una conflagración regional.

Esto es esencial para China, además de ocupar el espacio político y económico que inevitablemente va a dejar una debilitada Rusia en su fracaso ucraniano, en el oriente que fue parte o esfera de influencia de la Rusia soviética.

Y aquí está el gran reto occidental y más concretamente de Estados Unidos, que además de demostrar superioridad aparente de sus sistemas frente a las capacidades rusas, tiene que analizar también y así se está haciendo, el escenario del Indo Pacífico y el protagonismo chino a la luz de los acontecimientos en Ucrania y Europa.

Ucrania y COVID reducen el margen de maniobra de China

La vuelta de los contagios  del COVID a China, si es que se habían ido, y la guerra de Ucrania están suponiendo un duro revés para China aunque las autoridades de Pekín están intentando matizar los datos.

Según analizan varios expertos en medios de comunicación especializados en Estados Unidos, la actividad fabril se contrajo a un ritmo más pronunciado en abril, en un momento en que los confinamientos generalizados por el COVID-19 redujeron la producción e interrumpieron las cadenas de suministro al bloquearse el funcionamiento normal del puerto de Shanghai, uno de los más importantes y activos del planeta.

El índice oficial de compras (PMI) de manufactura cayó a 47,4 en abril desde 49,5 en marzo, para un segundo mes consecutivo de contracción, dijo la Oficina Nacional de Estadísticas (NBS). La marca de 50 puntos separa la contracción del crecimiento en una base mensual.

Docenas de las principales ciudades de China están en medio de confinamientos totales o parciales, incluido el centro comercial de Shanghai, llevando a más analistas a reducir las previsiones de crecimiento para la segunda economía más grande del mundo.

Este estancamiento que se está produciendo en China, impacta directamente sobre el margen de maniobra de Pekín para aprovechar a su favor la crisis de Ucrania ejerciendo de teórico intermediario para una paz pactada y ocupando el vacío político y económico que podría dejar Rusia y un Occidente embarrado en el frente europeo.

Este dato va a tener importancia en los próximos meses y en la evolución de los acontecimientos ucranianos en los que Rusia, aunque avance, parece tener cada vez mayores dificultades y puede acabar en una grave crisis de estabilidad interna.

China-Ucrania, sigue el dilema interno

China se debate, ante la progresiva complicación de la guerra de Putin en Ucrania, entre hasta donde mantener la ambigüedad oficial y el apoyo a Rusia en sus mensajes a la sociedad china o hacer algún gesto, siquiera leve, que sugiera a Moscú que es hora de levantar el pie de su maquinaria militar y aliviar la tensión mundial y propiciando conversaciones de acuerdo verdaderas.

China sabe que de la guerra actual, sea cual sea el resultado final, Rusia sale dañada en su prestigio, en su economía y en la imagen pretendida de su capacidad militar, y Putin queda especialmente golpeado en su propósito de eternizar su poder que, por otra parte, ha durado ya demasiado. Del desenlace de la guerra se va a derivar una menor capacidad económica rusa, una pérdida de prestigio e influencia en las repúblicas centroasiáticas donde China aspira a aumentar su presencia con consolidación de la recuperada Ruta de la Seda hasta Europa y una reducción de la capacidad de suministro de ayuda militar a muchos países-

China tiene una estrategia de consolidación de su economía, su poder y su influencia distinta a la rusa. La dictadura china, al menos por el momento, es más estable a pesar de algunos datos socioeconómicos crecientemente preocupantes, el control del descontento es casi total y con paciencia va fortaleciendo sus capacidades militares sin abordar ninguna aventura de riesgo por el momento sin dejar de recordar su propósito histórico de incorporar Taiwán a la autoridad de Pekín.

China quiere mantener su alianza estratégica con Rusia, pero la inestabilidad provocada por la agresión rusa en Ucrania choca con muchos planes de Pekín. Hay que recordar que la Unión Europea es uno de los principales socios económicos y la incertidumbre económica creada por la guerra no favorece los negocios. Cómo gestionar a la vez todos estos elementos es el dilema de China.

Ucrania: un test para todos

La invasión rusa de Ucrania y la incertidumbre sobre cómo y cuándo se va a alcanzar un alto el fuego marcan, directa o indirectamente la realidad internacional. La guerra ha sorprendido a Europa en su relajada confianza ante la política exterior rusa (como lo está con respecto a China), aunque la guerra ha obligado a reaccionar y a comenzar una nueva etapa con una mentalidad nueva y ahí, por más que le pese a algunos, seguirá jugando un papel fundamental Estados Unidos, también cogido por sorpresa, y obligado a confirmar su liderazgo aunque tampoco esto entusiasme a algunos en aquel país.

En todo caso, la agresión de Putin ha demostrado que la política de defensa en Europa no ha sido suficientemente disuasoria, que una vez iniciada la agresión la acción ha tenido que limitarse a confiar en la única resistencia ucraniana con apoyo europeo aunque no demasiado para evitar una reacción rusa más extensa y que debe abandonarse  la ingenuidad hacia países cuya historia demuestra que nunca han dudado en asumir cualquier acción que exijan sus intereses nacionales.

Y esto también afecta a Estados Unidos, instalada desde hace décadas en la creencia de que el frente europeo estaba suficiente estabilizado y sin riesgos a medio plazo, lo que daba una oportunidad de volcarse en el Indo Pacífico y enfrentar el crecimiento de China en expansionismo, influencia y defensa y exportación de su modelo autoritario.

Ahora, sin rebajar un milímetro su estrategia asiática, Estados Unidos va a tener que volver a darle importancia a Europa, reforzar su presencia militar y política y aprovechar el susto y la alarma europea para reforzar alianzas y, sobre todo, impulsar la arquitectura estratégica y militar que tengan más capacidad de disuasión para nuevas aventuras de agresión de una Rusia resentida, necesitada de protagonismo y desconcertada ante las evidentes debilidades demostradas por su ejército en la campaña ucraniana.

Kazajistán aumenta su valor

La guerra en Ucrania y las sanciones occidentales contra Rusia que han situado a este país al borde del impago de sus deudas, ha hecho aumentar el valor de Kazajistán, al margen de la crisis institucional que ha vivido en los últimos meses y la vuelta de tuerca que Moscú ha dado para garantizar su control e influencia en la república centroasiática.

Por una parte se han redoblado los esfuerzos rusos y kazajos para aumentar las redes de conducción de gas y petróleo desde su territorio a China para contrarrestar las consecuencias de las sanciones occidentales y, por otra, Rusia, necesitada de ofrecer una imagen de capacidad para hacer frente a las consecuencias de su agresión a Ucrania y de reforzar a China que Rusia sigue siendo la potencia en la región, no deja de anunciar proyectos e inversiones, como si nada pasara, que muchos expertos consideran que actualmente son imposibles para Moscú.

Tanto para Rusia como para China, la gran república centroasiática se está convirtiendo en una pieza cada vez más importante  en el tablero estratégico regional. Para Moscú es la plataforma para demostrar y gestionar que sigue siendo el gran padrino de los países que fueron parte de la Unión Soviética y gran puerta para proyectas su influencia hacia el este y para China es esencial garantizar, no solo una estabilidad consolidada que permita el desarrollo y la profundización de la Ruta de la Seda por vía terrestre sino aprovechar con tacto la actual debilidad rusa para obtener influencia propia y, en este campo, las inversiones son una arma fundamental para ua China que, de momento, sigue teniendo capital ara estas operaciones.

Europa y China hablan con Ucrania en la mente

La reciente cumbre UE-China, celebrada online en medio de las incertidumbres de la guerra en Ucrania, no ha arrojado resultados claros aunque sí ha certificado que los puentes no están rotos y que los intereses económicos que unen a ambas potencias están sobreviviendo, pese a todo, a la convulsión provocada por Putin.

Ni Bruselas ni Pekín pueden prescindir de sus intercambios económicos que implican las inversiones en ambas direcciones y cierta colaboración en el desarrollo de proyectos tecnológicos avanzados, aunque esta colaboración no exime a Europa de observar la influencia china en las sociedades europeas y sus pasos tendentes a consolidar sus intereses nacionales y estratégicos que, obvio es decirlo, no se asientan ni sobre las normas europeas ni sobre valores democráticos.

La situación en Ucrania ha marcado las conversaciones. La UE ha trasladado a China que la evolución y el impulso de los negocios mutuos necesitan una mayor implicación china, entendida como un distanciamiento político de Moscú y acciones para hacer desistir a Putin de sus acciones criminales. China, por su parte, insiste en que sigue su propia vía que consiste, básicamente, en mantenerse de perfil, no romper con Moscú aunque tampoco volcarse en su apoyo y sostener un discurso hacia el exterior de que  hay que negociar la paz sobre la base de la soberanía y la integridad territorial de cada nación. Con eso Pekín espera a recoger los frutos que caigan del árbol sea cual sea el desenlace de la agresión rusa.

Durante décadas, la UE ha sido moderada con China, como lo fue con Rusia hasta la invasión y aún hay voces proclives a “entender” a Putin y tal vez la experiencia ucraniana ejerza de despertador. Hay indicios de un cambio hacia una postura menos ingenua, con más ambición y con mayor disposición a desarrollar una oolítica propia, con más medios y sin poner en cuestión los lazos trasatlánticos que, una vez más, se han revelado esenciales para reforzar la defensa europea, la resistencia ucraniana y las medidas para tratar de contener  el expansionismo soviético.

 

Ucrania: Japón a la expectativa

Japón, que se ha sumado a los aliados en su apoyo a Ucrania, incluso enviando material para las fuerzas armadas ucranianas, observa con atención la situación creada por la agresión rusa y desconfía de los movimientos chinos, los públicos y los secretos, para intentar obtener ganancias de la situación y avanzar en sus planes en el centro de Asia y en el Indo Pacífico. La alarma antre la nueva situación ha coincidido con la ruptura con Rusia en el viejo contencioso sobre las islas Kuriles, al norte del Japón y que Japón denomina Territorios del Norte, parte de las cuales fueron ocupadas por Rusia a finales de la segunda guerra mundial.

Como subrayan los expertos, Japón rompió un precedente de años con su dura respuesta a la invasión rusa a Ucrania, y el conflicto podría modificar la estrategia de defensa de Tokio frente a las ambiciones regionales chinas. Cuando Rusia ocupó la península ucraniana de Crimea en 2014, señalan,la respuesta japonesa fue tibia. Pero esta vez ha estado en sintonía con sus aliados occidentales con las sanciones y la dura retórica contra Moscú, llegando a enviar ayuda militar no letal a Ucrania.

Tokio observa cómo China hace juegos malabares con su discurso y, al recordar la necesidad de llegar a un acuerdo en Europa que salvaguarde la integridad territorial de Ucrania y la seguridad de Rusia, recalca que la propia integridad china esta sin resolver hasta que Pekín domine la isla de Taiwán, territorio sobrenado de facto desde la llegada de los comunistas al poder en Pekín.

Esta resituación internacional de Japón va a profundizar el discurso que ha venido creciendo, lenta pero decididamente, en los círculos políticos japoneses sobre la necesidad de repensar su política exterior, redefinir la defensa nacional, fortalecer sus fuerzas armadas y aumentar el protagonismo regional. Y cada uno de estos asuntos remueve los fantasmas históricos sobre el papel criminal que Japón desempeñó durante el siglo XX, lo cual va a exigir delicadeza y equilibrios extraordinarios a las autoridades niponas.

Y es que todo parece una vuelta al pasado con estética y tecnología distinta: Putin imitando una mezcla de Hitler y Stalin, Zelenski apelando a dudosos ejemplos sobre la historia europea, Biden un poco perdido en su oportunidad de liderazgo y Europa buscando un Churchill con acento continental.