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THE ASIAN DOOR: 5G, el dragón comienza a rugir. Águeda Parra

En cuestión de tecnología no existe país pequeño. La era de la revolución tecnológica está facilitando que países en vías de desarrollo aborden una transformación de su estructura económica gracias a la facilidad que permite la aplicación de las nuevas tecnologías. Algunos pronostican una guerra de desgaste entre Estados Unidos y China mientras ambos países mantienen su lucha por aplicar nuevos aranceles.

Por el momento, la guerra estrictamente comercial cae a favor de China, que sigue manteniendo una balanza comercial positiva con Estados Unidos, pero no sucede lo mismo en lo económico, pues ambos países están sufriendo un significativo desgaste, además de las implicaciones que esta lucha de poder está suponiendo para la economía internacional. Pero mientras la imposición de nuevos aranceles, respondidos de nuevo por Pekín, no ha conseguido reducir el déficit comercial entre Estados Unidos y China, tampoco parece estar teniendo mucho efecto la advertencia de Washington al resto de Estados de que no confíen el despliegue de su nueva red de comunicaciones móviles 5G a la tecnología china, con el suministrador Huawei como punta de lanza.

Pero no es sólo la balanza comercial la que preocupa, sino las aspiraciones de China de convertirse en referente tecnológico mundial. La batalla tecnológica se libra principalmente en base al estratégico mercado de los microchips, ya que quién consiga imponer sus estándares tendrá una ventaja sustancial frente al resto de sus competidores. En el caso americano, Qualcomm mantiene luchas internas para sacar del mercado a Apple e Intel, mientras que del lado chino, Huawei y ZTE muestran una alta implicación en los trabajos del 3GPP, el consorcio internacional de tecnología que define los estándares que se utilizan en las aplicaciones con tecnología 5G.

Si cabe, de las batallas que China tiene ganadas sin haber entrado todavía en guerra, la de los estándares es la más destacada. Es decir, la garantía de que los componentes chinos formarán parte del ecosistema tecnológico mundial durante los próximos años. Muy a pesar de las advertencias de la administración Trump, en la decisión de los Estados ha primado la alta dependencia de su red a los componentes de Huawei, más que los posibles problemas de ciberseguridad, un ámbito en el que cada país considera que puede encontrar soluciones con garantías conjuntamente con el suministrador chino. Los países europeos han convertido a Huawei en los últimos diez años en el proveedor de casi un tercio de los sistemas de telecomunicaciones que utilizan las operadoras y las administraciones. La alta flexibilidad para adaptarse a las necesidades de cada cliente frente al resto de proveedores tradicionales le ha permitido a Huawei incrementar entre 2013 y 2018 hasta en un 8% su cuota de mercado, permitiéndole alcanzar así el liderazgo con el 28,6% del mercado mundial de proveedores de telecomunicaciones. Con escasa presencia en el mercado norteamericano, Asia Pacífico representa para Huawei su principal fuente de ingresos, con un 42% de la cuota, seguida a partes iguales por la zona EMEA (Europa, Oriente Medio y África) y América Latina y Caribe, representando ambas un 31% de la cuota de mercado, según Bloomberg.

Mientras la nueva Ruta de la Seda no parece estar captando demasiado la atención de Estados Unidos, como sí lo hace en el caso de la Unión Europea, el gran proyecto de Pekín del Made in China 2025 es la gran batalla de esta guerra fría entre los dos titanes. En el ámbito tecnológico, Huawei ya compite de igual a igual con el resto de las grandes tecnológicas, también a nivel del registro en el número de patentes. Precisamente, en el ámbito de la tecnología 5G, las patentes registradas por Huawei alcanzan las 1.529, el doble de las registradas por su principal competidor, la americana Qualcomm, con 757, lo que significa que Huawei está en mejor disposición que el resto de suministradores de recibir royalties y pagos por licencias por el uso de la tecnología 5G. El propósito primigenio del proyecto de que China no dependa de la tecnología de Occidente para su progreso económico parece tener ahora mayor relevancia tras el veto de Google a Huawei, tras la nueva directiva norteamericana de incluir a la empresa china en una lista negra comercial. Una nueva vuelta de tuerca en lo que está resultando ser unas duras negociaciones para poner fin a la guerra comercial que ambas potencias mantienen abierta.

Un duro golpe que viene después de que aún en plena guerra comercial Huawei batiera su propio récord en ingresos y beneficios durante 2018, un buen comportamiento financiero que se ha mantenido durante el primer trimestre de 2019, registrando un incremento anual de ingresos del 39%, hasta los 26.800 millones de dólares. Con más de 200 millones de smartphones vendidos durante 2018, Huawei ha seguido incrementado sus ventas hasta en un 50% en el primer trimestre de 2019, hasta superar los 59 millones de smartphones, lo que le ha permitido convertirse en el segundo fabricante mundial de teléfonos móviles, desbancando a la americana Apple. La bajada de precios del iPhone para paliar la aplicación de aranceles no ha tenido el efecto esperado ante el creciente fervor nacionalista que se está despertando entre la población china ante la guerra comercial con Estados Unidos. Una situación que, de no ser por el veto de Google, podría haber llevado a Huawei a optar por el asalto al líder mundial, Samsung. La suerte está echada y ahora China tendrá que demostrar hasta dónde ha avanzado su desarrollo tecnológico, y sus estándares, para hacer frente a un sistema operativo propio. Foto: Flickr, Rob Oo

THE ASIAN DOOR: El iceberg de nombre Huawei. Águeda Parra

Estados Unidos y China no parecen entenderse. O quizá demasiado. La decisión de la administración Trump de empezar a aplicar nuevos aranceles sobre los productos chinos por valor de 200.000 millones de dólares vuelve a tensar una relación que la tregua comercial no ha conseguido rebajar. Competir por el mismo objetivo, uno como valedor de ostentar la posición de potencia hegemónica, y el otro como protagonista de la reivindicación por un nuevo orden mundial, tiene este tipo de consecuencias.

La advertencia del gobierno norteamericano se basa en considerar que los componentes chinos puedan tener puertas traseras que permitan el espionaje de las comunicaciones por parte del gobierno chino, sin que por el momento existan pruebas que lo demuestren. Sin embargo, la CIA acusa a Huawei de haber estado financiada por el gobierno chino y, de existir la amenaza que pronostica Washington, las consecuencias más importantes no serían únicamente las comerciales, sino las implicaciones militares, por el grave efecto que podrían tener las vulnerabilidades de seguridad de Huawei en cuestión de seguridad nacional.

Con una batalla no se gana la guerra, y mientras la campaña comercial no parece tener un ganador claro, sin embargo, en lo tecnológico, China parece estar sorteando los planes de Estados Unidos de frenar su futuro liderazgo. El clásico chino de El arte de la guerra de Sun Tzu indica que “un ejército victorioso gana primero y entabla la batalla después”, situación que parece adaptarse a la estrategia seguida por Pekín en su ambición tecnológica. En este contexto, China ha estado haciendo sus deberes casi desde que Washington comenzara a alertar sobre los problemas que podría acarrear para la seguridad del resto de países incorporar la tecnología china como parte de la red de sus telecomunicaciones nacionales. Y hasta ahora el “ejército victorioso” ha ganado ya algunas batallas.

La primera sería la del liderazgo por la inversión, donde China se ha posicionado como un fuerte competidor, sobrepasando el gasto realizado por Estados Unidos hasta alcanzar los 24.000 millones de dólares, con una estimación de 411.000 millones de dólares en los próximos diez años. Una inversión que también se extiende por los países de África, donde muchos gobiernos están optando por la tecnología de Huawei para el desarrollo de la red 5G en base, por una parte, a las buenas relaciones bilaterales con China y, por otra parte, a los competitivos precios del suministrador chino respecto al resto, sin entrar a valorar demasiado las amenazas por cuestiones de ciberseguridad sobre las que Washington no ha cesado de advertir.

En lo geopolítico, la balanza también parece estar cayendo del lado de Pekín. Que los países que se han mostrado a favor de no vetar a Huawei para el despliegue de la red 5G sumen más del 40% del producto interior bruto mundial es un éxito de la diplomacia china. Entre ellos, Reino Unido que, en busca de aliados ante un posible Brexit, y a pesar de ser miembro de la alianza de inteligencia denominada Five Eyes (FVEY), ha optado por no seguir la recomendación de Washington, pasando a liderar el grupo de aquéllos que apoyan a Huawei aunque incorporando medidas de seguridad adicionales. Reino Unido, no es el único a favor de la empresa china del grupo los cinco países, que además integran Estados Unidos, Australia, Canadá y Nueva Zelanda. Éste último, aunque inicialmente siguió la recomendación de Washington de aplicar el veto en diciembre de 2018, se ha pasado al grupo de países que no quieren verse desplazados en una más lenta adopción de las revolucionarias aplicaciones que utilizarán la tecnología 5G, una carrera que marcará una clara diferencia entre los países, esta vez no por su nivel de desarrollo económico, sino por el tecnológico. Al final, la relación calidad-precio está marcando el debate en muchos países, incluido España. En la decisión de Nueva Zelanda también ha influido el enfriamiento de las relaciones comerciales con China tras la decisión de vetar inicialmente a Huawei, un efecto que ya ha comenzado a resentirse en el entorno de los negocios en Canadá.

Sin embargo, otros países encuentran otras razones para vetar a Huawei, como la República Checa, un país pequeño que, a pesar de formar parte del mecanismo 16+1 que reúne a China y a los Países de Europa Central y Oriental (CEEC, en sus siglas en inglés), ha preferido situarse al lado de Estados Unidos, buscando un mayor apoyo ante las posibles consecuencias. En el caso de Vietnam, donde el gobierno considera el desarrollo de la red 5G una prioridad política, el veto a Huawei surge, sin embargo, por diferencias históricas con China.

Entre los países a favor también figura Alemania, la propia Comisión Europea, y el operador holandés KPN, que han alcanzado el acuerdo de dar acceso a Huawei a su red de radio, menos expuesta a cuestiones de ciberseguridad, mientras la parte de la red principal, mucho más sensible a este tipo de ataques, quedará fuera del alcance del suministro chino. Un respaldo que muestra el nivel de integración al que ha llegado Huawei con los operadores europeos con los que ha cerrado hasta 23 de los 40 contratos de despliegue de red 5G en Europa. El resto se reparten entre 10 en Oriente Medio, 6 en Asia Pacífico y 1 en Asia, mientras resulta sorprendente que en China solamente figuren, por el momento, algunos proyectos en Shanghai y Shenzhen.

Todo un caleidoscopio de razones que mantienen de nuevo dividido el mundo en una cuestión bipolar, esta vez teniendo que elegir entre Estados Unidos y China. Una decisión que trasciende al reconocimiento internacional de quién es la potencia hegemónica y qué capacidades tiene la aspirante al puesto, sino que esconde múltiples derivadas que van a marcar en los próximos meses el devenir de la economía internacional, la lucha por el poder tecnológico, y el futuro desarrollo militar de China, principalmente por una cuestión de estándares, aunque ésta es otra guerra.