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¿Negociaciones indirectas?

La invasión rusa se estanca en Ucrania. Tras los fracasos rusos en Kiev, Jarkov y Odessa en su intento de acabar rápidamente con el gobierno ucraniano y obtener una rendición fulminante,  Moscú ha decidido hacer un replanteamiento estratégico consolidando sus posiciones, ya preexistentes políticamente, y desde ahí avanzar posición a posición hasta conseguir dominar toda la zona de la cuenca del Donetsk, conectarla con Crimea y, si no tomarla, sí mantenerse en una situación susceptible de bloquear la ciudad de Odessa y su puerto.

En ese escenario, los aliados occidentales están presionando, discreta pero firmemente, a todos los países que puedan ejercer influencia en Moscú para propiciar un auténtico proceso de negociaciones que permita a Rusia salir airosa de su derrota estratégica con pocas concesiones, a Ucrania reducir sus daños con algún pacto sobre las regiones prorrusas y a la economía mundial obtener un respiro. Y los principales países para presionar en esa dirección son Turquía en Occidente y China e India en el Indo Pacífico.

Ni China ni India han condenado directamente la agresión rusa aunque sí han marcado cierta distancia exigiendo un “alto el fuego inmediato”, obviamente sin ningún resultado. Pero las crecientes dificultades rusas tanto en Ucrania como en la propia Rusia (a pesar de los avances militares de los últimos días) pueden estar creando una situación más propicia a algún tipo de acuerdo porque cada vez parece más evidente que ni Rusia ni Ucrania van a lograr a corto plazo una victoria clara sobre el terreno y  Ucrania, para mantener su resistencia va a necesitar cada vez más ayuda, costosa ayuda, occidental.

Para China, con más dificultades económicas de lo que su propaganda reconoce, es vital lograr una normalidad y estabilidad que le permita profundizar sus negocios con una Europa que puede verse abogada a una crisis económica de grades proporciones. Para India puede significar su mediación un salto en su protagonismo regional, en el que mira de reojo y con recelo a China, y una potenciación de su influencia en en países que no acaban de fiarse de China.

Ucrania: ¿brecha entre Rusia y China?

En la desesperación de las familias de los resistentes ucranianos rodeados en Azovstal, en Mariupol, sus integrantes, apoyados en el gobierno ucraniano, han hecho un llamamiento a Pekín para que medie ante Moscú y permitan la evacuación de los soldados de la acería cercana al puerto de la ciudad.

Pero, aunque estos soldados están siendo evacuados muy lentamente, no parece que China esté teniendo influencia alguna sobre Moscú y las tropas que han invadido Ucrania y que rodean el reducto donde aún resisten soldados ucranianos.

La calculada ambigüedad china puede darle a Pekín ventajas a medio plazo, pero los intentos del gobierno chino de presentarse como intermediario de un acuerdo de paz sin romper sus mensajes de comprensión a la política agresiva de Vladimir Putin no han aportado nada hasta el momento a pesar de la ilusión que despiertan en algunos ambientes políticos y financieros.

Para Pekín, el principal obstáculo para sus gestiones es el empecinamiento de Putin en no reconocer que sus tropas estás atascadas en Ucrania y que corren riesgos de sufrir una derrota histórica. A este respecto, William Burns, director de la CIA, una agencia que ha demostrado estar muy bien informada de los planes y la evolución interna del gobierno ruso, ha explicado que el conflicto ucraniano ha abierto una brecha entre Pekín y Moscú que puede tener importancia a medio plazo. Burns subraya que Pekín sostiene que el conflicto desatado por Putin daña la reputación internacional de China y, a la vez, introduce el factor que China considera más peligroso para sus intereses estratégicos y que es la incertidumbre y la inestabilidad que arrastra.

La guerra de Ucrania provoca tensiones en todo el planeta y algunas de sus ondas pueden profundizar la transformación de las relaciones estratégicas mas allá de lo previsible.

China, Taiwán y las enseñanzas ucranianas

Como ya hemos señalado varias veces, desde que comenzó la invasión rusa de Ucrania China estudia con suma atención cada acción militar de rusos y ucranianos, cada paso político de Kiev y Moscú, cada reacción de Bruselas y de la Unión Europea y cada iniciativa de Estados Unidos. Para Pekín  y sus ambiciones de someter a la autoridad del gobierno y del Partido Comunista chino la isla de Taiwán, es muy útil analizar tácticas militares, el uso y la eficacia de armas nuevas y de las contramedidas, la gestión de la ciberguerra y las reacciones de la OTAN, su solidez interna y su capacidad de burlar la vigilancia rusa y dotar a los ucranianos de recursos para resistir a las fuerzas de la teórica segunda potencia militar del planeta.

Y lo que China ha venido observando es muy decepcionante. El ejército ruso se ha visto, en cuatro semanas, empantanado frente a un ejército de Ucrania que, aunque muy reforzado desde 2014, es sumamente inferior al ruso. Rusia ha revelado una doctrina militar y un uso de sus fuerzas que no parece haber evolucionado desde la última guerra mundial; con prepotencia, sin capacidad logística suficiente, una centralización de órdenes tan burocrática que ha  impedido reoperar sobre el terreno ante la versatilidad ucraniana y la acción de unidades de infantería menores pero más ágiles, con iniciativa y gran potencia de fuego y, sobre todo un fracaso general en sus  intentos de cegar las comunicaciones ucranianas, sus radares, sus enlaces con las fuerzas en combate y su propaganda en el exterior. Y China sabe que repitiendo esos errores ante la maquinaria militar y económica occidental, aunque el escenario sea diferente, una acción en Taiwán estaría condenada al fracaso.

Por eso, China lleva meses provocando, con incursiones aéreas y marítimas, las aguas y los cielos de Taiwán, porque necesita, además de adiestrar a las fuerzas propias, medir la capacidad de detección de los radares taiwaneses y aliados en el escenario teórico de un conflicto que la Inteligencia de Estados Unidos sitúa antes de 2027, analizar la rapidez y capacidad de reacción y medir la solidez de las alianzas regionales en el caso de una conflagración regional.

Esto es esencial para China, además de ocupar el espacio político y económico que inevitablemente va a dejar una debilitada Rusia en su fracaso ucraniano, en el oriente que fue parte o esfera de influencia de la Rusia soviética.

Y aquí está el gran reto occidental y más concretamente de Estados Unidos, que además de demostrar superioridad aparente de sus sistemas frente a las capacidades rusas, tiene que analizar también y así se está haciendo, el escenario del Indo Pacífico y el protagonismo chino a la luz de los acontecimientos en Ucrania y Europa.

Kim Jon-un sigue en su tónica. Nieves C. Pérez Rodríguez

Este año comenzó con el temor de una posible guerra en Europa que, entre la incredulidad y miedo, revivía fantasmas del pasado que, por desgracia, resurgieron con la materialización de la invasión rusa a Ucrania. Esta guerra ha revivido la importancia de que los países aliados se mantengan unidos y alineados en la lucha por los valores fundamentales y soberanos. La atención mediática, como corresponde, ha estado centrada en esta parte del mundo y, mientras tanto, otros dictadores parecen sentirse desolados y buscan robar el foco de las cámaras también.

Es el caso de Kim Jon-un quien se ha dedicado a disparar misiles desde el 5 de enero con una periodicidad que debería tenernos preocupados.

Al principio de la Administración Biden, Kim permaneció muy calmado y actuando contrariamente a lo que suele hacer en años electorales en los Estados Unidos o en Sur Corea. Pero en cambio 2022 lo comenzó muy activo y desde el principio ha estado haciendo pruebas y lanzando misiles. Para examinar estos riesgos el Think Tank CSIS en Washington organizó un evento el 29 de abril para analizar “la creciente amenaza de misiles de Corea del Norte” con un extraordinario panel de expertos que fueron desmenuzando la situación actual.

Sólo en el mes de marzo Pyongyang lanzó 7 misiles y gracias a los satélites de CSIS han podido observar no solo los lugares desde donde han sido lanzados sino han venido haciéndole seguimiento a una base operacional que se encuentra al norte del país muy cercana a la frontera china, “Hoe Hung-ni”. De acuerdo con Joe Bermudez Jr. Experto en Corea del Norte y autor de una buena selección de libros cree que esta base se cree que se empezó a construir en 2003 y representa un gran reto más para los aliados (Corea del Sur, Japón y Estados Unidos) pues tiene el equipamiento tanto subterráneo como en la superficie para lanzar misiles de distinto alcance. Pero además esta base debería preocupar a Beijing, aunque nunca han mostrado su preocupación, al menos en público.

Ankit Panda, experto en política nuclear, afirmó que se debe analizar con atención el discurso de Kim Jon-un en el marco del VIII Congreso del Partido de Corea en enero 2021, porqué allí dio detalles como nunca antes lo había hecho sobre el plan que tienen sobre el desarrollo de armas, siendo muy transparente en decir que la investigación se centró en perfeccionar la tecnología de guía para cohetes de múltiples cabezas, que seguirán trabajando para tener la capacidad de hacer un ataque nuclear preventivo así como aumentar más la precisión para atacar y/o aniquilar cualquier objetivo en un rango de 15.000 kilómetros con una precisión milimétrica, así como desarrollar cohetes balísticos terrestres y submarinos intercontinentales propulsados por motores de combustible sólido, lo que acortaría el tiempo de respuesta que Corea del Sur y Estados Unidos tendrían para responder frente a un misil norcoreano.

Más recientemente, el 25 de abril de este año, hace apenas unos días, en el desfile militar del aniversario número noventa de la fundación del Ejército Popular Revolucionario de Corea, Kim aprovechaba la oportunidad para lucir un uniforme blanco de mariscal y expresó su determinación de aumentar las fuerzas nucleares de Corea del Norte, en cuanto a volumen y calidad. Panda afirmó que en el discurso parecía indicarse un cambio de doctrina nuclear de Pyongyang, sobre todo cuando Kim aseguraba que sus “armas nucleares no pueden limitarse a la única misión de disuasión de la guerra”. En otras palabras, el desfile y el discurso vino a asegurarle tanto a su audiencia domestica como al mundo que Kim continuaran con su avance en el desarrollo armamentístico y nuclear.

Durante este desfile, como suele ser costumbre, se exhibió parte de su armamento, entre los que cabe resaltar:  el Hwasong-17 (que ya lo habían dejado ver en el 2020), misiles deslizantes hipersónicos como Hwasong-8 (probado en el 2021) y lo que parecía ser un tipo de misil de combustible sólido que los expertos piensan que podría ser un Pumkguksong-6 (ese aún no ha sido probado).

Aunque ese último misil (el Pumkguksong-6) no esté aún listo para ser probado, la cantidad de ensayos conducidos tan sólo en este año debería ser motivo de gran preocupación, coincidieron todos los panelistas del evento. Pues ensayo y error es el mejor sistema para perfeccionar armas, de cada fracaso se aprende y se avanza en la carrera misilística.

El plan norcoreano, de momento, es seguir desarrollando “vehículos de reingreso” que buscan burlar los sistemas de defensa antimisiles de EE.UU. y sus aliados. Misiles balísticos lanzados desde submarinos, misiles nucleares de crucero lanzados desde el aire, que proporcionarían el medio aéreo para que lanzar sus misiles, aunque este último aún no está cerca de conseguirse acotan los expertos. Y de acuerdo con las pretensiones expresadas por Kim de desarrollo armamentístico solo se encuentran en el camino a continuar expandiendo sus capacidades.

También coinciden en que los próximos meses nos traerán más lanzamientos de misiles. Considerando el escenario internacional de guerra en Ucrania, Washington tiene los ojos puestos en Moscú y en Beijing e intentando descifrar si hay algún acercamiento o acuerdo entre ambos, lo que automáticamente alivia un poco la presión sobre Pyongyang pues hasta Naciones Unidas se encuentran prestando atención a la nueva guerra.

Sue Mi Terri expresó su gran preocupación de que Kim siga por el camino del desarrollo de su capacidad nuclear. Mi Terri reconoce que Washington sigue estando por encima de Corea del Norte pero no ha seguido invirtiendo como lo hacía en esta área, debido a la cantidad de compromisos. Mi Terri está especialmente preocupada por el Pumkguksong-6 que considera podría estar más avanzado de lo que occidente cree.

El escenario más probable es que Kim siga evitando acuerdos o negociaciones con la Administración Biden. De momento le funciona mejor que estén un poco distraídos para tomar algo de delantera en su obsesión de aumentar su capacidad de ataque sin que le estén intentando parar. Por su parte Biden tiene bastante trabajo con intentar neutralizar a Rusia, y, en efecto, a día de hoy ya han enviado en apoyo el monto que les costó cuatro años de guerra en Afganistán, lo que deja muy claro la prioridad de la Casa Blanca.

Los fantasmas como la historia parecen cíclicos, que van y vienen pero cuando resurgen parecen hacerlo con la misma intensidad y el mismo riesgo del pasado…

 

China-Ucrania, sigue el dilema interno

China se debate, ante la progresiva complicación de la guerra de Putin en Ucrania, entre hasta donde mantener la ambigüedad oficial y el apoyo a Rusia en sus mensajes a la sociedad china o hacer algún gesto, siquiera leve, que sugiera a Moscú que es hora de levantar el pie de su maquinaria militar y aliviar la tensión mundial y propiciando conversaciones de acuerdo verdaderas.

China sabe que de la guerra actual, sea cual sea el resultado final, Rusia sale dañada en su prestigio, en su economía y en la imagen pretendida de su capacidad militar, y Putin queda especialmente golpeado en su propósito de eternizar su poder que, por otra parte, ha durado ya demasiado. Del desenlace de la guerra se va a derivar una menor capacidad económica rusa, una pérdida de prestigio e influencia en las repúblicas centroasiáticas donde China aspira a aumentar su presencia con consolidación de la recuperada Ruta de la Seda hasta Europa y una reducción de la capacidad de suministro de ayuda militar a muchos países-

China tiene una estrategia de consolidación de su economía, su poder y su influencia distinta a la rusa. La dictadura china, al menos por el momento, es más estable a pesar de algunos datos socioeconómicos crecientemente preocupantes, el control del descontento es casi total y con paciencia va fortaleciendo sus capacidades militares sin abordar ninguna aventura de riesgo por el momento sin dejar de recordar su propósito histórico de incorporar Taiwán a la autoridad de Pekín.

China quiere mantener su alianza estratégica con Rusia, pero la inestabilidad provocada por la agresión rusa en Ucrania choca con muchos planes de Pekín. Hay que recordar que la Unión Europea es uno de los principales socios económicos y la incertidumbre económica creada por la guerra no favorece los negocios. Cómo gestionar a la vez todos estos elementos es el dilema de China.

Ucrania: un test para todos

La invasión rusa de Ucrania y la incertidumbre sobre cómo y cuándo se va a alcanzar un alto el fuego marcan, directa o indirectamente la realidad internacional. La guerra ha sorprendido a Europa en su relajada confianza ante la política exterior rusa (como lo está con respecto a China), aunque la guerra ha obligado a reaccionar y a comenzar una nueva etapa con una mentalidad nueva y ahí, por más que le pese a algunos, seguirá jugando un papel fundamental Estados Unidos, también cogido por sorpresa, y obligado a confirmar su liderazgo aunque tampoco esto entusiasme a algunos en aquel país.

En todo caso, la agresión de Putin ha demostrado que la política de defensa en Europa no ha sido suficientemente disuasoria, que una vez iniciada la agresión la acción ha tenido que limitarse a confiar en la única resistencia ucraniana con apoyo europeo aunque no demasiado para evitar una reacción rusa más extensa y que debe abandonarse  la ingenuidad hacia países cuya historia demuestra que nunca han dudado en asumir cualquier acción que exijan sus intereses nacionales.

Y esto también afecta a Estados Unidos, instalada desde hace décadas en la creencia de que el frente europeo estaba suficiente estabilizado y sin riesgos a medio plazo, lo que daba una oportunidad de volcarse en el Indo Pacífico y enfrentar el crecimiento de China en expansionismo, influencia y defensa y exportación de su modelo autoritario.

Ahora, sin rebajar un milímetro su estrategia asiática, Estados Unidos va a tener que volver a darle importancia a Europa, reforzar su presencia militar y política y aprovechar el susto y la alarma europea para reforzar alianzas y, sobre todo, impulsar la arquitectura estratégica y militar que tengan más capacidad de disuasión para nuevas aventuras de agresión de una Rusia resentida, necesitada de protagonismo y desconcertada ante las evidentes debilidades demostradas por su ejército en la campaña ucraniana.

Europa y China hablan con Ucrania en la mente

La reciente cumbre UE-China, celebrada online en medio de las incertidumbres de la guerra en Ucrania, no ha arrojado resultados claros aunque sí ha certificado que los puentes no están rotos y que los intereses económicos que unen a ambas potencias están sobreviviendo, pese a todo, a la convulsión provocada por Putin.

Ni Bruselas ni Pekín pueden prescindir de sus intercambios económicos que implican las inversiones en ambas direcciones y cierta colaboración en el desarrollo de proyectos tecnológicos avanzados, aunque esta colaboración no exime a Europa de observar la influencia china en las sociedades europeas y sus pasos tendentes a consolidar sus intereses nacionales y estratégicos que, obvio es decirlo, no se asientan ni sobre las normas europeas ni sobre valores democráticos.

La situación en Ucrania ha marcado las conversaciones. La UE ha trasladado a China que la evolución y el impulso de los negocios mutuos necesitan una mayor implicación china, entendida como un distanciamiento político de Moscú y acciones para hacer desistir a Putin de sus acciones criminales. China, por su parte, insiste en que sigue su propia vía que consiste, básicamente, en mantenerse de perfil, no romper con Moscú aunque tampoco volcarse en su apoyo y sostener un discurso hacia el exterior de que  hay que negociar la paz sobre la base de la soberanía y la integridad territorial de cada nación. Con eso Pekín espera a recoger los frutos que caigan del árbol sea cual sea el desenlace de la agresión rusa.

Durante décadas, la UE ha sido moderada con China, como lo fue con Rusia hasta la invasión y aún hay voces proclives a “entender” a Putin y tal vez la experiencia ucraniana ejerza de despertador. Hay indicios de un cambio hacia una postura menos ingenua, con más ambición y con mayor disposición a desarrollar una oolítica propia, con más medios y sin poner en cuestión los lazos trasatlánticos que, una vez más, se han revelado esenciales para reforzar la defensa europea, la resistencia ucraniana y las medidas para tratar de contener  el expansionismo soviético.

 

¿Y las sanciones, qué? Nieves C. Pérez Rodríguez

A dos semanas de la invasión rusa de Ucrania el mundo ha sido testigo de las bárbaras prácticas del ejército ruso, la destrucción de infraestructuras, colegios, universidades e incluso ataques a plantas nucleares. Todo ello acompañado del destierro de millones de ciudadanos quienes en un acto desesperado por mantener su vida y su dignidad buscan salir de su país que está siendo acabado por órdenes de Putin.

Mientras los rusos elegían la agresión conseguían que el mundo en su mayoría se uniera en su contra en un clamor por la paz. Y en busca de esa paz se ha intentado usar los mecanismos existentes para hacerle llegar armamento, equipos y municiones a los valientes ucranianos que se mantienen en el campo de batalla peleando por defender su derecho soberano de mantener el control de la nación, y en el fondo, tal y como lo decía el presidente Zelensky, “La lucha de Ucrania es la lucha por nuestras libertades pero también por las libertades europeas y occidentales”.

De igual forma y tomando las palabras del propio secretario de Estado estadounidense, “la invasión brutal ha sido respondida por occidente con durísimas sanciones económicas” que ahora también plantean una gran incógnita acerca de cómo afectarán al futuro de Rusia, y a la vez también al resto del mundo sobre todo en el actual momento en el que la inflación mundial sigue subiendo como efecto de la pandemia.

A pesar de que la economía rusa no es de las primeras del mundo, es una economía muy interconectada a través del suministro a otras economías como las europeas, la china, la india e incluso otras mucho más pequeñas como la turca.

Rusia produce el 10% del petróleo mundial, es el tercer exportador de carbón, el quinto exportador de madera y suministra el 40% del gas de Europa. Además, es el mayor exportador de cereales y fertilizantes del mundo. Por lo que su aporte a los intercambios internacionales no es tampoco insignificante, aunque podría ser sustituido (lo que tomaría tiempo).

En cuanto a la relación económica entre Rusia y China, hoy en día China depende de las importaciones de gas y petróleo ruso, pues es el segundo proveedor después de Arabia Saudita. Estas relaciones se intensificaron en 2014, momento en que se impusieron sanciones a Rusia por la toma de Crimea, y desde entonces no han hecho más que crecer y fortalecerse. En efecto, han tenido un aumento del 50% de esos intercambios.

De allí precisamente que la “Teoría de la Desdolarización” toma más fuerza entre algunas analistas que afirman que ante la situación de crisis actual, Beijing buscará sacar el máximo provecho de su cercanía con el Kremlin y afianzar su posición de liderazgo internacional.

En un esfuerzo por reducir la dependencia que existe del dólar, Beijing y Moscú se plantearon el proyecto de desdolarizar sus economías en el 2010 dando comienzo a un sistema “incipiente de mercado” en el que se valoraban los intercambios bien en yuanes si eran productos chinos o en rublos si los productos eran de origen ruso. Y aunque en los primeros años esos intercambios solo representaron el 3% del total entre ambos, a raíz de las sanciones del 2014 estos intercambios tomaron más importancia y tan solo en los primeros seis meses de 2021 llegaron a representar el 28% de los intercambios bilaterales.

Desde 2020 la moneda que ahora están utilizando es el yuan, año en el que el acuerdo se renovó por otros tres años más por unos 150.000 millones de yuanes.

En una situación como la actual, momento en que se están estudiando todas las opciones para poder evadir las sanciones, es más que probable que se recurra a este sistema para mantener activos los intercambios entre Beijing y Moscú. Y como consecuencia, entonces las sanciones podrían ser las incitadoras de la aceleración a mayor escala de este sistema. Aunque, ciertamente, China corre un gran riesgo en quedar atrapado en medio de alguna de las sanciones debido a que será complicado mantener un sistema de segregación de transacciones escrupuloso.

Objetivamente, hay que aceptar que mientras el dólar siga siendo una moneda fuerte y estable, los países seguirán manteniendo sus reservas en dólares para poder comprar o vender bienes internacionales. Así como las bolsas internacionales seguirán haciendo sus cálculos basados en la principal moneda y las transacciones internacionales continuarán efectuándose en dólares. Pero no es descabellado plantear que, con el peso de China en la economía mundial, junto con su deseo de continuar su crecimiento y expansión y de su plan maestro de continuar conectando al mundo a través del BRI o la antiguamente llamada Ruta de la Seda, tener un sistema financiero alternativo en el que su propia moneda sea el medidor del valor de la transacción y, eventualmente, incluso los bancos chinos sean las plataformas utilizadas para los pagos, podría ser una opción a medio plazo.

Beijing podría estar viendo más beneficios que problemas en esta terrible crisis. Aunque China ha sido frontal desde el comienzo de la guerra y aunque ha llamado al dialogo, no ha condenado la invasión, pero si ha insistido en que las sanciones son ilegales. Paralelo a esto, el ministro de exteriores chino, Wang Yi, manifestaba el lunes de esta semana  “la disposición de China de ser un país mediador o asumir un papel en la crisis”.

Consecuentemente, podría estar intentado jugar su carta de mediador y por tanto líder internacional. Si los chinos consiguieran parar la guerra de alguna forma, se apuntarían un éxito como actor internacional y su reputación también mejoraría considerablemente. Y a pesar del inestable panorama, Beijing acaba de anunciar que prevé que su economía crezca el 5,5% en 2022, a pesar de los efectos de la pandemia y del impacto indirecto de estas sanciones.

A medida que las tensiones geopolíticas aumentan y Estados Unidos sigue recurriendo a las sanciones como forma de castigo aumenta las ganas y la necesidad de buscar sistemas paralelos, sobre todo en los países no alineados a los valores de occidente.  Y esta podría ser una desgraciada situación que los chinos conviertan en favorable para ellos.

China y la invasión de Ucrania. Nieves C. Pérez Rodríguez

La decisión de Putin de invadir Ucrania ha cambiado la historia del mundo. Lo inimaginable ha sucedido y Europa está en guerra, y esta guerra es la guerra entre el autoritarismo y la democracia. Y la prueba de la gravedad de la situación son las duras sanciones económicas que se han venido anunciados desde que los rusos entraron en territorio de soberanía ucraniana.

Putin, en contra de sus propios cálculos, ha conseguido unificar, en muy pocos días, al mundo libre, que condena sus criminales acciones que reviven momentos de la historia que creíamos pasados. Mientras tanto, China ha estado jugando al bajo perfil, aun cuando hasta la misma Suiza ha decidido que no se puede ser neutral en una catástrofe de este calibre que ha sido intencional y organizada por Moscú.

En las primeras horas China se abstenía de votar en el Consejo de Seguridad Nacional de Naciones Unidas, en un intento por mantenerse neutral pero también dejando ver que no apoyan del todo a Moscú,  muy probablemente también pensando en su futuro, en el caso de que decidieran seguir el mismo modelo en Taiwán.

Mientras tanto, en China, los medios oficiales han estado alimentando las mismas teorías de Putin y repitiendo que todo es culpa de occidente. Manteniendo un control exquisito del lenguaje, pues no han dejado usar los términos invasión o guerra durante los reportes. Lo mismo que ha sucedido en Rusia, donde los medios han sido amenazados con ser cerrados si usan algunos de esa terminología, por lo que se han visto obligados a recurrir a términos como “crisis” para evitar represalias.

Li Yuan, periodista del New York Times, publicaba una columna titulada ¿Por qué el internet chino está animando la invasión rusa? en la que explicaba cómo las plataformas chinas han sido el lugar donde millones de chinos buscan información y siguen minuto a minuto lo que está sucediendo.

Weibo ha sido un gran medidor de sentimientos chinos sobre la invasión rusa a Ucrania. Desde las primeras horas de la invasión, mientras el mundo occidental intentaba salir del asombro y se empezaba a condenar las bárbaras acciones rusas de pretender hacerse con un país soberano, el internet chino se llenaba de apoyos, hacia Rusia y Vladimir Putin quien ha sido descrito como “Putin el grande”, “el mejor legado de la antigua Unión soviética” y “el mayor estratega de este siglo”. Mientras tanto, los chinos incriminaban a los valientes manifestantes rusos que han protestado en las calles en contra de la guerra, diciendo que los Estados Unidos les han lavado el cerebro.

Los discursos de Putin han sido vistos 1.100 millones de veces en Weibo, que es la equivalente a Twitter en occidente. Así sucedió también con algunos catedráticos chinos que son “influencer” que cuentan con millones de seguidores en sus redes que afirmaron (previo al comienzo de la guerra) que la inteligencia estadounidense estaba equivocada anunciando la invasión, y que no tuvieron más remedio que retractarse admitiendo haberse equivocado, una vez que comenzó.

En contraposición, la comunidad china en Ucrania ha tomado las redes para explicar a sus conciudadanos quienes apoyan la invasión en que es una guerra ilógica. Simon McCarthy, corresponsal de CNN en Beijing, afirmaba que los ciudadanos chinos en Ucrania se encuentran en una dura situación desde el comienzo de los ataques rusos. De acuerdo con McCarthy, los chinos parecían no conocer los planes de Putin por lo que no tomaron medidas más drásticas como planificar la evacuación de sus ciudadanos en Ucrania. Los medios oficiales calculan que hay unos 6.000 chinos en territorio ucraniano y algunos de ellos han manifestado en redes sociales estar preocupados por su seguridad, mientras que un alto funcionario de la embajada china en Ucrania explicaba en un video el sábado por la noche a la comunidad china que los planes de evacuación se habían tenido que posponer debido a que no se puede tener un vuelo chárter saliendo de la capital mientras hay misiles volando y explosiones por todos lados y armas sobre el terreno.

Las relaciones chino rusas son profundas y complejas. Durante la era soviética, durante la etapa de Stalin, fueron muy cercanas por conveniencia mutua u luego se enfriaron y con la caída de la URSS sufrieron un mayor alejamiento. El Partido Comunista chino en su tónica pragmática entendió que debía abrirse para conseguir más de occidente, tal y como sucedió.

Más recientemente, las relaciones comerciales entre Rusia y China se profundizaron en 2014, momento en que se impusieron sanciones por la invasión de Crimea. Hoy, China es el país que compra más petróleo ruso. Por tanto, es el mayor socio comercial de los rusos tanto en exportaciones como importaciones, pues en 2020 no sólo compraron un tercio del total de crudo ruso, sino que China les vendió productos manufacturados, como teléfonos móviles, ordenadores, juguetes y prendas de vestir, según Reuters. Y aunque estos intercambios se hacen en parte con el yuan chino, que podría quedar excepto del sistema financiero internacional, al momento de hacer las transacciones los bancos chinos están conectados con el sistema global y es muy probable que la razón prevalezca y China decida seguir las vías ordinarias de pagos.

En el fondo, la inestabilidad que está provocando Rusia es un problema para China y sus planes económicos. En medio de una crisis económica producida por la pandemia, generar otra crisis incitada por pretensiones expansionistas rusas es un escenario nocivo para la economía mundial y perjudicial para los planes de crecimiento internacional chino.

Putin, sin querer, ha conseguido unificar el modelo económico de cooperación más avanzado nunca antes conseguido en el mundo, la Unión Europea, pues todos los países se han alineado en este momento y han cerrado filas en contra de Rusia. De la misma forma ha conseguido revivir la razón que inspiró la creación de la OTAN, que vuelve a ganar importancia frente al miedo de una guerra que destruya a Europa, y muy probablemente también conseguirá que el financiamiento de la organización se replantee y que los países miembros asuman más responsablemente sus cuotas. Igualmente ha acercado a occidente más que nunca en los últimos años, frente a la posibilidad de perder sus libertades y se han unido en denunciar y apoyar todo tipo de sanciones. Defender a Ucrania es defender al sistema internacional que tanto bienestar ha dado y que cambió el mundo en 1945.

 

Impotencia y propaganda

Una vez más y por debajo del ruido mediático, China conserva la calma, mueve sus peones y avanza posiciones en la defensa de sus intereses nacionales con su conocido discurso sobre el libre comercio desde su plataforma autoritaria mientras exhibe músculo militar, como describe en este espacio Fernando Delage. En esta lección china de pragmatismo, propaganda y control hay una lección sobre la impotencia y la ausencia real de planes estratégicos del occidente democrático, lo que equivale a decir EEUU y la Unión Europea.

Otra demostración palmaria de esta ausencia estratégica ha sido el ataque de EEUU, Francia y Gran Bretaña contra objetivos sirios. Cuando el absentismo y la actitud errática de Estados Unidos ha dejado el espacio estratégico en manos de Rusia para mayor gloria de Al Assad, que ha consolidado su poder, un ataque de represalia sin voluntad de recuperar la iniciativa y sin desplegar un plan propio frente a Putin es un grave error. La fuerza, o es un instrumento al servicio de un objetivo claro y posible o es una confesión de parálisis.

Occidente no tiene aliados fiables sobre el terreno; los kurdos (aquellos que pueden ser fiables) han empujado a los turcos a acercarse a Rusia, aunque no quieren al gobierno sirio y aliados regionales como Arabia Saudí y Jordania se ven cada vez más obligados a desarrollar iniciativas propias para no perder pie en el aumento de la esfera de influencia de Irán, la mano que mueve la cuna. Y, sobre el lomo de la ballena, Israel en alerta.

Y así, unas sociedades cada vez más temerosas y confundidas asisten a la calculada exposición de hechos y análisis alimentados, sobre una prejuicios ideológicos que Occidente no combate eficazmente, desde las engrasadas maquinarias rusas. (Foto: Keegan McGuire, Flickr)