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¿A las puertas de una guerra entre China y Estados Unidos? Nieves C. Pérez Rodríguez

“Estados Unidos estará en guerra con China en dos años”, fue la predicción hecha por Mike Minihan, un general en activo de la Fuerza aérea estadounidense y jefe del Comando de Movilidad Aérea, en un memorándum enviado el pasado viernes a los oficiales bajo su cargo.

La comunicación estaba dirigida a todos los comandantes del Comando de Movilidad Aérea y otros comandantes operativos de la Fuerza Aérea, en el que les ordena que informen sobre los esfuerzos para prepararse para la lucha contra China. Valga mencionar que este comando tiene cerca de 50.000 miembros en servicio y cerca de 500 aviones vinculados al mismo.

El general Minihan explica en la misiva que tanto Taiwán como EE.UU. tendrán elecciones presidenciales en 2024, por lo que Washington estará distraído y el presidente chino tendrá una oportunidad de avanzar con sus planes en Taiwán, Aunque en el mismo memorándum expresa su deseo por estar equivocado, explica que su instinto le dice que peleará en 2025.

El Pentágono confirmó la autenticidad del memorándum mientras que afirmó que no ha cambiado nada en la política exterior estadounidense. Aunque cabe recordar que ya en el 2021 el ex comandante y cabeza del Comando unificado de combate estadounidense responsable por la región del Indo-Pacífico, el malmirante Phil Davidson, señaló que China podría invadir Taiwán en el 2027.

Por su parte, la comunidad de inteligencia de EE. UU. cree que China está activamente intentando construir un ejército capaz de apoderarse de Taiwán, a pesar del reiterado apoyo público brindado por Washington a la isla. En tal sentido, Avril Haines, directora de inteligencia nacional dijo en el Senado en mayo del 2022 que “Nosotros vemos que China está trabajando duro y eficientemente para encontrarse en una posición en que sus militares tengan la capacidad de tomar control de Taiwán a pesar de nuestra intervención”.

El actual director de la CIA, Bill Burns, dijo en julio que el presidente chino está decidido a tomar el control de Taiwán, pero que está estudiando las lecciones de las deficiencias rusas en Ucrania antes de tomar medidas.  Agregó además que “no se puede subestimar la determinación del Sr. Xi Jinping de conseguir el control sobre Taiwán a través de acciones militares en los próximos años. Está trabajando para asegurarse de que el Ejército Popular de Liberación tenga las capacidades para una invasión exitosa de la isla democrática”.

Lloyd Austin, el secretario de Defensa de los Estados Unidos explicaba frente al Congreso en mayo del año pasado que “si bien Rusia es peligrosa, China sigue siendo la amenaza que marca el ritmo de los Estados Unidos”.  Y justificaba la solicitud presupuestaria para el 2023 de su institución en la que solicitó 6 mil millones de dólares en la “Iniciativa de Disuasión del Pacífico”. De acuerdo con la nueva estrategia de Defensa Nacional, El secretario Austin afirmaba “vamos a mejorar nuestra postura de fuerza, infraestructura, presencia y preparación en el Indo-Pacífico, incluida la defensa antimisiles de Guam”.

Justo un día antes de que el General Minihan  enviara el memorándum alertando de la amenaza de guerra entre China y los Estados Unido salió un interesante episodio del One Decision Podcast en el que el exdirector de la CIA y exjefe del Consejo de Seguridad Nacional estadounidense, el general, Michael Hayden, intercambiaba sus opiniones con Sir Richard Dearlove, exjefe del MI6 inglés, sobre cómo ha cambiado la geopolítica internacional y sus valoraciones sobre los riesgos de esta era.

En la profunda discusión entre ambos ex espías admiten que a pesar de que Putin se encuentre en este momento detonando armamento de guerra cada día en Europa y que Rusia parezca ser la amenaza latente, ambos coinciden en que la verdadera amenaza para las democracias es China. Rusia está destruyendo Ucrania indudablemente, tiene atemorizados a los europeos, pero “Rusia está de caída”. Explican que en su opinión Putin se atrevió a invadir Ucrania en un intento por proyectar una imagen de mayor fortaleza de la que verdaderamente tiene en este momento.

Ambos exjefes de inteligencia aceptan que hay muchos riesgos latentes, pero ninguno del calibre de China. En el análisis manifestaron su convicción de que India jugará un rol clave para equilibrar el poder de China. Un cambio que comenzó en la era de Bush, cuándo Washington modificó su comportamiento hacia India y se embarcó en unas relaciones bilaterales con Delhi distintas y más apacibles.

A pesar del carácter nacionalista de gobierno de Modi, India ha apoyado este cambio y aceptado el acercamiento, basado probablemente en sus grandes preocupaciones domésticas como Pakistán, pero entendiendo que su gran problema es China, por lo que India servirá de equilibrio internacional. Y tal y como afirmó Sir Dearlove “a pesar de las imperfecciones del Estado indio es una democracia funcional, la democracia más grande del mundo”.

En tal sentido, valoraron como muy probable que Estados Unidos comience a vender y distribuir equipo bélico y militar a India pues no tiene ninguna lógica en el contexto actual que siga comprándole su arsenal a Rusia.

Los ex directores de inteligencia valoran los cambios recientes, como el de Australia que ha comenzado a aumentar su capacidad militar a pesar de que venía de ser verdaderamente pequeña en el pasado, y el cambio de Japón en duplicar su gasto d defensa en los próximos cuatro años y reforzar su armamento para conseguir dotarse de capacidad para alcanzar bases enemigas son el claro reflejo de una realidad que amenaza cada día más a las democracias.

Otra prueba de ese cambio de patrones internacionales es la visita del secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg este domingo a Corea del Sur, quien hizo su primera escala en Seúl y continuará con otra parada en Tokio. “Necesitamos fortalecer la asociación entre Corea y la OTAN porque la seguridad está cada vez más interconectada, lo que sucede en Asia, el Indo-Pacífico, es importante para Europa, para la OTAN y viceversa”.

Insistió en que la “necesitamos abordar las amenazas y desafíos globales, incluidos los provenientes de China, y para ello hay que trabajar de cerca con los socios en la región”. Las palabras de Stoltenberg resumen bien el sentimiento global de los aliados y la necesidad de prepararse ante la amenaza que representa Beijing para las democracias, el comercio, la libre circulación de los mares, la salud pública, libertad de culto, privacidad de data, libertad de expresión… y lo vulnerable y cercana que tenemos la amenaza…

 

China-Ucrania: se estrechan los márgenes de maniobra

China ha vuelto a advertir a Moscú, indirectamente y sin romper formalmente su defensa del régimen de Putin, de que le conviene y con urgencia iniciar y promover una desescalada de la guerra en Ucrania. El bombardeo masivo de ciudades ucranianas tras la explosión en el puente de Kerch que une a Crimea con el territorio ruso (de la que no existen pruebas de que ha sido obra de Ucrania aunque a Kiev le hubiera encantado hacerlo y como tal lo ha celebrado) Pekín ha sentido, como en casi todo el mundo, el temor a una guerra más amplia, con mas protagonistas y armas de destrucción más masiva en la que China no puede ganar mucho. En la misma posición aunque por razones ligeramente diferentes está India. El frenazo económico chino, sus propios planes estratégicos a medio y largo plazo están en el origen de los argumentos chinos.

La pretensión de lograr un acuerdo de paz cuanto antes es una bandera que cada vez levantan con más brío los hasta ahora aliados de Putin, señal de que piensan que en la situación actual sus intereses y los de Moscú pueden lograr más alcanzando un acuerdo ahora porque una derrota puede producirse, lo que hasta hace un mes la posibilidad de que Ucrania logre frenar o incluso derrotar a las tropas rusas no estaba sobre el terreno.

El escenario internacional sigue evolucionando a ritmo ucraniano, con el chantaje nuclear movido por Rusia y sus instrumentos de propaganda, con una Europa Unida a pesar de algunas ligeras brechas originadas por el temor a la crisis energética y por recelos alimentados por la historia europea, las mentiras rusas y el populismo barato.

Rusia: Las anexiones refuerzan el frente interno y debilitan el externo

No parece que el balance de las anexiones de cuatro regiones ucranianas por parte de Moscú sea positivo para Vladimir Putin y su proyecto neoimperiaista. La operación de apropiarse de nuevos territorios por la fuerza, que tiene su más grave precedente en Europa con la anexión por parte de Hitler de los Sudetes y de Austria en los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial, ha satisfecho al creciente nacionalismo ruso (que nunca ha sido escaso) pero ha significado un mayor aislamiento ruso en el plano internacional con significativo distanciamiento de China y Rusia. Y además, el acto de piratería ruso se produce en el marco de un retroceso  militar de las tropas de Putin precisamente en las regiones proclamadas como nuevos territorios rusos.

No hay que olvidar que prácticamente todos los países del mundo tienen  contenciosos territoriales con sus vecinos (con mayor o menor tensión) y estos focos de conflictos están contenidos en base a unas pocas convenciones internacionales en las que la regla de oro hasta ahora tras la criminal agresión de la Alemania de Hitler es renunciar a la rectificación de fronteras por la vía de las armas. De ahí que las burdas maniobras criminales de Putin hayan llevado el nerviosismo a todo el planeta.

Desde Pekín han precisado: “Siempre hemos sido claros. Hay que hacer todos los esfuerzos posibles por la paz, respetar la integridad territorial de todos los países  y prestar atención a las legítimas preocupaciones de todos los países” y el gobierno de India se ha manifestado en términos similares a la vez se han ofrecido una vez más a mediar para encontrar un marco de conversaciones de paz entre rusos y ucranianos.

Como ya hemos subrayado en ediciones anteriores, China necesita restablecer la estabilidad en los mercados cuanto antes y evitar un mayor deterioro de las economías europeas donde Pekín tiene algunos de sus socios más importantes. La economía china lleva varios meses desacelerando y aún retrocediendo en sectores importantes.

Rusia puede haber dado un paso más en falso aunque su régimen insiste en cerrar los ojos a la realidad y aún amenazar con escenario bélico nuclear que es un riesgo improbable pero un riesgo hay que responder aguantando el tipo, la serenidad y la voluntad de no ceder primero y vencer después al proyecto imperial ruso.

¿Negociaciones indirectas?

La invasión rusa se estanca en Ucrania. Tras los fracasos rusos en Kiev, Jarkov y Odessa en su intento de acabar rápidamente con el gobierno ucraniano y obtener una rendición fulminante,  Moscú ha decidido hacer un replanteamiento estratégico consolidando sus posiciones, ya preexistentes políticamente, y desde ahí avanzar posición a posición hasta conseguir dominar toda la zona de la cuenca del Donetsk, conectarla con Crimea y, si no tomarla, sí mantenerse en una situación susceptible de bloquear la ciudad de Odessa y su puerto.

En ese escenario, los aliados occidentales están presionando, discreta pero firmemente, a todos los países que puedan ejercer influencia en Moscú para propiciar un auténtico proceso de negociaciones que permita a Rusia salir airosa de su derrota estratégica con pocas concesiones, a Ucrania reducir sus daños con algún pacto sobre las regiones prorrusas y a la economía mundial obtener un respiro. Y los principales países para presionar en esa dirección son Turquía en Occidente y China e India en el Indo Pacífico.

Ni China ni India han condenado directamente la agresión rusa aunque sí han marcado cierta distancia exigiendo un “alto el fuego inmediato”, obviamente sin ningún resultado. Pero las crecientes dificultades rusas tanto en Ucrania como en la propia Rusia (a pesar de los avances militares de los últimos días) pueden estar creando una situación más propicia a algún tipo de acuerdo porque cada vez parece más evidente que ni Rusia ni Ucrania van a lograr a corto plazo una victoria clara sobre el terreno y  Ucrania, para mantener su resistencia va a necesitar cada vez más ayuda, costosa ayuda, occidental.

Para China, con más dificultades económicas de lo que su propaganda reconoce, es vital lograr una normalidad y estabilidad que le permita profundizar sus negocios con una Europa que puede verse abogada a una crisis económica de grades proporciones. Para India puede significar su mediación un salto en su protagonismo regional, en el que mira de reojo y con recelo a China, y una potenciación de su influencia en en países que no acaban de fiarse de China.

Ucrania: ¿brecha entre Rusia y China?

En la desesperación de las familias de los resistentes ucranianos rodeados en Azovstal, en Mariupol, sus integrantes, apoyados en el gobierno ucraniano, han hecho un llamamiento a Pekín para que medie ante Moscú y permitan la evacuación de los soldados de la acería cercana al puerto de la ciudad.

Pero, aunque estos soldados están siendo evacuados muy lentamente, no parece que China esté teniendo influencia alguna sobre Moscú y las tropas que han invadido Ucrania y que rodean el reducto donde aún resisten soldados ucranianos.

La calculada ambigüedad china puede darle a Pekín ventajas a medio plazo, pero los intentos del gobierno chino de presentarse como intermediario de un acuerdo de paz sin romper sus mensajes de comprensión a la política agresiva de Vladimir Putin no han aportado nada hasta el momento a pesar de la ilusión que despiertan en algunos ambientes políticos y financieros.

Para Pekín, el principal obstáculo para sus gestiones es el empecinamiento de Putin en no reconocer que sus tropas estás atascadas en Ucrania y que corren riesgos de sufrir una derrota histórica. A este respecto, William Burns, director de la CIA, una agencia que ha demostrado estar muy bien informada de los planes y la evolución interna del gobierno ruso, ha explicado que el conflicto ucraniano ha abierto una brecha entre Pekín y Moscú que puede tener importancia a medio plazo. Burns subraya que Pekín sostiene que el conflicto desatado por Putin daña la reputación internacional de China y, a la vez, introduce el factor que China considera más peligroso para sus intereses estratégicos y que es la incertidumbre y la inestabilidad que arrastra.

La guerra de Ucrania provoca tensiones en todo el planeta y algunas de sus ondas pueden profundizar la transformación de las relaciones estratégicas mas allá de lo previsible.

China, Taiwán y las enseñanzas ucranianas

Como ya hemos señalado varias veces, desde que comenzó la invasión rusa de Ucrania China estudia con suma atención cada acción militar de rusos y ucranianos, cada paso político de Kiev y Moscú, cada reacción de Bruselas y de la Unión Europea y cada iniciativa de Estados Unidos. Para Pekín  y sus ambiciones de someter a la autoridad del gobierno y del Partido Comunista chino la isla de Taiwán, es muy útil analizar tácticas militares, el uso y la eficacia de armas nuevas y de las contramedidas, la gestión de la ciberguerra y las reacciones de la OTAN, su solidez interna y su capacidad de burlar la vigilancia rusa y dotar a los ucranianos de recursos para resistir a las fuerzas de la teórica segunda potencia militar del planeta.

Y lo que China ha venido observando es muy decepcionante. El ejército ruso se ha visto, en cuatro semanas, empantanado frente a un ejército de Ucrania que, aunque muy reforzado desde 2014, es sumamente inferior al ruso. Rusia ha revelado una doctrina militar y un uso de sus fuerzas que no parece haber evolucionado desde la última guerra mundial; con prepotencia, sin capacidad logística suficiente, una centralización de órdenes tan burocrática que ha  impedido reoperar sobre el terreno ante la versatilidad ucraniana y la acción de unidades de infantería menores pero más ágiles, con iniciativa y gran potencia de fuego y, sobre todo un fracaso general en sus  intentos de cegar las comunicaciones ucranianas, sus radares, sus enlaces con las fuerzas en combate y su propaganda en el exterior. Y China sabe que repitiendo esos errores ante la maquinaria militar y económica occidental, aunque el escenario sea diferente, una acción en Taiwán estaría condenada al fracaso.

Por eso, China lleva meses provocando, con incursiones aéreas y marítimas, las aguas y los cielos de Taiwán, porque necesita, además de adiestrar a las fuerzas propias, medir la capacidad de detección de los radares taiwaneses y aliados en el escenario teórico de un conflicto que la Inteligencia de Estados Unidos sitúa antes de 2027, analizar la rapidez y capacidad de reacción y medir la solidez de las alianzas regionales en el caso de una conflagración regional.

Esto es esencial para China, además de ocupar el espacio político y económico que inevitablemente va a dejar una debilitada Rusia en su fracaso ucraniano, en el oriente que fue parte o esfera de influencia de la Rusia soviética.

Y aquí está el gran reto occidental y más concretamente de Estados Unidos, que además de demostrar superioridad aparente de sus sistemas frente a las capacidades rusas, tiene que analizar también y así se está haciendo, el escenario del Indo Pacífico y el protagonismo chino a la luz de los acontecimientos en Ucrania y Europa.

Kim Jon-un sigue en su tónica. Nieves C. Pérez Rodríguez

Este año comenzó con el temor de una posible guerra en Europa que, entre la incredulidad y miedo, revivía fantasmas del pasado que, por desgracia, resurgieron con la materialización de la invasión rusa a Ucrania. Esta guerra ha revivido la importancia de que los países aliados se mantengan unidos y alineados en la lucha por los valores fundamentales y soberanos. La atención mediática, como corresponde, ha estado centrada en esta parte del mundo y, mientras tanto, otros dictadores parecen sentirse desolados y buscan robar el foco de las cámaras también.

Es el caso de Kim Jon-un quien se ha dedicado a disparar misiles desde el 5 de enero con una periodicidad que debería tenernos preocupados.

Al principio de la Administración Biden, Kim permaneció muy calmado y actuando contrariamente a lo que suele hacer en años electorales en los Estados Unidos o en Sur Corea. Pero en cambio 2022 lo comenzó muy activo y desde el principio ha estado haciendo pruebas y lanzando misiles. Para examinar estos riesgos el Think Tank CSIS en Washington organizó un evento el 29 de abril para analizar “la creciente amenaza de misiles de Corea del Norte” con un extraordinario panel de expertos que fueron desmenuzando la situación actual.

Sólo en el mes de marzo Pyongyang lanzó 7 misiles y gracias a los satélites de CSIS han podido observar no solo los lugares desde donde han sido lanzados sino han venido haciéndole seguimiento a una base operacional que se encuentra al norte del país muy cercana a la frontera china, “Hoe Hung-ni”. De acuerdo con Joe Bermudez Jr. Experto en Corea del Norte y autor de una buena selección de libros cree que esta base se cree que se empezó a construir en 2003 y representa un gran reto más para los aliados (Corea del Sur, Japón y Estados Unidos) pues tiene el equipamiento tanto subterráneo como en la superficie para lanzar misiles de distinto alcance. Pero además esta base debería preocupar a Beijing, aunque nunca han mostrado su preocupación, al menos en público.

Ankit Panda, experto en política nuclear, afirmó que se debe analizar con atención el discurso de Kim Jon-un en el marco del VIII Congreso del Partido de Corea en enero 2021, porqué allí dio detalles como nunca antes lo había hecho sobre el plan que tienen sobre el desarrollo de armas, siendo muy transparente en decir que la investigación se centró en perfeccionar la tecnología de guía para cohetes de múltiples cabezas, que seguirán trabajando para tener la capacidad de hacer un ataque nuclear preventivo así como aumentar más la precisión para atacar y/o aniquilar cualquier objetivo en un rango de 15.000 kilómetros con una precisión milimétrica, así como desarrollar cohetes balísticos terrestres y submarinos intercontinentales propulsados por motores de combustible sólido, lo que acortaría el tiempo de respuesta que Corea del Sur y Estados Unidos tendrían para responder frente a un misil norcoreano.

Más recientemente, el 25 de abril de este año, hace apenas unos días, en el desfile militar del aniversario número noventa de la fundación del Ejército Popular Revolucionario de Corea, Kim aprovechaba la oportunidad para lucir un uniforme blanco de mariscal y expresó su determinación de aumentar las fuerzas nucleares de Corea del Norte, en cuanto a volumen y calidad. Panda afirmó que en el discurso parecía indicarse un cambio de doctrina nuclear de Pyongyang, sobre todo cuando Kim aseguraba que sus “armas nucleares no pueden limitarse a la única misión de disuasión de la guerra”. En otras palabras, el desfile y el discurso vino a asegurarle tanto a su audiencia domestica como al mundo que Kim continuaran con su avance en el desarrollo armamentístico y nuclear.

Durante este desfile, como suele ser costumbre, se exhibió parte de su armamento, entre los que cabe resaltar:  el Hwasong-17 (que ya lo habían dejado ver en el 2020), misiles deslizantes hipersónicos como Hwasong-8 (probado en el 2021) y lo que parecía ser un tipo de misil de combustible sólido que los expertos piensan que podría ser un Pumkguksong-6 (ese aún no ha sido probado).

Aunque ese último misil (el Pumkguksong-6) no esté aún listo para ser probado, la cantidad de ensayos conducidos tan sólo en este año debería ser motivo de gran preocupación, coincidieron todos los panelistas del evento. Pues ensayo y error es el mejor sistema para perfeccionar armas, de cada fracaso se aprende y se avanza en la carrera misilística.

El plan norcoreano, de momento, es seguir desarrollando “vehículos de reingreso” que buscan burlar los sistemas de defensa antimisiles de EE.UU. y sus aliados. Misiles balísticos lanzados desde submarinos, misiles nucleares de crucero lanzados desde el aire, que proporcionarían el medio aéreo para que lanzar sus misiles, aunque este último aún no está cerca de conseguirse acotan los expertos. Y de acuerdo con las pretensiones expresadas por Kim de desarrollo armamentístico solo se encuentran en el camino a continuar expandiendo sus capacidades.

También coinciden en que los próximos meses nos traerán más lanzamientos de misiles. Considerando el escenario internacional de guerra en Ucrania, Washington tiene los ojos puestos en Moscú y en Beijing e intentando descifrar si hay algún acercamiento o acuerdo entre ambos, lo que automáticamente alivia un poco la presión sobre Pyongyang pues hasta Naciones Unidas se encuentran prestando atención a la nueva guerra.

Sue Mi Terri expresó su gran preocupación de que Kim siga por el camino del desarrollo de su capacidad nuclear. Mi Terri reconoce que Washington sigue estando por encima de Corea del Norte pero no ha seguido invirtiendo como lo hacía en esta área, debido a la cantidad de compromisos. Mi Terri está especialmente preocupada por el Pumkguksong-6 que considera podría estar más avanzado de lo que occidente cree.

El escenario más probable es que Kim siga evitando acuerdos o negociaciones con la Administración Biden. De momento le funciona mejor que estén un poco distraídos para tomar algo de delantera en su obsesión de aumentar su capacidad de ataque sin que le estén intentando parar. Por su parte Biden tiene bastante trabajo con intentar neutralizar a Rusia, y, en efecto, a día de hoy ya han enviado en apoyo el monto que les costó cuatro años de guerra en Afganistán, lo que deja muy claro la prioridad de la Casa Blanca.

Los fantasmas como la historia parecen cíclicos, que van y vienen pero cuando resurgen parecen hacerlo con la misma intensidad y el mismo riesgo del pasado…

 

China-Ucrania, sigue el dilema interno

China se debate, ante la progresiva complicación de la guerra de Putin en Ucrania, entre hasta donde mantener la ambigüedad oficial y el apoyo a Rusia en sus mensajes a la sociedad china o hacer algún gesto, siquiera leve, que sugiera a Moscú que es hora de levantar el pie de su maquinaria militar y aliviar la tensión mundial y propiciando conversaciones de acuerdo verdaderas.

China sabe que de la guerra actual, sea cual sea el resultado final, Rusia sale dañada en su prestigio, en su economía y en la imagen pretendida de su capacidad militar, y Putin queda especialmente golpeado en su propósito de eternizar su poder que, por otra parte, ha durado ya demasiado. Del desenlace de la guerra se va a derivar una menor capacidad económica rusa, una pérdida de prestigio e influencia en las repúblicas centroasiáticas donde China aspira a aumentar su presencia con consolidación de la recuperada Ruta de la Seda hasta Europa y una reducción de la capacidad de suministro de ayuda militar a muchos países-

China tiene una estrategia de consolidación de su economía, su poder y su influencia distinta a la rusa. La dictadura china, al menos por el momento, es más estable a pesar de algunos datos socioeconómicos crecientemente preocupantes, el control del descontento es casi total y con paciencia va fortaleciendo sus capacidades militares sin abordar ninguna aventura de riesgo por el momento sin dejar de recordar su propósito histórico de incorporar Taiwán a la autoridad de Pekín.

China quiere mantener su alianza estratégica con Rusia, pero la inestabilidad provocada por la agresión rusa en Ucrania choca con muchos planes de Pekín. Hay que recordar que la Unión Europea es uno de los principales socios económicos y la incertidumbre económica creada por la guerra no favorece los negocios. Cómo gestionar a la vez todos estos elementos es el dilema de China.

Ucrania: un test para todos

La invasión rusa de Ucrania y la incertidumbre sobre cómo y cuándo se va a alcanzar un alto el fuego marcan, directa o indirectamente la realidad internacional. La guerra ha sorprendido a Europa en su relajada confianza ante la política exterior rusa (como lo está con respecto a China), aunque la guerra ha obligado a reaccionar y a comenzar una nueva etapa con una mentalidad nueva y ahí, por más que le pese a algunos, seguirá jugando un papel fundamental Estados Unidos, también cogido por sorpresa, y obligado a confirmar su liderazgo aunque tampoco esto entusiasme a algunos en aquel país.

En todo caso, la agresión de Putin ha demostrado que la política de defensa en Europa no ha sido suficientemente disuasoria, que una vez iniciada la agresión la acción ha tenido que limitarse a confiar en la única resistencia ucraniana con apoyo europeo aunque no demasiado para evitar una reacción rusa más extensa y que debe abandonarse  la ingenuidad hacia países cuya historia demuestra que nunca han dudado en asumir cualquier acción que exijan sus intereses nacionales.

Y esto también afecta a Estados Unidos, instalada desde hace décadas en la creencia de que el frente europeo estaba suficiente estabilizado y sin riesgos a medio plazo, lo que daba una oportunidad de volcarse en el Indo Pacífico y enfrentar el crecimiento de China en expansionismo, influencia y defensa y exportación de su modelo autoritario.

Ahora, sin rebajar un milímetro su estrategia asiática, Estados Unidos va a tener que volver a darle importancia a Europa, reforzar su presencia militar y política y aprovechar el susto y la alarma europea para reforzar alianzas y, sobre todo, impulsar la arquitectura estratégica y militar que tengan más capacidad de disuasión para nuevas aventuras de agresión de una Rusia resentida, necesitada de protagonismo y desconcertada ante las evidentes debilidades demostradas por su ejército en la campaña ucraniana.

Europa y China hablan con Ucrania en la mente

La reciente cumbre UE-China, celebrada online en medio de las incertidumbres de la guerra en Ucrania, no ha arrojado resultados claros aunque sí ha certificado que los puentes no están rotos y que los intereses económicos que unen a ambas potencias están sobreviviendo, pese a todo, a la convulsión provocada por Putin.

Ni Bruselas ni Pekín pueden prescindir de sus intercambios económicos que implican las inversiones en ambas direcciones y cierta colaboración en el desarrollo de proyectos tecnológicos avanzados, aunque esta colaboración no exime a Europa de observar la influencia china en las sociedades europeas y sus pasos tendentes a consolidar sus intereses nacionales y estratégicos que, obvio es decirlo, no se asientan ni sobre las normas europeas ni sobre valores democráticos.

La situación en Ucrania ha marcado las conversaciones. La UE ha trasladado a China que la evolución y el impulso de los negocios mutuos necesitan una mayor implicación china, entendida como un distanciamiento político de Moscú y acciones para hacer desistir a Putin de sus acciones criminales. China, por su parte, insiste en que sigue su propia vía que consiste, básicamente, en mantenerse de perfil, no romper con Moscú aunque tampoco volcarse en su apoyo y sostener un discurso hacia el exterior de que  hay que negociar la paz sobre la base de la soberanía y la integridad territorial de cada nación. Con eso Pekín espera a recoger los frutos que caigan del árbol sea cual sea el desenlace de la agresión rusa.

Durante décadas, la UE ha sido moderada con China, como lo fue con Rusia hasta la invasión y aún hay voces proclives a “entender” a Putin y tal vez la experiencia ucraniana ejerza de despertador. Hay indicios de un cambio hacia una postura menos ingenua, con más ambición y con mayor disposición a desarrollar una oolítica propia, con más medios y sin poner en cuestión los lazos trasatlánticos que, una vez más, se han revelado esenciales para reforzar la defensa europea, la resistencia ucraniana y las medidas para tratar de contener  el expansionismo soviético.