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Movimientos en Irán

Tras el decorado que forman los medios de comunicación que dictan los titulares de la actualidad internacional, marcada principalmente por los vaivenes del enfrentamiento comercial chino-estadunidense y las movilizaciones, cada vez más violentas, en Hong Kong, las protestan en Irán contra el régimen teocrático están pasando desapercibidas.

No es un asunto nuevo. Los últimos años existe un creciente malestar y una demanda de más libertades que ha dado en movilizaciones juveniles y urbanas, aplastadas cada vez por la policía iraní pero que no han dejado de influir en los enfrentamientos internos entre los duros que gobiernan y los más duros, apoyados en un sector de la jerarquía religiosa. La vuelta de las sanciones por las trampas en el acuerdo nuclear y la ruptura del mismo por Estados Unidos ha roto la esperanza de Teherán de mejorar la difícil situación económica.

Irán está poniendo sus esperanzas en el acercamiento a China propiciando por el enfriamiento de las relaciones de Pekín con Pakistán, como analiza esta semana Fernando Delage, y una importante inversión prometida por las autoridades chinas, aunque no parece que esto sea más que un parche, aunque no hay que desestimarlo.

Además, el régimen iraní está cada vez más comprometido en gastos militares en Siria y en Líbano a través de Hizbullah, además de los apoyos a la Yihad Islámica en Gaza, con éxitos relativos hasta el momento.

Este panorama es un test para Teherán cuya influencia den Yemen parece contenida y cada vez más dependiente de los apoyos y los intereses rusas en la región, que sueltan o recogen la cuerda de la presión sobre Teherán según las circunstancias.

China se mueve en el mar de Omán

China está mediando entre Irán y Estados Unidos para rebajar la tensión en Oriente Medio y concretamente en el mar de donde la agresión iraní a campos petrolíferos saudíes ha elevado mucho la tensión internacional. A la vez, la potencia asiática en coherencia con sus muchas caras diplomáticas participará, junto a navíos de guerra rusos e iraníes, en una maniobra naval frente al despliegue de británicos, estadounidenses y aliados árabes en la zona, tras los ataques a petroleros occidentales.

China necesita el petróleo de la región y la máxima estabilidad y, a la vez, juega a la subida de tensión junto a Irán para intentar llevar a Trump a hacer concesiones para un nuevo acuerdo con Teherán. Como guinda de esa estrategia conjunta, esta misma semana el presidente iraní Hasán Rohaní presentará en Nueva York, ante la ONU, una propuesta de acuerdo y buscará entrevistarse con Donal Trump a lo que, de momento, se niegan en la Casa Blanca.

El pulso iraní sería menos sin Moscú y Pekín al lado. Putin quiere consolidar su creciente influencia en la región y China quiere estar presente en primera línea de cada conflicto en su ascenso a la liga de potencias mundiales.

INFORME: Petróleo para la Eternidad. Ángel Enríquez de Salamanca Ortiz.

El programa nuclear de Irán se encuentra desde hace años en el punto de mira de todos los organismos internacionales. El gobierno iraní intenta tener capacidad propia y total de todo el ciclo nuclear, desde la minería hasta el procesamiento y, además, defiende que su programa nuclear va dirigido a fines civiles pero Europa y Estados Unidos, entre otros, consideran que la compra de tecnología nuclear tiene un único fin: construir la bomba atómica. Además, el Estrecho de Ormuz está en Irán, un estrecho por el que circulan más del 30% de los barriles que se mueven por el mundo en un solo día. Este estrecho es una salida al petróleo producido en Oriente Medio.

Irán:

Irán es un país situado en Oriente Medio que cuenta con unas reservas de petróleo de 158.000 millones de barriles, lo que supone el 10% del todo el crudo del mundo y el 13% de la reservas de la OPEP y se estima que es uno de los países más ricos en recursos naturales como gas natural, oro, plata o cobre.

El Tratado de No Proliferación Nuclear (TPN) entró en vigor en 1970, y prohíbe a todos los países desarrollar y poseer armamento nuclear. Solo los 5 países pertenecientes al Consejo de Seguridad de la ONU pueden tener armamento nuclear: Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China. El enriquecimiento de Uranio para la fabricación de la bomba atómica ha sido el motivo por el que Estados Unidos ha establecido sanciones contra Irán en las últimas décadas. En 2015, éste país se comprometió a parar su programa nuclear si se eliminaban las sanciones, el acuerdo lo firmaron Irán, EEUU, Rusia, Reino Unido, Francia, Alemania y China, es el llamado “Plan de Acción Integral Conjunto”, un pacto que no fue bien visto por el Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, porque Ahmadineyad declaró su enemistad con los judíos el mismo año que llegó a Teherán.

El desarrollo de la bomba atómica por parte de Irán (mayoritariamente Chiita) le podría dar más control sobre el estrecho de Ormuz, así mismo, ganaría influencia sobre Arabia Saudí, lo que podría provocar conflictos entre las dos ramas del Islam: Chiitas y Suníes. Estados Unidos perdería influencia en la zona, a través de Arabia Saudí, que es de mayoría Sunita. Por otro lado, Irán apoyó a Bashar Al–Ásad en la guerra civil Siria y, la Guardia Revolucionaria Iraní apoya a Yemen en su guerra con Arabia Saudí y, por si fuera poco, Iraq también es de mayoría Chiita y, acciones internacionales en conjunto, serían devastadoras internacionalmente, por lo que si Irán obtuviera la bomba atómica, pondría en jaque a Israel, Arabia Saudí, a toda la región y a Occidente, vía el estrecho de Ormuz.

Las relaciones entre EEUU e Irán sufrieron altibajos a partir de la Revolución Islámica de 1979. Alí Jamenei fue un claro defensor de los palestinos y, por lo tanto, opuesto a Israel (Aliado de Estados Unidos), pero el detonante fue Mahmud Ahmadineyad, que radicalizó el país y abogó por un mundo antisemita poco después de su llegada al poder en 2005, lo que no sentó nada bien a los Estados Unidos, y no solo por esto, sino también por financiar grupos terroristas. Fue entonces cuando Irán dio un impulso a su desarrollo nuclear, pudiéndose convertir en una amenaza para los países de la zona, como Arabia Saudí o Israel (aliados de EEUU).

En la resolución 1737 de 2006, el Consejo de Seguridad de la ONU estableció sanciones contra Irán por no dejar de enriquecer Uranio, lo que provocó inestabilidad en un país tan dependiente de las exportaciones de petróleo.

Hasta el año 2015, Irán vendía 1,8 millones de barriles al día a países como China o la India, pero, en 2015 llegó  el “Plan de Acción Integral Conjunto”, donde se eliminaron estas sanciones a Irán a cambio de una disminución drástica de enriquecimiento de Uranio, lo que provocó un aumento de las venta de petróleo iraní hasta los 3 millones de barriles al día:

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EEUU y Arabia Saudí han mantenido más o menos buenas relaciones diplomáticas desde mediados del siglo XX, gracias al acuerdo que firmó Roosevelt y el Rey Abdelaziz Bin Saud; Roosvelt ofrecía protección en la zona a cambio de petróleo.

Si tenemos en cuenta esto y las declaraciones de Alí Jamenei o Ahmadineyad en 2005, podemos entender las malas relaciones de EEUU con Irán, a pesar del acercamiento de Obama con el acuerdo del 2015.

Donald Trump ha criticado este acuerdo y ha insistido al resto de países a no comprar petróleo iraní, rompiendo el acuerdo firmado por Obama, con el objetivo de reducir las exportaciones de la República Islámica a cero, favoreciendo así a su aliado en la zona, Arabia Saudí.

Estados Unidos:

El presidente de EEUU, Donald Trump, anunció que dejaría de comprar petróleo Iraní, una decisión que afectaría a los ingresos y a las exportaciones del país. Trump también amenazó a otros países como China, India, Corea del Sur o Japón por mantener lazos comerciales con el país. China es el mayor comprador de petróleo de Irán y rechaza, tajantemente, la decisión del presidente de EEUU. Esta decisión unilateral del presidente americano ha sentado muy bien a los países vecinos, pues los países que no compren a Irán, podrían comprarlo, por ejemplo, al aliado americano, Arabia Saudí, pero si esto ocurriera, Irán podría cerrar el estrecho de Ormuz, provocando una crisis a países dependientes del petróleo como China, bloquear barcos ingleses o derribar drones, como ya ha ocurrido recientemente.

China:

Las relaciones entre China e Irán comenzaron hace más de 3 décadas y, a día de hoy, Teherán es altamente dependiente de China. Las necesidades energéticas de China ligado a los bajos costes de extracción de petróleo hacen que Teherán sea un socio en la zona muy importante, así como un socio estratégico para frenar la hegemonía de los Estados Unidos.

[Visualpolitk. https://www.youtube.com/watch?v=KsF6_Iv2l3A&list=WL&index=3]

El rápido crecimiento de China le obliga a demandar petróleo y, a pesar de las sanciones, el gigante asiático va a seguir importando petróleo Iraní, entre otras razones, por su bajo coste. Irán es un punto estratégico muy importante para China ante el proyecto más ambicioso del siglo XXI, la Nueva Ruta de la Seda. En 2017, China prometió 35.000 millones de dólares en financiamiento y préstamos, así como 10.000 millones de dólares para financiar proyectos de agua, energía y transporte. Esta Nueva Ruta de la Seda, que pasa por Irán, reduce el transporte de los 45-50 días por mar a los 14-15 por tierra. Gracias al nuevo tratado de Libre Comercio entre Irán y la EaEU, países como Armenia, Bielorrusia, Kazajistán o Kirguistán se podrían ver favorecidos de este proyecto chino.

La renovación de las vías por parte de Irán está atrayendo a empresas chinas, como la “China Railway Engineering Corp”, que está construyendo un tren de alta velocidad entre Teherán e Isfahan y otro que conectará Kermanshah y Khosravi, o la empresa “China Machinery Industry Corp”, que quiere conectar Teherán,  Hamedan y Sanandaj.

Con todo esto, China no va a dejar de comprar petróleo iraní y poco le importan las sanciones de Donald Trump.

[Fuente: Real Instituto Elcano: https://blog.realinstitutoelcano.org/en/global-spectator-the-new-silk-road-passes-through-iran/]

Conclusiones:

 

La bomba atómica es clave para que Irán pueda doblegar a sus enemigos y ganar adeptos en la zona. Es el segundo país con más reservas de Gas Natural del mundo y una posible alianza con Irak, ambos chiitas, pondría en serios apuros al resto del mundo; ambos países tendrían, aproximadamente, las mismas reservas de petróleo que Venezuela. Obviamente, si Irán desarrolla energía nuclear, Arabia y el resto de países harán lo propio para no quedarse atrás. El estrecho de Ormuz juega un papel clave  ya que junto con el de Malaca es el estrecho por donde más petróleo navega cada día. Bloquearlo provocaría un aumento del precio del petróleo con consecuencias negativas para Occidente y el resto de países.

Chiitas contra sunitas, chiitas y hutíes contra sunitas, chiitas contra judíos,  posibles alianzas entre Irán e Irak: guerras y alianzas por el control de la región más caliente del planeta.

El control de esta zona es crucial para la supremacía de estos países; Arabia Saudí, Irán, Irak, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Omán y Qatar tienen juntos unos 800.000.000.000 de barriles.

Quien domine esta región, tendrá reservas de petróleo para la eternidad. (Foto: Joshua K. McClain)

Ángel Enríquez de Salamanca Ortiz es Doctor en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Relaciones Internacionales en la Universidad San Pablo CEU de Madrid

www.linkedin.com/in/angelenriquezdesalamancaortiz

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

INTERREGNUM: Irán, China y el océano Índico. Fernando Delage

Las recientes tensiones en el Golfo Pérsico entre Irán y Estados Unidos, a las que hay que sumar los últimos incidentes entre Teherán y Londres, plantean un riesgo de escalada militar que algunos miembros de la administración Trump parecen empeñados en provocar. Pero un aspecto apenas considerado por los analistas es cómo China puede aprovecharse de la situación.

Desde la perspectiva de Pekín, en efecto, el Golfo Pérsico, el mar Arábigo y el océano Índico forman un mismo espacio marítimo en cuanto a la defensa de sus intereses. Y un instrumento clave en sus designios es el desarrollo del puerto de Gwadar en Pakistán, situado en la provincia de Baluchistán, fronteriza con Irán y Afganistán. A poco más de 600 millas náuticas del estrecho de Hormuz, por el que circula un tercio del petróleo mundial, Gwadar será el punto de destino del Corredor Económico China-Pakistán—a su vez eje decisivo en la iniciativa de la Ruta de la Seda—, en el que Pekín está invirtiendo 60.000 millones de dólares. Gwadar unirá ambos países mediante una tupida red de autovías, ferrocarriles y gaseoductos. Más allá de estas interconexiones, el puerto le ofrece una base logística de enorme valor estratégico. Si el conflicto entre Estados Unidos e Irán se agrava, Pekín querrá hacer de Gwadar una completa base naval.

Es una posibilidad coherente con los imperativos de seguridad chinos—la mayor parte del 70 por cien de sus importaciones energéticas proceden del Golfo—y con sus ambiciones de proyección de poder. La apertura de sus instalaciones militares en Yibuti fue solo por ello la primera fase de un gradual despliegue que hará de la República Popular una potencia marítima de primer orden. Así parece confirmarlo asimismo la noticia publicada por el Wall Street Journal la semana pasada, según la cual Pekín habría firmado un acuerdo secreto con el gobierno camboyano, por el que éste le otorga el uso exclusivo de la base naval de Ream, en el golfo de Tailandia, por un periodo de 30 años, con prórrogas automáticas sucesivas por otros 10 años.

Pese a los desmentidos oficiales, parece razonable concluir que China continúa avanzando gradualmente en el control de facto del mar de China Meridional, así como en el establecimiento de una red de puertos en el Índico que, además de reforzar la conectividad con el Pacífico Occidental, reducirá la vulnerabilidad china en unas aguas en las que Estados Unidos y sus aliados y socios—Japón e India en particular—pueden condicionar sus intereses económicos y de seguridad. Esa es también la opinión de la más reciente monografía sobre el tema, escrita por uno de los más veteranos corresponsales extranjeros en Asia, Bertil Lintner. En The Costliest Pearl: China’s Struggle for India’s Ocean (Hurst, 2019), Lintner describe de manera minuciosa las motivaciones detrás de este “redescubrimiento” por China del Índico, así como sus implicaciones geopolíticas regionales y globales. Una magnífica lectura de verano para los interesados.

La diplomacia variable de China

La actitud de China respecto al aumento de la tensión entre Irán y Estados Unidos es una demostración práctica del pragmatismo chino, sus esfuerzos por ganar protagonismo internacional y, a la vez, no caer en posturas que puedan incluirse formalmente el bloques cerrados e irreversibles.

China ha criticado que Irán esté aumentando las cantidades de uranio enriquecido hasta el punto de que darían pie a la sospecha de que el proyecto de rearme nuclear es más real y está mar cercano que lo que nunca se admitió. Al mismo tiempo, Pekín ha situado en Estados Unidos el origen de la crisis actual, como era de esperar.
China se abastece, en parte, de petróleo iraní y un conflicto que cerrara los estrechos a la salida de petróleo o aumente el bloqueo a las exportaciones iraníes sería un torpedo en la línea de flotación china. A la vez, el gigante asiático no puede ir mucho más allá defendiendo a Teherán porque quiere reducir la tensión con Estados Unidos y y no estropear los pasos, lentos pero sostenidos, de acercarse a Israel, al menos en el terreno económico. Aunque Rusia pase por ser un país cercano a China, Pekín no se siente cómodo con el reforzamiento de la influencia de Moscú en la región que la guerra de Siria y las dudas de Estados Unidos han proporcionado a Putin.
Así, Pekín, con pasos cortos, critica a Irán aunque sitúa la culpa en Estados Unidos, se ofrece para mediar entre ambas partes y mantiene la posición, lo que también es un mensaje a la Unión Europea, aparentemente paralizada ante la escalada como lo está ante el choque chino-estadounidense al respecto de los derechos tecnológicos. Toda una señal.

EEUU, en varios frentes

La Administración Trump parece haber acelerado, en parte como un paso en su estrategia para renovar mandato y, por otro lado, porque cree haber visto una ocasión propicia para mejorar posiciones.

Pero la realidad es que EEUU ha incrementado la presión sobre Irán en demanda de renegociar el tratado de desarme nuclear de Teherán, fortaleciendo las sanciones y moviendo parte de su flota a las costas iraníes. Por cierto, la fragata española que acompañaba, con otros buques de guerra europeos como escolta a los norteamericanos, ha sido retirada tras haber asumido su compromiso hace varias semanas y conociendo en qué consistía la misión.

Al mismo tiempo, tras haber comenzado a aplicar duras tarifas arancelarias a productos chinos para entrar en el mercado estadounidense, ha acogido la respuesta china de aplicar sus propios impuestos a productos de EEUU con suficiencia diciendo que EEUU gana ese pulso y anunciando un próximo encuentro entre los primeros mandatarios de ambos países para intentar un pacto. Y, como guinda a esa ofensiva, Pompeo y Putin se reunirán en Rusia para analizar todos los frentes, incluida Venezuela, y tratar de llegar a un acuerdo de mínimos por el que Rusia no impediría los pasos de Trump. Un plan ambicioso, pero ahí está.

Todo esto ha puesto muy nerviosos a los líderes europeos, a los que el secretario de Estado Pompeo ha informado en Bruselas, que, como siempre, piden con más énfasis prudencia a EEUU que freno a un Irán que amenaza con reanudar el rearme nuclear.

La inestable situación puede descontrolarse con cualquier incidente no previsto, pero una vez más, Europa no ofrece alternativas de liderazgo, sino que insiste en el apaciguamiento permanente de cualquier situación como fórmula retórica. Estamos en la misma situación de siempre pero cada vez con más riesgos.

Merkel, Pompeo…. Y Oriente Medio

Los últimos días han sido especialmente tensos a tres bandas: Europa, y en concreto Alemania, Estados Unidos y Oriente Medio con Irán como especial protagonista.

Todo empezó con la cancelación de dos encuentros sucesivos que se habían programado entre el secretario de Estados de EEUU, Mike Pompeo, y la primera ministra alemana Ángela Merkel, que expresó su malestar por las cancelaciones. Aunque las relaciones entre Estados Unidos y Alemania son tradicionalmente buenas, últimamente se han distanciado en dos asuntos: Venezuela e Irán.

En el primero de los casos, Alemania se muestra partidaria de impulsar un acuerdo político que dé paso a la celebración de elecciones con renuncia expresa y previa de Estados Unidos al uso de la fuerza mientras Estados Unidos, sin decirlo expresamente, sostiene que renunciar de antemano al uso de la fuerza es ampliar el margen de maniobra del presidente Maduro.

En relación con Irán, la situación es diferente, aunque contiene los mismos elementos, supuestamente tácticos, de fondo. El presidente Trump, como había prometido en su campaña electoral, anuló el acuerdo con Irán suscrito por el presidente Obama y la Unión Europea mediante el cual, Teherán obtenía el fin de las sanciones por su rearme nuclear si lo paralizaba diez años, no sufriría nuevas inspecciones internacionales y podría colocar su petróleo en los mercados. Trump quiere renegociar el acuerdo y que Irán se comprometa a parar definitivamente el rearme nuclear con inspecciones de verificación. Alemania, con importantes intereses comerciales en Irán, impulsa a Europa a mantener el acuerdo interior.  De hecho, todo parece indicar que la suspensión de la visita de Pompeo a Berlín para irse por sorpresa a Irak, tendría que ver con una amenaza de Irán sobre Israel tras el anuncio, ya hecho, de no asumir el compromiso de desprenderse del resto de uranio enriquecido que le queda y, supuestamente, reanudar el rearme.

EEUU y la UE siguen sin tener una política común de seguridad encajonada entre la dureza y lo que algunos analistas califican de defensa líquida de Europa. La realidad va a plantear más tests en estos términos. (Foto: Marco Verch)

Israel-Trump: cierta tensión con China al fondo

Hay tensión, de nivel bajo de momento, entre Jerusalén y Washington, aunque está pasando desapercibida. Y esta situación tiene que ver con el acercamiento entre Israel y China desde el pasado año. En octubre de 2018, Netanyahu y el vicepresidente de China, Wang Qishan, fueron los anfitriones de una conferencia de comercio e innovación de alto perfil en Jerusalén. Netanyahu anunció en ese momento que los dos países concluirían un acuerdo de libre comercio en 2019, y que China planea invertir fuertemente en infraestructura israelí, incluidos nuevos puertos y un tren ligero.

Este hecho ya llamó la atención de las autoridades estadounidenses que ven con preocupación el establecimiento de puertos directamente chinos o gestionados por empresas chinas a lo largo de la ruta de acceso del transporte occidental entre el Pacífico y el Atlántico. Puertos chinos en Pakistán; una base militar en Yibuti a las puertas del Mar Rojo; el proyecto de un nuevo puerto construido por China en Haifa, en la costa norte de Israel; la gestión del puerto de Nápoles, y las conversaciones para que empresas chinas entren en la administración de los puertos de Barcelona y Valencia son jalones en una estrategia que EEUU observa con precaución.
El mes pasado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió al primer ministro Benjamin Netanyahu que, si Israel no frena sus vínculos con China, su relación de seguridad con Estados Unidos podría sufrir. Se informó que mensajes similares han sido retransmitidos en los últimos meses por altos funcionarios de la administración de Trump, incluidos el Asesor de Seguridad Nacional John Bolton y el Secretario de Estado Mike Pompeo.
Porque además del puerto de Haifa hay una pretensión china de entrar en las telecomunicaciones en Israel, de momento frenada tras un informe del servicio interior de inteligencia, el Shin Bet, por temor a la penetración de inteligencia china a través de su tecnología. Hay que recordar que en Israel hay instalaciones conjuntas de EEUU e Israel para control del espacio radioeléctrico, entre otras cosas. Donald Trump reestableció una relación con Netanyahu, que se había deteriorado en tiempos de Obama. El primer ministro israelí y el anterior presidente discrepaban en numerosos asuntos, aunque entre las dos administraciones los lazos siempre han sido sólidos.
Pero la situación es nueva. China quiere estar en todos los países que pueda y llega con dinero y proyectos generosos, esa es su forma de entrar. Pero en Israel, como en Europa, las tecnologías informáticas chinas han encendido alarmas y planteado la duda sobre la bondad de algunos contratos y alianzas. Además, en aquella región, con presión terrorista sobre Israel y Rusia fortaleciendo posiciones a pocos metros de la frontera israelí con Siria e Irán como aliados, cualquier movimiento de este tipo puede ser un tsunami. China sigue ganando protagonismo con su estrategia pragmática y cada vez es menos prescindible en cualquier zona del planeta. Ese es el dato. (Foto: Zsolt Varga)

Moscú, Jerusalén y más.

El acercamiento, cauteloso y con desconfianza pero acercamiento al fin y al cabo, entre Rusia e Israel reflejan con toda claridad el error estratégico de Estados Unidos con su renuncia a encabezar el protagonismo occidental en Oriente Medio iniciada por Obama y continuada por Trump. Este pasado fin de semana, Netanyahu y Putin han pactado que Israel no pondrá ningún reparo a la ocupación de hecho de Siria por parte de Rusia y la contención, por parte de Moscú de Irán, aunque Putin aceptará, también de hecho, ataques israelíes a fuerzas iraníes si éstas traspasan los límites que Rusia tratará de imponer.

“Dejé bien en claro que no permitiremos un atrincheramiento militar iraní y que continuaremos actuando militarmente contra él”, dijo el primer ministro israelí tras la reunión. “La idea es crear un organismo de trabajo que maneje la normalización final después de que los últimos focos de terrorismo sean sometidos, involucrando a todos los interesados: el liderazgo de la República Árabe Siria, tal vez la oposición, otros países de la región y todas las partes involucradas en este conflicto”, precisó. Y añadió, confirmando la aceptación del proyecto ruso de arbitrar la situación manteniéndose firme en la zona: “Entre otras cosas, se trataría de la plena restauración del Estado sirio, con su integridad territorial intacta”, de lo cual “hemos hablado durante mucho tiempo y es totalmente consistente con la posición rusa”.

Así pues, Rusia será la protagonista del realineamiento estratégico en el que Israel tratará de encontrar un doble escudo: conseguir cierta protección de Moscú y, a la vez, reforzar su capacidad de disuasión con su fuerza militar frente al bloque chíi de Irán y Hizbullah.

Pero no hay que olvidar que hay otro campo, el sunní, aglutinado bajo el liderazgo saudí por la amenaza iraní que mira hacia Estados Unidos y con quienes Israel mantiene relaciones cada vez más públicas.

Esas son las piezas que Estados Unidos parece no saber encajar en un solo tablero. (Foto: Edgardo W. Olivera)

Europa, cumbre a cumbre

Dos cumbres europeas en la última semana, en Varsovia y Munich, han marcado el terreno de los límites de la política exterior de la Unión Europea, la alianza trasatlántica con Estados Unidos y la recomposición estratégica de Asia Central y Oriente Próximo. Dos cumbres de importancia que no deben quedar fuera de la lupa de los observadores de la escena internacional.

Por un lado, en Varsovia, se ha evidenciado un cambio de enorme profundidad y relevancia en la política exterior de países árabes como los Emiratos y Arabia Saudí que es la aceptación cada vez más clara, pasando del secreto a la discreción y haciendo ya los primeros actos públicos, de Israel como Estado y de acercamiento entre sus políticas exteriores. Este cambio, catalizado por los avances de Irán, que amenazan tanto a Israel como al Islam sunní y a los países que lo sustentan, puede provocar una recomposición de alianzas en toda la región, sin olvidar la alianza discreta de Egipto con Israel en asuntos de seguridad frente a un terrorismo, paradójicamente sunní pero alentado por Irán, que desafía a ambas naciones.

La prueba de lo que este cambio significa está en las reacciones de Hamás (sunníes palestinos con apoyo financiero de Irán) y de Hizbullah (chíies libaneses con apoyo financiero y militar de Irán, desplegados también en Siria en apoyo de Al-Assad) que han denunciado la “debilidad” de países árabes al aceptar “al sionismo”.

Y la otra cumbre, en Munich, específicamente convocada para hablar de seguridad y con asistencia protagonista de Estados Unidos, ha sentido los ecos de Varsovia y el protagonismo iraní. Trump defiende que la UE se alinee claramente con Estados Unidos y rompa el acuerdo que el propio Obama firmó con Teherán sobre la contención nuclear. Esto, que es una proyección del acercamiento árabe israelí y un deseo de aislamiento de Irán, es rechazado por Alemania que ha sugerido una propuesta a China para que se sume al acuerdo actual.

Europa necesita una política exterior propia sin poner en riesgo las relaciones con Estados Unidos. Y esto es lo que no acaba diseñarse por la diferencia de intereses nacionales, viejos prejuicios, los errores proteccionistas de Trump y la presión de Putin en el Báltico intentando abrir más las contracciones entre Bruselas y Washington. Pero es indudable que la UE ha puesto el asunto en su agenda, lo cual es ya un avance.