Cueva

Catástrofes y política

Thailandia es un país clave en la península indochina, ha sido aliado de Occidente en los momentos más convulsos de las turbulencias de la región y, por estas y por otras razones ha estado sometido a procesos de desestabilización muchas veces por errores internos. Precisamente esta historia ha dibujado un país gobernado por una monarquía más o menos constitucionalizada y tutelado por las sucesivas cúpulas militares cuyo reflejo hacia el autoritarismo inspirado en la doctrina de una seguridad nacional en emergencia en medio de guerras en Vietnam, Camboya y Laos y graves crisis en Birmania, los países vecinos. A esto hay que añadir la aparición de terrorismo islamista en el sur del país, alterando no sólo la estabilidad sino el turismo, la industria que supone gran parte del PIB del país.

Los últimos años se han caracterizado por las grietas aparecidas en la cúpula de poder estimuladas por las revueltas inspiradas por minorías budistas que han logrado movilizar a sectores jóvenes de la población reclamando más libertades civiles.

En este escenario, la situación creada por el suceso de la gruta en la que han quedado atrapados doce jóvenes componentes de un equipo de fútbol y su entrenador ha situado al país, sus fuerzas armadas y sus servicios de emergencia en primer plano y bajo la lupa internacional.

Y Thailandia, al menos de momento, ha sabido hacer las cosas. Ha logrado una gran eficiencia localizando y tomando las primeras medidas. Ha logrado un sorprendente, amplio y discreto apoyo internacional y ha culminado con un éxito por encima de las estimaciones la primera parte del rescate.

Seguramente, el régimen va a aprovechar esos éxitos para ofrecer una imagen del país distinta de las que ofrecen algunos medios de comunicación y sectores de la oposición, porque en el contexto internacional, con el creciente protagonismo chino y la aparición de nuevos conflictos regionales, se exige más protagonismo de Thailandia, un protagonismo sin sombras que ofrezca a Occidente un socio de garantías. Todo eso está detrás de la gran operación de rescate. (Foto: Lili González, Flickr)

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