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Rusia recuerda su presencia asiática

El encuentro entre el líder norcoreano, Kim Jong-un, y el presidente ruso, Vladímir Putin, revela que Corea del Norte está hace tiempo cambiando sus tradiciones y dándole a las relaciones exteriores y las maniobras diplomáticas una importancia que hasta hace poco despreciaba. Para el lider norcoreano, seguir rompiendo el cerco en el que él mismo se encerró es importante en una época de presión a través de sanciones económica y para el presidente ruso es fundamental enviar el mensaje de que su país no es una potencia ajena a la zona y, además, cuenta con la influencia y la potencia suficiente como para tener protagonismo.

Sin duda este encuentro no opaca el papel esencial de China y, además, aparentemente en mensaje de Putin a su colega norcoreano es mantener una vía de diálogo con Estados Unidos y Corea del Sur y aceptar el principio de desnucleraización al que sigue poniendo reparos. Probablemente por eso, el propio presidente Trump ha agradecido públicamente a Putin sus esfuerzos. Sin embargo, el presidente norteamericano no debería caer en la ingenuidad, y es difícil que sea así, de considerar el gesto ruso como una iniciativa sin profundidad. Rusia quiere tener la fiesta en paz con China mientras refuerza su presencia en las repúblicas centro asiáticas ex soviéticas, por donde discurre la nueva ruta de la seda terrestre, y el estrechamiento de lazos con ambas Coreas es una maniobra estratégica de envergadura.

La cubre Kim-Putin, pues, debe ser observada con atención y ver los próximos pasos, aunque, probablemente, Rusia será un acicate más a la firma de un acuerdo con Estados Unidos. Moscú no quiere una elevación de la tensión en la zona, entre otras cosas porque en estos momentos no está en situación de aprovecharla.

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Afganistán: o ceguera o faltan datos

La política exterior y de seguridad de los EEUU de Donald Trump, o es errática o responde a claves desconocidas pero se parece bastante a un troceamiento de los problemas para darle soluciones distintas en cada caso, sin tener en cuenta intereses globales y considerando que resolver el corto y medio plazo es lo mejor para los intereses nacionales de Washington sin importar las consecuencias a un plazo más largo. Si esto es así y no tiene una lógica secreta, es justo todo eso lo que parecía la política de Obama, por ejemplo respecto a la contención de Irán y su programa nuclear y de lo que fue acusada por Trump.

Afganistán es un buen ejemplo de esto. La Administración Trump ha heredado un viejo plan de Obama de buscar al sector “moderado” del movimiento talibán y tratar de llegar con él a un acuerdo posibilista y de estabilidad al que pudieran sumarse al menos algunos de los señores de la guerra sobre los que se sustenta el frágil Gobierno de Kabul. La Administración Obama apenas pudo avanzar en esta dirección porque varias matanzas a manos de los propios talibanes lo hicieron imposible, al margen de que, a la vez, irrumpieron en la escena afgana el Daesh y se registró algún atentado autónomo de Al Qaeda. Esta es la situación en estos momentos. Precisamente sobre esta base, los asesores de Trump quieren ofrecer a un sector de los talibanes un acuerdo de alto el fuego, autonomía en algunas zonas y participación en la gestión del país a cambio de combatir al islamismo del Daesh y Al Qaeda.
La situación es compleja y hay parámetros que no parecen tener en cuenta los estadounidenses. En primer lugar, no se puede deslindar la situación afgana de la de Pakistán, otra vez en estado de tensión con India, en crisis interna y con una parte importante de su población de etnia pastún, que se extiende a uno y otro lado de la frontera con Afganistán y que constituyen una parte importante de la base social de los taliban. Y a eso se podría añadir el separatismo de Beluchistán, el protagonismo de China en el país y en la región y el siempre existente interés ruso, sin olvidar que Irán es el vecino occidental de Afganistán. Y a todo eso opone Trump un acuerdo con concesiones a los talibán que permita replegar a gran parte de las tropas norteamericanas que está hoy sobre el terreno. Lo dicho, o faltan datos o sobra ceguera. (Foto: Beth Bowman)
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Israel-Trump: cierta tensión con China al fondo

Hay tensión, de nivel bajo de momento, entre Jerusalén y Washington, aunque está pasando desapercibida. Y esta situación tiene que ver con el acercamiento entre Israel y China desde el pasado año. En octubre de 2018, Netanyahu y el vicepresidente de China, Wang Qishan, fueron los anfitriones de una conferencia de comercio e innovación de alto perfil en Jerusalén. Netanyahu anunció en ese momento que los dos países concluirían un acuerdo de libre comercio en 2019, y que China planea invertir fuertemente en infraestructura israelí, incluidos nuevos puertos y un tren ligero.

Este hecho ya llamó la atención de las autoridades estadounidenses que ven con preocupación el establecimiento de puertos directamente chinos o gestionados por empresas chinas a lo largo de la ruta de acceso del transporte occidental entre el Pacífico y el Atlántico. Puertos chinos en Pakistán; una base militar en Yibuti a las puertas del Mar Rojo; el proyecto de un nuevo puerto construido por China en Haifa, en la costa norte de Israel; la gestión del puerto de Nápoles, y las conversaciones para que empresas chinas entren en la administración de los puertos de Barcelona y Valencia son jalones en una estrategia que EEUU observa con precaución.
El mes pasado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió al primer ministro Benjamin Netanyahu que, si Israel no frena sus vínculos con China, su relación de seguridad con Estados Unidos podría sufrir. Se informó que mensajes similares han sido retransmitidos en los últimos meses por altos funcionarios de la administración de Trump, incluidos el Asesor de Seguridad Nacional John Bolton y el Secretario de Estado Mike Pompeo.
Porque además del puerto de Haifa hay una pretensión china de entrar en las telecomunicaciones en Israel, de momento frenada tras un informe del servicio interior de inteligencia, el Shin Bet, por temor a la penetración de inteligencia china a través de su tecnología. Hay que recordar que en Israel hay instalaciones conjuntas de EEUU e Israel para control del espacio radioeléctrico, entre otras cosas. Donald Trump reestableció una relación con Netanyahu, que se había deteriorado en tiempos de Obama. El primer ministro israelí y el anterior presidente discrepaban en numerosos asuntos, aunque entre las dos administraciones los lazos siempre han sido sólidos.
Pero la situación es nueva. China quiere estar en todos los países que pueda y llega con dinero y proyectos generosos, esa es su forma de entrar. Pero en Israel, como en Europa, las tecnologías informáticas chinas han encendido alarmas y planteado la duda sobre la bondad de algunos contratos y alianzas. Además, en aquella región, con presión terrorista sobre Israel y Rusia fortaleciendo posiciones a pocos metros de la frontera israelí con Siria e Irán como aliados, cualquier movimiento de este tipo puede ser un tsunami. China sigue ganando protagonismo con su estrategia pragmática y cada vez es menos prescindible en cualquier zona del planeta. Ese es el dato. (Foto: Zsolt Varga)
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Amistades peligrosas

Las relaciones Unión Europea-China están marcadas en este momento por la necesidad de entenderse como socios estratégicos, pero también por las tensiones que han emergido del interés chino por invertir en infraestructuras clave europeas y por las reticencias que suscita la compañía tecnológica Huawei en ciberseguridad. Este es el aspecto más subrayado por los expertos.

La transferencia forzada de tecnología a China, los subsidios industriales que ese país mantiene o las dificultades para que reconozca la protección de indicaciones geográficas europeas son algunos de los asuntos que complican, insistes desde Bruselas.

No es fácil para la UE hacer frente al reto que supone esta situación. China tiene en sus manos parte de la deuda de países europeos y, a la vez, países europeos tienen intereses económicos importantes en el mercado chino. Hay empresas multinacionales, alguna española, por cierto, que quitan importancia al peligro tecnológico resaltando la teórica rentabilidad de los productos chinos y hacen presión a los gobiernos para que no tome decisiones drásticas.

Hoy el concepto de soberanía ha cambiado, aunque no ha sido abolido. Los intereses nacionales existen y ganan importancia con nuevos instrumentos a su servicio, pero, paralelamente, en algunos países europeos se hacen oídos sordos a esta esencial cuestión de fondo y solo resolviéndola y estableciendo doctrina al respecto pueden tomarse las grandes decisiones, establecer prioridades, elegir aliados, aunque sea solo en algunas cosas y evaluar riesgos. Eso sigue pendiente.

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China gana espacio

China está mediando entre Pakistán e India para aliviar la tensión de los últimos meses en Cachemira y aspira a un nuevo tratado que releve el tenso estatus quo de los últimos setenta años y el que Pekín sea el árbitro de referencia.

El último incidente fronterizo, uno de los más graves desde la última guerra indo-pakistaní que dio origen a la independencia de lo que era Pakistán Oriental con el nombre de Bangladesh, alertó a China, que puede verse atrapada en una guerra entre potencias nucleares en una región en la que tiene fuerzas militares y un conflicto propio, de límites fronterizos, con India. Pero, a la vez, ha visto una oportunidad de figurar como padrino y fortalecer su posición en la región.

No hay que olvidar que, además, en julio de 2017, por ejemplo, hubo un incidente territorial entre soldados chinos e indios en Doklam, cerca de las fronteras de la India, China y Bután. Las dos potencias casi llegaron a un enfrentamiento debido a las acusaciones de que el gobierno chino estaba construyendo una carretera dentro del territorio del aliado indio, Bután. Cerca de allí, China también realizó simulacros de fuego real con tropas de combate.

Pero una cumbre entre el presidente de China, Xi Jinping, y el primer ministro de la India, Narendra Modi, en abril de 2018, ayudó a que las relaciones volvieran a ser positivas.

Pero no se trata solo de que China comparta frontera con la región disputada de Cachemira; China tiene estrechos vínculos económicos, diplomáticos y militares con Pakistán, por lo que es uno de los aliados más cercanos de la nación en la región.

De fondo está el conflicto con los uigures que China, a pesar de la creciente represión, no logra estabilizar. Los uigures son musulmanes sunníes en su mayoría y, por lo tanto, con lazos espirituales con Pakistán y las repúblicas centro asiáticas y China tiembla ante la perspectiva de un gran conflicto con elementos religiosos.

En su tradición pragmática y de oportunismo, China trata de hacer de la necesidad virtud y de una crisis una oportunidad. Y en ese escenario están actuando para ganar espacio político. (Foto: Tal Bright)

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Europa y China, grietas en el escenario

La visita del presidente chino, Xi Jinping, a Europa está permitiendo visualizar algunos cambios, al menos en el escenario, en las relaciones de la Unión Europea con Pekín. Y estos cambios afectan tanto en el endurecimiento de algunos países en la relación con China sino en el acercamiento claro de otros al país asiático.

En el segundo caso está Italia, que, con sus acuerdos con China, aunque no han hablado, al menos oficialmente, de los desafíos tecnológicos a la seguridad de la UE, ha suscitado la desconfianza y el recelo de la propia Unión y fundamentalmente de Francia y Alemania. La combinación en Italia del discurso euroescéptico y de primacía de sus aparentes intereses nacionales a corto plazo no sólo está debilitando la UE sino introduciendo variables que pueden volver la situación cada vez más incontrolable.

Del otro lado, desde el que quiere repensar las relaciones con China marcándole a Pekín el terreno y definiendo intereses estratégicos más firmes de la UE, Macron se está erigiendo en líder de esa estrategia de contención.

No es fácil el papel. La capacidad de inversión de China, su dinamismo innovador, sus avances tecnológicos con el apoyo del aparato de Estado y sin respeto real a las leyes del mercado ni normas legales que le crearían problemas constituyen señuelos seductores para una Europa que ha venido perdiendo pulso y abandonándose a una inactividad alejada de conflictos. Por eso se han combinado los nuevos gestos de dureza con el anuncio de un macro contrato con Airbus, negociado semanas antes, en medio de la crisis de confianza en la seguridad de Boeing.

Ese es el escenario. O los negocios a corto plazo y el desprecio a las decisiones colectivas del modelo italiano o el modelo multilateral, en el que no debemos olvidar que prima el interés de Francia y su industria, pero que define un  marco común y un comienzo de decisión estratégica nueva. (Foto: Marco Zak)

union europea y china

Bruselas descubre China

La Unión Europea recibirá el próximo 9 de abril a la delegación china para una reunión en la cumbre en Bruselas con la advertencia de que toma nota de que el país asiático es un competidor en todos los terrenos a tener en cuenta.

Como señalan los expertos, Bruselas ha comprendido con cierto retraso en relación con los Estados Unidos, el reto que supone China en el terreno económico, en el tecnológico y en el estratégico, apoyada en un poder interno total, adaptado sin filtros a sus intereses nacionales y su gobierno autoritario y con un pragmatismo sin muchos escrúpulos.

Pero ahora falta que, de ese descubrimiento estratégico se deriven decisiones políticas, lo más coordinadas posibles, para hacer frente a ese reto. Hay que recordar que en Europa hay países con intereses y perspectivas comerciales distintas en relación con China y que, a la vez, este país posee una importante cantidad de títulos de deuda de países europeos que aumentó en los años de la crisis. Para definir su política, la Unión Europea debe tener en cuenta estos elementos con los que China ha jugado, juega y jugará como elementos de presión y de división.

 El desafío chino pondrá también sobre la mesa las vulnerabilidades europeas. Los críticos al erróneo y anticuado proteccionismo de la Administración Trump tendrán que reconocer que la UE es ya proteccionista en numerosas áreas económicas en teórica defensa de sus intereses y que algunas de las peticiones de medidas contra China discurren por la vía de impulsar un nacionalismo europeo poco definido y mas populista que efectivo.

Y también quedarán al descubierto las dificultades para adaptar una barrera cohesionada frente a la tecnología china capaz de competir en precios, penetrar las redes de las sociedades abiertas como mecanismos para competir, controlar y  obtener ventajas comerciales y de seguridad estratégicas, y seguir poniendo piezas en el tablero mundial en detrimento de las sociedades de mayos bienestar.

Kashmir

Cachemira, un test permanente.

La reciente escaramuza entre India y Pakistán, pone de manifiesto el estrecho margen en el que se mueven los gobiernos pakistaníes, la inestabilidad permanente de Cachemira como contencioso pendiente y altamente explosivo desde la independencia de India y la creación de Pakistán y la creciente dependencia de la estabilidad regional en aquella zona de las políticas china y rusa.

Es difícil que el conflicto se convierta en regla abierta entre dos países que poseen armas nucleares, pero la historia ha demostrado en varias ocasiones que en los conflictos de alta intensidad latente basta a veces un hecho inesperado o un error de cálculo para que se salga de control.

Pakistán se mueve entre la necesidad de reprimir el terrorismo islámico, como ha demostrado la importante operación de la semana pasada, y la de respetar acuerdos y compromisos que, en la práctica le llevan a tolerar ciertas actividades, a partir de las cuales, además, juega algunas de sus armas diplomáticas. Así sucede, por ejemplo, con el talibán y la protección de un sector de ellos en relación con la población pastún.

Tras la agudización del conflicto en Afganistán, Pakistán tuvo que poner buena cara a occidente sin alterar mucho sus relaciones internas de poder y especialmente dentro del ISI, la gran agencia de inteligencia del país, con importantes complicidades con grupos islamistas. Pero el paso del tiempo ha cambiado muchas cosas. China ha estrechado sus lazos con Pakistán y se ha convertido en uno de los grandes inversores en el país que ha ganado importancia estratégica como paso hacia el Asia Central y como ruta de salida hacia el Índico y retaguardia de la flota china hacia occidente. Y Rusia, por su parte, aliado tradicional de India no tiene el menor interés en un conflicto de alta tensión. Y Estados Unidos, por cierto, perdiendo influencia regional y Europa es, apenas, una fuente de negocios con reducida capacidad de presión. (Foto: Richard Weil, Flickr)

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Moscú, Jerusalén y más.

El acercamiento, cauteloso y con desconfianza pero acercamiento al fin y al cabo, entre Rusia e Israel reflejan con toda claridad el error estratégico de Estados Unidos con su renuncia a encabezar el protagonismo occidental en Oriente Medio iniciada por Obama y continuada por Trump. Este pasado fin de semana, Netanyahu y Putin han pactado que Israel no pondrá ningún reparo a la ocupación de hecho de Siria por parte de Rusia y la contención, por parte de Moscú de Irán, aunque Putin aceptará, también de hecho, ataques israelíes a fuerzas iraníes si éstas traspasan los límites que Rusia tratará de imponer.

“Dejé bien en claro que no permitiremos un atrincheramiento militar iraní y que continuaremos actuando militarmente contra él”, dijo el primer ministro israelí tras la reunión. “La idea es crear un organismo de trabajo que maneje la normalización final después de que los últimos focos de terrorismo sean sometidos, involucrando a todos los interesados: el liderazgo de la República Árabe Siria, tal vez la oposición, otros países de la región y todas las partes involucradas en este conflicto”, precisó. Y añadió, confirmando la aceptación del proyecto ruso de arbitrar la situación manteniéndose firme en la zona: “Entre otras cosas, se trataría de la plena restauración del Estado sirio, con su integridad territorial intacta”, de lo cual “hemos hablado durante mucho tiempo y es totalmente consistente con la posición rusa”.

Así pues, Rusia será la protagonista del realineamiento estratégico en el que Israel tratará de encontrar un doble escudo: conseguir cierta protección de Moscú y, a la vez, reforzar su capacidad de disuasión con su fuerza militar frente al bloque chíi de Irán y Hizbullah.

Pero no hay que olvidar que hay otro campo, el sunní, aglutinado bajo el liderazgo saudí por la amenaza iraní que mira hacia Estados Unidos y con quienes Israel mantiene relaciones cada vez más públicas.

Esas son las piezas que Estados Unidos parece no saber encajar en un solo tablero. (Foto: Edgardo W. Olivera)

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A varias bandas

En las horas previas a la II Cumbre entre Donald Trump y Kim Jong-un, China y Estados Unidos han acercado posiciones en su guerra comercial sobre los aranceles. Aunque aún no hay acuerdos, han decidido no buscar un acuerdo global de momento sino avanzar hacia convenios parciales admitiendo la posibilidad de aplazar la fecha que se dieron (el 1 de marzo) como límite para negociar.

Ganar tiempo viene bien a ambos países y para alejar cualquier sospecha de concesiones, la Casa Blanca ha filtrado que hay “avances sustanciales”. Da la sensación de que esto, en parte, es cierto, pero varios expertos sugieren que esto está en estrecha relación con el escenario coreano en el que, en Estados Unidos, se dan por hecho un avance, esta vez real, en el proceso de desnuclearización, una reducción significativa de las fuerzas militares estadounidenses en Corea del Sur, un paquete de incentivos occidentales unido a un levantamiento de sanciones y la elevación del rango de relaciones entre EEUU y Corea del Norte.

Mientras tanto, en medio de la disputa, Rusia ha logrado abrir hueco a algunos de sus productos en el mercado chino, para suplir parte de lo que hasta ahora habían sido suministros norteamericanos.

En todo caso, los próximos meses van a ser intensos para desarrollar los acuerdos que se alcancen en Vietnam, encauzar las relaciones comerciales entre China y Estados Unidos y seguir actuando a la vez en otros frentes conflictivos.