Extradición de un alto ejecutivo chino, la nueva diplomacia de Washington. Nieves C. Pérez Rodríguez

En diciembre del 2018 la Administración Trump solicitaba la extradición de Meng Wanzhou, directora financiera de tecnología de Huawei, la multinacional china especializada en móviles y en alta tecnología. Todo comenzó en agosto del 2018 cuando un tribunal de Nueva York emitía una orden de arresto para que Meng fuera juzgada en los Estados Unidos como alta ejecutiva de la gigante china debido a que sobre Huawei recaen cargos de “violación de sanciones estadounidenses en contra de Irán y conspiración para robar secretos comerciales”.

Huawei es la compañía de telecomunicaciones más grande del mundo y la segunda que más móviles de nueva generación vende, de acuerdo con Forbes. Fue fundada en 1987 por Ren Zhengfei, exmilitar chino y padre de la actual directora financiera, quién se encontraba en Vancouver cuando fue detenida por las autoridades canadienses en el momento en que se disponía a cambiar de avión para continuar con un viaje.

Desde ese momento se ha encontrado en arresto domiciliario en una residencia propia que tiene en la ciudad canadiense y con grillete electrónico que lleva atado a un tobillo.  Y desde allí se traslada a los tribunales que llevan su caso.

La solicitud de la extradición de Meng Wanzhou fue en su momento un giro diplomático importantísimo, que no tiene precedentes pues Meng forma parte de una de las familias más influyentes y poderosas en China, que seguramente cuenta con acceso directo a Xi Jinping. Otro elemento curioso de la detención fue la discreción con la que se manejó el hecho durante los primeros días, ya que ninguno de los Estados involucrados se manifestó inmediatamente, ni tampoco se filtró a la prensa sino pasado varios días de haber tenido lugar la captura a manos de la policía canadiense.

Ni la Casa Blanca ni tampoco el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, se manifestaron al respecto; por el contrario, hubo un intento de distanciamiento de la situación. Sin embargo,

China respondió apresando a dos ciudadanos canadienses (Michael Kovring y Michael Spavor),  hombres de negocios, aunque el segundo es además un exdiplomático. Y ambos fueron acusados de “espiar secretos nacionales y proporcionar inteligencia a entidades externas”

El sistema judicial chino está completamente controlado por el PC chino y de acuerdo con la BBC cuenta con una tasa de condenas de casi el 100% una vez que se acusa al imputado.

Beijing también ha bloqueado la exportación de algunos productos canadienses como parte de su descontento. Un caso curioso fue una carga de canola que al llegar a puerto chino fue acusada de tener plagas peligrosas de acuerdo con el gobierno chino. O en junio del pasado año fueron suspendidas todas las exportaciones de carne de cerdo provenientes de Canadá.

Paralelamente los abogados de Meng han solicitado incansablemente a las cortes canadienses que la información de la acusación se haga pública pero las cortes alegan que hay información que compromete la seguridad nacional por lo que no lo han hecho.

A finales de mayo de este año un juez de la Corte Suprema de Vancouver dictaminó que los cargos contra Meng cumplían con el estándar legal de “doble criminalidad”, lo que significa que podrían considerarse delitos tanto en Canadá como en los Estados Unidos. A esa acción una vez más Beijing respondió amenazando con sentenciar a los dos hombres de negocios que habían sido apresados al principio de esta saga.

Meng está clasificada legalmente como fugitiva de la justicia estadounidense por lo que la extradición, elemento que desencadenó todo este proceso, tenía sentido legal y es precisamente lo que ha venido discutiendo los abogados de la ejecutiva de Huawei, pues ellos no quieren que sea extraditada a Estados Unidos y menos juzgada por tribunales estadounidenses.

En este momento se está negociando un acuerdo “de procedimiento diferido” entre los fiscales estadounidenses y los abogados de la ejecutiva china, que consiste en que Meng podría admitir algunas de las acusaciones que se le imputan y con ello se le permitiría retornar a China. De acuerdo con Reuter, este tipo de acuerdo se suele conceder a empresas y en raras ocasiones a individuos, aunque de momento todo apunta a que es poco probable que se materialice.

La Administración Trump ha sido persistente en su lucha contra los abusos chinos y en el caso concreto de la construcción del 5G ha sido aún más enfática. Ha desplegado una campaña internacional de advertencia de las consecuencias de que la plataforma 5G esté en manos del PC chino y lo que eso significa para la seguridad de las naciones. La pandemia ha dejado ver las vulnerabilidades del mundo más que nunca, especialmente ha desenmascarado al gobierno chino en su afán por encubrir inicialmente el brote del Covid-19 y posteriormente cómo ha encubierto las cifras de afectados, lo que es evidencia de su modus operandi y la poca transparencia en su gestión y hacia el resto del mundo. 

Muchos países han despertado a la auténtica cara de Beijing y ahora más que antes empiezan a entender el peligro de una dependencia total, incluida la tecnológica, de China.

THE ASIAN DOOR: Con el 5G regresa el mundo bipolar. Águeda Parra

La geopolítica de la tecnología que se plantea en la Unión Europea como consecuencia de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, y en la que se ha visto inmerso Huawei, plantea un escenario donde los países miembros tendrán que tomar múltiples decisiones durante 2020. Las alianzas en cada bloque se mantienen muy igualadas entre aquéllos que siguen la recomendación de vetar a Huawei, y los que mantendrán sus despliegues 5G sin cambiar de proveedor, demostrando que la Unión Europea no habla con una única voz al no disponer de un mercado único de telecomunicaciones.

El posicionamiento de Huawei en Europa y la diplomacia china están resultando ser una herramienta decisiva para aquellos países que en 2019 tomaron una decisión desfavorable frente al veto a Huawei. El dominio del fabricante chino Huawei en el mercado de Asia Pacífico y Europa le ha conferido el liderazgo en el mercado mundial de proveedores de telecomunicaciones llegando a alcanzar una cuota del 28,6%, según Bloomberg. Sin embargo, la geopolítica de la tecnología ha desplegado su poder y 2020 puede dar un vuelco significativo al liderazgo mundial que disfruta actualmente el fabricante chino.

La ciberseguridad en las redes 5G se ha convertido en cuestión prioritaria en la recomendación de la Comisión Europea, cuyo documento final recoge las aportaciones de los expertos de cada país. La directriz general ha sido apostar por la diversificación de suministradores y la redundancia de equipos críticos, en la misma línea de la propuesta realizada por España a la Comisión Europea. Una recomendación que, sin embargo, no ha servido para sentar una posición común en las estrategias de despliegue de cada país.

La revolucionaria evolución tecnológica del 5G generará un salto evolutivo diferencial en las capacidades de las redes, favoreciendo un mayor desarrollo socioeconómico entre usuarios y empresas que el impacto que produjo la incorporación de tecnologías anteriores como el 2G, 3G y 4G. De ahí que uno de los principales retos que deben afrontar los países europeos en 2020 sea elegir el proveedor que vaya a desarrollar el despliegue de la nueva generación de redes 5G. Atrapados entre las recomendaciones de Washington de vetar a Huawei, Alemania y Francia son algunos de los países europeos que todavía no han tomado una decisión definitiva. Se trata de elegir entre vetar a Huawei, sin que haya pruebas que demuestren que sea una amenaza para la ciberseguridad, o perder el tren de una de las tecnologías que mayor impacto van a generar en el desarrollo de la industria en los próximos años.

Reino Unido ha sido uno de los primeros países en tomar una decisión al respecto, favoreciendo que Huawei se encargue del despliegue de la red de radio, menos vulnerable a los ataques de seguridad, mientras que el núcleo de red, la parte más crítica se desarrolla con otro proveedor. La alianza de Londres con Washington en la alianza de inteligencia Five Eyes, de la que también forman parte Australia, Nueva Zelanda y Canadá, no ha impedido que, ante un escenario de Brexit, Reino Unido haya priorizado su desarrollo económico frente a las advertencias contra Huawei. Con esta decisión, las reacciones se suceden y Washington está considerando levantar el veto que prohibía a las empresas norteamericanas mantener relaciones comerciales con Huawei después de considerar que se está produciendo un grave perjuicio económico a la economía del país en estos ocho meses que dura el veto.

El paso dado por Londres no solo provocará el reposicionamiento de Washington, sino que en los próximos meses se apreciarán las réplicas que tendrá esta decisión en aquellos países europeos que todavía no han tomado una decisión sobre el veto a Huawei. Un efecto tsunami que se inicia con el Brexit del Reino Unido y que provocará otros muchos cambios en la geoestrategia mundial, principalmente en la componente tecnología. Una vez que la City va a perder su liderazgo como hub financiero mundial, las FinTech y las posibilidades del 5G en cuanto a Smart Cities y Smart Factories bien podrían ser un nuevo objetivo para el socio que durante 47 años perteneció a la familia de la Unión Europea.

5G el debate más allá de lo tecnológico. Nieves C. Pérez Rodríguez

El desarrollo de la tecnología 5G y su necesaria aplicación despertó un gran debate en el que inicialmente se subestimó la capacidad de China de ir a la velocidad que impone la tecnología y se cuestionó el hecho de que pudiera jugar dentro de las reglas del juego del comercio internacional, así como la injerencia del Estado chino en sus empresas privadas.

Beijing aprendió del gran fracaso a finales de los 90 y principios del 2000, cuando intentaron sin éxito desarrollar la red 3G y perdieron enormes cantidades de dinero. Pero esos diez años los preparó para el momento en que tocó hacerlo la red 5G, de la mano de Huawei -la gigantesca empresa de telecomunicaciones china-.Y, en efecto, pudo conseguirlo gracias al enorme capital que el Estado chino dedicó a tal propósito. Lo que a su vez se traduce en una injusta competencia frente a otros proveedores internacionales de telecomunicaciones, cuya supervivencia es producto de la calidad del servicio que ofrezcan, así como de los beneficios económicos que consigan.

La relación del Estado chino con sus empresas y el Partido Comunista Chino, así como la legislación china que contempla la obligación de estas compañías de facilitar información al Estado de ser solicitada, incomoda mucho a occidente. Durante años, oficiales estadounidenses han insistido en que Huawei puede ser usada por Beijing para espiar o interrumpir comunicaciones, de acuerdo a su conveniencia, lo que es percibido como un grave riesgo para la seguridad nacional de Estados Unidos.

Otra cosa que preocupa a Washington es la penetración y creciente mercado de objetos cotidianos conectados a internet (IoT devices, por su nombre en inglés), que cada día aumentan su demanda, cosas tan comunes como el timbre de casa que está conectado a internet y que al sonar activa la cámara y emite una señal al móvil del propietario de la vivienda en el que aparece un video en tiempo real de quién está en la puerta. O los hornos programables conectados a la red, o los refrigeradores, los sistemas de calefacción o aire acondicionado. La teoría que cuenta con apoyo del Senado estadounidense consiste en que China, como actor estatal, podría aprovechar el acceso a través de equipos, para estar investigando, rastreando todo tipo de actividades.

El gobierno estadounidense ha intentado advertir a sus aliados sobre esta posibilidad y ganar apoyos. De hecho, el grupo de “Five eyes” ha estudiado de cerca la preocupación, pues si algunos de ellos usaran la red 5G de Huawei existiría el riesgo de que la información militar que intercambien pueda ser vista por Beijing. Por lo que Australia se mantiene alineada con Washington. Aunque en las investigaciones hechas por Gran Bretaña, en sus primeras conclusiones preliminares, no encontraron rastro de que en efecto hayan dejado una brecha abierta, mientras  Alemania se mantiene alerta, aunque no cerrada. Y Canadá posiblemente se decante por seguir a Estados Unidos, mientras Nueva Zelanda ha expresado su preocupación de que Huawei y el Estado chino estén colaborando.

Esta inquietud no es exclusiva de la Administración Trump. El intentar encontrar mecanismos que permitan un blindaje contra el espionaje y los ciberataques no es algo que comenzó con la Administración Trump, pues ya Obama sancionó a empresas chinas en respuesta a esta inquietud.

Huawei a todo esto respondía la semana pasada con una demanda contra el gobierno de los Estados Unidos, basada en que los argumentos usados para bloquearlos socavan la competencia en el mercado y no se base en hechos reales. Son precisamente estos argumentos los que han intentado pelear corporaciones estadounidenses en tribunales chinos, en diversas ocasiones, sin ningún éxito. Hasta el punto de que han sido llevados hasta el Congreso estadounidense en busca de mediación, también sin ningún éxito.

Otro elemento que preocupa al gobierno de los Estados Unidos es que “China está en el negocio de exportar autoritarismo”. Pues para nadie es un secreto que la libertad es restringida para sus ciudadanos hasta para la navegación a Internet. Según el Think tank Freedom House, China es el país más agresor de la libertad de internet. Y su modelo empieza a ser exportado, según el reporte anual “Freedom of the net 2018” conducido por el mismo centro de pensamiento.  Tan sólo el año pasado China adiestró funcionarios de 36 países de África, América Latina, Europa del Este y Medio Oriente en tecnología autoritaria para sus respectivos gobiernos, exigiendo que las empresas internacionales acaten sus normas de contenido incluso fuera de China. Lo que se traduce en una nueva forma de propagación de su modelo, asegurándose la fidelidad de esos gobiernos replicando lo que el Partido Comunista Chino ha ido perfeccionando.

Por lo tanto, el negocio del 5G a través de Huawei y ZTE con sus equipos podría garantizar a Beijing el acceso a información de cualquier tipo, en cualquier parte donde estos proveedores tengan presencia. Mientras, el Partido Comunista Chino aprovecha sus relaciones políticas para vender su modelo autoritario a otros líderes que tengan la intención de perpetuarse en el poder, lo que termina siendo el negocio más fructífero para los chinos, ganar a través de la venta de equipos, proveer las redes y entrenar hasta a los políticos. ¿Quiénes  son los que están colonizando el mundo con una discreción exquisita? (Foto: RDGS, Flickr)