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La omnipotencia del pueblo. Miguel Ors Villarejo

Se calcula que unos 800.000 uigures están recluidos en los 1.200 campos de internamiento repartidos por la región túrquica de Sinkiang. Oficialmente, disfrutan de una cura de desintoxicación. Presentan síntomas de radicalismo en diferentes grados y el tratamiento consiste en entonar himnos comunistas, abjurar del islam, ver películas propagandísticas y estudiar lengua e historia chinas. En la práctica, “los centros están atestados y la comida es frugal”, escribe James Millward en The New York Review of Books. “Quienes protestan son confinados en celdas de aislamiento, ven su alimentación reducida, pasan largos periodos de pie contra la pared o permanecen atados de pies y manos en una silla tigre”.

Aunque inicialmente las autoridades lo negaron todo, las imágenes de satélite y los testimonios de familiares de presos y de funcionarios arrepentidos las han obligado a admitir que en 2017 los arrestos se elevaron en la región al 21% del total nacional, pese a que los uigures apenas suponen el 1,5% de la población. “Se estima”, dice Millward, “que el Partido Comunista tiene encerrados al 10% de los musulmanes de Sinkiang”.

¿Cómo se puso en marcha este nuevo archipiélago Gulag?

Los uigures se islamizaron hacia el año 1000 y llevan siglos practicando una variante muy alejada del salafismo tan grato a Bin Laden y sus secuaces. Después de que los manchúes se anexionaran el territorio en el siglo XVIII, se inauguró un régimen administrativo respetuoso con las peculiaridades locales. Ni los emperadores ni sus sucesores comunistas se metían con la ropa, el idioma o la religión. Sinkiang fue declarada región autónoma y, salvo el paréntesis de la Revolución Cultural, todos los presidentes celebraron “la diversidad” y fomentaron la publicación en lengua vernácula.

Esta política empezó, sin embargo, a reconsiderarse tras el colapso de la URSS en 1991. Muchos jacobinos vieron en la tolerancia de Moscú hacia las nacionalidades la carcoma que había socavado los cimientos del imperio soviético y empezaron a abogar por una asimilación más enérgica de las minorías. Únicamente así, argumentaban, preservaría China su estabilidad.

Estos debates son recurrentes en los estados plurinacionales y nunca habrían trascendido el terreno académico de no haber surgido el terror islamista. Los promotores de una China fuerte establecieron rápidamente un hilo conductor entre Al Qaeda y cualquier expresión musulmana. “Aunque parte de las personas que han sido expuestas a la ideología extremista no han cometido aún delito alguno”, explica un documento de la Liga de la Juventud Comunista de Sinkiang, “están ya infectadas [y] la enfermedad puede manifestarse en cualquier momento […]. Por eso debe ingresárseles en un hospital de reeducación a tiempo de tratar y extirpar el virus de sus cerebros”.

En descargo de estos aguerridos jóvenes comunistas hay que decir que no todos los uigures son probos y pacíficos mahometanos. Algunos han protagonizado ataques repulsivos, como las hordas que en julio de 2009 sacaron de sus casas y asesinaron a 200 integrantes de la etnia han. En mayo de 2014, otros ocho uigures acuchillaron a 31 viajeros en una estación de tren y, meses después, dos SUV cargados de explosivos irrumpían en un mercado y se llevaban por delante a 43 viandantes. Finalmente, en septiembre del año siguiente, 17 terroristas acababan a machetazos con 50 personas y se refugiaban en una cueva, de donde el ejército los desalojó con lanzallamas y acribilló a balazos a medida que salían ardiendo como teas.

Nadie simpatiza con estos fanáticos, pero Millward se pregunta si la solución es aplastar toda una cultura. Es posible que entre el irredentismo uigur y la violencia haya un paso, pero es un paso solo una minoría da. Neutralizarla sin desbordar los límites del estado de derecho exige tiempo y paciencia, pero la historia ofrece ejemplos de que no es un camino impracticable.

Es verdad que la historia proporciona casos igualmente exitosos de procesos de asimilación. En la Francia del Antiguo Régimen apenas 15 de los 83 departamentos eran francófonos. “Dados los numerosos correos que se recibieron informando de que los paisanos de tal o cual sitio eran incapaces de comprender lo que se les leía”, cuenta Íñigo Bolinaga, “los decretos más importantes, así como la Declaración de Derechos, tuvieron que ser traducidos a los idiomas locales”.

Con el tiempo, Francia se ha convertido en un modelo de uniformidad lingüística y cultural, pero el precio pagado nos resultaría hoy inasumible. Se empezó degollando a sacerdotes y aristócratas, se procedió luego con las prostitutas y los burgueses y se terminó arrasando ciudades enteras. “Lyon será destruida”, dictaminó la Convención en octubre de 1793, y confió la misión a Joseph Fouché. “La guillotina trabaja demasiado despacio”, comentó este. Encadenó en una bola humana a un grupo de presos, los despachó a cañonazos y arrojó sus cadáveres al Ródano, para que fueran flotando hasta Tolón y mostraran a los ingleses y al mundo “la omnipotencia del pueblo”. (Foto: Steve Bunting)

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Uigures: una historia trágica (3) Nieves C. Pérez Rodríguez

“Cuando era niño, solía escuchar a los ancianos decir cómo China invadió nuestro país después de que mataran a nuestro presidente, Ahmadjan Kasim -último presidente de la segunda República de Turkestán del Este-, quién murió en un misterioso accidente de avión a tan sólo 45 días de que las fuerzas armadas del Partido Comunista chino llegaran a nuestra tierra y cómo engañaron a nuestra gente con su promesa de irse en 5 años”.

“Por supuesto, como a muchos otros uigures, me dijeron que no hablara ni siquiera que tratara de indagar en nuestra historia, especialmente esa parte de la historia, porque terminaría en la cárcel o desaparecido, al igual que el candidato a Ph.D de la Universidad de Tokio, el historiador Tohti Tunyaz”.

“Durante mi época en el colegio, recibí educación política todos los miércoles desde la escuela primaria, en la que elogiábamos lo importante que era el Partido Comunista y cómo nuestra región y el Tíbet eran parte de China desde el principio de los tiempos. Firmé muchos documentos en los que afirmaba que no haría oración, ayunos, ni ninguna actividad relacionada con la religión y fui testigo de cómo nuestro lenguaje fue eliminado del sistema educativo”.

“Vi a muchos uigures desaparecer, presencié cómo a muchos no se les permitía reservar hoteles -pues hay una vieja prohibición a los uigures a reservar hoteles en China continental- y fui testigo de muchas otras cosas duras. Pero también me callé. Porque pensé que si me quedaba callado y hacía lo que nos decían que hiciéramos, no tendría muchos problemas y podría vivir mi vida normal”.

“Llegué a los Estados Unidos con una visa de estudiante en el 2015 en busca de ampliar mis estudios y fue aquí que, descubrí que la libertad se siente mejor de lo que pensaba, aunque todavía no puedo disfrutarla plenamente.

Todavía no puedo comentar, ni decir nada en las redes sociales acerca de los uigures, o cosas relacionadas con nuestro grupo mientras uso mi auténtico nombre. Tampoco puedo asistir a actividades que los uigures organizan, o decir lo que pienso a otro uigur, porque nosotros mismos creemos que hay espías chinos enviados desde Beijing entre nosotros”.

“Incluso los uigures que ya han obtenido la nacionalidad de otro país usan gafas de sol en las protestas o se mantienen alejados de las actividades por temor a causar problemas a sus familiares. Por eso, a pesar de todo eso mantuve el silencio, a pesar de escuchar las interminables historias trágicas y otras cosas que suceden en mi tierra natal. Me mantuve en silencio durante casi todo.  Hice todo lo que el gobierno chino nos pidió que hiciéramos, y nos mantuvimos alejados de lo que nos prohibieron, y a pesar de haber seguido las reglas, todavía nos torturan, nos persiguen, borran nuestra identidad e incluso acaban con nuestra existencia”.

“Perdí el contacto con mi familia casi desde que llegué a este país en el 2015, momento en que comenzó la actual represión del gobierno chino a los uigures. Hace apenas unos meses, confirmé que mi padre fue sentenciado a 11 años de prisión a principios de marzo de 2018 y que mi madre fue internada en un campo de concentración a finales de noviembre de 2017, gracias a un amigo kazajo de mi padre que huyó a Kazakstán”. (Pues hay muchos kazajos en la región que también han sido encarcelados o llevados a campos de concentración). Sus familiares y otros kazajos en Kazakstán pidieron a su gobierno que solicitara a China que los liberara, y éstos han negociado con mucha discreción la liberación de cientos de kazajos a cambio del silencio del gobierno de Kazakstán”.

Este es el testimonio de un uigur con el que 4Asia conversó y que, a pesar de vivir en un país libre, no puede escapar de la opresión china a través de lo que está padeciendo su familia.

”No se debe postergar la ocupación de Xinjiang, porque una demora puede llevar a la interferencia de los ingleses en los asuntos de Xinjiang, pueden activar a los musulmanes, incluidos los indios, para continuar la guerra civil contra los comunistas, lo cual es indeseable, ya que hay grandes depósitos de petróleo y algodón en Xinjiang, que China necesita con urgencia. La población china en Xinjiang no supera el 5%, después de tomar Xinjiang, se debe elevar el porcentaje de la población china al 30% mediante el reasentamiento de los chinos para el desarrollo integral de esta enorme y rica región y para fortalecer la protección de las fronteras de China…”

Fueron las palabras de Stalin en una reunión con una delegación del Partido Comunista Chino el 27 de junio de 1949.  En ésta se abordaron distintos temas entre ellos las ayudas económicas que desde la URSS se daban a China. Estas palabras demuestras que el plan de controlar a Xinjiang es de vieja data, y que fue auspiciado por la Unión Soviética. A día de hoy Beijing no sólo tiene control absoluto de la región, sino que ha estimulado la repoblación para garantizar que las minorías no sean mayoría. A través del miedo tienen controlados a millones de ciudadanos tanto en Xianjiang como a sus familiares en el exterior. (Foto: Todenhoff, flickr.com)

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Uigures: una historia trágica (2) Nieves C. Pérez Rodríguez

El Estado chino en su constante afán por controlar y vigilar a su pueblo, y con la excusa de mantener la unidad y prevenir cualquier posible conflicto interno, creó los centros vocacionales, de acuerdo al nombre oficial, o campos de concentración de acuerdo a quienes han sido víctimas o han estado recluidos allí. La BBC sostiene que a día de hoy debe haber alrededor de un millón de personas detenidas en estos centros que son obligadas a estudiar el comunismo, repetir cánticos al Estado chino y expresar su agradecimiento a Xi Jinping y abandonar sus prácticas religiosas a base de maltratos, fuerza e intimidación.

La gran mayoría de los recluidos en estos centros son uigures, la minoría musulmana que geográficamente se encuentran en Xinjiang, la región autónoma china de mayor dimensión ubicada al oeste del territorio. Tal y como se afirmaba en la primera entrega, los uigures constituyen una etnia que han sido perseguida por el Estado chino bajo la acusación de que son extremistas religiosos capaces de ejecutar atentados terroristas.

El Global Times -que refleja la política del Estado chino- ha publicado editoriales en los que básicamente exponen el riesgo de que la región de Xinjiang se convierta en la Siria o la Libia de China. No es más que la visión que el Partido Comunista Chino quiere difundir para poder justificar sus acciones. Aunque ciertamente ha habido ataques terroristas en la región, la  represión  a la tienen sometido a los uigures no se corresponde con el número de incidentes y/o células islamistas identificadas en la zona.

En septiembre de este año, la organización Human Rights Watch publicó un informe de más de cien páginas que contiene una larga lista de las arbitrariedades de la que es víctima esta minoría a manos del gobierno chino. “A lo largo de la región, la población musulmana turca de 13 millones de personas está sujeta a adoctrinamiento político forzado, castigos colectivos, restricción de movimiento y comunicación, mayores restricciones religiosas y vigilancia masiva que viola los derechos humanos”, reza el informe.

Asimismo, el pasado agosto, el comité de eliminación racial y discriminación de Naciones Unidas, describía los centros de internamiento masivos cómo “una zona de no derechos”.

Las consecuencias llegan hasta los niños, pues muchos hijos de uigures que han estado o se encuentran actualmente recluidos son considerados huérfanos por las autoridades. Según Emily Feng, la corresponsal de Financial Times en Beijing, se está retirando a los niños incluso cuando sus familias están dispuestas a cuidarlos. “Si la teoría es que el gobierno chino está tratando de erradicar la identidad de los uigures, entonces tiene mucho sentido perseguir a la próxima generación de niños uigures mientras sus padres son detenidos y reeducados”, sostiene.

Además, ha habido un esfuerzo en repoblar la región de Xinjiang. El gobierno local de Xinjiang ha prometido casas sin coste y bonos extras a profesionales universitarios que estén dispuestos a trasladarse a vivir y trabajar allí. Les ofrecen contratos por 5 años de duración y viviendas que cambian de dimensión de acuerdo al nivel académico alcanzado. A más nivel más metros cuadrados. Entre otros beneficios están 30 días de vacaciones y subsidios de pasajes a familiares que viajen hasta Xijiang para visitarlos. Otra política que a largo plazo irá modificando la esencia autóctona de la región, y la convertirá más pro-partido comunista chino.

De acuerdo al servicio de chino de noticias, en tan sólo seis meses las autoridades de Xinjiang han atraído 661 profesionales con másters. Y para el 2019 tienen previsto planes de reclutamiento en Universidades de Beijing y en las ciudades de Hubei y Henan -en el centro de China- y en la provincia de Jiangsu -ubicadas al este del país-.

A pesar de la escasa información de las recurrentes violaciones a los derechos de los uigures, en los últimos seis meses de este año ha habido un ligero despertar internacional y no sólo de organizaciones internacionales sino de Estados.

El pasado agosto, dieciséis senadores estadounidenses enviaron una nota desde el Congreso al Departamento del Tesoro y al Departamento de Estado para pedir abrir una investigación, que seguramente acabará en sanciones al gobierno chino, por la violación de los derechos humanos de esta minoría. Al que el gobierno chino al día siguiente contestó que las minorías étnicas en chinas tienen libertad religiosa, mayor incluso que los Estados Unidos. Es hora que a China se le denuncie y sancione más internacionalmente con consecuencias económicas que tengan repercusión en su desarrollo económico. (Foto: Lorenzo Fiorilli, flickr.com)

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Uigures: una historia trágica (1). Nieves C. Pérez Rodríguez

Los uigures son una etnia del centro de Asia, cuya mayoría se encuentran en Xinjiang, una región china ubicada al extremo oeste del país, que limita con India, Paquistán, Afganistán, Tajikistan, Kirguistan, Kazajstán, Rusia y Mongolia.  Y que es además paso obligado y estratégico de la famosa Ruta de la Seda de Xi Jinping.

Xinjiang es la región autónoma de mayor dimensión en China. Y, en efecto, es de las regiones autónomas más grande en el mundo, con 1.6 millones de km2. Cuenta con una enorme riqueza en recursos naturales, concentra un tercio de las reservas de gas y petróleo chino, y es, de hecho, la zona de donde se extrae la mayor cantidad de gas en China a día de hoy.

Xinjiang tiene una población pequeña, comparado proporcionalmente con el resto de la Península china, y una geografía que dificultan la supervivencia humana, debido a su topografía. Sus áridos paisajes y temperaturas extremas varían radicalmente de una estación a otra. En los meses de verano las temperaturas pueden llegar a superar los 45 grados, mientras que en la primavera las constantes tormentas de arena y lluvias no hacen la vida más fácil. Y durante el invierno las heladas pueden llegar hasta los -16, que con el precario desarrollo de la zona, lo hace un sitio poco atractivo para habitar.

Sin embargo, los uigures han habitado esta zona durante siglos. De acuerdo a un artículo de la revista Times del 2009, los uigures descienden de los antiguos comerciantes sogdianos, y Marco Polo en su momento ya les identificó. Tienen origen turco, y a día de hoy se calcula que unos 10 millones de uigures habitan este territorio chino, ubicándose específicamente en el sur oeste de la Cuenca de Tarim. Aunque se cree que esparcidos por el mundo viven entre 1 a 1.6 millones -de acuerdo a cifras que maneja el “Congreso Mundial de los Uigures”-. Con un idioma propio, que es una especie de turco asiático similar al que se habla en Uzbekistán, son un grupo étnico bastante cerrado que ha mantenido su cultura y tradiciones herméticas a través de los años, hasta el punto de que la mayoría no pueden comunicarse en mandarín.

A diferencia de muchas otras tribus nómadas de Ásia Central, los uigures son un pueblo urbano cuya identidad ha florecido paralelo con la Ruta de la Seda a través de la historia. Y sus características físicas son una prueba de ello. Unas mezclas de rasgos y ojos de colores diversos, dan testimonio de un legado europeo y asiático.

En cuento a sus prácticas religiosas, la mayoría de los uigures son musulmanes y practican una forma moderada de Islam suní. Aunque hay un pequeñísimo grupo cristiano que se cree representa tan sólo el 2% de la comunidad.

El gobierno chino, desde mediados de los años cincuenta ha intentado repoblar Xinjiang, y para ello han movilizado progresivamente chinos Han, que son el grupo étnico más grande tanto en China como en el mundo, y que originalmente proviene del este de China.

Esta repoblación calculada ha sido justificada por la necesidad de mano de obra para el desarrollo de la Ruta de la Seda. Pero también tiene el propósito de equilibrar la población en Xinjiang. Y la consecuencia de esta repoblación ha sido que los uigures pasaron de ser mayoría en Xinjiang a ocupar tan sólo el 40% de la población regional. Lo que, como es lógico, ha abierto brechas y avivado conflictos.

El Estado chino mantiene en estricta vigilancia a los uigures, justificados en su creencia musulmana y el posible riesgo de ataques terroristas, que en efecto ha habido, aunque pocos. Pero que Beijing usa como excusa para poder mantener el control social. Para ello tiene unos centros vocacionales (según el nombre oficial), pero que según las declaraciones de víctimas y expertos son más bien campos de concentración o re-educación forzosa, que, de acuerdo con cifras suministrados por la BBC a día de hoy, reúnen a más de 1 millón de uigures privados de libertad y recibiendo re-educación para abandonar sus creencias, pues las permitidas por el estado chino son sólo las comunistas y el culto al líder. (Foto: Carsten Ten Brink, flickr.com)

Rohingya

INTERREGNUM: El drama de los Rohingya. Fernando Delage

En pleno siglo XXI, y casi 25 años después del genocidio de Ruanda, un nuevo episodio de limpieza étnica se desarrolla en Asia. Aunque la persecución de la minoría musulmana de Birmania—de origen bengalí—no es en absoluto nueva (es resultado de un complejo legado colonial y de la sucesión del antiguo Pakistán Oriental por el Estado independiente de Bangladesh tras la guerra de 1971), el resurgir de un nacionalismo birmano y la radicalización de algunos grupos armados entre los Rohingya han creado un contexto explosivo, en el que se entremezclan terrorismo e insurgencia con un gigantesco drama humanitario.

Se esperaba que, tras las elecciones de 2015, la gradual democratización del sistema político permitiría mejorar la situación de los Rohingya. Pero ha sido todo lo contrario. Muchos se preguntan por las razones del comportamiento de ese icono de la libertad y la tolerancia que es Aung San Suu Kyi (“the Lady”, para los generales birmanos). Pero la premio Nobel de la paz es hoy un líder político que no puede enfrentarse a los militares—con los que gobierna—ni a la mayoría budista a la que pertenece, en uno de los países étnicamente más complejos del mundo. La islamofobia contra esa minoría birmana se ha agravado, a la vez que el ejército no está sujeto al control de las autoridades civiles después de redactar una nueva Constitución a su medida. Con todo, las implicaciones de la crisis para el entorno regional no son menos relevantes.

Que Al-Qaeda y Daesh hayan hecho un llamamiento a favor del apoyo a los Rohingya no favorece su causa. Las conexiones del principal grupo responsable de las acciones contra el ejército a finales de agosto, el Arakan Rohingya Salvation Army (ARSA), con otros movimientos radicales—se sospecha en particular de Pakistán—han situado la campaña antiterrorista por encima de la expulsión de esta minoría (a la que se niega incluso la nacionalidad). La ASEAN se ha mostrado impotente a la hora de formular una respuesta, mientras que Bangladesh teme las consecuencias de su acogida: si facilita las condiciones a los refugiados, puede atraer a un número aún mayor de Rohingya, que querrían además solicitar residencia permanente. Los dos grandes que intentan influir en Birmania—India y China—aprovechan asimismo la situación para perseguir sus propios objetivos.

El primer ministro indio, Narendra Modi, visitó Birmania hace apenas dos semanas y evitó el tema en público. Al afrontar su propio fenómeno insurgente en las provincias del noreste, fronterizas con Birmania, India necesita la cooperación del gobierno de este país contra dichos grupos violentos. Modi es el líder, por otra parte, de una formación política, el Janata Party, definida por el hinduismo más estricto, con escasas simpatías por tanto hacia los musulmanes. También China se ha pronunciado a favor de la política del gobierno birmano. Pekín mantiene su propia política represiva hacia los musulmanes de Xinjiang, y podría vetar cuantas propuestas se presenten en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Cuando Occidente por fin reacciona, y europeos y americanos pueden intentar articular un conjunto de sanciones, se abre además una nueva oportunidad para Pekín, cuya excesiva presión durante los últimos años fue de hecho uno de los motivos que condujo a los militares birmanos a poner en marcha el proceso de transición política. Su oferta de ayuda financiera, inversiones en infraestructuras y venta de armamento puede restaurar su influencia en este Estado clave para su política energética y para el desarrollo de sus provincias meridionales. Pekín contaría también con otro gobierno que podría vetar posiciones contra China en el marco de la ASEAN (además de Tailandia, Malasia, la Filipinas de Duterte, Laos o Camboya).

Como en tantas otras ocasiones a lo largo de la Historia, los intereses de las potencias se imponen sobre una tragedia humanitaria que, tras la derrota del Estado islámico, podrá convertirse en un nuevo campo de batalla para el mundo musulmán.