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CHINA Horizontal

China a debate

4Asia celebra esta semana su segundo debate tras el realizado el pasado diciembre sobre Corea del Norte. En aquella ocasión vivíamos en medio de la posibilidad de un enfrentamiento militar, ahora, con algunas dudas, el escenario previsible es una mesa de debate.

En esta ocasión, 4Asia ha convocado a colaboradores y expertos para analizar el protagonismo de China en la escena internacional, sus orígenes, su evolución, su futuro y cómo va a condicionar este escenario. Sin renunciar al comunismo, antes bien reafirmándolo, sin abandonar sino reforzando su estructura estatal autoritaria y su sistema de toma de decisiones, China ha desregulado su mercado interior, ha desempolvado un discurso de libre comercio y hace décadas está en un proceso de crecimiento económico, con contradicciones, pero sostenido, que está permitiendo un aumento del bienestar interno y una presencia exterior creciente incluida la compra de deuda de los principales países occidentales.

Paralelamente a esto, China está modernizando y reforzando su capacidad militar, remodelando sus alianzas regionales, actuando como padrino-intermediario en el conflicto coreano y asomando su influencia en Oriente Próximo.

No reconocer el creciente protagonismo chino y no incorporarlo a la toma de decisiones a escala internacional sería irresponsable y nosotros tenemos la obligación y la necesidad de analizarlo. Por eso invitamos a nuestros lectores a acompañarnos este viernes en Madrid para hablar de todo esto y analizarlo juntos. Allí nos veremos.

Mind the gap

Irán: ¿continuismo y revisión?

Continuar o no con el acuerdo con Irán sobre la contención de su programa nuclear firmado por la Administración Obama es una de las decisiones que debe tomar Trump en medio de una gran presión internacional para que lo mantenga y una única invitación a revisarlo por parte de Israel.

Ya el mismo Obama había admitido las limitaciones de ese acuerdo que fue presentado como un mal menor que frenaría el desarrollo del programa iraní durante diez años, pero que no incluye garantías de revisión de las instalaciones ni afecta al programa de misiles cuyas pruebas demuestran que los cohetes podrían llegar a Europa y que están siendo desplegados en sus versiones cortas en Siria con protección rusa.

Como siempre, Europa está instalada en el posibilismo y en la vieja filosofía de que es mejor un acuerdo limitado que un no acuerdo. Y esto alimenta la propaganda iraní llena de amenazas en caso de ruptura y la sugerencia rusa de que no hay uno mejor que sea posible. Desde Israel, que vive con angustia existencial el rearme de Hizbullah (con misiles iraníes) en su frontera norte, se ve de otra manera convencido de que Teherán sigue con sus investigaciones de manera encubierta.

En realidad, la Administración Trump parece querer una revisión para incorporar un mayor control y una cláusula de control del programa de misiles, en lo que en parte estaría de acuerdo Francia y Alemania, pero Teherán no admite ni siquiera la discusión sobre estos puntos. Plantee lo que plantee, Trump tiene garantizada la oposición de gran parte de la opinión pública europea, pero tal vez los riesgos que aparecen por el horizonte no pueden depender de estas opiniones.

20180430 Summit Korea

La prudencia sigue siendo un activo

Una de las características de la opinión pública occidental es que puede pasar de un sentimiento catastrofista, casi apocalíptico, a una euforia ingenua y crédula sin apenas transición y con pocos argumentos. Así pasó, fuera de toda lógica, con las apresuradamente denominadas primaveras árabes y así puede estar pasando con la rápida evolución de la situación en la disputada península coreana.

Es evidente que el encuentro entre los dos líderes coreanos es impactante, novedoso, sorprendente por su rápida organización y lleno de expectativas, pero convendría mantener la calma y el escepticismo ante las verdades proclamadas sobre el que se fundó las modernas sociedades occidentales.

En Asia se estila otro sentido del tiempo, basado en la paciencia, el cálculo a medio y largo plazo y las grandes maniobras con efectos en diversos frentes.

Y hay que ser cautos también al analizar los antecedentes y los beneficiarios de los acontecimientos, es decir, a la hora de repartir medallas y puestos en el pódium.

Hay bastante consenso en que China es el país que está en mejores condiciones para beneficiarse una bajada de la tensión que, además, aparte de una consolidación del estatus norcoreano, una mayor estabilidad en ese Estado tapón frente a Estados Unidos y una neutralización de sus provocaciones, visualiza a Pekín como un aliado de la paz como si ese proceso no tuviera nada que ver con sus intereses nacionales no precisamente estabilizadores a medio plazo.

Pero no hay que olvidar que la mano firme de la Administración Trump, al margen de las improvisaciones del atolondrado y maleducado presidente, ha enseñado al dictador norcoreano una cara nueva y un camino claro: o negociar la distensión o guerra. Y Corea de Norte nunca iba a ganar la guerra. Con la amenaza clara y las ofertas de conversaciones planteadas, Corea del Norte, China y los aliados entendieron el mensaje: o ganar algo o perderlo todo.

No importa que el centro nuclear que Corea del Norte quiere clausurar en público sea ya inservible por el último ensayo (lo sugiere China), lo que importa es el gesto, y sin plantear, al menos de momento, la retirada de Estados Unidos de sus bases surcoreanas. Pero también es verdad que Corea del Norte consigue una plaza en el escenario internacional sin el estigma de Estado pirata e ilegal que realmente es. (Foto: Flickr, RoK)

paciencia

Impotencia y propaganda

Una vez más y por debajo del ruido mediático, China conserva la calma, mueve sus peones y avanza posiciones en la defensa de sus intereses nacionales con su conocido discurso sobre el libre comercio desde su plataforma autoritaria mientras exhibe músculo militar, como describe en este espacio Fernando Delage. En esta lección china de pragmatismo, propaganda y control hay una lección sobre la impotencia y la ausencia real de planes estratégicos del occidente democrático, lo que equivale a decir EEUU y la Unión Europea.

Otra demostración palmaria de esta ausencia estratégica ha sido el ataque de EEUU, Francia y Gran Bretaña contra objetivos sirios. Cuando el absentismo y la actitud errática de Estados Unidos ha dejado el espacio estratégico en manos de Rusia para mayor gloria de Al Assad, que ha consolidado su poder, un ataque de represalia sin voluntad de recuperar la iniciativa y sin desplegar un plan propio frente a Putin es un grave error. La fuerza, o es un instrumento al servicio de un objetivo claro y posible o es una confesión de parálisis.

Occidente no tiene aliados fiables sobre el terreno; los kurdos (aquellos que pueden ser fiables) han empujado a los turcos a acercarse a Rusia, aunque no quieren al gobierno sirio y aliados regionales como Arabia Saudí y Jordania se ven cada vez más obligados a desarrollar iniciativas propias para no perder pie en el aumento de la esfera de influencia de Irán, la mano que mueve la cuna. Y, sobre el lomo de la ballena, Israel en alerta.

Y así, unas sociedades cada vez más temerosas y confundidas asisten a la calculada exposición de hechos y análisis alimentados, sobre una prejuicios ideológicos que Occidente no combate eficazmente, desde las engrasadas maquinarias rusas. (Foto: Keegan McGuire, Flickr)

desenfoque

Maniobras en segundo plano

La entrevista entre los máximos mandatarios de China y Corea del Norte, además de coger por sorpresa a la Administración Trump, lo cual ya es un signo de mala gestión presidencial, está produciendo una catarata de iniciativas y reacciones que indican la profundidad y la creciente importancia de la decidida apuesta china por consolidar sus intereses nacionales extendiendo su influencia y convirtiéndose en la pieza estratégica imprescindible de Asia Pacífico hasta buscar espacios más amplios.

La medida del tiempo entre Oriente y Occidente es diferente. Mientras Occidente marcha rápido, a veces con precipitación, casi siempre buscando resultados a corto o medio plazo y con criterios de eficiencia obsesiva, Oriente piensa a largo plazo, con ninguna presión de las coyunturas políticas (cosas de la ausencia de democracia) y con la vista puesta en objetivos cuya consecución impliquen cambios profundos. Rusia, hija confusa de ambas tradiciones, combina ambas culturas con éxitos puntuales.

Dos hechos significativos revelan la larga estrategia China. Por una parte, en paralelo a la gestión del asunto norcoreano, su acercamiento lento y preciso tanto a India (no exento de incidentes) como a Pakistán, lo cual no es poco mérito. Por otro su acercamiento a Vietnam, desactivando conflictos históricos e intentando meter una cuña en la creciente colaboración entre este estratégico territorio de la península indochina y Estados Unidos. El ministro de Asuntos Exteriores de China, Wang Yi, ha instado a establecer relaciones bilaterales estables y de larga duración con el Gobierno vietnamita tras reunirse con su homólogo, Pham Binh Minh, en Hanói, la capital de Vietnam.

El segundo hecho, conseguido indirectamente por China como un efecto secundario de la cita de Pekín, es la propuesta del Gobierno de Japón hace tres días a Corea del Norte de mantener un encuentro bilateral tras la visita del líder norcoreano, Kim Jong-un, a China. La iniciativa se ha filtrado tras una conversación telefónica Tokio-Pekín y responde al temor de Japón de que, a pesar de las promesas de Trump, quedar fuera de la gestión del nuevo escenario. Para resolver dudas, el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, ha anunciado que visitará Estados Unidos entre los días 17 y 20 de abril para mantener una serie de conversaciones con el presidente Donald Trump.

Aparentemente, Estados Unidos sigue perdiendo pie en el Pacífico y, lo que es peor, la Administración Trump no parece ser consciente de la gravedad de lo que está pasando.

putin cartel

Rusia: victoria de Putin y nueva etapa asiática

La aplastante, pero no sorprendente, victoria electoral de Vladimir Putin en las elecciones presidenciales rusas abre paso no sólo a una consolidación del liderazgo en Moscú sino al intento del liderazgo de Moscú en varios conflictos y zonas del planeta. Putin ha visto refrendada su apuesta por devolver a Rusia a primer plano de la escena internacional, ha mantenido el perfil de “desafío amistoso” a Estados Unidos y, según algunos expertos en  Asia-Pacífico y la propia diplomacia china va a intentar aumentar su influencia sobre aquella región en la que está parte de su territorio (tiene frontera con Corea del Norte) y no pocos intereses.

Sin embargo, en un escenario en que las demostraciones de fuerza parecen estar marcando los acontecimientos y haberse convertido en un peligroso instrumento de presión, Rusia no está en estos momentos en situación de influir mucho. La Flota rusa del Pacífico, basada en Vladivostok, está en un bajo nivel de mantenimiento, necesita modernización y apenas mantiene una presencia simbólica en unas aguas en las que China ha acelerado su presencia y EEUU sigue enseñando los dientes.

Pero Putin es un dirigente hábil y probablemente va a maniobrar de la mano de China en algunos asuntos y con sus capacidades de exportación de energía va a intentar fortalecer su presencia en la que Estados Unidos parece limitarse al conflicto coreano sin atender a una estrategia regional amplia. Y no hay que olvidar que Rusia tiene una presencia política cultural, económica e histórica en las repúblicas centro asiáticas, por donde discurre la actual estrategia china de recuperar la vieja Ruta de la Seda como vía de aumentar la influencia de Pekín.

En este tablero de tantas piezas debe moverse Putin. Y va a tener que maniobrar hábilmente sin suscitar demasiados roces ni recelos con China ni Estados Unidos. Pero Moscú necesita una nueva política asiática y esa va a ser la siguiente fase de la política exterior de Rusia. (Foto: Filiplex, Flickr.com)

Acero

Trump abre otro frente

Alegre y combativo, Donald Trump se ha lanzado a la arena de la guerra comercial anunciando un rearme arancelario de las importaciones de acero y aluminio para, dice, proteger la industria de Estados Unidos, y amenazando a Europa con extender la medida al sector automovilista. Ha afirmado el atrabiliario presidente que las guerras comerciales son buenas y se ganan fácilmente, pero eso, como todos los procesos históricos, debe ser analizado a medio y largo plazo.

Aparte del hecho real de que recurriendo al nacionalismo económico el presidente Trump despierta a un monstruo apenas dormido, abre una carrera contra la globalización y la libertad de comercio, que nunca ha sido mucha, por otra parte, y penaliza a los países menos desarrollados que ya tienen políticas proteccionistas, políticamente es un mensaje nefasto que alimentará el populismo nacionalista y provocará a medio plazo dudosos beneficios a la política de Estados Unidos.

Políticamente, la medida anunciada provoca un terremoto que hará reconsiderar alianzas y estrategias. Hay que subrayar que los nuevos impuestos para el acero de fuera de Estados Unidos provocan una brecha entre Gran Bretaña y Estados Unidos que hace tambalear los planes de Londres para hacer frente al Brexit; abren un foso entre EEUU y la Unión Europea; crean problemas con Rusia y China y, lo que es más importante, con Corea del Sur, y en el caso del aluminio, penalizarán a países presentes ahora en el mercado norteamericano como Venezuela y Vietnam. Y, más, la medida ensancha la grieta en el Tratado de Libre Comercio entre EEUU, México y Canadá, que Trump quiere renegociar para, proclama, conseguir ventajas para su país.

No es fácil adelantar una posible evolución de este panorama dibujado “a grueso trazo” como lo ha definido el secretario de Comercio de EEUU en el que aún faltan los detalles. Pero parece otro paso más de Trump en una estrategia que huele a improvisación, que suena a vieja y gastada y que políticamente va a ser una fuente de inestabilidad difícil de gestionar. (Foto: Wajahat Mahmood, Flickr)

pacman

Negociación en puertas

Ivanka Trump parece haberse convertido en la cara amable de la Casa Blanca. Amable, sin la zafiedad de su padre, menos atolondrada, algo más culta, pero no menos dura. Ha llegado a Corea del Sur, ha escuchado al presidente Moon, ha aceptado la posibilidad de un encuentro con enviados de Corea del Norte y ha explicado y defendido las tesis del presidente de Estados Unidos, su padre, de que la posibilidad de un encuentro nace de las posiciones duras de EEUU y ha anunciado la aplicación de nuevas sanciones para ablandar el camino.
Y, ciertamente, Corea del Norte ha reaccionado condenando las nuevas sanciones, pero admitiendo la posibilidad de un acercamiento. La visita al Sur del general Kim Yong-Col, emblemático ex jefe de los servicios de inteligencia norcoreanos y considerado por Seúl como criminal de guerra son el mejor ejemplo del nuevo escenario. Ivanka y Yong-Col no se han encontrado pero que hayan estado cerca es un signo evidente.
Todo parece pues allanado para que las dos Coreas se encuentren en primer lugar, con China y Estados Unidos a la expectativa para, probablemente, abrir paso a una mesa a cuatro a medio plazo. El encuentro bilateral, si se produce, servirá en sí mismo, incluso en el caso de que no se produzca ningún avance para disminuir la tensión ganar calma y, con ella, espacio para acuerdos. ¿Qué le puede ofrecer Corea del Sur al Norte? Probablemente poco más que algunos acuerdos económicos y comerciales, que no podrán ir muy lejos dada la total ausencia de libertar de la economía norcoreana y disminuir el número de maniobras militares con Estados Unidos si los norcoreanos bajan el ritmo de sus pruebas nucleares y de misiles porque la desaparición total de estas pruebas es imposible mientras no haya un reconocimiento oficial de de Corea del Norte como potencia nuclear efectiva.
Ese es el marco, que demuestra que Corea del Norte ha sabido manejar los tiempos y, a la vez, la presión de Estados Unidos, dejando claro que la época de Clinton y Obama de llegar a acuerdos rápidos con dinero encima de la mesa ha acabado, ha puesto su grano de arena. Pero de hecho, de alguna menara Corea del Norte obtendrá ventajas.
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En el terreno que Kim quiere

La afirmación de Mike Pence de que Estados Unidos está dispuesto a negociar con Corea del Norte revela la falsedad de algunas afirmaciones que se hacen sobre la crisis y también cómo Kim Jong-un ha jugado hábilmente con los elementos sobre el terreno, es decir, sus propias amenazas, los temores de los aliados de Estados Unidos, el cálculo de China de hasta dónde debe llegar su intermediación y la opinión pública mundial que desconfía a veces más de Trump que de Corea del Norte, para colocar el balón donde quiere y jugar el partido en su terreno y con ventaja.
Corea del Norte lleva años utilizando su capacidad nuclear, o sus planes para desarrollarla, como instrumento de chantaje. Hasta la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, los episodios de crisis cuidadosamente creados por Pyongyang se traducían en concesiones de EEUU y medio mundo en forma de ayudas financieras, paliativos a las amenazas o facilidades para que no se derrumbara un sistema ruinoso que aplasta a sus ciudadanos.
Ha sido precisamente la negativa de Trump a seguir en ese juego lo que ha llevado la tensión más lejos, porque Kim conoce la debilidad internacional y cómo el miedo contamina las posibles soluciones. Trump, en su proverbial torpeza y prepotencia no ha entendido que la gente prefiere un mal acuerdo a sus pesadillas y, como ha demostrado la historia con frecuencia, los malos acuerdos han llevado a que las pesadillas se hagan realidad.
Pero así están las cosas. China sólo puede presionar hasta un punto que no haga caer el régimen; Japón juega al apaciguamiento mientras busca caminos para mejorar sus capacidades militares y Corea del Sur, el país más amenazado directamente, tiene ahora un gobierno que quiere buscar acuerdos. Es decir, que Donald Trump se ha quedado solo en su plan de llevar la presión hasta un punto de casi no retorno para que las negociaciones le fueran favorables. Ahora, aparentemente, va a tener que sentarse a hablar, cosa en principio positiva pero que hay que ver paso a paso, en un clima en el que cualquier desplante o presión añadida hará aparecer a EE.UU. como el malo de la película una vez más. (Foto: Michael Dusenne, Flickr)
larga marcha

La nueva larga marcha de China

La diplomacia china y la del Vaticano tienen cosas en común: la discreción, la paciencia, la asunción de que lo que se negocia oficialmente no tiene necesariamente que ver con lo que realmente interesa y la existencia, siempre, de una estrategia de largo alcance compuesta de una infinidad de pasos cortos.

El pasado diciembre, los ministros de exteriores de China, Afganistán y Pakistán mantuvieron reuniones en Pekín presentadas bajo una etiqueta tan general como orientada a alcanzar consensos en cooperación económica, seguridad regional y conexión estable entre los tres países. Hay que recordar que, entre ellos, estos países tienen problemas de delimitación territorial en sus fronteras comunes, pero muchos menos que los que cada uno de ellos tienen con adversarios más estratégicamente importantes como India y, al fondo, el asentamiento de Estados Unidos en la zona. Además, China necesita solidificar sus relaciones con Pakistán, asegurar el corredor económico hasta los puertos del sus de este país y, a la vez, impulsar la máxima estabilidad posible en Afganistán, con el menor protagonismo de EEUU que pueda conseguir, para ampliar su influencia en la zona.

¿Y cuál es el arma principal de China para engrasar los avances? Pues, obviamente, inversiones y más inversiones. Básicamente en infraestructuras, lo que conviene a todos, pero estratégicamente sobre todo, a las empresas y al gobierno chino.

La larga mano de China atiende a varios frentes y dispone de varios instrumentos, además de mucho dinero. Por una parte intenta ser mediador en las conversaciones que Kabul mantiene con los talibán (sin olvidar que Pekín buscará aquietar a sus propios musulmanes del oeste), por otra facilitar su estrategia de ruta de la seda fortaleciendo y asegurando su presencia en Asia central y, en tercer lugar, además de su presencia en Pakistán, presentarse en toda la región como un socio de paz a las puertas de Oriente próximo que protagonizará sus siguientes pasos. Nada menos.