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EEUU – Arabia Saudí: denuncia y continuidad. Nieves C. Pérez Rodríguez

La semana pasada concluía en Washington la desclasificación del informe de la CIA sobre el asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi, ocurrido en 2018. La Inteligencia estadounidense señala al príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohammed Bin Salman, como la persona que ordenó el asesinato que se llevó a cabo en Estambul, dentro de la propia sede diplomática saudí. Y, aunque esa información se supo después del suceso, el informe de cuatro páginas viene a reconfirmar con más datos y contundencia la necesidad de una respuesta fuerte por parte del gobierno estadounidense.

La monarquía saudí es uno de los regímenes más cerrados y absolutista del mundo, pero que gracias a su riqueza y sus extraordinarias reservas petroleras ha gozado de cercanas y cordiales relaciones con Occidente. A pesar de tener un sistema político sustentado en la aplicación extrema de los principios del Islam. 

El asesinato, además de haber sido un gran escándalo internacional, provocó una de las peores crisis entre Occidente y Riad, y la monarquía no esperó para recordar su influencia en la economía mundial, cuando la presión internacional empezó a hacerse sentir. Arabia Saudí posee alrededor del 18% de las reservas de petróleo del mundo y es el mayor exportador global de esta fuente de energía, según la OPEP. Si decidieran reducir su producción, se generaría una escasez de oferta que acabaría elevando considerablemente los precios del crudo en el mercado internacional.

Riad tiene la capacidad de estabilizar el mercado mundial mediante el equilibrio del suministro de petróleo, por lo que tiene en sus manos mantener los precios en línea con las condiciones económicas. Y Washington lo sabe bien, por lo que, en vez de responder sancionando al mismo príncipe, ha sancionado a 76 personas cercanas a la monarquía queriendo enviar un mensaje sin dañar las relaciones bilaterales.

La Administración Biden también ha priorizado mantenerse aliada de Arabia Saudí, con quien Washington ha tenido una larga relación que estableció el presidente Franklin Roosevelt con el rey saudí Adull Aziz en 1945. Esta relación ha estado basada en intereses mutuos desde el principio, como el petróleo, pero más recientemente en la lucha contra el terrorismo de ISIS y al-Qaeda, pues Riad también juega un papel clave en la estabilidad de Oriente Medio.

A raíz del asesinato de Khashoggi, Trump fue duramente criticado por no haber tomado una postura más dura. Y en su propia defensa Trump dijo en una entrevista a la cadena CBS “nosotros no podemos autocastigarnos al anular la venta de armamento a Arabia Saudí”.  Desde 1950, los saudeís han comprado armas y sistemas de defensa a empresas estadunidenses por unos 90 mil millones de dólares y, en los últimos años, han sido los mayores compradores que han tenido los estadounidenses en este sector. De acuerdo con el diario Washington Post, casi cada 1 de las 5 armas producidas en Estados Unidos se envían a Arabia Saudí, por lo que para Washington los saudíes son un cliente y aliado estratégico.

Biden criticó la posición de Trump en ese momento y durante su campaña dijo que la monarquía debía pagar el precio por lo que habían hecho e incluso lo califició como un “estado paria”, término usado por los estadounidenses para definir a los Estados que están al margen de la legalidad internacional. Sin embargo, ahora que ocupa la Casa Blanca, prioriza la necesidad de mantener relaciones cordiales.

El secretario de Estado fue interpelado por la prensa a este respecto y dijo que efectivamente el informe de la CIA habla por sí mismo, razón por la que están imponiendo sanciones a altos funcionarios saudíes, que han estado intimidando a disidentes en el exterior. Además, agregó, “estamos introduciendo una nueva legislación que le dará facultad al Departamento de Estado para restringir y revocar visas a cualquier persona que se crea que esté involucrada en actividades extraterritoriales dirigidas a presuntos disidentes o periodistas, al acoso o vigilancia de ellos o de sus familiares”, afirmando que, ya sean a ciudadanos saudíes o de otras nacionalidades, es una conducta inaceptable que piensan castigar. 

La Administración Biden no ha hecho más que continuar con la misma política de la administración anterior y con ello preservar sus relaciones con Arabia Saudí. Por un lado se asegura la continuidad de la colaboración en tema de terrorismo y estabilidad en Oriente Medio, por otro, no dañar sus intereses comerciales y la posibilidad de poder seguir abasteciendo a los saudíes del armamento que requieren, en vez de que miren a Rusia para comprarlo. Y por último evitan que la corona juegue con el suministro petrolero y con ello se acabe impactando las economías individuales del mundo en un momento tan frágil como es este de pandemia, en donde los mismos Estados Unidos han tenido que inyectar ayudas para mantener a flote su propia economía.

El pragmatismo ha sido el que ha guiado las decisiones de la nueva Administración estadounidense, que se ha decantado por sancionar a funcionarios que obedecieron órdenes, en vez de sancionar a quien les dio la orden. Este brutal asesinato es, en sí mismo, la transgresión de todos los derechos fundamentales juntos, incluido el lugar en el que fue perpetrado, la embajada del propio Estado ejecutor, y el silenciar a un periodista que usaba la libertad de expresión de un país democrático para denunciar hechos de su lugar de origen. Washington ha enviado un mensaje muy confuso a los líderes del mundo sobre la doble moral. Es sin duda una situación muy compleja que viene a probar que, tal y como hemos venido anunciando, la política exterior continuará el mismo camino de la Administración Trump. Aunque cambie el tono, el fondo es el mismo. (Foto: Flickr, Richard Mortel)

Alianza trasatlántica sí, pero…

La conferencia anual sobre política de seguridad internacional de Munich, este año con protagonismo del nuevo presidente de EEUU, Joseph Biden, ha sentado las bases del reforzamiento de los lazos trasatlánticos tras los roces entre Donald Trump y la UE. A la cabeza del discurso de reforzamiento de estos lazos, desde el lado europeo, han estado Francia y Alemania, la principal potencia militar y la principal potencia económica de la Unión tras la salida de Gran Bretaña.

Sin embargo, debajo de los discursos formales han una realidad que a veces queda oscurecida. Biden ha planteado las tres principales exigencias de EEUU: forjar una alianza contra el desafío de China, ser más exigente frente al creciente autoritarismo de Rusia y sus desafíos estratégicos en Europa y aumentar el gasto militar y de defensa europeo, hasta ahora apoyado en el presupuesto de los Estados Unidos; y estas tres exigencias son las mismas que planteaba Trump, aunque éste con malos modos y con menos énfasis en el factor ruso. Tanto Francia como Alemania han aceptado este marco y el aumento de gasto, pero este es un compromiso ya expresado en el pasado sin que se haya hecho realidad y esto crea cierta desconfianza en Estados Unidos. Hay que resaltar que coincidiendo con esta cita, buques de la Armada Francesa han hecho presencia en zonas marítimas del Pacífico en las que China exige exclusividad desafiando los tratados internacionales y la libre circulación.

Parece evidente que la nueva Administración estadounidense, por cultura, por tradición y por evidentes razones históricas y de interés común quiere alejar cualquier duda sobre los lazos estratégicos con la Europa democrática pero este concepto no es compartido homogéneamente por los socios europeos entre los que algunos preferirían ser una tercera vía entre EEUU y China o Rusia.

Y no hay que perder de vista las advertencias de Biden sobre el riesgo de deterioro de las instituciones democráticas que suponen los movimientos populistas a uno y a otro lado del Atlántico y detrás de algunos de los cuáles parece estar Moscú.

Además, EEUU quiere reforzar alianzas con sus aliados tradicionales en Asia, en lo que va a ganar protagonismo India, como analiza nuestro colaborador Fernando Delage, y Europa está ausente de aquella zona a pesar de la reciente exhibición de pabellón por parte de París que, por otra parte, está desarrollado una activa política diplomática y militar en otra zona tensa como es el mediterráneo oriental. A Europa se le acaba la coartada Trump y asumir sus compromisos.

Primeros roces Biden-UE

La UE está a punto de cerrar el gran acuerdo sobre inversiones con China acordado en la cumbre europea de abril. Se trata de un proyecto de convenio que pretende establecer un protocolo de garantías jurídicas a cada parte en el territorio de la otra parte, Alemania es el principal gran impulsor de este acuerdo y quiere cerrar con él la presidencia alemana de la UE antes del 1 de enero, aunque probablemente es imposible a estas alturas. Se aprobará pero probablemente no antes del 1 de enero.

Pero este proyecto ha provocado los primeros roces entre el equipo del presidente electo de Estados Unidos, Joseph Biden, y Bruselas. Y no se trata tanto del contenido del acuerdo, que en todo caso se analizará cuando esté aprobado, dicen desde EEUU, sino de que la aceleración de las negociaciones no ha sido ni comunicada ni coordinada con EEUU, ni siquiera con el equio de Biden.  Trump ya no es una coartada.

Las tensas relaciones entre Whashington y Bruselas de los últimos cuatro años no han estado motivadas solamente por el proteccionismo y la unilateralidad de Trump sino también por el crecimiento de los prejuicios anti EEUU de Europa y que, bajo la coartada de ganar autonomía política sin asumir más protagonismo ni en Defensa ni en una política exterior sólida, han debilitado la posición occidental en varios frentes y cedido espacio político a Moscú y a Pekín.

Detrás de la política exterior de un país o una alianza están siempre, obviamente, intereses nacionales esenciales y permanentes, y Estados Unidos tiene los suyos, independientemente de quién sea el presidente, que no puede cambiarlos sino gestionarlos a su manera. Los países de la UE tienen los suyos, claro y además de coordinarse entre sí, como el mundo es complejo, no puede jugar a la equidistancia entre EEUU y las otras potencias porque la Europa actual comparte muchos más intereses con EEUU país a cuya fuerza militar debe su existencia y la solidez de sus instituciones. Mejorar y fortalecer las relaciones trasatlánticas pasa por analizar y sopesar sus intereses y abandonar el discurso infantil de las caricaturas de Trump para avalar inacciones y una falta de energía notable para asumir retos y riesgos.

新课程待定问题

新的政治课程开始了,似乎我们处于一个巨大的循环中。 不仅在西班牙。 中美贸易争端,来自朝鲜的导弹试验,永久的中东冲突和与伊朗的紧张关系。 假期让我们回到了起点。

然而,在媒体和政治领导人颁布的表面之下,事情已经发生了。 在欧洲,新委员会尚未开发,英国不会离开英国退欧的迷宫; 在政治上无能为力的情况下,普京略微增加压力并等待,经济颤抖,对移民的担忧增加。

事情也发生在亚洲。 印度和巴基斯坦已经整顿了他们的政治和军事力量。 他们总是处于冲突的边缘,总是处于谈判的中间。 但正如我们在4亚洲所说的那样,亚洲的新奇事物一直是香港。 成千上万的抗议者推翻了中国守卫的地方政府。 台湾充满希望地观察了。 北京关注。 北京政府知道,它没有完全自由的手段在军事上粉碎抗议活动,但它必须向中国其他地区发出势力信息。

这将是未来几个月的舞台。 旧问题,新因素和新举措很少。有时,这些因素的结合会使问题的威胁增加几度。

Nuevo curso, problemas pendientes

Comienza el nuevo curso político y parece que estamos en un inmenso bucle. No sólo en España. Ahí está el tira y afloja de la disputa comercial chino-norteamericana, las pruebas de misiles desde Corea del Norte mientras se espera algún avance en el despliegue de lo acordado en los encuentros con Estados Unidos, el eterno conflicto de Oriente Medio y las tensiones con Irán. El paréntesis vacacional nos ha devuelto al punto cero.

Sin embargo, por debajo de la superficie que los medios de comunicación y los dirigentes políticos han decretado, han pasado cosas. En Europa la nueva Comisión sigue sin arrancar mientras Gran Bretaña no sale del laberinto del brexit; Putín aumenta la presión ligeramente y espera, la economía balbucea y crecen los recelos ante la inmigración en medio de la impotencia política.

También en Asia han pasado cosas. India y Pakistán han resituado sus fuerzas políticas y militares al borde del conflicto siempre a punto de estallar y siempre en medio de alguna negociación. Pero la gran novedad asiática, como hemos venido contando en 4Asia la ha protagonizado Hong Kong. Miles de manifestantes han hecho retroceder al gobierno local tutelado por China observados con esperanza y contención en Taiwán y preocupación en Pekín, que sabe que no tiene las manos completamente libres para aplastas militarmente las protestas si fuera necesario pero que tiene que enviar un mensaje de fortaleza al resto de China.

Ese va a ser el escenario en los próximos meses. Viejos problemas, nuevos factores y pocas iniciativas nuevas, A veces, la combinación de estos elementos sube varios grados las amenazas de un problema.

INTERREGNUM: Civilizations; Clash or coexistence? Fernando Delage

(Traducción: Isabel Gacho Carmona) The rise of China is not only transforming the global balance of power. It is also a challenge to the liberal values that served as the basis for the international order still in force, created after the Second World War. China is a great defender of the Charter of the United Nations and the principle of absolute sovereignty of the nation-state – which in its opinion is incompatible with Western efforts to promote its political schemes in the rest of the world – but at the same time it define itself, rather than as a nation or territory, as an exceptional civilization that can offer an alternative model to liberal democracy.

The new authoritarianism stands, in practice, more on cultural than on ideological pillars. Capitalism also prevails in China (or Russia), although under the direct supervision of the State: economic interventionism is a central element of their definition of “sovereignty”, and of the battle against Western pluralism. It is the cultural differentiation which is also used to justify the rejection of the universality of human rights, the rule of law or press freedom.

The irruption of the breakdown among civilizations as a structural factor of the world’s geopolitical dynamics-in addition to economics and security-was a famous argument advanced by the Harvard University professor Samuel Huntington 25 years ago. But the way in which States like China or Russia (also Turkey or Daesh itself) resort to criteria of civilization to express their identity in the international system, is a phenomenon that has not been given enough attention. It is a deficit that some experts try to correct, such as the professor at the London School of Economics Christopher Coker in his recent book “The rise of the civilizational state” (Polity Press, 2019).

The People’s Republic of Xi Jinping defends, as is well known, a model of “socialism with Chinese characteristics” that combines a Leninist State with a neo-Confucian culture. Resorting to the historical continuity of its civilization, the nationalist discourse of Beijing pursues the promotion of its status as a great power by criticising liberal universalism. The challenge is, therefore, how to articulate the coexistence among very diverse civilizations, including those that have placed themselves at the centre of world power and will not continue to accept a subordinate position to the West.

Also, here China seems be taking the initiative. Last week, at a conference on the dialogue between Asian civilizations´ opening in Beijing, President Xi pronounced himself on the grave error of considering one race and civilization as superior to the others, and the disaster that would involve trying to remake one´s civilization on the basis on other from the outside. “The different civilizations are not destined to face each other,” Xi said. “The growing global challenges facing humanity, he added, require joint efforts,” in which culture will play a fundamental role.

We do not know if it’s a coincidence, but a few days before the head of the planning office of the US State Department declared in Washington that, for the first time, the United States faces “a competitor that is not Caucasian.” The current commercial tensions develop in a context in which a “battle with a truly different civilization” is fought. The controversy was served, in a new demonstration that the pressures on the liberal order come not only from China or Russia, but-perhaps more worryingly-from within, driven by this phenomenon of identity populism, and by a US administration who seems to have forgotten the secret of its leadership for seven decades. Demonizing third powers when the West is eroding in its own bosom will not serve to restore the strength of the principles that created the modern world. It can even lead to lose the ability to define the terms of the debate that will shape the history of the coming decades.

INTERREGNUM: El siglo de Asia empieza en 2020. Fernando Delage

Por primera vez desde el siglo XIX, indicaba el Financial Times la semana pasada, las economías asiáticas sumarán un PIB mayor que el del resto del planeta en 2020. El próximo año comenzaría así, según el diario londinense, el “siglo de Asia”.

Aunque es ésta una idea que comenzó en realidad a debatirse a finales de los años ochenta, la aceleración del proceso no deja de ser llamativa. En el año 2000, Asia representaba sólo un tercio de la economía global. En la actualidad, la economía china es mayor que la de Estados Unidos en términos de paridad de poder adquisitivo, y equivale al 19 por cien del PIB mundial. India es la tercera mayor economía, y dobla el tamaño de la de Alemania o Japón. A estos dos gigantes hay que sumar, además, un número no pequeño de otros países de la región. Indonesia, por ejemplo, será la séptima mayor economía en 2020 (de nuevo en términos de paridad de poder adquisitivo), y la sexta en 2030. Asia regresa así a la que fue su posición hasta la Revolución Industrial, pues fue el continente que dominó la economía mundial hasta el primer tercio del siglo XIX.

Los fríos datos estadísticos de un informe no transmiten, sin embargo, el significado histórico que supone esta transformación para un mundo—el de los últimos 200 años—creado y liderado por Occidente. Pero sí lo hace una foto, también de la semana pasada: la del presidente chino, Xi Jinping, en el Elíseo, junto a su homólogo francés, Emmanuel Macron, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. El encuentro marca el definitivo reconocimiento por las autoridades europeas de la realidad del nuevo poder chino, y su inquietud por las implicaciones económicas y estratégicas del ascenso de la República Popular, tanto para los intereses del Viejo Continente como para el sistema internacional en su conjunto. No sólo es reveladora la ausencia de Estados Unidos de la foto, sino que el desmantelamiento del orden multilateral de postguerra por la Casa Blanca de Trump es una de las principales causas de esta reunión chino-europea.

Días después de haber aprobado la Unión Europea un documento que declara a China “rival sistémico” que quiere “imponer un modelo alternativo de gobernanza”, y pese a la presión de Washington para obstaculizar la nueva Ruta de la Seda (BRI), Merkel declaró que quiere desempeñar un papel activo en la iniciativa (por supuesto, sobre unas bases de reciprocidad). Los empresarios alemanes no van a renunciar a este motor de dinamismo para el crecimiento mundial. Macron indicó por su parte que “la Unión Europa ha abandonado su ingenuidad con respecto a China”. Pero no criticará el encargo por Xi de 300 aviones a Airbus, mientras Boeing intenta gestionar la crisis del 737. ¿Hasta qué punto son por tanto creíbles las críticas a Italia, cuyo gobierno populista ha roto la cohesión europea al firmar un memorándum sobre BRI durante la reciente visita del presidente chino?

La preocupación en Washington por los movimientos de Xi en Europa parece irrelevante para los líderes del Viejo Continente. Pero Pekín ha vuelto a demostrar su capacidad para dividir a los europeos. Macron, Merkel y Juncker entienden el desafío que representa China, pero los dos últimos desaparecerán pronto de la escena política. Aunque es una cuestión que no estará presente en la campaña de las próximas elecciones europeas, China—la ilustración más evidente del nuevo siglo de Asia—puede bien convertirse en una de las variables clave del futuro del proyecto de integración.

INTERREGNUM: No es sólo China. Fernando Delage

Parece a veces como si China representara por sí sola la gran transformación asiática. Un crecimiento económico sostenido durante 40 años y la determinación de sus líderes de adaptar el orden internacional a sus preferencias—sumados naturalmente a su población, extensión territorial y posición geográfica—, han ampliado el alcance del ascenso de Asia, iniciado por Japón desde la década de los sesenta. Pero la justificada atención que atrae China no debería ignorar un proceso simultáneo al de su auge: la gradual integración del espacio regional.

De ser una mera denominación geográfica acuñada por los europeos, “Asia” ha pasado a convertirse en un sistema económico y estratégico unificado que sustituye a la mera suma de sus partes. Tras siglos de colonialismo y desaparecidas las barreras políticas de la guerra fría, el desarrollo económico y la interacción estratégica de los Estados de Asia oriental, meridional y central han facilitado un fenómeno de creciente interdependencia—tanto continental como marítima—, que explica la restauración de Eurasia como concepto y la adopción de la idea del “Indo-Pacífico” como nuevo mapa de la región.

No son dos términos que aparezcan analizados en detalle en el libro del analista indio Parag Khanna, “The Future is Asian: Commerce, Conflict, and Culture in the 21st Century” (Simon and Schuster, 2019), la más reciente aportación a la literatura sobre el siglo de Asia. La razón es que la dinámica geopolítica detrás de ambos conceptos no es objeto de la atención del autor. Sí parte al menos de la premisa de que se abre una nueva fase histórica en el mundo, al adquirir Asia una cohesión sin precedente, que atribuye a factores económicos, políticos y culturales.

Al enumerar un dato tras otro, en vez de ofrecer un examen sistemático del contexto, Khanna convence a medias al lector. Revela bien cómo el rápido aumento de los intercambios económicos entre los países asiáticos está acabando con su tradicional dependencia de Estados Unidos y de la Unión Europea. Su descripción de la estrategia regional de emprendedores y empresas tecnológicas es especialmente reveladora. Su defensa sin matices de la tecnocracia autoritaria frente a la democracia liberal plantea muchas dudas, sin embargo. La eficiencia como criterio supremo de gobernanza—Singapur, donde reside, es el modelo de referencia—es difícilmente justificable. Tampoco parecen muy sólidos sus argumentos sobre una supuesta convergencia cultural, sin perjuicio de que las clases medias asiáticas compartan, en efecto, series de televisión, música o moda.

Hace un siglo, un japonés—Okakura Kazuko—, un indio—Rabindranath Tagore—y un chino—Liang Qichao—ilustraron un movimiento panasiático definido sobre bases idealistas, y en contraposición al materialismo de europeos y norteamericanos. Más que una renovada confluencia intelectual, es la capacidad de desafiar el poder y las ideas occidentales lo que, por resumir, observamos hoy en Asia: sin apenas darnos cuenta, la modernización ha dejado de ser un monopolio de nuestra parte del mundo. (Foto: Christian Steinborn)

The EU fearing a closed agreement between China and the United States

The European Union fears that China and the United States, who are about to begin to negotiate how to manage the threat of trade war between protectionist systems, will reach an agreement for the distribution of quotas that leaves European companies out. It is not that the EU is less protectionist, but that it fears to be left without its portion of cake.

“We are in favour of fair global trade based on rules, but the rules should be the same for everyone,” added the Vice President of the European Commission and Commissioner for Employment, Growth, Investment and Competitiveness, Jyrki Katainen when asked about the effect that a potential agreement between China and the US could have for the EU. It was a month ago, after the first meeting held between the EU and China since Xi Jinping and Donald Trump greed to a truce of 90 days.

The EU can play an important role if it considers that China needs it as a counterweight to the United States and plays with its economic power which, although in crisis, is not as unimportant as it is sometimes said.

But Europe has a vulnerability. It still lacks a foreign policy agreed upon among its members, it continues without gaining political prominence, much less military, and continues to put at the same level, (Trump aside) its criticism to the United States and China. Although we must remember that the position of the European Commission and the concrete opinion of the countries that set the course of the Union, France and Germany are different things.

But the fact of an absence of common criteria (because the absence of an agreed strategy stems from a lack of unity of criteria, since, in the end, there is no identification of national interests) makes European protagonism more difficult; and the initiatives of France, Germany and others (Spain among them) to achieve investments and business areas reveal the weakness of the community project.

So, it is probably time to stop regretting the lack of such unitary strategy and to try to locate and assume the lowest common denominator among the national interests of the Member States to take some measures that should be more oriented towards free trade than towards raising protectionist barriers of the European market. It is not easy, but that is the challenge. (Traducción: Isabel Gacho Carmona)

Trump-Kim, towards their second summit. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- The USA is living a heated political environment in its capital with the president’s stubbornness in moving forward until Congress approves the funds to build the wall on the border with Mexico. Meanwhile, at the international level, Washington has on the agenda a second historic meeting between Trump and Kim Jon-un, and that can could be used to try to change the focus of attention.

Kim Jong was on an official visit to the Chinese capital, as if he were going to ask permission to meet the adversary. In fact, last Thursday (January 10th), the president of South Korea, Moon Jae-in, stated that Kim’s trip to Beijing was an announcement of an imminent meeting that will take place between Trump and Kim. This happened previously in the first meeting and after his return from Singapore.

North Korea has very few allies, and China is more than an ally for Pyongyang; It is a protection card, a kind of international shield that has helped to survive its isolation. Kim knows it and accept it.

This visit coincides with the anniversary of the 70 years of bilateral relations between both, and demonstrates a strategic strengthening of their closeness, along with a common agenda for the year. In their conversations, most likely the issue of a second meeting with Trump and to what extend Kim should be flexible were discussed.

Earlier in this year, Trump said in a tweet that he was waiting for a meeting with Kim while we made it clear that North Korea has great economic potential and that its leader is aware of it. And then he said that they are negotiating the place where the meeting could take place. According to CNN, the places that are being floated are Vietnam, Thailand, Hawaii and maybe even New York or Geneva.

Vietnam is a country with close relations with the United States, which the secretary of state visited last summer. During that visit he expressed how “the Vietnamese economy has benefited from its exchanges with America” and, in addition, he emphasized the positive impact the abandonment of its nuclear program had meant to Vietnam, as a good example to follow for the North Koreans.

Thailand is a country closer to North Korea, and where they have diplomatic headquarters. Kim Jong-un surely feels more comfortable attending a summit there. In addition to being relatively close to the Korean peninsula.

Hawaii is not neutral territory. In fact, it’s literally enemy territory for Kim, so it’s very unlikely to be the venue. Regarding New York, even though as it is the headquarters of the United Nations it could be more feasible, still holds the great difficulty of distance. The same happens with Geneva. Even Kim himself offered Pyongyang, but for Washington it would be an uncomfortable place where they would have no control.

We cannot but wait for the decision to be made and announced. However, the problem is fundamental, the advances in the denuclearization have not been made effective. Pyongyang wants the international sanctions to be suppressed, but without any real signs of change.

The great winner is still Kim Jong-un, who in less than a year has visited China four times on official visit and with all the honours of a Head of State: he has met with the president of South Korea a couple of times; he sent a delegation to participate in the Winter Olympics, and today, he is preparing a second meeting with the American leader when only last January we were fearing an attack from Pyongyang and a change of their relations was unthinkable. (Traducción: Isabel Gacho Carmona)