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EVENTO: La potencia económica de China en la geopolítica actual. Carla Flores

Cuando hablamos de geopolítica, pocas cosas pueden atraer más la atención que el retorno de China a la primera línea mundial. La potencia asiática vuelve a ocupar un asiento que, si bien dejó vacante en el siglo XIX, tras el avance de las potencias occidentales debido a la revolución industrial, ha considerado como propio a lo largo de su dilatada historia.

El Foro de Economía Progresista y Cátedra China organizaron el pasado 2 de abril, en el Espacio Ecooo de Madrid, un evento para analizar las causas que han vuelto a hacer de China un actor de máxima relevancia. José Sanroma moderó un debate que contó con la presencia de Gloria Claudio, Marcelo Muñoz y Águeda Parra, y que se centró principalmente en la economía, la política y la iniciativa “La Franja y La Ruta”.

Desde el punto de vista económico, Gloria Claudio, Doctora en Economía y profesora titular de la Universidad Francisco de Vitoria, resaltó la importancia de la instauración llevada a cabo por Deng Xiaoping de una economía de mercado y de la apertura al comercio exterior. En 1820, China representaba el 33% del PIB mundial, pasando a sólo el 5% en 1978, año en el que Deng Xiaoping llegaba a la presidencia. Las reformas fueron graduales, siendo el sistema bancario y el comercio exterior ejemplos de los sectores más intervenidos. En 2001, China ingresa en la OMC y, en 2009, se convierte en el máximo exportador del mundo.

Marcelo Muñoz, presidente de Cátedra China, considera que tres son las claves políticas para entender el enorme salto que ha experimentado China en los últimos 40 años, pese a la lucha interna entre la facción reformista y contrarreformista. En primer lugar, la construcción de un socialismo con características chinas; un estado de bienestar que prima la educación de los jóvenes y la investigación. En segundo lugar, la planificación y la mentalidad largoplacista. En tercer lugar, los centros de formación y los think tanks, siendo el del Partido Comunista de China el de mayor relevancia de estos últimos.

Por último, Águeda Parra, ingeniera de telecomunicaciones y sinóloga, habló sobre la iniciativa “La Franja y La Ruta”, que pretende conectar Oriente y Occidente, englobando el 35% del comercio mundial, el 55% del PIB mundial y en torno al 70% de la población del globo. Para ello, China ha creado el Fondo de la Ruta de la Seda, el Nuevo Banco de Desarrollo y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, instituciones que buscan otorgar mejores líneas crediticias frente a los tradicionales organismos internacionales.

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INTERREGNUM: El siglo de Asia empieza en 2020. Fernando Delage

Por primera vez desde el siglo XIX, indicaba el Financial Times la semana pasada, las economías asiáticas sumarán un PIB mayor que el del resto del planeta en 2020. El próximo año comenzaría así, según el diario londinense, el “siglo de Asia”.

Aunque es ésta una idea que comenzó en realidad a debatirse a finales de los años ochenta, la aceleración del proceso no deja de ser llamativa. En el año 2000, Asia representaba sólo un tercio de la economía global. En la actualidad, la economía china es mayor que la de Estados Unidos en términos de paridad de poder adquisitivo, y equivale al 19 por cien del PIB mundial. India es la tercera mayor economía, y dobla el tamaño de la de Alemania o Japón. A estos dos gigantes hay que sumar, además, un número no pequeño de otros países de la región. Indonesia, por ejemplo, será la séptima mayor economía en 2020 (de nuevo en términos de paridad de poder adquisitivo), y la sexta en 2030. Asia regresa así a la que fue su posición hasta la Revolución Industrial, pues fue el continente que dominó la economía mundial hasta el primer tercio del siglo XIX.

Los fríos datos estadísticos de un informe no transmiten, sin embargo, el significado histórico que supone esta transformación para un mundo—el de los últimos 200 años—creado y liderado por Occidente. Pero sí lo hace una foto, también de la semana pasada: la del presidente chino, Xi Jinping, en el Elíseo, junto a su homólogo francés, Emmanuel Macron, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. El encuentro marca el definitivo reconocimiento por las autoridades europeas de la realidad del nuevo poder chino, y su inquietud por las implicaciones económicas y estratégicas del ascenso de la República Popular, tanto para los intereses del Viejo Continente como para el sistema internacional en su conjunto. No sólo es reveladora la ausencia de Estados Unidos de la foto, sino que el desmantelamiento del orden multilateral de postguerra por la Casa Blanca de Trump es una de las principales causas de esta reunión chino-europea.

Días después de haber aprobado la Unión Europea un documento que declara a China “rival sistémico” que quiere “imponer un modelo alternativo de gobernanza”, y pese a la presión de Washington para obstaculizar la nueva Ruta de la Seda (BRI), Merkel declaró que quiere desempeñar un papel activo en la iniciativa (por supuesto, sobre unas bases de reciprocidad). Los empresarios alemanes no van a renunciar a este motor de dinamismo para el crecimiento mundial. Macron indicó por su parte que “la Unión Europa ha abandonado su ingenuidad con respecto a China”. Pero no criticará el encargo por Xi de 300 aviones a Airbus, mientras Boeing intenta gestionar la crisis del 737. ¿Hasta qué punto son por tanto creíbles las críticas a Italia, cuyo gobierno populista ha roto la cohesión europea al firmar un memorándum sobre BRI durante la reciente visita del presidente chino?

La preocupación en Washington por los movimientos de Xi en Europa parece irrelevante para los líderes del Viejo Continente. Pero Pekín ha vuelto a demostrar su capacidad para dividir a los europeos. Macron, Merkel y Juncker entienden el desafío que representa China, pero los dos últimos desaparecerán pronto de la escena política. Aunque es una cuestión que no estará presente en la campaña de las próximas elecciones europeas, China—la ilustración más evidente del nuevo siglo de Asia—puede bien convertirse en una de las variables clave del futuro del proyecto de integración.

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¿Cuál es el problema con Huawei? Miguel Ors Villarejo

Es fácil pintar a Donald Trump como un pobre paranoico. De hecho, es un pobre paranoico. Según él, Hillary Clinton ganó en California gracias a un fraude masivo, los inmigrantes mexicanos se dedican a violar y traficar con drogas, el algoritmo de Google sabotea sus discursos y los periodistas somos unos malditos lunáticos. Ahora mantiene que Huawei es el caballo de Troya de Pekín e incluso ha instado la detención en Canadá de Meng Wanzhou, la responsable de finanzas de la multinacional. Es difícil no sentirse tentado de dar la razón al Global Times chino cuando advierte: “Washington no debería utilizar su legislación para desvirtuar la competencia”. ¿Estamos ante otra escaramuza de la guerra comercial o hay motivos para la inquietud?

Por lo que he podido comprobar leyendo algunas crónicas del Congreso Mundial del Móvil, la prensa española, sin llegar a tomar partido abiertamente por nadie, tiende a simpatizar con Huawei. Y es verdad que nadie ha sido capaz hasta ahora de encontrar nada sospechoso en sus dispositivos. Como subrayó en Barcelona Guo Ping, presidente rotatorio de la compañía: “No tienen ninguna prueba, no tienen nada”. Por su parte, el fundador Ren Zhengfei negó en una reciente entrevista las acusaciones de espionaje. “Jamás instalaremos puertas traseras”, afirmó. Y añadió tajante: “Incluso si una ley china nos lo requiriera, lo rechazaríamos enérgicamente”.

En realidad, esa ley ya existe. La Asamblea Popular la aprobó en junio de 2017 y contempla la incautación de todo tipo de material cuando se considere que la seguridad nacional está en juego. Ya vimos lo complicado que es sacudirse la presión del Estado incluso en una democracia consolidada como la estadounidense cuando el FBI reclamó a Apple que le facilitara el acceso al iPhone de un terrorista. ¿De verdad se cree alguien que la resistencia de Zhengfei, por enérgica que fuera, supondría un obstáculo para Xi Jinping?

Trump no es el único que está inquieto con Huawei. Australia y Nueva Zelanda ya la han excluido del desarrollo de su red 5G y Polonia, Canadá y Alemania podrían seguir sus pasos. La agencia de ciberseguridad de la República Checa ha alertado de los riesgos que entraña la firma china y el Reino Unido ha encargado un informe sobre la conveniencia de una prohibición total, aunque sus servicios de inteligencia la habrían desaconsejado.

Incluso aunque Huawei no fuera china, la cuota de mercado que ha acumulado en infraestructuras de última generación ya sería problemática, sobre todo en España, donde ronda el 60%. Pero es que es china y, una vez superado el enérgico rechazo de Zhengfei, sus autoridades dispondrían de una poderosísima arma. “Un ciberataque puede ser tan destructivo como un ataque convencional”, escribe el secretario general de la OTAN Jens Stoltenberg. Y recuerda cómo en vísperas de las Navidades de 2015 Kiev se quedó misteriosamente sin luz. El apagón apenas duró unas horas, pero “la temperatura de las casas se situó rápidamente bajo cero y las cañerías empezaron a helarse”. Stoltenberg cree que el agresor (¿Rusia?) solo quería enseñar la patita, pero bastó para que en la Alianza impulsaran el gasto en ciberdefensa. Ahora montan “cibermaniobras a gran escala” con “ciberfuego real”, en las que los ejércitos ponen a prueba su destreza contra adversarios de talla mundial.

Hace unos años, la prioridad era salvaguardar las plantas eléctricas, las torres de control o los centros de comunicaciones, pero el internet de las cosas y el 5G han creado nuevas vulnerabilidades. Los fabricantes de electrodomésticos inteligentes no actualizan su software ni facilitan parches y, una vez localizada una puerta trasera, los delincuentes entran y salen a su antojo. Pueden, por ejemplo, acceder a la programación de su termostato y averiguar a qué horas está usted fuera de casa. Pueden infiltrarse a través de la nevera o el horno en su ordenador, espiarlo con la cámara y grabarlo mientras navega por sitios inapropiados. O pueden encender su aparato de aire acondicionado y el de miles de vecinos simultáneamente y provocar una sobrecarga en el sistema. Un artículo presentado en agosto en el Simposio de Seguridad Usenix simulaba un asalto de esta naturaleza y concluía que un aumento súbito de la demanda del 30% podía dejar fuera de combate todos los generadores de una zona.

George R. Lucas, un profesor de la Escuela Naval de Estados Unidos, declaraba en 2014 que la tecnología precisa para perpetrar un gran ciberatentado “simplemente desborda las posibilidades intelectuales, organizativas y de recursos humanos de los grupos terroristas mejor gestionados y financiados”, pero eso ya no es un impedimento. Los terroristas no necesitan saber informática. “En la web oscura hay plataformas donde se intercambia malware o se contratan los servicios de piratas”, me contaba hace unos meses María Campos, vicepresidenta mundial de Grandes Cuentas de Panda Security. La policía desmanteló en febrero de 2018 un foro de esta naturaleza que operaba bajo el lema In fraud we trust (En el fraude confiamos).

Y si un delincuente de tres al cuarto es capaz de poner patas arriba un país, ¿qué no podría hacer Pekín a través de las autopistas que le han tendido sus compañías?

Nadie dice que vaya a hacerlo. No estamos además completamente inermes. Un estudio reciente de la Universidad de Oulo (Finlandia) sostenía que muchos peligros se conjuran con una regulación adecuada y el cumplimiento de unas normas elementales de higiene digital, como cambiar las contraseñas que vienen por defecto, actualizar el software o deshabilitar los accesos remotos. También las empresas tienen que cambiar su mentalidad. “La seguridad debe tenerse en cuenta desde el principio”, dice Campos. “No es un pegote que se pone deprisa y corriendo en el último minuto. Hay que planificarla en origen, igual que se hace en la construcción. A ningún promotor se le ocurre entregar una vivienda sin cerraduras”.

Esta concienciación puede llevar de todos modos algún tiempo y, entre tanto, un poco de paranoia trumpiana a lo mejor no estaba de más.

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INTERREGNUM: Vulnerabilidades chinas. Fernando Delage

El encuentro, esta semana en Vietnam, del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con el líder norcoreano, Kim Jong-un, se produce días antes de la fecha límite establecida por Washington—el 1 de marzo—para aumentar los aranceles impuestos a productos chinos del 10 al 25 por cien, a menos que se logre un acuerdo con Pekín. Se celebra igualmente en vísperas de la entrega del informe del fiscal especial Robert Mueller sobre las relaciones de Trump con Rusia. Las posibles conexiones del presidente norteamericano con Moscú son una fuente permanente de vulnerabilidad personal, mientras que su declaración de guerra comercial a Pekín no animará a los líderes chinos a ayudarle en la resolución del problema norcoreano.

Pero si las interconexiones son inevitables en la era de la globalización, las debilidades tampoco se concentran en una sola parte. Así se ha puesto en evidencia en China mediante dos recientes señales. En enero, en un discurso en la Escuela Central del Partido Comunista, el presidente Xi Jinping se refirió a las múltiples amenazas externas e internas que afronta la República Popular. El 16 de febrero, Qiushi, la publicación que marca la ortodoxia ideológica del Partido, publicó por otra parte unas palabras pronunciadas por Xi a puerta cerrada el pasado mes de agosto, reclamando un mayor activismo en la defensa de los principios de la organización.

En sus intervenciones, el presidente chino ha descrito una situación global “complicada e impredecible”. Aunque los analistas lo han entendido como una referencia a las actuales tensiones con Washington, probablemente también incluye la percepción de una creciente actitud defensiva por parte del mundo exterior con respecto a las inversiones estratégicas y la interferencia política de la República Popular. Con todo, Xi también ha hecho hincapié en los riesgos internos que afronta la estabilidad política; riesgos derivados tanto de las denominadas “cinco nuevas categorías”—abogados defensores de los derechos humanos, iglesias clandestinas, comentaristas en Internet, y grupos sociales menos favorecidos—como de los críticos con la acumulación de poder por Xi y la recuperación de prácticas que recuerdan al maoísmo. La respuesta del presidente, además de sus reiteradas denuncias del “constitucionalismo occidental”, ha sido previsible: una nueva exhortación a los cuadros del régimen a estar alerta contra la infiltración ideológica de las fuerzas hostiles y a extremar la lealtad hacia los valores y principios del Partido Comunista.

En un sistema donde nada se hace por casualidad, la publicación de estos discursos no es mera rutina. La imposición de tarifas por parte de Estados Unidos y la reacción contra sus actividades ilegales en el exterior, se ha traducido desde la pasada primavera en una notable reducción del crecimiento económico; algunos observadores hablan incluso de contracción. La cifra de desempleo ha aumentado, y se multiplican las voces que, además de señalar lo erróneo del enfrentamiento con Washington, pronostican un escenario negativo si se sigue defendiendo a las empresas públicas a costa del sector privado. Esta deriva podrá provocar una creciente oposición a Xi, pese al reforzamiento en curso del aparato de propaganda.

Cada uno de los dos principales líderes políticos del planeta tiene razones, por tanto, para sacar partido a la reunión que tienen previsto mantener hacia finales de marzo en Florida. Trump necesita neutralizar la amenaza norcoreana—aunque no se avance en la desnuclearización de la península—y “vender” a su opinión pública la firma de un acuerdo con Pekín, aunque éste sólo ceda en cuestiones menores y no en la reforma estructural de su economía. Xi tiene que lograr por su parte un equilibrio entre los imperativos del control ideológico y el pragmatismo que requiere su supervivencia política. Necesita una tregua que le permita minimizar la movilización en su contra de las elites chinas.

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China en la crisis venezolana (II). Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- La dimensión de la implicación de China en la crisis venezolana parece ser más profunda de lo que inicialmente se intuía. En esta misma columna hemos dado cifras de los créditos que Beijing ha otorgado a Caracas. Sean Miner, en una entrevista que le concedió a 4Asia el año pasado, explicaba que los prestamistas estatales chinos dieron créditos al gobierno de Maduro por más de 60 mil millones de dólares, principalmente en acuerdos de préstamo por petróleo. Y expertos estiman en que Venezuela aún le debe a China al menos 25 mil millones.

La concesión de estos créditos fue una estrategia de Beijing para garantizarse suministro de petróleo, a pesar de las fluctuaciones de precio en el mercado internacional. Y gracias a ese flujo de dinero Maduro ha conseguido alargar su estancia en el poder, a pesar de la crisis en la que ya se encontraba la economía venezolana.

Pero más allá de los créditos está la lista de empresas chinas que consiguieron entrar en los negocios del régimen venezolano. La ZTE, una de las grandes corporaciones en telecomunicaciones chinas que ayudó a Maduro a construir la base de datos que permite el monitoreo y seguimiento de los ciudadanos desde el 2016 a través de la “carnet de la patria”, tal y como aparece en una carta del Senado estadounidense dirigida a los Departamentos de Estado, de Comercio y del Tesoro, a finales de noviembre pasado, en la que se les pide investiguen a ZTE por haber violado la normativa de exportaciones.

En la misiva dice literalmente “previo a las elecciones venezolanas de mayo pasado, el dictador Maduro usaba la tarjeta de la patria para movilizar gente en su apoyo. Prometió premios a quienes escanearan las tarjetas en los centros electorales. Sin embargo, esos premios nunca se materializaron, aunque sí se recibieron mensajes de texto agradeciendo su apoyo a Maduro”.

La trama de esta empresa de telecomunicaciones es larga, pues ya ha sido investigada y sancionada previamente debido a sus prácticas comerciales oscuras, y entre ellas cuentan la violación a los embargos con Irán, Corea del Norte, Sudán, Siria y Cuba. Precisamente el verano del 2018 se declararon culpables de rompimiento de acuerdos previos y haber enviado equipos y/o material tecnológico que contiene piezas elaborados en los Estados Unidos.

Las prácticas de ZTE han sido tan irregulares que en junio pasado el mismo Xi Jinping tuvo que visitar la Casa Blanca en busca de mediación. Pues las sanciones consistían en siete años de embargo que prohibían a la compañía cualquier negocio con empresas estadounidenses. De haber procedido las sanciones que estaban previstas, hubiera sido el fin de ZTE, de acuerdo a expertos financieros, muy a pesar de que es la mayor corporación en telecomunicaciones china.

En esa ocasión Trump salvó a ZTE por la intervención de Xi, lo que no fue bien visto por todos los sectores de la Administración. Sin embargo, fuentes cercanas a Trump insistieron que lo hizo como una demostración de buena voluntad en pleno anuncio de la guerra comercial.

Ahora el Senado estadounidense ha vuelto a solicitar que se reabra esta investigación y se investigue si ZTE ha vuelto a infringir sanciones estadounidenses a través de la venta de materiales y equipos, o ha asistido técnicamente o financieramente a individuos como el presidente de CANTV (empresa de telecomunicaciones de Venezuela) Manuel Ángel Fernández Meléndez. Así como solicita que se investigue si esta corporación china ha participado en actividades que socavan la democracia en Venezuela y serios abusos de derechos humanos.

Con la fuerte presión que la comunidad internacional está ejerciendo para que se retome la democracia y se restauren las garantías de los derechos humanos en Venezuela, y con ello se frene la mayor migración nunca vista en esta región del mundo, a punto de superar la Siria, aumenta también el interés en perseguir irregularidades como las de ZTE, y dejar al descubierto como la mano china omitiendo regulaciones ha favorecido la vigilancia y control de la población venezolana en pro de la perpetuación del régimen de Maduro. (Foto: Karlis Dambrans)

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La omnipotencia del pueblo. Miguel Ors Villarejo

Se calcula que unos 800.000 uigures están recluidos en los 1.200 campos de internamiento repartidos por la región túrquica de Sinkiang. Oficialmente, disfrutan de una cura de desintoxicación. Presentan síntomas de radicalismo en diferentes grados y el tratamiento consiste en entonar himnos comunistas, abjurar del islam, ver películas propagandísticas y estudiar lengua e historia chinas. En la práctica, “los centros están atestados y la comida es frugal”, escribe James Millward en The New York Review of Books. “Quienes protestan son confinados en celdas de aislamiento, ven su alimentación reducida, pasan largos periodos de pie contra la pared o permanecen atados de pies y manos en una silla tigre”.

Aunque inicialmente las autoridades lo negaron todo, las imágenes de satélite y los testimonios de familiares de presos y de funcionarios arrepentidos las han obligado a admitir que en 2017 los arrestos se elevaron en la región al 21% del total nacional, pese a que los uigures apenas suponen el 1,5% de la población. “Se estima”, dice Millward, “que el Partido Comunista tiene encerrados al 10% de los musulmanes de Sinkiang”.

¿Cómo se puso en marcha este nuevo archipiélago Gulag?

Los uigures se islamizaron hacia el año 1000 y llevan siglos practicando una variante muy alejada del salafismo tan grato a Bin Laden y sus secuaces. Después de que los manchúes se anexionaran el territorio en el siglo XVIII, se inauguró un régimen administrativo respetuoso con las peculiaridades locales. Ni los emperadores ni sus sucesores comunistas se metían con la ropa, el idioma o la religión. Sinkiang fue declarada región autónoma y, salvo el paréntesis de la Revolución Cultural, todos los presidentes celebraron “la diversidad” y fomentaron la publicación en lengua vernácula.

Esta política empezó, sin embargo, a reconsiderarse tras el colapso de la URSS en 1991. Muchos jacobinos vieron en la tolerancia de Moscú hacia las nacionalidades la carcoma que había socavado los cimientos del imperio soviético y empezaron a abogar por una asimilación más enérgica de las minorías. Únicamente así, argumentaban, preservaría China su estabilidad.

Estos debates son recurrentes en los estados plurinacionales y nunca habrían trascendido el terreno académico de no haber surgido el terror islamista. Los promotores de una China fuerte establecieron rápidamente un hilo conductor entre Al Qaeda y cualquier expresión musulmana. “Aunque parte de las personas que han sido expuestas a la ideología extremista no han cometido aún delito alguno”, explica un documento de la Liga de la Juventud Comunista de Sinkiang, “están ya infectadas [y] la enfermedad puede manifestarse en cualquier momento […]. Por eso debe ingresárseles en un hospital de reeducación a tiempo de tratar y extirpar el virus de sus cerebros”.

En descargo de estos aguerridos jóvenes comunistas hay que decir que no todos los uigures son probos y pacíficos mahometanos. Algunos han protagonizado ataques repulsivos, como las hordas que en julio de 2009 sacaron de sus casas y asesinaron a 200 integrantes de la etnia han. En mayo de 2014, otros ocho uigures acuchillaron a 31 viajeros en una estación de tren y, meses después, dos SUV cargados de explosivos irrumpían en un mercado y se llevaban por delante a 43 viandantes. Finalmente, en septiembre del año siguiente, 17 terroristas acababan a machetazos con 50 personas y se refugiaban en una cueva, de donde el ejército los desalojó con lanzallamas y acribilló a balazos a medida que salían ardiendo como teas.

Nadie simpatiza con estos fanáticos, pero Millward se pregunta si la solución es aplastar toda una cultura. Es posible que entre el irredentismo uigur y la violencia haya un paso, pero es un paso solo una minoría da. Neutralizarla sin desbordar los límites del estado de derecho exige tiempo y paciencia, pero la historia ofrece ejemplos de que no es un camino impracticable.

Es verdad que la historia proporciona casos igualmente exitosos de procesos de asimilación. En la Francia del Antiguo Régimen apenas 15 de los 83 departamentos eran francófonos. “Dados los numerosos correos que se recibieron informando de que los paisanos de tal o cual sitio eran incapaces de comprender lo que se les leía”, cuenta Íñigo Bolinaga, “los decretos más importantes, así como la Declaración de Derechos, tuvieron que ser traducidos a los idiomas locales”.

Con el tiempo, Francia se ha convertido en un modelo de uniformidad lingüística y cultural, pero el precio pagado nos resultaría hoy inasumible. Se empezó degollando a sacerdotes y aristócratas, se procedió luego con las prostitutas y los burgueses y se terminó arrasando ciudades enteras. “Lyon será destruida”, dictaminó la Convención en octubre de 1793, y confió la misión a Joseph Fouché. “La guillotina trabaja demasiado despacio”, comentó este. Encadenó en una bola humana a un grupo de presos, los despachó a cañonazos y arrojó sus cadáveres al Ródano, para que fueran flotando hasta Tolón y mostraran a los ingleses y al mundo “la omnipotencia del pueblo”. (Foto: Steve Bunting)

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Asia 2019: un pronóstico. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Los comienzos de años son un buen momento para analizar el panorama internacional y evaluar los posibles escenarios que se presentarán. Los analistas hacen sus planteamientos y predicciones mientras que los asesores políticos tratan de sacar el mayor provecho tanto económico como estratégico de las situaciones.

En este sentido el CSIS -Centro para estudios internacionales y estratégico- tuvo su conferencia anual en Washington la semana pasada en la que pronosticaron los escenarios del 2019 para Asia. 4asia tuvo ocasión de participar y seguir los vaticinios hechos por los especialistas en cuanto a la geopolítica en Asia y el Pacífico, al liderazgo regional y hacia donde irán las alianzas políticas y los factores económicos.

Amy Searight, que cuenta con una larga experiencia en asuntos asiáticos y fue subsecretaria de Defensa de EEUU, considera que uno de los grandes riesgos para éste año es que China tome la iniciativa de reclamar territorio taiwanés o filipino y qué rol desempeñaría Estados Unidos ante esta posible situación.

En el caso de Filipinas, Washington debería responder y defender al país con quien ha mantenido relaciones diplomáticas durante tantos años, además de los muy cercanos vínculos militares actuales que comenzaron en la Administración de George Bush. Estados Unidos debería dejarle claro a Beijing no van a tolerar tendencia expansionista en la región. Sin embargo, la situación en Manila con el presidente Duterte es impredecible, y en las últimas semanas ha habido cuestionamientos de su alianza con los estadounidenses.

En cuanto al liderazgo en Asia, se discutió que, a diferencia del año pasado cuyo protagonismo estuvo centrado en Xi Jinping, para el 2019 estará compartido entre Xi y el primer ministro japonés Shinzo Abe. Se remarcó el hecho que Japón se encuentra en un momento privilegiado por el crecimiento económico que ha tenido, y que continuará creciendo. Especialmente si se compara con la economía china, que, por unanimidad entre los expertos, está entrando en un momento de estancamiento económico.

“China ha sufrido un crecimiento espectacular en los últimos diez años, y entre otros factores se debe a que la población ha aumentado exponencialmente su gasto a costa de endeudarse, pero que ese crecimiento es insostenible”, explica Stephanie Segal, economista que trabajó para el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional. Afirma que “si Beijing no cambia su modelo no podrán seguir creciendo”.

En cuanto a la relación de Estados Unidos y China, hubo unanimidad de opinión en los paneles. La presión que la Casa Blanca ha estado ejerciendo sobre Beijing desde que tomó el control Trump está funcionando. La economía de china se ha debilitado y podría debilitarse aún más. Por lo que es muy probable que intenten renegociar los aranceles. Mientras que los intercambios entre Estados Unidos y Japón se presentan como positivos y cómo los más cómodos para la Administración Trump con entrada en vigor en un año y medio aproximadamente.

El debate tecnológico está despertando un gran interés en Washington. “La protección de las nuevas tecnologías centra este debate y tendrá que regularse a través de leyes que deberán que ser aprobadas por el Congreso estadounidense”, afirma Scott Kennedy, quien es considerado una autoridad en políticas chinas, dedicando más de 30 años de estudios a la evolución industrial, económica, política, de negocio y tecnológica.

La seguridad ocupó un lugar privilegiado de la discusión, como era de esperar. Corea del Norte sigue siendo el dolor de cabeza de la región. Se platearon dos posibles escenarios ante un segundo encuentro entre el presidente Trump y Kim Jong-un. El más positivo sería que Pyongyang acuerde abrirse y permitir las inspecciones que den fe que su carrera nuclear está suspendida, lo que es muy poco probable. Y el segundo escenario podría ser que no se llegue a ningún acuerdo real entre los líderes, y por lo que Kim acabe presionando al presidente Moon, y Corea del Sur empiece hacer lobby internacional para el levantamiento de sanciones a Pyongyang, vaticina Sue Mi Terry -una de las expertas más respetadas en el tema coreano.

Mi Terry afirma que hay una creciente tensión entre Seúl y Washington que podría complicarse si Trump sigue presionándoles con doblar el pago del acuerdo bilateral para mantener tropas estadounidenses en territorio surcoreano. A día de hoy, no hay un acuerdo entre las partes, pues Trump insiste en que Seúl pague anualmente el doble de lo que ha venido pagando, o sea 1.6 mil millones de dólares (en vez de los 830 millones de dólares que pagaron hasta el año pasado) y por su parte el gobierno de Moon insiste en que eso no es parte del arreglo preestablecido.

La política proteccionista de Trump está dando resultados positivos para la economía de Estados Unidos, al menos de momento. Habrá que ver si la cumbre con el líder norcoreano da algún fruto real, De no darlo, Victor Cha -la autoridad número uno en este tema- afirma que será visto como un gran fracaso de Trump. Y estos dos elementos, resumen básicamente las principales políticas en las que ha centrado su gobierno. (Foto: Andrea Glasser, Flickr.com)

CARAS HORIZONTAL

Reseña ponencia: Águeda Parra “La modernidad llega a la milenaria cultura china”. Isabel Gacho Carmona

En 1980 el PIB de España era igual al de China. En 2017 el de la potencia asiática ya era 10 veces mayor. Este es solo un indicador del resultado de 40 años de reformas económicas. Águeda Parra, ingeniera, sinóloga y colaboradora de 4asia.es, se pregunta “¿Cómo ha llegado China a la situación actual?”. Para ello analiza los cambios que ha habido en términos de sociedad, urbanización y población y el nuevo rol que están jugando factores tan importantes como la aparición de una clase media, la tecnología y la I+D.

 “Después de 40 años de reformas, comienza a existir una clase media creciente que es motor económico para el país” explica. El sueldo anual medio de un trabajador urbano ha pasado de 78 euros en 1978 a 8.640 en 2016. El consumo interno se ha convertido en un motor de desarrollo. Antes el gasto principal era la comida, y, ahora, el ocio y las compras ocupan un papel principal. Pese a que solo un 7% de los chinos tienen pasaporte, son el numero 1 mundial en emisión de turismo y en gasto por viaje (representando 1/5 del gasto mundial del sector). Este cambio se observa también en los objetos del día a día. Mientras que en 1980 los objetos que las familias aspiraban a poseer eran bicicletas, máquinas de coser y relojes de pulsera, en 2018 estos son motos eléctricas, televisiones a color y smartphones. Estos últimos se han convertido en un elemento indispensable para la vida en China.

“La tecnología está generando un modelo de sociedad siempre conectada”. Desde 2000 no deja de crecer la telefonía móvil. Ha crecido exponencialmente. En la actualidad, de los 802 millones de chinos que se conectan a internet, un 95% lo hace a través de un móvil. El eCommerce ha pasado de suponer un 1% en 2008 a un 42% en 2016. De estas compras, un 90% son hechas desde smartphones, los PC no se usan. Tienen un ecosistema propio donde Wechat, JD o Taobao juegan un papel predominante. Su fiesta de las compras por excelencia, el 11/11 o Día del Soltero, tuvo un volumen de ventas es 6 veces superior al del que sería su homólogo americano, el Black Friday, en 2017.

“La apuesta por la innovación y la I+D es lo que diferencia a la China actual de la de 1978, orientada a la manufactura”. Para Parra la innovación es clave para consolidar el paso a economía avanzada. China pretende ser líder mundial en el sector para 2050. De momento ya supera en UE en inversión respecto al PIB: China destina un 2,1% mientras que la UE un 1,9%. Pese a que la tecnología ha llagado más tarde y de manera más abrupta que en occidente, con el plan Made in China 2025 prenden dejar de depender de otros aumentando su producción nacional. El plan es aumentar las patentes chinas de materiales básicos al 40% para 2020 y al 70% para 2025. Esto supondría mucha independencia.

El desarrollo económico también se refleja en la urbanización. Antes las urbes estaban rodeadas de campos de arroz, ahora son grandes urbes donde vive mayoritariamente la población. Muchas de estas ciudades tienen una economía local con un PIB similar a países occidentales. De hecho, las 35 principales ciudades tienen un país de economía similar: Beijing y Tianjin como Australia, y las economías de Shenzhen Hong Kong y Macao serían similares a la de Corea del Sur, por ejemplo. La transformación urbana también se traduce en transformación económica. Al ser la sede de startups punteras, atraen el talento y funcionan de hubs regionales. Este es el caso de Nanjing y el sector automovilístico o de Shenzhen, que se le considera el Silicon Valley chino.

Hasta aquí todos los indicadores apuntan al optimismo, y así sería si la población china fuese joven. Sin embargo, China es una población envejecida. “La población de China ha sufrido grandes transformaciones, con un modelo de familia necesitado de cambios urgentes”. Deng estableció que para las reformas había que reducir la población y puso en práctica la famosa política de hijo único. La tasa de fertilidad pasó de 6,3 en 1978 al 1,6 actual. Esta política también trajo consigo importantes cambios culturales. Estos hijos únicos, que cuentan con dos padres y cuatro abuelos a su disposición, se han convertido en “pequeños emperadores”, algo que difiere del modelo de familia tradicional china. Además, hay un desajuste por sexos: Hay 33 millones más de hombres que mujeres. Al quitar la política no se han conseguido las cifras esperadas. La sociedad ya ha cambiado. El gasto medio para mantener a un hijo es muy alto y la gente ya es muy consumidora. La incorporación de la mujer al mundo laboral también influye en este sentido. Hasta un 40% de mujeres están dispuestas a no tener ningún hijo para que no les perjudique a su carrera, ya que muchos empresarios dejan de contratar mujeres para no hacer frente a las bajas por maternidad. Si todo sigue así en 2030 habrá más gente mayor de 65 que menores de 14. Y eso es insostenible.

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Reseña ponencia: Juan Manuel López Nadal “Entre el estancamiento y la confrontación. La política exterior de China de Deng Xiaoping a Xi Jinping”. Isabel Gacho Carmona

Abrió su ponencia el exembajador en Tailandia, Juan Manuel López Nadal, clarificando que cuando usa el término “China” se refiere a la República Popular. “China es un régimen dictatorial de partido único”. Según el que también fuera Cónsul en Hong Kong, la prioridad del gobierno en todas las cuestiones es seguir en el poder a toda costa. Y como se busca esto, las “tres revoluciones de China” han buscado tres fuentes de legitimidad distinta: revolución, desarrollo económico y nacionalismo.

El elemento clave de la política exterior en la época de Mao fue el realismo de Zhou Enlai y sus cinco principios de coexistencia pacífica. En el clímax de esta época tuvieron lugar la Revolución Cultural y la reunión secreta con Kissinger que derivó en la visita de Nixon a Pekín y que causó el temor de la URSS.

Deng Xiaoping llevó a cabo una política exterior más definida. La resumió en sus famosos 24 caracteres, aunque bastan cuatro para captar la idea: 韬光养晦 taoguanyanhui, esto es, mantén un perfil bajo y espera tu momento. Deng hereda el legado de Zhou y lo adapta. En este periodo se normalizaron las relaciones con sus vecinos asiáticos: Se mejoraron las relaciones con India, Japón, la URSS, Indonesia y Singapur. También mejoró su imagen en Asia: creó la Organización para la Cooperación de Shanghai, y se acercó a la ASEAN. Sin embargo, desde el punto de vista del exembajador, en esta época hubo dos grandes tropiezos: El primero en la guerra de Indochina, cuando los vietnamitas invadieron Camboya después de la guerra de EEUU y China quiso dar una lección a Vietnam, pero estos les echaron de manera humillante. El segundo fue el “Incidente de Tiananmen” de 1989. Esto supuso un retroceso en sus relaciones exteriores.

Pese a este “segundo tropiezo”, de 1995 a 1998, China vivió su “edad de oro de la diplomacia” y se convirtió en el primer socio comercial de casi todos los países asiáticos. En 2002 firmó el tratado de libre comercio con la ASEAN y el documento de conducta del Mar de China Meridional. A Deng le siguieron un Jian Zemin muy pragmático y un primer Hu Jintao que siguió la misma línea. El cambio vendría en 2008-2010.

En 2007 entró como presunto sucesor y vicepresidente Xi Jinping. Seguramente su presencia tuvo que ver en el cambio. Los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008 coincidieron con la caída en bolsa de Lehman Brothers. Se resucitó el concepto de “Tian Xia” y comenzó una política exterior más asertiva. En 2009 fue la primera vez que barcos chinos hostigaron a un buque estadounidense en el Mar de la China Meridional y enviaron a la ONU una comunicación reivindicando la línea de 9 trazos. Este mismo año, en el acto del 60 aniversario de la República Popular, los soldados dieron 110 pasos por los 110 años de humillación nacional que sufrió el país por parte de las potencias occidentales. En 2010, en una cumbre de la ASEAN, el ahora Consejero de Estado Li Kequian no tuvo reparos en expresar este cambio en política exterior “China es grande y vosotros pequeños, acostumbraos”.

En 2012 llegó de facto Xi Jinping al poder y en 2017 cambió la Constitución para perpetuarse. ¿Como es esta nueva era?

En Asia el tema principal es el Mar de la China Meridional. En 2013, China empezó a construir islas artificiales y no ha parado de hacerlo. En la actualidad ocupa 8 formaciones. Las Spratly están ocupadas por China y reivindicadas por Vietnam, por ejemplo. Filipinas, por su parte, llevó a China al Tribunal de la Haya por incumplir la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar. El dictamen de 2016 acepta 14 de las 15 peticiones de Filipinas y declara ilegal la línea de 9 trazos pero China rechazó la jurisdicción. En general, China está militarizando la zona mientras la comunidad internacional, y en especial EEUU, no reconoce su soberanía en el territorio.

En 2013 Xi Jinping presentó el proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, que cuenta con un presupuesto de 40-50 billones de dólares. Es una iniciativa económica y geopolítica con la que China busca ganar influencia y poder, pero ¿Es viable financieramente? Para el exembajador los ejemplos de Sri Lanka, Pakistán o Grecia, por nombrar algunos, ponen de manifiesto la trampa de la deuda. Con este último caso la UE “le ha visto las orejas al lobo”.

Para el diplomático, este “Caballo de Troya” es muy peligroso y cuestiona el papel que va a jugar China en la globalización. Un país que viola los derechos humanos en su interior y que ha intentado desvirtuar el Consejo de Derechos Humanos, un país que utiliza amenazas, sobornos e intimidación como herramientas de su soft power hasta transformarlo en sharp power. Con un EEUU cada vez más centrado en sí mismo, López Nadal se pregunta ¿Debemos sustituir la globalización americana por la china?