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China en la crisis venezolana (II). Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- La dimensión de la implicación de China en la crisis venezolana parece ser más profunda de lo que inicialmente se intuía. En esta misma columna hemos dado cifras de los créditos que Beijing ha otorgado a Caracas. Sean Miner, en una entrevista que le concedió a 4Asia el año pasado, explicaba que los prestamistas estatales chinos dieron créditos al gobierno de Maduro por más de 60 mil millones de dólares, principalmente en acuerdos de préstamo por petróleo. Y expertos estiman en que Venezuela aún le debe a China al menos 25 mil millones.

La concesión de estos créditos fue una estrategia de Beijing para garantizarse suministro de petróleo, a pesar de las fluctuaciones de precio en el mercado internacional. Y gracias a ese flujo de dinero Maduro ha conseguido alargar su estancia en el poder, a pesar de la crisis en la que ya se encontraba la economía venezolana.

Pero más allá de los créditos está la lista de empresas chinas que consiguieron entrar en los negocios del régimen venezolano. La ZTE, una de las grandes corporaciones en telecomunicaciones chinas que ayudó a Maduro a construir la base de datos que permite el monitoreo y seguimiento de los ciudadanos desde el 2016 a través de la “carnet de la patria”, tal y como aparece en una carta del Senado estadounidense dirigida a los Departamentos de Estado, de Comercio y del Tesoro, a finales de noviembre pasado, en la que se les pide investiguen a ZTE por haber violado la normativa de exportaciones.

En la misiva dice literalmente “previo a las elecciones venezolanas de mayo pasado, el dictador Maduro usaba la tarjeta de la patria para movilizar gente en su apoyo. Prometió premios a quienes escanearan las tarjetas en los centros electorales. Sin embargo, esos premios nunca se materializaron, aunque sí se recibieron mensajes de texto agradeciendo su apoyo a Maduro”.

La trama de esta empresa de telecomunicaciones es larga, pues ya ha sido investigada y sancionada previamente debido a sus prácticas comerciales oscuras, y entre ellas cuentan la violación a los embargos con Irán, Corea del Norte, Sudán, Siria y Cuba. Precisamente el verano del 2018 se declararon culpables de rompimiento de acuerdos previos y haber enviado equipos y/o material tecnológico que contiene piezas elaborados en los Estados Unidos.

Las prácticas de ZTE han sido tan irregulares que en junio pasado el mismo Xi Jinping tuvo que visitar la Casa Blanca en busca de mediación. Pues las sanciones consistían en siete años de embargo que prohibían a la compañía cualquier negocio con empresas estadounidenses. De haber procedido las sanciones que estaban previstas, hubiera sido el fin de ZTE, de acuerdo a expertos financieros, muy a pesar de que es la mayor corporación en telecomunicaciones china.

En esa ocasión Trump salvó a ZTE por la intervención de Xi, lo que no fue bien visto por todos los sectores de la Administración. Sin embargo, fuentes cercanas a Trump insistieron que lo hizo como una demostración de buena voluntad en pleno anuncio de la guerra comercial.

Ahora el Senado estadounidense ha vuelto a solicitar que se reabra esta investigación y se investigue si ZTE ha vuelto a infringir sanciones estadounidenses a través de la venta de materiales y equipos, o ha asistido técnicamente o financieramente a individuos como el presidente de CANTV (empresa de telecomunicaciones de Venezuela) Manuel Ángel Fernández Meléndez. Así como solicita que se investigue si esta corporación china ha participado en actividades que socavan la democracia en Venezuela y serios abusos de derechos humanos.

Con la fuerte presión que la comunidad internacional está ejerciendo para que se retome la democracia y se restauren las garantías de los derechos humanos en Venezuela, y con ello se frene la mayor migración nunca vista en esta región del mundo, a punto de superar la Siria, aumenta también el interés en perseguir irregularidades como las de ZTE, y dejar al descubierto como la mano china omitiendo regulaciones ha favorecido la vigilancia y control de la población venezolana en pro de la perpetuación del régimen de Maduro. (Foto: Karlis Dambrans)

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La omnipotencia del pueblo. Miguel Ors Villarejo

Se calcula que unos 800.000 uigures están recluidos en los 1.200 campos de internamiento repartidos por la región túrquica de Sinkiang. Oficialmente, disfrutan de una cura de desintoxicación. Presentan síntomas de radicalismo en diferentes grados y el tratamiento consiste en entonar himnos comunistas, abjurar del islam, ver películas propagandísticas y estudiar lengua e historia chinas. En la práctica, “los centros están atestados y la comida es frugal”, escribe James Millward en The New York Review of Books. “Quienes protestan son confinados en celdas de aislamiento, ven su alimentación reducida, pasan largos periodos de pie contra la pared o permanecen atados de pies y manos en una silla tigre”.

Aunque inicialmente las autoridades lo negaron todo, las imágenes de satélite y los testimonios de familiares de presos y de funcionarios arrepentidos las han obligado a admitir que en 2017 los arrestos se elevaron en la región al 21% del total nacional, pese a que los uigures apenas suponen el 1,5% de la población. “Se estima”, dice Millward, “que el Partido Comunista tiene encerrados al 10% de los musulmanes de Sinkiang”.

¿Cómo se puso en marcha este nuevo archipiélago Gulag?

Los uigures se islamizaron hacia el año 1000 y llevan siglos practicando una variante muy alejada del salafismo tan grato a Bin Laden y sus secuaces. Después de que los manchúes se anexionaran el territorio en el siglo XVIII, se inauguró un régimen administrativo respetuoso con las peculiaridades locales. Ni los emperadores ni sus sucesores comunistas se metían con la ropa, el idioma o la religión. Sinkiang fue declarada región autónoma y, salvo el paréntesis de la Revolución Cultural, todos los presidentes celebraron “la diversidad” y fomentaron la publicación en lengua vernácula.

Esta política empezó, sin embargo, a reconsiderarse tras el colapso de la URSS en 1991. Muchos jacobinos vieron en la tolerancia de Moscú hacia las nacionalidades la carcoma que había socavado los cimientos del imperio soviético y empezaron a abogar por una asimilación más enérgica de las minorías. Únicamente así, argumentaban, preservaría China su estabilidad.

Estos debates son recurrentes en los estados plurinacionales y nunca habrían trascendido el terreno académico de no haber surgido el terror islamista. Los promotores de una China fuerte establecieron rápidamente un hilo conductor entre Al Qaeda y cualquier expresión musulmana. “Aunque parte de las personas que han sido expuestas a la ideología extremista no han cometido aún delito alguno”, explica un documento de la Liga de la Juventud Comunista de Sinkiang, “están ya infectadas [y] la enfermedad puede manifestarse en cualquier momento […]. Por eso debe ingresárseles en un hospital de reeducación a tiempo de tratar y extirpar el virus de sus cerebros”.

En descargo de estos aguerridos jóvenes comunistas hay que decir que no todos los uigures son probos y pacíficos mahometanos. Algunos han protagonizado ataques repulsivos, como las hordas que en julio de 2009 sacaron de sus casas y asesinaron a 200 integrantes de la etnia han. En mayo de 2014, otros ocho uigures acuchillaron a 31 viajeros en una estación de tren y, meses después, dos SUV cargados de explosivos irrumpían en un mercado y se llevaban por delante a 43 viandantes. Finalmente, en septiembre del año siguiente, 17 terroristas acababan a machetazos con 50 personas y se refugiaban en una cueva, de donde el ejército los desalojó con lanzallamas y acribilló a balazos a medida que salían ardiendo como teas.

Nadie simpatiza con estos fanáticos, pero Millward se pregunta si la solución es aplastar toda una cultura. Es posible que entre el irredentismo uigur y la violencia haya un paso, pero es un paso solo una minoría da. Neutralizarla sin desbordar los límites del estado de derecho exige tiempo y paciencia, pero la historia ofrece ejemplos de que no es un camino impracticable.

Es verdad que la historia proporciona casos igualmente exitosos de procesos de asimilación. En la Francia del Antiguo Régimen apenas 15 de los 83 departamentos eran francófonos. “Dados los numerosos correos que se recibieron informando de que los paisanos de tal o cual sitio eran incapaces de comprender lo que se les leía”, cuenta Íñigo Bolinaga, “los decretos más importantes, así como la Declaración de Derechos, tuvieron que ser traducidos a los idiomas locales”.

Con el tiempo, Francia se ha convertido en un modelo de uniformidad lingüística y cultural, pero el precio pagado nos resultaría hoy inasumible. Se empezó degollando a sacerdotes y aristócratas, se procedió luego con las prostitutas y los burgueses y se terminó arrasando ciudades enteras. “Lyon será destruida”, dictaminó la Convención en octubre de 1793, y confió la misión a Joseph Fouché. “La guillotina trabaja demasiado despacio”, comentó este. Encadenó en una bola humana a un grupo de presos, los despachó a cañonazos y arrojó sus cadáveres al Ródano, para que fueran flotando hasta Tolón y mostraran a los ingleses y al mundo “la omnipotencia del pueblo”. (Foto: Steve Bunting)

cristal ball

Asia 2019: un pronóstico. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Los comienzos de años son un buen momento para analizar el panorama internacional y evaluar los posibles escenarios que se presentarán. Los analistas hacen sus planteamientos y predicciones mientras que los asesores políticos tratan de sacar el mayor provecho tanto económico como estratégico de las situaciones.

En este sentido el CSIS -Centro para estudios internacionales y estratégico- tuvo su conferencia anual en Washington la semana pasada en la que pronosticaron los escenarios del 2019 para Asia. 4asia tuvo ocasión de participar y seguir los vaticinios hechos por los especialistas en cuanto a la geopolítica en Asia y el Pacífico, al liderazgo regional y hacia donde irán las alianzas políticas y los factores económicos.

Amy Searight, que cuenta con una larga experiencia en asuntos asiáticos y fue subsecretaria de Defensa de EEUU, considera que uno de los grandes riesgos para éste año es que China tome la iniciativa de reclamar territorio taiwanés o filipino y qué rol desempeñaría Estados Unidos ante esta posible situación.

En el caso de Filipinas, Washington debería responder y defender al país con quien ha mantenido relaciones diplomáticas durante tantos años, además de los muy cercanos vínculos militares actuales que comenzaron en la Administración de George Bush. Estados Unidos debería dejarle claro a Beijing no van a tolerar tendencia expansionista en la región. Sin embargo, la situación en Manila con el presidente Duterte es impredecible, y en las últimas semanas ha habido cuestionamientos de su alianza con los estadounidenses.

En cuanto al liderazgo en Asia, se discutió que, a diferencia del año pasado cuyo protagonismo estuvo centrado en Xi Jinping, para el 2019 estará compartido entre Xi y el primer ministro japonés Shinzo Abe. Se remarcó el hecho que Japón se encuentra en un momento privilegiado por el crecimiento económico que ha tenido, y que continuará creciendo. Especialmente si se compara con la economía china, que, por unanimidad entre los expertos, está entrando en un momento de estancamiento económico.

“China ha sufrido un crecimiento espectacular en los últimos diez años, y entre otros factores se debe a que la población ha aumentado exponencialmente su gasto a costa de endeudarse, pero que ese crecimiento es insostenible”, explica Stephanie Segal, economista que trabajó para el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional. Afirma que “si Beijing no cambia su modelo no podrán seguir creciendo”.

En cuanto a la relación de Estados Unidos y China, hubo unanimidad de opinión en los paneles. La presión que la Casa Blanca ha estado ejerciendo sobre Beijing desde que tomó el control Trump está funcionando. La economía de china se ha debilitado y podría debilitarse aún más. Por lo que es muy probable que intenten renegociar los aranceles. Mientras que los intercambios entre Estados Unidos y Japón se presentan como positivos y cómo los más cómodos para la Administración Trump con entrada en vigor en un año y medio aproximadamente.

El debate tecnológico está despertando un gran interés en Washington. “La protección de las nuevas tecnologías centra este debate y tendrá que regularse a través de leyes que deberán que ser aprobadas por el Congreso estadounidense”, afirma Scott Kennedy, quien es considerado una autoridad en políticas chinas, dedicando más de 30 años de estudios a la evolución industrial, económica, política, de negocio y tecnológica.

La seguridad ocupó un lugar privilegiado de la discusión, como era de esperar. Corea del Norte sigue siendo el dolor de cabeza de la región. Se platearon dos posibles escenarios ante un segundo encuentro entre el presidente Trump y Kim Jong-un. El más positivo sería que Pyongyang acuerde abrirse y permitir las inspecciones que den fe que su carrera nuclear está suspendida, lo que es muy poco probable. Y el segundo escenario podría ser que no se llegue a ningún acuerdo real entre los líderes, y por lo que Kim acabe presionando al presidente Moon, y Corea del Sur empiece hacer lobby internacional para el levantamiento de sanciones a Pyongyang, vaticina Sue Mi Terry -una de las expertas más respetadas en el tema coreano.

Mi Terry afirma que hay una creciente tensión entre Seúl y Washington que podría complicarse si Trump sigue presionándoles con doblar el pago del acuerdo bilateral para mantener tropas estadounidenses en territorio surcoreano. A día de hoy, no hay un acuerdo entre las partes, pues Trump insiste en que Seúl pague anualmente el doble de lo que ha venido pagando, o sea 1.6 mil millones de dólares (en vez de los 830 millones de dólares que pagaron hasta el año pasado) y por su parte el gobierno de Moon insiste en que eso no es parte del arreglo preestablecido.

La política proteccionista de Trump está dando resultados positivos para la economía de Estados Unidos, al menos de momento. Habrá que ver si la cumbre con el líder norcoreano da algún fruto real, De no darlo, Victor Cha -la autoridad número uno en este tema- afirma que será visto como un gran fracaso de Trump. Y estos dos elementos, resumen básicamente las principales políticas en las que ha centrado su gobierno. (Foto: Andrea Glasser, Flickr.com)

CARAS HORIZONTAL

Reseña ponencia: Águeda Parra “La modernidad llega a la milenaria cultura china”. Isabel Gacho Carmona

En 1980 el PIB de España era igual al de China. En 2017 el de la potencia asiática ya era 10 veces mayor. Este es solo un indicador del resultado de 40 años de reformas económicas. Águeda Parra, ingeniera, sinóloga y colaboradora de 4asia.es, se pregunta “¿Cómo ha llegado China a la situación actual?”. Para ello analiza los cambios que ha habido en términos de sociedad, urbanización y población y el nuevo rol que están jugando factores tan importantes como la aparición de una clase media, la tecnología y la I+D.

 “Después de 40 años de reformas, comienza a existir una clase media creciente que es motor económico para el país” explica. El sueldo anual medio de un trabajador urbano ha pasado de 78 euros en 1978 a 8.640 en 2016. El consumo interno se ha convertido en un motor de desarrollo. Antes el gasto principal era la comida, y, ahora, el ocio y las compras ocupan un papel principal. Pese a que solo un 7% de los chinos tienen pasaporte, son el numero 1 mundial en emisión de turismo y en gasto por viaje (representando 1/5 del gasto mundial del sector). Este cambio se observa también en los objetos del día a día. Mientras que en 1980 los objetos que las familias aspiraban a poseer eran bicicletas, máquinas de coser y relojes de pulsera, en 2018 estos son motos eléctricas, televisiones a color y smartphones. Estos últimos se han convertido en un elemento indispensable para la vida en China.

“La tecnología está generando un modelo de sociedad siempre conectada”. Desde 2000 no deja de crecer la telefonía móvil. Ha crecido exponencialmente. En la actualidad, de los 802 millones de chinos que se conectan a internet, un 95% lo hace a través de un móvil. El eCommerce ha pasado de suponer un 1% en 2008 a un 42% en 2016. De estas compras, un 90% son hechas desde smartphones, los PC no se usan. Tienen un ecosistema propio donde Wechat, JD o Taobao juegan un papel predominante. Su fiesta de las compras por excelencia, el 11/11 o Día del Soltero, tuvo un volumen de ventas es 6 veces superior al del que sería su homólogo americano, el Black Friday, en 2017.

“La apuesta por la innovación y la I+D es lo que diferencia a la China actual de la de 1978, orientada a la manufactura”. Para Parra la innovación es clave para consolidar el paso a economía avanzada. China pretende ser líder mundial en el sector para 2050. De momento ya supera en UE en inversión respecto al PIB: China destina un 2,1% mientras que la UE un 1,9%. Pese a que la tecnología ha llagado más tarde y de manera más abrupta que en occidente, con el plan Made in China 2025 prenden dejar de depender de otros aumentando su producción nacional. El plan es aumentar las patentes chinas de materiales básicos al 40% para 2020 y al 70% para 2025. Esto supondría mucha independencia.

El desarrollo económico también se refleja en la urbanización. Antes las urbes estaban rodeadas de campos de arroz, ahora son grandes urbes donde vive mayoritariamente la población. Muchas de estas ciudades tienen una economía local con un PIB similar a países occidentales. De hecho, las 35 principales ciudades tienen un país de economía similar: Beijing y Tianjin como Australia, y las economías de Shenzhen Hong Kong y Macao serían similares a la de Corea del Sur, por ejemplo. La transformación urbana también se traduce en transformación económica. Al ser la sede de startups punteras, atraen el talento y funcionan de hubs regionales. Este es el caso de Nanjing y el sector automovilístico o de Shenzhen, que se le considera el Silicon Valley chino.

Hasta aquí todos los indicadores apuntan al optimismo, y así sería si la población china fuese joven. Sin embargo, China es una población envejecida. “La población de China ha sufrido grandes transformaciones, con un modelo de familia necesitado de cambios urgentes”. Deng estableció que para las reformas había que reducir la población y puso en práctica la famosa política de hijo único. La tasa de fertilidad pasó de 6,3 en 1978 al 1,6 actual. Esta política también trajo consigo importantes cambios culturales. Estos hijos únicos, que cuentan con dos padres y cuatro abuelos a su disposición, se han convertido en “pequeños emperadores”, algo que difiere del modelo de familia tradicional china. Además, hay un desajuste por sexos: Hay 33 millones más de hombres que mujeres. Al quitar la política no se han conseguido las cifras esperadas. La sociedad ya ha cambiado. El gasto medio para mantener a un hijo es muy alto y la gente ya es muy consumidora. La incorporación de la mujer al mundo laboral también influye en este sentido. Hasta un 40% de mujeres están dispuestas a no tener ningún hijo para que no les perjudique a su carrera, ya que muchos empresarios dejan de contratar mujeres para no hacer frente a las bajas por maternidad. Si todo sigue así en 2030 habrá más gente mayor de 65 que menores de 14. Y eso es insostenible.

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Reseña ponencia: Juan Manuel López Nadal “Entre el estancamiento y la confrontación. La política exterior de China de Deng Xiaoping a Xi Jinping”. Isabel Gacho Carmona

Abrió su ponencia el exembajador en Tailandia, Juan Manuel López Nadal, clarificando que cuando usa el término “China” se refiere a la República Popular. “China es un régimen dictatorial de partido único”. Según el que también fuera Cónsul en Hong Kong, la prioridad del gobierno en todas las cuestiones es seguir en el poder a toda costa. Y como se busca esto, las “tres revoluciones de China” han buscado tres fuentes de legitimidad distinta: revolución, desarrollo económico y nacionalismo.

El elemento clave de la política exterior en la época de Mao fue el realismo de Zhou Enlai y sus cinco principios de coexistencia pacífica. En el clímax de esta época tuvieron lugar la Revolución Cultural y la reunión secreta con Kissinger que derivó en la visita de Nixon a Pekín y que causó el temor de la URSS.

Deng Xiaoping llevó a cabo una política exterior más definida. La resumió en sus famosos 24 caracteres, aunque bastan cuatro para captar la idea: 韬光养晦 taoguanyanhui, esto es, mantén un perfil bajo y espera tu momento. Deng hereda el legado de Zhou y lo adapta. En este periodo se normalizaron las relaciones con sus vecinos asiáticos: Se mejoraron las relaciones con India, Japón, la URSS, Indonesia y Singapur. También mejoró su imagen en Asia: creó la Organización para la Cooperación de Shanghai, y se acercó a la ASEAN. Sin embargo, desde el punto de vista del exembajador, en esta época hubo dos grandes tropiezos: El primero en la guerra de Indochina, cuando los vietnamitas invadieron Camboya después de la guerra de EEUU y China quiso dar una lección a Vietnam, pero estos les echaron de manera humillante. El segundo fue el “Incidente de Tiananmen” de 1989. Esto supuso un retroceso en sus relaciones exteriores.

Pese a este “segundo tropiezo”, de 1995 a 1998, China vivió su “edad de oro de la diplomacia” y se convirtió en el primer socio comercial de casi todos los países asiáticos. En 2002 firmó el tratado de libre comercio con la ASEAN y el documento de conducta del Mar de China Meridional. A Deng le siguieron un Jian Zemin muy pragmático y un primer Hu Jintao que siguió la misma línea. El cambio vendría en 2008-2010.

En 2007 entró como presunto sucesor y vicepresidente Xi Jinping. Seguramente su presencia tuvo que ver en el cambio. Los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008 coincidieron con la caída en bolsa de Lehman Brothers. Se resucitó el concepto de “Tian Xia” y comenzó una política exterior más asertiva. En 2009 fue la primera vez que barcos chinos hostigaron a un buque estadounidense en el Mar de la China Meridional y enviaron a la ONU una comunicación reivindicando la línea de 9 trazos. Este mismo año, en el acto del 60 aniversario de la República Popular, los soldados dieron 110 pasos por los 110 años de humillación nacional que sufrió el país por parte de las potencias occidentales. En 2010, en una cumbre de la ASEAN, el ahora Consejero de Estado Li Kequian no tuvo reparos en expresar este cambio en política exterior “China es grande y vosotros pequeños, acostumbraos”.

En 2012 llegó de facto Xi Jinping al poder y en 2017 cambió la Constitución para perpetuarse. ¿Como es esta nueva era?

En Asia el tema principal es el Mar de la China Meridional. En 2013, China empezó a construir islas artificiales y no ha parado de hacerlo. En la actualidad ocupa 8 formaciones. Las Spratly están ocupadas por China y reivindicadas por Vietnam, por ejemplo. Filipinas, por su parte, llevó a China al Tribunal de la Haya por incumplir la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar. El dictamen de 2016 acepta 14 de las 15 peticiones de Filipinas y declara ilegal la línea de 9 trazos pero China rechazó la jurisdicción. En general, China está militarizando la zona mientras la comunidad internacional, y en especial EEUU, no reconoce su soberanía en el territorio.

En 2013 Xi Jinping presentó el proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, que cuenta con un presupuesto de 40-50 billones de dólares. Es una iniciativa económica y geopolítica con la que China busca ganar influencia y poder, pero ¿Es viable financieramente? Para el exembajador los ejemplos de Sri Lanka, Pakistán o Grecia, por nombrar algunos, ponen de manifiesto la trampa de la deuda. Con este último caso la UE “le ha visto las orejas al lobo”.

Para el diplomático, este “Caballo de Troya” es muy peligroso y cuestiona el papel que va a jugar China en la globalización. Un país que viola los derechos humanos en su interior y que ha intentado desvirtuar el Consejo de Derechos Humanos, un país que utiliza amenazas, sobornos e intimidación como herramientas de su soft power hasta transformarlo en sharp power. Con un EEUU cada vez más centrado en sí mismo, López Nadal se pregunta ¿Debemos sustituir la globalización americana por la china?

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Reseña ponencia: Georgina Higueras, “Las 3 revoluciones de china”. Isabel Gacho Carmona.

Con motivo del 40 aniversario del inicio de proceso de reforma y apertura económica china iniciado por Deng Xiaoping, 4Asia organizó el evento “Deng Xiao Jinping. 40 años reformando china”. La primera ponencia vino de la mano de la periodista y escritora especializada en China Georgina Higueras, que, bajo el título “las 3 revoluciones de China”, expuso a los asistentes un análisis histórico muy útil para la contextualización de las diferentes reformas que se han llevado a cabo.

Para ello divide la historia de la República Popular China en 3 etapas, lo que Higueras llama las “tres revoluciones”. Estas serían: La de Mao, la de Deng y la de Xi.

Desde la declaración de la República Popular en 1949 hasta la muerte del que fuera su máximo dirigente, Mao Zedong, en 1976, tuvo lugar la “primera revolución”. Fue una época caracterizada por la ideologización de las masas, por la intención de romper con el confucianismo, por la industrialización y la colectivización. El Partido se había fundado en 1921 en Shanghai apadrinado por los soviéticos. Cuando llega al poder, su vecino del norte será su aliado natural. Mao y Stalin se tenían respeto. De hecho, la alianza con la Unión Soviética durante los años 50 es la única que ha tenido China con una potencia extranjera. La URSS llegó a enviar hasta 100.000 asesores de diversas especialidades (ingenieros, lingüistas, arquitectos…). Esto supuso un impulso muy potente para una primera industrialización. Sin embargo, la muerte de Stalin y la posterior “desestalinización” llevada a cabo por Jruschov debilitaron las relaciones. Un Mao paranoico con la idea de una posible “desmaoización” inicia la terrible campaña de las 100 flores, una purga intelectual disfrazada de invitación a críticas.  La alianza con los soviéticos acabará en 1960 dejando atrás una industrialización a medias. La promesa de Stalin de proveer a la potencia asiática con el arma nuclear también se quedaría en el tintero. Después vendrían los desastres del Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural. Cuando muere Mao en 1976, aunque había logrado la expulsión de los extranjeros y la unión del país, deja un país exhausto, atemorizado e hiperpoblado.

Tras dos años de transición, en 1978, con la llegada al poder de Deng se iniciaría la “segunda revolución” cuyo principal objetivo era el crecimiento y que se alarga hasta 2012. Deng Xioaping tiene la idea de que la autarquía del periodo anterior es un callejón sin salida. Recoge el testigo de un país que representa el 1,8% del PIB mundial. Las primeras medidas que pone en marcha fueron las 4 modernizaciones de Zhoi Enlai en los sectores de agricultura, industria, defensa nacional y ciencia y tecnología. En lo referente a la agricultura se concedieron lotes de tierra a las familias, respecto a la industrialización se crearon las Zonas Económica Especiales…Partiendo de cero y aislada internacionalmente, la República Popular consigue un crecimiento exponencial. Pese al crecimiento, el descontento respecto al alza de precios y la falta de libertades llevó a las revueltas en Tiananmen en 1989, que dividió a la cúpula de poder hasta ponerla al borde de la guerra civil. En lo referente a la política exterior la idea fue llevar un perfil bajo. Deng lo resumió en su “estrategia de 24 caracteres” en 1990: “冷静观察: Observar con calma, 站稳脚跟 : asegurar nuestra posición, 沉着应付:Lidiar con asuntos tranquilamente, 韬光养晦 ocultar nuestras capacidades y esperar nuestro tiempo, 善于守拙: mantener un perfil bajo y 绝不当头 : nunca reclamar liderazgo”. Los posteriores líderes Jian Zemin y Hu Jintao siguieron también esta línea.

La última de estas revoluciones tiene como protagonista al actual presidente, Xi Jinping. Cuando llega al poder en noviembre de 2012 se encuentra una China muy diferente a la que se encontró Deng: ya representa el 18% de PIB mundial. Llega con una idea clara: El sueño chino. La idea de recuperar su papel central. El renacer. Las capacidades del país del centro son tan grandes que ya no se pueden ocultar. Se ve un agudizamiento de los conflictos: en el Mar de la China Meridional, en sus relaciones con Japón y con la India, en Asia central… China ya no tiene amigos y su política exterior es más asertiva. Su salida al exterior se materializa con la nueva ruta de la seda. En materia de investigación y desarrollo está viviendo una revolución tecnológica que ha despertado los temores estadounidenses. Iniciativas como “Made in China 2025” lo demuestran. China ya no se oculta.

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INTERREGNUM: 2019: año de la verdad para Xi. Fernando Delage

El año termina con una China convertida en protagonista central de los medios internacionales. La realidad de su nueva influencia se impone en todas las esferas y en todos los continentes. Pero al anunciar en los últimos meses una decidida estrategia de contención de la República Popular, la administración Trump ha desconcertado a sus dirigentes, obligados a reajustar sus planes económicos y diplomáticos a lo largo de 2019. Esa combinación de poder y vulnerabilidad afecta igualmente a su presidente, Xi Jinping, en la política nacional.

En octubre de 2017, el XIX Congreso del Partido Comunista recogió en los estatutos de la organización el “pensamiento de Xi Jinping” como uno de sus principios rectores, situando así al actual secretario general en un panteón hasta entonces solo ocupado por  Mao Tse-tung. En marzo de este mismo año, la Asamblea Popular Nacional abolió los límites al mandato del presidente (dos periodos de cinco años) establecidos a principios de los años ochenta. Xi no solo no se retirará, por tanto, en 2023, sino que, si lo desea, puede ser presidente vitalicio. Lejos de facilitar su resolución, esa acumulación personal de poder puede complicar aún más la gestión de problemas con los que Pekín no contaba.

El presidente de Estados Unidos ha decidido hacer realidad sus promesas de la campaña electoral de 2016, declarando una guerra comercial a China. Al hacerlo, ha roto una de las convicciones mantenidas durante décadas por los líderes chinos: que Washington nunca abandonaría el sistema multilateral que él mismo creó tras la segunda guerra mundial, y que proporcionó la estabilidad internacional que permitió el ascenso de China. No sólo el comportamiento norteamericano ha dejado de ser predecible, sino que, en octubre, la intervención del vicepresidente Mike Pence en el Hudson Institute marcó la adopción de una política de hostilidad hacia Pekín. Si los dirigentes chinos pensaron que, en las elecciones parciales de noviembre, Trump perdería el control del Congreso—y por tanto tendría que cambiar de actitud—, esa esperanza se vio igualmente frustrada.

Cómo responderá Xi a este nuevo contexto es causa de preocupación y debate interno. Aunque muchos aliados de Estados Unidos no compartan ni la retórica ni los métodos de Trump, sí coinciden—los europeos, por ejemplo—en que había que redoblar la presión para lograr una mayor apertura del mercado chino y supervisar algunas de sus prácticas, del ciberespionaje a la inversión en sectores estratégicos de terceros países. No es sólo a Estados Unidos, en consecuencia, a quien Pekín tiene que demostrar su supuesto compromiso con una economía global abierta y basada en reglas. A ello hay que añadir la importante desaceleración que revelan los últimos indicadores económicos, dados a conocer el viernes pasado. La caída en las ventas al por menor, vehículos y viviendas, así como en la producción industrial, constituyen los peores resultados en una década. El frenazo económico, o la permanente espada de Damocles de una deuda gigantesca, no son, sin embargo, las únicas complicaciones de Xi. La represión de la población musulmana en Xinjiang cuestiona asimismo la pretendida eficacia de la recentralización ideológica y de poder promovida por el presidente.

Los problemas se acumulan así para Xi. El próximo año nos dará nuevas claves sobre si China podrá celebrar el estatus internacional al que aspira en 2021, cuando se conmemore el centenario de la fundación del Partido Comunista; si podrá sostener el crecimiento sin realizar las reformas estructurales que anunció en 2013 el Comité Central, pero que no se han ejecutado por temor a sus consecuencias sociales y políticas; y si su influencia internacional podrá seguir aumentando sin provocar una coalición de contraequilibrio por parte de aquellas potencias que ven en la República Popular un desafío estratégico de primer orden. No será un año feliz para el líder más poderoso del planeta.

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THE ASIAN DOOR: ¿Cuál es el talón de Aquiles de China? Águeda Parra

Cabría pensar que 1.380 millones de personas es una cantidad más que suficiente, e incluso se podría hablar de superpoblación. Sin embargo, dependiendo del tipo de objetivo que queramos cumplir y atendiendo al tipo de composición de esa población, puede que resulte una cantidad insuficiente. Éste es el caso de China, el país más poblado del mundo donde vive el 18% de la población mundial y que, sin embargo, no dispone de una masa de personas suficiente como para poder abordar con garantías el reto de seguir manteniendo los ritmos de crecimiento económicos que permitan a la segunda potencia mundial convertirse en una economía avanzada.

La superpoblación de China en 1978 era el principal obstáculo que Deng Xiaoping tenía que superar para impulsar con éxito una etapa de reformas económicas y de apertura al exterior, de ahí que implantara a partir de 1979 la política del hijo único con el propósito de reducir los elevados niveles de población. Sin embargo, esta medida, que en su momento fue clave para iniciar una etapa de crecimiento económico del país, puede resultar ser la pieza que acabe con el crecimiento económico que ha alcanzado el país en las últimas décadas. Ante esta perspectiva, el principal reto en la era de Xi Jinping se ha convertido en el “rejuvenecimiento de la nación”, como así lo ha establecido el presidente chino en el ideario de su legado.

La política del hijo único se considera el mayor experimento social de la historia donde las mujeres se convirtieron en el instrumento del partido para implantar el modelo de planificación familiar que mejor sirviera a los objetivos de desarrollo del país. Durante los últimos 20 años anteriores a 1979, fecha en la que se implantó la política del hijo único, la población china había crecido un 45%, la superpoblación suponía una de las mayores limitaciones hacia el progreso. Sin embargo, tras 39 años de aplicación del modelo de planificación familiar, los resultados fueron evidentes, y la población crecía a menor ritmo, solamente un 13% durante las dos últimas décadas antes de que su eliminación.

El efecto positivo se cumplía, pero a costa de un lastre social cuyos efectos se pueden prolongar en el tiempo más de lo que la sociedad china puede permitirse para seguir creciendo. El primero de ellos ha sido la tasa de fertilidad, que ha pasado de 6,38 hijos por mujer en 1993 a situarse en la actualidad en 1,6 hijos por mujer, por debajo de la tasa mínima de reemplazo. Si esto no fuera suficiente, la preferencia del hombre frente a la mujer, por una cuestión social de quién se queda en casa para cuidar de la familia, ha provocado un desequilibrio de 33 millones de hombres más que de mujeres. De esta forma, la política del hijo único se ha convertido en uno de los mayores lastres para el desarrollo del país, ya que no sólo se reduce la pirámide poblacional al no haber tantos nacimientos, sino que los hombres se encuentran ante la problemática de no encontrar suficientes mujeres con las que casarse.

Ante la perspectiva de una sociedad envejecida, y que envejece rápidamente, Xi Jinping eliminó la política del hijo único dos años después de convertirse en presidente de China. Pero el modelo de familia de “uno es suficiente” implantado durante casi cuatro décadas ha generado personas individualistas, consideradas como “pequeños emperadores” por haber recibido toda la atención de su entorno. Una generación que en los próximos años debe asumir no pocos retos, entre ellos el de adaptar el modelo generacional 4-2-1, de cuatro abuelos, dos padres y un hijo, al esquema de gasto 1-2-4, donde una única persona tiene que cubrir las necesidades de salud y vejez de dos padres y cuatro abuelos. Una situación que se complica si las parejas deciden aumentar la familia, ya que supondría duplicar el gasto de 2.500 € que implica criar a un hijo, y que en las grandes ciudades puede alcanzar los 4.000 €.

Sin un importante incremento de nuevos nacimientos, se pone en peligro la transición de China hacia una economía avanzada. De ahí que el gobierno haya tomado medidas urgentes para revertir esta situación eliminando cualquier tipo de referencia a la “planificación familiar” en el borrador del nuevo código civil que está previsto entre en vigor en 2020. Con ello se pretende evitar las previsiones que indican que en 2030 la población mayor de 65 años será más numerosa que los jóvenes menores de 14 años, lo que conllevaría a que la tasa de dependencia actual de 7 trabajadores por jubilado podría situarse en 2050 en un ratio de 2 a 1, haciendo insostenible el crecimiento del país.

En la era de Xi Jinping, China está asumiendo numerosos retos para conseguir situar al país como potencia global a la altura del resto de economías desarrolladas. La apuesta por la innovación y la modernización a través del uso de las nuevas tecnologías y el impulso de la iniciativa Made in China 2025 están centrando los esfuerzos del gobierno en cuestión de política interna, mientras que la nueva Ruta de la Seda es el proyecto estrella de la política exterior orientado a asegurar que China alcanza un rol destacado en la geopolítica global a la altura del resto de economías mundiales. Medidas que podrían encontrar en la imposibilidad del “gran rejuvenecimiento de la nación china” el talón de Aquiles para que China finalmente se convierta en una economía avanzada en las próximas dos décadas. Una situación mucho más perjudicial para el futuro de China que las actuales consecuencias de la ralentización del crecimiento de la economía motivadas por la guerra comercial entre Estados Unidos y China que se prolonga ya casi medio año. (Foto: Ercan Cetin, flickr.com)

Huawei

Extradición de un alto ejecutivo chino, la nueva diplomacia de Washington. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Las relaciones comerciales y diplomáticas entre Beijing y Washington han estado en una cuerda tensa durante meses, gracias a la determinación del presidente Trump de equilibrar el déficit comercial que el año pasado se cerró en 377 mil millones -a favor de China- y de proteger la economía estadounidense.

La posible guerra comercial parecía enfriarse, o al menos daba la sensación de que se concedía una tregua a raíz del encuentro del G20 en el que Xi Jinping y Trump acordaron un plazo de 90 días para imponer el aumento de tarifas a productos chinos que deberían haber entrado en vigor a principios del año nuevo. Sin embargo, la Administración Trump no baja la guardia y, por el contrario, solicita a Canadá la extradición de Meng Wanzhou, la directora financiera de tecnología de la multinacional china Huawei, especializada en móviles y alta tecnología, lo que cambia el escenario completamente y pone en jaque las relaciones diplomáticas entre ambas naciones.

Huawei es la compañía de telecomunicaciones más grande del mundo y la segunda que más móviles inteligentes vende, según Forbes. Fundada en 1987 por Ren Zhengfei, ex militar chino y padre de la actual directora financiera, quién se encontraba en Vancouver y fue detenida por las autoridades canadienses a petición de Estados Unidos, y quien tendrá que comparecer en un tribunal en New York.

La línea entre las grandes multinacionales chinas y el Estado chino siempre se cruzan. En el gigante asiático todo pasa por el Estado y el Partido Comunista chino. En varias ocasiones se han visto funcionarios chinos expresando su deseo de exportar tecnología 5G, por citar un ejemplo, que es una de las grandes áreas comerciales de Huawei. El estado chino ha financiado compañías como ésta para impulsar su crecimiento internacional, porque son fuentes de riqueza, de penetración e influencia global.

La multinacional, a principios de año, anunció que tiene firmado acuerdos con 45 operadoras mundiales. Pero también podría ser una especie de máquina de espionaje industrial y estatal, en el que Beijing consigue información privilegiada gracias a la penetración de estos sistemas.

A mediados de año, hubo un antecedente con ZTE, otra compañía de telecomunicación china a la que la Administración Trump casi envía a la quiebra por haber violado las sanciones contra Irán, en la que el mismo Xi Jinping se vió obligado a mediar para salvarla. Lo que prueba que las autoridades estadounidenses llevan meses investigando estas multinacionales, sus negocios, relaciones comerciales y sus labores de espionaje.

En julio, Gran Bretaña publicó un informe oficial que explicaba los brechas y problemas técnicos de Huawei, en el que se afirmaba que habían abierto las redes de telecomunicación del país a nuevos riesgos. En agosto, Australia y Nueva Zelanda vetaron a ésta misma multinacional para ser proveedores de la red 5G. Y la razón del veto fue el peligro que representa para el Estado. Paralelamente, tanto Corea del Sur como Japón están también evaluando las operaciones de dicha empresa en sus territorios, y el Estado nipón ya decidió sacar tanto a ZTE como a Huawei de sus licitaciones públicas.

La solicitud de la extradición de Meng Wanzhou, es en sí misma un giro diplomático importantísimo que no tiene precedentes al que China podría responder con una acción semejante, pues esta ejecutiva china forma parte de una de las familias más influyentes y poderosas en China, que seguramente cuenta con acceso directo a Xi Jinping.

También llama la atención la discreción con la que se manejó el hecho durante los primeros días, ninguno de los Estados se manifestó inmediatamente o tan siquiera fue filtrado a la prensa hasta pasados varios días de haber sido capturada por Canadá.

La violación de unas sanciones de Irán que supuestamente Huawei no respetó, y razón de la detención de la directora de esta multinacional son sin duda la primera razón, y en este sentido la agencia Reuters informó que las transacciones fueron hechas a través del banco británico HSBC. Pero en el fondo la amenaza de “poner en riesgo la Seguridad Nacional” es una razón perfectamente defendible y altamente justificable para bloquear las operaciones de cualquier multinacional.

Las implicaciones de que los países más poderosos, y potencialmente los clientes más atractivos, estén bloqueando multinacionales chinas abre un nuevo escenario que obligará a Beijing a jugar bajo la normativa de respeto de la normativa internacional y la privacidad, si quieren seguir expandiendo sus negocios. Para formar parte del club de los grandes no sólo hay que tener dinero, sino que hay que jugar bajo las reglas del club.

CARAS HORIZONTAL

China, en el centro del debate

Esta semana, 4Asia celebra un encuentro en el que vamos a volver a debatir sobre China, su situación actual, sus últimos cuarenta años de historia, sus avances, sus fortalezas, sus debilidades, y su incuestionable ascenso al protagonismo internacional entre las grandes potencias.

Todo se ha gestado entre los mandatos de Deng Xiao Ping, obligado a ordenar el lado más turbulento del maoísmo con una oleada de pragmatismo sin romper ni con el terror como forma de gobierno ni con las decisiones centralizadas en una economía intervenida, y de Xi Jinping que hereda un sistema en plena expansión económica y una China en plena disposición de disputar el liderazgo a Estados Unidos y hacer sentir sus negocios y su influencia en todo el planeta.

Y en este escenario, el último Ping está en medio de una curiosa situación en la que el renacido proteccionismo de Estados Unidos con Donald Trump al frente permite al líder chino presentarse como líder del libre comercio mientras la mano del Partido Comunista Chino sigue siendo determinante en la economía interior y las fuerzas navales chinas amenazan la libre circulación en el Mar de la China.

Esta es la realidad, y a lo que supone, sus consecuencias y lo que define el escenario internacional vamos a dedicarle unas horas de debate con especialistas de especial relevancia que expondrán las claves de la política exterior china; los avances de la modernidad de corte occidental en una sociedad milenaria; los procesos políticos chinos durante las últimas cuatro décadas, y trataremos de dar respuesta a si China tiene un modelo propio de desarrollo económico o es el resultado de un ejercicio oportunista y autoritario buscando resultados en función de las posibilidades. Será una buena ocasión para encontrarnos e intercambias opiniones.