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López Obrador, Trump, Xi. Un escenario nuevo. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Con la victoria de López Obrador en México el panorama internacional podría sufrir un cambio de dirección. Con un populista de izquierdas en México y uno de derechas en Washington, las áridas relaciones entre ambas naciones podrían salir del oscuro hueco en el que se encuentran. Aunque no hay que olvidar que Peña Nieto continuará en el poder hasta el 1 de diciembre, es poco probable que la Administración Trump intente negociar con el saliente gobierno, si bien el Departamento de Estado en su felicitación oficial al nuevo líder mexicano insistía en que seguirán trabajando con el actual gobierno, lo que puede ser interpretado como un gesto diplomático cotidiano, más que una demostración genuina de interés.

John Bolton, uno de los más controvertidos asesores de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, afirmaba que “Trump está ansioso por reunirse con López Obrador y que la relación entre ambos líderes puede dar resultados sorprendentes”.

El elemento nacionalista está vigorosamente presente tanto en Trump como en López Obrador, quienes se consideran asimismo como una especie de salvadores de sus naciones, según su propia versión de país y cómo explican la gestión que llevan o llevarán a cabo, elemento que podría ponerlos en un lugar de entendimiento mutuo. Ambos líderes han centrado sus esfuerzos en una necesaria transformación del modelo anterior -de acuerdo a su opinión-.

Sin embargo, ese mismo elemento llevado al extremo podría ser detonante de conflictos entre ambos. Vanda Felbab-Brown, experta del Brooking Institute, analiza los paralelismos entre ambos líderes y asegura que las formas son sorprendentemente parecidas entre su estilo político y de concepción del Estado. Con una retórica frecuentemente agresiva, ambos odian perder batallas políticas. Atacan a quienes los critican, realizan férreas críticas a los medios de comunicación, desprecian las ONGs y a la sociedad civil, y ambos han chocado con la corte suprema de sus países.

López Obrador, por su parte, ha apostado por no atacar a su homólogo estadounidense, ni siquiera en los momentos más álgidos de la campaña. Posiblemente porque sabe lo importante que son los Estados Unidos para la economía mexicana, por lo que ha expresado abiertamente que abogará por mantener en funcionamiento el NAFTA. Sin embargo, uno de los mayores retos a los que se enfrentará el recién elegido presidente será el Congreso mexicano, que actualmente está compuesto por una gran variedad de actores que representan ideologías y valores distintos. Y muy a pesar del deseo de llevar adelantes sus políticas de izquierda, en un Estado de derecho como el mexicano, tendrá que pasar por los filtros del Congreso cualquier decisión antes de ser llevada a cabo.

Mientras tanto, al otro lado del Pacífico, Xi Jinping no se ha querido quedar fuera de los protocolos y ha felicitado a López Obrador, afirmando que están en un momento adecuado para reforzar la cooperación entre los dos países. “China da gran importancia al desarrollo de los lazos entre los dos países y quiere trabajar junto a López Obrador para seguir fortaleciendo el consenso político, aumentando la cooperación de mutuo beneficio y enriqueciendo la asociación estratégica integral entre los dos países a fin de reportar nuevos beneficios a las dos sociedades y contribuir a la paz, la estabilidad y el desarrollo mundial”.

Trump debería aprovechar el nuevo momento político mexicano para suavizar las tensiones y en nombre del imperativo económico reestablecer unas relaciones donde prime el interés mutuo. Si la Administración Trump analizara las relaciones bilaterales a través del lente estratégico -como debería hacerlo, menos pasional y/o electoralmente- se encontraría con que no debería sacrificar su cercanía con su vecino, pues China está a la caza de cualquier mercado que Estados Unidos abandona, o en el que al menos reduce su presencia. A día de hoy, más de la mitad de las importaciones que llegan a México son de Estados Unidos o China. De haber una guerra comercial, México tendría que comprar productos manufactureros más caros provenientes de ambos países, según el Consejo Empresarial mexicano de Comercio Exterior (Comce), así como lo tendrían que hacer China y Estados Unidos. Por lo que Beijing podría aprovechar para activar una maniobra de intercambios bilateral con México.

Si Estados Unidos, por su parte, reduce la compra de productos provenientes de México, los chinos aprovecharían para comprar muchos de esos productos (entre ellos: maíz, trigo, carne de ternera y cerdo, y aves de corral) que a día de hoy le compran a su principal competidor, pero, por razón de los aranceles, sería más atractivo para China comprárselos directamente a México, sin tasas.

Washington, en su política obtusa de máxima presión, ya sea a través de impuestos o aranceles, puede conseguir el efecto contrario a su propósito. Pues el valor final de los productos en su territorio podría aumentar considerablemente para el consumidor, pero también podrían reducir la presencia estratégica bien sea comercial o política en su vecino del sur, dejándole el camino abierto a Beijing para instalarse cómodamente en territorios históricamente estadounidense. (Foto: Mario Delgado, Flickr)

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INTERREGNUM: China y Estados Unidos: ¿nueva escalada? Fernando Delage

La guerra comercial entre Estados Unidos y China parece estar cada día más cerca. Pero altos funcionarios chinos han hecho saber que están preparados asimismo para un enfrentamiento financiero, diplomático e, incluso, militar—la escalada retórica parece inevitable—en respuesta a lo que interpretan como la voluntad norteamericana de actuar contra el corazón de su estrategia económica.

El alcance de la disputa entre las dos mayores economías del mundo, en efecto, va mucho más allá de un mero desequilibrio en la balanza comercial bilateral (pese a la enormidad de las cifras). Washington parece haber llegado a la conclusión de que el verdadero desafío a su estatus como principal superpotencia no es el tamaño de la economía china o la competencia de su industria. Tampoco sus capacidades militares. Es el salto cualitativo en alta tecnología dado por Pekín, en áreas como inteligencia artificial en particular, lo que ha desatado todas las alarmas. Aun cuando el diagnóstico sea correcto, la manera de afrontarlo puede no ser, sin embargo, la más eficaz.

En un informe hecho público el 19 de junio, Peter Navarro, el polémico asesor de la Casa Blanca, describe los avances chinos en este campo como una amenaza existencial para el liderazgo tecnológico y la propiedad intelectual de Estados Unidos. El lenguaje y los argumentos utilizados por la administración norteamericana llevan a Pekín a concluir que Washington no busca en realidad concesiones comerciales para corregir su déficit, sino obstaculizar la política de innovación de China; una política de la que ha hecho depender la sostenibilidad de su crecimiento, a su vez determinante de la legitimidad política del régimen.

En este contexto de aumento de las tensiones entre ambos, el 22 y 23 de junio los líderes chinos celebraron una conferencia interna del Partido Comunista sobre política exterior, la segunda desde que Xi Jinping llegara al poder a finales de 2012. (Su antecesor, Hu Jintao, sólo celebró una en diez años). Con la presencia de todos los miembros del Politburo, altos cargos de los ministerios y de las fuerzas armadas, así como la práctica totalidad de los embajadores chinos, Xi reiteró el completo control de la diplomacia nacional por el Comité Central, y confirmó el grado de ambición de su gobierno. China, indicó, debe “asegurar la protección de la soberanía, la seguridad y los intereses de desarrollo del país, participar de manera proactiva en la reforma del sistema de gobernanza global, y crear una más completa red de asociaciones globales”. El bajo perfil recomendado en su día por Deng Xiaoping es definitivamente historia: la China de Xi Jinping no oculta su determinación de dictar las reglas del juego de la economía mundial.

Pocos días más tarde, mientras recibía en Pekín al secretario de Defensa de Estados Unidos, Jim Mattis—la primera de un jefe del Pentágono en cuatro años—, Xi declaró por otra parte que China “no cederá ni una pulgada de sus territorios históricos”. Estos incluyen oficialmente, como se sabe, todas las islas del mar de China Meridional. Hace menos de un mes, Mattis acusó públicamente a la República Popular de “intimidación y coacción” al desplegar misiles tierra-aire y otras capacidades militares en varias de dichas islas. Mattis visitó China apenas dos semanas después de que lo hiciera el secretario de Estado, Mike Pompeo. Pese a la innegable relevancia de las relaciones diplomáticas y militares, parece que es en la Casa Blanca, y por parte de nada moderados asesores, donde se está articulando una política china desprovista de matices y de contextualización estratégica. El tiempo dirá si éste es el camino para conseguir mejores resultados, pero es una táctica de presión que, a priori, lejos de modificar las prioridades chinas, puede conducir a una confrontación mayor.

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THE ASIAN DOOR: Globalización, fútbol y China, una liga de campeones. Águeda Parra

Desde que Xi Jinping llegara al poder en 2013, se han ido sucediendo los planes e iniciativas para situar el país al máximo nivel en lo que a innovación y modernización se refiere. Pero en la agenda del máximo dirigente de la segunda potencia mundial también aparecen otros retos de carácter social, que pueden pasar algo más desapercibidos por no contar con el eco del que gozan aquéllos en los ámbitos económicos y empresariales.

La gran afición de Xi por el fútbol ha traspasado fronteras, en un país donde la práctica de este deporte no está considerada deporte nacional, a pesar de que consigue movilizar a un buen número de fans y seguidores. Sin embargo, el interés que despierta en el presidente está íntimamente ligado con el deseo que ambiciona Xi por situar a China en la élite de la economía mundial y, por qué no, también entre las grandes potencias del fútbol como parte del proceso de globalización en el que está inmerso el gigante asiático.

En un país donde la práctica del balompié es reciente, el reto se antoja complejo y realizable a largo plazo. En otros ámbitos deportivos, China ha alcanzado el reto de convertirse en una importante potencia de los medalleros en acontecimientos mundiales, casi siempre compitiendo en modalidad individual, donde los éxitos se atribuyen a logros personales con gran dosis de sacrificio. Ante la situación de que la práctica de la educación física en los colegios tiene un marcado corte militar, el fomento de valores como el espíritu de equipo y el compañerismo son los grandes ausentes entre las fortalezas de los deportistas chinos y el lastre que impide que la práctica del fútbol no termine de despegar entre la población.

Sin embargo, el fútbol en China está asociado a otro aspecto más dentro del proceso de globalización del país, con el reto de abrir hasta 50.000 academias hasta 2025 y construir 70.000 campos de fútbol por todo el país. Medidas que son los primeros pasos para potenciar la práctica del fútbol en China, y que permitirán alcanzar los tres grandes sueños de Xi en esta materia, empezando por una clasificación de China para otra Copa del Mundo, la única vez fue durante el Mundial de Japón y Corea en 2002, albergar una Copa del Mundo y, en tercer lugar, conseguir ganarla. Como retos intermedios, China aspira a convertirse en uno de los mejores equipos de fútbol de Asia en 2030, alcanzable gracias a fomentar la práctica de este deporte entre más de 50 millones de jugadores en 2020. Objetivo a priori alcanzable, una vez que China ocupa el quinto puesto en Asia, según expertos deportivos locales, resultando más complicado conseguir un equipo de élite para 2050.

Los eventos deportivos son los mejores instrumentos para ejercer influencia política, soft power utilizado para proyectar los valores nacionales del país anfitrión, un mecanismo de alto valor que permite canalizar inversiones empresariales. El gran escaparate del Mundial de Fútbol supone para las empresas chinas fuertes dosis de visibilidad durante un mes en el punto de mira mundial, de ahí que marcas como Hisense, Vivo, Yadea y Wanda figuren entre los promotores chinos del Mundial de la FIFA Rusia 2018 con anuncios en paneles a pie de campo durante el evento. Otro signo más de los beneficios de la globalización.

Los grandes clubes de fútbol del mundo son embajadores de una marca, de un estilo, de una identidad, a la que se han sumado los ciudadanos chinos sin ni siquiera tener una selección a la que apoyar en este Mundial de Rusia, pero que ha conseguido desplazar hasta 100.000 seguidores, de los que solamente 40.000 tienen entrada, 8.000 más que las adquiridas por los fans ingleses, según los organizadores de la FIFA. El resto de los 60.000 chinos que acudirán al evento lo harán en calidad de turistas para experimentar el ambiente cerca de la acción. Con ello, China se sitúa en el puesto 8 en el Top 10 de número de entradas vendidas, clasificación que la lidera Estados Unidos, país que tampoco compite en el Mundial de Rusia, al que le siguen Brasil (2), Colombia (3), Alemania (4), México (5), Argentina (6), Perú (7), Australia (9) y Reino Unido (10), dando muestra de cómo la globalización se aplica a los movimientos económicos y sociales en el mundo actual.

El ámbito de los negocios también está representado en la compra de jugadores entre las grandes ligas. Paradójicamente, la Superliga de China figura en el primer puesto de las ligas que más gastaron en traspasos en el mercado de invierno de 2016, alcanzando los 336,55 millones de dólares, a cierta distancia de la consolidada Premier League, que alcanzó los 271,42 millones de dólares, según datos de Transfermarkt.de. La Liga española, que acoge a un buen número de internacionales y de grandes figuras, queda eclipsada por las magnitudes que se mueven en China, ocupando la sexta posición entre las grandes ligas mundiales con 40,56 millones de dólares en traspasos. Esta situación ha provocado que China comience a codearse con los grandes del fútbol, situándose en el quinto puesto como importador de futbolistas en 2016 tras superar a Francia, clasificación que lidera Inglaterra, Alemania, España e Italia, las potencias tradicionales del fútbol.

La globalización ha demostrado ser un método efectivo para mejorar los estándares económicos y sociales. El proceso en el que está inmerso China desde que en 2001 entrara a formar parte de la Organización Mundial de Comercio (OMC) ha permitido que el país asiático haya alcanzado éxitos muy remarcables para reducir el número de personas que viven en pobreza extrema y aumentar los estándares de calidad de vida. Otros proyectos en marcha como el Made in China 2025, Healthy China 2030 y la iniciativa de la nueva Ruta de la Seda forman parte del compromiso de Xi por impulsar la transición de China hacia una economía avanzada. Además, es posible que China esté compitiendo por albergar la Copa del Mundo de 2030 o 2034, para el agrado del creciente número de aficionados chinos y del propio presidente Xi que verán cómo se consolida la Superliga de China en los próximos años. ¿Acaso iba China a desaprovechar el gran escaparate del fútbol para hacerse más global? (Foto: Ai Kagou, Flickr)

Derechos humanos

Cinco consecuencias de la salida de EEUU del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- La semana pasada transcurrió en los Estados Unidos con el foco puesto en los derechos humanos. Por un lado, los extensos informes hechos por los medios de comunicación sobre las innecesarias separaciones de niños de sus padres en las fronteras, producto de una “política de máxima presión” impuesta por la Administración Trump, que busca controlar y contener las enormes oleadas de inmigrantes centroamericanos que están llegando cada día a territorio estadounidense. Y, por otro lado, la salida de Estados Unidos del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, con una extensa y sensata explicación hecha por la embajadora estadounidense ante Naciones Unidas -Nikki Haley- con el espaldarazo del Secretario de Estado -Mike Pompeo- (quien estuvo a su lado), para que no quedará ninguna duda de que es una política de la Administración, en la que están totalmente coordinados.

La Comisión de Derechos Humanos hasta 2006, fue renombrada como Consejo de Derechos Humanos, en una búsqueda desesperada de cambiar la imagen y las críticas a sus miembros, quienes, en su mayoría no podían garantizar estos derechos en sus propios países de origen. A la vez, la misma ONU ha sido criticada por su disfuncionalidad y espléndidos presupuestos que se evaporan en una gran cantidad de gastos administrativos, que no dejan de ser vitales para su funcionamiento. Como buena organización supraestatal, la gestión es compleja y la burocracia probablemente su mayor debilidad. Son muchos los que cuestionan el mero hecho de su existencia, pues Naciones Unidas fue creada después de la II Guerra Mundial con un imperante deseo de paz y estabilidad mundial, que respondió a ese momento histórico, pero que en un escenario totalmente diferente a día de no tiene razón de existir. Sin embargo, no hay que olvidar que ha sido el foro donde se han podido sentar todas las líneas políticas e ideológicas, aliadas o enemigas, y ha sido un verdadero freno de conflictos que en mayor o menor medida impone respeto ante tiranos opresores.

En la página oficial del Departamento de Estado están definidos los derechos humanos como parte fundamental de la concepción del Estado estadounidense, desde el momento de su creación hace más de 200 años, así como también precisa que son el centro de la política exterior de este país, tal y como figuran en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, suscrita por Washington. Ahora bien, ¿cuáles son las consecuencias de que el país más poderoso del planeta se retire de la Comisión de Derechos Humanos?:

  1. The Guardian afirmaba que la salida de Estados Unidos de la Comisión de Derechos Humanos es un gran regalo para Xi Jinping pues China está encantada de llenar el vacío dejado por Washington y convertirse en el líder de dicha comisión. Y, desde dentro, emprender un proceso de redefinición de los derechos humanos a lo chino.

  1. Después de la Cumbre de Singapur, si realmente se comienza un proceso de negociación, los derechos humanos constituyen un punto que irá paralelo a la desnuclearización. ¿Como podrá Estados Unidos presionar a Pyongyang si no tiene la estructura de apoyo, como el Consejo de Derechos Humanos, y las organizaciones encargadas de evaluar el estado de los derechos humanos en Corea del Norte?

  1. Rusia ahora está aspirando a entrar a formar parte del Consejo. A finales de la semana pasada, el Moscow Times publicaba un artículo que explícitamente expresaba que Moscú aspira a llenar la silla dejada por Washington. Con la presencia de Rusia y China, la lectura de los derechos humanos podría cambiar completamente de tono. Además de que los grandes explotadores de estos derechos no serían ni tan siquiera cuestionados.

  1. Filipinas y su presidente -Rodrigo Dutarte-, cuya campaña más emblemática contra las drogas a elevado a miles el número de homicidio de parte de policías y otros grupos políticos que violan los derechos humanos de sus ciudadanos. Dutarte ha expresado en varias ocasiones que buscará un acercamiento con China, a la que Estados Unidos debería replicar haciendo uso de las estrechas relaciones entre ambas naciones durante décadas. Si Manila se acerca a Beijing, Washington perdería influencia regional pero también control sobre la lucha contra “Abu Sayyaf”, un grupo islámico separatista asentado en el sur, que se creó con dinero proveniente de Osama Bin Laden.

  1. La soledad de los aliados. Con el aislacionismo de Washington, los aliados entran en una situación vulnerable al estar rodeados de peligros de los que solos tal vez no son capaces de afrontar. Podrían verse presionados a rendirse a los deseos de los más fuertes. Por ejemplo, Japón, cada día se encuentra más aislado en Asia con un Beijing más fuerte y un Moscú con mucho afán de protagonismo a pocos kilómetros de sus fronteras

Trump ha redefinido claramente la agenda y la política exterior. Primero fue la salida del Acuerdo de París, al que Xi Jinping no perdió ocasión de demostrar que él estaba encantado en liderar y con ello llenar más espacio internacional. El acuerdo de Siria es otro ejemplo de ausentarse de un foro por no considerarlo la salida correcta, en vez de presionar desde dentro hacia un acuerdo más deseado. Y ahora la salida del Consejo de Derechos Humanos, que marca un momento en la historia, pues es el primer país en hacerlo.

El problema de no estar presente es que no se puede usar la diplomacia como un mecanismo disuasorio. El no participar puede, no sólo aislar a Washington, sino hacerle perder influencia internacional o regional. El estar ausente deja un vacío de liderazgo, que hasta hace poco asumía Estados Unidos, en manos de Rusia y/o China, quienes tienen un gran deseo de ostentarlo e influir libremente en la comunidad internacional sin tantos cuestionamientos, que les frenan a sus ambiciones económicas y de poder. (Foto: Dave McFarlane, Flickr)

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INTERREGNUM: Kim vuelve a China. Fernando Delage

La semana pasada, sólo días después de su encuentro con el presidente de Estados Unidos en Singapur, Kim Jong-un realizó una nueva visita a China: la tercera en menos de tres meses. Mientras medio planeta se pregunta por el sustancia de su reunión con Trump, Pekín vuelve a confirmar su influencia en este complejo juego diplomático a varias bandas.

La sombra de China es inevitable por razones históricas e ideológicas, que están detrás de su alianza con Corea del Norte, su único aliado formal. Pero también por su “protección” política y económica de un Estado con el que comparte frontera. Como principal socio económico suyo, de Pekín depende en gran medida el grado exacto de presión a ejercer sobre Pyongyang a través de las sanciones que se acuerden en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Pero más allá de estos factores estructurales, el contexto se ha movido en los últimos días.

Tras oír a Kim en persona, los líderes chinos habrán sacado sus propias conclusiones sobre lo ocurrido en Singapur, y sobre el margen de maniobra que Trump cree tener sobre la cuestión. Al mismo tiempo, la imposición de aranceles por valor de 200.000 millones de dólares a la importación de productos chinos decidida por Estados Unidos esta misma semana se ha traducido en una poderosa arma para Pekín. ¿Tras esta declaración de guerra comercial, de verdad espera Trump que su homólogo chino, Xi Jinping, le ayude en sus objetivos en la península coreana?

El afectuoso trato que ha recibido Kim en su última visita constituye un significativo mensaje para Washington: China es una variable que Trump necesita, pero que escapa a su control. Si la Casa Blanca mantiene su escalada proteccionista, no tardará en perder la cooperación de Pekín. Por su parte, en su “repentino” acercamiento a la República Popular, Kim Jong-un ve reforzada—sin mayores esfuerzos—su posición negociadora. Singapur ha facilitado el pretexto para que se relajen las sanciones impuestas a Corea del Norte, mientras que Pyongyang puede alargar en el tiempo el diálogo sobre desnuclearización.

No son pequeños logros. Aun más cuando, sin obtener nada a cambio, Trump ha decidido suspender las maniobras militares con Corea del Sur previstas para el mes de agosto. Kim amplía de este modo sus opciones estratégicas, a la vez que pone en evidencia las declaraciones del presidente norteamericano de que ha “resuelto” el problema. Al fondo, entre bambalinas, Pekín obtiene el escenario más favorable para sus intereses. (Foto: Alex, Flickr)

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Paso a paso

Estados Unidos ha paralizado por tiempo indefinido su agenda de maniobras y despliegues militares en Corea del Sur. Paso a paso se van cumpliendo las condiciones pactadas en Singapur para que el incipiente y poco detallado proceso no se pare.

Ni se puede ni se deben esperar resultados rápidos ni avances espectaculares que mostrar a los medios. Que no pase nada, que no aparezcan obstáculos sobrevenidos y que haya silencio serán ya buenas noticias. Se trata de conseguir un marco de confianza y la mayor lealtad a lo pactado posible para ir tomando medidas que consoliden las condiciones necesarias para los avances posteriores.

Pero Estados Unidos no debe olvidar que desactivar el riesgo de guerra, con ser muy importante, no puede ser suficiente. Corea del Norte es un régimen brutal, con ausencia de derechos para sus habitantes, sin independencia judicial, sin garantías y sin las condiciones necesarias para ir aumentando el bienestar económico y social de sus habitantes que cada vez serán más conscientes de la enorme distancia que les separa de sus paisanos del sur.

China, paradójicamente, es el país que está en mejores condiciones para ayudar en ese proceso de avance hacia un mayor bienestar y, a la vez, y Estados Unidos no debe olvidarlo, quien puede sabotear o ralentizar el avance. Las relaciones chino-americanas y la resolución de sus diferencias de manera ordenada y a favor de la libertad de comercio se vuelven en este contexto esenciales.

Trump, debe subrayarse, no es el líder adecuado para esto, dado su nacionalismo económico y sus gestos populistas que le emparentan con la extrema derecha y la extrema izquierda europea (que por cierto gobiernan aliadas en Italia). Pero Estados Unidos ha sido el garante del bienestar y la supervivencia de Europa, y el fortalecimiento de la relación trasatlántica debe seguir siendo el eje estratégico. En muchas decisiones Europa no es menos proteccionista que Estados Unidos así que la demagogia no es un buen instrumento para avanzar. Y lo peor es que, mientras dos sistemas armados arancelariamente se disputan los mercados, sistemas emergentes son penalizados al ritmo de la restricción de la libertad comercial y la globalización. (Foto: AM Camargo, Flickr)

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THE ASIAN DOOR: El gaokao ya no es la única opción para las nuevas generaciones. Águeda Parra

El gobierno chino es muy consciente de la importancia que tiene para los 9,75 millones de estudiantes de secundaria presentarse a la prueba más importante en su vida, el examen de acceso a la universidad, nuestra antigua selectividad, conocida en China como gaokao (高考). Las autoridades se esfuerzan por mantener un entorno libre de ruidos cortando calles, prohibiendo el sonido de los cláxones e interrumpiendo la construcción de edificios a distancias cercanas del lugar de examen.

Siendo importante que los próximos universitarios estén alineados con la doctrina del Partido Comunista Chino y sean conocedores de la visión del gobierno, la parte principal de los 150 minutos de examen ha estado orientada a resaltar la visión de Xi Jinping y la “nueva era”, concentrando un total de 5 de las 9 preguntas, con algunas variaciones según las zonas, del comentario de texto de 800 palabras que deben redactar los estudiantes y que supone un tercio de la nota final del examen.

Formar parte de un nuevo milenio ha sido un tópico recurrente, y preguntas del tipo “nueva juventud en una nueva era, crecer con el desarrollo de China” han sido el tema elegido en Beijing para conocer las reflexiones de los estudiantes sobre la labor que está realizando el presidente Xi Jinping en los últimos años. En otros casos, como en las provincias de Yunnan y Sichuan, la temática elegida se ha centrado en preguntar sobre las reformas iniciadas por China y el proceso de apertura, utilizando como títulos de los comentarios de texto propuestos los eslóganes políticos empleados por el Partido para presentar los proyectos. Así han aparecido entre las opciones a desarrollar temas que hacían referencia al “Triunfo en la larga marcha de nuestra generación”, eslogan utilizado en su momento para presentar la construcción de la Nueva Área de Xiong’an en 2017, un ambicioso proyecto de Xi Jinping para crear una zona económica cerca de Beijing.

La presión familiar que reciben los futuros universitarios tiene su origen en que sólo el 50% de los estudiantes obtendrán una puntuación suficientemente alta para realizar estudios de postgrado. Puesto que la nota de corte se realiza en función de la puntuación media de cada año, y además depende de la población de cada provincia, muchas familias trasladan su residencia a otras ciudades a más de 1.500 km para encontrar condiciones más favorables para sus hijos. No obstante, el gobierno intenta promover la igualdad de oportunidades para todos los estudiantes, independientemente de dónde vivan, de ahí que las mejores universidades reserven anualmente una cuota de admisión para los alumnos procedentes de las zonas rurales del centro y oeste del país, entre ellas Yunnan, Guangxi, Gansu, Tíbet y Guizhou, normalmente las provincias menos favorecidas económicamente, que entre 2010 y 2015 registraron el PIB per cápita más bajo de China.

Estudiar en el extranjero es otra de las opciones que están valorando cada vez más familias con recursos, de la clase media-alta. Durante 2017, algo más de 600.000 estudiantes eligieron estudiar en otro país como alternativa al gaokao, según datos del Ministerio de Educación, siendo Estados Unidos el destino preferido por la mayoría. Muchos de ellos se convertirán en los futuros sea-turtles, los profesionales chinos del mañana que regresarán a su país como directivos atraídos por las ofertas que les puedan ofrecer empresas como Alibaba, Tencent, Baidu o Xiaomi, los grandes titanes tecnológicos que están generando una revolución tecnológica decisiva para el desarrollo económico de China.

La gran diferencia de esta primera generación de estudiantes del siglo XXI es que no consideran que la opción de aprobar el gaokao sea tan trascendental como para decidir su futuro, según una encuesta realizada por el portal Web chino y empresa de medios Sina Corp. En la década de 1980 y 1990, más del 80% de los estudiantes consideraban que el gaokao era una prueba esencial en su vida, mientras que el 50% de la nueva generación de jóvenes considera que existen otros proyectos. Entre las opciones, mejorar el nivel de inglés que les permita conseguir un título con el que acceder a universidades en Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Estados Unidos, principales áreas de influencia en la región de Asia Pacífico, además del Reino Unido.

Con ello, no solamente se muestra un cambio evidente en cómo se afronta uno de los eventos más trascendentales en la vida de los estudiantes chinos, sino que se pone de manifiesto la aparición de un creciente individualismo entre los más jóvenes, a diferencia de la aptitud más colectiva que predominaba en generaciones anteriores. Esto da muestra de una sociedad china que está en pleno proceso de cambio, una nueva generación con más inquietudes que está dispuesta a afrontar nuevos retos, y que determinará la transformación de China tanto en lo político, en lo económico como en lo social. (Foto: Robert Borden, Flickr)

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Una duda razonable

Ahora que se remansan las aguas de la aceleración mediática en torno al encuentro entre Kim y Trump y sus resultados (los medios siempre más atentos a los detalles llamativos que a los trascendentes) es tal vez el momento de llegar a algunas conclusiones, tal vez apresuradas, aunque esta semana encontrarán un buen análisis de nuestra colaboradora en Washington, Nieves C. Pérez.

En primer lugar, la cumbre y sus anuncios de acuerdo han creado una dinámica irreversible hacia otro escenario en el que Corea del Norte será ya un actor imprescindible. Incluso si Kim, en uno de sus giros chantajistas, quisiera volver a elevar la tensión por razones coyunturales, tendría menos apoyos que antes.

En segundo lugar, el proceso de desnuclearización en la península coreana solo tiene un ganador a medio y largo plazo, y es China. Pekín no quería el derrumbamiento de Corea del Norte que habría situado tropas de EEUU en su frontera. Con el acuerdo en desarrollo, China ha neutralizado ese riesgo y si el proceso de desnuclearización avanza alegará que ya no hay razones para que haya tropas de EEUU tampoco en Corea del Sur, que ya no correría riesgos. Mientras, China sigue avanzando sus fronteras marítimas manu militari.

Tercero, los aliados de EEUU en la zona, cuya seguridad depende de esta alianza desde la II Guerra Mundial, están en un escenario de incertidumbre en el que ven el fortalecimiento de la presencia china y un debilitamiento de la de EEUU.

Todo va a cambiar y habrá que acostumbrarse a un escenario geopolítico nuevo. Estados Unidos ha sido el baluarte de la libertad en la zona y debe seguir siéndolo. La duda está en si, a pesar de algunos de sus éxitos, es Donald Trump el líder que esta nación necesita. (Foto: Tzvetan Chaliavski, Flickr)

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¿Cuál es la situación post-Cumbre de Singapur? Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Uno de los momentos más surrealistas de la historia contemporánea se vivió en Singapur. Esa imagen en la que el tirano de Corea del Norte se convertía en un líder legitimado internacionalmente de manos de su más temido enemigo. Podría asumirse que se está redefiniendo la diplomacia y reevaluando los protocolos tradicionales que han envuelto la dinámica internacional. O que quizá la irreverencia de Trump ha abierto un camino que se daba por inexistente. Lo cierto es que, producto de ese gran encuentro, surgió la opción de desnuclearización de Corea del Norte junto con la petición de la desnuclearización del resto de la península, que involucra a Corea del Sur, por lo que se plantea la gran pregunta: ¿Qué papel jugará Estados Unidos en la región?

Si desmenuzamos la declaración conjunta de la cumbre, que cabe decir es realmente corta, fundamentalmente se abordan 4 puntos, de los cuales los dos primeros rezan prácticamente lo mismo: un compromiso mutuo de reestablecer relaciones entre ambas naciones en un marco de paz y prosperidad y la sostenibilidad de esa paz en la península de Corea. El tercer punto es un compromiso para la completa desnuclearización de la península coreana. Y en el último se aboga por recuperar los prisioneros de guerra y desaparecidos en combate junto con la repatriación de los mismo. Por lo tanto, el punto crítico de este documento oficial se centra en la total desnuclearización de las dos Coreas que encierra un significado mucho más amplio y complejo, puesto que con ello desaparecería Estados Unidos del Sur y su presencia estratégica mermaría en la zona.

Ahora bien, la idea de desnuclearización de la península de Corea, fue planteado en la Declaración de Panmunjom, el pasado 27 de abril, producto del encuentro entre Kim Jong-un y Moon Jae-in, presidente de Corea del Sur. Esta declaración, mucho más amplia y detallada, comienza exponiendo que se ha emprendido una nueva era de paz para las dos naciones y sus relaciones bilaterales, dejando atrás la guerra y, con miras en la búsqueda de la reconciliación, el acercamiento y prosperidad de las dos Coreas. Para conseguirlo precisan que harán un esfuerzo común por aliviar la aguda tensión militar. Así, tienen previsto que la zona desmilitarizada se transforme en una zona de paz, y ese proceso se supone comenzó el pasado 2 de mayo. Asimismo, expone con muchos detalles los pasos a través de los cuales se conseguirán estos objetivos. Y el más importante de todos, “la desnuclearización total de la península”.

Consecuentemente, si los principales actores del conflicto coreano parten de un acuerdo que, a priori, ambos han firmado y expresado su voluntad de cumplir, es muy probable que el presidente Moon haya transmitido y coordinado con Trump parte de estas maniobras. Se sabe que los ejercicios militares, que se llevan a cabo cada primavera y otoño, entre Estados Unidos y Corea del Sur, fueran pospuestos por acuerdo mutuo. Es conocido que el líder surcoreano ha sido un interlocutor entre Trump y Kim. Así como que el importante avance que han experimentado las negociaciones se debe a la apertura y disposición al diálogo propiciado desde Seúl.

El mejor ejemplo de ello es la invitación que extendió el mismo Moon a Pyongyang a participar en los juegos olímpicos de invierno.

Ante este cambio de escenario, oportunamente el Secretario de Estado, Mike Pompeo, salió de Singapur directo al “Gran salón del pueblo” en Beijing donde fue recibido por Xi Jinping y por su Ministro de Exteriores Wang Yi, a quienes seguramente le dio el parte de lo que había sucedido en la inédita Cumbre tan sólo unas horas antes. Respetando escrupulosamente el orden de importancia, su primera parada la hizo a China. De allí fue a Seúl, donde se llevó a cabo un encuentro trilateral de ministros entre Japón, Corea del Sur y Estados Unidos.  Y cerró la visita con un encuentro privado con Moon.

Mientras que la Administración Trump se cubre las espaldas con su emisario estrella llevando el mensaje personalmente, el Japan times publicaba un artículo al final de la semana pasada en el que decía que Tokio está listo para organizar un encuentro entre Kim Jong-un y el primer ministro japonés Abe, que tendrá lugar en Rusia en septiembre de éste mismo año. Otro ejemplo de la rápido que se han acelerado las cosas en estos últimos días y de la aceptación internacional de Kim Jong-un como un Jefe de Estado más.

No es cuestionable que se han producido cambios estructurales. Los aliados de Washington están asumiendo una actitud mucho más proactiva frente a Pyongyang. Puede deberse a la singular manera que tiene Trump de entender el juego de poder. Sea como sea, el líder estadounidense parece estar muy satisfecho con los resultados (al menos hasta ahora), pues en su propia manera de entender las relaciones internaciones, más como un negocio que estratégicamente, la fuerte presencia estadounidense en Asia Pacífico está costándole mucho dinero a los Estados Unidos, por lo que económicamente es más rentable salirse y dejarle el problema a los afectados directos de la zona. Sin valorar el coste diplomático que esto llevaría consigo, esta ausencia coronaría a China como el gran rey al que todos los países medianos y pequeños en la región se verían obligados a plegarse. Incluso en el peor escenario, hasta el mismo Japón.

Pero podría ser también que Japón, en una necesidad imperante de supervivencia, se alíe con Australia y, a partir de ahí, comiencen un nuevo bloque que trate de hacer cara a China en el Pacífico. (Foto: Jeremy Sneller, Flickr)

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Las claves detrás de la Cumbre de Singapur. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Nos acercamos al gran día, al día del encuentro que ninguno de los protagonistas daba por posible tan sólo unos meses atrás, dada la tensa situación histórica que ha caracterizado las relaciones bilaterales entre Corea del Norte y Estados Unidos. Aún más, agravadas por las ofensas y amenazas de Trump y los lanzamientos de misiles de Kim Jong-un. Pero, contra todo pronóstico, el gran encuentro tendrá lugar en Singapur bajo la mirada expectante de todo el planeta.

El Secretario de Estado Mike Pompeo explicaba en rueda de prensa, que el presidente Trump está yendo al encuentro con esperanza, pero también cauto, y no aceptará un acuerdo que no sea beneficioso para los Estados Unidos. La desnuclearización total de la península coreana es el objetivo final. Así mismo, afirmaba que durante meses el líder estadounidense ha recibido diariamente briefing de expertos sobre la situación norcoreana, sus antecedentes históricos y su capacidad militar, por lo que confía que el encuentro irá bien, pues Trump está preparado para ello. El mismo Trump afirmó en el marco de la visita del primer ministro japonés a Washington, que su Administración hará lo que ninguna anterior hizo en este respecto, mientras que le dejaba saber a Kim que estaría invitado a la Casa Blanca de portarse bien con él.

Mientras tanto, Abe enfatizaba que Japón está dispuesto a establecer relaciones con Corea del Norte en alineamiento total con Estados Unidos, como quien intenta salvar su vulnerabilidad y posible soledad en la región.

Ahora bien, ¿cuáles son los posibles escenarios de esta cumbre? Lo más importante, a priori, la foto. La actitud corporal de ambos líderes en la foto será clave para leer entre líneas hacia donde iremos. Si solo hay un apretón de manos protocolar con caras serias, significará que la reunión no fue tan bien como Trump esperaba, y en cuyo caso la posibilidad de llegar a un acuerdo es casi nula. La segunda posible foto, en la que se intercambie algún gesto amistoso, como un abrazo, indicará un potencial acuerdo, o al menos que hay disposición en ambos líderes de llegar a un arreglo que acabe en una hoja de ruta a la salida. Y la tercera pose sería entre risas, que demostraría la empatía entre ambos líderes y el deseo de encontrar una solución a la crisis coreana.

Las palabras de Trump post-meeting. Otra lectura esencial de la cumbre. Si Trump aparece circunspecto y con un vocabulario más formal, el gran ganador del encuentro habría sido Kim, quien habría conseguido sentarse con un presidente estadounidense a conversar y su liderazgo habrá cambiado por completo, mientras que Trump sería el perdedor, el que puso todo en el asador a cambio de nada. No obstante, él le daría la vuelta y lo vendería como que fue él el primer presidente que realmente ha tenido el deseo de resolver el conflicto. Si, en cambio, las palabras de Trump son más bien cordiales, indicando que Kim amablemente está dispuesto a negociar el desarme nuclear, estaremos algunos encaminados a trabajar por algo. Pero si sus palabras son más bien de un maravilloso encuentro, o gran encuentro, muy en su tónica, la lectura es que entre ambos líderes hubo gran empatía, que conociendo la trayectoria de los personajes, sería muy positivo para poder alcanzar alguna especie de fórmula de no agresión y congelamiento del arsenal nuclear y misilístico norcoreano.

En cualquier escenario, el gran ganador de la cumbre antes de llevarse a cabo es  Kim Jong-un. Su status político ha cambiado radicalmente y ahora son muchos los líderes internacionales que quieren encontrarse con él. Asimismo, el deseo político de imponer sanciones a Pyongyang está prácticamente desaparecido por ahora. China, por ejemplo, no está imponiendo ahora mismo las sanciones; de hecho, hay indicadores de que marisco norcoreano está llegando a puertos chinos y que buques chinos están despachando combustible a Corea del Norte. Desde Washington, los ejercicios militares que estaban pautados han sido retrasados para complacer a Kim. El mismo Trump ha reconocido que no están imponiendo la presión máxima a Pyongyang como gesto diplomático previo al encuentro. Y Washington ha dejado claro que no tiene interés en el modelo de Libia. Kim ha ganado aceptación internacional y legitimado su liderazgo. Es muy posible que después del encuentro Kim Jong-un sea invitado a la Asamblea General de Naciones Unidas en otoño. Así como es muy probable que, de ir bien, Trump le invite a la Casa Blanca.

Trump no ha conseguido nada políticamente, su determinación de imponer aranceles a los aliados lo ha puesto en una posición un tanto solitaria en el mundo. Por lo que Corea del Norte es clave, su disposición de solucionar la gran amenaza del Pacífico le ha favorecido políticamente y le ha dado una especie de salvoconducto frente a occidente y sus aliados históricos, quienes se han sentido realmente golpeados por las duras acusaciones de Trump y la desolada manera de comprender el mundo. (Foto: Cooperholoweski, Flickr)