Corea, señales confusas

El proceso de normalización de relaciones con Corea del Norte está interrumpido, aunque se mantienen contactos para intentar salir del atasco. Corea del Norte, con una Administración maestra en intrigas y secretos no da información y Estados Unidos no va mucho más allá de reconocer la crisis, suspender el último viaje del secretario de Estado, Mike Pompeo y acusar a China de poner obstáculos.

Probablemente, Trump fue demasiado optimista al suponer que Corea del Norte entraría en un rápido proceso de desarme nuclear y de misiles que él pudiera ofrecer a su electorado en un momento de acoso de la oposición y de los medios de comunicación. Además, Pyongyang exige un desarme paralelo de Corea del Sur y retirada de las fuerzas norteamericanas, lo que es difícilmente aceptable para Seúl y Tokio, que quedarían más a merced de China.

Trump explica el actual conflicto comercial con China como el origen del apoyo chino a Corea del Norte para ralentizar los avances. Es posible que este conflicto sea un factor, pero no sería el único. China se está dando cuenta de las debilidades de la Administración americana y quiere reforzar su papel de influencia regional más de lo que lo viene haciendo.

Su presión discreta, la de China, es tal, que Corea del Sur y Japón están pidiendo a EEUU que no se rompan las negociaciones y que se insista en los contactos. Saben que China es la gran amenaza. Habrá que estar atentos las próximas semanas.

INTERREGNUM. El verano caliente de Xi Jinping. Fernando Delage

De manera un tanto inesperada, la guerra comercial entre Estados Unidos y China parece haber desencadenado una sucesión de críticas internas en Pekín, tanto a las ambiciones internacionales del presidente Xi Jinping como al excesivo poder concentrado en sus manos. Fue en marzo, con ocasión de la reunión anual de la Asamblea Popular Nacional, cuando Xi presumió de haber acercado a China al centro del liderazgo internacional y se abolieron los límites a la duración de su mandato. Pese al inevitable recuerdo del maoísmo como régimen personalista, apenas se oyeron voces críticas entonces. Ha sido la imposición de tarifas por parte de Trump en un entorno de menor crecimiento de la economía china, y el temor a las implicaciones políticas a que pueda conducir esta espiral de enfrentamiento, lo que ha propiciado que salgan a la superficie opiniones contrarias a las posiciones de Xi.

Unos primeros comentarios se preguntan si se podía haber hecho más por evitar el choque con Washington, que el gobierno chino nunca creyó fuera finalmente a ocurrir. Los rumores apuntan a crecientes diferencias entre Xi y sus dos principales asesores: Wang Huning, miembro del Comité Permanente del Politburó y responsable de propaganda, y Liu He, viceprimer ministro y consejero económico de referencia. También han trascendido los enfrentamientos entre el ministerio de Finanzas y el Banco Central sobre cómo gestionar la política económica en un momento de desaceleración.

La conclusión de que Estados Unidos ha decidido intentar frenar de manera proactiva las ambiciones chinas, ha conducido asimismo a minimizar lo que algunos expertos consideran como un exceso de arrogancia y triunfalismo. Pekín ha dado instrucciones a los medios de comunicación para eliminar toda referencia a “Made in China 2025”, su plan estratégico de innovación tecnológica que Washington considera como una amenaza existencial a su preeminencia económica. También cabe esperar que disminuya el protagonismo de la Nueva Ruta de la Seda en los discursos oficiales, a medida que proliferan las dudas sobre las dimensiones del gasto que implica la iniciativa. Expertos académicos recuerdan con nostalgia la recomendación de Deng Xiaoping de mantener un bajo perfil como medio de asegurar el ascenso de la República Popular.

Más sorprendente ha sido con todo el eco de un ensayo escrito por un respetado profesor de Derecho en la universidad de Tsinghua—uno de los principales centros de formación de las elites dirigentes chinas—, sobre la “nueva era” de Xi Jinping. En un erudito y extenso trabajo publicado en la web, Xu Zhangrun indica que “toda la sociedad china, incluida la élite de la administración, siente una creciente incertidumbre sobre la dirección del país y una profunda sensación de inseguridad personal”. Sin nombrarlo, Xu acusa a Xi de desmantelar las reformas de Deng y restaurar una dictadura de estilo maoísta, al obligar a la nación a rendir un culto a la personalidad del líder supremo como el que condujo a la Revolución Cultural.

Resulta difícil evitar la conclusión de que dirigentes y expertos perciben que se ha producido un cambio irreversible en la manera en que Estados Unidos interpreta el ascenso de China. Para muchos, la guerra comercial no es sino anticipo de un conflicto estratégico a largo plazo entre Washington y Pekín. Se extiende así el temor de que si las tensiones continúan empeorando, el “sueño chino” de Xi Jinping puede convertirse en una pesadilla que puede poner en riesgo la sostenibilidad del crecimiento económico y, por tanto, de la estabilidad política. Al optar por convertirse en un adversario de Estados Unidos, China podría estar arriesgando su futuro.

El poder de Xi no está en peligro. Ningún líder chino ha acumulado más influencia desde la década de los cincuenta del pasado siglo. Pero, como cabía esperar, la regresión institucional es causa de diferencias internas que presagian crecientes desafíos a su liderazgo. (Foto: Camilla Garin, Flickr)

Trump en el laberinto del NAFTA. Nieves C. Pérez Rodríguez

La Casa Blanca anunciaba la semana pasada que después de una larga confrontación con México había alcanzado un acuerdo bilateral. Dejando claro que no es NAFTA, pues según Trump el Tratado de libre comercio de América del Norte (NAFTA) es el peor convenio jamás firmado por los Estados Unidos. Sin tomar en consideración que está en vigor parcialmente desde 1994 y que ha sobrevivido múltiples administraciones tanto republicanas como demócratas, y que además implica a una población de 390 millones de ciudadanos, y un PIB de 7 trillones de dólares. Como si eso ya no fuera suficiente, que es el acuerdo económico que ha integrado más la economía de Canadá, Estados Unidos y México, pues de acuerdo a los economistas ha conseguido que la producción de diferentes sectores como el automotriz, manufacture sus partes entre las tres naciones, y que sea ésta la razón por la que el producto final tiene un costo más competitivo en el mercado y permite su acceso a más ciudadanos.

Mientras Trump precisaba que el acuerdo era únicamente con México, desde la distancia el mismo presidente Peña Nieto, vía telefónica, insistía en que Canadá debía formar parte, aunque horas más tarde el canciller mexicano anunció que aceptaba la propuesta de la Casa Blanca. La economía mexicana ha estado en caída desde noviembre del 2016, momento en que fue elegido Trump como presidente. Desde entonces, cada amenaza de Trump ha impactado los indicadores económicos, el primero de ellos fue una bajada drástica del peso mexicano a tan sólo horas de haberse conocido el resultado electoral, mientras el dólar subía considerablemente. Pues México depende sustancialmente de las compras de su vecino del norte, y de un acuerdo sin aranceles que mantenga las reglas del juego como hasta ahora. Desde que Washington hizo púbico el acuerdo la economía mexicana se ha mostrado al alza durante toda la semana.

A día de hoy el NAFTA sigue siendo un acuerdo vigente a tres bandas, por lo que terminarlo y establecer dos diferentes acuerdos bilaterales acarrearía consecuencias legales, políticas y económicas importantes. Trump ha insistido en que lo acabará en el futuro, seguramente para presionar al congreso a aprobar el nuevo pacto con México. Y a la vez presionar también a Canadá a aceptar sus términos, sostienen un grupo de experto de CSIS (Centro de estudios internacionales y estratégicos de Washington). Sea cual sea el nombre que finalmente decidan, la sostenida insistencia de Trump y su equipo económico en el daño que NAFTA hace a la economía estadounidense, los obliga a maquillar el nombre o a cambiarlo para justificar por qué están actualmente negociando.

Según New York Times, aunque Trump lo llame diferente no será más que “un NAFTA pero revisado”, con actualización de las disposiciones relacionadas con la economía digital, los automóviles, la agricultura y los sindicatos, es decir las disposiciones que permiten a compañías estadunidenses operar en México y Canadá sin tarifas. Mientras Reuters remarcaba que lo que Trump realmente quiere es poner un límite a las exportaciones a USA de 2.4 millones de dólares en vehículos y 90 mil millones en auto-partes. Por encima de eso, éste sector en concreto se enfrentaría un arancel de 25%. En esta nueva receta económica de la Casa Blanca, sale también perjudicado parte de las disposiciones del TPP (Tratado de Asociación del Transpacífico) porque eliminan la solución de controversias y protecciones adicionales para medicamentos de marcas, que ya Canadá rechazó en su momento durante las negociones del TPP, sostiene Edward Alden (experto del Council Foreing Relations).

A pesar del pesimismo que ha envuelto el futuro de NAFTA, son muchos los economistas que afirman que sigue habiendo una gran oportunidad para que se salve. Partiendo del hecho que el Congreso estadounidense tiene que aprobar un nuevo acuerdo o cualquier cambio o negociación entre México y Estados Unidos. Y en este escenario, que el congreso pida explicaciones de por qué Canadá no está incluida. Pues no puede perderse de vista, que a día de hoy el intercambio entre estos dos países asciende a 582.000,4 millones de dólares, ocupando Canadá el segundo lugar después de China (636.000 millones de dólares) y México (204.000.2 millones) el tercer puesto, según datos oficiales de la oficina de estadísticas exportaciones de los Estados Unidos.

A pesar del revuelo que ha causada la noticia, sobre todo en Canadá, no debería sorprender tanto que Trump prefiera la firma de acuerdos bilaterales. Es parte de su estrategia económica, imponer máxima presión para obtener los resultados que desea. Es siempre más sencillo negociar siendo el más fuerte, pero además contra una sola parte que contra dos. Desde luego es un recurso poco diplomático, pero también es conocida que la diplomacia no es precisamente lo que caracteriza al personaje. A pesar que el precio a pagar sea dejar orillado a un socio y aliado tan cercano como es Canadá de los Estados Unidos.

THE ASIAN DOOR: La nueva Ruta de la Seda se extiende por África Occidental. Águeda Parra

Pasados cinco años desde que Xi Jinping pusiera en marcha la mayor iniciativa de infraestructuras mundial bajo el nombre de la nueva Ruta de la Seda, comienzan a estar operativos los proyectos más emblemáticos en Asia Central, el Sudeste Asiático y Europa. Los flujos comerciales entre estas regiones con China se han incrementado considerablemente, creciendo en la misma medida que lo ha hecho la influencia de China en los países por los que pasa la ruta.

Si en una etapa inicial fueron los proyectos de los corredores terrestres los primeros en ser anunciados y, por lo tanto, en estar operativos, ahora son las infraestructuras que forman parte de la Ruta de la Seda Marítima las que están copando un mayor interés. El denominado como “Collar de Perlas” que China está desplegando por todo el Océano Índico mantiene en tensión a la India, al verse rodeada por la influencia de China a través de los puertos que financia en Myanmar, Sri Lanka y Pakistán. Proyectos que mejorarán el desarrollo de estos países y su integración regional, pero que posibilitan, asimismo, que China desarrolle una presencia naval que le permita convertirse en un agente relevante en el Indo-Pacífico aprovechando la pérdida de hegemonía de Estados Unidos en la región.

África es otro de los puntos clave de la Ruta de la Seda Marítima donde China tiene desplegada su primera base militar fuera del territorio chino, en Djibouti, y donde está desarrollando el puerto de Bagamoyo, en Tanzania, para que funcione como hub regional en el continente y como punto de conexión con las rutas marítimas que viajan hacia Europa y China. En África Oriental, la mejora y expansión de las vías férreas de la época colonial centran el desarrollo de la línea que conecta Mombasa con Nairobi, la capital de Kenia, una conexión que está previsto se extienda por Tanzania, Uganda, Ruanda, Burundi, Sudán del Sur y Etiopía.

La segunda fase de la apuesta de China por el compromiso de desarrollo de África, y por seguir desplegando su influencia a través de la Ruta de la Seda Marítima, es incorporar a África Occidental a OBOR (One Belt, One Road), como se conoce más comúnmente a la iniciativa, rivalizando con Francia en una región de influencia francófona. Al desarrollo de las vías férreas, carreteras y puertos que se están desarrollando en la parte oriental del continente, se unirán otros tantos proyectos que China pretende desarrollar en la región occidental. Entre ellos, destaca el único desarrollo cuyo acuerdo está cerrado y que plantea construir una línea de ferrocarril que permita a Mali tener acceso al mar a través de la conexión con el puerto de Conakry, en Guinea.

Con este objetivo en mente, Xi Jinping ha aprovechado la sesión de la X Cumbre los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), celebrada en Johannesburgo entre el 25 y 27 de julio, para hacer su primera visita de estado a Senegal los días el 20 y 21 de julio. Senegal se convierte así en el primer país de África Occidental al que viaja Xi Jinping, siendo ésta la cuarta vez que el presidente chino visita el continente.

El objetivo de la visita es múltiple. Por una parte, Senegal significa para Xi Jinping la puerta de entrada para seguir desplegando la emblemática Ruta de la Seda por África Occidental. El desarrollo de la zona económica especial (ZEE) de Dakar, capital de Senegal, en la que participa China, le permite al gigante asiático poder exportar los productos manufacturados en esta ZEE hacia los mercados europeos y estadounidenses. Por otro lado, el desarrollo del puerto de Dakar posibilitaría que China se ubicara en un punto estratégico en África Occidental con salida al Atlántico, complementando la conexión con el Índico que tiene desde el puerto de Djibouti, en el extremo opuesto del continente.

Entre los objetivos existe un tercer factor a tener en cuenta que implica reducir el número de países que reconocen a Taiwán como estado. El apoyo de Senegal ha ido cambiando con el tiempo desde que consiguiera la independencia de Francia en 1960, reconocimiento en un primer momento a Taiwán sobre China. Desde entonces, el posicionamiento de Senegal no ha sido firme, cambiando su apoyo hasta en tres ocasiones, de ahí que China persiga con la incorporación de Senegal a OBOR mantener en el tiempo el reconocimiento de China sobre Taiwán vigente desde 2005.

Mientras Europa y Estados Unidos se alejan más de los objetivos de desarrollo de África, China se posiciona como primer socio comercial del continente tras desbancar a Estados Unidos hace ya más de diez años. De ahí, que el despliegue de la nueva Ruta de la Seda por África Occidental cumpla perfectamente con los objetivos de China, que ya es el segundo socio comercial de Senegal, de seguir expandiendo su influencia económica, comercial y diplomática por toda África. (Foto: José Rambaud, Flickr)