Washington avanza en robustecer la seguridad de Taiwán. Nieves C. Pérez Rodríguez

En el Senado de los Estados Unidos se acaba de presentar un proyecto de ley sobre el fortalecimiento de asistencia y apoyo en materia de seguridad a Taiwán con el propósito de revisar la legislación actual existente en los Estados Unidos hacia Taiwán y ampliar la colaboración que se estableció en 1979 y que se ha mantenido hasta el momento.

El proyecto de ley, promovido por el senador demócrata Bob Menéndez y presentado con Lindsey Graham (senador republicano), se introduce en un momento de gran tensión en las relaciones entre Estados Unidos y China. Tan sólo una semana atrás el ministro de defensa chino Wei Fenghe hizo unas fuertes declaraciones en las que afirmó “China no dudará en comenzar una guerra y aplastar en pedazos a Taiwán”.

En tal sentido, el senador Menéndez afirmó que “este proyecto de ley enviará un mensaje claro a China: China no deberían cometer el mismo error de Rusia al invadir a Ucrania”. La ley en cuestión busca ampliar los esfuerzos estadounidenses para promover la seguridad de Taiwán, garantizar la estabilidad regional, así como intenta disuadir a China de agredir a Taiwán. Para ello contempla un presupuesto de 4.5 mil millones de dólares en asistencia en seguridad en los próximos cuatro años.

La ambiciosa ley buscaría también servir de puente entre Taiwán y organizaciones internacionales en la arquitectura comercial multilateral. Asimismo, define a Taiwán como un importante aliado “no miembro” de la OTAN (de acuerdo con la ley estadounidense, supone la designación de estatus de “aliado principal no-OTAN”) un poderoso estatus que brinda a los socios un beneficio adicional en áreas de comercio de defensa y cooperación en seguridad.

 

En el contexto actual, ese estatus tiene un efecto más enérgico e incluso debería ser disuasorio frente a las pretensiones del PC chino. Y, a su vez, fortalece la imagen de Taiwán con el posible apoyo de instituciones multilaterales tanto económicas como de defensa.

Casi simultáneamente Beijing anunciaba el lanzamiento de su portaaviones más largo, que analistas expertos en la materia consideran que es un rival de los portaaviones más grandes estadounidenses, en dimensiones, y que fue bautizado con el nombre de Fujian que es el nombre de la provincia china que bordea el frente de Taiwán. La provincia de Fujian geográficamente se encuentra justo enfrente del estrecho de Taiwán en el mar de meridional de China, que valga recordar que Beijing ha venido insistiendo en que las aguas de ese estrecho no son aguas internacionales sino chinas, y en efecto los chinos desarrollan constantemente maniobras militares en la zona que se han venido incrementando en frecuencia en los últimos años.

En la presentación del texto, el senador Graham afirmó que el proyecto de ley es la mayor expansión de la relación militar y económica entre ambos países en décadas. Además, dijo, “cuando se trata de Taiwán nuestra respuesta debería ser que estamos a favor de la democracia y en contra de las agresiones comunistas. Vivimos tiempos peligrosos. China está evaluando a Estados Unidos y nuestro compromiso es Taiwán. El peligro solo empeorará si mostramos debilidad frente a las amenazas y las agresiones chinas hacia Taiwán”.

Las palabras pronunciadas por ambos senadores en el momento de la presentación del proyecto de ley tienen una gran validez hoy y deberían ser puestas en práctica por muchas naciones libres, en un momento en que Occidente parece sentir miedo por la soberanía y las posibles agresiones contra los valores democráticos después de la invasión de Ucrania, al igual que el manejo de la pandemia en China desde el mismo comienzo de esta, desde el secretismo inicial hasta los severos confinamientos que hemos visto hasta hace solo días atrás.

Vivimos tiempos peligros y hay que enviar un mensaje contundente a China: Occidente no va a tolerar que Beijing decida acabar con una democracia y hacerse con Taiwán, eso sería mucho más que hacerse con el control de una isla con profundos valores democráticos; eso significaría hacerse con el control de mares internacionales junto con la anulación de la libertad de navegación en los mismos, el control regional y poco a poco la dominación, imposición y normalización de sus valores en el mundo.

 

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