THE ASIAN DOOR: En el derisking energético, el Indo-Pacífico acoge a Rusia. Águeda Parra

Las complejas sanciones que la Unión Europea ha venido imponiendo sucesivamente contra Rusia desde el inicio del conflicto han estado orientadas a debilitar su economía y capacidad bélica. Los esfuerzos también se han redoblado para reducir la vinculación energética construida durante décadas con el país que hasta ese momento era el mayor proveedor de combustibles fósiles de la UE. La necesidad de diversificar el suministro, por una parte, y la urgencia por desplegar las renovables a un mayor ritmo de lo esperado, por otra, han permitido a los países europeos con mayores dependencias con Rusia romper esa estrecha vinculación de recursos y abordar una nueva etapa de seguridad energética.

A la misma velocidad a que la UE ha reducido el suministro que fluía por el extenso entramado de gaseoductos diseminados por gran parte del territorio europeo, y que había creado una amplia capilaridad del gas ruso hacia Occidente, el Kremlin ha encontrado nuevos destinos para sus exportaciones energéticas en Asia. India y China, principalmente, pero también Turquía. De esta forma, se han consolidado como los nuevos destinos prioritarios de las exportaciones de crudo y gas ruso, distribuidos a través de buques gaseros y petroleros, produciéndose un importante giro de Occidente hacia Oriente en las exportaciones de crudo y gas de Rusia. De hecho, entre los tres países agrupan hasta el 70% de los nuevos flujos de crudo ruso transportado por mar, según el equipo Reality Check de la BBC.

La alta dependencia de la UE del suministro energético procedente de Rusia que, hasta antes de la invasión de Ucrania, se situaba en el 25% del petróleo y más del 40% del gas, según Eurostat, no ha permitido una desconexión inmediata, ni una ruptura rápida de los lazos económicos. Menor problema ha tenido Rusia, que ha dado viabilidad al excedente generado aplicando una significativa rebaja de precios a las exportaciones energéticas que ya no suministra a Europa, haciendo su suministro mucho más atractivo que el de sus competidores más directos, Estados Unidos y Arabia Saudita, primer y segundo productor de petróleo del mundo, respectivamente.

En este giro de alianzas energéticas, India se ha consolidado como el principal socio de Rusia, pasando de recibir apenas el 2% de las exportaciones de crudo ruso a convertirse en el principal destino de sus reservas durante 2022, multiplicándose por catorce desde el inicio del conflicto. En esta transición de relaciones energéticas, Rusia ha pasado a proporcionar casi la mitad del petróleo que abastece a la economía india, reduciéndose la vinculación con sus socios energéticos históricos, Iraq y Arabia Saudita, que han pasado a representar apenas la mitad de los flujos de crudo que llegan al país desde que comenzara la invasión de Ucrania.

Tras más de año desde que comenzara la guerra, Rusia no sólo ha conseguido mantener sus flujos de exportación de petróleo, sino incrementarlos, gracias a una estrategia de diversificación de los destinos que le ha resultado muy propicia. De hecho, la producción de petróleo de Rusia ha registrado un incremento del 2%, con unas ganancias asociadas que han crecido un 20%, hasta los 218.000 millones de dólares, según datos de la Agencia Internacional de Energía (IEA) y el gobierno ruso.

En este nuevo esquema de relaciones energéticas que redefine el equilibrio de poder geopolítico, India se sitúa más cerca de la esfera de Rusia ya que los nuevos vínculos energéticos y económicos se suman a los ya existentes en el ámbito del suministro armamentístico, donde India es el principal destino de las exportaciones de armamento ruso, hasta el 28% entre 2017 y 2021, según el instituto internacional SIPRI.

Parece evidente que la geopolítica se encuentra en transición. Y es que el nuevo panorama energético mundial que comienza a trazarse tras la invasión de Ucrania no responde a las dinámicas competitivas del mercado, sino a un cambio mucho más profundo en el esquema geopolítico global, donde el giro energético sitúa a Rusia más cerca del eje del Indo-Pacífico, hacia donde parecen confluir todas las fuerzas de poder global y, por tanto, más cerca de la esfera de China.

 

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