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Indo-Pacífico: Iniciativa de Estados Unidos, hipocresía francesa

La alianza estratégica recientemente anunciada por Australia, Reino Unido y Estados Unidos (AUKUS) supone un cambio de etapa en la región del Indo-Pacífico. Los tres aliados han decidido dar un paso adelante en la contención de China y su política expansiva respecto a Taiwán, el Mar de la China y países cercanos, y dotarse, con Australia como pieza central sobre el terreno, de mayores recursos navales y aéreos.

Esta iniciativa impulsada por Estados Unidos no debería sorprender. Los tres países, junto a Canadá y Nueva Zelanda, integran, desde los años 60, la alianza Five Eyes para el intercambio de inteligencia estratégica y monitorización de las comunicaciones del bloque soviético y aliados y que supuso la puesta en marcha del sistema de vigilancia Echelon, que supuestamente también se utilizó más tarde para controlar miles de millones de comunicaciones privadas en todo el mundo.

La nueva alianza estratégica significa la plasmación práctica y con nuevos medios de una coincidencia en la percepción de la amenaza china no sólo en términos comerciales ventajistas sino como amenaza a la integridad territorial y seguridad colectiva de varios países.

Y aquí entra la dificultad de sumar a la Unión Europea a esta iniciativa. Bruselas lleva años señalando que China es una amenaza comercial y de seguridad tecnológica pero no un riesgo en estos momentos a la seguridad colectiva. Francia y Alemania combinan las duras críticas a China con guiños para establecer acuerdos comerciales que permitan a sus empresas entrar en el goloso mercado chino con el menor control estatal posible por parte de Pekín. Cada cual defiende legítimamente sus intereses nacionales y, en la medida en que coincidan, son intereses europeos. Y esto está en la trastienda del asunto de los submarinos.

Australia lleva décadas modernizando sus fuerzas navales (y en algunos de sus programas mantiene con España convenios importantes), necesidad que ha venido aumentando en proporción al crecimiento chino en capacidad ofensiva aeronaval junto a su política en las aguas cercanas reprobada por tribunales internacionales. En este campo, es clave estratégicamente el arma submarina por su capacidad de llevar a cabo labores de vigilancia y de inteligencia.

El primer candidato para colaborar en la modernización de la flota submarina australiana fue Japón proyecto que Camberra abandonó para un acuerdo con Francia que ofreció a Australia ventajas comerciales y tecnológicas. Sin embargo, París no quiso transferir tecnología para la propulsión nuclear de los submarinos australianos para no entorpecer sus relaciones comerciales con China. Francia ofreció el último modelo de la clase Scorpene, modelo en el que han colaborado España y Francia, que vendieron varias unidades a Chile.

Pero ahora, en el marco del AUKUS, EEUU y Gran Bretaña han ofrecido a Australia la transferencia de la tecnología para dotar a sus nuevos submarinos de propulsión nuclear en situaciones ventajosas para los tres países. Los submarinos movidos por energía nuclear son más  rápidos, pueden alcanzar mayor profundidad, son más silenciosos, tienen más capacidad  de desplazamiento y pueden permanecer mucho más tiempo sumergidos mucho.

Es verdad que Francia ha perdido un contrato de casi 60.000 millones de euros con la repercusión que eso va a tener en el empleo, pero sin duda hay instancias jurídicas internacionales para sustanciar reclamaciones y eventuales compensaciones. Pero Francia no pude presentar este asunto como una “traición” o una “puñalada en la espalda” de Estados Unidos en un plan estratégico contra China en el que la Unión Europea nunca ha querido estar ni dotarse de medios para ponerlo en marcha. Retirar embajadores de Australia y Estados Unidos y escenificar como conflicto europeo un asunto esencialmente francés es pura hipocresía. Por otra parte, la unilateralidad de la acción francesa en África no es menor que aquella que París crítica a Estados Unidos, dicho sea de paso.

No se puede seguir esperando la comprensión de Estados Unidos, que también tiene legítimos intereses nacionales como Francia, y que desde el otro lado del Atlántico llegue la financiación vertebral de la OTAN y se envíen los soldados que en mayor número mueren en los conflictos, mientras se mira con supuesta superioridad ética a los aliados estadounidenses. No se pueden seguir equilibrando los presupuestos europeos gastando menos en defensa y que lo haga EEUU y, a la vez, esperar que EEUU lleve a la UE a rastras a  dónde la UE no ha demostrado querer asumir los riesgos de estar presente.

INTERREGNUM: Suga en Washington. Fernando Delage

El 16 de abril, el primer ministro de Japón, Yoshihide Suga, fue el primer líder extranjero recibido por Joe Biden en Washington desde su toma de posesión el pasado mes de enero. El gesto del presidente norteamericano no es en absoluto inusual. El antecesor de Suga, Shinzo Abe, fue también el primer jefe de gobierno extranjero que se reunió con Trump tras la victoria electoral de este último en 2016, y Japón fue asimismo el destino del primer viaje al exterior de Antony Blinken y de Lloyd Austin como secretarios de Estado y de Defensa de la nueva administración (como lo fue igualmente de otros secretarios de Estado anteriores).

El papel de Japón como aliado indispensable de Estados Unidos se ha reforzado aún más frente a la prioridad central del Indo-Pacífico en la estrategia internacional de Washington. Tokio no sólo puede ayudar a la Casa Blanca a recuperar el terreno perdido durante los últimos cuatro años, sino a complementarse en sus respectivas capacidades. Mientras Estados Unidos asume la principal responsabilidad en el terreno de la seguridad, Japón puede maximizar su protagonismo en cuanto a la financiación de infraestructuras o la promoción de las cadenas de valor y de interconectividad en la región.

Ambos, por resumir, desean coordinar sus esfuerzos frente al ascenso de China y las incertidumbres del escenario estratégico asiático. La cumbre de la semana pasada ha servido por ello para lanzar un mensaje conjunto tras la celebración del primer encuentro del Quad a nivel de jefes de gobierno, de las reuniones bilaterales mantenidas a nivel de ministros, y tras los duros intercambios entre diplomáticos chinos y norteamericanos en Alaska. También sirvió para preparar los próximos encuentros multilaterales previstos, como el convocado por Biden sobre cambio climático esta misma semana, o la cumbre del G7, en Reino Unido en junio, a la que se ha invitado a participar a India, Corea del Sur y Australia.

La atención, con todo, estaba puesta en cuestiones más inmediatas, relacionadas con las últimas acciones chinas. Biden y Suga denunciaron cualquier intento de modificar el statu quo regional por la fuerza, refiriéndose en particular a los mares de China Meridional y Oriental. Más significativo fue aún el reconocimiento de “la importancia de la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán”. Fue la primera vez que la isla apareció de manera explícita en un comunicado conjunto de ambos países desde principios de los años setenta. La preocupación por la situación en Hong Kong y Xinjiang fue expresada igualmente, aunque Japón ha evitado por el momento la imposición de sanciones.

Las circunstancias de la región han cambiado, y Estados Unidos espera una mayor contribución de Japón a la alianza. Suga se ha encontrado por su parte ante la más importante oportunidad diplomática desde que accedió a la jefatura del gobierno el pasado otoño para elevar su perfil—la diplomacia no ha formado parte de su trayectoria política—, de cara a las elecciones generales de este mismo año. Pero, al mismo tiempo, Japón se encuentra frente al dilema bien conocido en su relación con Washington: entre el temor a verse atrapado en un conflicto iniciado por otros (no podría mantenerse al margen, por ejemplo, de un ataque chino a Taiwán), y el temor a verse abandonado por Estados Unidos y no poder apoyarse en la alianza para hacer frente a los riesgos en su entorno exterior.

EEUU y Japón refuerzan sus lazos. Nieves C. Pérez Rodríguez

El primer ministro japonés, Yoshihide Suga, fue el invitado de honor del presidente Biden el viernes pasado. Una gran distinción considerando que en palabras del propio Biden es el primer jefe de Estado al que él personalmente pidió que fuera invitado a la Casa Blanca. Este encuentro muestra la importancia de estas relaciones y cómo ambas naciones ven estratégica su relación y el compromiso bilateral que han asumido mantener e incluso reforzar.

Suga y Biden ya se habían reunido en encuentros previos -pero virtualmente- como el G7 y la cumbre de líderes del Quad. Y además, Biden envió a Japón a su secretario de Estado y el secretario de Defensa en su primera visita oficial física.

Biden aprovechó la ocasión para afirmar que ambas naciones trabajarán en conjunto para demostrar que las democracias aún son competitivas y que por lo tanto pueden ganar en el siglo XXI.

Suga correspondía diciendo: “Estados Unidos es el mejor amigo de Japón y además somos aliados que compartimos valores universales como la libertad, la democracia y los derechos humanos. Nuestra alianza ha cumplido un papel fundamental en la estabilidad y la paz en la región del Indo pacífico”.

Entre los puntos claves discutidos durante la visita estuvo la maligna influencia china en la paz y la prosperidad del Indo Pacífico y el resto del mundo. Suga afirmó que tanto Japón como Estados Unidos se oponen a cualquier intento de cambio del statu quo por la fuerza o la coacción en los mares de China oriental y meridional. Con esas palabras le decían a Beijing que, a pesar de todo el despliegue militar, de aviones sobrevolando las Islas Senkaku, el patrullaje chino en las aguas del mar de chino, el sobrevuelo constante de aviones militares sobre Taiwán, no conseguirán quitarle la libertad de navegación a la región.

En el encuentro se acordó fortalecer la competitividad en el campo digital invirtiendo en investigación, desarrollo y despliegue de las redes 5G e incluso la 6G. Y para ello Estados Unidos ha comprometido 2.5 mil millones de dólares y Japón 2 mil millones. La aproximación de lo presupuestado muestra el nivel de compromiso de Japón y como se ve a sí mismo como un líder en la región y por lo tanto en el mundo. Esta apuesta puede significar para Tokio la recuperación de su posición de liderazgo mundial y contrapeso con Beijing.

El resultado de la ejecución de este proyecto sería una red que permita conectividad global segura y de última generación como alternativa al 5G chino que tanta incertidumbre ha despertado y tantos debates y confrontaciones políticas y diplomáticas ha generado.

También anunciaron un plan para ayudar a la región del Indo Pacífico a recuperarse de la pandemia, incluso a través de la asociación de vacunas del Quad en conjunto con Australia e India. El objetivo es fabricar, distribuir vacunas y ayudar a la recuperación de los países de esta región post pandemia. Y a la vez, ir estableciendo un sistema internacional de prevención de futuras pandemias.

Estados Unidos y Japón intercambian más de 300.000 millones de dólares en bienes y servicios cada año, lo que los convierte en principales socios comerciales. De acuerdo con cifras oficiales del Departamento de Estado, Estados Unidos es la principal fuente de inversión directa en Japón, y Japón es el principal inversor en los Estados Unidos, con 644.700 millones de dólares invertidos en 2019 a largo de los 50 estados americanos.

La Administración Biden ha dicho desde que tomó posesión que China representa el principal riesgo para Estados Unidos, y todo indica que ese riesgo lo ha tomado muy en serio y están dispuestos a neutralizarlo. La libertad de navegación de los mares del sur y del este de China y la seguridad de la cadena de suministro de semiconductores, junto con una red de 5G occidental, abordar la situación nuclear norcoreana y la estabilidad de la península coreana, el compromiso medio ambiental que acentuaron junto con el relanzamiento de una alianza cada vez más compleja y ambiciosa constituyen la hoja de ruta que definirá el relanzamiento de estas relaciones bilaterales. Y con ello el potencial renacer de dos potencias caminando de la mano.

INTERREGNUM: Europa se sube al Indo-Pacífico. Fernando Delage

Aunque ya no sea miembro de la Unión Europea, Reino Unido se ha sumado a Francia, Alemania y Países Bajos en el reconocimiento del Indo-Pacífico como nuevo eje central de la geopolítica y la economía global. La separación institucional del Viejo Continente, y la imposibilidad de mantener una “relación especial” con Washington como durante la guerra fría, obliga a diversificar sus opciones, y así aparece recogido en la revisión de su política exterior y de seguridad. En el documento que identifica las líneas generales de la diplomacia británica post-Brexit, hecho público la semana pasada, el término “Indo-Pacífico” es mencionado hasta 32 veces. Y algunas de sus conclusiones se asemejan al informe publicado el pasado mes de noviembre por Policy Exchange, un influyente think tank (“A Very British Tilt: Towards a new UK strategy in the Indo-Pacific Region”).

Downing Street pretende que, hacia 2030, Reino Unido sea “el socio europeo con la presencia más amplia e integrada en el Indo-Pacífico”. Con tal fin, Londres pretense adherirse al CPTTP, es decir, el antiguo Acuerdo Transpacífico que, bajo el liderazgo de Japón, se renegoció tras el abandono por parte de Estados Unidos al comienzo de la administración Trump; convertirse en socio estratégico de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN); y maximizar su relación con las naciones de la región que pertenecen a la Commonwealth. (Algunos analistas han sugerido, incluso, que Londres debería formar una confederación geopolítica informal con Canadá, Australia y Nueva Zelanda). No son objetivos que asuma sin más la opinión pública británica, ajena en su mayor parte a la relevancia de Asia para sus intereses, pero algunos elementos son ciertamente coincidentes con los mantenidos por los Estados miembros de la UE.

Londres y Bruselas comparten, en efecto, una misma inquietud por el desafío que representa China (el documento británico utiliza términos similares a los empleados por la última estrategia de la Unión: “competidor sistémico” vs. “rival sistémico”), al tiempo que desean, sin embargo, estrechar las relaciones económicas. Reino Unido ha quedado fuera, no obstante, del acuerdo de inversiones concluido por Pekín y la UE en diciembre, y carece del peso negociador que le permitiría recibir un trato similar. Por otra parte, ambas capitales consideran igualmente a Japón e India como socios prioritarios en distintas áreas de cooperación.

Sólo unos días antes de darse a conocer el plan británico, Josep Borrell anunció en su blog la próxima adopción de un concepto Indo-Pacífico de la Unión Europea, después de que París, Berlín y La Haya hayan elaborado sus propias estrategias. Según escribe el Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores, la política asiática de la Unión se apoya en dos pilares: el reajuste de la relación con China, y el reforzamiento de las relaciones con el resto de Asia. Sobre China, Borrell presentará un informe al próximo Consejo Europeo. Sobre la región en su conjunto, Bruselas trabaja en una triple dirección.

La primera de ellas consiste en dar forma a un enfoque europeo sobre el Indo-Pacífico que—en coherencia con la naturaleza de la UE como actor internacional—hará especial hincapié en un orden basado en reglas y en el multilateralismo. La segunda tiene como objetivo desarrollar el potencial de la relación con India, ahora que Delhi no puede considerar a Reino Unido como su principal vía de acceso al Viejo Continente. La primera cumbre UE-India con presencia de los jefes de Estado y de gobierno de los 27, en mayo, será la oportunidad para abrir esta nueva etapa entre ambos actores. Una tercera orientación busca maximizar la conectividad entre Europa y Asia, implicando también al sector privado. El lanzamiento de una iniciativa en este terreno con India en la cumbre de mayo se sumará a los planes de Japón en el marco de su visión de un “Indo-Pacífico Libre y Abierto”, de la ASEAN y su “Masterplan sobre conectividad”, y a la propia estrategia de interconectividad en Eurasia adoptada por Bruselas en 2018.

China no ha tardado en reaccionar. Una columna de opinión en el diario Global Times dudaba de la capacidad europea para desarrollar una presencia estratégica en el Indo-Pacífico. Además de subrayar la falta de cohesión entre los Estados miembros, el autor destacaba las diferentes perspectivas mantenidas por Alemania y Francia y el interés preferente por China como oportunidad económica. ¿Desmentirá Bruselas el escepticismo chino?

INTERREGNUM: Corea en el Indo-Pacífico. Fernando Delage

Las declaraciones del presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, a favor de una mayor coordinación de las democracias como eje de la política norteamericana frente a China, permite concluir que el Diálogo Cuadrilateral de Seguridad (Quad) seguirá consolidándose durante los próximos años. Formado por Estados Unidos, India, Japón y Australia, este grupo informal que constituye uno de los instrumentos de la estrategia a favor de un Indo-Pacífico Libre y Abierto, nunca ha incluido a una de las democracias más sólidas de Asia, y que es al mismo uno de los principales aliados de Washington en la región: Corea del Sur. Aunque durante los últimos meses, el secretario de Estado, Mike Pompeo, ha sugerido la constitución de un Quad Plus, con la participación añadida de Corea del Sur, Vietnam y Nueva Zelanda, lo cierto es que Seúl tiene sus propios motivos para mantenerse al margen.

El gobierno surcoreano, en efecto, ha mostrado escasa inclinación para sumarse al grupo, al que tampoco ha sido nunca invitado formalmente. Recibir esa invitación le colocaría ante un grave dilema, dada la prioridad de Seúl de evitar un enfrentamiento con China, y mantener su autonomía estratégica entre Washington y Pekín. En este punto coincide con los Estados-miembros de la ASEAN, igualmente contrarios a la idea de alinearse con uno de los dos gigantes frente al otro. Pero entre las razones surcoreanas hay que añadir asimismo su oposición a un concepto, el del Indo-Pacífico, cuya paternidad corresponde a Japón.

Aunque las tensiones entre Seúl y Tokio obstaculizan la cooperación en el noreste asiático, Corea del Sur carece sin embargo de ese tipo de problemas en su relación con el sureste asiático y con el subcontinente indio, las dos subregiones que constituyen precisamente el objeto de la denominada “Nueva Política hacia el Sur” del gobierno de Moon Jae-in. Y, en el marco de este acercamiento a sus vecinos, en particular a India y Australia, Corea del Sur está actuando de manera que complementa la misión del Quad.

Con India, las relaciones en el terreno de la defensa se han estrechado durante los últimos años, como ilustró la constitución de una “relación estratégica especial” en 2015. Desde que—en 2005—Delhi y Seúl firmaran un acuerdo de cooperación en industria de defensa, se han sumado otros sobre intercambio en tecnología y formación, sobre protección de información militar clasificada, o sobre apoyo logístico naval en 2019 (pacto este último, que Corea del Sur sólo mantiene también con Estados Unidos).

La relación con Australia tuvo escasa prioridad hasta 2009, fecha en la que ambos gobiernos adoptaron una declaración conjunta de cooperación en materia de seguridad, seguida por dos sucesivos acuerdos de colaboración en inteligencia (2010) y en defensa (2011). En 2013 los dos países establecieron un diálogo anual 2+2, es decir, con la participación conjunta de los ministros de Asuntos Exteriores y de Defensa; fórmula que Corea del Sur sólo mantenía hasta entonces con Estados Unidos. En 2015 firmaron un pacto más ambicioso de cooperación en defensa, que les compromete a la formación de oficiales, a prestarse apoyo logístico, y a una mayor coordinación en asuntos como operaciones para mantenimiento de la paz, asistencia humanitaria, o seguridad marítima.

La conclusión es que los acuerdos bilaterales de seguridad de Seúl con tres de los miembros del Quad—Estados Unidos, India y Australia—contribuyen de manera directa a los objetivos multilaterales del grupo. La prioridad de los asuntos de la península coreana para Seúl relativiza para sus intereses los problemas del Indo-Pacífico en su conjunto, del mismo modo que su difícil relación con Japón condiciona sus movimientos. En cualquier caso, pese a su aparente ausencia de los debates sobre la dinámica estratégica regional, Corea del Sur no ha dejado de construir su papel mediante su asociación con otros socios.

El alcance acelerado de la India a Europa. Niranjan Marjani

La 15ª Cumbre UE-India se celebró virtualmente en julio de este año. Después de esta cumbre hubo una serie de compromisos entre India y países europeos en diferentes niveles. El primer ministro Narendra Modi celebró cumbres virtuales con los líderes de Dinamarca, Italia y Luxemburgo entre septiembre y noviembre, mientras que el secretario de Relaciones Exteriores, Harsh Vardhan Shringla, visitó Francia, Alemania y el Reino Unido entre la última semana de octubre y la primera de noviembre.

La crisis del COVID-19 y los desafíos emergentes de seguridad y geopolíticos ofrecen una oportunidad a la India para redefinir sus relaciones con Europa. La región del Indo-Pacífico, las cadenas de suministro y el mecanismo antiterrorista son tres áreas que tienen el potencial de definir las relaciones entre India y Europa en el futuro.

La región del Indo-Pacífico

La región del Indo-Pacífico se ha convertido en el área con el máximo potencial de cooperación entre la India y los países europeos. Francia, Alemania y los Países Bajos se han mostrado inclinados a participar en la geopolítica del Indo-Pacífico.

En los últimos tiempos, el Indo-Pacífico ha agregado una nueva dimensión a las relaciones India-Francia que se están fortaleciendo en el área estratégica. De manera similar, mientras se encontraba en Alemania, el Secretario de Relaciones Exteriores Shringla acogió con satisfacción la política de Alemania hacia el Indo-Pacífico y afirmó que es un área de interés común entre ambos países. En septiembre se celebró virtualmente el Primer Diálogo India-Francia-Australia. Este diálogo se centró en la región del Indo-Pacífico. Alemania, por su parte, también planea enviar patrulleras en el Océano Índico junto con la Armada Australiana.

A medida que la política global está experimentando un cambio estratégico hacia la región del Indo-Pacífico, hay cada vez más oportunidades para que las potencias europeas jueguen un papel importante en la región del Indo-Pacífico. Las relaciones con la India deberían permitir a los países europeos participar en una cooperación significativa en la región del Indo-Pacífico.

Cadenas de suministro

La interrupción de las cadenas de suministro ha sido uno de los efectos más graves de la crisis del COVID-19. Dado que empresas de todo el mundo han establecido un gran número de cadenas de suministro en China, la pérdida económica ha sido enorme. El primer ministro Narendra Modi ha hecho hincapié en la diversificación de las cadenas de suministro, lo que reduciría el impacto negativo de cualquier crisis. India, junto con Estados Unidos, Japón y Australia, ha estado trabajando en esta área. La cuestión de la diversificación de las cadenas de suministro se debatió de forma destacada en las cumbres virtuales bilaterales India-Dinamarca e India-Italia.

La UE es el mayor socio comercial de la India y el 11,1% del comercio de la India en 2019 fue con la UE. El comercio de India con la UE es más que el comercio de India con los Estados Unidos y China. Recientemente, la India decidió no unirse a la Asociación Económica Integral Regional, que se considera el pacto comercial más grande del mundo. La India se negó a unirse porque las disposiciones de este acuerdo van en contra de los intereses económicos de la India. En cambio, India ha decidido centrarse más en la UE y los Estados Unidos. India está considerando celebrar un acuerdo comercial preferencial con la UE y luego avanzar hacia un acuerdo de libre comercio.

Mecanismo antiterrorista

Los recientes ataques terroristas en Francia y Austria proporcionan otra área de cooperación entre la India y los países europeos. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha expresado su postura contra el terrorismo y el separatismo basado en la religión. Desde la llegada de ISIS, Europa ha sido testigo de una gran cantidad de ataques terroristas. Especialmente Francia ha estado en el extremo receptor del terrorismo islámico durante este período.

India también ha sido víctima del terrorismo islámico durante décadas. Sin embargo, es importante señalar que la naturaleza del terrorismo que enfrentan India y Europa puede parecer diferente. El terrorismo en Europa lo llevan a cabo principalmente inmigrantes de países musulmanes. El terrorismo en la India está patrocinado principalmente por Pakistán.

Pero la amenaza del terrorismo podría considerarse desde dos puntos de vista. Primero está el terrorismo organizado que es llevado a cabo directamente por miembros de organizaciones terroristas o por países que apoyan el terrorismo. En segundo lugar está el terrorismo que es el resultado de la radicalización. Ha habido muchos ataques terroristas en Europa que fueron llevados a cabo por personas motivadas por ideología extremista. Estos atacantes no eran necesariamente miembros de ningún grupo terrorista, sino que fueron radicalizados a través de enseñanzas religiosas.

Hoy la radicalización religiosa es una amenaza tanto como el terrorismo organizado. India y Europa deben cooperar en ambas áreas. El desarrollo de mecanismos para el intercambio de inteligencia sería un buen comienzo. Al ser también democracias liberales, la India y los países europeos podrían realizar esfuerzos concertados para contrarrestar las ideas radicales y promover la libertad y la seguridad.

La recuperación económica y abordar los desafíos geopolíticos y de seguridad en el período posterior al COVID-19 requeriría un esfuerzo colectivo de países de todo el mundo. India y los países europeos tienen una base de relaciones sólidas y diversificadas desde donde podrían incursionar en nuevas áreas de cooperación.

(Niranjan Marjani es analista político e investigador de Vadodara, India. Síguelo en Twitter: @NiranjanMarjani)

INTERREGNUM: Multilateralismo en el sureste asiático. Fernando Delage

Acaba un año en el que las tensiones económicas y geopolíticas entre Estados Unidos y China parecen haber determinado la evolución del continente asiático. En realidad, este contexto de rivalidad entre los dos gigantes no ha paralizado ni dividido la región. Por el contrario, sin ocultar su preocupación por esta nueva “guerra fría”, el pragmatismo característico de las naciones asiáticas ha permitido avanzar en su integración económica y en la defensa de un espacio político común.

Un primer ejemplo de la voluntad asiática de no dejarse doblegar por el unilateralismo de la actual administración norteamericana fue la decisión de Japón de rehacer el TPP después de haberlo abandonado Washington. Con la participación de otros 10 Estados, el gobierno japonés dio forma a un acuerdo—rebautizado como CPTPP (Comprehensive and Progressive Agreement for Trans Pacific Partnership)—que mantiene abierto el comercio intrarregional pese a la oposición de la Casa Blanca. Un segundo salto adelante se dio en noviembre cuando, con ocasión de la Cumbre de Asia Oriental celebrada en Bangkok, la ASEAN y cinco de los seis socios con los que ya mantenía acuerdos bilaterales de libre comercio (China, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda) lograron cerrar la constitución del RCEP (Regional Comprehensive Economic Partnership), pendiente ya sólo de su firma en 2020.

La conclusión de este acuerdo comercial entre 15 países que suman un tercio de la población y del PIB global (fue India quien decidió no sumarse en el último momento, aunque podrá incorporarse en el futuro), es uno de los hechos más relevantes del año en Asia. Más allá de integrar a algunas de las mayores economías del planeta, los países de la ASEAN y sus socios del noreste asiático han lanzado un poderoso mensaje contra esa combinación de populismo, proteccionismo y nacionalismo que está haciendo mella en Occidente. Mientras este último se divide, Asia refuerza su interdependencia.

En esa dirección apunta igualmente otra contribución hecha por la ASEAN en el año que termina. Mientras Japón y Australia buscan la manera de redefinir la región mediante un concepto del “Indo-Pacífico” que permita mantener comprometido a Estados Unidos con la seguridad regional, y amplíe el espacio de actuación de India, los Estados del sureste asiático han articulado su propia respuesta, de una manera que protege al mismo tiempo el papel central de la ASEAN en los asuntos regionales.

Su perspectiva sobre el “Indo-Pacífico”, hecha pública en junio, quiere evitar, en efecto, toda posible división de Asia en bloques, haciendo hincapié en su carácter inclusivo y añadiendo una dimensión económica y de desarrollo. La ASEAN intenta corregir así la estrategia formulada con el mismo nombre por Washington con el fin de contener el ascenso de la República Popular China. El RCEP es por tanto mucho más que un mero acuerdo económico: es un instrumento que permite institucionalizar un concepto de Asia que, sin ocultar los diferentes valores políticos de sus miembros, contribuye a la prosperidad económica de todos ellos, y—en momentos de especial incertidumbre geopolítica—facilita la estabilidad estratégica de la región. (Foto: Flickr, foundin-a-attic)

INTERREGNUM: La OTAN mira a China. Fernando Delage

A comienzos de año la OTAN comenzó un ejercicio de reflexión interno sobre China y las consecuencias de su creciente proyección internacional para los intereses euroatlánticos. En el marco de su modernización militar, China cuenta con un arsenal de misiles balísticos intercontinentales cada vez más sofisticados, mientras que sus avances en relación con el ciberespacio y el espacio también carecen de límites geográficos. Como es sabido, China inauguró en 2017 su primera base militar en el exterior, en Yibuti, no muy lejos del área de acción de la Alianza Atlántica, a la vez que ha realizado maniobras navales en el Mediterráneo y en el Báltico.

La República Popular aparece de este modo como una nueva variable a la que prestar atención. No es Europa su terreno prioritario de acción—sus verdaderos imperativos estratégicos se juegan en Asia—, pero sus movimientos confirman la intención de situarse en el centro de un espacio euroasiático interconectado. Su aproximación a Rusia es, desde esta perspectiva, un factor adicional al que los europeos—y no sólo los norteamericanos—deben prestar mayor atención en su planificación de defensa.

Sin embargo, pese a los intentos de Estados Unidos por implicar a sus aliados, estos últimos se resisten a que la OTAN tenga un papel en relación con China. Esta es la conclusión a la que llega Jonathan Holslag, profesor en la Universidad Libre de Bruselas, en un artículo que publica el último número del Washington Quarterly. El problema, escribe Holslag después de entrevistarse con un considerable número de funcionarios y expertos de distintos Estados miembros de la UE, es que si la Alianza no logra formular una respuesta adecuada al ascenso de China, no sólo verá en peligro el mantenimiento de su función en el orden mundial que se avecina, sino que agravará la frustración mutua entre ambos lados del Atlántico.

La incapacidad para dar forma a una sólida estrategia china, indica, “podría ser el clavo en el ataúd de la OTAN”, organización que justamente celebra en 2019 los 70 años de su nacimiento. Quizá se le pueda tachar de exagerado, pero es cierto que, sin esa estrategia, la Alianza dejaría de ser un instrumento útil frente al ascenso de este nuevo competidor. Se quiera reconocer o no, continúe su ascenso o se detenga su crecimiento, China afectará a la seguridad europea. Pekín está poniendo a prueba la disposición de la Alianza para apoyar a Estados Unidos cuando sus intereses de seguridad se ven en riesgo en la región del Indo-Pacífico, pero también la voluntad de las naciones europeas de defender su posición en el tablero euroasiático. La necesidad de Washington de concentrar su atención y sus capacidades en Asia puede obligarle a una drástica reducción de su presencia militar en el Viejo Continente, obligando a éste a afrontar de una vez por todas el dilema de su inevitable conversión en actor geopolítico. Si no se está dispuesto a dar este paso, sólo caben entonces estas dos alternativas: restaurar el poder colectivo de la Alianza mediante una estrecha coordinación con Estados Unidos, o aceptar una posición subordinada en una Eurasia en la que China podrá haberse consolidado como la potencia central. Sí, realmente son tiempos interesantes.

THE ASIAN DOOR: El juego tripolar en el Índico: China, India y Estados Unidos. Águeda Parra

Tres países, tres visiones, tres estrategias, tres enfoques. Así es el caleidoscopio que conforman tres de las más importantes potencias mundiales hacia el área que más relevancia ha ganado en los últimos años, el Océano Índico. Tres grandes economías que juntas agrupan casi la mitad de la economía global. China, India y Estados Unidos son los grandes protagonistas de una región que ha conseguido alcanzar una relevancia internacional máxima desde que Xi Jinping anunciara el lanzamiento de la Ruta de la Seda Marítima en su visita a Astaná, Kazajistán, en 2013.

Tres visiones que divergen en la concepción misma del espacio que representa el Océano Índico para Beijing, Nueva Delhi y Washington. Para India, geográficamente situada en la mitad del océano, su visión del entorno se extiende desde el Golfo de Adén, al oeste, y hasta Tailandia, al este. Paradójicamente, a pesar de que India ha sido la potencia tradicionalmente preeminente en la región, la visión de China, la recién llegada a la zona, es significativamente más amplia. Beijing tiene una visión más de Indo-Pacífico, que alcanza el litoral africano y la península arábiga en la parte más occidental, el Océano Índico, y se extiende por el Sudeste Asiático y la costa china en la parte más oriental. Por último, en la visión de Estados Unidos, en el concepto de Indo-Pacífico quedan excluidas las regiones litorales de África, la península Arábica, Irán y Pakistán, que quedan dentro del marco de los intereses estadounidenses en Oriente Medio como parte de las iniciativas de la lucha contra el terrorismo. Una visión mucho menos evolucionada que la adoptada por India y China, que han sabido adaptarse mejor a las cuestiones geopolíticas más actuales.

Tres perspectivas que dan forma a las tres estrategias que componen el juego tripolar en el Índico. La apuesta de Nueva Delhi se centra en su programa “Seguridad y crecimiento para todos en la región”, más conocido como SAGAR (Security and Growth for all in the Region). Para Beijing, el máximo protagonista de su estrategia en la región es su recién estrenada iniciativa de la Ruta de la Seda Marítima, mientras que la estrategia de Washington responde a más de siete décadas de liderazgo estadounidense en Asia Oriental, actualmente bajo la denominación de Estrategia Indo-Pacífico, una evolución de la anterior “Pivot to Asia” iniciada en 2011.

Tres enfoques que divergen en los factores sobre los que pivotan las estrategias del juego tripolar entre China, India y Estados Unidos. En el caso de China, el Indo-Pacífico responde a un enfoque eminentemente comercial y menos militar. Una visión donde la geoestrategia se encuentra con la geoeconomía para dar forma a las iniciativas comerciales y diplomáticas que han definido la política exterior de China en la región en los últimos seis años. En este enfoque, el máximo exponente es el conocido como “Collar de perlas” de puertos estratégicos desplegados en países como Tanzania, Yibuti, Pakistán, Sri Lanka, Maldivas y Myanmar. Posiciones estratégicamente identificadas que responden a la necesidad de Xi Jinping de mantener activa la economía china, siendo Yibuti el único asentamiento que tiene una condición militar, pero al que se ha sumado recientemente una componente comercial.

El ascenso geopolítico que ha conseguido China en la región gracias a la Ruta de la Seda Marítima ha supuesto que India, por primera vez, deje de centrarse exclusivamente en los conflictos territoriales con Pakistán y China para pasar la atención geopolítica y geoestratégica al mar que le rodea. Pero en este enfoque también domina una componente económica, impulsada por la necesidad de establecer relaciones comerciales con las florecientes economías del Sudeste Asiático y Asia Oriental, lo que le ha permitido a India ampliar lazos con Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Omán e Irán para asegurarse el abastecimiento de recursos energéticos. Sin embargo, sorprende que India contempla a Pakistán como una potencia decadente, mientras China considera el Corredor Económico China-Pakistán el buque insignia de los seis corredores terrestres que conforman el Cinturón Económico de la nueva Ruta de la Seda, en el que ha invertido 62.000 millones de dólares hasta el momento.

De forma similar al caso de India, Pakistán también queda fuera del enfoque de Estados Unidos hacia el Indo-Pacífico, descartando una ambición económica y comercial en la región mientras prevalece la componente militar por encima de todas. Sin embargo, la competición estratégica que se libra en la zona actualmente más candente del planeta no parece que se vaya a resolver dentro del ámbito militar, como pronostican algunos expertos, sino en el entorno económico, de gobernanza global y tecnológica.

Bastan algunas evidencias para confirmar esta hipótesis. Una diferencia importante entre las tres estrategias es que Europa se incorpora como puerto final de la iniciativa de la Ruta de la Seda Marítima, ampliando las oportunidades comerciales y económicas de la estrategia de China en la región del Indo-Pacífico. Una región que queda fuera del foco de India y que tampoco contempla la estrategia de Estados Unidos en la región. Asimismo, China ha desplegado la Ruta de la Seda Digital, la gran apuesta tecnológica que permite a los grandes titanes chinos aprovechar las vías comerciales abiertas con los países de la ruta para expandir la revolución tecnológica que se está desarrollando en el país. Un juego tripolar en el Indo-Pacífico que bien parece ser la antesala de una competición mucho más global, en la que China podría estar alcanzando una posición más ventajosa al desplegar una estrategia mucho más amplia geográficamente, y mucho más diversa en cuanto a las iniciativas que contempla. (Foto: Jess Stvan)

Entrevista a Bi-khim Hsiao, parlamentaria taiwanesa. Nieves C. Pérez Rodriguez

Washington.- En el marco del aniversario de los 40 años de relaciones diplomáticas entre Taipéi y Washington, la Casa Blanca invitó a Bi-khim Hsiao -parlamentaria por cuarta vez a la Asamblea legislativa de Taiwán- a la capital estadounidense. 4Asia tuvo la oportunidad de conversar con ella sobre la situación actual de Taiwán y su futuro.

La política expansionista china es un hecho, la construcción de islas artificiales lo prueban, así como las bases militares que empiezan a tener fuera de la península china. Con el agravante de que Taiwán es una isla especialmente vulnerable y Beijing la considera parte de su territorio.

¿Cómo se prepara Taipéi para contrarrestar la política expansionista de China en la región y proteger su soberanía?

China está expandiéndose en múltiples niveles. Por supuesto que su influencia económica ha crecido mucho, pero junto con ello la influencia militar. Están moviéndose de un poder continental a un poder global con intereses alrededor del mundo y con un poder marítimo en crecimiento.

El establecimiento de bases militares en Yibuti y en otros lugares, son la clara indicación de cuáles son las pretensiones reales chinas. Las bases militares en sí no son el problema, el problema es que China es un país autoritario que está usando muchos caminos para destruir las democracias, convirtiendo país en dependientes económicos de Beijing hasta el punto en que la soberanía de estas naciones estás siendo comprometidas.

Todas estas operaciones tienen un impacto y van dejando clara su influencia alrededor del mundo. En el nuestro caso Taiwán, vemos un problema que necesitamos trabajarlo junto con otras democracias. Taiwán no puede hacerlo sólo. Necesitamos el apoyo de otros países democráticos.

La economía taiwanesa depende casi totalmente de intercambios internacionales, y sabe que su principal socio comercial es China.

¿Tiene previsto el Gobierno taiwanés diversificar su economía como mecanismo de supervivencia?

Efectivamente la mayoría de nuestras inversiones van a China, por lo que necesitamos diversificarnos. Para hacerlo, debemos firmar más acuerdos de intercambios con otras grandes economías, como Estados Unidos, Japón, la UE, y otros países del sureste asiático. Estamos en conversaciones para conseguirlo.

En el caso de la UE. ¿Ha articulado Taiwán alguna campaña internacional dirigida a los países miembros de la UE para acercarlos económicamente o incluso estratégicamente?

Sí, hemos tenido muchas conversaciones con países de la Unión Europea. El problema con el que nos encontramos es el lobby chino. Esa presión que ejercen los chinos acaba siendo la razón por la que los países europeos se resistan a tomar un paso adelante con Taiwán.

Estados Unidos ha sido siempre la nación que más comprometida ha estado con Taiwán y ha sido la más abierta y directa pidiendo a la comunidad internacional que se conviertan en aliados de Taipéi. Como lo ha sido Japón, y otros países han venido siendo más abiertos en apoyarnos.

Nosotros esperamos que los europeos, que comparten nuestros propios valores democráticos, así como el respeto por las normas internacionales y el orden económico, nos apoyen para así garantizar la supervivencia de Taiwán.

Las empresas chinas, como Huawei, han despertado gran inquietud y polémica en naciones democráticas, especialmente en los aliados de Washington, lo que incluye a la UE. Parece que poco a poco se ha ido entendiendo el riesgo que Huawei podría representar para la seguridad nacional.

¿Cuál es su opinión al respecto?

La UE tiene que tener mucho cuidado con Huawei. La tecnología china y su infraestructura para el paso de información es el camino rápido de infiltración china para obtener información valiosa, como espionaje comercial, y la incursión en sus democracias. Por lo tanto, yo les hago una llamada urgente a los europeos a ser muy cuidadosos de no dejar a los chinos tomar control de sus infraestructuras de información.

¿Cómo se está preparando Taipéi para frenar la incursión tecnológica china en Taiwán y su enorme capacidad económica?

Nosotros estamos ahora mismo trabajando en leyes que garanticen nuestra seguridad nacional y en las que se contempla evitar que estas empresas chinas operen en Taiwán y se hagan con el dominio de nuestras infraestructuras de información. Lo que se traduce en que nos decantaremos por otras compañías digitales.

Vivimos luchando para combatir la propaganda china en Taiwán. Beijing cree que no tenemos derecho a ser independientes. Nos tienen infiltrados en la política, los medios de comunicación y los social media. Intentan manipular nuestro sistema, pero Taiwán es el sistema democrático más abierto en la región, queremos ser un modelo para el Indo-Pacífico, pero la verdad es que necesitamos más apoyos para continuar lográndolo.