Las tres “D” que definen la política exterior de EEUU hacia China: Decoupling, De-risking & Diversifed. Nieves C. Pérez

La tensión entre Washington y Beijing ha pasado por casi todas las etapas posibles, desde la aceptación mutua como competidores, la cordialidad, la normalización, fricciones entre ambos, la subida de tensión, por el no dialogo o la confrontación, y, sobre todo, en los últimos años en cada momento la dependencia mutua ha conducido a la necesidad de que se busquen fórmulas de entendimiento.

La fuerte interconexión de las dos economías más grandes del planeta hace que, con frecuencia, el pragmatismo se imponga y que en el pasado Washington fuera permisivo con el gobierno chino en aspectos hoy impensable como la construcción de las islas artificiales. Construidas por el gobierno chino entre el 2013 y el 2015, ocupan una superficie de 3000 acres en el mar del sur de China meridional que reclaman como territorio propio.  Además de las implicaciones medio ambientales que ocasionó la obra sobre siete arrecifes de coral y obviamente la violación de las leyes internacionales.

Aun cuando las notas de protestas diplomáticas han sido el recurso habitualmente utilizado, está claro que Beijing ha ignorado muchos de estas llamadas de atención o en su defecto los tergiversa. La Administración Trump, en su momento, cambió el mecanismo y usó la queja verbal y la amenaza una vez que comprobó que los halagos no funcionaron. Hasta que decidió imponer controles como prohibir a empresas o individuos invertir en valores que cotizan en la bolsa en empresas que están en la lista de empresas militares chinas con el propósito de que el capital estadounidense no financie la modernización militar china.

A raíz de los problemas en la cadena de suministros, durante la pandemia se comenzó a popularizar él término “decoupling” en inglés o desacoplamiento de las economías, que es sin duda una postura radical y en este momento imposible de ejecutar, inclusive actualmente sigue siendo muy difícil de llevarla a la práctica, aunque para muchos es la única vía para neutralizar las pretensiones chinas.

El termino desacoplamiento abrió un gran debate incluso en el Congreso estadounidense que, en un principio, en un intento por aprobar legislación que condujera a desconectar las dos economías, comprendió que no podía hacerse un corte de raíz, por lo que comenzaron entonces a plantear un “desacoplamiento selectivo” que, consiste en poner el foco en áreas claves y especialmente vulnerables para su seguridad nacional e intentar de esa formar romper con la dependencia china esas áreas.

Dada la dureza del vocablo desacoplamiento, las continuas protestas chinas e incluso la presión a Washington por algunos de sus propios aliados, sumado a la dificultad de poder ejecutar tal desconexión, fue entonces que el cambio de léxico comenzó y los legisladores y expertos en Washington comenzaron a emplear el término “de-risking” o eliminación o reducción de riesgos, como una vía que se apega mucho más a la realidad puesto que es mucho más objetivo de plantear y /o ejecutar.

Beijing mientras tanto siempre opta por hacerse el ofendido y víctima de ser hostigado por su principal socio y competidor, presionando a todos los niveles internacionales. Y en efecto, esta primavera vimos que uno de los aportes del G7 en Hiroshima precisamente fue el cambio semántico de la definición de la política exterior hacia China. Los líderes europeos no se sienten cómodos con él término desacoplamiento y aparentemente tampoco con el de reducción de riesgos por lo que propusieron él uso de “diversificación de las economías” que no deja ser retórico y que deja mucho más amplio lo que en el fondo se está buscando.

El comité de Política Exterior del Congreso de los Estados Unidos está siguiendo rigurosamente cada rendija donde pueda colarse China y haber algún riesgo. El Departamento del Tesoro vigila las operaciones de empresas y ciudadanos chinos en su territorio para asegurarse de que no cometan algún tipo de infracción o atente contra la legislación. El escrutinio a los CEOs de empresas del orden de TikTok se han normalizado, en la búsqueda por mandar un mensaje claro de cero tolerancia a los abusos, robo de datos o intento de burlar la legislación nacional como la que protege a los menores.

El encuentro de Camp David con Japón y Corea del Sur fue la prueba del esfuerzo que la Administración Biden está haciendo para sellar alianzas estratégicas contra China. De blindarse contra el frente anti-Occidente que parece que Rusia y China han venido fortaleciendo desde la invasión de Ucrania y que incluye mucho más que solo a los Estados Unidos, es un frente en contra de los valores occidentales y la democracia.

Desde el Congreso estadounidense el consenso es bipartidista para poner freno a los abusos y pretensiones de China. Las tres “D” decoupling, de-risking & diversifed, definen por si solas como Washington percibe a Beijing y lo dispuestos que están de confrontarlos. Este debate no es semántico, las palabras solo intentan definir él mayor riesgo que enfrenta la potencia que ha venido liderando el mundo en las últimas décadas… y por tanto a cualquier otra nación que profese los mismos valores.

 

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