Se han fijado, teóricamente porque la cita anterior fue aplazada, nuevas fechas, 14 y 15 de mayo, para el encuentro entre Xi Jinping y Donald Trump en el que proyectan definir un nuevo marco de acuerdos y desacuerdos entre China y Estados Unidos. Inevitablemente, la reunión tendrá como telón de fondo el conflicto de Irán, el bloqueo del Estrecho de Ormuz, las dificultades de acceso de China y Asia-Pacífico al crudo de Medio Oriente.
Para aumentar la presión sobre el presidente norteamericano y la eventual negociación, el gobierno de Pekín acaba de anunciar que se niega a acatar las sanciones estadounidenses contra sus compras de petróleo iraní, reivindicando su libertad comercial. Este anuncio tiene que ver con la presión que Washington está ejerciendo sobre refinerías independientes, especialmente en la provincia de Shandong, acusadas de importar crudo a bajo costo procedente de Irán.
Estos actores, conocidos como “teapots” (“teteras”), son pequeñas refinerías independientes y desempeñan un papel clave en China: absorben petróleo sancionado pero barato, abasteciendo una parte importante del mercado interno chino y permitiendo al mismo tiempo que Teherán siga generando miles de millones de dólares en ingresos.
Sin embargo, expertos cercanos a Donald Trump afirman que en el gobierno chino existen opiniones divididas entre los funcionarios gubernamentales sobre cómo manejar las múltiples complicaciones desatadas por el conflicto y la posibilidad de que el estrecho de Ormuz, por donde China importa aproximadamente un tercio de su petróleo y gas, permanezca cerrado cuando Trump llegue a la capital china.
Desde Washington se espera llegar a algún acuerdo con China para elaborar un plan que avance en la apertura de Ormuz y presione a Teherán para un acuerdo sobre su plan nuclear.
Este es el escenario que otorga a China un protagonismo cada vez mayor en la esfera internacional y en las economías de Asi Pacífico. Pekín ha anunciado que tras el encuentro con Trump, Xi se entrevistará con Putín.




