La dinámica actual del conflicto entre Cuba y Estados Unidos no solo está determinada por factores bilaterales entre ambos adversarios, sino que también es una expresión de la disputa geopolítica entre Washington y Pekín. En estos momentos y como nunca antes, el futuro de la nación cubana se debate entre colapsar y regresar al dominio estadounidense o sobrevivir y preservar su modelo político socialista.
Aunque todavía es incierto cuál podría ser el desenlace en Cuba, lo que constituye un hecho es que el resultado final de esta confrontación pondría a prueba la capacidad del poderío de ambas potencias debido a que solo una puede ganar en este juego geopolítico.
Teniendo en cuenta la complejidad y profundidad de la crisis económica, social y política cubana, su gobierno por sí solo no cuenta con la capacidad de enfrentar el impacto de las acciones de máxima presión que implementa Washington. Por lo tanto, la supervivencia del socialismo cubano depende en gran medida del apoyo vital de actores internacionales, especialmente, de potencias globales que estén en condiciones de encarar sin costos las presiones de Estados Unidos como es el caso de China.
Desde el punto de vista geopolítico, el gobierno estadounidense tiene las siguientes motivaciones con relación a Cuba: 1) es un territorio que debe controlar porque forma parte de su zona de influencia exclusiva 2) su posicionamiento a solo 90 millas de sus costas le permitiría acceder a recursos de interés estratégico 3) su modelo político es un obstáculo para consolidar la hegemonía estadounidense en el área y 4) sus alianzas con potencias adversarias como China y Rusia constituyen un desafío a su poderío internacional.
En cuanto a China, la lógica geopolítica con respecto a Cuba se orienta hacia los siguientes objetivos: 1) erosionar la hegemonía estadounidense en su “patio trasero” 2) demostrar su capacidad de influencia y poderío al sostener aliados políticos en el hemisferio occidental 3) garantizar gobiernos afines que respalden al gobierno chino en foros y mecanismos multilaterales y 4) ampliar su poderío internacional a través de la dependencia económica.
A partir de estas claves geopolíticas, Estados Unidos y China en estos momentos están inmersos en una disputa sin precedentes por la destrucción o supervivencia del modelo cubano. El gobierno estadounidense percibe que está más cerca que nunca antes de lograr su objetivo de cambio de régimen y el gobierno chino considera que su apoyo resulta esencial para la supervivencia de Cuba. En ese sentido, dos de las preguntas esenciales son: qué está haciendo cada parte para lograr sus propósitos y cuáles son sus límites.
Washington está desarrollando una estrategia sustentada en tres pilares esenciales: 1) empleo de la coerción económica extrema 2) conversaciones bajo presión y 3) amenaza con el uso de la fuerza militar. Su implementación ha provocado un daño económico severo al privar al gobierno cubano de sus principales fuentes de ingresos; prolongados apagones; desabastecimiento alimentario y, en especial, ha profundizado el descontento, la frustración y las demandas por cambios en amplios sectores de la población cubana. No obstante, el país no ha colapsado y los resultados esperados no se han logrado.
Por su parte, las conversaciones que han trascendido parecería que se encuentran estancadas y que ambas partes no han sido capaces de llegar a un acuerdo mutuamente aceptable debido a la incompatibilidad de objetivos. Estados Unidos exige un cambio político y reformas económicas significativas y la posición de Cuba es que los asuntos de política interna no son negociables. Esto es un límite estructural en el proceso de diálogo que conlleva a un callejón sin salida.
En ese contexto, Washington ha estado amenazando con el posible empleo de la fuerza militar como una táctica para generar miedo creíble y que el gobierno cubano acceda bajo coacción a satisfacer sus demandas de cambio de régimen, lo que garantizaría una transición pacífica y controlada. Por el contrario, el desarrollo de una acción militar solo aseguraría el caos, la desestabilización y una oleada migratoria hacia Estados Unidos, lo que tendría serias implicaciones para su seguridad nacional.
En esencia, el gobierno de Trump está atrapado entre la necesidad de producir un cambio de régimen en Cuba pero que no provoque una situación de crisis humanitaria descontrolada. Todavía no han encontrado la manera de lograr este equilibrio y el tiempo político se les está agotando. El incremento de la presión económica continúa siendo la apuesta principal, pero la parte cubana, aunque en modo supervivencia ha evitado ciertamente el tan divulgado e inminente colapso.
En este contexto, resulta estratégico el apoyo de China y otros países que han contribuido a que el gobierno cubano disponga de recursos de emergencia para enfrentar la situación actual. La parte china ha centrado su ayuda principalmente en las siguientes áreas: 1) cooperación energética 2) asistencia alimentaria y 3) respaldo político diplomático.
China ha construido 50 parques solares en el territorio cubano que representan actualmente el 10% de la generación eléctrica y el acuerdo es llegar a 92 en el 2028. De acuerdo al think tank Ember, especializado en temas energéticos, el valor de los paneles solares importados por Cuba se calcula en 117 millones de dólares en el 2025. También brindan asistencia técnica, proveen de baterías y sistemas fotovoltaicos para hogares estimados en 10 mil unidades.
En materia alimentaria, a principios de este año se comprometió a donar 60 mil toneladas de arroz y una ayuda financiera de 80 millones de dólares. El gobierno chino mantiene una denuncia sistemática a la política estadounidense contra Cuba y ha demandado en diferentes foros internacionales el cese de la escalada del conflicto.
Por otra parte, recientemente trascendió que la empresa de níquel de Moa contaría con una tecnología china para actualizar su infraestructura productiva, lo que constituye una inversión estratégica que permitirá una mayor eficiencia en el procesamiento del mineral. En el ámbito de la cooperación en seguridad y defensa, se han mantenido los intercambios de visitas de alto nivel de ambos mandos militares.
Si bien el apoyo brindado por el gobierno chino no permite que Cuba supere sus graves problemas internos, constituyen líneas de oxígeno o de supervivencia para continuar resistiendo la escalada estadounidense. Pekín está gestionando su apoyo económico de manera gradual y bajo ciertos límites que le imponen la capacidad de la parte cubana de honrar sus compromisos financieros.
Si bien en el escenario internacional muestra un respaldo importante a nivel declarativo, no parece que en caso de una acción militar estadounidense contra la Isla, vayan más allá de la denuncia política. Aunque Cuba representa un socio importante en el patio trasero de su adversario, el valor estratégico de la nación cubana no es suficiente ni de tipo existencial para involucrarse en un conflicto militar.




