THE ASIAN DOOR: 5G, el dragón comienza a rugir. Águeda Parra

En cuestión de tecnología no existe país pequeño. La era de la revolución tecnológica está facilitando que países en vías de desarrollo aborden una transformación de su estructura económica gracias a la facilidad que permite la aplicación de las nuevas tecnologías. Algunos pronostican una guerra de desgaste entre Estados Unidos y China mientras ambos países mantienen su lucha por aplicar nuevos aranceles.

Por el momento, la guerra estrictamente comercial cae a favor de China, que sigue manteniendo una balanza comercial positiva con Estados Unidos, pero no sucede lo mismo en lo económico, pues ambos países están sufriendo un significativo desgaste, además de las implicaciones que esta lucha de poder está suponiendo para la economía internacional. Pero mientras la imposición de nuevos aranceles, respondidos de nuevo por Pekín, no ha conseguido reducir el déficit comercial entre Estados Unidos y China, tampoco parece estar teniendo mucho efecto la advertencia de Washington al resto de Estados de que no confíen el despliegue de su nueva red de comunicaciones móviles 5G a la tecnología china, con el suministrador Huawei como punta de lanza.

Pero no es sólo la balanza comercial la que preocupa, sino las aspiraciones de China de convertirse en referente tecnológico mundial. La batalla tecnológica se libra principalmente en base al estratégico mercado de los microchips, ya que quién consiga imponer sus estándares tendrá una ventaja sustancial frente al resto de sus competidores. En el caso americano, Qualcomm mantiene luchas internas para sacar del mercado a Apple e Intel, mientras que del lado chino, Huawei y ZTE muestran una alta implicación en los trabajos del 3GPP, el consorcio internacional de tecnología que define los estándares que se utilizan en las aplicaciones con tecnología 5G.

Si cabe, de las batallas que China tiene ganadas sin haber entrado todavía en guerra, la de los estándares es la más destacada. Es decir, la garantía de que los componentes chinos formarán parte del ecosistema tecnológico mundial durante los próximos años. Muy a pesar de las advertencias de la administración Trump, en la decisión de los Estados ha primado la alta dependencia de su red a los componentes de Huawei, más que los posibles problemas de ciberseguridad, un ámbito en el que cada país considera que puede encontrar soluciones con garantías conjuntamente con el suministrador chino. Los países europeos han convertido a Huawei en los últimos diez años en el proveedor de casi un tercio de los sistemas de telecomunicaciones que utilizan las operadoras y las administraciones. La alta flexibilidad para adaptarse a las necesidades de cada cliente frente al resto de proveedores tradicionales le ha permitido a Huawei incrementar entre 2013 y 2018 hasta en un 8% su cuota de mercado, permitiéndole alcanzar así el liderazgo con el 28,6% del mercado mundial de proveedores de telecomunicaciones. Con escasa presencia en el mercado norteamericano, Asia Pacífico representa para Huawei su principal fuente de ingresos, con un 42% de la cuota, seguida a partes iguales por la zona EMEA (Europa, Oriente Medio y África) y América Latina y Caribe, representando ambas un 31% de la cuota de mercado, según Bloomberg.

Mientras la nueva Ruta de la Seda no parece estar captando demasiado la atención de Estados Unidos, como sí lo hace en el caso de la Unión Europea, el gran proyecto de Pekín del Made in China 2025 es la gran batalla de esta guerra fría entre los dos titanes. En el ámbito tecnológico, Huawei ya compite de igual a igual con el resto de las grandes tecnológicas, también a nivel del registro en el número de patentes. Precisamente, en el ámbito de la tecnología 5G, las patentes registradas por Huawei alcanzan las 1.529, el doble de las registradas por su principal competidor, la americana Qualcomm, con 757, lo que significa que Huawei está en mejor disposición que el resto de suministradores de recibir royalties y pagos por licencias por el uso de la tecnología 5G. El propósito primigenio del proyecto de que China no dependa de la tecnología de Occidente para su progreso económico parece tener ahora mayor relevancia tras el veto de Google a Huawei, tras la nueva directiva norteamericana de incluir a la empresa china en una lista negra comercial. Una nueva vuelta de tuerca en lo que está resultando ser unas duras negociaciones para poner fin a la guerra comercial que ambas potencias mantienen abierta.

Un duro golpe que viene después de que aún en plena guerra comercial Huawei batiera su propio récord en ingresos y beneficios durante 2018, un buen comportamiento financiero que se ha mantenido durante el primer trimestre de 2019, registrando un incremento anual de ingresos del 39%, hasta los 26.800 millones de dólares. Con más de 200 millones de smartphones vendidos durante 2018, Huawei ha seguido incrementado sus ventas hasta en un 50% en el primer trimestre de 2019, hasta superar los 59 millones de smartphones, lo que le ha permitido convertirse en el segundo fabricante mundial de teléfonos móviles, desbancando a la americana Apple. La bajada de precios del iPhone para paliar la aplicación de aranceles no ha tenido el efecto esperado ante el creciente fervor nacionalista que se está despertando entre la población china ante la guerra comercial con Estados Unidos. Una situación que, de no ser por el veto de Google, podría haber llevado a Huawei a optar por el asalto al líder mundial, Samsung. La suerte está echada y ahora China tendrá que demostrar hasta dónde ha avanzado su desarrollo tecnológico, y sus estándares, para hacer frente a un sistema operativo propio. Foto: Flickr, Rob Oo

Por qué Israel innova y España no (3). Bedel de día, matemático de noche. Miguel Ors Villarejo

En Israel, el modelo de crecimiento basado en la movilización de recursos que vimos en la entrega anterior empezó a agotarse en los años 70. A partir de ese momento, la innovación debería haber tomado el relevo, pero muchos sectores (telefonía, distribución, automóvil) funcionaban en régimen de monopolio y, sin la disciplina del mercado, ¿para qué vas a molestarte en urdir artículos nuevos o mejorar y abaratar los existentes?

En consecuencia, como sucedió a los rusos en la fase terminal del comunismo, el nivel de vida de los israelíes se fue deteriorando y el estallido de las crisis del petróleo los acabó de empobrecer. El Gobierno intentó preservar la renta real de sus ciudadanos limitando los precios y subiendo los salarios, pero lo único que logró fue embalsar una inflación que se desbordaría aparatosamente en 1984, cuando el IPC alcanzó el 445%.

La década de los 80 se cerró con un rescate tutelado por el FMI. Por si esto no bastara, el país se disponía a afrontar la avalancha de inmigrantes judíos (unos 800.000) que estaban aprovechando la caída del Muro de Berlín para regresar a Palestina.

Parecía una catástrofe humanitaria, pero resultó un golpe de suerte. Los rusos no pudieron ser más oportunos. Cuando a mediados de los 90 empezaron a llegar a Israel, las compañías estaban ávidas de científicos que les ayudaran a sacar provecho de las novedades informáticas surgidas en Silicon Valley y aquella gente irradiaba erudición. En Startup Nation, Dan Singer y Saul Senor cuentan que a uno lo colocaron de bedel en un instituto de Tel Aviv. El hombre había sido catedrático de matemáticas en la URSS y, al ver el nivel lamentable de los alumnos, empezó a impartir clases nocturnas.

Hoy Google recluta allí a sus programadores.

Los mismos científicos que en la Unión Soviética se ganaban tan mal la vida que preferían ser bedeles de instituto en Tel Aviv son hoy los responsables del milagro israelí. Esa transformación ha sido obra del mercado, como explicaba Netanyahu en la Bolsa de Londres: “El elemento crítico para que la tecnología funcione [y genere prosperidad] es el mercado. Es crítico. Sin él, la tecnología no va muy lejos. Lo que hicimos en Israel hace unos 15 años fue liberalizar nuestros mercados, liberalizar nuestros capitales, liberalizar nuestra divisa. Esto es un cambio importante, y sigue siéndolo para nosotros […] porque permite que la innovación y la originalidad tengan su recompensa”.

Hasta aquí llevamos vistas tres claves que explican por qué Israel se ha convertido en una potencia tecnológica: innovación militar, abundancia de científicos y competencia inclemente. Todo esto es, en principio, perfectamente importable. Nada impide que los españoles invirtamos en I+D, formemos científicos o liberalicemos el mercado. Pero el caso es que no lo hacemos. ¿Por qué?

Lo veremos en la cuarta y última entrega de este apasionante serial.

China: lanzada hacia la primera posición en la carrera espacial. Carla Flores

El ser humano siempre ha sentido una extraordinaria fascinación por el espacio. La carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética, escenario de una de las principales contiendas de la Guerra Fría, constituyó el ejemplo perfecto de cómo lo que parecía inalcanzable podía ser conquistado gracias a la tecnología.

En los últimos años, esta particular competición cuenta con un atleta de excepción que, más joven y con buen ritmo, amenaza con situarse junto a los competidores tradicionales, e incluso superarlos, si estos descuidan su esfuerzo: la República Popular de China.

La potencia asiática entró tarde en la carrera espacial, si bien desde los años 50 ya comenzó a desarrollar un programa de misiles balísticos, su primer satélite, el Dong Fang Hong, fue lanzado en 1970, y el primer vuelo de un taikonauta (nombre que reciben los astronautas en China), en vehículo propio, tuvo que posponerse hasta 2003, siendo el tercer país en lograrlo. Sin embargo, su crecimiento durante los últimos ha sido incontenible.

En 2008, Zhai Zhigang dio, durante 15 minutos, el primer paseo espacial de un astronauta chino; en 2011, establecieron el Tiangong-1, su primer laboratorio espacial; en 2013, lanzaron su primer robot, Yutu, a la superficie lunar; en 2016, construyeron el mayor telescopio del mundo, el FAST; también en 2016, pusieron en órbita el satélite Micius, para experimentos en comunicación cuántica, mediante el cual, en 2017, lograron nuevos hitos en el intercambio seguro de claves criptográficas; en 2018, China lanzó más cohetes espaciales que cualquier otra potencia (39 frente a los 31 de EE.UU., los 20 de Rusia o los 8 de Europa). Ya en enero de este año, 2019, la sonda Chang’e – 4 ha sido la primera en realizar un alunizaje sobre el lado oculto de la Luna.

Los objetivos futuros del programa espacial chino pasan por el establecimiento del módulo central de una gran base espacial para el año 2020, la vuelta de un astronauta a la Luna no más allá de 2030 y el desarrollo de posibilidades de negocio mediante el asentamiento de rutas entre la Tierra y su satélite, además de la búsqueda de nuevas materias primas y el potenciamiento de su desarrollo tecnológico y militar ligado al espacio. Si bien la inversión china está aún lejos de la estadounidense (Bernhard Sand, Der Spiegel, cifra el presupuesto anual chino en unos 8.400 millones de dólares, una cuarta parte del norteamericano), ésta aumenta cada año. Además, desde el año 2014, el gobierno chino permite la inversión privada en la industria aeroespacial.

Las nuevas relaciones entre Estados Unidos y la potencia asiática llenan de incógnitas el futuro del programa espacial, pero está claro que China se posiciona como un duro competidor en esta apasionante carrera de fondo. (Foto: Twan Verrijt)

Por qué Israel innova y España no (1). La madre de Woody Allen. Miguel Ors Villarejo

Una broma recurrente en la obra de Woody Allen es cómo la madre lo atormenta continuamente poniéndole de ejemplo a algún sobrino dentista o vendedor de fondos.

—Ay, hijo, tu primo sí que tiene un trabajo bueno, y no veas qué casa se ha comprado en las afueras.

—Mamá —replica Woody Allen—, soy un director de cine famoso, he ganado cuatro Oscar, vivo en un piso de lujo en Manhattan con mayordomo y chef francés.

Pero está claro que, por muchos y grandes que sean tus logros del presente, una madre nunca les va a sacar tanto provecho como a tus errores del pasado. Puede estar años royéndolos imperturbable, sin el menor asomo de agotamiento.

Los españoles somos un poco así. Nos pasamos el día lamentándonos del ayer: la derrota de la Invencible, Trafalgar, el Dos de Mayo y, por supuesto, el Desastre del 98. Yo entiendo que entonces perdimos Cuba y Filipinas, pero habíamos perdido antes un subcontinente y siempre me he preguntado por qué el Desastre fue el del 98.

Pero así es la lógica de la madre de Woody Allen. Da igual la magnitud de la pérdida. Aunque solo hubiera sido el islote de Perejil: de lo que se trata es de quejarse, y 1898 puso en marcha una industria de la autoflagelación que iba a mantener décadas entretenidas a las mayores lumbreras del país preguntándose básicamente por qué lo hacemos todo tan mal. Yo vine al mundo en 1958, 60 años después de la batalla de Cavite, y Américo Castro y Claudio Sánchez Albornoz seguían sin ponerse de acuerdo sobre si la culpa era de los visigodos o había que remontarse hasta Altamira.

Y cuando en 1976 me aventuré efímeramente por Filología Hispánica, recuerdo que nos dieron a leer un ensayo de Pedro Laín Entralgo que atribuía el destino de España a la convexidad del paisaje castellano. Mientras un valle, razonaba Entralgo, es cóncavo, te envuelve en su regazo y te invita a recogerte, la meseta es el antivalle, una extensión convexa e inabarcable que te obliga a buscar sus límites y te arroja hacia el más allá en busca de no se sabe qué.

Ese no se sabe qué no era, por desgracia, la industria ni la tecnología. Cuando hace justo un año entrevisté a Jacobo Israel para Actualidad Económica, me explicó que a él le incomodaban las compañías grandes. Le encantaba crearlas y verlas crecer, pero cuando dejaba de conocer a los empleados por su nombre de pila y ya no le invitaban a sus bodas y sus bautizos, consideraba que había llegado el momento de ceder el testigo. “Yo ya no sirvo”, me decía, “así que vendo la empresa”.

Este proceso lo ha repetido varias veces y lo que me comentaba es que el que le compraba nunca era un español, siempre era un extranjero.

“¿Por qué?”, le preguntaba yo.

“Los españoles”, me decía, “tenemos propensión a meter el dinero en bienes raíces. No nos atraen ni la industria ni las manufacturas”.

Esta aversión a todo lo que huela a tecnología tuvo su gran mentor en Miguel de Unamuno. “La ciencia”, decía, “quita sabiduría a los hombres”. Y añadía: “El objeto de la ciencia es la vida y el objeto de la sabiduría es la muerte”.

Mientras sus coetáneos propugnaban europeizar de España, Unamuno defendía africanizarla. “Yo me voy sintiendo profundamente antieuropeo”, le escribió en cierta ocasión a Ortega y Gasset. “¿Que ellos inventan cosas? Invéntenlas”. Y unos meses después, en el artículo “El pórtico del templo”, volvía a la carga. “Inventen, pues, ellos”, ponía en boca de un personaje, “y nosotros nos aprovecharemos de sus invenciones. Pues confío y espero en que estarás convencido, como yo lo estoy, de que la luz eléctrica alumbra aquí tan bien como allí donde se inventó”.

La lógica es intachable. Una vez desarrollada, una idea puede ser imitada por cualquiera y el plan de Unamuno era dejar que los europeos se ocuparan de los aspectos prácticos de la vida (la bombilla, el tranvía), mientras nosotros nos consagrábamos a la mística. Al final, seríamos tan ricos como ellos, pero mucho más sabios.

La lógica es intachable, ya digo. El único inconveniente es que no funciona (como, por otra parte, sucede decepcionantemente tan a menudo con la lógica intachable). Basta echar un vistazo para darse cuenta de que los países más ricos son los que más innovan. Es verdad que, como dice Unamuno, tarde o temprano todo se copia, pero, entre tanto, el que lanza la innovación disfruta de un lucrativo monopolio temporal. Y da igual que el monopolio sea o no legal, es decir, que esté protegido por una patente. La ventaja que da golpear primero es considerable. Los economistas Michele Boldrin y David Levine explican en Against Intellectual Monopoly que “las sumas que los escritores británicos cobraban [en el siglo XIX en Estados Unidos] excedían a menudo los derechos de autor que percibían en el Reino Unido”. Los dos mercados tenían entonces un tamaño similar y, aunque en Estados Unidos no había propiedad intelectual, los editores sorteaban su ausencia realizando tiradas masivas que les reportaban fuertes ingresos en un plazo relativamente breve. Para cuando los editores piratas tenían sus copias listas, el grueso de las ventas ya se había consumado. Este patrón es el que rige el ciclo de vida de cualquier producto, no solo los libros: el beneficio se concentra al principio, porque luego surgen las imitaciones y los márgenes no vuelven a ser iguales.

Ir un paso por delante compensa siempre, pero hay un ámbito en el que esta ventaja es especialmente pronunciada: el militar. Disponer de un arma exclusiva te proporciona una superioridad que, convenientemente aprovechada, puede resultar definitiva. Hace poco leí una noticia en la que explicaban cómo las fuerzas armadas israelíes habían explotado durante décadas un lanzamisiles de diseño propio, el Pereh. La peculiaridad del Pereh es que su aspecto era el de un carro de combate, de modo que el enemigo que lo veía avanzar presumía que abriría fuego cuando se hallara a cuatro o cinco kilómetros, que es el rango de tiro de un tanque. Pero el Pereh lanza misiles. Su alcance es muy superior y, para cuando Hamás o Hezbolá querían reaccionar, ya habían sufrido un daño irreparable.

Las ventajas de la innovación se aprecian aún más con el contraejemplo de Arabia Saudí. El reino está abonado al unamuniano “que inventen ellos”. No innova nada, pero dispone de una billetera casi ilimitada y puede costearse el material más sofisticado que ofrece la industria. El problema es que sus enemigos no tienen más que mirar los catálogos de los fabricantes para saber exactamente a qué van a enfrentarse y montar una respuesta que, como se está viendo en Yemen, puede ser más que suficiente.

THE ASIAN DOOR: Alibaba, JD.com y Pinduoduo de la mano para digitalizar el medio rural. Águeda Parra

Cuando hablar de e-commerce es hablar de China, supone decir que la dimensión de este mercado es proporcional a las grandes magnitudes que siempre acompañan a cualquier descripción sobre China. El mayor mercado de ventas online del mundo creció un 23,90% en 2018 respecto al año anterior, hasta alcanzar la cifra de 1.170 millones de dólares, según la Oficina Nacional de Estadística de China. Un incremento bastante significativo teniendo en cuenta que el e-commerce en China se considera ya un mercado maduro, pero que todavía podría seguir creciendo hasta representar el 55,8% del e-commerce mundial en 2019, según estimaciones de eMarketer.

Uno de los factores clave de este crecimiento ha sido el aumento en el número de usuarios que han digitalizado sus pagos por móvil. Ya suponen 583 millones de personas, un 10,7% superior a 2017, una cantidad que puesta en magnitud supone que en China utilizan el Smartphone como medio de pago una población equivalente a toda la Unión Europea y Tailandia juntas. Todavía es más numeroso el número de usuarios del pago online, que alcanzó los 600 millones en 2018, registrando un incremento del 13% respecto al año anterior. Las cifras son vertiginosas y muestran el alto nivel de digitalización de una población que cuenta con 829 millones de personas conectadas a Internet, la mitad de su población, registrando un incremento en 2018 del 7,3% respecto al año anterior, según el China Internet Network Information Center.

Si la dimensión del e-commerce es ya importante en China, mayor será cuando Beijing ponga en marcha su plan de digitalizar zonas rurales para finales de 2020, haciendo ubicua la opción del pago por móvil. En un país donde en 2017 la población rural representaba el 42%, la campaña gubernamental persigue cubrir múltiples objetivos. En primer lugar, incorporar la población rural a la economía digital, principal motor del consumo en las grandes ciudades, lo que favorecería el crecimiento de la economía del país al incorporar las compras online y el pago por móvil a la vida cotidiana de los habitantes de estas zonas, dejando atrás el uso del papel moneda. No menos importante es hacer accesible las nuevas tecnologías a la población más senior. La denominada como “economía de plata” representa al grupo de usuarios de Internet mayores de 60 años que podrían llegar a triplicarse en 2030 hasta los 245 millones, y alcanzar los 350 millones en 2050, según algunas estimaciones. Por último, la incorporación de los habitantes de las zonas rurales al mundo de las transacciones de compras online podría conllevar incluso la reducción de la brecha de desigualdad de ingresos anuales entre zonas urbanas y rurales, que ha pasado a situarse en 3.664 dólares en 2018 respecto a los 2.534 dólares que se registraban en 2013, según la Oficina Nacional de Estadística de China.

El grupo de personas mayores supone un nuevo nicho de mercado para las plataformas de aplicaciones que inundan el ecosistema tecnológico de China. En una sociedad confuciana como la china, la piedad filial podría considerarse la mejor herramienta para hacer partícipe a este colectivo de otra de las grandes transformaciones que está experimentando el país, la revolución tecnológica. Con ello, se incrementaría significativamente la proporción de población adulta que utiliza los medios de pagos digitales, que ya se situaba en el 76,9% en 2017, llegando al 66,5% en las zonas rurales, según un informe del Banco Central.

Los grandes protagonistas de esta transformación serán los grandes titanes tecnológicos del retail in China, es decir, Alibaba que, con sus marketplaces Taobao y Tmall, domina el mercado del e-commerce con un 53,3% de cuota de mercado, JD.com que alcanza un 16%, y Pinduoduo, que cuenta con un 7% del e-commerce chino y cuyo enfoque desde su creación ha sido suplir las necesidades de las zonas rurales a precios más asequibles. En el mundo de oportunidades que surgen con este nuevo plan de digitalización rural, uno de los primeros en mover ficha ha sido Alibaba. El gigante del e-commerce chino ha realizado una inversión en Huitongda, una empresa que se encarga de los servicios de marketing y comercialización en las zonas rurales, por 716,8 millones de dólares. Por su parte, Tencent cuenta con Kuaishou, una aplicación de vídeo muy popular en las zonas rurales, no sólo por mostrar las bondades de la vida en el campo con transmisiones en vivo, sino por la facilidad que ofrece a sus 130 millones de usuarios diarios de realizar transacciones de e-commerce dentro de la propia aplicación para vender cualquier cosa. Un negocio muy atractivo para todos aquéllos que ofrecen los productos locales que fabrican por este medio, y que ha supuesto duplicar los 156 millones de usuarios activos de 2017 hasta los 300 millones en 2018, lo que implica que la utilizan uno de cada tres chinos.

Con la ubicuidad de la revolución digital en China aparecen nuevos negocios para cubrir las necesidades de los nuevos usuarios. Las nuevas herramientas de préstamos online de MYbank y WeBank, propiedad de Alibaba y Tencent, respectivamente, son otro de los recursos más demandados que ofrecen las FinTech, una vez que disponen del historial crediticio de las transacciones e-commerce de los usuarios y son más proclives que los bancos tradicionales a conceder préstamos. Pero no sólo surgen nuevas oportunidades de negocio para los titanes tecnológicos chinos, sino para todas aquellas empresas internacionales que tengan presencia en sus plataformas, de modo que la iniciativa de digitalización de la China rural puede resultar ser el trampolín de entrada para nuevos players internacionales. (Foto: Samuel Vigier)

RESEÑA: Greater Bay Area: el Silicon Valley de China. Carla Flores

Silicon Valley (EEUU) es mundialmente conocido por ser el emplazamiento de algunas de las compañías tecnológicas de mayor envergadura y reconocimiento global; prototipo de desarrollo empresarial y paradigma de la innovación, ha servido de modelo para otras áreas similares en el mundo, como la Guangdong-Hong Kong-Macao Greater Bay Area, o simplemente Greater Bay Area (GBA), con la que China busca, incluso, desbancar a la región californiana como principal centro tecnológico mundial.

Con el fin de conocer un poco más sobre las novedades que se presentan constantemente en este clúster de desarrollo de nuevas tecnologías, la Cámara de Comercio española en Hong Kong organizó el pasado jueves 28 de marzo, en Madrid, una charla gratuita en la que participaron cuatro expertos del sector. Moderados por Miguel Otero, profesor en IE School of Global & Public Affairs, en la charla se habló sobre los retos y oportunidades que presenta esta zona para el ecosistema tecnológico español; en especial, el papel que desempeñará Hong Kong como tradicional puerta de entrada y salida de China.

Alfonso Ballesteros, Secretario General de la Cámara de Comercio de España en Hong Kong, ofreció a los asistentes una fotografía completa de la realidad que acontece en esa zona del país. Planteó el desarrollo integral de la GBA como una forma de satisfacer el deseo estratégico del Gobierno de China —contemplado en el programa llamado Made in China 2025  por erigirse como líder en sectores como equipamiento eléctrico, vías férreas, aeroespacial…, así como inteligencia artificial y biotecnología, en los que ya se sitúa como competidor más destacado. Por otro lado, señaló que el mayor reto al que se enfrenta la GBA reside en las diferencias intrínsecas de los 11 hubs que la componen: Hong Kong, Macao, Shenzhen, Guangzhou, Zhuhai, Foshan, Dongguan, Zhongshan, Jiangmen, Huizhou y Zhaoqing. El objetivo de China consiste en optimizar esta unión, conseguir que esta área sea más que una mera suma de partes; sólo así se logrará el despegue definitivo. En estos momentos, sólo la combinación de Shenzhen y Hong Kong ya convierten a la GBA en la capital mundial de hardware.

Intervinieron, además, Virginia Seoane, representante en España de Hong Kong Trade Development Council; Fernando de la Cal, Ejecutivo de Promoción de Inversiones de InvestHK (Oficina de Bruselas) y Marisol Menéndez, Chief Open Innovation Officer de Spain Startup – South Summit.

THE ASIAN DOOR: Ha nacido un país de unicornios. Águeda Parra

Que a los unicornios les gusta China es una afirmación que hoy en día ya muy pocos cuestionan. No se trata de que Estados Unidos haya dejado de competir con el gigante asiático en la creación de este tipo de empresas, valoradas en más de un 1.000 millones de dólares. Más bien es que China ha entrado en una dinámica de revolución tecnológica que alcanza a todos los ámbitos de su economía y que le está impulsando a liderar la creación de grandes centros de innovación al estilo de Silicon Valley.

Existe todo un ecosistema que propicia este ritmo de generación de nuevas startups en China. Las reformas económicas introducidas por el gigante asiático hace 40 años han conseguido generar una sociedad que ha incrementado su nivel de ingresos significativamente, lo que conlleva un mayor nivel de consumo y una capacidad de compra que ha crecido rápidamente. De este modo, se ha llegado a abordar una revolución digital que tiene a más de la mitad de su población conectada a Internet, superando los 700 millones de personas, usuarios todos ellos de un complejo entramado de plataformas tecnológicas que conforman el ecosistema digital de China. Esta trepidante dinámica de digitalización de la sociedad ha llevado a que China cree un unicornio cada 3,8 días en 2018, según un estudio de Hurun Report, posicionando la tecnología Made in China en la vanguardia mundial.

China, un país de unicornios, acoge a 186 de estas empresas, generando un crecimiento del 50% respecto a los 120 con los que contaba en 2017. No solamente el crecimiento es significativo en el número de nuevas empresas, sino que los 181 unicornios tienen un valor agregado de más de 736.000 millones de dólares, casi el doble de la valoración de los 120 unicornios de 2017 que alcanzaban los 433.000 millones de dólares. En la creación de este tipo de empresas juegan un papel destacado los grandes titanes tecnológicos en su papel de incubadoras o aceleradoras, contando hasta 11 unicornios con el apoyo de Alibaba, mientras que Tencent ha confiado su inversión en 28 de estas empresas.

A medida que existen ciertos sectores que con el tiempo empiezan a considerarse ya maduros en el mercado chino, como el e-commerce, comienzan a estar en alza otros nuevos intentando satisfacer rápidamente la demanda de los usuarios. Por sectores, lideran la clasificación los unicornios relacionados con los servicios de Internet, seguidos del e-commerce y las FinTech. Precisamente es en el sector de los servicios financieros online donde se encuentra el unicornio con mayor valoración de mercado, Ant Financial, compañía de la que Alibaba posee un 33% y que está valorada en 148.400 millones de dólares. Por ubicación, Beijing sigue siendo la ciudad elegida para desarrollar el mayor número de unicornios que genera China, tanto por los ya existentes como por los nuevos creados durante el último año. Las ciudades de Shanghai y Hangzhou, ciudad natal de Jack Ma, ocupan el Top 3 de los grandes hub de innovación que está desarrollando China, aunque en el último año Nanjing ha conseguido posicionarse como uno de los centros con más atractivo para atraer la innovación, principalmente por la vocación de la ciudad por desarrollar la tecnología del automóvil del futuro.

De los 97 nuevos unicornios creados en 2018, 23 de ellos están relacionados con el sector servicios, principalmente relacionados con la demanda de las bicicletas y coches compartidos. El siguiente grupo que mayor número de unicornios agrupa es el de salud y medicina, seguido del de educación, Big Data y Cloud Computing, que muestran el creciente interés de la sociedad china por estas nuevas tecnologías y los servicios asociados a las mismas. Por el contrario, la madurez del mercado del e-commerce en China, donde los consumidores cubren plenamente sus demandas con los servicios que ofrecen los titanes tecnológicos chinos como Alibaba y JD.com, supone que apenas sean dos los nuevos unicornios creados en este ámbito.

Ahora que la economía china está sufriendo una importante desaceleración motivada por la guerra comercial con Estados Unidos, la aportación de los unicornios a la nueva economía digital resulta fundamental para mantener los ritmos de crecimiento económico de China. El escenario de inestabilidad que está provocando a nivel mundial el conflicto internacional ha lastrado las exportaciones chinas en enero hasta un 21% respecto al año anterior, un impacto mayor de lo que habían pronosticado los analistas, lo que está provocando retrocesos en el resto de economías mundiales. De ahí que China siga confiando en sus unicornios para intentar mantener el ritmo de desarrollo económico ante una situación que ya ha sobrepasado la tregua de tres meses establecida y cuyas consecuencias en el medio plazo todavía son inciertas. (Foto: Andrew Morrell)

THE ASIAN DOOR: Alipay no conoce límites. Águeda Parra

“Para los seres humanos, la primera globalización fue la Ruta de la Seda, pero hoy en día, en la edad de Internet, creo que deberíamos convertir la Ruta de la Seda en una e-Ruta, […] una e-Ruta para conectar todos los países”. Así se expresaba Jack Ma durante la inauguración en 2017 de la plataforma electrónica de comercio mundial que va a actuar de hub en Malasia, el primer centro de estas características fuera de la sede principal del gigante del e-commerce en Hangzhou. Una instalación que tendrá las funciones centralizadas de despacho de aduanas y almacenamiento, estará destinada a cubrir las necesidades de Malasia y de toda la región del Sudeste Asiático.

Desde entonces, la visión de negocio de Alipay, la marca comercial de Ant Financial, el gigante de las FinTech, le ha llevado a seguir expandiéndose más allá de la muralla china, implantando su modelo de pagos electrónicos por otros países fuera de China. La cifra récord de usuarios por todo el mundo asciende a 1.000 millones, de los cuales 700 millones son usuarios chinos. Aunque dos tercios de su negocio proceden de las ventas en China, los negocios internacionales están creciendo rápidamente, siendo la comunidad china el público objetivo prioritario de Alipay. Con esta estrategia de externalización, Alibaba está consiguiendo poner a disposición del turista chino en sus viajes al extranjero el medio de pago digital preferido que utilizan cuando están en el país. Expandiendo el ecosistema tecnológico de China más allá de sus fronteras, Alibaba está favoreciendo que los nativos digitales impulsen la recuperación económica del país lastrada tras meses de estar en vigor la guerra comercial que mantiene con Estados Unidos. En un país donde más de la mitad de la población está conectada a Internet, Alibaba ha conseguido que el número de usuarios activos mensuales desde dispositivos móviles crezca hasta los 699 millones en el cuarto trimestre de 2018, 30 millones más respecto al trimestre anterior. Sin duda, una buena noticia para el comercio electrónico global y para la recuperación de la economía china en general.

Los acuerdos que ha establecido con compañías de pago electrónico como Paytm, en India, y TrueMoney, en Tailandia, y que forman parte de las cerca de 10 colaboraciones con otras grandes empresas de pago electrónico en el extranjero, han favorecido la expansión internacional de una de las marcas más reconocidas del universo Alibaba. Desde que Alipay comenzara su campaña de expansión internacional en 2007, los turistas chinos pueden solicitar en 80 aeropuertos de más de 40 países la devolución instantánea de impuestos a través de Alipay. De hecho, hasta dos tercios de los turistas utilizan el pago por móvil, sobrepasando por primera vez el uso del dinero en efectivo, según un informe de Nielsen.

La ambición de Alibaba también ha llegado a Europa, considerándose la compra de la empresa de servicios de remesas World First en el Reino Unido como el gran desembarco de Alipay en Europa, avanzando así en su expansión global. La adquisición se produce un año después de que el Comité sobre Inversiones Extranjeras de los Estados Unidos bloqueara la oferta de Ant Financial sobre MoneyGram. Un acuerdo que viene después de que en enero de 2019 Alipay adquiriera la licencia de dinero electrónico en Luxemburgo que le permite conectar su plataforma a los usuarios de todos los países de la Unión Europea.

En el caso de España, Alipay está presente gracias al acuerdo de colaboración con CaixaBank, que permite a los turistas chinos utilizar su medio de pago móvil preferido en más de 300.000 comercios españoles. Un acuerdo al que se suma el firmado con El Corte Inglés a principios de 2018 con el que la cadena de grandes almacenes pretende ofrecer un servicio de pago personalizado a los clientes chinos. En el caso de Estados Unidos, Alipay cuenta con un acuerdo con la cadena de tiendas Walgreens para aceptar el pago por móvil en más de 7.000 establecimientos a partir de abril.

Con esta trayectoria, Alipay se ha convertido en uno de los grandes exponentes del éxito del titán tecnológico chino. Esto le ha servido para que en la última ronda de financiación, Ant Financial consiguiera una valoración de 150.000 millones de dólares, convirtiéndose así en el unicornio más grande del mundo. Un reconocimiento de que a los unicornios les gusta China, y que alguno de ellos, como en el caso de Alipay, han conseguido situarse como la marca mejor percibida en China en 2018, una clasificación en la que participan grandes firmas internacionales y que valoran, entre otras características, su calidad, valor, reputación, satisfacción y recomendación de la marca. (Foto: David Feng)

THE ASIAN DOOR: Tesla en pit stop y NIO en vuelta rápida. Águeda Parra

La reducción de las ventas de automóviles en el mayor mercado mundial abre un nuevo capítulo en la guerra comercial que mantienen China y Estados Unidos. Por primera vez en dos décadas, el gigante asiático ha registrado un desplome de las ventas de coches del 6% hasta los 22,7 millones de unidades vendidas en 2018, según la China Passenger Car Association. Una situación generada como reacción en cadena de unos consumidores que han reducido la demanda ante el clima de desconfianza que genera un menor crecimiento económico en China.

La industria del automóvil se desploma a nivel global arrastrando a fabricantes de todo el mundo que tienen sus plantas de producción en China y que, en algunos casos, tienen en el mercado del gigante asiático su mayor demanda, como es el caso de BMW. Ante esta situación de incertidumbre generalizada en el sector, es la nueva generación de vehículos la que despierta cierta esperanza a corto plazo, una vez que China es además el mayor mercado mundial de coches eléctricos, generando unas ventas superiores a las del resto de países juntos durante 2018.

China está ganando la carrera del vehículo eléctrico a Estados Unidos, su máximo competidor, sin que parezca tener rival. La previsión es que el mercado del gigante asiático genere el 60% de las ventas mundiales en 2035, cerca de 6,42 millones de unidades vendidas, según la empresa de investigación de mercado especializada Fuji Keizai. Con esta estimación, las ventas en 2035 serían casi 15 veces las unidades vendidas en 2017, ocupando Europa el segundo puesto mundial, generando una demanda de 2,17 millones de vehículos eléctricos, mientras Estados Unidos quedaría relegada a la tercera posición con apenas 1,36 millones de unidades.

Una carrera que también está ganando China en cuanto a la construcción de la infraestructura necesaria para dar soporte a este tipo de vehículos. Cualquier rival mundial lo tiene complicado frente a la determinación del gobierno chino de promover el desarrollo de redes de recarga públicas para dar cobertura a 5 millones de vehículos eléctricos en 2020. Los números mandan y China actualmente dispone de más de 808.000 puntos de recarga de coches eléctricos por todo el país, muy por delante del medio millón desplegado por Estados Unidos, principalmente instalados en casas particulares, según un estudio del Center on Global Energy Policy de la Universidad de Columbia.

Las políticas medioambientales de China son parte también del impulso gubernamental con la previsión de que entre los vehículos eléctricos, los híbridos y los de pila de combustible, la industria crezca un tercio en 2019 hasta los 1,6 millones de unidades vendidas, sobrepasando la marca del millón de vehículos vendidos en 2018, según la China Association of Automobile Manufacturers. Unos objetivos que contrastan con las ayudas fiscales que ofrecen ciertos estados y ciudades norteamericanas sin que Washington esté jugando un papel destacado por establecer directivas gubernamentales de aplicación nacional. Además, China pretende tener construida para 2022 la primera autopista solar que conectará los 161 kilómetros que separan las ciudades de Hangzhou y Ningbo. Qilu Transportation, una de las empresas chinas de referencia en este sector, será la encargada de montar paneles solares que dejen pasar la energía a través del asfalto, permitiendo así la recarga automática de los vehículos eléctricos. Otra fase más de la revolución que tiene prevista China en el mercado automovilístico y que forma parte de la iniciativa Made in China 2025 con la que el gobierno pretende ahondar en la modernización de la industria, rivalizando con las grandes potencias mundiales principalmente en los ámbitos de los nuevos vehículos eléctricos, las tecnologías de la información y la robótica.

Con estas perspectivas, China liderará la revolución del vehículo eléctrico apostando por marcas nacionales que rivalizan con Tesla, el fabricante de automóviles eléctricos más vendido en Estados Unidos, y con el resto de modelos que abanderan los grandes fabricantes globales como Volkswagen, BMW y GM. Elon Musk, CEO de la marca Tesla, comunicaba el inicio de la construcción en Shanghai de su primera fábrica de ensamblaje en el extranjero. La previsión es vender unas 250.000 unidades anuales, con la ventaja que estarán exentas de los aranceles aplicados a los coches importados, generando una estimación de ventas considerable a pesar de la caída en la demanda de los últimos meses.

La empresa de Musk tiene en NIO, una startup china de coches eléctricos, a uno de sus mayores competidores. Fundada hace cuatro años, lleva cotizando en la bolsa de Nueva York desde finales de 2018 recaudando 1.800 millones de dólares. Una competencia atractiva en precio que posiciona el modelo ES8 de NIO en 65.000 dólares frente a los 113.000 dólares del Modelo X de Tesla, favoreciendo que las ventas de NIO casi tripliquen las de su competidor estadounidense en diciembre de 2018. Esta rivalidad con las startups nacionales, y la contención del gasto en los consumidores, ha obligado a la compañía de Musk a lanzar la versión barata de su Modelo 3 por 35.000 dólares, un importante reto financiero que debe asumir la compañía para no quedarse fuera del mayor mercado de vehículos eléctricos, una opción que no puede permitirse ningún fabricante.

¿Cuál es el problema con Huawei? Miguel Ors Villarejo

Es fácil pintar a Donald Trump como un pobre paranoico. De hecho, es un pobre paranoico. Según él, Hillary Clinton ganó en California gracias a un fraude masivo, los inmigrantes mexicanos se dedican a violar y traficar con drogas, el algoritmo de Google sabotea sus discursos y los periodistas somos unos malditos lunáticos. Ahora mantiene que Huawei es el caballo de Troya de Pekín e incluso ha instado la detención en Canadá de Meng Wanzhou, la responsable de finanzas de la multinacional. Es difícil no sentirse tentado de dar la razón al Global Times chino cuando advierte: “Washington no debería utilizar su legislación para desvirtuar la competencia”. ¿Estamos ante otra escaramuza de la guerra comercial o hay motivos para la inquietud?

Por lo que he podido comprobar leyendo algunas crónicas del Congreso Mundial del Móvil, la prensa española, sin llegar a tomar partido abiertamente por nadie, tiende a simpatizar con Huawei. Y es verdad que nadie ha sido capaz hasta ahora de encontrar nada sospechoso en sus dispositivos. Como subrayó en Barcelona Guo Ping, presidente rotatorio de la compañía: “No tienen ninguna prueba, no tienen nada”. Por su parte, el fundador Ren Zhengfei negó en una reciente entrevista las acusaciones de espionaje. “Jamás instalaremos puertas traseras”, afirmó. Y añadió tajante: “Incluso si una ley china nos lo requiriera, lo rechazaríamos enérgicamente”.

En realidad, esa ley ya existe. La Asamblea Popular la aprobó en junio de 2017 y contempla la incautación de todo tipo de material cuando se considere que la seguridad nacional está en juego. Ya vimos lo complicado que es sacudirse la presión del Estado incluso en una democracia consolidada como la estadounidense cuando el FBI reclamó a Apple que le facilitara el acceso al iPhone de un terrorista. ¿De verdad se cree alguien que la resistencia de Zhengfei, por enérgica que fuera, supondría un obstáculo para Xi Jinping?

Trump no es el único que está inquieto con Huawei. Australia y Nueva Zelanda ya la han excluido del desarrollo de su red 5G y Polonia, Canadá y Alemania podrían seguir sus pasos. La agencia de ciberseguridad de la República Checa ha alertado de los riesgos que entraña la firma china y el Reino Unido ha encargado un informe sobre la conveniencia de una prohibición total, aunque sus servicios de inteligencia la habrían desaconsejado.

Incluso aunque Huawei no fuera china, la cuota de mercado que ha acumulado en infraestructuras de última generación ya sería problemática, sobre todo en España, donde ronda el 60%. Pero es que es china y, una vez superado el enérgico rechazo de Zhengfei, sus autoridades dispondrían de una poderosísima arma. “Un ciberataque puede ser tan destructivo como un ataque convencional”, escribe el secretario general de la OTAN Jens Stoltenberg. Y recuerda cómo en vísperas de las Navidades de 2015 Kiev se quedó misteriosamente sin luz. El apagón apenas duró unas horas, pero “la temperatura de las casas se situó rápidamente bajo cero y las cañerías empezaron a helarse”. Stoltenberg cree que el agresor (¿Rusia?) solo quería enseñar la patita, pero bastó para que en la Alianza impulsaran el gasto en ciberdefensa. Ahora montan “cibermaniobras a gran escala” con “ciberfuego real”, en las que los ejércitos ponen a prueba su destreza contra adversarios de talla mundial.

Hace unos años, la prioridad era salvaguardar las plantas eléctricas, las torres de control o los centros de comunicaciones, pero el internet de las cosas y el 5G han creado nuevas vulnerabilidades. Los fabricantes de electrodomésticos inteligentes no actualizan su software ni facilitan parches y, una vez localizada una puerta trasera, los delincuentes entran y salen a su antojo. Pueden, por ejemplo, acceder a la programación de su termostato y averiguar a qué horas está usted fuera de casa. Pueden infiltrarse a través de la nevera o el horno en su ordenador, espiarlo con la cámara y grabarlo mientras navega por sitios inapropiados. O pueden encender su aparato de aire acondicionado y el de miles de vecinos simultáneamente y provocar una sobrecarga en el sistema. Un artículo presentado en agosto en el Simposio de Seguridad Usenix simulaba un asalto de esta naturaleza y concluía que un aumento súbito de la demanda del 30% podía dejar fuera de combate todos los generadores de una zona.

George R. Lucas, un profesor de la Escuela Naval de Estados Unidos, declaraba en 2014 que la tecnología precisa para perpetrar un gran ciberatentado “simplemente desborda las posibilidades intelectuales, organizativas y de recursos humanos de los grupos terroristas mejor gestionados y financiados”, pero eso ya no es un impedimento. Los terroristas no necesitan saber informática. “En la web oscura hay plataformas donde se intercambia malware o se contratan los servicios de piratas”, me contaba hace unos meses María Campos, vicepresidenta mundial de Grandes Cuentas de Panda Security. La policía desmanteló en febrero de 2018 un foro de esta naturaleza que operaba bajo el lema In fraud we trust (En el fraude confiamos).

Y si un delincuente de tres al cuarto es capaz de poner patas arriba un país, ¿qué no podría hacer Pekín a través de las autopistas que le han tendido sus compañías?

Nadie dice que vaya a hacerlo. No estamos además completamente inermes. Un estudio reciente de la Universidad de Oulo (Finlandia) sostenía que muchos peligros se conjuran con una regulación adecuada y el cumplimiento de unas normas elementales de higiene digital, como cambiar las contraseñas que vienen por defecto, actualizar el software o deshabilitar los accesos remotos. También las empresas tienen que cambiar su mentalidad. “La seguridad debe tenerse en cuenta desde el principio”, dice Campos. “No es un pegote que se pone deprisa y corriendo en el último minuto. Hay que planificarla en origen, igual que se hace en la construcción. A ningún promotor se le ocurre entregar una vivienda sin cerraduras”.

Esta concienciación puede llevar de todos modos algún tiempo y, entre tanto, un poco de paranoia trumpiana a lo mejor no estaba de más.