THE ASIAN DOOR: La disrupción tecnológica que está de camino. Águeda Parra

Cuando una revolución está de camino no hay quién la pueda parar. La disrupción tecnológica que vive China tiene varios nombres propios. Se llama e-commerce, FinTech, MedTech y Big Data. Pero también coches autónomos e inteligencia artificial. Sólo en 2018, China creó 97 unicornios dirigidos a cubrir las necesidades digitales en estos sectores, consiguiendo una valoración combinada de 178.000 millones de dólares.

Como se puede ver, a los unicornios les gusta China, y son los protagonistas de la transformación de los negocios tradicionales en digitales. John Chambers, ex presidente de Cisco System, comentaba que “Al menos el 40% de todos los negocios morirán en los próximos diez años si no consiguen imaginar cómo cambiar todo su modelo de negocio para acomodarlo a las nuevas tecnologías”. No parece que éste vaya a ser el caso de China, o al menos, llevan años de adelanto abordando la transformación digital.

Cuando la disrupción tecnológica se encuentra con los unicornios chinos suceden cosas como Alibaba, el líder del e-commerce mundial. Y es que hablar de e-commerce es hablar de China. En el país de la nueva generación de unicornios, hace apenas una década el mercado de compras electrónicas apenas suponía el 1% del mercado global. Hoy China es el mayor mercado de e-commerce del mundo, representa el 42%, pero, además también es el que más rápido crece. Tal es el dominio del gigante asiático, que las transacciones combinadas de Alemania, Francia, Reino Unido, Japón, y Estados Unidos no superan el volumen que se mueve en el mercado del e-commerce en China.

Llegados a este punto, ¿cuál es la estrategia del éxito de esta disrupción tecnológica? La velocidad es una de ellas. Los unicornios en China están configurando el futuro digital del país a mayor velocidad que en el resto del mundo. La adopción de las nuevas tecnologías por parte de los nativos digitales está diseñando el futuro digital del país. Pero sus hábitos y preferencias también están diseñando nuestro mundo. Esto es porque la sociedad china hace un uso masivo de la tecnología. De hecho, en el país donde apenas se utiliza el dinero en efectivo y casi todo se puede pagar con el teléfono móvil, el mayor desafío es enganchar a las generaciones mayores a la revolución digital.

La velocidad también es la clave para competir más fácilmente en el ecosistema mundial globalizado. Comenta Jeff Bezos, fundador y CEO de Amazon, que, en el mundo físico, un cliente no satisfecho puede llegar a contárselo a 6 personas, mientras en el mundo digital puede llegar a alcanzar hasta los 6.000 amigos. Y es precisamente esta máxima la que están siguiendo fielmente los grandes titanes tecnológicos chinos. Crean unicornios en China que después traspasarán la Gran Muralla China digital. Se la conoce como la Ruta de la Seda digital, que se ha expandido por el Sudeste Asiático primero, que ha llegado a Europa, y que también se extiende por América Latina.

En nuestro mercado, AliExpress, la marca de Alibaba para los consumidores internacionales, ya comienza a estar presente en la retina de muchos compradores. A la tradición digital del Black Friday, incorporaremos pronto la del Día del Soltero en China, la gran fiesta del e-commerce mundial. Pero las oportunidades de negocio surgen también con Alipay, la aplicación de pago electrónico de Alibaba, que ya tiene acuerdos con bancos y centros comerciales españoles. Pero no todo es universo Alibaba. Otro ejemplo es TikTok. Una aplicación muy popular para hacer vídeos cortos, propiedad de una startup china, ByteDance, el unicornio más valioso del mundo superando a Uber y que arrasa entre el público español.

Si la primera globalización comenzó con la Ruta de la Seda, la segunda globalización se está produciendo ahora, en la era de Internet, y con China como jugador clave. Pensemos por un momento que el universo de unicornios en China se está creando con una penetración de Internet del 50%. Son múltiples las oportunidades de negocio que se están generando en el grandísimo mercado digital de China. Pero todavía quedan por sumarse otros 700 millones de personas más. De nuevo, dos veces la población americana. Multiplicar por dos los usuarios multiplica las oportunidades, ¡aprovechémoslo! Si los unicornios llegan de China al mundo, hagamos llegar nuestras empresas a China.

THE ASIAN DOOR: Los unicornios nacen en China y viajan por el mundo. Águeda Parra

¿Qué es lo que pensáis cuando digo China? Probablemente penséis en una gran cultura milenaria, la Gran Muralla China, o quizás os venga a la cabeza los productos Made in China. Estereotipos lógicos y clásicos. Pero no es de ese tipo de cosas de las que voy a hablar. Me gustaría hablar de la tecnología del día a día que se utiliza en la economía digital de China. Estoy hablando de la revolución tecnológica que se está produciendo ahora en China, a miles de kilómetros y, aunque no lo creamos, es una revolución que está ya aflorando en nuestros mercados de forma imparable.

Si os dijera que existe un país que crea un unicornio cada 3,8 días, posiblemente la mayoría estéis pensando en Estados Unidos como primera opción. Sin embargo, hoy en día es China el país de los unicornios. Este tipo de empresas valoradas en más de 1.000 millones de dólares proliferan en el nuevo ecosistema digital que se está desarrollando en el gigante asiático.

Pero, vayamos por partes. El universo tecnológico que casi dominaba por completo Estados Unidos hace apenas 6 años es parte de la historia, y la historia ahora es que en la próxima década es más posible que los unicornios sean compañías americanas o chinas. De hecho, el Top 20 de grandes titanes tecnológicos mundiales está formado por 12 empresas americanas y 8 chinas. Apple, Amazon, Alphabet, Microsoft y Facebook son las que lideran la clasificación.

Y hasta aquí el dominio estadounidense, porque a la zaga están ya Alibaba y Tencent, los dos grandes referentes tecnológicos chinos. Pero lo curioso de esta nueva historia es que los titanes chinos solamente han necesitado 10 años para conseguir hacer imprescindibles las aplicaciones que gobiernan el día a día en China. Todo parece indicar que es cuestión de tiempo que las empresas chinas entren en el Top 3, e incluso que luchen por liderar el ranking de los mayores titanes de Internet en un tiempo no muy lejano.

Pero, ¿cómo pensáis que se ha producido esta transformación digital en menos de una década? O mejor, ¿cómo explicáis las cosas cuando suceden de forma diferente a cómo las pensamos? Por ejemplo, ¿por qué la tecnología china está siendo cada vez más innovadora en comparación al resto de tecnológicas mundiales, año tras año? La explicación reside en que hay algunas cosas que las diferencian.

Para conseguirlo, China se ha valido de la combinación de tres factores. En primer lugar, los usuarios que tienen acceso a Internet. El mercado digital de China es el mayor del mundo, ya que la mitad de la población tiene acceso a Internet, y eso es mucha gente. Tantos como más de 700 millones de usuarios, dos veces la población de Estados Unidos. Precisamente ésta es una de las principales ventajas que facilitan que los unicornios se expandan y desarrollen nacionalmente a la velocidad a la que lo hacen.

En segundo lugar, los nativos digitales. Los nativos digitales son los grandes artífices de que China se haya convertido en un gran hub de innovación. Se trata de una generación de jóvenes que no han conocido el teléfono fijo en casa, y en el 95% de los casos hacen uso del Smartphone como el dispositivo preferido para acceder a Internet. En China, los nativos digitales representan el 16% de la población que, teniendo en cuenta la dimensión de la población china, suponen más de 220 millones de personas, un grupo que en magnitud supone toda la población de Alemania, Francia y Reino Unido juntas. Solamente ellos van a ser los responsables del crecimiento del consumo en China en un 20% de ahora hasta 2030.

Por último, el tercer factor es el nuevo modelo de economía digital. Los BAT, como se conoce a Baidu, Alibaba y Tencent, son sólo una parte del universo tecnológico de China. Alipay, de Alibaba, domina los medios de pago, y la omnipresente WeChat, de Tencent, es la aplicación con la que se puede hacer casi de todo. Desde comprar entradas, pedir una cita médica, hasta solicitar el inicio de los trámites de divorcio y pedir una licencia matrimonial. Todo sin salir de la aplicación. Así de amplio es el universo WeChat. Es, sin duda, la mayor red social del mundo; cuenta con mil millones de usuarios activos. Sí, mil millones, ésa es la magnitud del gran universo digital de China. Tal es su éxito, que Facebook aspira a convertirse en el WeChat americano con su propuesta de integrar en su aplicación Messenger, Instagram y WhatsApp.

THE ASIAN DOOR: Los caminos de las empresas españolas para llegar a China. Águeda Parra

La Ruta de la Seda digital está posibilitando que los grandes titanes tecnológicos chinos realicen su expansión internacional. Un camino que se está consolidando como de doble sentido. Cada vez más, un número mayor de empresas españolas encuentran los mecanismos para incorporarse al complejo y dinámico mercado chino. Las diferencias culturales y la adaptación y conocimiento del cliente chino son cuestiones básicas que debe abordar con profundidad cualquier empresa extranjera que diseñe su estrategia de posicionamiento en el país. En esta nueva etapa de las empresas españolas hacia su internacionalización en el mercado chino, el buen reconocimiento del que gozan las marcas españolas en el extranjero está resultando ser un elemento diferencial.

Correos es uno de esos casos que ejemplifica cómo las empresas españolas están encontrando el camino que les lleve a abordar su incorporación en el mercado chino con garantías. Utilizando la fórmula de operar en el país gracias al acuerdo con socios locales, Correos pretende tener operativo a finales de año un centro de admisión y clasificación de paquetes a unos 100 kilómetros de Hong Kong. La región se ha consolidado como el área de comercio digital transfronterizo más importante del mundo, gestionando a través de su aeropuerto internacional el envío del 80% de la paquetería que genera la región asiática.

Para Correos, China significa poder iniciar el tránsito de los envíos desde donde tienen origen los cerca de 4.000 millones de paquetes que el gigante asiático envía al extranjero, de un total de 50.000 millones que genera el país anualmente. El potencial de la estrategia de internacionalización de Correos responde a la oportunidad que representa el país con el mayor mercado del e-commerce y el que más rápido crece del mundo, generando un volumen de paquetería que se estima crezca un 20% hasta 2022. Fomentar que los productos chinos alcancen más rápidamente otros mercados es lo que favorecen estrategias de internacionalización como la de Correos.

En China, el dominio del e-commerce corre a cargo de titanes tecnológicos como Alibaba y JD.com que, junto con otras empresas de tamaño más pequeño, como Pinduoduo y VIP.com, han configurado el comercio electrónico doméstico del país. Estas plataformas digitales están posibilitando que otras empresas extranjeras comiencen a operar en el maduro y dinámico mercado de comercio electrónico de China. En este ámbito, se entiende el acuerdo suscrito por ICEX con JD.com, para aprovechar la plataforma china como vía de entrada para las empresas españolas, que permitirá impulsar la internacionalización de nuestras firmas en el mayor ecosistema del e-commerce mundial. En el caso de la empresa de moda española Mango, la opción elegida para aumentar su presencia en las plataformas digitales de China se ha materializado a través de VIP.com, un acuerdo suscrito con un socio local que también contempla la apertura de nuevas tiendas físicas.

Al margen de los marketplaces digitales, otro de los factores que está posibilitando la internacionalización hacia el mercado chino es el reconocimiento de marca. Éste es el caso de SEAT, que comenzará a operar en el mercado chino en los próximos dos a tres años, gracias al acuerdo suscrito por Volkswagen, matriz del fabricante de coches español. La operación cuenta con un socio local a través de una joint-venture para impulsar la producción de coches eléctricos de marca española en el gigante asiático.

Entre los caminos que están impulsando que las empresas españolas alcancen el mercado chino, destaca la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Este escenario está posibilitando que aquellas economías que dispongan de productos de sustitución a las importaciones estadounidenses encuentren una vía directa de acceso a los consumidores chinos. En la estrategia de evitar los aranceles impuestos por Estados Unidos, la comunidad de Murcia ha registrado el mayor incremento de exportaciones a China, hasta un 107% interanual entre enero y marzo de 2019, situándose como la quinta provincia española que más exporta al gigante asiático por detrás de Barcelona, Madrid, Huelva y Zaragoza. Los productos de la industria química, los aceites minerales y el sector cárnico son los que se están viendo más favorecidos ante la reorganización de las cadenas de suministro global por la guerra comercial de desgaste que mantienen Washington y Pekín.

Sin embargo, mientras las rutas digitales están proporcionando nuevas vías de acceso a los productos extranjeros en el mercado chino, el desarrollo de marketplaces por parte de empresas internacionales no termina de funcionar en el país que mayor volumen de e-commerce registra. La venta de productos chinos en plataformas digitales parece estar cubierta por los titanes tecnológicos y las startups chinas, no teniendo cabida otras empresas extranjeras. Éste es el caso de Amazon que, después de estar operando en el país desde 2004 y conseguir una cuota de mercado del 15% entre 2011-2012, su cuota ha estado por debajo del 1% en los últimos años, según algunas empresas de investigación de mercado locales.

Los titanes tecnológicos están haciendo cada vez más fuerte la “muralla china digital” propiciando que algunos competidores extranjeros del sector, como Amazon, no tengan cabida en el mercado ante la imposibilidad de ofrecer a los consumidores locales una oferta diferencial. Amazon.cn ha dejado de operar en China desde el pasado mes de julio, aunque mantiene el compromiso de permanencia en el país con su plataforma de comercio electrónico transfronterizo, que permite a los clientes chinos buscar productos internacionales, además de mantener sus operaciones de servicios de cloud computing y la venta de lectores Kindle.

El competitivo mercado del comercio electrónico doméstico en China alcanza una valoración de 2 billones de dólares anuales, muy superior al mercado estadounidense que equivaldría a un cuarto del valor de éste, según eMarketer. Eventos de promoción de los productos chinos, como el que realiza anualmente Alibaba con su conocido Día del Soltero, y el carnaval de descuentos que ofrece JD.com cada 18 junio en conmemoración de su aniversario, se convierten en campañas promocionales contra las que otros marketplaces han tenido difícil competir.

THE ASIAN DOOR: Alibaba acerca la Ruta de la Seda digital a las empresas españolas. Águeda Parra

El complejo mercado chino ha supuesto siempre una barrera de entrada importante para nuestras empresas internacionales. La necesidad de abordar la estrategia de expansión internacional en China de la mano de un socio local ha supuesto una dificultad mayor para nuestro tejido empresarial más mayoritario, el formado por pequeñas y medianas empresas, que ha llevado en muchos casos a desechar la idea de internacionalización hacia el mercado asiático.

Los mercados evolucionan, y el comercio electrónico se está convirtiendo en la plataforma más idónea para que empresas de todo el mundo se acerquen al gigante asiático, reduciendo las barreras que suponen las diferencias culturales. Adaptarse a los gustos y preferencias del cliente chino es una prioridad del marketing online, muy necesaria para que las empresas españolas tengan éxito en su relación con los titanes tecnológicos chinos y, en especial, con su nueva estrategia de expansión internacional.

Hasta el momento, las empresas españolas más internacionales han conseguido estar presentes en el mercado chino con tiendas presenciales, pero cada vez más aumentan aquéllas que forman parte de los entornos virtuales de los marketplaces que Alibaba, Tencent y JD han diseñado como grandes exponentes de la revolución tecnológica que vive China. Los titanes tecnológicos chinos, en su fase de expansión internacional, están acercando sus ecosistemas digitales a otros mercados, ofreciendo a las empresas locales operar en sus marketplaces internacionales donde hasta el momento solamente estaban presentes las referencias de productos chinos.

Éste es el caso de AliExpress, la plataforma con la que Alibaba ofrece los productos de empresas chinas en el extranjero y que en su nueva estrategia de internacionalización va a incorporar a vendedores de España, Italia, Turquía y Rusia para que ofrezcan sus productos dentro de la plataforma con operación en el propio país, con la opción de que en unos meses alcancen otros mercados internacionales donde opera AliExpress. Aunque entre los destinos de exportación queda excluida China, ya que Alibaba opera en el país a través de Tmall, la cooperación con AliExpress supone un gran impulso para agilizar los mecanismos de internacionalización de las pymes españolas que, debido a su menor tamaño, tendrían más difícil entrar a operar en otros mercados.

En el ecosistema que ha creado AliExpress en los nueve años que lleva funcionando, los 150 millones de usuarios únicos registrados en la plataforma pueden encontrar hasta 50 millones de productos en 220 países. El objetivo con esta nueva estrategia es que AliExpress se convierta en una plataforma de e-commerce global, y no meramente un punto de venta de los productos chinos fuera del país, con el objetivo de alcanzar los 500 millones de clientes en todo el mundo y contar con 1 millón de pymes. Con el despliegue en España, el segundo mayor mercado para AliExpress por detrás de Rusia, la compañía china pretende pasar de las 1.000 pymes registradas desde el mes de marzo hasta las 10.000 a finales de 2019, consolidando así su posición en España donde ya es la segunda plataforma de comercio electrónico por detrás de Amazon, después de superar a eBay.

El éxito de este tipo de plataformas dentro de China se debe a la alta penetración del e-commerce, que en el país asiático se sitúa en el 25%, mientras que en España apenas alcanza el 10%. A pesar de que el comercio electrónico no está tan extendido en nuestro país, la tasa de penetración de Internet es una de las más altas de Europa. Este factor, junto con el acceso a los mercados europeos, la conexión con América Latina y la fama de nuestras marcas, son los elementos diferenciales que le han servido a AliExpress para elegir España como laboratorio para su expansión internacional.

Pekín está desplegando a través de la Ruta de la Seda digital su ecosistema tecnológico más allá de la “Muralla China”. A esta dinámica se ha sumado también El Corte Inglés que, tras la firma de un primer acuerdo en 2018, ha reforzado recientemente la colaboración con la empresa china para incorporar nuevas marcas en el marketplace de AliExpress. Con ello, no sólo la compañía española se suma a la Ruta de la Seda digital que está implantando China en el extranjero, sino que la misma plataforma se está convirtiendo en el facilitador para que las marcas españolas lleguen a los mercados internacionales de la mano del gran referente del e-commerce mundial.

La estrategia de Alibaba fuera de España es impulsar la potencialidad del e-commerce más allá del gigante asiático, donde se posiciona como el máximo impulsor de que el comercio electrónico en China sea el mercado más grande y el que más crece del mundo. Con esta estrategia de internacionalización de AliExpress, Alibaba está consiguiendo una colaboración win-win que beneficia a ambas partes. Para los productos españoles supone conquistar los mercados internacionales de la mano de la mayor empresa de e-commerce mundial, mientras que para el titan tecnológico chino significa afianzar su posición fuera de Pekín a través de las rutas digitales que está tejiendo en su expansión internacional. (Foto: Wojtek Gurak)

THE ASIAN DOOR: En los juegos digitales Tencent es el rey. Águeda Parra

De la economía digital en China se conoce mucho a sus actores, los grandes titanes tecnológicos que están impulsando el desarrollo de las nuevas tecnologías en el país. Baidu, Alibaba, Tencent, más conocidos como los BAT, figuran entre los grandes referentes de la revolución tecnológica que está experimentando el país. Muchos de ellos ya han traspasado la “Gran Muralla china” digital y están desarrollando sus planes de expansión internacional con éxito entre los países asiáticos, pero también entre las grandes potencias occidentales. De entre los sectores que hacen posible la floreciente economía digital en China, el e-commerce, las FinTech y la inteligencia artificial figuran entre los más importantes, pero existen muchos otros, menos conocidos, como los juegos digitales, que también están realizando una gran aportación a una cada vez más importante economía digital en China.

Podríamos decir que Alibaba representa para el e-commerce lo que Tencent a los juegos digitales, un gran imperio que le ha llevado a ser la firma de juegos más grande a nivel mundial con los mejores juegos para móvil y PC del mundo por ingresos. Conseguir esta posición de liderazgo ha sido el resultado de la adquisición de otras compañías extranjeras que ha permitido a las empresas chinas disponer de los juegos con mayor número de jugadores online. De hecho, las compañías chinas fueron responsables de hasta el 70% de todas las adquisiciones de compañías de juegos digitales entre 2015-2017, un escenario que difícilmente se volverá a producir después de que el gobierno chino incorpora en agosto de 2017 una nueva ley sobre inversiones en el extranjero que prohíbe la adquisición de este tipo de empresas. No obstante, el entorno de enfrentamiento entre Estados Unidos y China con el trasfondo de la guerra comercial harían en la actualidad muy complicadas este tipo de negociaciones.

Una clase media con mayores ingresos y una creciente penetración de usuarios de Internet ha llevado a que China se posicione como el mercado más grande del mundo con un 26% de cuota por ingresos, según la consultora especializada NewZoo. El liderazgo en esta ocasión corre a cargo de Tencent, que cuenta con un 46% de la cuota de mercado del país, lo que además le permite situarse como la compañía de juegos digitales más importante del mundo por ingresos con 10.200 millones de dólares, según Niko Partners. Esto supone que la compañía china acapara un 13% de los ingresos globales de los juegos digitales, que le permite posicionarse por delante de otras grandes empresas del sector como Sony, Activision Blizzard, Microsoft, Apple y Electronisc Arts que, junto a Tencent, ocupan el Top 5 mundial de las empresas de juegos más importantes. En el mercado chino, por el contrario, solamente NetEase, la sexta compañía más importante del mundo, consigue con un 15% de cuota de mercado hacerle algún tipo de competencia al gigante Tencent, propietario además de la omnipresente aplicación WeChat, elemento clave del ecosistema digital de China.

El mercado de juegos digitales ha conseguido duplicar en poco tiempo sus cifras de negocio, creciendo entre 2013-2017 desde los 13.800 millones de dólares a los 32.500 millones de dólares, una cifra que se consigue reuniendo a más de 575 millones de jugadores online, según NewZoo. El creciente mercado de juegos digitales en China ha superado con creces al de Estados Unidos que alcanzó los 25.000 millones de dólares en 2017, registrando 180 millones de usuarios menos que el chino. Este menor rendimiento del negocio de empresas estadounidenses en China no procede, sin embargo, de un menor interés por los productos que ofrecen, más bien al contrario. El juego para PC más popular en el gigante asiático es el League of Legends, desarrollado por la empresa estadounidense Riot Games que fue adquirida por Tencent, mientras que el más popular entre los juegos para móvil es Honor of Kings, una adaptación de League of Legends. Sin embargo, la situación a la inversa no suele darse, es decir, que las empresas chinas que desarrollan juegos digitales populares en el mercado nacional consigan traspasar la “muralla china” y posicionarse entre los más descargados en otros países.

El gran dominio de Tencent se produce gracias a la obligación impuesta por las leyes chinas que requieren que las empresas extranjeras se asocien con una compañía local para operar en China. La cesión obligatoria de las licencias supone que las compañías extranjeras reciban en torno al 30%-50% de los ingresos asociados a los juegos de PC disponibles en el mercado chino, mientras que en el caso de los diseñados para móvil ese porcentaje puede ascender hasta el 60%. Una situación que dificulta la operativa de las compañías extranjeras en China, donde el mercado de juegos digitales está experimentando un gran crecimiento después de que el gobierno levantara en 2015 la prohibición de 14 años impuesta en 2000 de importar consolas de juego extranjeras por considerar que podrían ser perjudiciales para la salud por cuestiones de adicción. La situación llegó al extremo en China cuando en 2007 el gobierno obligó a los operadores a incluir un “software anti-adicción” para evitar un uso excesivo entre los jóvenes.

Una de las preocupaciones de este monopolio entre las empresas chinas del sector de juegos digitales es el acceso a la información que se recopila de los terminales de juego, que puede incluir la geolocalización, acceso a la cámara, lista de contactos y hábitos. Información sensible si se tiene en cuenta que en el caso de Tencent la compañía también dispone de los datos que le proporciona WeChat, la aplicación omnipresente con la que los usuarios pueden realizar compras e-commerce, pagos online, solicitar citas médicas, pedir comida a domicilio, solicitar transporte compartido, bicicletas de alquiler y un largo etcétera. Unos datos que podrían llegar al gobierno, si así se lo requiriesen por normativa legal. Mientras los usuarios de WeChat en el extranjero siguen siendo una minoría, la información actual corresponde principalmente a los ciudadanos chinos.

THE ASIAN DOOR: 5G, el dragón comienza a rugir. Águeda Parra

En cuestión de tecnología no existe país pequeño. La era de la revolución tecnológica está facilitando que países en vías de desarrollo aborden una transformación de su estructura económica gracias a la facilidad que permite la aplicación de las nuevas tecnologías. Algunos pronostican una guerra de desgaste entre Estados Unidos y China mientras ambos países mantienen su lucha por aplicar nuevos aranceles.

Por el momento, la guerra estrictamente comercial cae a favor de China, que sigue manteniendo una balanza comercial positiva con Estados Unidos, pero no sucede lo mismo en lo económico, pues ambos países están sufriendo un significativo desgaste, además de las implicaciones que esta lucha de poder está suponiendo para la economía internacional. Pero mientras la imposición de nuevos aranceles, respondidos de nuevo por Pekín, no ha conseguido reducir el déficit comercial entre Estados Unidos y China, tampoco parece estar teniendo mucho efecto la advertencia de Washington al resto de Estados de que no confíen el despliegue de su nueva red de comunicaciones móviles 5G a la tecnología china, con el suministrador Huawei como punta de lanza.

Pero no es sólo la balanza comercial la que preocupa, sino las aspiraciones de China de convertirse en referente tecnológico mundial. La batalla tecnológica se libra principalmente en base al estratégico mercado de los microchips, ya que quién consiga imponer sus estándares tendrá una ventaja sustancial frente al resto de sus competidores. En el caso americano, Qualcomm mantiene luchas internas para sacar del mercado a Apple e Intel, mientras que del lado chino, Huawei y ZTE muestran una alta implicación en los trabajos del 3GPP, el consorcio internacional de tecnología que define los estándares que se utilizan en las aplicaciones con tecnología 5G.

Si cabe, de las batallas que China tiene ganadas sin haber entrado todavía en guerra, la de los estándares es la más destacada. Es decir, la garantía de que los componentes chinos formarán parte del ecosistema tecnológico mundial durante los próximos años. Muy a pesar de las advertencias de la administración Trump, en la decisión de los Estados ha primado la alta dependencia de su red a los componentes de Huawei, más que los posibles problemas de ciberseguridad, un ámbito en el que cada país considera que puede encontrar soluciones con garantías conjuntamente con el suministrador chino. Los países europeos han convertido a Huawei en los últimos diez años en el proveedor de casi un tercio de los sistemas de telecomunicaciones que utilizan las operadoras y las administraciones. La alta flexibilidad para adaptarse a las necesidades de cada cliente frente al resto de proveedores tradicionales le ha permitido a Huawei incrementar entre 2013 y 2018 hasta en un 8% su cuota de mercado, permitiéndole alcanzar así el liderazgo con el 28,6% del mercado mundial de proveedores de telecomunicaciones. Con escasa presencia en el mercado norteamericano, Asia Pacífico representa para Huawei su principal fuente de ingresos, con un 42% de la cuota, seguida a partes iguales por la zona EMEA (Europa, Oriente Medio y África) y América Latina y Caribe, representando ambas un 31% de la cuota de mercado, según Bloomberg.

Mientras la nueva Ruta de la Seda no parece estar captando demasiado la atención de Estados Unidos, como sí lo hace en el caso de la Unión Europea, el gran proyecto de Pekín del Made in China 2025 es la gran batalla de esta guerra fría entre los dos titanes. En el ámbito tecnológico, Huawei ya compite de igual a igual con el resto de las grandes tecnológicas, también a nivel del registro en el número de patentes. Precisamente, en el ámbito de la tecnología 5G, las patentes registradas por Huawei alcanzan las 1.529, el doble de las registradas por su principal competidor, la americana Qualcomm, con 757, lo que significa que Huawei está en mejor disposición que el resto de suministradores de recibir royalties y pagos por licencias por el uso de la tecnología 5G. El propósito primigenio del proyecto de que China no dependa de la tecnología de Occidente para su progreso económico parece tener ahora mayor relevancia tras el veto de Google a Huawei, tras la nueva directiva norteamericana de incluir a la empresa china en una lista negra comercial. Una nueva vuelta de tuerca en lo que está resultando ser unas duras negociaciones para poner fin a la guerra comercial que ambas potencias mantienen abierta.

Un duro golpe que viene después de que aún en plena guerra comercial Huawei batiera su propio récord en ingresos y beneficios durante 2018, un buen comportamiento financiero que se ha mantenido durante el primer trimestre de 2019, registrando un incremento anual de ingresos del 39%, hasta los 26.800 millones de dólares. Con más de 200 millones de smartphones vendidos durante 2018, Huawei ha seguido incrementado sus ventas hasta en un 50% en el primer trimestre de 2019, hasta superar los 59 millones de smartphones, lo que le ha permitido convertirse en el segundo fabricante mundial de teléfonos móviles, desbancando a la americana Apple. La bajada de precios del iPhone para paliar la aplicación de aranceles no ha tenido el efecto esperado ante el creciente fervor nacionalista que se está despertando entre la población china ante la guerra comercial con Estados Unidos. Una situación que, de no ser por el veto de Google, podría haber llevado a Huawei a optar por el asalto al líder mundial, Samsung. La suerte está echada y ahora China tendrá que demostrar hasta dónde ha avanzado su desarrollo tecnológico, y sus estándares, para hacer frente a un sistema operativo propio. Foto: Flickr, Rob Oo

Por qué Israel innova y España no (3). Bedel de día, matemático de noche. Miguel Ors Villarejo

En Israel, el modelo de crecimiento basado en la movilización de recursos que vimos en la entrega anterior empezó a agotarse en los años 70. A partir de ese momento, la innovación debería haber tomado el relevo, pero muchos sectores (telefonía, distribución, automóvil) funcionaban en régimen de monopolio y, sin la disciplina del mercado, ¿para qué vas a molestarte en urdir artículos nuevos o mejorar y abaratar los existentes?

En consecuencia, como sucedió a los rusos en la fase terminal del comunismo, el nivel de vida de los israelíes se fue deteriorando y el estallido de las crisis del petróleo los acabó de empobrecer. El Gobierno intentó preservar la renta real de sus ciudadanos limitando los precios y subiendo los salarios, pero lo único que logró fue embalsar una inflación que se desbordaría aparatosamente en 1984, cuando el IPC alcanzó el 445%.

La década de los 80 se cerró con un rescate tutelado por el FMI. Por si esto no bastara, el país se disponía a afrontar la avalancha de inmigrantes judíos (unos 800.000) que estaban aprovechando la caída del Muro de Berlín para regresar a Palestina.

Parecía una catástrofe humanitaria, pero resultó un golpe de suerte. Los rusos no pudieron ser más oportunos. Cuando a mediados de los 90 empezaron a llegar a Israel, las compañías estaban ávidas de científicos que les ayudaran a sacar provecho de las novedades informáticas surgidas en Silicon Valley y aquella gente irradiaba erudición. En Startup Nation, Dan Singer y Saul Senor cuentan que a uno lo colocaron de bedel en un instituto de Tel Aviv. El hombre había sido catedrático de matemáticas en la URSS y, al ver el nivel lamentable de los alumnos, empezó a impartir clases nocturnas.

Hoy Google recluta allí a sus programadores.

Los mismos científicos que en la Unión Soviética se ganaban tan mal la vida que preferían ser bedeles de instituto en Tel Aviv son hoy los responsables del milagro israelí. Esa transformación ha sido obra del mercado, como explicaba Netanyahu en la Bolsa de Londres: “El elemento crítico para que la tecnología funcione [y genere prosperidad] es el mercado. Es crítico. Sin él, la tecnología no va muy lejos. Lo que hicimos en Israel hace unos 15 años fue liberalizar nuestros mercados, liberalizar nuestros capitales, liberalizar nuestra divisa. Esto es un cambio importante, y sigue siéndolo para nosotros […] porque permite que la innovación y la originalidad tengan su recompensa”.

Hasta aquí llevamos vistas tres claves que explican por qué Israel se ha convertido en una potencia tecnológica: innovación militar, abundancia de científicos y competencia inclemente. Todo esto es, en principio, perfectamente importable. Nada impide que los españoles invirtamos en I+D, formemos científicos o liberalicemos el mercado. Pero el caso es que no lo hacemos. ¿Por qué?

Lo veremos en la cuarta y última entrega de este apasionante serial.

China: lanzada hacia la primera posición en la carrera espacial. Carla Flores

El ser humano siempre ha sentido una extraordinaria fascinación por el espacio. La carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética, escenario de una de las principales contiendas de la Guerra Fría, constituyó el ejemplo perfecto de cómo lo que parecía inalcanzable podía ser conquistado gracias a la tecnología.

En los últimos años, esta particular competición cuenta con un atleta de excepción que, más joven y con buen ritmo, amenaza con situarse junto a los competidores tradicionales, e incluso superarlos, si estos descuidan su esfuerzo: la República Popular de China.

La potencia asiática entró tarde en la carrera espacial, si bien desde los años 50 ya comenzó a desarrollar un programa de misiles balísticos, su primer satélite, el Dong Fang Hong, fue lanzado en 1970, y el primer vuelo de un taikonauta (nombre que reciben los astronautas en China), en vehículo propio, tuvo que posponerse hasta 2003, siendo el tercer país en lograrlo. Sin embargo, su crecimiento durante los últimos ha sido incontenible.

En 2008, Zhai Zhigang dio, durante 15 minutos, el primer paseo espacial de un astronauta chino; en 2011, establecieron el Tiangong-1, su primer laboratorio espacial; en 2013, lanzaron su primer robot, Yutu, a la superficie lunar; en 2016, construyeron el mayor telescopio del mundo, el FAST; también en 2016, pusieron en órbita el satélite Micius, para experimentos en comunicación cuántica, mediante el cual, en 2017, lograron nuevos hitos en el intercambio seguro de claves criptográficas; en 2018, China lanzó más cohetes espaciales que cualquier otra potencia (39 frente a los 31 de EE.UU., los 20 de Rusia o los 8 de Europa). Ya en enero de este año, 2019, la sonda Chang’e – 4 ha sido la primera en realizar un alunizaje sobre el lado oculto de la Luna.

Los objetivos futuros del programa espacial chino pasan por el establecimiento del módulo central de una gran base espacial para el año 2020, la vuelta de un astronauta a la Luna no más allá de 2030 y el desarrollo de posibilidades de negocio mediante el asentamiento de rutas entre la Tierra y su satélite, además de la búsqueda de nuevas materias primas y el potenciamiento de su desarrollo tecnológico y militar ligado al espacio. Si bien la inversión china está aún lejos de la estadounidense (Bernhard Sand, Der Spiegel, cifra el presupuesto anual chino en unos 8.400 millones de dólares, una cuarta parte del norteamericano), ésta aumenta cada año. Además, desde el año 2014, el gobierno chino permite la inversión privada en la industria aeroespacial.

Las nuevas relaciones entre Estados Unidos y la potencia asiática llenan de incógnitas el futuro del programa espacial, pero está claro que China se posiciona como un duro competidor en esta apasionante carrera de fondo. (Foto: Twan Verrijt)

Por qué Israel innova y España no (1). La madre de Woody Allen. Miguel Ors Villarejo

Una broma recurrente en la obra de Woody Allen es cómo la madre lo atormenta continuamente poniéndole de ejemplo a algún sobrino dentista o vendedor de fondos.

—Ay, hijo, tu primo sí que tiene un trabajo bueno, y no veas qué casa se ha comprado en las afueras.

—Mamá —replica Woody Allen—, soy un director de cine famoso, he ganado cuatro Oscar, vivo en un piso de lujo en Manhattan con mayordomo y chef francés.

Pero está claro que, por muchos y grandes que sean tus logros del presente, una madre nunca les va a sacar tanto provecho como a tus errores del pasado. Puede estar años royéndolos imperturbable, sin el menor asomo de agotamiento.

Los españoles somos un poco así. Nos pasamos el día lamentándonos del ayer: la derrota de la Invencible, Trafalgar, el Dos de Mayo y, por supuesto, el Desastre del 98. Yo entiendo que entonces perdimos Cuba y Filipinas, pero habíamos perdido antes un subcontinente y siempre me he preguntado por qué el Desastre fue el del 98.

Pero así es la lógica de la madre de Woody Allen. Da igual la magnitud de la pérdida. Aunque solo hubiera sido el islote de Perejil: de lo que se trata es de quejarse, y 1898 puso en marcha una industria de la autoflagelación que iba a mantener décadas entretenidas a las mayores lumbreras del país preguntándose básicamente por qué lo hacemos todo tan mal. Yo vine al mundo en 1958, 60 años después de la batalla de Cavite, y Américo Castro y Claudio Sánchez Albornoz seguían sin ponerse de acuerdo sobre si la culpa era de los visigodos o había que remontarse hasta Altamira.

Y cuando en 1976 me aventuré efímeramente por Filología Hispánica, recuerdo que nos dieron a leer un ensayo de Pedro Laín Entralgo que atribuía el destino de España a la convexidad del paisaje castellano. Mientras un valle, razonaba Entralgo, es cóncavo, te envuelve en su regazo y te invita a recogerte, la meseta es el antivalle, una extensión convexa e inabarcable que te obliga a buscar sus límites y te arroja hacia el más allá en busca de no se sabe qué.

Ese no se sabe qué no era, por desgracia, la industria ni la tecnología. Cuando hace justo un año entrevisté a Jacobo Israel para Actualidad Económica, me explicó que a él le incomodaban las compañías grandes. Le encantaba crearlas y verlas crecer, pero cuando dejaba de conocer a los empleados por su nombre de pila y ya no le invitaban a sus bodas y sus bautizos, consideraba que había llegado el momento de ceder el testigo. “Yo ya no sirvo”, me decía, “así que vendo la empresa”.

Este proceso lo ha repetido varias veces y lo que me comentaba es que el que le compraba nunca era un español, siempre era un extranjero.

“¿Por qué?”, le preguntaba yo.

“Los españoles”, me decía, “tenemos propensión a meter el dinero en bienes raíces. No nos atraen ni la industria ni las manufacturas”.

Esta aversión a todo lo que huela a tecnología tuvo su gran mentor en Miguel de Unamuno. “La ciencia”, decía, “quita sabiduría a los hombres”. Y añadía: “El objeto de la ciencia es la vida y el objeto de la sabiduría es la muerte”.

Mientras sus coetáneos propugnaban europeizar de España, Unamuno defendía africanizarla. “Yo me voy sintiendo profundamente antieuropeo”, le escribió en cierta ocasión a Ortega y Gasset. “¿Que ellos inventan cosas? Invéntenlas”. Y unos meses después, en el artículo “El pórtico del templo”, volvía a la carga. “Inventen, pues, ellos”, ponía en boca de un personaje, “y nosotros nos aprovecharemos de sus invenciones. Pues confío y espero en que estarás convencido, como yo lo estoy, de que la luz eléctrica alumbra aquí tan bien como allí donde se inventó”.

La lógica es intachable. Una vez desarrollada, una idea puede ser imitada por cualquiera y el plan de Unamuno era dejar que los europeos se ocuparan de los aspectos prácticos de la vida (la bombilla, el tranvía), mientras nosotros nos consagrábamos a la mística. Al final, seríamos tan ricos como ellos, pero mucho más sabios.

La lógica es intachable, ya digo. El único inconveniente es que no funciona (como, por otra parte, sucede decepcionantemente tan a menudo con la lógica intachable). Basta echar un vistazo para darse cuenta de que los países más ricos son los que más innovan. Es verdad que, como dice Unamuno, tarde o temprano todo se copia, pero, entre tanto, el que lanza la innovación disfruta de un lucrativo monopolio temporal. Y da igual que el monopolio sea o no legal, es decir, que esté protegido por una patente. La ventaja que da golpear primero es considerable. Los economistas Michele Boldrin y David Levine explican en Against Intellectual Monopoly que “las sumas que los escritores británicos cobraban [en el siglo XIX en Estados Unidos] excedían a menudo los derechos de autor que percibían en el Reino Unido”. Los dos mercados tenían entonces un tamaño similar y, aunque en Estados Unidos no había propiedad intelectual, los editores sorteaban su ausencia realizando tiradas masivas que les reportaban fuertes ingresos en un plazo relativamente breve. Para cuando los editores piratas tenían sus copias listas, el grueso de las ventas ya se había consumado. Este patrón es el que rige el ciclo de vida de cualquier producto, no solo los libros: el beneficio se concentra al principio, porque luego surgen las imitaciones y los márgenes no vuelven a ser iguales.

Ir un paso por delante compensa siempre, pero hay un ámbito en el que esta ventaja es especialmente pronunciada: el militar. Disponer de un arma exclusiva te proporciona una superioridad que, convenientemente aprovechada, puede resultar definitiva. Hace poco leí una noticia en la que explicaban cómo las fuerzas armadas israelíes habían explotado durante décadas un lanzamisiles de diseño propio, el Pereh. La peculiaridad del Pereh es que su aspecto era el de un carro de combate, de modo que el enemigo que lo veía avanzar presumía que abriría fuego cuando se hallara a cuatro o cinco kilómetros, que es el rango de tiro de un tanque. Pero el Pereh lanza misiles. Su alcance es muy superior y, para cuando Hamás o Hezbolá querían reaccionar, ya habían sufrido un daño irreparable.

Las ventajas de la innovación se aprecian aún más con el contraejemplo de Arabia Saudí. El reino está abonado al unamuniano “que inventen ellos”. No innova nada, pero dispone de una billetera casi ilimitada y puede costearse el material más sofisticado que ofrece la industria. El problema es que sus enemigos no tienen más que mirar los catálogos de los fabricantes para saber exactamente a qué van a enfrentarse y montar una respuesta que, como se está viendo en Yemen, puede ser más que suficiente.

THE ASIAN DOOR: Alibaba, JD.com y Pinduoduo de la mano para digitalizar el medio rural. Águeda Parra

Cuando hablar de e-commerce es hablar de China, supone decir que la dimensión de este mercado es proporcional a las grandes magnitudes que siempre acompañan a cualquier descripción sobre China. El mayor mercado de ventas online del mundo creció un 23,90% en 2018 respecto al año anterior, hasta alcanzar la cifra de 1.170 millones de dólares, según la Oficina Nacional de Estadística de China. Un incremento bastante significativo teniendo en cuenta que el e-commerce en China se considera ya un mercado maduro, pero que todavía podría seguir creciendo hasta representar el 55,8% del e-commerce mundial en 2019, según estimaciones de eMarketer.

Uno de los factores clave de este crecimiento ha sido el aumento en el número de usuarios que han digitalizado sus pagos por móvil. Ya suponen 583 millones de personas, un 10,7% superior a 2017, una cantidad que puesta en magnitud supone que en China utilizan el Smartphone como medio de pago una población equivalente a toda la Unión Europea y Tailandia juntas. Todavía es más numeroso el número de usuarios del pago online, que alcanzó los 600 millones en 2018, registrando un incremento del 13% respecto al año anterior. Las cifras son vertiginosas y muestran el alto nivel de digitalización de una población que cuenta con 829 millones de personas conectadas a Internet, la mitad de su población, registrando un incremento en 2018 del 7,3% respecto al año anterior, según el China Internet Network Information Center.

Si la dimensión del e-commerce es ya importante en China, mayor será cuando Beijing ponga en marcha su plan de digitalizar zonas rurales para finales de 2020, haciendo ubicua la opción del pago por móvil. En un país donde en 2017 la población rural representaba el 42%, la campaña gubernamental persigue cubrir múltiples objetivos. En primer lugar, incorporar la población rural a la economía digital, principal motor del consumo en las grandes ciudades, lo que favorecería el crecimiento de la economía del país al incorporar las compras online y el pago por móvil a la vida cotidiana de los habitantes de estas zonas, dejando atrás el uso del papel moneda. No menos importante es hacer accesible las nuevas tecnologías a la población más senior. La denominada como “economía de plata” representa al grupo de usuarios de Internet mayores de 60 años que podrían llegar a triplicarse en 2030 hasta los 245 millones, y alcanzar los 350 millones en 2050, según algunas estimaciones. Por último, la incorporación de los habitantes de las zonas rurales al mundo de las transacciones de compras online podría conllevar incluso la reducción de la brecha de desigualdad de ingresos anuales entre zonas urbanas y rurales, que ha pasado a situarse en 3.664 dólares en 2018 respecto a los 2.534 dólares que se registraban en 2013, según la Oficina Nacional de Estadística de China.

El grupo de personas mayores supone un nuevo nicho de mercado para las plataformas de aplicaciones que inundan el ecosistema tecnológico de China. En una sociedad confuciana como la china, la piedad filial podría considerarse la mejor herramienta para hacer partícipe a este colectivo de otra de las grandes transformaciones que está experimentando el país, la revolución tecnológica. Con ello, se incrementaría significativamente la proporción de población adulta que utiliza los medios de pagos digitales, que ya se situaba en el 76,9% en 2017, llegando al 66,5% en las zonas rurales, según un informe del Banco Central.

Los grandes protagonistas de esta transformación serán los grandes titanes tecnológicos del retail in China, es decir, Alibaba que, con sus marketplaces Taobao y Tmall, domina el mercado del e-commerce con un 53,3% de cuota de mercado, JD.com que alcanza un 16%, y Pinduoduo, que cuenta con un 7% del e-commerce chino y cuyo enfoque desde su creación ha sido suplir las necesidades de las zonas rurales a precios más asequibles. En el mundo de oportunidades que surgen con este nuevo plan de digitalización rural, uno de los primeros en mover ficha ha sido Alibaba. El gigante del e-commerce chino ha realizado una inversión en Huitongda, una empresa que se encarga de los servicios de marketing y comercialización en las zonas rurales, por 716,8 millones de dólares. Por su parte, Tencent cuenta con Kuaishou, una aplicación de vídeo muy popular en las zonas rurales, no sólo por mostrar las bondades de la vida en el campo con transmisiones en vivo, sino por la facilidad que ofrece a sus 130 millones de usuarios diarios de realizar transacciones de e-commerce dentro de la propia aplicación para vender cualquier cosa. Un negocio muy atractivo para todos aquéllos que ofrecen los productos locales que fabrican por este medio, y que ha supuesto duplicar los 156 millones de usuarios activos de 2017 hasta los 300 millones en 2018, lo que implica que la utilizan uno de cada tres chinos.

Con la ubicuidad de la revolución digital en China aparecen nuevos negocios para cubrir las necesidades de los nuevos usuarios. Las nuevas herramientas de préstamos online de MYbank y WeBank, propiedad de Alibaba y Tencent, respectivamente, son otro de los recursos más demandados que ofrecen las FinTech, una vez que disponen del historial crediticio de las transacciones e-commerce de los usuarios y son más proclives que los bancos tradicionales a conceder préstamos. Pero no sólo surgen nuevas oportunidades de negocio para los titanes tecnológicos chinos, sino para todas aquellas empresas internacionales que tengan presencia en sus plataformas, de modo que la iniciativa de digitalización de la China rural puede resultar ser el trampolín de entrada para nuevos players internacionales. (Foto: Samuel Vigier)