Japón ha decidido conceder 15 millones de dólares en ayuda de emergencia para hacer frente al empeoramiento de la situación humanitaria en Irán, el Líbano y Cisjordania.
El ministro de Asuntos Exteriores nipón, Motegi Toshimitsu, dio a conocer el plan y explicó que el Gobierno proporcionará 10 millones de dólares a Irán, cuatro millones al Líbano y un millón a Palestina a través de organizaciones internacionales, y que el dinero se destinará a brindar apoyo en ámbitos tales como la salud, la atención médica y la higiene.
Japón es uno de los países afectados por el bloqueo el Estrecho de Ormuz y los problemas de suministro de petróleo y gas a los países e Asia Pacífico. Tras el el acuerdo, China sería el principal beneficiado, ya que ha sido uno de los que se ha visto más afectados por los cortes de tráfico en el estrecho de Ormuz. Sin embargo, no es el único, debido a que «esta situación afectaría a gran parte de los países asiáticos, entre los que también se incluyen India, Japón, Corea del Sur y Filipinas. Y Pekín, que a pesar la escasez ha tenido margen energético y financiero, entre otros factores por sus relaciones con Rusia, ha jugado ben sus cartas.
En ese escenario y paralelamente al estrechamiento de alianzas anti china en la región con Australia, Filipinas, Corea del Sur y, por supuesto, Estados Unidos con Reino Unido y Francia en segundo plano, Japón aparece en Oriente Medio como socio financiero de Occidente como apoyo a los acuerdos y tratando de no dejar sola a China. Japón es un socio clave de los defensores de la democracia y de las libertades en general, y sus capacidades militares y financieras son un ancla frente a la expansión china. Y esa expansión no se discute sólo en Asia Pacífico sino cada vez más en zonas alejadas del territorio chino pero de gran importancia estratégica donde Pekín disputa el espacio político y financiero a EEUU.




