Si alguna vez te has adentrado en las redes sociales chinas, especialmente en Red Note (小红书, Xiǎo hóng shū, el “Instagram” de China), seguramente te habrás topado con fotografías o vídeos que muestran a chicas vestidas con unos llamativos trajes de colores de los que cuelgan telas finas y alargadas como si flotaran en el aire que poseen un fuerte aire exótico. Además, estas bailarinas suelen portar un instrumento que recuerda a un laúd y en el fondo se ve un muro cubierto con pinturas que muestran a budas, bodhisattvas o seres voladores. En todas estas publicaciones, hay una palabra que casi siempre está presente en el título o las descripciones: Dunhuang. Pero entonces, ¿qué lugar es este y por qué se distribuye tanto contenido relacionado con él en el que aparecen bailarinas portando elaborados disfraces? ¿Acaso dice algo de la conexión entre la China contemporánea y la antigua?
En primer lugar, Dunhuang es un municipio que se sitúa en la provincia china de Gansu. Este territorio es célebre por haber sido durante cientos de años una ubicación clave en la red de asentamientos y caminos que conforman lo que hoy conocemos como la Ruta de la Seda, que comunica China con diferentes regiones y culturas de Asia y Europa. Además de este motivo, Dunhuang adquirió fama en tiempos contemporáneos debido a la enorme cantidad de pinturas murales de temática budista que se encontraron en las cuevas de Mogao, de las que gran parte de ellas son de la dinastía Tang (618-907). Por este motivo, los decorados de fondo de los vídeos y fotos de internet son reproducciones de estos murales que representan a budas, bodhisattvas y seres voladores femeninos.
Estas últimas criaturas son las que tratan de imitar con sus vestidos y bailes las chicas que aparecen en las redes sociales. En chino se conocen como fēitiān (飞天, que normalmente se traduce como apsarás voladoras, aunque no siempre es correcto este término). Según se deduce en estas publicaciones, se podría decir que las apsarás son unos seres que tienen su origen en la tradición hindú. Sin embargo, la influencia del budismo y el desarrollo local en Asia Central y en China convirtió a estas criaturas en unas mujeres voladoras con vestidos de seda de los cuales sus tiras ondean en el aire mientras tocan instrumentos en los paraísos budistas que recrean estas grutas. Es muy habitual que en las fotos o vídeos de hoy en día las artistas posen con la pipa (un instrumento de cuerda tradicional chino que recuerda a un laúd) mientras la sostienen justo detrás de su cabeza en una complicada postura. Esta pose es la denominada fǎntán pípá (反弹琵琶, tocar la pipa por la espalda). Por lo tanto, muchas influencers tratan de imitar a estas criaturas de la historia y folclore de Dunhuang.
En este caso es natural pensar por qué los jóvenes chinos optan por fijarse en este lugar para crear contenido en las redes sociales en tal cantidad en un fenómeno que se conoce como la “fiebre de Dunhuang” (敦煌热, Dūnhuáng rè).
Lo cierto es que este emplazamiento cobró una importancia política, económica y cultural fundamental durante la dinastía Tang como parte esencial de la Ruta de la Seda y punto de cruce entre naciones diversas. Esta dinastía se considera actualmente como la época dorada de la historia de China, su periodo más espléndido de entre las muchas dinastías que se sucedieron a lo largo de miles de años.
Por otro lado, y a diferencia de otros países, los últimos tiempos en China han visto un gran interés por parte de diversos sectores de la sociedad (entre los que la juventud posiblemente sea el más involucrado) en su esencia cultural como civilización propia y todo lo que esta representa. Por ese motivo es habitual un mayor consumo de productos derivados de la cultura china, la aparición de modas como la del hanfu (que implica vestirse con atuendos propios de las dinastías de la historia de su país, especialmente la Tang), o la creación de contenido relacionado con la tradición cultural de China. Este fenómeno de reafirmación de lo chino en la sociedad actual es lo que algunos denominan como la “confianza cultural” (文化自信, wénhuà zìxìn) o la “marea nacional” (国潮, guó cháo).
De este modo, es aquí donde entra la fiebre de Dunhuang. Por un lado, los murales budistas de este lugar son uno de los mayores representantes de la cultura artística de China que llegó al presente procedentes de uno de los periodos más queridos por los habitantes de este país. Por otro, la fórmula de creación de contenido en las redes sociales consistente en disfrazarse y bailar como una fēitiān es una de las mejores maneras de elaborar un producto cultural chino fácilmente consumible que encaja perfectamente en el fenómeno de la confianza cultural o la marea nacional.
Finalmente, cuando vuelvas a ver en las redes sociales publicaciones de apsarás voladoras de Dunhuang, podrás encontrar un claro ejemplo que conecta la antigua China con la más moderna debido al gran interés de la sociedad del país en su historia e identidad cultural.




