Entradas

Biden en Asia. Nieves C. Pérez Rodríguez

Esta semana comenzaba con el revuelo causado por la respuesta de Biden a una periodista que le preguntaba que si estaría dispuesto a intervenir militarmente en el caso de que China invadiera a Taiwán, a lo que el presidente no dudó ni un segundo en responder con un simple sí, un sí directo, pero con grandes implicaciones y fondo. Un sí como si se tratara de algo que tiene clarísimo. Un sí que nos lleva al Town Hall o foro consultivo de CNN el año pasado el que Biden respondió diciendo básicamente lo mismo: que Estados Unidos acudiría a defender a Taiwán si China atacara.

Aunque en ambos casos el equipo de Biden se ha apresurado a clarificar la respuesta, lo cierto es que no han podido desmentirlo del todo sino decir que la política exterior de los Estados Unidos no ha cambiado, sigue siendo la misma política exterior hacia China y que además siguen comprometidos con la paz y la estabilidad en Taiwán.

La visita de Biden a Asia tiene un gran significado en este momento. En primer lugar, es su primera visita a Asia como presidente y, en segundo lugar, con la actual situación internacional post invasión rusa a Ucrania. El mensaje a Beijing es directo y unificado por no condenar a Rusia. Y en tercer lugar por el estrechamiento de alianzas que consigue en la región, que serán claves que definirán el futuro cercano del Indo Pacífico.

El momento del viaje fue perfecto para lanzar la propuesta que Biden ya había anticipado en octubre del año pasado, definida como una pieza central de la estrategia de su Administración, el “Marco económico del Indo Pacifico” o el IPEF (por sus siglas en inglés, Indo-Pacific Economic Framework) que de entrada ha conseguido reunir a 13 países (Estados Unidos, Australia, Brunei, India, Indonesia, Corea del Sur, Malasia, Nueva Zelanda, Filipinas, Singapur, Tailandia y Vietnam) y cuyo compromiso, aseguró Biden, es “trabajar con nuestros amigos cercanos y socios en la región en los desafíos más importantes para garantizar la competitividad económica del siglo XXI, mejorando la seguridad y la confianza de la economía digital, protegiendo a los trabajadores, fortalecimiento las cadenas de suministros y combatiendo la corrupción”.

Básicamente, la propuesta consta de cuatro pilares fundamentales: 1. Comercio justo, que evite la explotación. 2. Resiliencia en la cadena de suministros, tema muy vigente debido a los retrasos producidos por la pandemia del Covid-19. 3. Infraestructuras y energías limpias, que busca minimizar el uso del carbón. Y, por último, combatir la corrupción en los gobiernos de la región para intentar una distribución adecuada de recursos y oportunidades en la población.

La Administración Biden está intentando retomar parte de las políticas anteriores, una de ellas aniquilada por el presidente Trump con la salida de Washington del TPP dejando a China como líder económico en la región.

La propuesta, además, promueve un Indo-Pacífico libre, justo e inclusivo. Asimismo se reforzó la necesidad de promover una red de 5G que mejore las conexiones de internet en la región y los miembros, una vez más dejando por sentando que debe ser una red distinta al 5G chino, que suscita muchas dudas sobre la seguridad de la información. Y también para los miembros del Quad, quienes necesitan intercambiar constantemente información sensible por vías seguras.

La visita, que comenzó en Corea del Sur, fortaleció tanto los lazos estratégicos como los tecnológicos. En efecto, minutos después de aterrizar en Seúl, Biden se dirigió a la planta de producción de semiconductores Samsung, dejando claro la importancia del aspecto de la seguridad económica de la primera economía del planeta, así como la visita a una base militar americana en territorio surcoreano. La seguridad, otro elemento estratégico de la visita.

La semana pasada, Sue Mi Terry, ex directora de Asuntos Asiáticos en el Consejo de Seguridad Nacional, publicaba un artículo en el Wilston Institute en el que explicaba que el presidente estadounidense y el surcoreano podrían reformar la alianza de ambas naciones para el siglo XXI. Mi Terry sostiene que las similitudes en las personalidades de ambos líderes podrían generar una química especial entre ellos. Explica que ambos son amantes de las mascotas y viven una vida bastante sencilla y anclada a la realidad a pesar de sus posiciones, ambos son campechanos en el trato, y ella predecía que esas semejanzas podrían ser la clave para que ambos mantengan una relación muy próxima y estratégica que redimensione la alianza actual a un plano más profundo.

La siguiente parada fue en Tokio, en donde el primer ministro japonés, Fumio Kishida, destacó el desafío de garantizar la paz y la prosperidad de la región como el tema estratégico más importante para la comunidad internacional, por lo que las dos grandes democracias del mundo deben asumir un papel de liderazgo.

La absurda guerra de Ucrania cambio la situación internacional en pocos días. Uno de esos cambios es que las naciones hablan abiertamente del grave peligro de Rusia y por tanto a cualquier sistema que se le parezca, por lo que el temor a las pretensiones expansionistas chinas genera más desconfianza. En ese contexto la respuesta de Biden de que sí intervendría militarmente si China invadiera Taiwán no es tan sorprendente. En Corea del Sur hay bases militares estadounidenses y tropas haciendo ejercicios todo el año, al igual que en Japón. Ahora, con la presencia del Quad, esa presencia es mucho mayor geográficamente hablando, pero también es más compleja porque incluye intercambio de información extenso. La prioridad de su Administración en política exterior antes de lo de invasión a Ucrania era el Indo-Pacífico y su estabilidad y libertad de navegación de los mares.

 

Biden: Una visita y un aviso

Con la visita del presidente Biden al oriente asiático, la Administración de EEUU ha emitido a China un aviso claro de que, aunque Rusia haya ratificado su carácter de mayor amenaza a la estabilidad internacional, no se ha bajado la alerta ante China, sus movimientos expansionistas económico militares y sus amenazas a la China democrática, es decir, Taiwán. De esto se ocupan esta semana nuestros colaboradores Fernando Delage y Nieves Pérez.

Como hemos venido diciendo, la invasión a Ucrania y las agresiones rusas han sacudido todos los escenarios estratégicos del planeta y eso está produciendo realineaciones y fortalecimiento de lazos antiguos producidos por la incertidumbre.

China está también descolocada con la aventura rusa, que ha trastocado sus planes, y está haciendo equilibrios imposibles para mostrar a la vez apoyo a Rusia y gestos de buscar un acuerdo de paz en Europa sin resultados aparentes. Además, China pasa por crecientes dificultades económicas por su política anti COVID y eso obliga a Pekín a extremar la prudencia en sus decisiones.

Y ahora aparece un elemento añadido que puede introducir cambios en el escenario regional: la victoria del centro izquierda en las elecciones australianas tras diez años de gobierno conservador. La que era oposición australiana hasta ahora venía defendiendo una actitud algo más blanda hacia China y su victoria pone interrogantes sobre el estrechamiento militar industrial entre Australia, EEUU y Reino Unido precisamente referido a la creciente amenaza china y a la necesidad de ser más firme ante sus amenazas.

Ucrania: ¿brecha entre Rusia y China?

En la desesperación de las familias de los resistentes ucranianos rodeados en Azovstal, en Mariupol, sus integrantes, apoyados en el gobierno ucraniano, han hecho un llamamiento a Pekín para que medie ante Moscú y permitan la evacuación de los soldados de la acería cercana al puerto de la ciudad.

Pero, aunque estos soldados están siendo evacuados muy lentamente, no parece que China esté teniendo influencia alguna sobre Moscú y las tropas que han invadido Ucrania y que rodean el reducto donde aún resisten soldados ucranianos.

La calculada ambigüedad china puede darle a Pekín ventajas a medio plazo, pero los intentos del gobierno chino de presentarse como intermediario de un acuerdo de paz sin romper sus mensajes de comprensión a la política agresiva de Vladimir Putin no han aportado nada hasta el momento a pesar de la ilusión que despiertan en algunos ambientes políticos y financieros.

Para Pekín, el principal obstáculo para sus gestiones es el empecinamiento de Putin en no reconocer que sus tropas estás atascadas en Ucrania y que corren riesgos de sufrir una derrota histórica. A este respecto, William Burns, director de la CIA, una agencia que ha demostrado estar muy bien informada de los planes y la evolución interna del gobierno ruso, ha explicado que el conflicto ucraniano ha abierto una brecha entre Pekín y Moscú que puede tener importancia a medio plazo. Burns subraya que Pekín sostiene que el conflicto desatado por Putin daña la reputación internacional de China y, a la vez, introduce el factor que China considera más peligroso para sus intereses estratégicos y que es la incertidumbre y la inestabilidad que arrastra.

La guerra de Ucrania provoca tensiones en todo el planeta y algunas de sus ondas pueden profundizar la transformación de las relaciones estratégicas mas allá de lo previsible.

Sri Lanka en caída libre. Nieves C. Pérez Rodríguez

La crisis en Sri Lanka sigue agravándose por horas. Esta semana comenzó con la renuncia del primer ministro Mahinda Rajapaksa, como respuesta a las continuas manifestaciones que vienen llevándose a cabo durante semanas y que en los últimos días han desencadenado decenas de heridos y unas 6 muertes confirmados hasta el momento.

Sri Lanka tiene un sistema político semi presidencialista que consiste en un ejecutivo dual donde hay un presidente, elegido popularmente, y un primer ministro elegido por el presidente y un gabinete de gobierno.

La isla viene experimentando una fuerte crisis económica desde hace unos años, situación que se agudizó en la pandemia debido a las restricciones y por la caída del turismo.  En medio de la desfavorable situación, el presidente tomó una serie de medidas económicas torpes que agudizaron aún más la crisis y que ha acabado prácticamente con las reservas de la nación.

Ante esa situación, el Estado no ha podido afrontar sus deudas internacionales, por lo que la escasez de combustible, gas, y artículos de primera necesidad no han hecho más que multiplicar su valor y escasear. El gobierno se ha visto obligado a racionar las horas de luz, por lo que la isla pasa muchas horas al día sin electricidad.

Un reportaje de la BBC hecho en plena fulgor de protestas en Colombo afirmaba que los chinos han estado durante meses ofreciendo préstamos a las autoridades ceilandesas como una salida a la desesperante situación. Pero se han encontrado con resistencia para aceptar la ayuda económica.

La ubicación estratégica de Sri Lanka tiene a Beijing muy pendiente de la situación, por lo que han intentado adelantarse a ofrecer ayudas económicas. Sri Lanka ya tiene una deuda con China de unos 4.5 mil millones de dólares. Tan sólo el pasado abril China extendía otro crédito complementando otro otorgado el año pasado por 1 mil millones de dólares.

China ha venido usando la “diplomacia de créditos” para poder asegurarse la dependencia de pequeñas economías, mientras reciben intereses altos de esos créditos, por lo que las naciones receptoras acaban atrapadas en la mayoría de los casos. El mejor ejemplo es el enorme Puerto de Hambantota en Sri Lanka, construido por una empresa china en 2010 que se encargará de su administración por 99 años (según el acuerdo firmado). Con el Puerto de Hambantota, ubicado al sur de Sri Lanka y siendo el segundo más grande de la isla, Beijing se aseguró su avance en la Ruta de la Seda o el BRI y el control del puerto por casi un siglo.

Las últimas horas en Colombo han dejado imágenes de destrucción y desesperación. Muchas protestan han acabado en incendio de autobuses, ataque a vivienda de políticos y personalidades prominentes. El pesimismo y la desesperanza se han convertido en los motores de la sociedad que buscan desesperadamente como sobrevivir la crisis que parece no tocar fondo.

China, Taiwán y las enseñanzas ucranianas

Como ya hemos señalado varias veces, desde que comenzó la invasión rusa de Ucrania China estudia con suma atención cada acción militar de rusos y ucranianos, cada paso político de Kiev y Moscú, cada reacción de Bruselas y de la Unión Europea y cada iniciativa de Estados Unidos. Para Pekín  y sus ambiciones de someter a la autoridad del gobierno y del Partido Comunista chino la isla de Taiwán, es muy útil analizar tácticas militares, el uso y la eficacia de armas nuevas y de las contramedidas, la gestión de la ciberguerra y las reacciones de la OTAN, su solidez interna y su capacidad de burlar la vigilancia rusa y dotar a los ucranianos de recursos para resistir a las fuerzas de la teórica segunda potencia militar del planeta.

Y lo que China ha venido observando es muy decepcionante. El ejército ruso se ha visto, en cuatro semanas, empantanado frente a un ejército de Ucrania que, aunque muy reforzado desde 2014, es sumamente inferior al ruso. Rusia ha revelado una doctrina militar y un uso de sus fuerzas que no parece haber evolucionado desde la última guerra mundial; con prepotencia, sin capacidad logística suficiente, una centralización de órdenes tan burocrática que ha  impedido reoperar sobre el terreno ante la versatilidad ucraniana y la acción de unidades de infantería menores pero más ágiles, con iniciativa y gran potencia de fuego y, sobre todo un fracaso general en sus  intentos de cegar las comunicaciones ucranianas, sus radares, sus enlaces con las fuerzas en combate y su propaganda en el exterior. Y China sabe que repitiendo esos errores ante la maquinaria militar y económica occidental, aunque el escenario sea diferente, una acción en Taiwán estaría condenada al fracaso.

Por eso, China lleva meses provocando, con incursiones aéreas y marítimas, las aguas y los cielos de Taiwán, porque necesita, además de adiestrar a las fuerzas propias, medir la capacidad de detección de los radares taiwaneses y aliados en el escenario teórico de un conflicto que la Inteligencia de Estados Unidos sitúa antes de 2027, analizar la rapidez y capacidad de reacción y medir la solidez de las alianzas regionales en el caso de una conflagración regional.

Esto es esencial para China, además de ocupar el espacio político y económico que inevitablemente va a dejar una debilitada Rusia en su fracaso ucraniano, en el oriente que fue parte o esfera de influencia de la Rusia soviética.

Y aquí está el gran reto occidental y más concretamente de Estados Unidos, que además de demostrar superioridad aparente de sus sistemas frente a las capacidades rusas, tiene que analizar también y así se está haciendo, el escenario del Indo Pacífico y el protagonismo chino a la luz de los acontecimientos en Ucrania y Europa.

INTERREGNUM: Japón, India y Europa. Fernando Delage

Aunque la guerra de Ucrania conducirá a una reorganización de la arquitectura de seguridad europea, con la incertidumbre de cómo saldrá Rusia del conflicto, es evidente que sus implicaciones van más allá del Viejo Continente. No sólo porque está en juego el mantenimiento de un orden internacional basado en reglas, sino también porque la ausencia de condena por parte de China a la agresión de Putin ha puesto de manifiesto la realidad de un desafío autoritario a la estabilidad global.

A la advertencia por la ministra británica de Asuntos Exteriores hace unos días de que también China debe cumplir las reglas, Pekín no tardó en responder con el argumento de que la OTAN y los europeos tratan de agitar conflictos en Asia. Es toda una novedad que China haya comenzado a referirse a la Alianza Atlántica, ajena desde su nacimiento a la seguridad asiática, anticipando quizá la próxima mención que hará a la República Popular en la actualización de su concepto estratégico. Pero Pekín no tendrá más remedio que adaptarse a las nuevas circunstancias provocadas por su socio en el Kremlin. Y, en ese contexto, adquieren especial significado los movimientos de sus dos principales vecinos: Japón e India.

Desde que Rusia invadió Ucrania, la diplomacia japonesa no sólo se ha alineado estrechamente con el G-7, sumándose a cuantas sanciones se han acordado, sino que ha reforzado la coordinación con la OTAN y los Estados europeos. El ministro de Asuntos Exteriores, Yoshimasa Hayashi, participó por primera vez como “socio” en la reunión con sus homólogos de la OTAN el pasado 7 de abril, y el primer ministro, Fumio Kishida, ha sido invitado igualmente a la cumbre que los líderes de la Alianza Atlántica celebrarán en Madrid en junio. Se ha dado así un considerable avance desde que, en abril de 2013, la OTAN y Japón concluyeran un acuerdo para profundizar en su asociación estratégica, centrada desde entonces en cuestiones como la seguridad marítima, la ciberseguridad y la no proliferación, entre otras. Japón ha sido uno de los países que de manera más explícita han subrayado la vinculación entre Ucrania y la seguridad en el Indo-Pacífico. Del mismo modo que Tokio apoya los esfuerzos contra Moscú en Europa, está sentando las bases para la solidaridad del Viejo Continente—y de la Alianza Atlántica—en el caso de que se produzca un conflicto en Asia.

La posición de India ha sido, como se sabe, muy diferente. Pero su dependencia militar y energética de Rusia no modifica, sin embargo, su percepción del desafío chino. Y es el comportamiento de la República Popular el que ha dado un motivo para reactivar el acercamiento mutuo de Delhi y la Unión Europea. Aunque fue en el año 2000 cuando se celebró la primera cumbre bilateral, y en 2004 cuando se estableció una “asociación estratégica”, hubo que esperar a 2020 para que ambas partes acordaran una agenda orientada a la búsqueda de resultados tangibles. Entre ellos, en 2021 se reanudaron las negociaciones—bloqueadas desde 2013—sobre un acuerdo de libre comercio, y se puso en marcha un diálogo sobre seguridad marítima. La UE lanzó asimismo una iniciativa de interconectividad—similar a la lanzada con Japón en 2019—para impulsar las inversiones en energía, transporte, e infraestructuras digitales.

Tras la visita a Delhi la semana pasada de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se espera que tanto el acuerdo de libre comercio como un acuerdo bilateral de inversiones estén concluidos antes de 2024. India y la UE anunciaron, además, la creación de una Comisión sobre Comercio y Tecnología—similar a la que ya mantiene Bruselas con Estados Unidos—con el fin de coordinar posiciones al más alto nivel. Este salto cualitativo en las relaciones bilaterales muestra un potencial que va más allá de la dimensión económica, y hace hincapié en los objetivos de cooperación estratégica de ambas partes con respecto a un transformado escenario asiático.

Ucrania y COVID reducen el margen de maniobra de China

La vuelta de los contagios  del COVID a China, si es que se habían ido, y la guerra de Ucrania están suponiendo un duro revés para China aunque las autoridades de Pekín están intentando matizar los datos.

Según analizan varios expertos en medios de comunicación especializados en Estados Unidos, la actividad fabril se contrajo a un ritmo más pronunciado en abril, en un momento en que los confinamientos generalizados por el COVID-19 redujeron la producción e interrumpieron las cadenas de suministro al bloquearse el funcionamiento normal del puerto de Shanghai, uno de los más importantes y activos del planeta.

El índice oficial de compras (PMI) de manufactura cayó a 47,4 en abril desde 49,5 en marzo, para un segundo mes consecutivo de contracción, dijo la Oficina Nacional de Estadísticas (NBS). La marca de 50 puntos separa la contracción del crecimiento en una base mensual.

Docenas de las principales ciudades de China están en medio de confinamientos totales o parciales, incluido el centro comercial de Shanghai, llevando a más analistas a reducir las previsiones de crecimiento para la segunda economía más grande del mundo.

Este estancamiento que se está produciendo en China, impacta directamente sobre el margen de maniobra de Pekín para aprovechar a su favor la crisis de Ucrania ejerciendo de teórico intermediario para una paz pactada y ocupando el vacío político y económico que podría dejar Rusia y un Occidente embarrado en el frente europeo.

Este dato va a tener importancia en los próximos meses y en la evolución de los acontecimientos ucranianos en los que Rusia, aunque avance, parece tener cada vez mayores dificultades y puede acabar en una grave crisis de estabilidad interna.

Más Covid y fuga de capitales en China. Nieves C. Pérez Rodríguez

Ya no solo es Shanghai, ahora el miedo se traslada a Beijing donde los centros de prueba de Covid inundan la capital china en consonancia con la “política de cero casos” impuesta por el Partido Comunista chino desde el comienzo de la pandemia y que, como consecuencia, paraliza la vida de los ciudadanos quienes son forzados a cuarentenas estrictas, que además están haciendo estragos en la economía china y en la economía global.

Un par de semanas atrás publicábamos en esta columna que el precio del confinamiento en Shanghái se estimaba en unos 49 mil millones de dólares a finales de marzo y que ha afectado unos 200 millones de chinos. Y eso sin evaluar los costos internacionales que conlleva un confinamiento en el hub financiero chino donde también se encuentra el puerto más grande del mundo y que mueve la mayor carga del planeta.

La consecuencia de la imposición de estas extremas medidas empieza a pasarle factura a China. A los inversionistas extranjeros no les hace ninguna gracia que sus inversiones se vean impactadas por restricciones domésticas por lo que han comenzado a sacar inversiones del gigante asiático. Tan sólo el mes pasado dejó cifras históricas de fuga de capital extranjero en China, de acuerdo con datos del Instituto Internacional de Finanzas marzo se cerró con cifras históricas de salida, unos 17.500 millones de dólares huían en busca de un mercado más estable.

La Reserva Federal de los Estados Unidos está aumentado las tasas de interés por primera vez desde 2018 para controlar la inflación, mientras que el Banco Popular de China ha entrado en un ciclo de relajación para impulsar su economía, afirma Laura He, periodista de CNN. Lo que significa que China es menos atractiva para los inversores en comparación con Estados Unidos. A principio de este mes, los rendimientos de los bonos del gobierno chino cayeron por debajo de los rendimientos del Tesoro estadounidense por primera vez en 12 años y el yuan tocó mínimos de seis meses frente al dólar.

Leland Miller, CEO de China Beige Book, la firma de análisis de data económica china más grande del mundo, decía en una entrevista en Bloomberg que “la prioridad para China ha sido siempre el crecimiento de su economía, pero en este momento el foco no está en el crecimiento sino evitar una crisis sanitaria masiva, así como una caída de su economía”. Así mismo Miller afirmó que no hay signos de políticas de estímulos para aumentar los créditos que se encuentran también en caída en China, lo que es un cambio radical del manual del PC chino.

El confinamiento está despertando los fantasmas de la economía planificada, afirmó Zhiwu Chen, economista de la Universidad de Hong Kong en una entrevista concedida al New York Times, en la que insistía que “esta situación no solo está haciendo imposible la supervivencia de empresas privadas, sino que también está acelerando la desconfianza en la gente sobre el futuro de su país. Y cuando eso sucede es extremadamente difícil que la economía se recupere”.

Si se le suma el descontento social que se ha despertado a razón de las extremas medidas de control del Covid, tenemos como resultado un caldo de cultivo perfecto para cualquier insurrección si estuviéramos hablando de una nación con libertades. Incluso en la China controlada milimétricamente por el PC chino se ha filtrado a la prensa cantidad de imágenes de ciudadanos insatisfechos y enfadados con las medidas que ponen en riesgo su libertad y se atreven a protestar enfrente de las autoridades su rechazo a tanto confinamiento, dificultad para adquirir alimentos y en resumen poder vivir una vida relativamente normal.

Al principio del 2020, cuando no se vislumbraba el futuro que nos depararía la pandemia que se desencadenó en China y que las autoridades deliberadamente decidieron no comunicar al mundo hasta que era tarde y el Covid-19 se había extendido por el planeta, el PC chino construía en tiempo récord hospitales en Wuhan para poder atender los miles de pacientes que se infectaron y decidieron no exportar el material médico de protección basado en razones de seguridad nacional. Hoy su situación sigue siendo parecida, los niveles de infección que padecen parecen incluso ser peor que los del comienzo de 2020, a razón de unas vacunas ineficientes y el mundo sigue sin tener acceso a la información de variantes, números reales de infecciones y defunciones.

Ante tanta incertidumbre tener inversiones en China hoy o tener fábricas de producción masiva de bienes, aun cuando el costo sea considerablemente más bajo, es un problema para los inversionistas de capitales extranjeros porque no cuentan con la seguridad de que podrán, en efecto, producir sus mercancías o exportarlas. Muchos inversionistas están mirando a volver a casa, como es el caso de los estadounidenses que, gracias a incentivos y basados en la seguridad de un Estado que juega bajo las normas establecidas, están considerando establecer los centros de producción en América, o en algún otro país asiático y de centro América.

El PC chino tiene que ver muy preocupante la situación sanitaria en China para que sea capaz de llevar a la economía al límite, aún cuando la economía ha sido siempre su obsesión y su razón…

China-Ucrania, sigue el dilema interno

China se debate, ante la progresiva complicación de la guerra de Putin en Ucrania, entre hasta donde mantener la ambigüedad oficial y el apoyo a Rusia en sus mensajes a la sociedad china o hacer algún gesto, siquiera leve, que sugiera a Moscú que es hora de levantar el pie de su maquinaria militar y aliviar la tensión mundial y propiciando conversaciones de acuerdo verdaderas.

China sabe que de la guerra actual, sea cual sea el resultado final, Rusia sale dañada en su prestigio, en su economía y en la imagen pretendida de su capacidad militar, y Putin queda especialmente golpeado en su propósito de eternizar su poder que, por otra parte, ha durado ya demasiado. Del desenlace de la guerra se va a derivar una menor capacidad económica rusa, una pérdida de prestigio e influencia en las repúblicas centroasiáticas donde China aspira a aumentar su presencia con consolidación de la recuperada Ruta de la Seda hasta Europa y una reducción de la capacidad de suministro de ayuda militar a muchos países-

China tiene una estrategia de consolidación de su economía, su poder y su influencia distinta a la rusa. La dictadura china, al menos por el momento, es más estable a pesar de algunos datos socioeconómicos crecientemente preocupantes, el control del descontento es casi total y con paciencia va fortaleciendo sus capacidades militares sin abordar ninguna aventura de riesgo por el momento sin dejar de recordar su propósito histórico de incorporar Taiwán a la autoridad de Pekín.

China quiere mantener su alianza estratégica con Rusia, pero la inestabilidad provocada por la agresión rusa en Ucrania choca con muchos planes de Pekín. Hay que recordar que la Unión Europea es uno de los principales socios económicos y la incertidumbre económica creada por la guerra no favorece los negocios. Cómo gestionar a la vez todos estos elementos es el dilema de China.

INTERREGNUM: El mundo según Xi. Fernando Delage

Diplomático de carrera, exministro de Asuntos Exteriores y exprimer ministro de Australia, Kevin Rudd es uno de los mejores conocedores de la China de Xi Jinping, el actual presidente al que conoció cuando era vicealcalde de Xiamen a mediados de los años ochenta. En la actualidad presidente de la Asia Society en Nueva York, Rudd decidió al cumplir 60 años matricularse en el programa de doctorado de la universidad de Oxford para escribir precisamente una tesis sobre la visión del mundo de Xi, líder al que siguió tratando en distintas capacidades en las décadas siguientes.

En distintos artículos e intervenciones públicas, Rudd lleva un tiempo advirtiendo sobre el riesgo de un choque entre Estados Unidos y China y proponiendo algunas soluciones para evitarlo. A sus reflexiones ha dado forma en un libro de reciente publicación, probable anticipo de su tesis doctoral: The Avoidable War: The Dangers of a Catastrophic Conflict Between the US and Xi Jinping’s China (Public Affairs, 2022). El punto de partida para evitar una guerra, escribe Rudd, es el hacer un mayor esfuerzo por comprender el pensamiento estratégico de la otra parte. De conformidad con esa idea, la descripción de las premisas que guían la acción de los dirigentes chinos y su política hacia las distintas regiones del mundo constituye la mayor parte de su trabajo, aunque pocas novedades encontrará el especialista. Viene a ser un resumen tipo informe, muy denso y, curiosamente, sin ninguna nota al pie ni una sola referencia bibliográfica. Los datos se acumulan sin que apenas aparezcan detalles sobre la experiencia personal de Rudd en sus intercambios con los líderes chinos.

El análisis se vuelve más concreto en el último tercio del libro, sobre todo en relación con la cuestión de Taiwán. Según Rudd, Xi es “un hombre con prisas” con respecto a este asunto, vital para la legitimidad del Partido Comunista, al creer que el enfoque de sus antecesores ha fracasado. Xi podría recurrir al uso de medios militares para recuperar la isla, un objetivo que querría conseguir mientras sea presidente, pero sólo cuando esté convencido de que el equilibrio militar en Asia oriental se ha inclinado a favor de China y cuando ésta cuente con la fortaleza suficiente para resistir las posibles sanciones internacionales. Esto significa que esas condiciones no se darían hasta finales de esta década o principios de la siguiente.

Con el fin de preservar la paz en esta década incierta e inestable, en la que China está convencida de que el viento de la Historia sopla a su favor y está decidida a reconfigurar el orden internacional, Rudd sugiere unas mínimas normas de interacción entre los dos gigantes. La primera de ellas consistiría en dejar claro al otro sus respectivas líneas rojas para evitar malentendidos y sorpresas. La segunda, en canalizar su rivalidad hacia el desarrollo individual de sus capacidades militares, económicas y tecnológicas más que en intentar imponerse como resultado de un conflicto, siempre impredecible en sus consecuencias.

Una estructura de estas características crearía, en tercer lugar, el espacio político necesario para que ambas partes puedan mantener una relación de cooperación en aquellas áreas (como el cambio climático, la pandemia o la estabilidad financiera global) en las que coinciden sus intereses globales y nacionales. Finalmente, para que la gestión de este marco de interacción pueda funcionar con éxito sería necesario el nombramiento de un responsable por cada parte: el asesor de seguridad nacional o el secretario de Estado en el caso de Estados Unidos, y el director de la oficina de asuntos exteriores del Comité Central del Partido Comunista o el vicepresidente de la Comisión Central Militar por parte china.

El propio Rudd reconoce que ninguna estructura de este tipo por sí sola puede prevenir un conflicto. Pero sus elementos de claridad y transparencia pueden al menos reducir el riesgo. Si la rivalidad entre China y Estados Unidos es inevitable, se trata de conceptualizar cómo pueden coexistir de manera competitiva, reforzando los mecanismos mutuos de disuasión.