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¿Hacia dónde va China? Ángel Enríquez de Salamanca Ortiz

  1. Consumo energético

Durante bastantes siglos, China ha sido la mayor potencia económica mundial y ha llegado a superar en población y PIB a muchas económicas europeas durante mucho tiempo. Solamente con la Revolución Industrial del Siglo XVIII se vio superada por las economías occidentales.

Durante las últimas décadas, China ha crecido a ritmos muy elevados y todo parece apuntar a que en las próximas décadas volverá a recuperar esa posición de liderazgo mundial. Desde el año 2010, China se ha convertido en el mayor consumidor de energía del mundo y en las próximas décadas el aumento de la demanda energética vendrá de países emergentes y un 30 por ciento será de un único país, China. El consumo energético de China se basa en el Carbón, en un 71 por ciento y el petróleo en un 19 por ciento, pero para las próximas décadas se estima que importará el 72 por ciento del petróleo consumido. Para el año 2030, China consumirá el 20% de la demanda mundial de energía y el 11 por ciento de la demanda de petróleo mundial:

Fig. 1.1 dcha. Consumo petróleo países no OCDE

Fig. 1.2. izda. Evolución consumo petróleo países OCDE y no OCDE

[Fuente: EIA.(2018):

https://www.eia.gov/pressroom/presentations/capuano_07242018.pdf]

El consumo de petróleo de los países no OCDE aumentará casi el doble desde 2010 hasta el año 2040. A medida que en China se vaya produciendo el cambio estructural del sector industrial al sector servicios (ver tabla 1.2), los transportes tendrán un peso mayor en el consumo de combustibles fósiles en este país.

Las energías renovables representan un peso aún pequeño en el consumo de China, pero el gobierno se ha puesto como objetivo que ese porcentaje llegue al 15 por ciento para el año 2020 y para el año 2040 se espera que llegue al 30 por ciento.

China es un país que necesita importar recursos naturales de otros países, como el petróleo o el gas, unos recursos muy presentes en África. La República Popular China es el mayor extractor de carbón del mundo y cuenta con la tercera reserva más grande del planeta, solamente superada por Estados Unidos y Rusia, pero aun con todos estos datos se necesita importarlos del exterior.

Debido a sus altos niveles de consumo de energía, China se ha convertido en un impulsor de las tendencias  mundiales y en el año 2014, casi la mitad de las nuevas instalaciones energéticas, fueron de energía renovable. Aun así para el año 2030, se espera que China supere a Estados Unidos como primer consumidor de petróleo del mundo y para el año 2040 debería doblar el consumo de E.E.U.U.

  1. El PIB Chino

El ritmo de crecimiento económico esperado de China  para los próximos años no alcanzará los niveles de las décadas pasadas, situándose en torno al 5% anual en promedio.

  1995-2010 2011-15 2016-20 2021-25 2026-30
Crecimiento PIB
(%
Anual)
9,9 8,6 7,0 5,9 5,0

Tabla 1. Estimación Crecimiento China 1995-2030 (Asumiendo que no hay impactos ni reformas)

[Fuente: Banco Mundial (2013): “China in 2030. Building a Modern, Harmonious, and Creative Society” Pág.9]

El crecimiento durante estos años de China ha tenido un coste, que ha sido la conta­minación del medio ambiente (agua, tierra y aire). El nuevo crecimiento de China para las futuras décadas deberá ser un crecimiento sostenible, basado en las energías limpias. Si esto tiene éxito el peso del sector industrial ira perdiendo fuerza y las empresas industriales serán menos contaminantes, pero sobre todo, habrá mejores precios de la energía y materias primas:

  1995-2010 2011-15 2016-20 2021-25 2026-30
Peso Industria/PIB 46,7 43,8 41,0 38,0 34,6
Peso Servicios/PIB 43,1 47,6 54,6 56,1 61,1

Tabla 1.2. Estimación peso industria y servicios sobre PIB en China 1995-2030 (Asumiendo que no hay Shock ni reformas)

[Fuente: Banco Mundial (2013): “China in 2030. Building a Modern, Harmonious, and Creative Society” Pág.9]

Para las próximas décadas existen dos posibles escenarios para China. Un primer escenario sería que China continuara con las reformas para mantener el crecimiento económico, social o mejoras ambientales. En este primer escenario, China crecería, pero su ritmo se iría decelerando con el paso de los años. La población también aumentará y a pesar de las políticas laborales este aumento demográfico afecta y afectará al empleo haciendo que disminuya. Un segundo escenario seria que China no realizara ningún tipo de reforma, lo que la llevaría a seguir creciendo pero esto podría provocar o agravar los problemas ambientales o sociales.

  1. El Empleo y población:

El empleo será más urbano y menos rural provocando migraciones del campo a la ciudad, que dará lugar a una mayor urbanización y crecimiento de las ciudades, y a su vez, que el empleo en el campo caiga hasta el 12,5 por ciento:

  1995-2010 2011-15 2016-20 2021-25 2026-30
Porcentaje empleo rural 36,7 30,0 23,7 18,2 12,5
Porcentaje empleo servicios 34,6 42,0 47,6 52,9 59,0

Tabla 2. 2. Porcentaje empleo rural y servicios

[Fuente: Banco Mundial (2013): “China in 2030. Building a Modern, Harmonious, and Creative Society” Pág.84]

Se espera que la población toque techo en la próxima década, superando los 1.416 millones, por eso, el plan de Empleo (2016 – 2020), pretende estimular el emprendimiento y reestructurar las empresas menos eficientes, lo que impulsará el mercado laboral y dará trabajos de mejor calidad a los Chinos.

Por lo tanto, China seguirá creciendo en las próximas décadas pero lo hará a un ritmo menor y el sector servicios irá ganando peso en el PIB. Las energías renovables tendrán más peso, pero el petróleo seguirá siendo su fuente principal de energía.

  1. Conclusiones

Serán necesarias inversiones en energías renovables, solar o eólica para no depender tanto del carbón o del petróleo, incentivar el uso de energías limpias en las ciudades y fuera de ellas y eliminar así, el grave problema medioambiental del país.

Crear un mercado de trabajo que incentive la inversión extranjera y la creación de nuevas empresas (como lo son las “Zonas Económicas Especiales”), será fundamental para que el propio mercado pueda atraer a los millones de chinos que cada año buscan trabajo, y dar un impulso al sector privado para dar un uso más eficiente de los recur­sos y el uso más eficiente de los inputs.

Seguir mejorando las infraestructuras, comunicaciones y el transporte por todo el país con el fin de conectar las grandes ciudades costeras con las regiones más aisladas del interior.

Para conseguir estos objetivos, será prioritario que China siga aumentando su inversión en I+D+I, que ya es superior al de la Unión Europea y está a la caza de los niveles de Estados Unidos.

Las reformas del gobierno también serán necesarias, hasta ahora éste ha estado muy centrado en los factores económicos dejando a un lado otros factores fundamen­tales como la sanidad o la educación, algo que el gobierno chino deberá ofrecer a sus ciudadanos y para ello será necesaria, también, una reforma dentro del PCCh, un partido que ha devuelto la dignidad a China y ha dado a sus ciu­dadanos mejoras en las condiciones de vida.

Ángel Enríquez de Salamanca Ortiz es Doctor en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Relaciones Internacionales en la Universidad San Pablo CEU de Madrid

Sí, es verdad, Uber se ha llevado tu queso. Espabila. Miguel Ors Villarejo

“Todo el mundo empieza a tener miedo de que lo ubericen”. La expresión es de Maurice Lévy, el presidente de la multinacional francesa Publicis. La acuñó en 2015, en unas declaraciones al Financial Times, y Fundéu no tardó mucho en darle su bendición. Lévy definía la uberización como “la idea de levantarte una mañana y descubrir que tu actividad tradicional se ha volatilizado”. Es lo que está ocurriendo en muchos ámbitos, desde el transporte de viajeros a la concesión de créditos, pasando por el alquiler de pisos, la venta de flores o la contratación de anuncios. Unos recién llegados desarrollan con cuatro euros una aplicación que pone en contacto a los demandantes de un servicio con sus oferentes y prescinden del intermediario. ¿Para qué necesita nadie que Publicis le negocie espacios en la radio o la televisión cuando a través de Facebook o Google puede alcanzar directamente a su público?

Esta desintermediación salvaje ha dado lugar a algunas profecías alarmantes. Uberización = ¿economía desgarrada?, se preguntan Bruno Teboul y Thierry Picard en Francia. Aquí la CNT no tiene ninguna duda: las gestoras de flotas de VTC “imponen condiciones precarias, competitivas y explotadoras a los conductores” y los enfrentan con los “trabajadores del taxi. Este ha sido siempre el juego sucio del capitalismo”. Por su parte, varios expertos dibujaban en la jornada Reinventa’t una distopía inquietante de “nómadas digitales” y jefes que “son algoritmos. Uno de ellos incluso alertaba: “Podría acabarse el estado de bienestar”. ¿Tan mal andamos?

La coincidencia de la revolución del móvil con la Gran Recesión (el iPhone se presentó en enero de 2007, meses antes de que Bear Stearns anunciara la quiebra de dos fondos especializados en hipotecas subprime) enturbia la perspectiva e induce a muchos a atribuir al primero lo que es culpa de la segunda. Solo ahora empezamos a disponer de datos que permitan desenmarañar la madeja. ¿Y qué es lo que nos revelan?

Stéphane Auray, David Fuller y Guillaume Vandenbroucke han destripado las últimas series de la Encuesta Continua de Hogares para averiguar cuántas personas hay pluriempleadas en Estados Unidos. “Tener varios trabajos”, plantean, “se interpreta a menudo como un indicador de que a la gente le cuesta más llegar a fin de mes”, pero su investigación arroja dos “resultados clave”.

Para empezar, la tasa de pluriempleo es menor que hace dos décadas. El pico se alcanzó en 1997, en torno al 6,5%. Hoy está estabilizada por debajo del 5%.

Pero es que, además, quienes más están recurriendo al pluriempleo no son las masas proletarizadas y sin formación, sino licenciados y posgraduados (en torno al 7%). Entre quienes carecen del graduado escolar, apenas el 2% simultanea ocupaciones.

La explicación no está clara, pero en cualquier caso es “inconsistente”, dicen los investigadores, con la tesis de que se pluriemplean quienes pasan dificultades. “Si fuera así”, razonan, “esperaríamos una mayor prevalencia de trabajos múltiples entre los asalariados que probablemente gana menos, esto es, los que poseen peor formación”.

Igual que otras tecnologías disruptivas, el smartpohne no respeta jerarquías ni grados. Ha puesto patas arriba infinidad de negocios y es una pena, pero la sociedad en su conjunto no parece peor y millones de consumidores han abrazado sus posibilidades con entusiasmo. La historia revela que esa es una fuerza imparable. En las sociedades libres, oponerse a los dictados del mercado es una receta para el desastre.

En lugar de ello, lo que hay que hacer es remar a favor de la corriente. El propio Lévy no perdió mucho tiempo lamentándose y preguntándose quién se había llevado su queso, y se puso a buscar matemáticos y expertos en datos para ofrecer a su clientela los algoritmos que pedía. “Estamos”, decía, “fichando a genios, computines, jugadores”.

Uberizándose, en suma, tan rápido como le daban las piernas.

¿Son los chinos unos ladrones de empleos?

Los estadounidenses están sufriendo “el mayor robo de empleo de la historia de la humanidad”, denunció Donald Trump durante la campaña. “Desde que [en diciembre de 2001] China ingresó en la Organización Mundial del Comercio (OMC), se han cerrado 70.000 fábricas […]. Ninguna nación había destruido antes tantos puestos de trabajo de un modo tan estúpido y tan fácil de remediar”.

Como pudo comprobarse la noche de las elecciones, este análisis es compartido por millones de compatriotas y, hasta cierto punto, es lógico. Muchos han visto cómo los ordenadores y los televisores que antes se hacían en California se ensamblan ahora en Sichuan. La propia evolución del mercado laboral parece corroborar la hipótesis. Si en los años 90 el paro fue cayendo hasta tocar una irrelevante tasa del 4%, a partir de 2000, coincidiendo con la entrada de Pekín en la OMC, la tendencia se invirtió y, antes incluso de que estallara la crisis, ya se había perdido todo el terreno conquistado en la década anterior. El grueso de la sangría lo sufrió la industria, cuyo personal contratado pasó de 17,2 millones en 1999 a 11,4 millones en 2011.

Las causas de este “hundimiento”, como lo llaman en un artículo del Journal of Labor Economics Daron Acemoglu, David Autor, David Dorn, Gordon Hanson y Brendan Price, son múltiples. Influyó sin duda la robotización, pero al menos un tercio (el equivalente a unos dos millones de trabajos) es imputable a que China se ha quedado con manufacturas que antes estaban radicadas en Estados Unidos.

¿Tiene entonces razón Trump?

No nos precipitemos. Las importaciones baratas también contribuyen a impulsar la productividad de miles de compañías que las usan como insumos, lo que les permite ampliar la producción y las plantillas. Es lo que sucedió en áreas como la alimentación, la bebida y el tabaco. ¿Y cuál ha sido el balance final? ¿Ha merecido la pena? Lorenzo Caliendo, Fernando Parro y Maximiliano Dvorkin son tajantes. “El aumento del empleo en estos sectores compensó con creces el declive en la industria”, escriben. Y aunque las ganancias no se repartieron de modo uniforme por el país, todos los estados resultaron beneficiados, incluido California, el más expuesto a la competencia china.

Si añadimos a esto que los consumidores han visto incrementada su renta real, porque disponen de ropa, electrodomésticos, teléfonos o coches más económicos, y que millones de asiáticos han huido de las garras de la miseria, es difícil compartir el tono catastrofista de Trump.

Incluso aunque los cálculos de Caliendo se revelaran erróneos y Estados Unidos estuviera hoy peor que en 2000, ¿qué podría hacer? David Trilling alerta en Journalist’s Resource de que una subida unilateral de aranceles es como pegarse un tiro en un pie, porque “muchas empresas americanas se han vuelto adictas a los importaciones baratas” y podrían entrar en pérdidas si se les corta el suministro. Por otra parte, Pekín replicará con un aumento similar de tarifas, lo que deteriorará las ventas a China y obligará a las firmas exportadoras a ajustar nóminas.

No parece un problema “tan estúpido y tan fácil de remediar” como Trump asegura.