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THE ASIAN DOOR: China, el dragón de las FinTech. Águeda Parra

La revolución tecnológica es una de las grandes señas de identidad del siglo XXI. Durante este período, el mundo será testigo de grandes innovaciones que afectarán a las costumbres y hábitos de una sociedad que está inmersa en un frenesí de cambios tecnológicos. En este principio de siglo, los avances en cloud computing, las múltiples aplicaciones de la inteligencia artificial, y el big data, están siendo los grandes protagonistas de redefinir cómo la sociedad interactúa con el entorno, mientras las empresas se encuentran obligadas a adaptar sus procesos para hacerse más ágiles, más dinámicas, y más innovadoras al fin y al cabo.

De ahí la aparición de las FinTech, empresas que combinan las finanzas con la tecnología para prestar nuevos servicios financieros basados fundamentalmente en las innovaciones que proporciona la tecnología en este ámbito. Uno de los mercados más conocidos donde operan las FinTech son en el entorno de los medios de pagos digitales, aunque el sector lo componen otros mercados claves que incluyen, por ejemplo, los préstamos en línea, la gestión de finanzas personales, y los seguros online, entre los más destacados.

Y si hablamos de medios de pago digitales, China está emergiendo como una gran potencia en el mercado FinTech no sólo en el ámbito de Asia Pacífico, sino también globalmente gracias a que el gigante asiático es el líder mundial indiscutible del mercado del e-commerce. De hecho, el milagro de las FinTech en China se entiende gracias a una población experta en tecnología, donde las nuevas generaciones de nativos digitales son los grandes referentes para modelar el futuro del e-commerce y la economía digital mundial.

A finales de 2017, China registró un nuevo record en usuarios de Internet, alcanzando los 772 millones de internautas, que representan un ecosistema digital mayor que toda la población de Europa, que alcanza los 744 millones de personas. A lo que hay que sumarle un incremento en los ingresos de una clase media creciente que consume cada vez más y es capaz de generar un gasto en e-commerce en 2016 de  782.000 millones de euros, mayor que el registrado por Estados Unidos y Reino Unidos juntos.

Todo ello favorece que las inversiones FinTech realizadas en China durante los últimos años se hayan disparado. Entre julio de 2015 y junio de 2016, se alcanzó la cifra de 8.800 millones de dólares, lo que supone un incremento del 252% respecto a 2010. Situación a la que ha contribuido la irrupción de nuevos modelos innovadores de firmas tecnológicas chinas que han nacido en la última década, como es el caso del servicio de mensajería más famoso de China, WeChat, lanzado en 2011. Plataforma que ha sido esencial para que 688 millones de chinos pudieran realizar el envío durante la pasada celebración del Año Nuevo chino de 46 billones de hongbao, los tradicionales sobres rojos en su modalidad digital, superando con creces los 7,6 billones de pagos realizados por PayPal durante todo 2017.

Otro de los gigantes tecnológicos de China presenten en el sector FinTech es Alibaba que, con Tencent, se reparten el 90% de los pagos digitales en China, a través de las plataformas de Alipay de Alibaba, con un 54% del mercado, y TenPay de Tencent, con un 37%. La expansión del turismo chino se ha convertido en el gran aliado de los gigantes del e-commerce, ya que tanto Alipay como WeChat Pay son los medios de pago utilizados por los 135 millones de turistas chinos que gastaron 261.000 millones de dólares en sus viajes en el extranjero durante 2016.

En China, los sectores del e-commerce y los seguros online están liderando la industria FinTech, de modo que no es extraño que China cuente con 8 de los 27 “unicornios” FinTech, es decir, las startups que los inversores valoran por encima de los 1.000 millones de dólares, mientras Estados Unidos cuenta con 12, demostrando que una parte importante de los nuevos unicornios FinTech está naciendo en China. Una prueba más de que las empresas chinas se están haciendo globales y son las actuales líderes mundiales de la industria FinTech.

THE ASIAN DOOR: A los unicornios les gusta China. Águeda Parra

Hasta hace unos años, era normal que Estados Unidos fuera el país que contara con un número mayor de unicornios, es decir, las denominadas startups tecnológicas de inversión privada que tienen un valor superior a los 1.000 millones de dólares. Sin embargo, con el milagro tecnológico que está experimentado China en los últimos años, los unicornios comienzan a proliferar fuera de Silicon Valley y emprenden su estrategia de hacerse globales desde China hacia los mercados internacionales.

Durante 2017 ha seguido creciendo el número de empresas tecnológicas globales que se han convertido en unicornios, hasta 46 compañías, según un informe de CB Insights, situación que ha intensificado la competencia entre la primera y la segunda potencia mundial por conseguir situar un mayor número de unicornios en la clasificación mundial. Solamente en 2017, China consiguió crear 17 de estas grandes empresas tecnológicas globales, a poca distancia de las 19 compañías que aportaba Estados Unidos.

La carrera en estos años ha sido trepidante, y China ya sitúa a 56 titanes tecnológicos en la clasificación de 2017, cuando en 2014 solamente tenía 8 unicornios. Por tanto, no parece extraño que en el próximo lustro la situación cambie y China pueda comenzar a liderar la clasificación mundial de unicornios, una vez que ya ha adelantado a Europa en la creación de este tipo de empresas.

El desarrollo tecnológico en China ha sido el gran desencadenante de que el gigante asiático se esté disputando los primeros puestos en el Top 10 de unicornios más grandes del mundo en 2017. En esta clasificación, el gigante asiático aporta cuatro empresas, la firma de transporte Didi Chuxing, y el fabricante de teléfonos móviles Xiaomi, en segundo y tercer puesto, liderando el Top 3 la estadounidense del transporte privado, Uber. Los otros dos titanes tecnológicos se sitúan al final del grupo de los 10 principales unicornios, ocupando Lu.com y China Internet Plus Holding los puestos octavo y noveno, respectivamente.

Una de las principales ventajas que tienen los unicornios chinos es el tamaño del mercado en el que se desarrollan. Las dimensiones del gigante asiático facilitan que se puedan expandir y desarrollar nacionalmente. La competencia en el mercado chino y la amplia experiencia adquirida durante este tiempo terminarán por animar a los unicornios de creación China a que den el salto hacia los mercados internacionales, donde ya comienzan a realizar las primeras incursiones. Con ello, los unicornios chinos entrarán en competencia directa con las empresas extranjeras en su propio territorio, y la lucha no será únicamente por conseguir una mejor cotización bursátil, sino por quién capta un número mayor de usuarios.

Otro aspecto destacado es el uso masivo de la tecnología en la sociedad china, que cuenta con una clase media creciente que está ampliando su nivel de gasto, facilitando que se creen un número mayor de nuevos unicornios en torno al sector del e-commerce y de las plataformas online. Y son las grandes tecnológicas de China del sector de los pagos digitales las que están invirtiendo para desarrollar la industria, de ahí que el 46% de los unicornios chinos hayan recibido la participación de empresas como Baidu, Alibaba y Tencent, según el citado informe.

La irrupción de los unicornios chinos en la escena internacional ha supuesto una duplicidad entre las grandes tecnológicas mundiales, como Tencent, que es la versión china de Google, Didi que emula el negocio de Uber, y WeChat, que es lo más parecido a Facebook. Empresas que se están viendo favorecidas por el efecto de los “sea turtles”, nombre como se denomina a los graduados chinos en universidades extranjeras que deciden regresar a los centros tecnológicos de China donde se está apostando por la innovación y el talento. Durante 2016, 432.000 graduados decidieron que China aportaba mejores oportunidades para desarrollar su trayectoria profesional que las que podrían encontrar en Silicon Valley.

El mercado chino se mueve con rapidez, y el ritmo de crecimiento de la economía del 7%, muy superior al alcanzado por el resto de grandes potencias mundiales, favorece la creación de nuevos unicornios tecnológicos, impulsado, fundamentalmente, por la apuesta del gobierno chino de convertirse en la primera economía mundial en 2030. Los unicornios chinos han venido para quedarse, y para crecer en número cada año, de modo que dependerá del dinamismo tecnológico del resto de economías que haya competencia en la futura economía digital. (Foto: DWRL U. Texas, Flickr)

THE ASIAN DOOR: Xi Jinping sin límite de mandato, China sin límite en la I+D. Águeda Parra

Con la decisión de la Asamblea Nacional Popular de China, del pasado 11 de marzo, de reformar la Constitución para eliminar la restricción del límite de dos mandatos para los presidentes, la era Xi Jinping no finalizará en 2023, sino que se prolongará, al menos, cinco años más. Esto significa ampliar el tiempo de llevar a cabo las reformas económicas iniciadas, y prometidas, por el presidente chino desde que tomara posesión del cargo en 2013.

El hecho de que exista la posibilidad de prolongar en más de dos mandatos la presidencia de China supone un mayor grado de centralización en la toma de decisiones y una mayor concentración del poder. Pero también significa iniciar, desarrollar e impulsar proyectos en los que Xi Jinping se ha implicado en primera persona como parte de su legado.

De finalizar el mandato de Xi en 2023, la celebración del centenario de la fundación del Partido Comunista Chino en 2021 sería la fecha en la que Xi Jinping mostraría al mundo los avances económicos y sociales alcanzados por China en las últimas dos décadas. Coincidiría con el final de su mandato, y no podría seguir impulsando otras iniciativas contempladas en el XIII Plan Quinquenal (2016-2020) que persiguen apostar por la innovación y la modernización del país como piedra angular para alcanzar la transición hacia una economía avanzada.

Por ello, el punto positivo de la consolidación del poder de Xi Jinping es que favorecerá que se alcance un mayor número de reformas estructurales en el corto plazo, impulsando aún más la transformación en la que está inmersa China, y en la que apenas ha recorrido la mitad del camino. Eliminar la limitación del mandato tendrá efectos positivos en los avances tecnológicos, no sólo en alcanzar el Made in China 2025, sino en establecer nuevos límites tecnológicos gracias a la apuesta en la era de Xi por la I+D.

En la era de Xi Jinping, el gasto en I+D ha sido una prioridad, aumentando en apenas un lustro un 70,9% desde 2012. El resultado ha sido que China destinó en 2016 el 2,1% del PIB a I+D, superando el gasto del conjunto de la Unión Europea (28), que alcanzó el 1,9%, aún lejos del 2,7% de Estados Unidos, el 2,9% de Alemania, y el 3,1% que dedica Japón, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

A pesar de que China disfruta de un menor bienestar social y económico que el resto de potencias, sin embargo, muestra una mayor determinación por situar en primera línea la I+D. Impulsar la creación de numerosos parques industriales de alta tecnología e incubadoras está situando a China como promotor mundial en inteligencia artificial, en robótica y en big data. El esfuerzo de China por liderar la I+D está llevando al país a dominar industrias como la nuclear, las energías renovables, los trenes de alta velocidad y los vehículos eléctricos. Todo ello hará que China consiga alcanzar el objetivo de convertirse en el líder mundial en tecnología en 2035.

Para ello, será importante desarrollar a las empresas nacionales. Hasta un total de 376 empresas chinas figuran en el informe 2017 EU Industrial R&D Investment publicado por la Comisión Europea, que recopila las 2.500 empresas de 43 países con mayor inversión en I+D en 2016. Estas compañías chinas forman el Top 3 mundial y son responsables del 8,3% del gasto en I+D mundial, por detrás de Japón que incorpora 365 empresas que invierten el 14% del total, liderando la clasificación Estados Unidos, con 822 compañías responsables del 39,1% de la investigación y desarrollo mundial.

Los gigantes del e-commerce mundial como Alibaba y Tencent, y muchas otras compañías chinas que ya compiten a nivel global, se están convirtiendo en jugadores globales, reduciendo la distancia existente en innovación y tecnología de China con el resto de potencias occidentales. Durante la era de Xi, la brecha tecnológica se reducirá aún más gracias a que China dispone de una mayor cantera de talento, con 4,7 millones de graduados en ciencias, tecnología, ingenierías y matemáticas en 2016, ocho veces más que los 568.000 de Estados Unidos. Todo ello para posibilitar que China luche en la mejor de las condiciones posibles en la carrera tecnológica mundial que permitirá que los países mejor preparados en innovación lideren la economía digital del mañana.

 

THE ASIAN DOOR: La Superbowl del talento tecnológico se juega en China. Águeda Parra

(Foto: Christian Rondeau, Flickr) En la última década, China ha pasado de focalizarse en la producción de manufactura como palanca de crecimiento del país, con los problemas derivados de un importante sobrecalentamiento de varios sectores económicos, a situarse como pieza principal de la revolución digital mundial. En este tiempo, el crecimiento de dos dígitos que registraba la economía a principios del siglo XXI ha pasado a un nivel más moderado, del 6,9% en 2017, pero muy superior al del resto de países industrializados.

En sólo una década, China ha pasado de ser la fábrica del mundo, a liderar la economía digital, gracias al gran momentum tecnológico que vive el país. Este cambio de paradigma procede de la visión de Xi como impulsor de políticas de crecimiento más sostenibles y adecuadas para afrontar el reto de construir una China moderna.

Las nuevas tecnologías se han desarrollado en la sociedad china a un ritmo mayor que en otras economías desarrolladas, generando toda una nueva generación de nativos digitales que son los verdaderos artífices de todo un ecosistema digital que no sólo transforma el país, sino que está definiendo, en función de sus gustos y preferencias, el futuro del e-commerce mundial.

En esta estrategia de transformación digital, China también cuenta con los “sea turtles”, como se denomina a aquellos graduados chinos que regresan de estudiar en las universidades extranjeras, personas que están creando la versión china del Silicon Valley en territorio nacional. El factor de la apuesta por la innovación, importantes oportunidades de carrera y una mayor inversión en capital son los principales motivos que encuentran los 432.500 graduados que regresaron a China en 2016, de un total de 544.500 personas que optaron por estudiar en el extranjero, un 22 por ciento superior a los que regresaban en 2013, según datos del Ministerio de Educación.

Los incentivos económicos son también un punto destacado del regreso de la diáspora digital. Según un estudio del South China Morning Post, los graduados en el extranjero reciben un salario un 17,2 por ciento superior a los graduados en las universidades nacionales. Las grandes tecnológicas chinas están creando un ecosistema digital con oportunidades laborales mejores a las que podrían acceder los ingenieros asiáticos en compañías como Google, Facebook y Apple, donde únicamente ocupan el 30% de las posiciones profesionales y tienen difícil acceso a los puestos directivos. En China las oportunidades vienen de la mano de empresas como Alibaba y Tencent, que se encuentran entre las compañías más valiosas del mundo, compitiendo directamente con sus rivales estadounidenses Amazon y Facebook.

A este grupo de talentos tecnológicos hay que sumarle la apuesta del gobierno chino por atraer los mejores científicos y personas de negocios relacionados con el ámbito de las nuevas tecnologías a través de la concesión de visas gratuitas por 10 años, según publicaban fuentes oficiales a principios de 2018. Sin duda, el grupo de extranjeros de alto nivel y los “sea turtles” chinos son el perfil de empleados que demandan los gigantes tecnológicos estadounidenses que operan en territorio chino. Entre ellos, el gran gigante de Internet Google, que ha abierto su cuarta oficina en China con 600 empleados en la nueva capital tecnológica mundial, Shenzhen, donde también están presentes otros grandes de la industria como Huawei y Tencent. Recientemente era Apple quien anunciaba la apertura de un centro de servicios de almacenamiento de iCloud en la provincia de Gizhou.

La revolución digital es ya una realidad en China, y es la clase media china la que está actuando como prescriptor digital. Mientras los países occidentales todavía no son plenamente conscientes de la velocidad vertiginosa a la que se producen los avances tecnológicos en China, Shenzhen ha pasado de ser una aldea de pescadores en 1980 a convertirse en el denominado Sillicon Valley del hardware a principios de siglo. Todo un alarde de intenciones de que China, en cuestión digital, es capaz de liderar la transformación global en las próximas décadas.

THE ASIAN DOOR: Alibaba y su disruptiva estrategia omnicanal. Águeda Parra

Las grandes empresas tecnológicas de China se han convertido en los perfectos aliados de la visión de Xi de transformar el país a través de la innovación y la modernización. El XIII Plan Quinquenal (2016-2020) es el primero de la era de Xi Jinping, y recoge su visión de cómo transformar China en un país avanzado que camina hacia la consecución del “sueño chino”, entendido como la construcción de una “sociedad modestamente acomodada” en un país “rico y poderoso”.

Entre los objetivos del Plan figura el objetivo del presidente chino de que China se convierta en un país industrializado moderno, que consiga duplicar el PIB y el PIB per cápita en 2020, teniendo como referencia los valores de 2010. En este proceso, las nuevas tecnologías van a ser un elemento dinamizador esencial para el desarrollo económico del país. Las empresas públicas y privadas están volcadas en la gran revolución digital que se está produciendo en China, y entre ellas Alibaba figura como uno de los grandes referentes tecnológicos.

El valor bursátil de Alibaba a principios de año se situaba en 469.000 millones de dólares, una valoración muy similar a la de Amazon, el gigante americano del e-commerce, propiedad de Jeff Bezos. La diferencia del valor de mercado entre ambos se está reduciendo rápidamente motivado, principalmente, por la agresiva estrategia de negocio de Alibaba y los buenos resultados obtenidos durante 2017 entre todas las empresas que la componen.

La dimensión de Alibaba es propia de un gran imperio, gracias a los 488 millones de usuarios activos que registra entre todas sus divisiones de negocio, según los datos del informe financiero de la compañía a finales de junio, cantidad que supera en 140 millones toda la población de Estados Unidos. Estos datos le convierten en el mayor operador del e-commerce mundial, y a China en el mayor mercado del e-commerce del mundo. Los ritmos de innovación que caracterizan los negocios de Alibaba son parte de la agresiva estrategia de innovación que sigue su fundador y CEO, Jack Ma, que se convertía en el hombre más rico de China tras superar al presidente del grupo Wanda, Wang Jianlin, según publicaba Forbes en mayo de 2017. Durante 2017, el conglomerado chino realizó inversiones en 45 empresas, superior a las 37 realizadas durante 2016, según datos de la consultora Lieyun, dirigidas a la adquisición de empresas pertenecientes al sector del comercio físico y del e-commerce, en una apuesta por la omnicanalidad para mejorar la satisfacción de la experiencia de cliente en un proceso sin fisuras entre el canal presencial y el digital.

Para 2018, la estrategia de Alibaba pasa por cinco grandes áreas: New Retail, New Finance, New Manufacturing, New Technology y New Energy. Éstas son las líneas de actividad sobre las que se establecerá el crecimiento de la compañía en los próximos años, tanto a nivel de inversiones como de acuerdos con otras compañías. Así se entiende el acuerdo firmado a finales de 2017 con el fabricante de coches Ford para cooperar en áreas de computación en la nube (cloud computing), conectividad y de tiendas en línea, que permitirán la venta de coches de la marca americana a través de la plataforma de venta online de Alibaba, Tmall. También destaca el acuerdo suscrito entre el metro de Shanghai y Alipay, la plataforma de pagos de Alibaba, que permite desde el pasado 20 de enero la adquisición de los billetes del suburbano a través de la aplicación del móvil utilizando el escaneo de códigos QR. Todos estos son ejemplos que muestran el ritmo vertiginoso de los procesos de innovación de Alibaba, a los que seguirán muchos otros durante 2018, en una clara apuesta de la compañía por seguir siendo protagonista de la revolución digital en China y en todo el mundo.

THE ASIAN DOOR. El mejor aliado de China en 2018 será la inteligencia artificial. Águeda Parra

(Foto: Mr_Ado, Flickr) Los avances en la tecnología se producen a ritmos tan acelerados que resulta difícil pensar cómo era antes nuestro entorno sin los dispositivos y las plataformas que hoy conocemos. Son rutinas que se incorporan a nuestro estilo de vida dando forma a una nueva generación digital, que, según un estudio de la consultora Gartner, podría generar hasta 2,3 millones de empleos en todo el mundo hasta 2020 gracias a la aplicación de la inteligencia artificial.

La denominada economía digital se apoya en el impulso que generan las nuevas tecnologías para fomentar otras vías de desarrollo, y será la inteligencia artificial la que transforme el mundo en las próximas décadas. En la Conferencia Mundial sobre Internet, celebrada a finales de 2017 en la ciudad china de Wuzhen, se presentaban los datos asociados a la economía digital en China, que genera 3.400 millones de dólares, el 30% del PIB del país, gracias a los 751 millones de internautas, el mayor número de usuarios de Internet mundiales, que generan el 40% del comercio electrónico global.

La inteligencia artificial aparece entre las grandes novedades tecnológicas para 2018, y China no se mantiene ajena a esta tendencia, sino que supone una de las principales prioridades del desarrollo económico como parte del proceso de modernización y de innovación del país. El negocio de la inteligencia artificial generó en China unos beneficios de 1.990 millones de dólares, según datos de Analysys International Enfodesk, con previsión de alcanzar los 3.000 millones de dólares en 2018. De ahí, que el Consejo de Estado de China publicara a mediados de 2017 el Plan de Desarrollo de la Inteligencia Artificial que establece las directrices para la implementación de los avances tecnológicos hasta 2020, dedicando una inversión de 154.000 millones de dólares.

En cuestión de inteligencia artificial, China es el país más avanzado de todo Asia-Pacífico, pero la visión de Xi es que China se equipare a nivel mundial con el resto de países en 2020, convirtiéndose en líder mundial de la inteligencia artificial en 2030. En la competición con Estados Unidos, la decisión del presidente Trump de proponer reducir el presupuesto de la Fundación Nacional por la Ciencia en temas de sistemas inteligentes un 10%, supone que serán compañías como Google, Amazon, Apple, y el resto de las empresas tecnológicas más punteras, las que tengan que apostar por estos desarrollos, dejando que China ocupe una posición más preferente en la inversión en inteligencia artificial.

El desarrollo de la inteligencia artificial se beneficia del tratamiento y análisis de ingentes cantidades de información, de ahí que China, con una población de 1.300 millones de habitantes, se esté convirtiendo en la incubadora de la creación de startups tecnológicas que encuentran en el mercado chino su mejor banco de pruebas. Entre 2012 y 2017, se crearon 200 startups dedicadas a la inteligencia artificial, con una inversión asociada de 4.500 millones de dólares. En los próximos años, China se convertirá en uno de los centros punteros de innovación en inteligencia artificial al nivel de Silicon Valley, y no es descartable que pueda llegar incluso a superarlo. Para lograrlo, Beijing ha destinado 2.000 millones de dólares para la construcción en los próximos cinco años de un parque tecnológico en el distrito de Mentougou, al oeste de la ciudad, que ocupará unas 54 hectáreas y albergará 400 empresas dedicadas al desarrollo de la inteligencia artificial, que se estima alcancen un valor de producción anual de 7.700 millones de dólares.

El anuncio de Google a finales de 2017 de la apertura en China de su primer Centro de Inteligencia Artificial en Asia, complementando los de Nueva York, Toronto, Londres y Zurich, pone de manifiesto que China se está convirtiendo en el gran laboratorio de pruebas en el desarrollo de la inteligencia artificial. En esta carrera, están presentes otras grandes tecnológicas chinas como Alibaba, Tencent, propietaria de WeChat, y Baidu, la competencia directa en China del buscador de Google, lo que asegura que la aplicación de inteligencia artificial se extenderá a todo nuestro entorno en apenas unos años.

La Teoría del Bosque Oscuro. Miguel Ors Villarejo

El pasado mes de enero la Academia China de las Ciencias invitó al novelista de ciencia ficción Liu Cinxi a visitar el imponente radiotelescopio que las autoridades han construido en la remota y atrasada provincia de Guizhou. El FAST (iniciales de Five-hundred-meter Aperture Spherical Telescope o Telescopio Esférico de 500 Metros de Apertura) es una ensaladera del tamaño de 40 campos de fútbol cuya sensibilidad duplica la del observatorio de Arecibo.

Aparte de abordar proyectos abstrusos, como aclarar el modo en que el universo se expande o aprovechar el latido de los púlsares para detectar las ondas gravitacionales de Einstein (y, eventualmente, ganar algún Nobel), el FAST se ocupará también de la búsqueda de inteligencia extraterrestre, más conocida por su acrónimo inglés SETI. De ahí la invitación de la Academia a Liu. “En cierto modo”, escribe Ross Andersen en The Atlantic, “[su] presencia no constituye ninguna sorpresa. Su opinión es muy apreciada […] y la agencia aeroespacial ya le ha consultado para otras misiones”.

“Pero”, añade a continuación, “no deja de ser una extraña elección”. La obra de Liu gira en torno a los encuentros en la tercera fase, pero a diferencia del Spielberg de ET, no dibuja a los alienígenas como encantadores e inofensivos enanitos verdes, sino como implacables máquinas de matar. Cuando los humanos agitamos los brazos como náufragos para alertar de nuestra existencia, nos ponemos absurdamente en su punto de mira. Es la Teoría del Bosque Oscuro: cada civilización es un cazador al acecho en una noche sin luna.

Liu no tiene por qué estar en lo cierto, pero su hipótesis es inquietantemente congruente con la paradoja de Enrico Fermi. Este físico italiano consideraba que, dada la ingente cantidad de estrellas, la probabilidad de que hubiera otros seres inteligentes en la galaxia era muy elevada. “¿Dónde están?”, se preguntaba. “¿Por qué no hemos encontrado ningún rastro […], por ejemplo, sondas, naves […] o transmisiones?” La respuesta de Liu es que están agazapados en el Bosque Oscuro.

Hay que decir, no obstante, que la capacidad de anticipación de la ciencia ficción es relativa, como revelan la abundancia (jamás materializada) de coches voladores en el género, desde Los Supersónicos a Regreso al futuro, o el triste destino de firmas como Pan Am o Atari, cuyos anuncios aparecen triunfalmente en Blade Runner, pero que quebraron hace tiempo.

Más que oráculos, estas utopías/distopías son a menudo el reflejo de obsesiones colectivas. Las películas de marcianos de los 50 eran una alegoría de la Guerra Fría y el terror que en su día inspiró La invasión de los ladrones de cuerpos a los americanos no se debía tanto al peligro remoto de ser abducido por un platillo volante, como a la amenaza mucho más próxima de acabar convertido al comunismo.

Del mismo modo, la Teoría del Bosque Oscuro recoge los ecos de un doble trauma. Por un lado, el error incomprensible que supuso el abandono de la vanguardia científica. China descubrió la pólvora, la brújula, la imprenta y, en un momento dado, dejó de innovar. ¿Por qué? Voltaire culpaba al énfasis que Confucio pone en el respeto de la tradición. Otros han hablado de la molicie que genera la falta de competencia: mientras en Europa media docena de naciones debían urdir constantemente modos de imponerse a sus vecinas, los mandarines carecían de rivales a su nivel y se acomodaron. Sea como fuere, cuando a mediados del XIX las potencias occidentales irrumpieron con sus acorazados de vapor y sus modernos cañones, la tecnología bélica casi medieval de Pekín sufrió una humillación detrás de otra. Este es el segundo trauma.

La moraleja que extrae Liu de la historia es tajante: las civilizaciones superiores aplastan a las inferiores. Sus compatriotas quizás no compartan su negra opinión sobre los alienígenas, pero no pueden decir lo mismo de los demás habitantes de este planeta y por eso impulsan proyectos científicos como la ensaladera de Guizhou.