THE ASIAN DOOR: América Latina frente al decoupling ¿realidad o reto? Águeda Parra

Después de varios meses de pandemia, una de las consecuencias más evidentes que ha generado la crisis sanitaria del COVID-19 ha sido impulsar un proceso de aceleración mundial en varios entornos. Entre ellos, la reordenación de las cadenas de suministros globales pasa a ocupar un lugar destacado.

En un mismo período de tiempo, ha coincidido un escenario de decoupling de China, promovido por la administración Trump, y una crisis sanitaria, suscitando una posible reordenación de las cadenas de suministro globales para reducir riesgos operativos ante una situación como la que ha planteado una pandemia mundial. La vista está puesta ahora en potenciar la aportación de valor de otras regiones de Asia, por su cercanía a China, o jugar la baza de América Latina, por su proximidad al importante mercado de consumo de Estados Unidos.

La integración de China en la región asiática ha favorecido que, a medida que el gigante asiático asciende hacia la parte alta de la cadena de valor en la manufactura y producción en varias industrias, hayan sido los países vecinos los que han capturado el espacio dejado por China. Asimismo, en este escenario, el proceso de decoupling y la aceleración generada por la crisis sanitaria ha motivado que varias tecnológicas estadounidenses, como Google, Microsoft y Apple, estén moviendo parte de su producción fuera de China, quedando Vietnam y Tailandia entre los países más beneficiados. Pero ¿en qué medida podría América Latina beneficiarse de esta reordenación de las cadenas de suministro globales que está promoviendo Estados Unidos?

La gran ventaja de la proximidad de los países latinoamericanos con el gran mercado de consumo estadounidense no se ha visto traducida en un mejor posicionamiento de América Latina como sustituto natural de Asia en este proceso de decoupling al que aspira Estados Unidos. La región en su conjunto no ha desarrollado las infraestructuras y capacidades logísticas que demanda la operativa de las cadenas de suministro globales, sin embargo, determinados países podrían verse beneficiados, según un estudio de The Economist Intelligence Unit.

En ese movimiento de las cadenas de suministro globales que está promoviendo Estados Unidos del este al oeste, México es el país mejor posicionado, aunque determinados factores hacen poco factible que este proceso llegue a consolidarse, según este estudio. El hecho de que dos tercios de las importaciones de bienes y servicios de México estén relacionados con el comercio de exportación, y que el envío de contenedores tarde apenas una semana en pasar la frontera frente a las cinco semanas que tardaría en llegar desde China, además de tener un coste menor, son puntos que benefician la posición de México. Sin embargo, la lenta recuperación de la pandemia no favorece un reposicionamiento del país en las cadenas de suministro globales, a lo que habría que añadir la falta de políticas que promuevan este tipo de movimiento, así como la carencia de mecanismos que incentiven la atracción activa de la inversión.

De entre los países de América Latina, Chile, Costa Rica, México, Colombia y Brasil figuran entre los mejor posicionados para incorporarse a las cadenas de suministro globales. Sin embargo, la falta de inversión en infraestructura de la que adolece la región, que destina menos del 3% del PIB en su conjunto, no favorece esta transición. Contrasta con el 8% del PIB que dedican los países de Asia Oriental, y se estima que sería necesario incrementar entre un 4%-8% del PIB el gasto en infraestructuras para poder asemejarse a otros países industrializados como Corea del Sur, según algunos estudios.

Existen, asimismo, otras cuestiones a tener en cuenta para generar esta transición desde la región asiática a la latinoamericana. Destaca la falta de preparación y adopción de las nuevas tecnologías en un modelo de cuarta revolución industrial (4IR), así como la cuestión de los costes laborales y la disponibilidad de talento especializado. No obstante, aunque la situación no sea la más favorable, toda crisis es una oportunidad, y América Latina debe encontrar los mecanismos para reivindicarse como actor mundial en la configuración de las futuras cadenas de suministro globales.

Globos versus explosivos. Nieves C. Pérez Rodríguez

El COVID-19 sigue generando estragos en el mundo y el número de infecciones sigue subiendo, incluso en medio de los tremendos esfuerzos que muchas naciones hacen para reabrir sus economías. Entretanto, todas las actividades escolares y académicas se reactivaron en Corea del Sur y desde guarderías hasta las universidades reabrían sus puertas la semana pasada, en medio de unas medidas extremas. Mientras, China admitía que tenía un nuevo brote del virus en Beijing y declaraba la ciudad en cuarentena.

Mientras tanto, la pandemia ha dejado a Corea del Norte más aislada que nunca debido a las propias medidas que Kim Jon-un impuso en los primeros días de haberse declarado el estado de alarma en la provincia de Wuhan.  El régimen cerró sus fronteras herméticamente, por lo que la carencia de productos no ha hecho más que incrementarse al extremo, junto con la larga lista de sanciones que pesan sobre el régimen, lo que en conjunto está estrangulando la ya precaria economía norcoreana.

La acción del régimen norcoreano el 16 de junio de destruir la oficina de enlace conjunto de las Coreas, es una respuesta a la desesperación en la que se encuentran. En otras palabras, volar por los aires el edificio de 4 pisos de hormigón y acero, construido íntegramente por Corea del Sur para Corea del Norte, es una muestra de la frustración de Kim con el presidente Moon, por no haber conseguido ningún avance en los últimos años.

El edificio, -ubicado muy cerca del paralelo 58, en la ciudad de Kaesong- representaba un gran símbolo para la paz en la península, así como lo era para el presidente Moon, quien ha hecho esfuerzos tremendos por acercarse al régimen norcoreano, y quien cree en una integración eventual de ambos países.

Construido en el 2018, el inmueble fue levantado como resultado de las históricas conversaciones intercoreanas. La fecha escogida para la extinción del mismo también tiene simbolismo, pues la semana pasada se celebró el vigésimo aniversario de las primeras conversaciones en las que se asumió el compromiso de cooperación y diálogo entre ambas coreas.

La acción fue anunciada por Kim Yo-jong, la hermana del líder, quién ha ido asumiendo un rol cada día más visible e importante en Pyongyang. Y en el comunicado -publicado por la agencia oficial norcoreana- exigía que el gobierno de Seúl castigara los desertores, a quien además llamó traidores, escoria humana e indeseables por atreverse a dañar el prestigio de su líder. Refiriéndose a los líderes de las ONGs que enviaron alimentos, panfletos, biblias, etc., por globos y unas botellas.

Esta acción, que es la primera de un grupo de acciones que sólo buscan el comienzo de una escalada de tensiones, es una excusa para provocar y comenzar una pelea y con ello ganar la atención de nuevo.

Muy oportunamente, el controvertido libro de John Bolton, el ex asesor de seguridad nacional de Trump, cuenta detalles sobre cómo desde Washington se manejó todo lo que tiene que ver con las relaciones coreanas. Y en sus propias palabras “todo el fandango diplomático fue creado por Corea del Sur, y su propio presidente y su idea de reunificación”. Moon según Bolton, generó expectativas tanto en Trump, lo que lo llevaba a organizar las cumbres para encontrarse con Kim Jong-un, como en Kim, quien accedía a los encuentros. Mientras, afirma también la necesidad de Trump de aprovechar el encuentro para hacer un show, y la prueba son las infinitas preguntas que hacía el presidente estadounidense sobre el número de asistentes y medios a las cumbres.

Este momento es realmente complicado para Pyongyang, pues Trump está a tan sólo 3 meses de elecciones presidenciales, con una situación doméstica muy enardecida entre el covid-19 y las protestas en contra del racismo. Sabe que podría sacar poco, y de perder Trump las elecciones, cualquier avance podría ser retroceso en unos meses.

Y a nivel doméstico, el escenario también es complicado para Kim, pues se sospecha que la situación norcoreana debe haberse agravado mucho desde el principio de año. Y, como si fuera poco, sus escasas apariciones, tan solo tres veces desde el 11 de abril, dejan muchas interrogantes en el aire.

THE ASIAN DOOR: China en un mundo post-pandemia. Águeda Parra.

Desde que China saliera al rescate de varios países desarrollados tras la crisis financiera de 2008, el mundo globalizado ha sido testigo del ascenso de la diplomacia china en busca de un sitio entre la élite de las grandes potencias. Más tarde, en 2013, el despliegue de la nueva Ruta de la Seda le ha permitido al gigante asiático ampliar su huella de influencia entre Oriente y Occidente. No solamente se trata de la mayor iniciativa de desarrollo de infraestructuras mundial hasta el momento, con las que China aspira a crear nuevas conexiones de comercio, sino que supone el despliegue de un mayor soft power. Un poder de influencia que no se limita a la región asiática, sino que se extiende por Europa, África y América Latina.

Estos dos períodos en los que China ha desplegado una mayor dosis de influencia han promovido cambios significativos en el juego geopolítico de equilibrios de poder a nivel mundial. Por una parte, el apoyo económico que el gigante asiático ofreció a países como Grecia y Portugal, fuertemente castigados por la crisis financiera de 2008, marcó el fortalecimiento de los lazos bilaterales que ha llevado, en última instancia, a que estos dos países se adhirieran a la iniciativa china. El último de los países europeos en formar parte de la nueva Ruta de la Seda era Italia, miembro del G7 y país fundador de Europa. Por otra parte, el despliegue de determinadas infraestructuras, no siempre consideradas las más necesarias para el desarrollo de los países, ha provocado un lastre económico muy elevado y una importante dificultad para devolver los préstamos, generando lo que ha pasado a llamarse “trampas de deuda”.

En este nuevo período, en una etapa post-pandemia, donde la recesión económica es generalizada a nivel mundial, la diplomacia China vuelve a desplegarse por aquellos países con los que durante estos los últimos años ha intensificado sus lazos bilaterales. Al apoyo gubernamental ofrecido por China para enviar ayuda sanitaria para la contención del COVID-19 se ha sumado el de empresas privadas, como la enviada por Jack Ma, fundador y presidente ejecutivo del titan tecnológico chino Alibaba, haciendo gala de una gran dosis de filantropía empresarial al estilo de otros grandes magnates internacionales. Un paso más con el que la diplomacia china da muestras de haber hecho avances muy significativos para incorporarse a la élite de las grandes potencias donde la aportación altruista es reflejo de una nueva etapa en la que se pretende mostrar una mayor responsabilidad social.

A diferencia de otras pandemias, esta crisis sanitaria ha contado con una componente tecnológica muy importante. Disponer de un ecosistema digital evolucionado ha sido diferencial, y el uso que países como China, y otros países asiáticos, han hecho de la geolocalización para la contención del COVID-19 ha permitido dar una respuesta más rápida para evitar un mayor número de contagios. La incidencia de la crisis sanitaria a nivel mundial puede conllevar que muchos países se replanteen la implementación de modelos tecnológicos que, de no haber sido por la experiencia del COVID-19, quizá no se hubieran planteado en los mismos términos, y posiblemente no a corto-medio plazo. De modo que, la forma en la que China “exporte” su tecnología a otros países influirá en cómo estos traten determinadas cuestiones como la protección de la privacidad, tan relevante en Occidente.

De esta forma, la pandemia se ha presentado para China como una gran oportunidad para desplegar diplomacia, pero también para fortalecer su vinculación con una responsabilidad social y el impacto que ésta tiene en el desarrollo de la sociedad mundial.

THE ASIAN DOOR: El darwinismo llega a la industria del automóvil. Águeda Parra

En general, el COVID-19 está suponiendo un antes y un después para el desarrollo de un número importante de sectores; entre ellos, el del automóvil. Antes de la llegada de la pandemia, China sufría por primera vez después de 20 años un descenso en las ventas de hasta el 6% en 2018. Las ayudas para la compra de vehículos que el país ha mantenido activas desde 2015 llegaban a su fin y el mercado se resentía.

Antes de la crisis sanitaria, la apuesta de China por los coches eléctricos estaba dirigida a posicionar al gigante asiático como referente internacional ante la imposibilidad de competir a nivel mundial en la fabricación de automóviles de combustible fósil con los tres grandes hubs, Alemania, Japón y Norteamérica. En la estrategia de conseguir diferenciarse y pasar a formar parte de esta élite, China ha incorporado al entorno del vehículo el ecosistema digital que los consumidores chinos ya disfrutan en otros ámbitos de consumo. De hecho, los avances en inteligencia artificial, que desarrollan empresas como Alibaba AI Labs, también se aplican al mundo del automóvil. De este entorno de innovación surge la incorporación de la funcionalidad del asistente de voz Tmall Genie, que forma parte del set de accesorios que incluyen los vehículos BMW en China desde finales de 2019.

Sin embargo, la presión de la pandemia sobre el consumo, el desarrollo económico y la producción industrial están afectando severamente al sector. El paradigma darwinista de supervivencia de los más fuertes va a promover remodelaciones importantes. Por una parte, se observa que los grandes fabricantes extranjeros siguen apostando por el mercado de China como medio de mantener los índices de producción, realizando importantes inversiones, incluso en tiempos de pandemia. De esta estrategia de fortalecer la presencia en el mercado chino procede la decisión de Volkswagen de ampliar la participación que tiene con dos empresas locales dedicadas a la fabricación de coches eléctricos para conseguir una mayor capacidad de gestión en las operaciones, realizando una inversión de 2.200 millones de dólares.

Mientras las ventas de coches en China muestran signos positivos de recuperación por segundo mes consecutivo en el mes de mayo, la otra cara de la moneda la muestra la caída de las ventas en Europa, que se ha desplomado un 80%, siendo algo más moderada la caída registrada por los coches eléctricos que solamente cayeron un 23%. Una tendencia que, de mantenerse, puede dar mayor impulso para que las joint-venture entre empresas chinas y extranjeras que operan en China puedan dar el salto fuera del gigante asiático y establecerse en otros mercados compitiendo con los grandes fabricantes que están luchando por sobrevivir.

Algunos analistas consideran que los efectos positivos que ha tenido la crisis sanitaria sobre el medio ambiente pueden motivar que se impulse el mercado de los vehículos eléctricos a través de estímulos financieros e inversión en infraestructura en China, pero también en Europa. De esta estrategia post-pandemia quedaría fuera el mercado de Estados Unidos, donde es previsible que descienda la demanda de vehículos eléctricos al centrarse el mercado en los coches tradicionales que ofrecen un mayor margen.

El hecho de que China concentre actualmente el 29% de la producción mundial, sumado a la situación de recesión mundial que se está produciendo por efecto del COVID-19, puede propiciar que los fabricantes chinos inviertan en el extranjero, generando una mayor dosis de optimismo para la recuperación de la industria del automóvil a nivel mundial. De ahí que, después de una década, volvería a reproducirse el movimiento en el sector del automóvil por el que las empresas chinas salieron a invertir y, en ocasiones, también a adquirir marcas extranjeras. De entonces procede la adquisición de Volvo Cars a Ford por parte de Geely Holding en 2010, que sentó un precedente para que se realizaran otras operaciones similares, como el 5% que posee el fabricante chino de automóviles BAIC en Daimler. Ahora, en una etapa post-COVID, no solamente quedarán los más fuertes, sino que la concentración puede estar marcada por la apuesta que haga la inversión china en el sector del automóvil en los mercados extranjeros.

Bruselas frente la diplomacia de “el bot y la mascarilla”. Isabel Gacho Carmona

Los japoneses llevan tiempo avisando de que ellos ven la cabeza del dragón mientras que en occidente solo vemos la cabeza del oso. Es cierto que ya hace tiempo que hemos puesto el ojo en China, pero quizá no habíamos prestado atención suficiente a sus tácticas de propaganda y desinformación. Mientras las injerencias rusas, sobre todo en procesos electorales, han copado portadas occidentales los últimos años, los esfuerzos de proyección de imagen china han llamado menos la atención. La crisis del covid-19, aceleradora por antonomasia de los procesos que estaban en la mesa internacional, ha hecho lo propio con éste: la propaganda china es más fuerte y nosotros nos hemos fijado. 

Al ser el origen de la pandemia tiene sentido que quieran influir en la narrativa. Y, según la diputada italiana Lia Quartapelle, sencillamente les dejamos hacerlo. “Cuando llegaron aviones chinos con material sanitario, hicimos las ruedas de prensa que solicitaron. Algo que no hicimos cuando llegó el cargamento con 1.000 mascaras alemanas”. Se han hecho muchas cosas desde las instituciones en Europa a todos los niveles, pero no habríamos prestado suficiente atención a los símbolos “no tenemos, por ejemplo, mascarillas con la bandera de la UE”.

En la campaña de propaganda, el apoyo sanitario ha jugado un papel clave, pero los frentes han sido muchos y van desde bots en Twitter a los clásicos medios de comunicación, en este caso los chinos. Más preocupante, sin embargo, es la reciente compra de una parte mayoritaria de Médea, una de las principales agencias de noticias checa, por parte de CITIC. Según Antoine Bondaz “cada vez va a ser más fácil para los medios europeos ser financiados por China, y esto es algo en lo que poner atención”. Esta proyección China podría suponer un riesgo para la UE en cuanto a que favorece el discurso euroescéptico y la división. No hay que olvidar que China es partidaria de la UE, pero se beneficia de su debilidad. Tiene mucho más poder recurriendo a relaciones bilaterales y evitando los grandes consensos en puntos críticos.

Desde luego, la imagen que quiere proyectar China es de actor responsable, de buen gestor, de apoyo. Y podría estar funcionando. La firma SWG, en una encuesta realizada en Italia en marzo, mostraba que un 52% consideraba a China un “país amigable” frente al 10% de enero. Por otro lado, la confianza en las instituciones europeas bajaba a un 27% frente al 42% de marzo. Una tendencia que se ha reflejado en otras encuestas europeas. En España, según el Barómetro del Real Instituto Elcano, aumenta ligeramente el prestigio de China y se convierte en el segundo aliado internacional preferente tras EEUU -la UE no cuenta en la encuesta-. Ahora bien, también crece la percepción de que China es una amenaza.

Mientras tanto, en la UE vimos hace unas semanas como Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) publicó una actualización de un informe sobre desinformación relativa al covid-19 que ha estado envuelta en polémica. Varios diplomáticos denunciaron presiones por parte de Pekín para evitar que se advirtiera de las tácticas propagandísticas de China. La versión final, descafeinada,sí que acabó diciendo que “fuentes oficiales o respaldadas por estados, incluidos Rusia y, en menor medida, China, han distribuido narrativas de conspiración y desinformación” o mencionando tímidamente a bots que han amplificado teewts propagandísticos. Sin embargo, no incluía ni rastro del primer boceto, que comenzaba así: “China ha llevado a cabo una campaña de desinformación global para desviar la culpa del estallido de la pandemia y mejorar su imagen internacional (…) se han observado tácticas tanto abiertas como encubiertas”.

Se puede entender que la presión ejercida sobre el SEAE era de esperar y que no hace más que poner de manifiesto la debilidad china. Pero hay que tener en cuenta que detrás de la diplomacia de “el bot y la mascarilla” hay un actor que se ha mostrado incapaz de controlar su mercado, como han demostrado las compras de material sanitario defectuoso por parte de administraciones a lo largo y ancho del globo. Un actor con el que nos une una relación económica extremadamente asimétrica. Un actor opaco sin voluntad de justificar el autoritarismo e ineficacia que mostró su primera reacción al brote. Nos unen infinidad de lazos y hay que hilar muy fino, pero aunque haya métodos nuevos, la propaganda está inventada hace mucho tiempo, estaría bien democracias viejas como las nuestras hubieran aprendido como hacerle frente de manera eficaz.

THE ASIAN DOOR: Decoupling a la vista, pero no de quien crees. Águeda Parra

La situación de más de dos años de guerra comercial entre Estados Unidos y China ha desencadenado la posibilidad de promover el decloupling de la primera potencia del mundo del mayor exportador mundial. Una forma de reducir el déficit comercial que existe entre ambas economías pero que, asimismo, implica ciertas consideraciones geopolíticas de gran trascendencia. Hasta la llegada del COVID-19, la idea del decoupling estaba íntimamente ligada con las negociaciones de la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Inmersos ahora en una importante crisis sanitaria, la narrativa sobre el decoupling comienza a popularizarse de forma generalizada.

La llegada de la crisis sanitaria ha puesto de manifiesto la dependencia de China que tienen las economías mundiales en muchos productos de primera necesidad. Antes de la pandemia, la producción y abastecimiento estaban garantizados, pero una demanda simultánea en un corto espacio de tiempo en todo el mundo ha hecho aflorar la posibilidad de contemplar una alternativa a China para evitar los casos de descontinuación de la producción que ha sufrido el gigante asiático por efecto de la crisis del COVID-19. Esta situación ha fomentado que se incremente la narrativa sobre el decoupling en Estados Unidos, mientras otros países, como Japón, también se suman a esta iniciativa considerando incentivar a sus empresas para que saquen la producción de China.

Todo lo contrario de lo que sucede con Asia en su conjunto y, especialmente, en el Sudeste Asiático, donde China avanza hacia una mayor integración comercial. En medio de la crisis del COVID-19, el gigante asiático incrementó las exportaciones hacia la región en un 8,5% interanual, desmarcándose de la previsión de los analistas que pronosticaban una reducción del 12%. Si algo ha demostrado la pandemia es la continua integración económica de las economías asiáticas que lejos de la estrategia promovida por Estados Unidos de fomentar el decoupling de China, Asia está consolidando una mayor integración con el gigante asiático, lo que, en definitiva, supondrá un decoupling de Estados Unidos.

El mes de abril ha registrado incrementos de compra de hasta el 50% de productos chinos por parte de Taiwán, Vietnam, Tailandia e Indonesia, justo en medio de la pandemia. A la inversa, la tendencia es la misma, y las importaciones de China desde Asia también se han incrementado. Una tendencia que puede estar provocada por la discontinuidad de la producción en los países occidentales, más afectados en ese momento por la crisis sanitaria. Sin embargo, en una situación post-pandemia, estos mayores flujos comerciales con Asia pueden hacerse permanentes y reforzar la creciente integración económica que ya se aprecia entre las principales economías asiáticas.

El comercio de semiconductores también se ha incrementado, recibiendo China un volumen mayor por parte de Japón del que éste envía a Estados Unidos. La guerra comercial continúa, y Estados Unidos ha extendido un año más la prohibición de que las compañías vendan componentes al proveedor chino de telecomunicaciones Huawei, de ahí que la necesidad de aprovisionamiento del gigante asiático de semiconductores procedentes de otros países haya crecido. En el largo plazo, esta estrategia de Estados Unidos no va a impactar en la capacidad de China para conseguir ser autosuficiente de la tecnología extranjera, pero estas restricciones sí van a perjudicar, sin embargo, la competitividad de las marcas americanas en el mercado chino.

La crisis sanitaria del COVID-19 ha reforzado la narrativa de Estados Unidos de fomentar el decoupling de China, pero las tensiones económicas provocadas por la situación post-pandemia no van a hacer sencillo que ese proceso se produzca, de producirse, en el corto plazo. Sin embargo, en este tiempo China continuará con su ambición de ser independiente de la tecnología extranjera a través del impulso que está aportando la iniciativa Made in China 2025 a su industria. De esta forma, el gigante asiático continuará con su estrategia de fomentar alianzas con otras empresas tecnológicas no estadounidenses. Lo que empezó siendo un decoupling de Estados Unidos de China puede terminar convirtiéndose en un efecto decoupling de Asia de Estados Unidos liderado por China.

Pandemia y seguridad, una lección del COVID-19. Julio Trujillo

La crisis sanitaria que recorre el mundo, como aquel fantasma del comunismo que anunció Marx y que tan catastrófico ha sido para la humanidad, además del riesgo para la salud pública está revelando las vulnerabilidades institucionales ante una epidemia. En realidad, el COVID-19 está planteando un trágico supuesto táctico sobre lo que supondría un ataque con armas biológicas y es de esperar que los servicios especializados estén analizando este escenario y sacando las conclusiones pertinentes.

No hay ninguna evidencia de que el COVID-19 haya sido creado artificialmente, por muchos que las administraciones china y estadunidense se empeñen en extender sospechas cada una sobre la otra. Pero el resultado sería el mismo y hay que estudiar la situación como si de una agresión voluntaria se tratara para tomar las medidas preventivas necesarias.

A finales de los años 70 se supo que Estados Unidos había desarrollado una bomba de neutrones (bomba N) derivada de las bombas A y H, que implicaba la destrucción biológica masiva pero la salvaguarda de infraestructuras, armas y sistemas de producción. Es decir, la miseria ética y moral absoluta y la situación ideal para la destrucción de un enemigo y el final de una conflagración. Pues esos mismos resultados, con menos inversión probablemente, los pueden obtener las armas biológicas y esa preocupación ha llevado desde hace mucho tiempo a la creación de unidades militares que integran los riesgos de armas biológicos juntos a los nucleares y químicas (las unidades llamadas NBQ).

Todos los países, y especialmente las grandes potencias dedicas muchos recursos a las investigaciones y al espionaje)  en este campo y China es particularmente agresiva.

El descubrimiento por parte de los servicios de inteligencia belgas de que agentes chinos han espiado en los últimos años a los expertos belgas en guerra biológica y vacunas en las instalaciones que tiene en Bélgica la multinacional farmacéutica británica GlaxoSmithKline (GSK) y en otras empresas y laboratorios de alta tecnología como el Departamento de Biología de la Universidad Católica de Lovaina pone de relieve la actualidad y la necesidad de actualizar continuamente los mecanismos de defensa. Este es otro de de los efectos secundarios y una de las lecciones de la actual crisis sanitaria.

THE ASIAN DOOR: ¿Viajar? En breve un placer de unos pocos. Águeda Parra

Establecer un nuevo récord en el número de ciudadanos chinos que viajan al extranjero no va a ser posible durante 2020. Las restricciones impuestas a la movilidad internacional causadas por la pandemia del COVID-19 van a impedir que se supere la cifra de 145 millones de turistas chinos que se contabilizaron en 2019. La movilidad internacional está reducida a niveles nunca antes vistos, pero el placer de viajar se recuperará a medida que se vayan relajando las medidas de confinamiento promovidas por la crisis sanitaria.

China es una de esas regiones que comienza a experimentar cierto movimiento de turistas, aunque los signos de recuperación solamente se aprecian a nivel doméstico. Establecida la libertad de movilidad en todo el territorio nacional, China es uno de los primeros países que recupera la actividad del turismo, aunque exclusivamente nacional. No obstante, el turismo doméstico experimentará un descenso del 15,5%, según la China Tourist Academy, lo que supone 932 millones de viajes menos y una disminución anual de ingresos del 20,6% respecto a los datos registrados en 2019.

El primer signo de vuelta a la normalidad en China se ha producido durante las vacaciones del Primero de Mayo, un período de cinco días que la población ha aprovechado para recuperar la actividad del turismo. En este tiempo, China ha registrado 115 millones de desplazamientos, lejos de los 195 millones registrados hace un año. Sin embargo, es un dato que imprime cierto optimismo en la recuperación de la economía, después de que ésta sufriera durante el primer trimestre de 2020 la mayor contracción interanual en cuatro décadas. No obstante, supone un descenso en los ingresos de casi el 60% en comparación con los datos del mismo período del año anterior, según datos del Ministerio de Cultura y Turismo.

La navegación aérea en China también se ha beneficiado de esta vuelta a la normalidad. La primera semana de mayo apenas registró un descenso del 10% de la capacidad respecto a la misma fecha hace un año, aunque es posible que muchos vuelos fueran bastante vacíos. En cambio, en otras latitudes donde los efectos del COVID-19 son todavía muy fuertes, como en el caso de Estados Unidos, el descenso es mucho mayor y alcanza el 73%. Unos datos que muestran cómo avanza la desescalada en aquellas regiones donde el nivel de contagio ha descendido significativamente viendo ya un poco de luz al final del túnel.

A nivel mundial, los países asiáticos y aquéllos de la región de Asia-Pacífico pueden ver su regreso a la normalidad acelerado de cumplirse las previsiones de crear una “burbuja para viajar” entre los países de la zona. Coincide que estos países fueron los primeros en verse afectados por la pandemia, debido a sus múltiples conexiones con China, pero también los primeros que han reportado un menor nivel de contagio. La propuesta de crear un corredor de viajes ha surgido por parte de Australia y Nueva Zelanda, que volverían a reabrir sus fronteras para permitir el tránsito entre los dos países. Sin embargo, no se descarta abrir este corredor a otros países de la región como China, Japón, Corea del Sur y posiblemente Indonesia, de evolucionar positivamente la recuperación de la pandemia en estas zonas.

Aunque todavía no ha pasado de ser un planteamiento a futuro, la fecha de apertura podría darse en agosto, aprovechando la temporada de esquí en Nueva Zelanda y la apertura de los colegios en septiembre. El mensaje es positivo, y podría marcar el camino de cómo establecer la recuperación del turismo en función de cómo prosperen las medidas impuestas en la creación de una burbuja que haga seguros los desplazamientos. Una manera además de dar impulso a unas economías lastradas por la pandemia, y que permitiría que la región pudiera recuperarse antes que el resto de países afectados por el COVID-19. ¿Estaríamos ante un posible mecanismo para la recuperación del turismo?

Diplomacia en tiempos de pandemia. Nieves C. Pérez Rodríguez

En tiempos de pandemia, la tendencia natural de las naciones ha sido cerrar sus fronteras y poner a sus ciudadanos en cuarentena mientras las empresas que han podido seguir operando han establecido un sistema de “teleworking” y a los niños se les trata, con grandes esfuerzos, de seguir educando académicamente desde casa. Todas estas prácticas improvisadas, bien o mal, están funcionando. Todo en medio de unos esfuerzos titánicos para contener el contagio del COVID-19 y evitar más sufrimiento.

En este nuevo escenario que se ha convertido en la nueva realidad también ha surgido un nuevo fenómeno y es el nuevo comportamiento internacional de Beijing, que difiere mucho de las formas a las que nos tenían acostumbrados y que curiosamente en vez de mantener una relativa humildad y aceptar el catastrófico manejo de la crisis en Wuhan, ahora saca pecho y enfrenta a cualquiera que lo incrimine por sus acciones.

Así sucedió en Berlín, en donde la embajada China tuvo un enfrentamiento con el periódico Bild, después de que éste exigiera una compensación a Beijing de unos 160 mil millones de dólares por los daños causados. 

Trump también se hizo eco del coste que estaba suponiendo para Washington y la economía norteamericana el virus.  Y, además sugirió que estaba presionando a las agencias de inteligencia para hacer una minuciosa investigación que determine si el origen del virus fue el Laboratorio de Wuhan. Y asomó la posibilidad de demandar por esos daños. A lo que el ministerio del exterior chino respondió que eso es ridículo.

Australia, por su parte, anunció su deseo de hacer una investigación. Y en esa misma línea Beijing le alertaba del peligro que supone dañar su relación comercial con ellos que son uno de los principales consumidores de productos australianos.

China también ha aprovechado para hacer campaña de sus ayudas a países aliados ideológicamente como es el caso de Venezuela. Beijing envió a finales de marzo un avión con personal médico que entrenaría a los médicos del régimen de Maduro y con material sanitario. Y, a mediados de abril, los medios oficiales chinos anunciaban el envío de una segunda ayuda, “más ayuda a Caracas, basado en la estrecha amistad y lazos profundos de ambos gobiernos”.

Lo mismo sucedió con Cuba, en donde el embajador chino posaba entregando material médico al ministro de Salud cubano y una vez más los medios oficiales chinos usaban las instantáneas para vender una imagen solidaria y humana del gobierno chino.

En contraposición, Beijing amenazó a los Países Bajos con retener ayuda médica por haber cambiado el nombre de la oficina de Taiwán y haber incluido la palabra Taipéi en el nombre.

Mientras, el número de contagios no hace más que aumentar a nivel global. Ya son más de tres millones y medio de casos en el mundo y unos 250 mil fallecidos. Y la respuesta de China es seguir alimentando teorías sobre el origen del COVID-19 en una base militar americana.

La pandemia, que ha dejado ver la vulnerabilidad de un mundo globalizado, está también dejando ver los verdaderos valores del gobierno chino y cómo el Partido Comunista China aprovecha su posición de líder para presionar y conseguir apoyo en un momento tan delicado.

La diplomacia de la ruta de la seda ha dejado ver las miserias de Beijing y el objetivo final de hacerse con el liderazgo no solo regional en Asia sino en el resto del mundo.

La agresiva narrativa china en tiempos de pandemia debería servir a las naciones del mundo para comprender el peligro de mantener dependencia de insumos de un único país, casi exclusivamente. Y lo que significará adherirse a la plataforma del 5G y las consecuencias que eso podría tener para la seguridad nacional de esa nación.

La crisis del coronavirus y su impacto (II: La UE). Isabel Gacho Carmona

Unos manteniéndose en sus dogmas de ortodoxia fiscal, otros reclamando unos coronabonos que mutualicen la deuda. Mientras tanto, mucha negociación y cruce de reproches. Algunos clásicos, como el norte, que acusa al sur de mala gestión fiscal. Otros más novedosos, como Costa sugiriendo que a lo mejor es La Haya quien debe quedarse fuera. O Conte poniendo en la mesa que el ‘dumping’ fiscal sustrae miles de millones a los socios de la UE. -Por cierto, los países de la UE con los mayores casos de Covid-19 han sido los mayores perdedores históricos del impuesto de sociedades de Países Bajos-.

Pese a este escenario, Ignacio Molina, investigador senior del Real Instituto Elcano muestra “cierto optimismo sobre la resiliencia de la UE”, que aplica también a esta nueva crisis. Se va 15 años atrás para ver como hemos superado graves problemas. “Al final, la acumulación de crisis nos puede hacer ver, no tanto que estamos es un estado de barrena y que la policrisis es el estado natural de la Unión, sino que hemos sido capaces de superar desafíos enormes.

Mirando desde la Constitución que no fue a la crisis de refugiados o al Brexit, la conclusión a la que llega es que “la UE sobrevive a todas las crisis buscando compromisos”. ¿La Constitución no logró la aprobación de Francia y Países Bajos? Se crea el Tratado de Lisboa. ¿La crisis del euro tensiona las expectativas políticas y la situación económica del norte y del sur? Se llegan a consensos como la política del BCE, el MEDE o reformas a la gobernanza.

En el caso de la gestión de la Covid-19, Molina achaca la descoordinación inicial a que “la propia naturaleza de la Unión no es especialmente ejecutiva”. Muchos órganos son supranacionales y funcionan sobre el consenso, lo que dificulta la rapidez de las respuestas. Pero, además, las primeras medidas que había que tomar (sanitarias, de movilidad…) son áreas en las que la Unión no tiene competencias.

Ahora bien, esta crisis puede tener consecuencias más letales que las otras porque afecta a todo a la vez: Schengen, el Euro y al pilar fundamental, el sentimiento de comunidad. En este último sentido nos enfrentemos al “gran problema político de la Unión: somos una comunidad, pero 27 espacios distintos de rendición de cuentas”. Sin consensos, corremos el riego de que crezca la imagen de la UE como mal menor, o, en palabras de Charles Powell, “la europeización del fracaso y nacionalización del éxito”.