Bruselas frente la diplomacia de “el bot y la mascarilla”. Isabel Gacho Carmona

Los japoneses llevan tiempo avisando de que ellos ven la cabeza del dragón mientras que en occidente solo vemos la cabeza del oso. Es cierto que ya hace tiempo que hemos puesto el ojo en China, pero quizá no habíamos prestado atención suficiente a sus tácticas de propaganda y desinformación. Mientras las injerencias rusas, sobre todo en procesos electorales, han copado portadas occidentales los últimos años, los esfuerzos de proyección de imagen china han llamado menos la atención. La crisis del covid-19, aceleradora por antonomasia de los procesos que estaban en la mesa internacional, ha hecho lo propio con éste: la propaganda china es más fuerte y nosotros nos hemos fijado. 

Al ser el origen de la pandemia tiene sentido que quieran influir en la narrativa. Y, según la diputada italiana Lia Quartapelle, sencillamente les dejamos hacerlo. “Cuando llegaron aviones chinos con material sanitario, hicimos las ruedas de prensa que solicitaron. Algo que no hicimos cuando llegó el cargamento con 1.000 mascaras alemanas”. Se han hecho muchas cosas desde las instituciones en Europa a todos los niveles, pero no habríamos prestado suficiente atención a los símbolos “no tenemos, por ejemplo, mascarillas con la bandera de la UE”.

En la campaña de propaganda, el apoyo sanitario ha jugado un papel clave, pero los frentes han sido muchos y van desde bots en Twitter a los clásicos medios de comunicación, en este caso los chinos. Más preocupante, sin embargo, es la reciente compra de una parte mayoritaria de Médea, una de las principales agencias de noticias checa, por parte de CITIC. Según Antoine Bondaz “cada vez va a ser más fácil para los medios europeos ser financiados por China, y esto es algo en lo que poner atención”. Esta proyección China podría suponer un riesgo para la UE en cuanto a que favorece el discurso euroescéptico y la división. No hay que olvidar que China es partidaria de la UE, pero se beneficia de su debilidad. Tiene mucho más poder recurriendo a relaciones bilaterales y evitando los grandes consensos en puntos críticos.

Desde luego, la imagen que quiere proyectar China es de actor responsable, de buen gestor, de apoyo. Y podría estar funcionando. La firma SWG, en una encuesta realizada en Italia en marzo, mostraba que un 52% consideraba a China un “país amigable” frente al 10% de enero. Por otro lado, la confianza en las instituciones europeas bajaba a un 27% frente al 42% de marzo. Una tendencia que se ha reflejado en otras encuestas europeas. En España, según el Barómetro del Real Instituto Elcano, aumenta ligeramente el prestigio de China y se convierte en el segundo aliado internacional preferente tras EEUU -la UE no cuenta en la encuesta-. Ahora bien, también crece la percepción de que China es una amenaza.

Mientras tanto, en la UE vimos hace unas semanas como Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) publicó una actualización de un informe sobre desinformación relativa al covid-19 que ha estado envuelta en polémica. Varios diplomáticos denunciaron presiones por parte de Pekín para evitar que se advirtiera de las tácticas propagandísticas de China. La versión final, descafeinada,sí que acabó diciendo que “fuentes oficiales o respaldadas por estados, incluidos Rusia y, en menor medida, China, han distribuido narrativas de conspiración y desinformación” o mencionando tímidamente a bots que han amplificado teewts propagandísticos. Sin embargo, no incluía ni rastro del primer boceto, que comenzaba así: “China ha llevado a cabo una campaña de desinformación global para desviar la culpa del estallido de la pandemia y mejorar su imagen internacional (…) se han observado tácticas tanto abiertas como encubiertas”.

Se puede entender que la presión ejercida sobre el SEAE era de esperar y que no hace más que poner de manifiesto la debilidad china. Pero hay que tener en cuenta que detrás de la diplomacia de “el bot y la mascarilla” hay un actor que se ha mostrado incapaz de controlar su mercado, como han demostrado las compras de material sanitario defectuoso por parte de administraciones a lo largo y ancho del globo. Un actor con el que nos une una relación económica extremadamente asimétrica. Un actor opaco sin voluntad de justificar el autoritarismo e ineficacia que mostró su primera reacción al brote. Nos unen infinidad de lazos y hay que hilar muy fino, pero aunque haya métodos nuevos, la propaganda está inventada hace mucho tiempo, estaría bien democracias viejas como las nuestras hubieran aprendido como hacerle frente de manera eficaz.

THE ASIAN DOOR: Decoupling a la vista, pero no de quien crees. Águeda Parra

La situación de más de dos años de guerra comercial entre Estados Unidos y China ha desencadenado la posibilidad de promover el decloupling de la primera potencia del mundo del mayor exportador mundial. Una forma de reducir el déficit comercial que existe entre ambas economías pero que, asimismo, implica ciertas consideraciones geopolíticas de gran trascendencia. Hasta la llegada del COVID-19, la idea del decoupling estaba íntimamente ligada con las negociaciones de la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Inmersos ahora en una importante crisis sanitaria, la narrativa sobre el decoupling comienza a popularizarse de forma generalizada.

La llegada de la crisis sanitaria ha puesto de manifiesto la dependencia de China que tienen las economías mundiales en muchos productos de primera necesidad. Antes de la pandemia, la producción y abastecimiento estaban garantizados, pero una demanda simultánea en un corto espacio de tiempo en todo el mundo ha hecho aflorar la posibilidad de contemplar una alternativa a China para evitar los casos de descontinuación de la producción que ha sufrido el gigante asiático por efecto de la crisis del COVID-19. Esta situación ha fomentado que se incremente la narrativa sobre el decoupling en Estados Unidos, mientras otros países, como Japón, también se suman a esta iniciativa considerando incentivar a sus empresas para que saquen la producción de China.

Todo lo contrario de lo que sucede con Asia en su conjunto y, especialmente, en el Sudeste Asiático, donde China avanza hacia una mayor integración comercial. En medio de la crisis del COVID-19, el gigante asiático incrementó las exportaciones hacia la región en un 8,5% interanual, desmarcándose de la previsión de los analistas que pronosticaban una reducción del 12%. Si algo ha demostrado la pandemia es la continua integración económica de las economías asiáticas que lejos de la estrategia promovida por Estados Unidos de fomentar el decoupling de China, Asia está consolidando una mayor integración con el gigante asiático, lo que, en definitiva, supondrá un decoupling de Estados Unidos.

El mes de abril ha registrado incrementos de compra de hasta el 50% de productos chinos por parte de Taiwán, Vietnam, Tailandia e Indonesia, justo en medio de la pandemia. A la inversa, la tendencia es la misma, y las importaciones de China desde Asia también se han incrementado. Una tendencia que puede estar provocada por la discontinuidad de la producción en los países occidentales, más afectados en ese momento por la crisis sanitaria. Sin embargo, en una situación post-pandemia, estos mayores flujos comerciales con Asia pueden hacerse permanentes y reforzar la creciente integración económica que ya se aprecia entre las principales economías asiáticas.

El comercio de semiconductores también se ha incrementado, recibiendo China un volumen mayor por parte de Japón del que éste envía a Estados Unidos. La guerra comercial continúa, y Estados Unidos ha extendido un año más la prohibición de que las compañías vendan componentes al proveedor chino de telecomunicaciones Huawei, de ahí que la necesidad de aprovisionamiento del gigante asiático de semiconductores procedentes de otros países haya crecido. En el largo plazo, esta estrategia de Estados Unidos no va a impactar en la capacidad de China para conseguir ser autosuficiente de la tecnología extranjera, pero estas restricciones sí van a perjudicar, sin embargo, la competitividad de las marcas americanas en el mercado chino.

La crisis sanitaria del COVID-19 ha reforzado la narrativa de Estados Unidos de fomentar el decoupling de China, pero las tensiones económicas provocadas por la situación post-pandemia no van a hacer sencillo que ese proceso se produzca, de producirse, en el corto plazo. Sin embargo, en este tiempo China continuará con su ambición de ser independiente de la tecnología extranjera a través del impulso que está aportando la iniciativa Made in China 2025 a su industria. De esta forma, el gigante asiático continuará con su estrategia de fomentar alianzas con otras empresas tecnológicas no estadounidenses. Lo que empezó siendo un decoupling de Estados Unidos de China puede terminar convirtiéndose en un efecto decoupling de Asia de Estados Unidos liderado por China.

Pandemia y seguridad, una lección del COVID-19. Julio Trujillo

La crisis sanitaria que recorre el mundo, como aquel fantasma del comunismo que anunció Marx y que tan catastrófico ha sido para la humanidad, además del riesgo para la salud pública está revelando las vulnerabilidades institucionales ante una epidemia. En realidad, el COVID-19 está planteando un trágico supuesto táctico sobre lo que supondría un ataque con armas biológicas y es de esperar que los servicios especializados estén analizando este escenario y sacando las conclusiones pertinentes.

No hay ninguna evidencia de que el COVID-19 haya sido creado artificialmente, por muchos que las administraciones china y estadunidense se empeñen en extender sospechas cada una sobre la otra. Pero el resultado sería el mismo y hay que estudiar la situación como si de una agresión voluntaria se tratara para tomar las medidas preventivas necesarias.

A finales de los años 70 se supo que Estados Unidos había desarrollado una bomba de neutrones (bomba N) derivada de las bombas A y H, que implicaba la destrucción biológica masiva pero la salvaguarda de infraestructuras, armas y sistemas de producción. Es decir, la miseria ética y moral absoluta y la situación ideal para la destrucción de un enemigo y el final de una conflagración. Pues esos mismos resultados, con menos inversión probablemente, los pueden obtener las armas biológicas y esa preocupación ha llevado desde hace mucho tiempo a la creación de unidades militares que integran los riesgos de armas biológicos juntos a los nucleares y químicas (las unidades llamadas NBQ).

Todos los países, y especialmente las grandes potencias dedicas muchos recursos a las investigaciones y al espionaje)  en este campo y China es particularmente agresiva.

El descubrimiento por parte de los servicios de inteligencia belgas de que agentes chinos han espiado en los últimos años a los expertos belgas en guerra biológica y vacunas en las instalaciones que tiene en Bélgica la multinacional farmacéutica británica GlaxoSmithKline (GSK) y en otras empresas y laboratorios de alta tecnología como el Departamento de Biología de la Universidad Católica de Lovaina pone de relieve la actualidad y la necesidad de actualizar continuamente los mecanismos de defensa. Este es otro de de los efectos secundarios y una de las lecciones de la actual crisis sanitaria.

THE ASIAN DOOR: ¿Viajar? En breve un placer de unos pocos. Águeda Parra

Establecer un nuevo récord en el número de ciudadanos chinos que viajan al extranjero no va a ser posible durante 2020. Las restricciones impuestas a la movilidad internacional causadas por la pandemia del COVID-19 van a impedir que se supere la cifra de 145 millones de turistas chinos que se contabilizaron en 2019. La movilidad internacional está reducida a niveles nunca antes vistos, pero el placer de viajar se recuperará a medida que se vayan relajando las medidas de confinamiento promovidas por la crisis sanitaria.

China es una de esas regiones que comienza a experimentar cierto movimiento de turistas, aunque los signos de recuperación solamente se aprecian a nivel doméstico. Establecida la libertad de movilidad en todo el territorio nacional, China es uno de los primeros países que recupera la actividad del turismo, aunque exclusivamente nacional. No obstante, el turismo doméstico experimentará un descenso del 15,5%, según la China Tourist Academy, lo que supone 932 millones de viajes menos y una disminución anual de ingresos del 20,6% respecto a los datos registrados en 2019.

El primer signo de vuelta a la normalidad en China se ha producido durante las vacaciones del Primero de Mayo, un período de cinco días que la población ha aprovechado para recuperar la actividad del turismo. En este tiempo, China ha registrado 115 millones de desplazamientos, lejos de los 195 millones registrados hace un año. Sin embargo, es un dato que imprime cierto optimismo en la recuperación de la economía, después de que ésta sufriera durante el primer trimestre de 2020 la mayor contracción interanual en cuatro décadas. No obstante, supone un descenso en los ingresos de casi el 60% en comparación con los datos del mismo período del año anterior, según datos del Ministerio de Cultura y Turismo.

La navegación aérea en China también se ha beneficiado de esta vuelta a la normalidad. La primera semana de mayo apenas registró un descenso del 10% de la capacidad respecto a la misma fecha hace un año, aunque es posible que muchos vuelos fueran bastante vacíos. En cambio, en otras latitudes donde los efectos del COVID-19 son todavía muy fuertes, como en el caso de Estados Unidos, el descenso es mucho mayor y alcanza el 73%. Unos datos que muestran cómo avanza la desescalada en aquellas regiones donde el nivel de contagio ha descendido significativamente viendo ya un poco de luz al final del túnel.

A nivel mundial, los países asiáticos y aquéllos de la región de Asia-Pacífico pueden ver su regreso a la normalidad acelerado de cumplirse las previsiones de crear una “burbuja para viajar” entre los países de la zona. Coincide que estos países fueron los primeros en verse afectados por la pandemia, debido a sus múltiples conexiones con China, pero también los primeros que han reportado un menor nivel de contagio. La propuesta de crear un corredor de viajes ha surgido por parte de Australia y Nueva Zelanda, que volverían a reabrir sus fronteras para permitir el tránsito entre los dos países. Sin embargo, no se descarta abrir este corredor a otros países de la región como China, Japón, Corea del Sur y posiblemente Indonesia, de evolucionar positivamente la recuperación de la pandemia en estas zonas.

Aunque todavía no ha pasado de ser un planteamiento a futuro, la fecha de apertura podría darse en agosto, aprovechando la temporada de esquí en Nueva Zelanda y la apertura de los colegios en septiembre. El mensaje es positivo, y podría marcar el camino de cómo establecer la recuperación del turismo en función de cómo prosperen las medidas impuestas en la creación de una burbuja que haga seguros los desplazamientos. Una manera además de dar impulso a unas economías lastradas por la pandemia, y que permitiría que la región pudiera recuperarse antes que el resto de países afectados por el COVID-19. ¿Estaríamos ante un posible mecanismo para la recuperación del turismo?

Diplomacia en tiempos de pandemia. Nieves C. Pérez Rodríguez

En tiempos de pandemia, la tendencia natural de las naciones ha sido cerrar sus fronteras y poner a sus ciudadanos en cuarentena mientras las empresas que han podido seguir operando han establecido un sistema de “teleworking” y a los niños se les trata, con grandes esfuerzos, de seguir educando académicamente desde casa. Todas estas prácticas improvisadas, bien o mal, están funcionando. Todo en medio de unos esfuerzos titánicos para contener el contagio del COVID-19 y evitar más sufrimiento.

En este nuevo escenario que se ha convertido en la nueva realidad también ha surgido un nuevo fenómeno y es el nuevo comportamiento internacional de Beijing, que difiere mucho de las formas a las que nos tenían acostumbrados y que curiosamente en vez de mantener una relativa humildad y aceptar el catastrófico manejo de la crisis en Wuhan, ahora saca pecho y enfrenta a cualquiera que lo incrimine por sus acciones.

Así sucedió en Berlín, en donde la embajada China tuvo un enfrentamiento con el periódico Bild, después de que éste exigiera una compensación a Beijing de unos 160 mil millones de dólares por los daños causados. 

Trump también se hizo eco del coste que estaba suponiendo para Washington y la economía norteamericana el virus.  Y, además sugirió que estaba presionando a las agencias de inteligencia para hacer una minuciosa investigación que determine si el origen del virus fue el Laboratorio de Wuhan. Y asomó la posibilidad de demandar por esos daños. A lo que el ministerio del exterior chino respondió que eso es ridículo.

Australia, por su parte, anunció su deseo de hacer una investigación. Y en esa misma línea Beijing le alertaba del peligro que supone dañar su relación comercial con ellos que son uno de los principales consumidores de productos australianos.

China también ha aprovechado para hacer campaña de sus ayudas a países aliados ideológicamente como es el caso de Venezuela. Beijing envió a finales de marzo un avión con personal médico que entrenaría a los médicos del régimen de Maduro y con material sanitario. Y, a mediados de abril, los medios oficiales chinos anunciaban el envío de una segunda ayuda, “más ayuda a Caracas, basado en la estrecha amistad y lazos profundos de ambos gobiernos”.

Lo mismo sucedió con Cuba, en donde el embajador chino posaba entregando material médico al ministro de Salud cubano y una vez más los medios oficiales chinos usaban las instantáneas para vender una imagen solidaria y humana del gobierno chino.

En contraposición, Beijing amenazó a los Países Bajos con retener ayuda médica por haber cambiado el nombre de la oficina de Taiwán y haber incluido la palabra Taipéi en el nombre.

Mientras, el número de contagios no hace más que aumentar a nivel global. Ya son más de tres millones y medio de casos en el mundo y unos 250 mil fallecidos. Y la respuesta de China es seguir alimentando teorías sobre el origen del COVID-19 en una base militar americana.

La pandemia, que ha dejado ver la vulnerabilidad de un mundo globalizado, está también dejando ver los verdaderos valores del gobierno chino y cómo el Partido Comunista China aprovecha su posición de líder para presionar y conseguir apoyo en un momento tan delicado.

La diplomacia de la ruta de la seda ha dejado ver las miserias de Beijing y el objetivo final de hacerse con el liderazgo no solo regional en Asia sino en el resto del mundo.

La agresiva narrativa china en tiempos de pandemia debería servir a las naciones del mundo para comprender el peligro de mantener dependencia de insumos de un único país, casi exclusivamente. Y lo que significará adherirse a la plataforma del 5G y las consecuencias que eso podría tener para la seguridad nacional de esa nación.

La crisis del coronavirus y su impacto (II: La UE). Isabel Gacho Carmona

Unos manteniéndose en sus dogmas de ortodoxia fiscal, otros reclamando unos coronabonos que mutualicen la deuda. Mientras tanto, mucha negociación y cruce de reproches. Algunos clásicos, como el norte, que acusa al sur de mala gestión fiscal. Otros más novedosos, como Costa sugiriendo que a lo mejor es La Haya quien debe quedarse fuera. O Conte poniendo en la mesa que el ‘dumping’ fiscal sustrae miles de millones a los socios de la UE. -Por cierto, los países de la UE con los mayores casos de Covid-19 han sido los mayores perdedores históricos del impuesto de sociedades de Países Bajos-.

Pese a este escenario, Ignacio Molina, investigador senior del Real Instituto Elcano muestra “cierto optimismo sobre la resiliencia de la UE”, que aplica también a esta nueva crisis. Se va 15 años atrás para ver como hemos superado graves problemas. “Al final, la acumulación de crisis nos puede hacer ver, no tanto que estamos es un estado de barrena y que la policrisis es el estado natural de la Unión, sino que hemos sido capaces de superar desafíos enormes.

Mirando desde la Constitución que no fue a la crisis de refugiados o al Brexit, la conclusión a la que llega es que “la UE sobrevive a todas las crisis buscando compromisos”. ¿La Constitución no logró la aprobación de Francia y Países Bajos? Se crea el Tratado de Lisboa. ¿La crisis del euro tensiona las expectativas políticas y la situación económica del norte y del sur? Se llegan a consensos como la política del BCE, el MEDE o reformas a la gobernanza.

En el caso de la gestión de la Covid-19, Molina achaca la descoordinación inicial a que “la propia naturaleza de la Unión no es especialmente ejecutiva”. Muchos órganos son supranacionales y funcionan sobre el consenso, lo que dificulta la rapidez de las respuestas. Pero, además, las primeras medidas que había que tomar (sanitarias, de movilidad…) son áreas en las que la Unión no tiene competencias.

Ahora bien, esta crisis puede tener consecuencias más letales que las otras porque afecta a todo a la vez: Schengen, el Euro y al pilar fundamental, el sentimiento de comunidad. En este último sentido nos enfrentemos al “gran problema político de la Unión: somos una comunidad, pero 27 espacios distintos de rendición de cuentas”. Sin consensos, corremos el riego de que crezca la imagen de la UE como mal menor, o, en palabras de Charles Powell, “la europeización del fracaso y nacionalización del éxito”.

Corea del Norte en medio de la crisis del COVID-19. Nieves C. Pérez Rodríguez

Mientras la mayoría del planeta se centra en combatir el coronavirus que ya lleva más de 100.000 infectados y supera los 3.000 decesos a nivel global, surge la incógnita. ¿Y Corea del Norte? Es un país que comparte fronteras con China, país de origen del COVID-19 y con el mayor número de infectados del mundo, y Corea del Sur, el vecino que ha respondido más agresivamente a la crisis con laboratorios temporales en las calles y que ha podido hacer casi 160.000 pruebas a día de hoy.

Corea del Norte, enclavado en medio del brote de la epidemia, no ha reportado ningún caso aún, lo que es curioso, partiendo de que su principal socio es China y cuyos intercambios, tanto de mercancías como de personas, son constantes. Aunque Pyongyang fue rápido y astuto y se cerró herméticamente. La primera medida fue cerrar las fronteras, así como todos los lugares públicos de visitas masivas; cerraron los colegios por un mes, suspendieron actividades turísticas y pusieron en cuarentena a extranjeros y nacionales que habían estado en el exterior. Probablemente las medidas son sensatas frente a un brote como el que hemos visto, pero que para un régimen como el norcoreano son fáciles de ejecutar debido al nivel de control que tienen de todos los sectores de la sociedad.

“Corea del Norte no está preparada para una emergencia médica como la del COVID-19. Con un sistema de salud tan precario, que carece de inversión pública, lo hace más vulnerable a un brote de este tipo que ningún otro país del mundo”, afirma Sue Mi Terri (experta en asuntos coreanos y miembro de Centro para los estudios internacionales y estratégicos en Washington D.C.).

Mi Terri explica cómo las condiciones del país, en el que el 43% de la población, unos 11 millones de habitantes, están malnutridos, lo hacen más vulnerables a contraer infecciones y cualquier tipo de enfermedades. Como si eso no fuera suficiente, Corea del Norte es el país que invierte menos en infraestructuras sanitarias en el mundo, menos de 1 dólar por habitante por año. Asimismo sostiene que más de la mitad de los hospitales en la nación no cuentan con acceso a agua corriente, ni condiciones sanitarias mínimas y las redes eléctricas del país han decaído tremendamente, por lo que la electricidad es intermitente hasta en los hospitales.

Por su parte, los medios de comunicación estatales norcoreanos han reportado extensamente sobre el brote de COVID-19, así como han intentado educar a la población para prevenir la infección. El aparato de propaganda del régimen es muy astuto, sabe como llegarle a la población, conoce profundamente sus debilidades y sabe cuales es la situación doméstica sanitaria y el pavoroso escenario en el que se encontraría si hubiera un brote del virus allí.

Mientras tanto, Pyongyang ha aprovechado los canales diplomáticos para pedir apoyo. Así lo hizo con la Cruz Roja Internacional, Médicos sin fronteras, Organización Mundial de la Salud, y otras organizaciones de esta naturaleza.

Cruz Roja y Media Luna Roja recibieron una exención de las sanciones de Naciones Unidas, impuestas a Corea del Norte por la Resolución 1718 (2006) del Consejo de Seguridad lo que permite la provisión de apoyo vital para proteger a las personas de la propagación del COVID-19, de acuerdo con la página oficial de la Cruz Roja publicado el 24 de febrero.

El pasado 20 de febrero Radio Free Asia reportó que en un hospital de la ciudad de Chongjin, al norte del país, se había incinerado 12 cuerpos de pacientes que habían fallecido de enfermedades respiratorias. El caso llamó la atención puesto que no es costumbre en Corea del Norte cremar los cuerpos. Sin embargo, esta información no ha sido posible verificarla.

Con casos o sin casos de contagios del COVID-19 en Corea del Norte, lo que sí se puede predecir es el impacto económico que tendrá en la economía norcoreana. Con las duras sanciones impuestas tanto por Naciones Unidas como por los Estados Unidos, la importación de casi todos los productos está prohibida.  China y Rusia habían sido los aliados que les habían ayudado a burlar un poco las sanciones, pero durante el cierre total de fronteras estas prácticas no han podido llevarse a cabo, lo que dificultará más aún la adquisición de alimentos y productos de primera necesidad.

En medio de esta tremenda crisis, Kim Jon-un decidió lanzar dos misiles el pasado 2 de marzo, que de acuerdo con los análisis de expertos fueron lanzados tan sólo con 20 segundos de diferencia entre uno y otro y con un alcance de 240 km. Su destino fue el mar de Japón. Es muy significativo que el lanzamiento se ejecute a tan sólo días de que Washington y Seúl hayan cancelado sus maniobras militares anuales y después que Corea del Sur informara de más de 20 casos de contagios en sus filas militares.

La lógica de Kim nunca ha sido congruente con la lógica de Occidente. Pero el mensaje de estos misiles es muy difuso. En un momento de tal dificultad interna, regional y global, busca hacerse sentir a través del miedo que infunda en la comunidad internacional, mientras pide ayuda a las ONGs sanitarias, lo que lleva consigo levantamiento temporal de sanciones. No cabe duda de que los dictadores saben bien como usar el terror para conseguir sus objetivos.

El coronavirus en Xinjiang. Nieves C. Pérez Rodríguez

Comenzamos el tercer mes del año y el coronavirus –COVID 19- ocupa más espacios en los titulares y noticieros del mundo que hace un par de semanas. La crisis sanitaria sigue expandiéndose por todos los continentes con un número de infectados en crecimiento, aunque proporcionalmente el número de decesos sigue siendo bajo, y en su mayoría son individuos con una condición médica comprometida que les hace mucho más vulnerables frente a cualquier virus.

En China, los números oficiales muestran una caída de infectados y las autoridades insisten en tener la situación controlada. Sin embargo, el número de contagios fuera de China podrían demostrar que los datos facilitados por Beijing nunca fueron fiables. Así como se pone en cuestión el método de diagnóstico empleado.

El virus de Wuhan se ha extendido también por otras provincias chinas, entre ellas Xinjiang, la región autónoma de los uigures que de momento cuenta con 76 casos confirmados, de los cuales 62 se han recuperado, 21 casos continúan y 3 decesos, según datos del Instituto John Hopkins -que son actualizados al minuto-.

En una rueda de prensa organizada en Washington D.C. por el “Proyecto de derechos humanos de los uigures” -UHRP por sus siglas en inglés-, a la que asistió 4Asia, fueron presentados fotos y videos que evidencian el estado de desesperación de los habitantes de Xinjiang ante las excesivas medidas a las que los locales están siendo sometidos. Medidas como precinto de las puertas de las viviendas, junto con carteles en chino, kazajo y en uigur exhortando a los residentes a descansar en casa y permanecer saludables. 

Esta región fue puesta en cuarentena el 24 de enero, después de que se conocieran al menos 2 casos del COVID-19 en Ürümchi, la capital económica y política de la región de los uigures. “La cuarentena se declaró y se impuso simultáneamente, por lo que la población no tuvo tiempo a prepararse y almacenar alimentos. En medio de este aislamiento, los locales se han visto obligados a permanecer encerrados sin suministros e insumos, y sin un plan de distribución, tal y como se ha visto en otras ciudades chinas, donde se hace entrega a domicilio de medicinas y víveres”, afirma la doctora Elisa Anderson, investigadora de la UHRP.

En uno de los vídeos que presentaron se ve un hombre de unos 30 a 40 años que grita que tanto él, como su mujer y su hijo tienen hambre y mostrando una desesperación agónica se golpea contra un poste de luz. También mostraron un grupo de fotos que prueban como las puertas de las viviendas han sido precintadas.

En este evento participó la Dra. Maya Mitalipova, investigadora del Instituto para Investigación Biomédica de Boston, que cuestionó la información oficial china, basándose en la rapidez de contagio que se ha podido constatar afuera de China. Y sobre todo se mostró preocupada por los “centros de reeducación” que tiene Beijing en Xinjiang y las paupérrimas condiciones sanitarias que han descrito algunos de los internados que han podido salir al exterior.

4Asia conversó con la Dra. Mitalipova sobre cuál es su pronóstico del coronavirus en Xinjiang y esto fue los que nos dijo: “el mejor ejemplo es el del edificio en Wuhan donde se sabía de un individuo contagiado que permaneció aislado en su vivienda, y en un término de 2 semanas 700 residentes de ese edificio fueron contagiados, sólo en dos semanas. Este caso se puede trasladar a los campos de detención de Xinjiang; si una persona contagiada, como un guardia de seguridad, en tan sólo dos semanas tendríamos miles, insiste, miles de infectados. Si a la infección del COVID-19 se le suma las condiciones dentro de estos campos como ausencia de agua corriente, falta de asistencia médica apropiada, ausencia de medicamentos, mala nutrición de los detenidos y sin temor a especular un sistema inmunológico bastante débil por el mismo estrés bajo al que están sometidos allí, y la falta de descanso y sueño, todo eso es el peor caldo de cultivo para acabar con miles de casos de infección, muchos de ellos graves y sin dudas muchos fatales”.

La Dra. Mitallipova explicó que la mayor parte de estos centros están en las ciudades o pueblos del sur, debido a que en esta área se han mantenido mucho más las prácticas tradicionales uigures que en el norte. Sobre todo, en ciudades como Hotan, Kaxgar, Aksa o Turpan, lo que en su opinión obedece a un intento de acabar con el idioma y las tradiciones musulmanes históricas que ha mantenido esta minoría viva durante siglos. Desafortunadamente no se conocen datos de estos lugares en concreto y menos aún de los centros de detención, afirma.

Obviamente no se puede culpar a Beijing del virus, pero si debemos y podemos cuestionar cómo han manejado esa crisis y de manera especial denunciar que estén precintando viviendas para asegurarse de que los ciudadanos permanezcan en cuarentena, sin tener previsto un plan de distribución de alimentos, pues al final la desesperación por hambre será mayor que la sensatez a permanecer aislado frente a un virus altamente contagioso.

El Coronavirus y la erosión del liderazgo chino. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- El coronavirus se ha convertido en la crisis sanitaria más seria de los últimos años, en la que las medidas, por extremas que han sido, no han conseguido detener el número de infectados y desafortunadamente tampoco de fallecidos (a pesar de que esta última cifra es baja comparativamente con la demografía de la Provincia de Hubei, y aún más baja si se compara con la población de China).

A siete semanas de que el gobierno chino hiciera pública la emergencia, y construyeran hospitales en tiempo récord, todo indica que el manejo de la crisis no fue exitoso en las primeras horas en el epicentro del brote. Y que en las primeras semanas se cometieron errores graves de diagnósticos que han contribuido a una mayor propagación del virus.

Algunas fuentes locales sostienen que la cuarentena fue declarada tarde considerando el momento del año en que sucedió el brote, justo antes de la celebración del año nuevo chino, fiesta que moviliza más ciudadanos que ninguna otra festividad en el mundo, por lo que Beijín debió actuar con más prontitud.

Aunque, ciertamente, las declaratorias de cuarentenas siempre abren un dilema. Por un lado, pueden ser pronunciadas muy pronto, con lo cual se contiene la epidemia, pero la percepción pública podría ser negativa ante los inconvenientes y la sensación de que fue una medida exagerada. O, por el contrario, se declara tarde -como parece haber sucedido en Wuhan- por lo que los casos de contagios se multiplican rápidamente.

Otro problema es el sistema sanitario chino, que en plena crisis ha dejado ver su debilidad y precariedad. El número de personal sanitario parece no ser insuficiente para dar abasto a la crisis, así como los estándares usados no parecen estar al nivel de los estándares de occidente. Y la prueba es que a finales de la semana se incorporaron a las estadísticas un gran número de contagiados y decesos, que inicialmente no fueron contabilizados ni diagnosticados como contagiados del coronavirus. Algo que parece haber previsto la comunidad internacional, debido a las tempranas medidas extremas que se tomaron de evacuación de la zona afectada, seguido por la paralización de vuelos a muchos destinos chinos.

Lo que deriva en otro gran problema que es la falta de confianza que genera China en la comunidad Internacional. Thomas Bossert (ex asesor de seguridad nacional de Trump y de Bush) afirmó la semana en un evento sobre la crisis del coronavirus en el Atlantic Council en Washington, que “el problema en el que nos encontramos ahora es de confianza pública que a su vez circunscribe la seguridad sanitaria pública, lo que es también un asunto de Seguridad Nacional. Esto parece haberse fracturado en China y empieza a haber una tensión que no habíamos visto antes en la sociedad civil china ni en el liderazgo chino”.

Así mismo, Bossert apuntó que cuando tuvo lugar la crisis del SARS la economía china representaba tan sólo el 5% del Producto Interior Bruto mundial, y esa crisis generó el pánico de las empresas y cadenas de distribución en su momento. Por lo que fue muy irresponsable que occidente dejará en las manos de China la mayor producción de suministros y productos de uso diario después de haber tenido esa experiencia. Hoy la economía china representa el 16% de la economía mundial y las manufacturas de gran parte de esos productos sigue estando en el continente chino.

Rebecca Gustafson (portavoz de la ONG Project Hope, cuyo foco es la atención sanitaria y que opera en China hace más de veinte años) afirmó que ellos han formado personal médico en la región afectada, y ni siguiera por eso tienen acceso a cifras claras. Saben que los síntomas que presentan los pacientes pueden variar de unos a otros, por lo que no hay un patrón que sigue la enfermedad, lo que es mucho más difícil para su diagnóstico.

Gustafson afirma también que la información es confusa, la gente cree más lo que dice un vecino o un familiar que lo que se dice oficialmente. Se han borrado las plataformas de WeChat con la idea de acabar con rumores. Los precios de suministros médicos se han disparado a un 20% por encima de su valor. Y ahora hasta se está cuestionando si la transmisión pudiera ocurrir por los sistemas de conductos de aire y calefacción de viviendas de edificios enormes en los que habitan cientos de familias.

Es prematuro poder hacer cálculos del impacto del coronavirus, en cuanto al número de víctimas mortales en China, es muy poco probable que nunca lleguemos a conocer las cifras reales, si consideramos que hay varios periodistas desaparecidos que se dedicaron a subir información de hospitales, publicar fotos, y alertar de la gravedad de la situación en las redes sociales chinas. Claramente han sido neutralizados por el gobierno chino, en consonancia con sus métodos. En cuanto al impacto económico, Beijín parece estar intentando un plan de restablecimiento de los empleos para evitar más freno económico. Sin embargo, al final del primer trimestre veremos una parada importante en el crecimiento económico chino. Incluso en el sector de turismo global, The Economist calculaba que el impacto del virus será de unos 80.000 millones de dólares, debido a que la salida de viajeros chinos no se recupera hasta el próximo año.

La aparición de Xi Jinping en público la semana pasada, visitando enfermos en un hospital, demuestra que la propaganda del partido comunista chino está activa en acercar el líder al pueblo, y difuminar la negativa imagen que el manejo de ésta crisis ha dejado.

Y sin mucho temor a equivocación se puede afirmar que los casos de transmisiones no sintomáticas seguirán siendo un problema para China y por lo tanto para el mundo, hasta que Beijing finalmente ponga en marcha un plan de acción o un método de diagnostico más eficaz. Quizá siendo más abiertos y permitiendo la entrada de personal especializado internacional la situación se podría serenar.