El coronavirus no es culpa de Beijing, pero sí de sus maniobras. Nieves C. Pérez Rodríguez

Después de tanto hablar de la crisis del coronavirus y de la presión internacional, la Organización Mundial de la Salud -OMS- decretó emergencia mundial el jueves pasado al final del día. Justo al cumplirse una semana de la puesta en cuarentena de la ciudad de Wuhan, epicentro del brote. 

Todo indica que esa declaración debió haberse hecho antes, pues las evacuaciones de extranjeros ya estaban planificadas a principios de la semana, y se había comprobado un gran número de contagios, que rápidamente ha superado el número del SARS en tan sólo un mes de que el gobierno de Beijing anunciara oficialmente la epidemia.

La alerta mundial se disparó antes de que se oficializara la emergencia. Por lo que países como Estados Unidos, Canadá, Japón, la UE en conjunto, Australia, Nueva Zelanda, Indonesia, Corea del Sur, India, Turquía, Bangladesh y Egipto evacuaron o prepararon las evacuaciones de sus ciudadanos incluso antes de que la OMS acordara la decisión.

Las personas evacuadas son puestas en cuarentena en sus países de origen en lugares preparados para ello. Así lo ha hecho Estados Unidos en una base militar en la costa oeste, al igual que Inglaterra y España, por citar unos ejemplos. Mientras que Australia ha dispuesto una isla remota para hacerlo, la Isla Navidad, ubicada a 2000 km del continente.

Estados Unidos, además, ha emitido un aviso de alerta nivel 4 para viajes a China, su nivel más alto de cautela. Las aerolíneas estadounidenses más grandes han detenido los vuelos a China.  Así como lo ha hecho también la UE, Rusia, Israel, Australia, Singapur y Vietnam.

Por su parte, Hong Kong ha suspendido los colegios hasta marzo mientras confirma que aumentan sus casos y preocupación por lo bajo de suministros. Y el pasado fin de semana, una de las autoridades hongkonesas del sector salud pedía el cierre de la frontera con China, para evitar más contagios, y el personal sanitario pedía ir a la huelga para presionar por el mencionado cierre.

Pero mientras todas esas medidas extremas se decidían y ejecutaban, el presidente de la OMS -Tedros Adhanom- aprovechaba la rueda de prensa en la que se declaró la emergencia, y fuera de contexto, ensalza a los líderes chinos y el buen trabajo que éstos han hecho. “El gobierno chino tiene que felicitarse por las extraordinarias medidas que han tomado para contener el virus, a pesar del impacto social y económico”, “las medidas de contención del virus son realmente impresionantes lo que no pueden expresarse en palabras”, así como alabó “la transparencia y el compromiso que China ha mostrado”. Mientras insistía en que la declaración de la emergencia no se debe a lo que está sucediendo en China sino a lo sucede en otros países con sistemas sanitarios más débiles. “No es una declaración en contra de la confianza de China, por el contrario, seguimos teniendo confianza en la capacidad de China de controlar la crisis”.

En Ginebra la presión para que la OMS declarará la emergencia fue tremenda y a pesar de ello, dilataron el anuncio todo lo que pudieron, y finalmente hicieron la declaratoria de emergencia, pero dejando claro que Beijing tiene influencia en la toma de decisión, al no escatimar en cumplidos a las “extraordinarias acciones tomadas por los líderes chinos” y dejando claro que la declaración se hace por otros países vulnerables no por la falta de diligencia china de manejar la crisis.

Hay razones para cuestionar la transparencia de Beijing desde el principio. Al menos, la velocidad con la que dieron información. El sábado pasado se hizo público un estudio hecho por científicos en la Universidad de Hong Kong en la que se estima que podría haber casi 78.000 infectados en Wuhan.  Asimismo, las imágenes de cadáveres que supuestamente contrajeron el coronavirus y que están circulando por las redes sociales chinas son aterradoras.

Taiwán ha solicitado a través de todos los mecanismos formales y políticos la participación en las reuniones del coronavirus de la OMS, basada en la cercanía geográfica, en el hecho de que tienen varios diagnosticados, y en que podrían ayudar con la investigación, pero no han conseguido más que ser bloqueados. Estados Unidos y Canadá han intentado abogar por su participación. El mismo Congreso estadounidense envío una carta a la OMS en la que expresan su preocupación por la exclusión de Taiwán.  Pero este bloqueo es otro ejemplo de la injerencia china en la OMS, que antepone sus intereses imperialistas a los originales intereses de la Organización.

Otro componente que la crisis pone en evidencia es la dependencia que tienen muchos países y/o regiones de productos chinos de uso diario, y cómo estos insumos no han podido ser reabastecidos. Por lo que esta crisis y corte de suministros podría fomentar la reorganización de las relaciones geopolíticas en la zona, y la posible apertura a nuevas oportunidades para otros países y empresas a recuperar esos mercados o ingresar en ellos.

Y sin lugar a dudas, el coronavirus no sólo habrá dejado víctimas en China sino un estancamiento económico muy considerable, que aún es prematuro predecir.

Coronavirus y riesgos

La crisis sanitaria originada por el coronavirus procedente de China ha puesto de relieve la vulnerabilidad de los sistemas sanitarios de los principales países del Asia oriental (al margen de China y con la excepción de Corea del Sur, Japón y Taiwán), y no digamos de los países del Asia central. La presión demográfica, las desigualdades entre ciudadanos y modelos de prestación sanitaria y la dependencia tecnológica (en gran parte de China) definen estructuras poco adecuadas para hacer frente a crisis y alertas de gran magnitud. La primera muerte de la epidemia fuera de China, ocurrida en Filipinas, ha elevado varios puntos la alarma.

En realidad, por mucho que se empeñen personas y medios en vender catástrofes y cataclismos tras cada esquina, no existe riesgo de una situación de apocalipsis. Como se han encargado de señalar y repetir los expertos y las autoridades, la mortalidad provocada por el virus no es extraordinaria; aunque hay desconfianza sobre las cifras ofrecidas por China no existen datos de que haya una gran desviación de éstas y todo hace indicar que, con los amplios recursos de un sistema autoritario y con liquidez relativa, China está actuando con intensidad.

Pero es en los países de alrededor donde puede estar la falla que origine una crisis más grave. Si este virus se extiende por Indochina e India la situación será más complicada y es ahí donde está la principal preocupación.

Por otra parte, y como con cada alarma de este tipo, se recrudecen las teorías conspirativas que, ¡cómo no!, apuntan a negligencias o intentos criminales  … de Occidente.  Las redes sociales son el escenario en el que las supersticiones, la ignorancia, la demagogia y la irresponsabilidad están desplazando a la ciencia, la razón y el sentido común. Es evidente que esta crisis puede afectar a los escenarios geopolíticos y las alianzas y esto va a verse con relativa velocidad.