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Venezuela: un test para las inversiones asiáticas

América, desde el Río Bravo hasta la Antártida se ha venido configurando como una región estratégica, política, pero sobre todo económica, para las inversiones de China y Japón, atentos a unas economías tan frágiles como necesitadas y tan dependientes como desconfiadas del gigante del norte: Estados Unidos. Del éxito de esa estrategia económica dependen no sólo los beneficios sino la propia y deseada influencia política.

Pero el escenario político latinoamericano ha cambiado. El estrepitoso fracaso de las políticas populista de gasto público desmesurado y de intervencionismo estatal no sólo han situado la corrupción y el narcopoder en situación de crear estados fallidos, sino que, a la vez, han vaciado de contenido las democracias, que en aquella región han sido históricamente frágiles.

En este nuevo escenario, la solución de la crisis venezolana y si de ella se deriva una recuperación de la democracia y una economía abierta o una salida autoritaria va a tener una importancia enorme. Por eso, China, pragmática y nacionalista, es menos entusiasta en apoyar a Maduro y se abre a explorar relaciones con el presidente constitucional Guaidó.

Para Japón la situación es más fácil. Sus inversiones están menos orientadas a Venezuela y más a la costa del Pacífico y los países de aquella zona se han alineado contra el proyecto totalitario de Maduro. Pero eso no quiere decir que no deba estar atento a la evolución de la situación general.

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INTERREGNUM: El sureste asiático en 2019. Fernando Delage

Ante el juego mayor de las grandes potencias, suelen perderse de vista los movimientos de las restantes naciones. Los medios prestan atención a China, a su rivalidad con Estados Unidos, a la creciente proyección de India y al nuevo activismo diplomático de Japón, pero tienden a olvidarse de una subregión que, como bloque, se equipara demográficamente a la Unión Europea y está llamada a convertirse en uno de los grandes actores económicos del futuro: el sureste asiático. Convocatorias políticas internas, las negociaciones finales de la Asociación Económica Regional Integral (RCEP), y el impacto en la zona de las tensiones entre Washington y Pekín, harán de 2019 un año especialmente significativo.

En la tercera democracia más poblada del planeta, Indonesia, unas buenas cifras de crecimiento, y la superación de las críticas a sus credenciales islámicas, favorecen a priori la reelección de Jokowi como presidente cuando se cumplen veinte años de la democratización del país tras la larga dictadura de Suharto. En la segunda gran economía de la ASEAN, Tailandia, la democracia se ha visto interrumpida, por el contrario, en dos ocasiones en la última década. Cinco años después del último golpe de Estado, mucho más tarde por tanto de lo prometido en su día por los generales, se volverá a un gobierno civil.

Las elecciones se celebrarán en marzo, unas semanas antes de la entronización formal del nuevo rey, Maha Vajiralongkorn, prevista para principios de mayo. Pero hay que mantener cierto escepticismo: el voto se producirá bajo una Constitución reescrita para reservar una notable cuota de poder para los militares: éstos, junto a sus partidos aliados, controlarán la Cámara Alta. El bloqueo político que cabe prever como resultado será fuente de inestabilidad social, a la vez que complicará la recuperación de la economía y el liderazgo diplomático de Tailandia, justamente cuando asume la presidencia rotatoria anual de la ASEAN.

En Filipinas, las elecciones parciales de mayo permitirán comprobar el grado de apoyo popular a Duterte y a sus políticas de lucha contra la drogadicción, de represión de la sociedad civil, y de acercamiento a China. Esta última también continuará siendo una variable política en Malasia, donde, tras su derrota del pasado año, se disuelve gradualmente la tradicional coalición mayoritaria (UMNO) y todos los ojos se dirigirán a si el sorprendente triunfador en las últimas elecciones, Mahathir, cumple su promesa de dejar la jefatura del gobierno a su antiguo rival, y ahora aliado, Anwar Ibrahim. La paralizada transición política de Birmania y el drama de los Rohingya, agravarán, por último, el creciente aislamiento del país—y de su consejera de Estado, Aung San Suu Kyi—por la comunidad internacional.

En el frente económico regional, 2019 debería ser el año en que concluyen las negociaciones del RCEP. El retraso se debe sobre todo a una potencia extra-regional, India, siempre reticente a una agenda de liberalización comercial. Pero la dinámica multilateral no se detiene: la reciente entrada en vigor del CPTPP (es decir, del TPP a 11, sin Estados Unidos), al que ya pertenecen Singapur y Vietnam, al que se sumarán en unos meses Brunei y Malasia, y al que también Tailandia e Indonesia han dicho que se quieren sumar—mientras Filipinas se lo piensa—, representa un nuevo paso adelante en la reconfiguración de la arquitectura económica regional.

El sureste asiático tampoco permanecerá ajeno, por lo demás, a la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Su impacto comenzará a sentirse este año, cuando firmas multinacionales decidan desplazar sus cadenas de producción de China a la subregión. Pese a ese previsible aumento de las inversiones extranjeras debe tenerse en cuenta, no obstante, que también caerá la demanda de la República Popular, economía de la que los miembros de la ASEAN se han vuelto dependientes en gran medida. Por otra parte, si, como se cree, es Vietnam quien atrae buena parte de esa inversión antes dirigida a China, la competitividad de otros Estados miembros, como Indonesia o Filipinas, puede verse gravemente afectada. (Foto: Gergely Takács, flickr)

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Asia 2019: un pronóstico. Nieves C. Pérez Rodríguez

Washington.- Los comienzos de años son un buen momento para analizar el panorama internacional y evaluar los posibles escenarios que se presentarán. Los analistas hacen sus planteamientos y predicciones mientras que los asesores políticos tratan de sacar el mayor provecho tanto económico como estratégico de las situaciones.

En este sentido el CSIS -Centro para estudios internacionales y estratégico- tuvo su conferencia anual en Washington la semana pasada en la que pronosticaron los escenarios del 2019 para Asia. 4asia tuvo ocasión de participar y seguir los vaticinios hechos por los especialistas en cuanto a la geopolítica en Asia y el Pacífico, al liderazgo regional y hacia donde irán las alianzas políticas y los factores económicos.

Amy Searight, que cuenta con una larga experiencia en asuntos asiáticos y fue subsecretaria de Defensa de EEUU, considera que uno de los grandes riesgos para éste año es que China tome la iniciativa de reclamar territorio taiwanés o filipino y qué rol desempeñaría Estados Unidos ante esta posible situación.

En el caso de Filipinas, Washington debería responder y defender al país con quien ha mantenido relaciones diplomáticas durante tantos años, además de los muy cercanos vínculos militares actuales que comenzaron en la Administración de George Bush. Estados Unidos debería dejarle claro a Beijing no van a tolerar tendencia expansionista en la región. Sin embargo, la situación en Manila con el presidente Duterte es impredecible, y en las últimas semanas ha habido cuestionamientos de su alianza con los estadounidenses.

En cuanto al liderazgo en Asia, se discutió que, a diferencia del año pasado cuyo protagonismo estuvo centrado en Xi Jinping, para el 2019 estará compartido entre Xi y el primer ministro japonés Shinzo Abe. Se remarcó el hecho que Japón se encuentra en un momento privilegiado por el crecimiento económico que ha tenido, y que continuará creciendo. Especialmente si se compara con la economía china, que, por unanimidad entre los expertos, está entrando en un momento de estancamiento económico.

“China ha sufrido un crecimiento espectacular en los últimos diez años, y entre otros factores se debe a que la población ha aumentado exponencialmente su gasto a costa de endeudarse, pero que ese crecimiento es insostenible”, explica Stephanie Segal, economista que trabajó para el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional. Afirma que “si Beijing no cambia su modelo no podrán seguir creciendo”.

En cuanto a la relación de Estados Unidos y China, hubo unanimidad de opinión en los paneles. La presión que la Casa Blanca ha estado ejerciendo sobre Beijing desde que tomó el control Trump está funcionando. La economía de china se ha debilitado y podría debilitarse aún más. Por lo que es muy probable que intenten renegociar los aranceles. Mientras que los intercambios entre Estados Unidos y Japón se presentan como positivos y cómo los más cómodos para la Administración Trump con entrada en vigor en un año y medio aproximadamente.

El debate tecnológico está despertando un gran interés en Washington. “La protección de las nuevas tecnologías centra este debate y tendrá que regularse a través de leyes que deberán que ser aprobadas por el Congreso estadounidense”, afirma Scott Kennedy, quien es considerado una autoridad en políticas chinas, dedicando más de 30 años de estudios a la evolución industrial, económica, política, de negocio y tecnológica.

La seguridad ocupó un lugar privilegiado de la discusión, como era de esperar. Corea del Norte sigue siendo el dolor de cabeza de la región. Se platearon dos posibles escenarios ante un segundo encuentro entre el presidente Trump y Kim Jong-un. El más positivo sería que Pyongyang acuerde abrirse y permitir las inspecciones que den fe que su carrera nuclear está suspendida, lo que es muy poco probable. Y el segundo escenario podría ser que no se llegue a ningún acuerdo real entre los líderes, y por lo que Kim acabe presionando al presidente Moon, y Corea del Sur empiece hacer lobby internacional para el levantamiento de sanciones a Pyongyang, vaticina Sue Mi Terry -una de las expertas más respetadas en el tema coreano.

Mi Terry afirma que hay una creciente tensión entre Seúl y Washington que podría complicarse si Trump sigue presionándoles con doblar el pago del acuerdo bilateral para mantener tropas estadounidenses en territorio surcoreano. A día de hoy, no hay un acuerdo entre las partes, pues Trump insiste en que Seúl pague anualmente el doble de lo que ha venido pagando, o sea 1.6 mil millones de dólares (en vez de los 830 millones de dólares que pagaron hasta el año pasado) y por su parte el gobierno de Moon insiste en que eso no es parte del arreglo preestablecido.

La política proteccionista de Trump está dando resultados positivos para la economía de Estados Unidos, al menos de momento. Habrá que ver si la cumbre con el líder norcoreano da algún fruto real, De no darlo, Victor Cha -la autoridad número uno en este tema- afirma que será visto como un gran fracaso de Trump. Y estos dos elementos, resumen básicamente las principales políticas en las que ha centrado su gobierno. (Foto: Andrea Glasser, Flickr.com)

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La guerra por el Mar de China Meridional. Ángel Enríquez de Salamanca Ortiz.

La situación del Mar de China:

El Mar de China Meridional tiene una extensión aproximada de 3,5 millones de kilómetros cuadrados y más del cincuenta por ciento del tráfico mundial mercante navega por estas aguas, en él se encuentran las Islas Spratly, Paracel y otras muchas islas en disputa con los países colindantes, como Japón, Filipinas o Taiwán. En estas aguas está el estrecho de Malaca, que une el Océano Índico con el Pacífico, por este estrecho circula 6 veces más petróleo que por el Canal de Suez. Además, circulan dos tercios de las importaciones de crudo de Corea del Sur, el sesenta por ciento de Japón y de Taiwán y un ochenta por ciento de las de China. De ahí las disputas por estas aguas que bañan Brunei, China, Filipinas, Indonesia, Malasia, Taiwán y Vietnam.

Los recursos del Mar de China:

El Mar de China Meridional, además, cuenta con unas enormes reservas de petróleo, un petróleo necesario para los países en crecimiento que se disputan esta zona. Esta vasta extensión cuenta con 11 mil millones de barriles de petróleo y 190 trillones de metros cúbicos de gas natural:

Fig.1: Reservas petróleo Mar de China Meridional
[Fuente: Agencia Internacional de la Energía. (03/04/2013): http://www.eia.gov/todayinenergy/detail.php?id=10651]

La Puerta hacia el Mar de China:

La posición estratégica del mar también es clave para estos países. El Estrecho de Malaca es la puerta hacia el Mar de China y por aquí circulan más de 15 mil millones de barriles al día provenientes del Estrecho de Ormuz, ésta ruta es la más corta para llegar a abastecer a todos los países de la zona, como Japón, Corea o Filipinas.

Fig. 2: Transito diario de petróleo al día (miles de millones de barriles)
[Fuente: Agencia Internacional de la Energía.(01/12/2014) http://www.eia.gov/todayinenergy/detail.php?id=18991]

El comercio en la zona:

Más del 90% del petróleo que llega a estos países pasa por este estrecho ya que es la ruta más corta desde África o desde el Golfo Pérsico, lo que supone el 30% del transporte de crudo mundial. Tanto las importaciones por parte de los países de esta zona como las exportaciones hacia África o el Golfo Pérsico pasan por el mar de China. En la figura 3 observamos el comercio (%) de estos países y, China, Corea del Sur y Japón abarcan el 80% de las importaciones de petróleo que pasan por el Mar de China.

Fig. 3: Comercio de petróleo en el Mar de China
[https://www.eia.gov/todayinenergy/detail.php?id=36952]

Zonas de reclamo:

Dada su riqueza natural y su posición estratégica, es lógico que los países colindantes reclamen este territorio, tal y como puede verse en la figura a continuación:

Fig. 4: Zonas reclamadas, por país, en el Mar de China
[https://elpais.com/internacional/2016/07/11/actualidad/1468258154_789338.html]

Estos países han reclamado zonas dentro de las 200 millas marítimas y gran parte de estos territorios entran en conflicto.

Países en disputa:

China reclama la zona por razones históricas y ha comenzado a construir islas artificiales, a militarizar la zona y a instalar plataformas petrolíferas en zonas de disputa, lo que ha provocado que países como Filipinas, Malasia o Vietnam se sientan molestos con esta situación. Su influencia en esta zona podría mejorar su posición. China manifiesta que estas islas están diseñadas para sus necesidades civiles y de defensa.

Las Islas Senkaku, controladas por Tokio, reclamadas por Taiwán, son unas islas que darían derechos de explotación y pesca en la zona. En repetidas ocasiones, China ha mandado buques de guerra para intimidar a Japón y reclamar así su soberanía. En esta zona, China también ha construido islas artificiales dentro de las 200 millas náuticas, provocando malestar en Tokio y en Taipéi.

Estados Unidos, con aliados en la zona, considera que estas islas artificiales pueden ser un peligro para su hegemonía ya que podrían ser destinadas a uso militar, algo que ha provocado que el gobierno americano envíe buques a la zona con el fin de “liberalizar la navegación”, y ha urgido a China a la desmilitarización de las aguas, lo que, obviamente, no ha sentado bien al gobierno de Pekín.

Filipinas, por su parte, también reclama zonas de este mar y ha mostrado su preocupación por la militarización por parte de China.

Filipinas, Malasia y Vietnam también han ocupado islas en el Mar de China y han establecido bases militares para afirmar su soberanía, pero la estrategia de China está siendo la más agresiva, llegando a reclamar más de 12.000 kilómetros cuadrados alrededor de las islas Spratly o Nansha.

El Tribunal de la Haya declaró en 2016 que China no tenía derechos históricos sobre estas aguas, pero Pekín hizo caso omiso a estas declaraciones. Filipinas y otros países han hecho poco para evitar esta expansión.

La Asociación de Naciones de Sudeste Asiático (ASEAN) declaró este año la importancia de desmilitarizar la zona, fomentar la confianza entre los países y aplicar un código de conducta para evitar males mayores en la región4.

Conclusión:

Dada su riqueza en recursos naturales y su situación geográfica, quien controle el Mar de China, no solo tendrá acceso al petróleo y gas, sino, también, tendrá la llave al comercio marítimo del que dependen todos los países de la zona.

Estados Unidos, como líder mundial, tiene un valioso aliado en la zona, Taiwán, no solo para luchar contra el comunismo, sino para poder tener presencia en la zona. El mismo caso ocurre en Oriente Medio con Israel, un aliado de EEUU, valioso para lograr tener presencia también en esta zona. El ascenso de China y su mayor peso en la economía mundial preocupa a EE.UU., que podría perder o incluso tener que compartir su liderazgo, no solo en la zona, sino en todo el mundo. Al igual que Estados Unidos, China quiere el control del Mar de China Meridional para reclamar así su liderazgo, asentarse como líder, y no solo un líder en el sureste asiático, sino a escala mundial.

Podríamos decir que lo que se vive en el Mar de China Meridional, no es únicamente una guerra por lo recursos, sino, una guerra por el liderazgo, por la hegemonía mundial, una especie de “Guerra Fría” pero que, en este caso, se disputa entre las dos principales potencias a día de hoy, China y EEUU, un ejemplo de la guerra por tener la soberanía mundial en el siglo XXI.

Angel Enríquez es Doctor en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Relaciones Internacionales en la Universidad San Pablo CEU de Madrid.

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INTERREGNUM: Japón se mueve. Fernando Delage

Con ocasión de la reciente cumbre del G20 en Argentina, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, mantuvieron un encuentro que permitió al primero alabar al segundo por sus esfuerzos por reducir el superávit bilateral con Washington y por aumentar la compra de equipamiento militar norteamericano. Sus palabras no tranquilizan, sin embargo, al gobierno japonés, consciente de la rápida transformación de su entorno exterior y de la necesidad de ampliar sus opciones estratégicas.

Trump nunca ha ocultado su rechazo de las prácticas comerciales japonesas, que considera injustas. Tokio teme por ello que, una vez concluida la sustitución de NAFTA por el nuevo USMCA, Japón sea el siguiente objetivo norteamericano. Algunos analistas japoneses minimizan dicho riesgo, al ocupar China la atención preferente de Trump. Otros ven por el contrario una amenaza más inmediata, al disponer Estados Unidos de un mayor margen de presión sobre Japón que sobre la República Popular. Ese sería el caso del mercado de automóviles, por ejemplo. Las negociaciones bilaterales demandadas por el presidente de Estados Unidos comenzarán el año próximo.

Abe mantiene, por otro lado, una firme defensa del libre comercio y el multilateralismo, asuntos que le separan de Trump (y que hicieron inviable una declaración final en Buenos Aires), pero que seguirán ocupando el centro de la agenda en la cumbre del G20 en Osaka, en junio de 2019. Japón se encuentra así ante un inevitable papel de mediación entre Estados Unidos y China para reconstruir un espíritu de cooperación en la economía global.

Pero no son sólo estos asuntos los que separan a Washington y Tokio. Hace un año, Japón temía que la agresiva retórica de Trump condujera a un conflicto militar en la península coreana. La calma a que ha conducido el encuentro de este último con Kim Jong-un en Singapur, el pasado mes de junio, apenas ha servido para tranquilizar a Abe. Pyongyang continúa produciendo armamento nuclear y misiles balísticos, sin que aparentemente preocupe a Estados Unidos. Si ello supone la aceptación implícita por parte de Washington del estatus nuclear de Corea del Norte, ¿apoyaría la administración norteamericana a Japón en el caso de una crisis entre este país y el régimen de Kim Jong-Un?

Por lo demás, Abe también se vio con Vladimir Putin en Buenos Aires. Pese a las tensiones entre Moscú y los miembros de la OTAN por los incidentes con Ucrania en el mar de Azov, las relaciones entre Rusia y Japón parecen haber mejorado de manera significativa. Abe y Putin anunciaron que sus ministros de Asuntos Exteriores—Taro Kono y Sergei Labrov, respectivamente—, negociarán un acuerdo formal de paz—pendiente desde el fin de la segunda guerra mundial—antes de que el primer ministro japonés viaje a Moscú a principios del próximo año. Se han precipitado así los acontecimientos desde que, en septiembre y por sorpresa, Putin propusiera a Abe que los dos países resuelvan de manera definitiva la disputa sobre las islas Kuriles, “sin ninguna condición previa”. Aunque durante la reunión de ambos en la Cumbre de Asia Oriental en Papua Nueva Guinea, en noviembre, no se registró ningún avance concreto, ambos líderes acordaron “acelerar las conversaciones”.

Las diferencias de fondo obligan al escepticismo. Japón no puede aceptar más que la completa soberanía sobre las cuatro islas, y tampoco podría dar su visto bueno a las previsibles exigencias rusas: que las Kuriles no estén protegidas por la alianza Japón-Estados Unidos, y que Tokio suprima las sanciones impuestas a Moscú tras la anexión de Crimea. Rusia necesita con urgencia fomentar el desarrollo económico de sus territorios de Extremo Oriente, para lo que las inversiones japonesas serían decisivas. Un tratado de paz desbloquearía esas oportunidades económicas, mientras que Tokio, por su parte, contaría con más cartas para afrontar la incertidumbre causada por el actual inquilino de la Casa Blanca. Las conversaciones nunca han sido más serias en décadas, pero no será fácil que prosperen.

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INTERREGNUM: 特朗普接近中国和日本。 费尔南多德拉格

上周,这是7年来第一次,日本首相对中国进行了访问双边(多边领域,安倍晋三出席了在北京的APEC峰会,2014年)。预计中国国家主席习近平将于明年前往日本。这些会议是否意味着地球上第二和第三大经济体之间的关系恢复正常?

自2010年以来,两个邻国之间相对地位的变化开启了一段艰难的危机时期。在中华人民共和国日本的投资2013年和2015年之间显著下降.去年复苏了,但中国仍然是日本最大的贸易伙伴。

虽然日本是唯一的主要美国盟友仍然不属于亚洲基础设施投资银行,并获得可观的储备中国丝绸新路的积极性公告,最终他明白,它无法拒绝项目代表它的公司的机会。因此,如果没有

正式支持,它决定允许日本公司参与。 与此同时,日本选择直接与中国竞争,日本提出了发展优质基础设施的倡议。 与印度共同创建了亚非经济走廊。 面对中国丝绸之路,日本提供了一个以“印度太平洋自由开放”命名的替代方案。

唐纳德特朗普的政策正在促进中日之间新方法接近的基础。华盛顿与紧张局势的加剧导致北京寻求与东京保持稳定的关系。与此同时,日本也受到美国制裁的威胁,面临着加强与中国共同经济利益的机会,其中包括推进与东盟国家的综合区域经济协会(RCEP)的谈判,并为两国和韩国之间的自由贸易协定提供新的动力。

对日本首相安倍晋三来说,这是一项复杂的挑战。 潜在的战略背景不会改变:变化是结构性的,经济和军事力量与人民共和国的差异将继续增长。 安倍也无法与中国对抗特朗普,但在保持三大力量形成的战略三角关系的同时,也扩大了竞争环境。

因此,一旦他从北京回来,他就已经在东京收到了他的印度同行纳伦德拉莫迪,这并非偶然。 或者说,11月1日,日本和印度将开始他们的第一次联合军事演习。10月,安倍还接待了柬埔寨,老挝,缅甸,泰国和越南的领导人。日本的积极外交没有先例,但矛盾的是北美正在挑起,而不仅仅是中国。(Traducción: Isabel Gacho Carmona)

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INTERREGNUM: Asia y la primera guerra mundial. Fernando Delage

La conmemoración, el pasado fin de semana en París, del centenario del armisticio que puso fin a la primera guerra mundial ha sido objeto de un considerable número de artículos en los medios. La relevancia del conflicto para el siglo XX lo merece. Pero también por sus lecciones para el mundo de hoy y del futuro. Si en relación con este último nadie duda de que una de sus claves es el dinamismo de Asia, suele olvidarse por el contrario el papel del escenario asiático en la década que precedió al estallido de la guerra.

La competencia de las grandes potencias en este continente tuvo repercusiones directas en Europa. Frente a quienes señalan 1914 como verdadero comienzo del siglo XX, fue la derrota de Rusia por Japón en 1905 lo que desencadenó una serie de hechos que conducirían al fin de la estructura de estabilidad creada por el Congreso de Viena en 1814-15: entre ellos, la Revolución bolchevique y la reconfiguración de las alianzas europeas. Fue la derrota de Rusia lo que condujo a Guillermo II a intentar aislar a Francia en Marruecos con el fin de romper la Entente Cordiale franco-británica, fruto de la guerra ruso-japonesa. La pesadilla alemana, que se convertiría en realidad en 1907, era la formación de un acuerdo entre Reino Unido, Francia, Rusia y Japón en Oriente Próximo—incluyendo el reparto de China—que excluyera a Alemania. El aislamiento de esta última en Asia y la reorientación de Rusia hacia el frente europeo—los Balcanes en particular—con una disposición revanchista (había que dejar atrás la humillación de la derrota ante Japón) cristalizaría en la rivalidad entre Berlín y San Petersburgo.

Concluida la guerra, tampoco Alemania sería el único país humillado por los términos acordados por los vencedores. Lo fueron asimismo Hungría o Turquía, pero también Asia en su práctica totalidad. Las demandas de vietnamitas y coreanos frente al colonialismo francés y japonés ni siquiera fueron oídas. China vio cómo las colonias alemanas en su territorio (Shandong) pasaron a manos de Japón, mientras que este último se sintió tratado como una potencia secundaria. El auge nacionalista en Asia—factor que determinaría el resto del siglo XX en la región—fue, por resumir, uno de los resultados de la primera guerra mundial y del tratado de Versalles.

Pero si se piensa en Asia en relación con la Gran Guerra es sobre todo por la aparente similitud entre el ascenso de China en la actualidad y el auge de la Alemania guillermina. Fue la unificación de Alemania lo que supuso un desafío para el sistema de equilibrio de poder amparado en la primacía británica, desencadenando en último término el conflicto. Es una China camino de convertirse en la mayor economía del planeta y con la ambición de contar asimismo con las mayores fuerzas armadas hacia 2049, quien puede potencialmente poner fin al liderazgo norteamericano del orden mundial desde 1945.

La Historia no se repite pero rima, solía decir Mark Twain. Los presidentes de Estados Unidos y de China afrontan una nueva era de transición de poder. Conmemoraciones como las de estos días sirven para recordar cómo terminaron las anteriores.

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INTERREGNUM. Trump approaches China and Japan. Fernando Delage

(Traducción: Isabel Gacho Carmona) Last week, for the first time in seven years, a Japanese Prime Minister paid a bilateral visit to China (in the multilateral arena, Abe attended the APEC summit in Beijing in 2014). And it is also expected that Chinese President Xi Jinping will travel to Japan next year. Do these meetings mean a return to normality in relations between the second and third largest economies on the planet?

The change in the relative position of power between the two neighbours since 2010 -when the Chinese GDP exceeded the Japanese and the Chinese claims of sovereignty over the Senkaku Islands- opened a period of crisis. Japanese investments in the People’s Republic fell sharply between 2013 and 2015 and recovered last year, but China continued to be Japan’s largest trading partner (its bilateral exchanges add up to 300 billion dollars a year, a third more than Japan-United States trade).

Although Japan is the only one of the main North American allies that still does not belong to the Asian Infrastructure Investment Bank (AIIB) and received with considerable reservations the announcement of the initiative of the Chinese New Silk Road, after a while it understood that it could not reject the opportunities that the project represented for its companies. Hence, without officially supporting it, it decided to allow the participation of Japanese firms, provided that certain regulatory requirements were respected. At the same time, Japan opted to compete directly with China, offering its own initiative to develop quality infrastructures-for which it offered a $ 100 billion fund and developing the Asia-Africa Economic Corridor with India. In opposition to the Chinese Silk Road, Japan offered an alternative scheme under the denomination of an “A Free and Open Indo-Pacific “.

The policies of Donald Trump are facilitating, however, the bases for a new approach between China and Japan. The increase in tensions with Washington leads Beijing to seek a stable relationship with Tokyo. Japan, meanwhile, also subject to threats of sanctions by the US administration – and concerned about Trump’s rapprochement with the North Korean leader – finds itself with an opportunity to reinforce shared economic interests with China, including advancing in the negotiation of the Regional Comprehensive Economic Partnership (RCEP) with the ASEAN countries, and give new impetus to the free trade agreement between them and South Korea.

It is a complex challenge for the Japanese Prime Minister, Shinzo Abe. The underlying strategic context will not change: the change is structural, and the differential of economic and military power with the People’s Republic will continue to grow. Abe also cannot align with China against Trump. But while trying to maintain balance in the strategic triangle formed by these three powers, it complements it by expanding the playing field.

It is not accidental, therefore, that as soon as he returned from Beijing he received in Tokyo his Indian counterpart, Narendra Modo. Or that, on November 1st, Japan and India begin their first joint military exercises in the Indian northeast, which will last for 14 days. Manoeuvres that in turn are added to those recently made by 100 Japanese soldiers-with their armoured vehicles included-with US troops in the Philippines. A couple of weeks ago, Abe also received the leaders of Cambodia, Laos, Myanmar, Thailand and Vietnam. The Japan-Mekong summit showed the participants’ concern for freedom of navigation in the South China Sea and the militarization of the islands by Beijing. Japanese diplomatic proactivism has no precedent, but it is paradoxical that it is its North American ally, and not only China, who is provoking it. (Foto: Leo Eberts, flickr.com)

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INTERREGNUM. Trump acerca a China y Japón. Fernando Delage

La semana pasada, por primera vez en siete años, un primer ministro japonés realizó una visita bilateral a China (en en el terreno multilateral, Abe asistió a la cumbre de APEC en Pekín en 2014). Y se espera asimismo que el presidente chino, Xi Jinping, viaje a Japón el año próximo. ¿Significan estos encuentros una vuelta a la normalidad en las relaciones entre la segunda y tercera mayores economías del planeta?

El cambio en la posición relativa de poder entre ambos vecinos desde 2010—cuando el PIB chino superó al de Japón—y las reclamaciones chinas de soberanía sobre las islas Senkaku—acentuadas después de que en 2012 Tokio nacionalizara las mismas—, abrieron un periodo de crisis de difícil resolución. Las inversiones japonesas en la República Popular se redujeron de manera notable entre 2013 y 2015 para recuperarse desde el año pasado, pero China continuó siendo el mayor socio comercial de Japón (sus intercambios bilaterales suman 300.000 millones de dólares al año, un tercio más que el comercio Japón-Estados Unidos).

Aunque Japón es el único de los principales aliados norteamericanos que sigue sin pertenecer al Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras, y recibió con considerables reservas el anuncio de la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda china, con el tiempo entendió que no podía rechazar las oportunidades que el proyecto representaba para sus empresas. De ahí que, sin apoyarlo oficialmente, decidiera permitir la participación de firmas japonesas, siempre que se respetaran ciertas exigencias normativas. Al mismo tiempo, Japón optó por competir directamente con China, ofreciendo una iniciativa propia de desarrollo de infraestructuras de calidad—para las que ofreció un fondo de 100.000 millones de dólares—, y articulando—de manera conjunta con India—el Corredor Económico Asia-África. Frente a la Ruta de la Seda china, Japón ofrecía un esquema alternativo bajo la denominación de un “Indo-Pacífico Libre y Abierto”.

Las políticas de Donald Trump están facilitando, sin embargo, las bases para un nuevo acercamiento entre China y Japón. El aumento de las tensiones con Washington conduce a Pekín a buscar una relación estable con Tokio. Japón, por su parte, también sujeto a las amenazas de sanciones por la administración norteamericana—y preocupado por el acercamiento de Trump al líder norcoreano—se encuentra con una oportunidad para reforzar los intereses económicos compartidos con China, entre los que se incluyen avanzar en la negociación de la Asociación Económica Regional Integral (RCEP) con los países de la ASEAN, y dar un nuevo impulso al acuerdo de libre comercio entre ambos y Corea del Sur.

Se trata de un complejo desafío para el primer ministro japonés, Shinzo Abe. El contexto estratégico de fondo no va a cambiar: el cambio es estructural, y el diferencial de poder económico y militar con la República Popular continuará agrandándose. Abe tampoco puede alinearse con China contra Trump. Pero mientras intenta mantener el equilibrio en el triángulo estratégico formado por estas tres potencias, lo complementa ampliando el terreno de juego.

No casual, por ello, que nada más volver de Pekín haya recibido en Tokio a su homólogo indio, Narendra Modo. O que, el 1 de noviembre, Japón e India comiencen sus primeros ejercicios militares conjuntos, que se prolongarán durante 14 días, en el noreste indio. Maniobras que se suman a su vez a las realizadas recientemente por 100 soldados japonesas—con sus vehículos blindados incluidos—con tropas norteamericanas en Filipinas. Hace un par de semanas, Abe también recibió en a los líderes de Camboya, Laos, Myanmar, Tailandia y Vietnam. La cumbre Japón-Mekong mostró la preocupación de los participantes por la libertad de navegación en el mar de China Meridional y la militarización de las islas por parte de Pekín. El proactivismo diplomático japonés carece de precedente, pero resulta paradójico que sea su aliado norteamericano, y no sólo China, quien lo está provocando. (Foto: Leo Eberts, flickr.com)

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China juega en América

El crecimiento del populismo de derechas en América Latina, y no sólo en Brasil donde gobernará Bolsonaro, tiene a China en alerta. No por cuestiones comerciales, ya que las empresas chinas hace tiempo han aprendido a moverse y aprovechar las oportunidades en un entorno liberal y de economías abiertas mientras sus empresas están sometidas al intervencionismo estatal. Lo que preocupa a Pekín es que los nuevos movimientos políticos  están permitiendo a Taiwán aliviar, aunque poco, la asfixiante presión china para ahogar su relaciones comerciales y diplomáticas con el exterior.

Así, China ha hecho advertencias a Brasil, ha pedido a Trump que se piense sus relaciones con Taiwán y dispersa por toda América Latina el mensaje de que no es prudente seguir manteniendo relaciones diplomáticas y comerciales con la isla.

Es obvio, y así lo venimos repitiendo desde esta página, que China está esforzándose en una estrategia de consolidar y ampliar su presencia militar naval, disputar este espacio a EEUU, conseguir negociar de potencia a potencia con una mejor relación de fuerzas a su favor y combinar esta fuerza y la advertencia que supone, cuando no amenaza, con la expansión comercial.

En ese escenario, Taiwán es un desafío, no sólo histórico, que ha servido como acicate a su nacionalismo, sino, además, se trata de una potencia económica en un área que China aún  no controla y un aliado sólido, hasta el momento, de Estados Unidos.

Pero hay más. China está observado como la política dubitativa de EE.UU. está provocando desconfianza e incertidumbre en los aliados tradicionales de Washington, y éstos han comenzado a aproximarse a China aunque con recelos. A ese respecto es interesante el artículo de Fernando Delage sobre las relaciones China-Japón que publicamos esta semana.

A la vez, otros países como India y Australia están explorando mecanismos de colaboración y seguridad para llevar un eventual vacío si Estados Unidos no renueva completamente sus compromisos o toma nuevas iniciativas. La política global de China está impulsando cambios globales que no deben pasar inadvertidos.